CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Para terminar bien debemos cooperar con el Espíritu Santo
de Dios. Podemos empezar haciendo lo siguiente:
1. Desarrollar un carácter noble
¿Recuerda el choque del tren en el que los investigadores
conluyeron que un defecto en los rieles había hecho que se
descarrilara el tren? Así es con los líderes. Nos
descarrilamos porque no tratamos con los asuntos de nuestro carácter.
Considere este hecho sobre el carácter. Cuando usted ve
a un líder que ha fracasado en un aspecto externo, visible
de la vida, usted sabe que hubo un fracaso en la vida interior.
La Escritura dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Lo que
está dentro llega a manifestarse exteriormente. Si no tratamos
con los pecados secretos, llegarán a hacerse públicos.
¿Alguna vez ha mordido una manzana y encontró un
gusano adentro, aunque por fuera la manzana no tenía ningún
agujero o punto de entrada para el gusano? ¿Cómo se
metió el gusano adentro de la manzana? Está claro
que no pudo haberse metido desde afuera. Los científicos
han descubierto que el gusano viene de adentro. Pero ¿cómo
se mete? Muy sencillo. Cuando el árbol de manzanas tiene
solo flores, el insecto pone un huevo en una flor de manzana. Más
tarde, el gusano nace en el corazón de la manzana, luego
se come la fruta para salir. Como el gusano, el pecado comienza
en el corazón y busca la salida por medio del comportamiento.
2. Proteger el ministerio
Pregunté a varios líderes por qué se habían
descarriado sus compañeros. Uno respondió: “No
puso medidas de seguridad en su vida y ministerio.”
Otro dijo: “Se sobrepuso a la posibilidad de fracasar.”
Un tercero respondió: “No tenía a nadie en
su vida que fuera sincero con él. Tenía muchos que
le daban palmadas en la espalda.”
Una medida de seguridad que los líderes pueden practicar
es la responsabilidad. La responsabilidad a veces se ve como algo
que se ha de evitar a toda costa. Sin embargo, es en realidad una
bendición para los que están dispuestos a someterse
a ella. Ser responsable quiere decir que uno está dispuesto
a dar cuentas de su comportamiento y sus pensamientos ante otra
persona. La responsabilidad sugiere un nivel de sumisión
a las opiniones y puntos de vista de los demás.
Proverbios 27:6 dice que “fieles son las heridas del que
ama.” En este contexto una “herida” podría
ser la crítica positiva de un amigo. Dicha crítica
puede doler por un tiempo, pero llega a ser buena para el que la
recibe. Es una gran bendición tener amigos que le den consejo
y opiniones con sinceridad.
3. Tener cuidado de no amargarse
Un líder advirtió: “No deje que las circunstancias
de la vida lo amarguen.” Lo harán, si usted les da
la oportunidad.
Un hombre se amargó con la gente debido a una significante
decepción personal. Yo pregunté a un amigo suyo qué
se había hecho el hombre. Me respondió con tristeza:
“Pasó 30 años divagando en un desierto espiritual.”
La Escritura habla de la raíz de la amargura (Hebreos 12:15).
Es difícil arrancar el árbol cuyas raíces han
crecido y se han expandido. La amargura de ese hombre se había
enraizado y ni 30 años de divagar la habían podido
arrancar.
Los líderes deben tratar con la amargura como lo harían
con el adulterio y el asesinato. Tan seguro como el último
puede destruir una vida, así también la amargura.
No nos atrevemos a tomar la amargura menos en serio que los pecados
de la carne. La amargura también puede destruir.
4. Estar dispuesto a adaptarse
Los líderes deben entender que lo que dio resultado en el
pasado quizás no dé resultado hoy. El estilo para
dirigir que practicaban en el pasado quizás no dé
resultado en el presente contexto. El pastor John, a quien me referí
al comienzo de este artículo, parece que no comprendió
su contexto y trató de cambiar las cosas en su iglesia demasiado
rápido. Los líderes deben reconocer cuando su presente
estilo o habilidades fracasan en dar frente a los desafíos
presentes. Deben estar dispuestos a adaptarse.
Los comentarios de Bill Hybel tienen relevancia con este tema: “Cuando
uno ha permanecido en una sola iglesia por tanto tiempo como yo
he permanecido aquí, hay un nivel de precio que uno se siente
cómodo al pagar. Cada vez que sube ese precio, tengo que
examinarme íntimamente: ¿Para qué estoy en esto? ¿Estoy
aquí para sentirme cómodo y reducir el costo personal? ¿O estoy
aquí para derramar mi vida como una ofrenda a Jesús?”4
Hablé con dos amigos pastores sobre adaptarse. Uno dijo:
“Pastorear hoy es muy diferente de hace 20 años.”
El otro pastor comentó: “Sí, y a mí
no me gustan los cambios.”
Es difícil hacer cambios significativos en nuestra vida.
Estamos de acuerdo con Mark Twain cuando dijo: “A la única
persona que le gusta el cambio es a un bebé con un pañal
mojado.” Sin embargo, para sobrevivir y progresar debemos
aprender a adaptarnos.
Dios sostiene al líder que sinceramente pide ayuda. Un amigo
ministro se encontraba ante probable descarrilamiento debido a una
adicción que había tomado control de su vida. El reconoció
su necesidad y buscó la ayuda de los líderes de su
distrito. Después de la rehabilitación volvió
a asumir su ministerio y hoy va muy bien. Su historia ofrece esperanza
a otros que se enfrentan con el descarrilamiento. El está
haciendo realidad de sus sueños. ¿Por qué?
Se humilló y recibió la ayuda de Dios y la ayuda de
los demás. Por medio de esta experiencia él puso en
práctica la Escritura que dice: “Así que, el
que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).