CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Bill Hybels, pastor de una de las iglesias más grandes de
los Estados Unidos, escribió: "Lynne y yo nunca hemos
escondido el hecho que nuestro matrimonio exige una tremenda cantidad
de trabajo-más que muchos otros matrimonios. Hemos estado
casados por casi dos décadas y media, y todavía parece
que tenemos que luchar por cada pequeño paso de progreso
que damos en el camino hacia el gozo matrimonial. Las heridas personales,
las diferencias de personalidad, y las presiones de una vida altamente
visible incrementan nuestros desafíos. Pero oramos, hablamos,
buscamos consejos, nos disciplinamos, crecemos, cambiamos, prometemos,
pedimos perdón, confesamos, ajustamos nuestras expectaciones,
nos recordamos mutuamente de nuestro compromiso, vemos hacia el
futuro, y nos negamos a darnos por vencidos. Estamos en este matrimonio
para toda la vida-hemos escogido permanecer con el cónyuge
de nuestra juventud-y damos gracias a Dios por cada
paso que nos acerca más a regocijarnos."1
Yo aprecio la transparencia de Bill. Es verdad que se toma trabajo
para establecer y mantener un matrimonio saludable. Tristemente,
algunos ministros y su cónyuge no tienen un matrimonio saludable,
y no buscan ayuda. Los pastores y sus cónyuges no son transparentes
con sus compañeros ministros tocante a los retos del matrimonio.
Temen que sus amigos hablen con los demás, o que los líderes
de su distrito lo sabrán y su carrera se verá en peligro.2
Los ministros y sus esposas viven en privado en medio del dolor
porque creen erróneamente que los ministros y sus matrimonios
deben ser perfectos.
LA RELACIÓN ENTRE EL MATRIMONIO SALUDABLE DEL MINISTRO
Y UNA IGLESIA SALUDABLE
La mayoría de los ministros se da cuenta de que la familia
norteamericana está en peligro. Hemos leído las estadísticas
y hemos visto los informes. Con optimismo, también nos damos
cuenta que una de las armas que tenemos para luchar contra este
ataque a la familia es la inexorable Palabra de Dios. Sin embargo,
la mayoría de las iglesias no cuentan con profundos programas
para tratar con las necesidades de las familias que sufren o para
realzar la salud de las familias fuertes.
La National Association of Evangelicals [Asociación Nacional
de Evangélicos] hizo un interesante hallazgo. Encontraron
que "unos cuantos pastores indicaron haber dado significativos
pasos para ayudar a las personas cuyas familias estaban en problema,
aunque ellos también dijeron que la desintegración
de la familia es un problema relativamente común entre sus
congregaciones."3 ¿Por qué?
Gary Sell, en su libro Family Ministry [Ministerio a la familia],
da una probable razón. "La respuesta es sin duda compleja,
pero un informe especuló que las familias de muchos pastores
están en tanta dificultad que los pastores evitan el tema
de la familia. Si esto es cierto-si los pastores temen afrontar
los asuntos de la familia por no atraer atención a su propia
vida hogareña que padece-nos puede decir más sobre
las congregaciones que sobre los pastores. Quizás los pastores
se sienten amenazados por la difundida actitud de que fallar en
la vida familiar es menos tolerable que otros fallos. Permitimos
que nuestros líderes prediquen y enseñen sobre la
oración, el evangelismo, y otros asuntos "espirituales"
sin esperar que ellos los hayan dominado. Pero quizás no
les permitimos luchar como cónyuges o padres de familia."4
A menos que el pastor tenga un matrimonio saludable, probablemente
no ofrecerá la enseñanza y los recursos necesarios
para que su gente desarrolle matrimonios saludables. Si lo que Sell
dice es cierto, los pastores necesitan fortalecer su propio matrimonio
como modelo y como ánimo a los de entre su congregación
que necesitan fortalecer su matrimonio.
¿Qué hacemos? Siendo que los ministros tenemos las
mismas dificultades en la vida que la gente a la que servimos, necesitamos
buscar maneras de comunicarnos mutuamente, disciplinar a nuestros
hijos, tratar con el conflicto, la tensión, la enfermedad,
la tragedia, el dolor, y la desilusión. También debemos
esforzarnos por forjar un matrimonio saludable.
CÓMO PROTEGER LOS MATRIMONIOS EN EL MINISTERIO
Los matrimonios de los ministros tienen muchas de las mismas dificultades
que tienen otros matrimonios, pero también tienen sus batallas
únicas que añaden al desafío de desarrollar
un matrimonio saludable. Después de 25 años de ministerio
pastoral y después de escuchar a cientos de ministros y sus
cónyuges expresar preocupaciones maritales, hemos descubierto
que mucho del dolor en el matrimonio de ministros proviene de ocho
problemas. Es necesario identificar los problemas que desafían
el matrimonio de los ministros y desarrollar una estrategia para
luchar contra ellos y así poder forjar y mantener matrimonios
saludables. He aquí las ocho áreas que ayudarán
al pastor a forjar un matrimonio y una familia saludables en la
casa pastoral.
1. Mantenga a su familia, no a la iglesia, como el centro principal
de su vida. Después de su relación con Cristo,
la próxima relación más importante que tiene
el ministro es con su cónyuge y con sus hijos. La mayoría
de los ministros trabajan duro en lo que hacen. Como los ejecutivos,
trabajan un promedio de 55 o más horas a la semana. Estar
de turno 24/7/365 y tratar de estar preparado para cumplir con las
necesidades de la gente es algo exigente. Jesús no le pidió
que hiciera el trabajo del ministerio sin prestar atención
a su familia o a las necesidades personales de descanso, refrigerio,
y renovación. El contexto de la Escritura lo exhorta a que
se concentre en buscar un balance. Jesús dijo: "Mi yugo
es fácil, y ligera mi carga" (Mateo 11:30).
2. Aprenda a tratar con las expectaciones no realísticas.
Algunos entre su congregación creen que usted trabaja para
ellos. Muchos ministros se preocupan de que van a perder su trabajo,
de modo que permiten que las expectaciones no realísticas
de sus párrocos invadan su vida personal. Encontrar un balance
entre lo que usted puede y lo que no puede hacer, aprender cómo
y a quién delegar, es crítico para una vida saludable.
Jesús a veces se alejaba de las responsabilidades del ministerio
para buscar refrigerio personal. Usted también debe desarrollar
esa habilidad. Aunque "se reunía mucha gente para oirle,
y para que les sanase de sus enfermedades. . . él se apartaba
a lugares desiertos, y oraba" (Lucas 5:15,16).
3. Anticipe la crítica. Cuando usted dirige, será
criticado. Jesús lo fue. Los discípulos lo fueron.
Todos los líderes lo son. A veces la crítica se da
con un espíritu cruel y no se merece. Usted necesita aprender
a no tomar personalmente esta crítica, y a alejarse de ella
sin dejar que afecte su espíritu. Algunos críticos
necesitan ser menos severos, y algunos de los que son criticados
necesitan hacerse más fuertes. A veces la crítica
contiene la verdad. Todos tenemos puntos débiles, y es bueno
escuchar a nuestros críticos. En vez de dejar que la crítica
lo lleve a la depresión, dese cuenta que la crítica
puede darle la oportunidad para crecer.
4. Mantenga su calendario bajo control. Si usted no controla
su tiempo, otro lo hará. Las reuniones ya tarde por la noche
pueden ocurrir noche tras noche. Separe tiempo de su horario para
pasar las noches con la familia y salir en citas con su cónyuge.
Diga a los que quieran fijar una reunión que usted tiene
una cita importante en esas noches. Es verdad. ¿Quién
es más importante que su familia?
5. Aprenda a manejar la tensión. La tensión
llegará a afectar su matrimonio. En Estados Unidos, 30 millones
de hombres se describen a sí mismos como vencidos por la
tensión.5 En el ministerio, usted pasa por tiempos
de intensa tensión. Es crítico aprender técnicas
para salir adelante si es que va a encontrar una vida balanceada
que incluye un matrimonio saludable y una fiel carrera en el ministerio.
Los ministros sazonados con frecuencia han encontrado buenas maneras
de manejar la tensión. Un psicólogo cristiano que
trabaja con ministros agotados ofrece estas cinco ideas para evitar
el agotamiento:
Aprenda que usted no puede hacerlo todo.
Marque su paso.
Delegue.
Tome tiempo para descansar.
Escuche a su cuerpo.
Las personas solícitas son por lo regular las que se agotan.
Como ministro, usted está en el negocio de prestar cuidado.
6. Aprenda a manejárselas con las restricciones económicas.
Aproximadamente el 64 por ciento de los pastores de las Asambleas
de Dios sirven a iglesias de 99 o menos personas. Muchos tienen
restricciones económicas y viven dentro de presupuestos muy
limitados. Algunos quizás necesiten de los consejos de un
planificador financiero para ajustar sus gastos o desarrollar un
presupuesto. Otros quizás hasta necesiten buscar una manera
de subsanar las necesidades de su familia por medio de un segundo
empleo secular.
7. Guárdese sexualmente puro y evite las situaciones
comprometedoras. No es raro que las personas en su congregación
sientan admiración, y a veces más que admiración,
hacia la pareja pastoral. Tenga cuidado de esto y escuche a su cónyuge,
porque pueda que él/ella sea sensible a alguien del sexo
opuesto que tenga sentimientos impropios. Los ministros también
necesitan confiar en la opinión de su esposa cuando aconsejan
a las mujeres en la congregación. La mayoría del asesoramiento
con las personas del sexo opuesto debe hacerse por la pareja ministerial.
8. Aprenda a tratar con el desánimo. Un sabio misionero
me dijo que una de las armas más grandes que el enemigo usa
contra los ministros es el desánimo. Los momentos de desánimo
vienen con el oficio. Si usted no tiene cuidado, el desánimo
puede ser un debilitador problema en su ministerio y su matrimonio.
Usted necesita desarrollar una mentalidad amplia-con el entendimiento
de que Dios está obrando-aun cuando los momentos difíciles
nos evitan que lo veamos. Pedro escribió: "Mas el Dios
de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,
después que hayáis padecido un poco de tiempo, él
mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca" (1 Pedro
5:10).
EL PADRE DE FAMILIA Y EL PASTORADO
Así como existen problemas únicos a las parejas de
ministros para mantener saludable su matrimonio, el desarrollar
y mantener relaciones sanas con nuestros hijos presenta a los padres
con todo un nuevo conjunto de problemas. Los padres necesitan concentrarse
en cinco áreas principales en la crianza de los hijos: amor,
ejemplo, disciplina, consistencia, y la participación del
padre en la familia.
Amor: Las madres y los padres deben amarse el uno al otro
y a los hijos. Es necesario que nuestro amor el uno por el otro
sea obvio a nuestros hijos. Es necesario que nuestro amor para cada
hijo demuestre las características que se encuentran en 1
Corintios 13:4-7.
Con frecuencia hemos dicho a nuestra congregación que nuestros
hijos son tal como los de ellos. El hecho de que los nuestros sean
familia del pastor no les quita su normalidad ni su necesidad de
crecer como seres humanos. Tampoco los protege contra los problemas
normales con los que cualquier joven se encuentra en la vida.
Ejemplo: Somos ejemplo a nuestros hijos en la manera en
que nos comportamos, reaccionamos, lo que decimos, las actitudes
que tenemos, y las emociones que exhibimos. La manera en que modelamos
la vida cristiana ante nuestros hijos tendrá una gran influencia
en cómo ellos deciden vivir su vida. Los hijos aprenden de
lo que hacemos, no de lo que decimos.
Disciplina: Todos necesitamos términos, límites,
y pautas. La disciplina ofrece cercos en la vida. La disciplina
tiene que ver con dar instrucción sobre el buen comportamiento,
no sólo sobre el mal comportamiento. Es necesario que la
disciplina sea justa, a tiempo, consistente, y con el acuerdo entre
los dos padres. Todos los hijos tienen una personalidad diferente.
Quizás sea necesario que usemos diferentes clases de disciplina
para cada hijo.
Consistencia: No sólo es necesario que seamos consistentes
con nuestra disciplina, es necesario que seamos consistentes con
nuestro amor el uno para el otro (esposo y esposa) y para nuestros
hijos. Si somos consistentes, somos predecibles. Nuestros hijos
sabrán cómo nos comportaremos y cómo reaccionaremos
a ciertos comportamientos (buenos y malos). El comportamiento irracional,
emocionalmente fuera de control, y sorprendente de parte de los
padres fomenta la disfunción no sólo en la vida del
hijo, sino también de la familia.
El padre: En un estudio de 994 parejas con hijos, los investigadores
encontraron que los hijos que pasan más tiempo con sus padres
tienen menos problemas de comportamiento. En otro estudio de 14.700
muchachas adolescentes, los investigadores encontraron que entre
más cercana es la relación de la muchacha con su padre,
más probable es que ella posponga la actividad sexual y menos
probable que use drogas y alcohol (Elias 1998).6
El atareado pastor con frecuencia es el padre ausente. Es de importancia
crítica que el padre (pastor, misionero, o evangelista) participe
en la vida de su hijo o hija. Esto incluye disciplina, dirección
espiritual, y actividades educacionales, deportivas, y de recreo.
Alguien preguntó: "¿Cómo se escribe amor
a un niño?"
La respuesta: "Tiempo."
Su matrimonio y su familia son un ejemplo para las personas a quienes
usted sirve. Una de las cosas más grandes que usted puede
hacer como ministro es demostrar cómo funciona una familia
saludable y cómo esta respeta a todos sus miembros. Usted
no es perfecto; su matrimonio no es perfecto; sus hijos no son perfectos.
Sin embargo, cuando su familia tiene para usted una prioridad mayor
que la de su ministerio, usted demuestra a los que sirve la importancia
de la vida familiar.
"Familia", en las palabras de un científico social,
"es la más profunda de todas las influencias que determinan
quiénes somos y lo que hacemos." Él explica:
"Las familias en las que nacemos y en las que vivimos como
adultos nos forman desde el nacimiento hasta la muerte. Son la causa
inmediata de nuestros mejores y peores momentos. Ninguna otra asociación
nos une el uno al otro como lo hace la familia, y ninguna tiene
más influencia."7 Si esto es cierto, su matrimonio
y su familia tienen una increíble influencia, no sólo
en usted, sino en aquellos a quienes usted sirve.
La gente de su iglesia busca desesperadamente un buen ejemplo para
su propio matrimonio y familia. Permanecer saludable (o hacerse
saludable) en esta área de su vida rendirá ricos dividendos
a todos los participantes.
Wayde I. Goodall, D.Min., es pastor principal
de First Assembly of God, Winston-Salem, North Carolina. Rosalyn
ha servido en el ministerio junto con su esposo por más
de 25 años.