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Responsabilidad con el personal de la iglesia

Por Steve Marr

Por 5 años el pastor Jeff había sido pastor principal de su iglesia de 250 miembros. Aunque la iglesia no había crecido, la mayoría de su congregación le daba buenas notas por el contacto personal y por predicar buenos sermones. Pero otros se habían ido de la iglesia, o nunca se habían unido, debido a los problemas con los otros miembros del personal.

Annette, la secretaria en la oficina, con frecuencia llegaba tarde, tomaba muchos días libres, y era desorganizada. Como resultado, el trabajo clave nunca se terminaba o se hacía tarde. Annette olvidaba notificar al pastor Jeff sobre llamadas importantes.

Ed, el pastor asociado, parecía que nunca hacía sus visitas. Faltaba en cumplir con ciertos deberes y con frecuencia llegaba tarde a las reuniones de los comités. Algunos miembros se negaban a servir en los comités dirigidos por el pastor Ed. En privado compartían su desánimo por la deficiente dirección de él.

El pastor Jeff no hacía responsables a estas personas. Como pastor principal, con frecuencia hacía él mismo el trabajo adicional, sacrificando el tiempo que debía pasar con su familia, tiempo para preparar sermones, y tiempo para dirigir otros trabajos de la iglesia.

A pesar del hecho de que tanto Annette como el pastor Ed no cumplían bien con sus trabajos, el pastor Jeff sentía como que no podía tomar ninguna acción. Annette había sido parte de la oficina por 22 años, y Ed era amigo de todos.

Responsabilidad

¿Qué se necesita en esta situación? En una sola palabra: Responsabilidad. La responsabilidad se define como “la obligación de dar razón o explicación por el comportamiento y las responsabilidades de uno.” En el caso del pastor Jeff y su personal, también significa definir claramente la responsabilidad del trabajo o ministerio y luego ver que todo miembro del personal cumpla con ella.

Los pastores con frecuencia faltan en confrontar el desempeño deficiente porque temen la reacción de la iglesia. Esta perspectiva—de que el ministro debe ser amable con todos los empleados—con frecuencia enmascara una falta de disposición para abordar los problemas.

La Escritura nos instruye a que andemos “como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios 4:1). Todo cristiano debe ser llamado por Dios y debe trabajar en el campo de su llamado, y así los dones y la gracia necesarios para el éxito operarán en su vida y ministerio.

Un pastor fue citado como un fracaso por haber logrado solamente una nueva familia para la iglesia en un año. Sin embargo, más de 20 jóvenes aceptaron a Cristo bajo su dirección. Afortunadamente, él y la iglesia se dieron cuenta de que no había sido llamado a ser pastor principal, pero que sí era un dinámico pastor de jóvenes en el corazón de la ciudad. El tomó un puesto como pastor de jóvenes en una iglesia grande dentro de la ciudad, y su ministerio prosperó. Si la situación original nunca se hubiera confrontado, la iglesia hubiera seguido luchando, y la iglesia de la ciudad se hubiera visto privada del pastor de jóvenes que Dios había llamado.

Aunque algunos obreros están mal colocados, otros no están trabajando según su capacidad. Solo por el hecho de que la persona pase muy ocupada no quiere decir que es eficaz.

La diligencia se trata de algo más que horas y actividad—es la concentración en el trabajo. Pablo nos dio un ejemplo: “Yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26).

Dar los pasos para mejorar

Reúnase con cada miembro del personal y escriba en forma breve los criterios y resultados que usted y la iglesia esperan. Esté dispuesto a dar y recibir, pero no conceda en los requisitos mínimos. Confirme por escrito que la otra persona entiende. Luego haga un bosquejo de la importancia de cada tarea. Ayude al miembro del personal a comprender que no se trata de lo que usted quiere, sino de lo que la iglesia necesita para cumplir con la misión de Dios.

Por ejemplo, el pastor Ed puede acordar en hacer un mínimo de cuatro visitas por mes y llegar a tiempo a cada reunión. A Annette se le puede instruir a que no se pase de los días libres por enfermedad o vacaciones que le tocan, y no se le debe pagar sueldo por los días adicionales que trabaje por causa de su falta de organización. (Quizás una clase sobre el manejo del tiempo para todo el personal sea una sabia inversión.)

Es crítico seguir el contacto. Reúnanse al principio de la semana y evalúen cómo va cada uno con sus metas. Elogie los resultados positivos y corrija el desempeño deficiente. No pase por alto las deficiencias. La obra del Señor padecerá si el trabajo no se hace bien. Con más frecuencia, el trabajo mejorará con clara dirección y al exigir responsabilidad.

Si la deficiencia persiste, vuelva a sentarse con la persona. Bosqueje el anterior acuerdo y pídale que explique lo que le evita cumplir con las tareas. Ofrezca preparación, enseñanza, y sugerencias, pero haga hincapíe en el principio de que la responsabilidad pertenece a cada uno individualmente.

Con más frecuencia, mejorará el desempeño y entonces se pueden celebrar los logros de la persona. No olvide darle a saber cómo su mejoría le ha ayudado a usted.

Si persiste la deficiencia, discierna sobre la razón. Con frecuencia los dones y talentos no van bien con el trabajo. La persona puede carecer de la habilidad para permanecer lo suficiente concentrada y disciplinada como para cumplir con las tareas, pero quizás esté bendecida con una creatividad sin límite que se puede usar bien en otro lugar. Ayude a la persona a discernir qué puesto podría ofrecerle más éxito y dele la ayuda necesaria para pasar a una nueva oportunidad.

Tomar una perspectiva positiva, proactiva ofrece la posibilidad de proteger las relaciones por largo tiempo. Dejar de actuar resultará en un desempeño deficiente y aumentará la posibilidad de una confrontación en el futuro.

Así como Dios exige responsabilidad de nosotros en nuestra vida, exija responsabilidad de los miembros del personal de su iglesia. El resultado será el crecimiento personal tanto para usted como para su personal y, a la postre, para el reino de Dios.


Steve Marr es presidente de Business Proverbs Management y de la Widow’s Mite Foundation, Tucson, Arizona. Es autor de Business Proverbs, una guía devocional para el lugar de trabajo. Su programa radial, Business Proverbs, es difundido por 950 estaciones radiales a nivel internacional.

*Las referencias bíblicas son de la Nueva Versión Internacional.