CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Yo tenía mi título de maestría, pero sabía
muy poco sobre cómo ser mentor. Así que observé
y puse atención mientras Wilbur Weides me enseñaba
cómo. Cuando él se jubiló, yo tomé su
puesto. Hice lo que él hacía, y me fue muy bien.
El plantel de estudios posgraduados de la Universidad de Wheaton
(Wheaton Graduate School) era un gran lugar para aprender. Yo me
deleité cada momento. Tuve los mejores instructores, un currículo
excelente, y tremenda interacción. Pero ¿cómo
pastorear? Bueno. . . eso tendría que esperar.
Mi primera asignación: Pastor asociado en Summit Avenue
Assembly of God, St. Paul, Minnesota. Ahora a la práctica.
Y fue grande el paso que dí de los salones de clase de Wheaton
al ministerio práctico. Quizás debí haberme
concentrado menos en la teoría y más en la práctica.
¿Hice uso de la sabiduría cuando opté por griego
avanzado en vez de ministerios pastorales? No importaba. Lo había
escogido meses atrás.
Habían pasado casi 3 años. De repente el pastor Weides
renunció y la iglesia me eligió a mí como pastor.
Era una iglesia grande, en la ciudad, y yo era un joven aprendiz.
Cuando G. Raymond Carlson, entonces superintendente del distrito,
dio la amonestación de instalación, yo me apoderé
de las palabras que fueron entregadas por primera vez a Josué:
“Estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”
(Josué 1:5). Me así a eso.
¿Qué debo hacer? ¿Cómo se pastorea?
¿Qué se debe hacer primero? Fácil. Simplemente
hacer lo que había visto hacer al pastor Weides por 3 años.
Yo había observado todas sus movidas, había oído
todas sus palabras, había observado su actitud, y había
seguido cada uno de sus pasos. Se me había entregado la antorcha.
Todo lo que tenía que hacer era cosechar los beneficios
de haber tenido un mentor excelente, dado por Dios. Me siento agradecido
hasta hoy. Quizás, solo quizás, yo puedo hacer por
otros siervos del Señor lo que el pastor Weides hizo por
mí.
A través de los más de 30 años como pastor
de San Diego First Assembly, he tenido 32 oportunidades de ser mentor
del personal. Ha sido un privilegio y un gran honor.
Sin embargo, este artículo se trata tanto de cómo
yo fui preparado como de cómo yo preparo. He aquí
algunas de las cosas que se deben hacer y que no se deben hacer.
O, dicho de otra manera, cómo se pasa la antorcha de un pastor
a otro.
No tome todo para si solo: comparta la gloria
Uno de los grandes desafíos para cualquier pastor, especialmente
en sus comienzos, es trabajar armoniosa y productivamente con la
junta de la iglesia. Yo casi lo puedo garantizar, trabaje bien con
la junta, y usted trabajará bien con toda la iglesia. Los
pastores sabios son expertos en las relaciones entre el pastor y
la junta. Es imprescindible.
El pastor Weides me invitaba a todas las reuniones de la junta.
Esto no era un requisito de mi trabajo; era su manera de prepararme
para lo que me esperaba. Yo dudo que hubiera podido funcionar durante
los primeros meses de ese primer pastorado si no hubiera observado
personalmente cómo trabaja un pastor de éxito con
la junta de la iglesia. El hizo lugar para mí. El me permitió
tomar parte en la acción. Sin egoísmo él compartió
su junta conmigo. Fue una increíble oportunidad para aprender.
La tentación de todo pastor es ser posesivo y protegerse
demasiado. Permitir a un asociado mucho acceso al centro de poder
los hace sentirse amenazados. Ninguno de nosotros quiere ver una
lucha por poder, que quizás lleguemos a perder. Nos aferramos
de la cumbre como si nos perteneciera.
Los que están siendo enseñados deben ver cómo
son las cosas desde dentro. Si el pastor que protege excesivamente
cuida la entrada demasiado bien, la curva de aprender se va para
abajo. Si hay alguna gloria, ser mentor exige que se comparta. Es
la vista desde dentro lo que fija las lecciones sobre cómo
ser líder en lo profundo del espíritu del que aprende.
La técnica para ser mentor es crítica. Hay muchos
libros que bosquejan la estrategia. Pero nada suplanta el sentarse
a la mesa con los líderes, oír la interacción,
observar las reacciones de las personas, seguir los argumentos,
evaluar las conclusiones, y observar a medida que se implementan
las decisiones en la vida real. La vista desde dentro, eso es lo
que vale.
Un púlpito que se comparte ofrece otra increíble
oportunidad de ser mentor. No hay nada que se compare con el púlpito
como un mecanismo para influenciar. Cuando el pastor comparte su
púlpito con un asociado, la experiencia, en términos
de mentor, es significante. Ofrece una oportunidad para que el que
está siendo enseñado toque el corazón de una
congregación y obtenga de ella la afirmación y el
apoyo que son tan esenciales para el crecimiento pastoral. Otra
vez, es asunto de compartir la atención para formar los puntos
fuertes que el asociado necesitará para su futuro ministerio.
Algunos pastores luchan con esto. Se amedrentan y se inquietan
con sólo pensar en compartir la influencia y el poder. Ellos
creen que si dan demasiado, pondrán en peligro su lugar
como líderes. Eso es cierto. Pero la clave es hacer
uso de la discreción, sabiendo que la gente a quien servimos
típicamente sabrá por intuición lo que sucede
y tendrá en gran estima al pastor mentor por su generoso
espíritu. Son pocos los rasgos de carácter que estorban
la obra de Dios más que la inseguridad. Los pastores mentores
eficaces no permitirán que su ego dicte su comportamiento.
No se enriquezca: invierta en los demas
He aquí un pase de lista práctico de algunos con
los que he tenido el privilegio de servir a través de los
años: Un presidente de seminario, el pastor de una iglesia
grande que apoya las misiones, un ministro de música muy
conocido, un asociado que llevó a una iglesia de 400 a 1.000
en sólo unos pocos años, un misionero que trabaja
de forma creativa en el evangelismo y el estudio a distancia global.
La lista sigue.
Estoy profundamente agradecido con Dios por el privilegio que he
tenido de participar en el desarrollo de estos siervos del Señor.
De muchas maneras ellos han logrado mucho más de lo que yo
he logrado. Eso me da mucho placer.
A cada vuelta hay que hacer una elección. ¿Invierto
mi vida en otros posibles líderes (ya sean asalariados o
voluntarios), o sólo trabajo para solidificar la mía?
La elección correcta en eso medirá el impacto final
de nuestra vida.
Es un principio: Ayude a los demás a lograr sus propósitos,
y en el proceso realizará los suyos. El pastor que invierte
fuertemente en el desarrollo de su grupo pastoral llegará
a ver un ministerio que siempre va en expansión. Es una regla
que no será quebrantada.
Yo crecí en una iglesia dinámica, aunque pequeña,
al noreste de Iowa. En un buen domingo, cuando los caminos estaban
limpios, quizás teníamos 60 en asistencia. Pero lo
que le faltaba en tamaño, tenía en calidad de ministerio.
Ahí tuve mis primeras experiencias en el ministerio. Y fue
ahí que amorosos pastores comenzaron el proceso de ser mis
mentores.
La Asamblea de Dios en un pueblo vecino había cerrado sus
puertas debido a una crisis en el liderazgo. Mi pastor me preguntó
si estaba interesado en trabajar con él para revivir a la
iglesia. Como estudiante universitario con miras al ministerio,
yo encontré en eso el perfecto desafío. No olvidaré
las veces que tuve que limpiar el edificio, dirigir la alabanza,
y participar con el pastor en un noble esfuerzo.
Aunque no sé cuánto éxito logramos con nuestros
esfuerzos, Yo sé que la experiencia fue muy valiosa para
mí. Fue parte de mi proceso de mentoría. El pastor
estaba dispuesto a invertirse a sí mismo en un joven que
sentía el llamado al ministerio. En toda iglesia, grande
o pequeña, con el asalariado o con el voluntario, el pastor
tiene un sin fin de oportunidades para ser mentor. Lo único
que se necesita es un pastor que esté dispuesto a aceptar
el desafío.
No asigne lo insignificante: dirija sirviendo
“Deje que lo haga el asociado.” ¿Es esa la actitud,
y el método, que mejor se presta? Es necesario hacer las
tareas insignifcantes, pero éstas nunca deben ser la propiedad
exclusiva del asociado.
¿Qué se quiere decir con esto? Simplemente que en
la economía de Dios, el dirigir siempre se basa en el servir.
Jesús no vino para ser servido, sino para servir. Su ejemplo
siempre es el patrón.
“Yo soy el que hace los mandados del pastor. Hago lo que
a él no le gusta hacer.” No. Jamás. Todo pastor
que provoca esa reacción está faltando en dirigir
como siervo. Esa actitud socavará todo esfuerzo que se haga
en el proceso de ser mentor.
El espíritu del líder siervo se prueba mejor con
la reacción de los que no tienen poder – las personas
de alto mantenimiento, los que dan poco pero que exigen mucho. El
pastor mentor debe demostrar a ese siervo que los líderes
no tienen límites. Y que las necesidades de los menos, de
los postreros, y de los perdidos son exactamente las que merecen
la más alta prioridad.
El ministerio siempre es un asunto del corazón. Fue en esto
que el pastor Weides hizo el mayor impacto en mi vida: La amorosa
manera en que él trataba a las personas, la gracia que demostraba
en momentos de conflicto, la caridad sin egoísmo que caracterizaba
todo lo que hacía. Me siento eternamente agradecido por un
hombre de Dios que me abrió su corazón para que yo
pudiera aprender de qué es lo que se trata ser un líder
siervo.
No ponga limite al talento: inspire a la excelencia
Siempre trate de dar empleo al que es mejor que usted. Esa es la
clave para formar un fuerte equipo de líderes. Tómelo
como un cumplido cuando se encomie altamente a un asociado. Después
de todo, usted tuvo el buen sentido de darle empleo. Este un principio
esencial del buen liderazgo.
Yo oí una conversación en la que se encomiaba a un
asociado mío por un fabuloso sermón que había
predicado en mi ausencia. Magnífico. Olvide las momentarias
emociones de intimidación y regocíjese en la bendición
de Dios de haber sabido escoger buenos asociados.
Cualquier pastor que se siente amenazado por los asociados que
son fuertes y capaces no hará más que promover la
mediocridad. Crucifique la carne y ayude a que los demás
se eleven sobre el nivel de su propia capacidad. Dé crédito
a los demás y mire qué grandes cosas Dios hará
a través de usted.
Yo he oído una y otra vez, con variación, el mismo
mensaje: “Creo que mi pastor se sentía inseguro por
la aceptación que yo recibía de la gente. Poco a poco
me quitó mi influencia hasta que por fin tuve que renunciar.”
Qué triste sacrificio de dones y talentos dados por Dios.
Los buenos pastores hacen todo lo que pueden para impulsar al asociado
hacia los niveles más altos de desarrollo en el ministerio.
Jesús dijo que sus seguidores harían “aun mayores”
obras que las de El (Juan 14:12). Qué gran ejemplo. Este
es el espíritu de Jesús.
Hace un tiempo hablé con un asociado que prestaba servicio
bajo un pastor dinámico, de éxito. Pero el asociado
se quejó: “El pastor siempre tiene que ser el que domina,
en toda conversación y en toda situación.” Estaba
desilusionado y se fue a la primera oportunidad que se le presentó.
Qué lástima. ¿Quién, aparte de Jesús,
debe ser el que domina? ¿Quién dice que el ministerio
impulsado por el Espíritu ha de ser competidor e impulsado
por la personalidad?
Dont undercut the process: instill trust
It has happened over and over. An associate comes to us inexperienced
and green. But after a few years, the associate has blossomed like
a rose, won the hearts of the people, and become effective in ministry.
Guess what?
“Pastor, se me ha invitado a aceptar otro puesto.”
Mi primera reacción: “¿Cómo se atreve
a hacerme eso a mí? ¿Quién es este pastor que
está tratando de robarlo?” Luego me sobrepongo: Es
exactamente para esto que soy llamado. He de ayudar a los demás
como el hermano Weides me ayudó a mí. Este es el cumplimiento del
plan de Dios para mi vida y la de ellos..
Las transiciones son difíciles por no decir otra cosa. Los
asociados temen que cualquier expresión de interés
en otro puesto se interprete como deslealtad. ¿Acaso están
quemando puentes prematuramente? ¿Es el secreto la mejor
opción? Pero el riesgo que presenta el secreto es grande.
Alguien quizás lo llegue a saber, y el pastor se sentirá
traicionado.
Nada de esto debe ser así. Esta es la obra del Señor.
Es en su viña que todos servimos. El es el que asigna a los
obreros según su voluntad. Por esta razón, aunque
parezca difícil, yo he informado a los asociados que yo seré
su compañero en la exploración de cualquier otra oportunidad
de ministerio que surja. Les aseguro que su puesto no está
en peligro, y que tampoco interpretaré su exploración
de una oportunidad como falta de satisfacción. Este arreglo
ha dado hermosos resultados. Me ha librado de todo sentimiento de
traición y me ha permitido ser una parte creativa de una
decisión que puede ser crítica para el futuro ministerio.
Es una lástima que el pastor socave o trate de socavar cualquier
exploración de la voluntad de Dios para la colocación
en el ministerio. Sólo el Señor de la cosecha sabe
dónde y cuándo cualquiera de nosotros podría
servir para el mayor beneficio del reino.
Es interesante que ahora yo soy profesor auxiliar en un seminario
cuyo presidente es un anterior asociado mío. Las posiciones
se han voltiado. El patrón se ha convertido en el empleado,
y la relación es más fuerte que nunca. Recuerdo la
transición años atrás que preparó el
escenario para lo que ha seguido. Esto no pudo haber sucedido si
ambos no hubiéramos estado dedicados a una transición
positiva.
Pasar la antorcha en el ministerio presupone esta clase de compañerismo.
Los líderes eficaces siempre tienen la vista puesta en los
sucesores – en quiénes serán los que seguirán.
Con demasiada frecuencia se deja caer la antorcha y el ministerio
se aborta. No debe ser así. La clave está en una asociación
de confianza en la transición.
No falte en disciplinar: corrija con amor
Ser mentor no siempre es fácil. Ya sea que el pastor es
mentor de laicos o del personal asalariado de la iglesia, el requisito
es el mismo. A veces es necesaria la corrección en amor.
A mí no me gusta esta parte. Mi estilo es afirmar, sugerir,
y animar. No me es fácil expresar palabras que causan sufrimiento
momentario. Pero debe hacerse. Al pastor que se niega a corregir
cuando es necesario le falta un eslabón esencial en el proceso
de ser mentor.
Recuerdo un incidente hace muchos años que tenía
que ver con una falta de integridad entre un pastor asociado y la
junta directiva de la iglesia. Tan difícil como era, yo sabía
que debía pedir al asociado que llamara a cada uno de los
miembros de la junta y les pidiera perdón. El lo hizo con
gusto y ahora está pastoreando una iglesia grande y en crecimiento.
La clave es la actitud. Una palabra correctamente expresada soltará
un poder increíble. Hará que el que está siendo
preparado pase a un nuevo nivel de madurez y efectividad en el ministerio.
Sí, a veces la confrontación es necesaria. Es trabajo
que debe hacerse.
Conclusión
Pase la antorcha. Ignorar esta necesidad es ser culpable de traición
espiritual. Ya sea a un grupo de voluntarios o al personal asalariado,
el pastor sabio y santo aceptará el ministerio de ser mentor
como un honor y un privilegio. Ningún aspecto del ministerio
pastoral rinde dividendos más altos que este.
Richard L. Dresselhaus, D.Min., es presbítero
ejecutivo y pastor principal de first Assembly of God, San Diego,
California.
*Las referencias bíblicas son de la Nueva Versión
Internacional.