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Cómo transformar su iglesia en un Adulam moderno

Por Kirk Hunt

Sidebar: Cómo lanzar y revitalizar el ministerio para hombres de su iglesia

Al terminar su oración, usted se da cuenta de que el hombre que llora en el altar ha venido a Cristo. La ropa de cuero, los tatuajes, y las perforaciones del cuerpo ya no concuerdan con la transformación que usted sabe que lo ha cambiado. Mientras usted alaba a Dios por esa salvación, de repente se da cuenta: Necesito ayudar a hacer un santo fuerte de este hombre.

Establecer, o volver a establecer, a los hombres en la iglesia es una tarea clave para el desarrollo de un dinámico y creciente cuerpo de creyentes. Las diferencias de ambiente, apariencia, y estilo de estos nuevos hermanos pueden parecer intimidantes. Sin embargo, el poder de Dios y su corazón son más que suficientes para emprender la tarea. Con Dios usted se puede convertir en un capitán moderno de 400 en un Adulam del siglo 21.

Asamblea de Adulam

“Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres” (1 Samuel 22:1,2).

David, perseguido y odiado por su suegro, se escondió en una cueva en el desierto. Sin ni un centavo y cargado con su injustamente perseguida familia, David necesitaba ayuda. Dios fielmente mandó unos hombres a su fiel siervo.

Los aprovechadores, los alborotadores, y los quejosos llegaron a Adulam. Con Saúl y todos los ejércitos de Israel tras David, sólo los fracasados llegaron a su lado. Como quiera que la situación le haya parecido a David, este era el plan de Dios.

A pesar de lo que habían sido antes, estos hombres cambiaron al permanecer con David. Un grupo de gentuza malcontenta se convirtió en un selecto grupo de guerreros. Los fracasados y los desechados fueron transformados en valientes campiones.

La iglesia se compone de hombres y sus familias. La gente progresa de convertidos a nuevos discípulos, a discípulos en crecimiento, hasta llegar a ser hacedores de discípulos. Este el patrón de Dios para su iglesia.

Su iglesia o ministerio puede convertirse en un Adulam moderno — un lugar donde los hombres puedan ser transformados por el Espíritu y el poder de Dios. Lo único que se necesita es un corazón para trabajar con los hombres a los que Dios ha llamado a salir de la oscuridad. Si esto parece demasiado, pida más de su gracia.

Nada puede permanecer igual ante la presencia de la gracia de Dios. Ni la situación, ni los hombres, ni tan siquiera el líder.

Asamblea de tranformación

Los líderes militares y de la ley comprenden lo que sienten los líderes cristianos. Ellos toman a hombres que saben muy poco o nada de guerra o de la ley, y los transforman. En pocas semanas hacen profesionales sazonados de muchachos sin experiencia. Luego los mandan a las calles y a los campos de batalla para que cumplan con una misión difícil contra increíble oposición. Pero en un sentido diferente, los líderes militares y de la ley no tienen ninguna idea de lo que sienten los líderes cristianos. Las academias militares y policíacas escogen a los que han de entrenar; la iglesia acepta a cualquiera que venga al pie de la Cruz. En muy pocas semanas, o en demasiados años, la iglesia hace poderosos santos de indignos pecadores.

Los hombres cristianos, antes de su conversión, con frecuencia eran los peores ofensores o los menos deseables de la sociedad. El Espíritu Santo transforma el corazón y la naturaleza de aquellos hombres que el mundo desecharía. Por medio de la gracia de Dios rescatamos a “estos más pequeños” (Mateo 25:45) y ayudamos a transformarlos en deseables campiones.

Establecer en la iglesia a hombres que no tienen iglesia es una empresa extraordinaria. La conversión, el discipulado, el ser mentor, y la misión progresan a través de la vida de todos los hombres santos. A pesar de las distracciones y exigencias del mundo y de la vida de la iglesia, este proceso es la fuente de crecimiento y fortaleza para la iglesia de Dios.

Convertir a los hombres

“Dijo el Señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23). Es mejor comenzar desde el principio. Vaya por los caminos y por los vallados. Oblíguelos con la gracia, el amor, y la esperanza.

Hay muchos hombres sin iglesia en la sociedad de hoy que están en prisiones, en las esquinas de las calles, o emboscados en oscuros salones. Nuestro trabajo, como líderes cristianos, es ayudar a traerlos al redil.

Dios creó a los hombres para que fueran libres. Es necesario sacarlos de la esclavitud. Sus familias, inmediatas o distantes, serán libertadas de la esclavitud a medida que Dios recupere a estos hombres. Debemos ir a estos hombres, ya que ellos no vendrán, o no pueden venir, a nosotros.

El tiempo, el talento, y el tesoro que se invierta en estos nuevos convertidos jamás será un desperdicio. Ningún lugar donde se efectúa una conversión es demasiado sucio o difícil para que aparezca la gracia de Dios. Podemos llenar su casa con aquellos a quienes Dios está salvando. ¿Está usted dispuesto a ser un canal por el que fluye su poder?

Los hombres se allegaron al lado de David a pesar de su situación. Hombres que buscaban esperanza y redención cruzaron el desierto y se unieron a un fugitivo de la ley. De una manera similar, nuestras iglesias y ministerios se pueden convertir en Adulames modernos. Podemos crear lugares a los que hombres puedan venir y ser aceptados tal como son. Hombres santos pueden abrazar a pecadores empedernidos y ayudarles a arrodillarse en el altar del arrepentimiento. El avivamiento y la restauración pueden convertirse en algo común si nos dedicamos de todo corazón a ganarnos a los perdidos.

Discipular a los hombres

Con la gozosa crisis de salvación y arrepentimiento ya completa, ¿qué sucede después? Comienza la dura tarea de enseñar, preparar, y templar al nuevo santo. Un hombre cristiano maduro debe acoger a ese recién nacido, alimentarlo con la leche del evangelio, y ayudarle a progresar a la carne espiritual.

He aquí por qué el camino se hace difícil. Enseñar a hombres exige tiempo y talento. Ni los conversos inteligentes y listos entenderán inmediatamente ni estarán de acuerdo con todos los aspectos de su nueva vida en Cristo. Es necesario que alguien les enseñe el fino arte de llevar una vida santa.

Es necesario que enseñemos a estos hombres a ser obedientes. Los buscadores de placer deben ser transformados en hombres recatados, templados. Los adictos deben aprender a rechazar toda dependencia excepto en Jesucristo.

Los hombres, sin importar cuánto gruñan, responden a la gracia. En algún momento de su vida todos los hombres necesitan de una mano bondadosa, guiadora. Los santos recién nacidos necesitan que sus maestros tengan respetuosa paciencia, aunque no tengan nada más.

Quizás nunca sepamos qué clase de campo para entrenar tenía David para sus reclutas. Estoy seguro de que algunos se descorazonaron al saber lo que se esperaba de ellos. Con todo, 400 hombres permanecieron en el curso y fueron transformados.

Un nuevo creyente necesita más cuidado y más enseñanza de la que necesitará en cualquier otro tiempo de su vida cristiana. Como líderes en la iglesia de Dios, nos toca a nosotros ayudar a los hombres a aprenderse la Escritura y alcanzar madurez en Jesucristo. Al enseñarles y preparalos pronto y bien, podemos ayudarles a llevar una vida larga y fructífera como cristianos.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6).

Conocimiento es poder. Un hombre lleno de la Escritura y del Espíritu Santo es una amenaza para el enemigo y un campeón para el Reino. ¿Están surgiendo los poderosos entre usted?

Ser mentor de los hombres

Ser mentor tiene que ver con la íntima enseñanza y una relación para digirir. Después del discipulado inicial, los hombres siguen necesitando de alguien que los dirija hasta las profundas aguas de Dios. Un mentor asume ese papel, y sin egoísmo ayuda al hombre a convertirse en lo que Dios quiere que se convierta.

Todo hombre que viene a Dios tiene una personalidad única y sus propios dones. No importa cuántas veces se refina, el cobre no se convertirá en acero. Le toca al mentor ayudar a esta persona y sus dones dados por Dios y ayudarlo a convertirse en el hombre que Dios quiere que sea.

“Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza” (Isaías 49:5). Invertir en la vida de los hombres quizás no rinda dividendos inmediatos. Pero a medida que los líderes cristianos invierten en los hombres de Dios, Dios invertirá en sus fieles líderes. Quizás haya una brecha entre la siega y la cosecha. Pero manténgase en el curso.

Dios nos usa para establecer su reino. Aunque quizás no lo comprendamos hasta después, su gracia teje exquisitos diseños. Dios derrama su gloria en las vidas obedientes. Atrévase a ser parte de sus planes.

Misión

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19,20).

Tarde o temprano un recién convertido se convierte en un santo maduro. El consuelo de ser alimentado y ayudado debe hacer lugar para levantar a un nuevo cohorte de santos. En ese momento, se hace necesario ayudarles a extenderse en ministerio a los demás.

“Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Vé, ataca a los filisteos y libra a Keila. Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos?” (1 Samuel 23:2,3).

Los hombres de David conocían la habilidad y el poder de los filisteos. Pelear batallas defensivas en su propio territorio es una cosa; atacar a un enemigo superior en su propio campo es otra. La instrucción de Dios para David y sus hombres era clara en cuanto a su propósito, pero no en cuanto a su resultado.

Las profundas aguas del propósito de Dios pueden ser temerosas, aún para los veteranos. No debe llegar como sorpresa si a sus hombres se les estira la fe en el cumplimiento de su misión. Es importante que usted les ayude a ejecutar la Gran Comisión.

“Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos. Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a los de Keila” (1 Samuel 23:4,5).

Los 400 hombres de David, que una vez estaban desesperados y en quiebra, son transformados. Pelearon contra los endurecidos ejécitos de los filisteos y salieron victoriosos. Su potencial, escondido cuando llegaron por primera vez a Adulam, ahora se ve claramente por todos.

Los hombres valientes por lo regular no son hombres sin miedo. La valentía se puede definir como “fortaleza personal superior al temor personal.” Los hombres de su iglesia son capaces de hacer gran trabajo para el Reino. Con todo, quizás necesiten de un poco de aliento y exhortación para seguir adelante. Quizás hasta sea necesario que su capitán comparta su propia valentía y sabiduría con ellos.

David nunca dudó en consultar a Dios. Él siempre clamaba a Jehová-Shamah, el Dios que está presente, cuando sus propios recursos y reservas parecían muy escasos. El poder y la gracia de Dios fluyen a través de vasos dispuestos, cambiándolo todo.

Asamblea local

En el mundo de los negocios, una organización trata de que el 50 por ciento de sus entradas sean de productos jóvenes (de menos de 2 años). Los nuevos productos son el combustible para el crecimiento de su parte en el mercado, su base de clientela, e innovación adicional. El líder y la organización que tienen esta clase de resultados por lo regular son envidiados por sus competidores y favorecidos por los dueños y los inversionistas. Nuestras iglesias podrían beneficiarse de este método. Podemos y debemos llenar nuestros bancos con hombres recién convertidos. Una iglesia que crece por medio de los nuevos convertidos atrae la atención de la comunidad, expande su habilidad para evangelizar más, y cumple con la misión y la comisión que Dios le ha dado. Dios y los hombres siempre favorecerán a un líder cristiano que hace hombres santos de los incrédulos.

Es necesario el esfuerzo para crear un nuevo Adulam ahí dónde se encuentra. Los fracasados y desechados se juntarán en la puerta, buscando la sal y la luz del evangelio para sanar sus heridas. Como líderes cristianos, es nuestra misión y nuestro mandato hacer santos y campiones por medio del poder del Espíritu Santo.


Kirk Hunt Kirk Hunt es director de los ministerios para hombres en Copper Mountain Assembly of God cerca de Tucson, Arizona. Además de ser jefe de contratos en una fábrica aereoespacial, Hunt es el autor del libro todavía sin publicación titulado Soldiers of the Kingdom [Soldados del Reino].

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