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La alabanza y el coro del santuario

Por Tom Matrone

Debido a que he servido a la iglesia como ministro de música durante los últimos 24 años, mi fidelidad en unir al coro del santuario con la congregación en la alabanza nunca ha sido más válida que hoy. El coro es un medio eficaz de dirigir a la congregación hacia la presencia de Dios.

Hay algo en el coro del santuario que está bajo la autoridad y la unción del Espíritu Santo que ministra a todos los que están presentes. El coro se convierte en una fuerza que hace un llamado no sólo a la congregación sino también al Señor. El ministerio del coro en la alabanza ha mejorado mi vida espiritual un sin fin de veces.

La validez del ministerio del coro de la iglesia local se está debatiendo en muchas de nuestras iglesias. En algunos casos el ministerio del coro del santuario quizás no sea válido. Pero el desafío ante nosotros es considerar la importancia de permitir que este válido ministerio permanezca en nuestra estructura denominacional.

Mi sensibilidad al ministerio del coro de la iglesia local es aparente por razones obvias, pero hago reflexión en un incidente que tuvo lugar durante mis primeros años después de convertirme. De niño era católico, pero de adolescente, pentecostal. Mi primera exposición ante un coro de santuario fue en una iglesia pentecostal. En ese entonces en nuestra parroquia católica el coro no era parte integral de la misa. Yo tuve una exposición limitada a la música coral como ministerio. Se puede imaginar mi sorpresa al ser arrebatado por el ministerio de la música en la iglesia pentecostal. Aunque era joven, recuerdo sentirme movido por la selección del coro y por su intensidad al cantar. Comencé a formular la opinión que se ha convertido en mi convicción: Un fuerte coro de santuario puede ayudar a la congregación a responder al Señor debido a la relación de compañerismo que tiene el coro con la congregación..

La relación del coro con la congregación

El concepto de relación de compañerismo es importante porque el coro con frecuencia puede ser un termómetro para medir la temperatura de la congregación. Mi uso del coro para inspirar a una comunidad de adoradores ha tenido éxito al nivel local. Hemos difundido los debates sobre el estilo y la siempre presente guerra de los himnos versus los coros que parece dividir a muchas iglesias hoy.

¿Qué tiene lugar en una congregación cuando es evidente que el coro en la plataforma está en unidad? Los viejos y los jóvenes responden cuando observan a sus compañeros que alaban en espíritu y en verdad, sin interesarse por el estilo—sino participando en una adoración que honra a Dios.

Cuando dirijo la alabanza me vuelvo al coro, busco su pasión para alabar al Señor. Muchas veces los feligreses me han dicho que se sintieron tocados al observar el amor a Dios que se refleja en los rostros del coro. Cuando el coro es fuerte en la alabanza, he experimentado la respuesta de la congregación al llamado a la alabanza.

¿Es posible que la nueva tendencia a quitar el coro de la plataforma haya disminuido nuestra expresión musical de la alabanza como congregación? Mi presente puesto como ministro de música me ha desafiado a investigar más la necesidad de que los coros permanezcan siendo un componente principal en la vida de la alabanza de la iglesia. Mi presente coro es tan diverso en sus gustos musicales como cualquier otro coro que he conducido. Las edades varían tanto como sus antecedentes; pero cuando se reunen para cantar, algo maravilloso comienza a suceder. Su sonido y su expresión física dan un ambiente de alabanza que no puedo duplicar yo solo. Así mi compañerismo con ellos ha cultivado un cuadro mucho más amplio que la filosofía de hoy que nos exige usar al grupo pequeño para dirigir la alabanza que muchas iglesias han adoptado. Eso no quiere decir que tengo en menos al grupo pequeño para dirigir la alabanza. Yo apoyo totalmente el concepto y tengo un fuerte ministerio de grupo pequeño para dirigir la alabanza en mi presente puesto. Con frecuencia viajan conmigo y son usados constantemente en nuestra congregación.

Coro y ministerio

Al pensar conceptualmente en la alabanza me propongo ver al coro en dos lugares de participación. El primero es ser un catalizador para la alabanza. El segundo es ser una unidad que promueve un nivel más alto de ministerio musical que se ha perdido en nuestra cultura posmoderna.

El ministerio del coro ofrece algo mucho más transcendental que el simple canto por la congregación. A veces el coro puede ofrecer a una congregación aquello que no puede hacer por sí misma. Ofrece una expresión textual de alabanza que de otra manera podría estar ausente de nuestros cultos. El sencillo hecho es que no todas las personas son musicales. Con frecuencia miembros de la iglesia me han dicho que quisieran poder cantar pero que no pueden y que aprecian tener un coro que sí puede.

La música coral es un arte viable a considerar en la alabanza congregacional. La belleza de aprender y repasar un himno es muy gratificante para los cantantes, y esa gratificación se comunica a los oyentes. Nunca se debe disminuir el valor de la ofrenda de una selección coral en un culto. Es una parte importante de la experiencia total de alabar.

La expresión culto de alabanza incluye todos los elementos del culto de la iglesia. La música es sólo una forma de expresión. El canto congregacional es distinto a las selecciones corales en su composición, pero no en su filosofía. Todo lo que tiene lugar en el cuto de alabanza debe ser con el propósito de adorar a Dios y preparar al cuerpo de Cristo.

El ministro de música y el pastor principal hacen decisiones para crear un ambiente que conduce a conectarse con Dios. Trabajamos diligentemente para ofrecer un medio intelectual y emocional para la alabanza congregacional.

En muchas iglesias los presupuestos el personal pueden ya sea mejorar el ministerio de música, o imponer limitaciones significativas. Hay algunos casos en los que el ministerio del coro del santuario no es viable y se deben desarrollar otras alternativas. A la inversa, muchas congregaciones pueden ofrecer un ministerio coral para mejorar el culto y crear una disposición para otros componentes de la alabanza, especialmente la predicación de la Palabra.

En mis conversaciones con nuestro pastor principal yo siempre me refiero al coro como su mejor amigo en la plataforma. Cuando el coro y el pastor principal están visiblemente unidos, no queda mucho lugar para la crítica. Hay vitalidad en el compañerismo con el pastor principal porque él se convierte en el líder principal de la alabanza para los congregantes. En experiencias anteriores, he visto pastores principales que tenían distintos valores para la alabanza congregacional de los que tenían para el departamento de música. Ya sea que era la falta de comunicación del pastor con el departamento de música o cualquier otra razón, él llegaba a estorbar que la congregación pasara adelante en la alabanza.

Es importante ser fiel a sus convicciones, pero es aun de más beneficio que el pastor y su personal definan la cultura en la que ministran. Ya no existen los días de pensar con miras estrechas. Comprender a su singular congregación es de sumo valor para su éxito personal en el ministerio. Las congregaciones se están haciendo tan diversas como lo es América, y copiar otro ministerio es una decisión mortal. Yo me he dado cuenta de que el éxito viene de encontrar la mente de Dios para nuestro departamento de música, no de copiar el de la iglesia vecina. Por consecuencia, nos hacemos dóciles en las manos de Dios para la gente con quien El nos ha bendecido. Para mí, mi congregación es el departamento de música en el que sirvo. El coro del santuario es una congregación dentro de la población principal, y su contribución a la alabanza es invalorable.

¿Se podría decir que Dios ha demostrado favor a los ministerios de los coros de las iglesias locales y su particular ministerio a la congregación y a la comunidad en general? Los coros pueden presentar a las congregaciones una amplia variedad de estilos musicales y también profundizar su fe y su amor en Dios. Incluir la contribución del coro no es un asunto de mantener tradiciones, sino de permitir que la expresión musical de la congregación sea notada y confirmada. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).


Tom Matrone es ministro de música en Central Assembly of God, Springfield, Missouri