Assemblies of God USA     SearchSite GuideContact Us
Periodico de enriquecimiento
Principal Número de actualidad Archivos Suscribir Personal Contáctenos Tienda  

Recursos de Enriquecimiento

  Artículos para ministros

Recursos para habilitar

  Artículos para los líderes laicos


Haga su pedido del CD Paraclete
Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.


Good News Filing System
CD [Disco Compacto] de Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.


Haga aquí su pedido de los números atrasados

En inglés solamente.



 
 

Tabla de Contenido

Ser espiritual, ser sexual—
Lo que adoramos puede ser extremadamente peligroso

Por Steve Gallagher

En la sociedad de hoy tan sexualizada, es más importante que nunca que los pastores estén preparados para ayudar a los que están atados por los hábitos del pecado sexual. Profundamente dentro del ser de todo hombre hay dos pasiones intensas, mutuamente relacionadas que exigen satisfacción: la sexualidad y la espiritualidad. Dios creó el sexo para ser no sólo una fuente de placer, sino también una expresión profundamente espiritual de amor entre el hombre y su esposa. Por lo tanto, la relación del creyente con Dios con frecuencia se asemeja a la relación entre el esposo y la esposa (1 Corintios 6:15-20).

Desafortunadamente, algunos hombres cristianos se descuidan y permiten que sus deseos carnales se desenfrenen salvajemente. En vez de buscar ser uno con Dios por medio de la adoración y uno con su esposa por medio de la intimidad sexual, se pasan de la línea de la perversión sexual. Es en este punto que la adoración abandona el camino recto. Contrario al diseño original de Dios, de alguna manera su sexualidad y su espiritualidad se fundieron en un corrupto e irresistible impulso de adorar en el altar de la idolatría sexual.

Para los hombres que se abandonan en eso, volver a reclamar la inocencia que de su propia voluntad entregaron no es algo fácil. Lo que es más difícil de recobrar es su fracturada relación con Dios, con su esposa, y con los demás. No obstante, hay una manera de escapar. Es vitalmente importante que los pastores ayuden a los hombres a ver que la restauración sólo se puede encontrar por medio del profundo arrepentimiento, una renovada y santa perspectiva sobre la sexualidad, y un entendimiento de lo que es la verdadera adoración.

Comprender el alcance total de la adoración

En hebreo y en griego, la palabra adoración comunica la idea de postrarse físicamente ante otro. La palabra griega da el sentido de una persona que hace reverencia con suma humildad para besar la mano de alguien que es superior.

La gente continuamente se postra ante algo o alguien en su corazón. ¿Cómo es esto? Dentro del alma del hombre hay un altar espiritual, y sentado en ese altar está el objeto más importante de su vida. Pueda que cante himnos y coros los domingos por la mañana, pero se dé cuenta de ello o no, el concepto de adorar tiene que ver con mucho más que simplemente una media hora de cantar. La adoración no es sólo un acto; es un estilo de vida en el que uno rinde honor al objeto de su deseo —que puede o no puede ser Dios.
La verdadera adoración está fuera de balance cuando la persona permite que algo que no sea Dios tome la preeminencia en su vida. El objeto de adoración se convierte en un ídolo porque quita a Dios el lugar en el corazón que por derecho le toca a Él. Para la mayoría de las personas, las cosas o experiencias que se convierten en ídolos son las que el espíritu de este mundo ofrece y que satisfacen la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos, y el orgullo de la vida, y por lo tanto dictan el curso que ha de tomar su vida. Sin embargo, el pastor debe ser pronto a indicar que el segundo mandamiento dice claramente que Dios no tolerará esto: “No te inclinarás a ellas [cosas, ídolos], ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso” (Éxodo 20:5).

Jesús lo dijo de esta manera: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). Reemplazar a Dios con un ídolo en el corazón de uno es algo muy perverso porque tiene que ver con la decisión voluntariosa de apartarse del Señor a favor de otra cosa. Es muy peligroso adorar a alguien o algo que no sea Dios porque la naturaleza de la adoración es terriblemente poderosa.

La idolatría no sólo seduce a la persona para alejarla del Señor, sino que también transforma al idólatra a la imagen del ídolo (Salmo 115:8). Dicho simplemente, la persona se hace como aquello que más atesora. En vez de ser “hechos conforme a la imagen de su Hijo”, se conforman “a este siglo” (Romanos 8:29; 12:2). El hombre que adora en el altar de la idolatría sexual exhibirá más y más las características del endemoniado ídolo del que se ha enamorado.

El amor del placer

Dios creó un mundo lleno de placeres sencillos, no adulterados para el gozo de sus criaturas. Sin embargo, indecibles multitudes —incluso los que asisten a las iglesias— rechazan el diseño original de Dios y hacen del placer el dios de su vida. Se conocen como hedonistas. Cuando el placer de cualquier índole —aún el placer sexual— se convierte en el punto principal de la existencia diaria de la persona, no sólo corroe la vida espiritual de esa persona, sino que llega a contaminar todo lo que es sano.

Jesús dijo que el amor del placer ahoga la Palabra de Dios (Lucas 8:14). Santiago dijo a sus constituyentes que su amor del placer empequeñecía sus oraciones y los mantenía en un espíritu de concupiscencia (Santiago 4:1-3).

Moisés es un ejemplo de la santidad porque él escogió “antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25). Y el apóstol Pablo habló de los que eran “esclavos de concupiscencias y deleites diversos” (Tito 3:3).

Aunque cada uno de estos pasajes es singularmente profundo, las proféticas palabras de Pablo en 2 Timoteo 3:4,5 son muy alarmantes. Hay algunos que viven en los últimos días que son “amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”. Sin duda alguna, esta Escritura se refiere a los que hacen del placer su razón de existir – su propósito supremo en la vida. Aunque exhiben cierta forma de santidad, en realidad, el objeto de sus afectos más fieles no es Dios sino el placer.

El verdadero arrepentimiento: precursor del cambio verdadero

No será necesario convencer a ningún ministro de que el comportamiento sexual ilícito es pecaminoso. Sin embargo, durante los últimos 20 a 30 años, una tranformación en el modo de pensar ha hecho perder la cabeza a la iglesia. Bajo la apariencia de progeso, el clamor por santidad, inspirado por el Espíritu Santo, que una vez resonara desde los púlpitos ha sido en gran parte suplantado por las racionalizaciones científicas sobre el comportamiento del hombre. En vez de ser alentado a buscar el santo arrepentimiento con lágrimas de contrición, se da al enloquecido hombre lleno de concupiscencia una plétora de racionalizaciones. Esto excusa su pecaminoso comportamiento, y le evita asumir la debida responsabilidad por su comportamiento. Este acto de silenciar la convicción del Espíritu Santo es indeciblemente trágico porque el arrepentimiento es la única solución que Dios ofrece para el pecado habitual. Es imperativo que nosotros, como ministros, prediquemos sin temor contra el pecado.

La triste realidad es esta: la mayoría de los hombres cristianos que participan del pecado sexual habitual han pasado años montados en el tiovivo de pecado y falso arrepentimiento, y jamás encuentran la libertad que parecen buscar con tanta desesperación. En At the Altar of Sexual Idolatry [En el altar de la idolatría sexual], yo lo explico de esta manera:

A media que el adicto (sexual) entra en la primera etapa de remordimiento, con frecuencia hará ciertas promesas a Dios jurando jamás volver a cometer el mismo pecado: “¡Señor, te juro que no volveré a hacer esto jamás!” A medida que sus ojos se abren a la realidad del horrible vacío y naturaleza de su pecado, pronto hace esa promesa; puesto que es en este momento que en realidad ve el pecado por lo que verdaderamente es.

Sin embargo, el problema con hacer una resolución así es que emana de la propia fuerza y determinación del hombre para resitir y vencer el mal. Esta clase de “cumplimiento de promesa” jamás soportará las futuras tentaciones de la misma índole. Es por esta exacta razón que el adicto sexual antes ha tratado incontables veces de romper el hábito, pero ha sido en vano. El hombre desesperadamente necesita arrepentirse. El verdadero arrepentimiento llega cuando el corazón del hombre ha cambiado de parecer en cuanto al pecado. El hombre dejará su comportamiento pecaminoso, destructivo sólo cuando se haya arrepentido de verdad en su corazón.

Para entender lo que es el verdadero arrepentimiento, se debe comprender la naturaleza del pecado. La persona peca cuando por voluntad propia actúa impulsada por la carne para hacer algo que está prohibido por Dios. En otras palabras, rechaza la voluntad de Dios a favor de la suya propia. Todos los que tratan de encontrar libertad del pecado habitual pero que permanecen dentro de su propia voluntad están tratando de lograr lo imposible. El acto de arrepentimiento tiene que ver con una confesión de que el comportamiento de uno es malo, un compromiso de dejar ese comportamiento, y una sumisión a la voluntad de Dios. “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse” (2 Corintios 7:10). Esto ocurre cuando la persona se da cuenta cuán malo ha sido su pensamiento y su comportamiento y está de acuerdo en cambiar ambos.

El lugar de la adoración

Tan bello como es ver a una persona verdaderamente apartarse de su pecado, los ministros comprenden totalmente que esto es sólo la mitad del proceso de arrepentimiento. La otra mitad es cuando se vuelve hacia Dios y deja que Él tome su debido lugar en el trono de su corazón. En otras palabras, debe renunciar a su adoración del sexo y comenzar a adorar de verdad a Dios.

Que el pastor diga al adicto sexual cristiano que es necesario que aprenda cómo adorar a Dios con frecuencia es algo que confunde a éste. Después de todo, él ha venido cantando alabanzas de adoración en la iglesia por años. Desafortunadamente, en su condición totalmente deludida, él no se da cuenta de que su adoración ha carecido de toda realidad espiritual. En esencia, ha estado viviendo en abierta y porfiada resistencia de Dios. Pero a medida que pasa al proceso de arrepentimiento —por el que toma en serio dejar su dominante pecado— puede ahora comenzar a adorar al Señor “en espíritu y en verdad.”

Esto es extremadamente importante en la guerra para determinar quién o qué va a ocupar el trono de su corazón. Su carne ama el pecado sexual, y no hay nada que pueda hacer para evitar que su carne lo ame. Pero lo que puede hacer —y debe hacer— es reemplazar el amor del pecado con un consumidor amor de Dios.

La respuesta no es simplemente odiar el pecado, sino también aprender a amar y temer al Señor.

Esto nos hace volver a examinar lo que es la verdadera adoración. El hombre que está enredado en hábitos de inmoralidad ha permitido que el placer sexual reine supremo en su corazón. Como lo es con toda idolatría, cuando la persona adora algo que no es Dios, su yo se engrandece en su corazón y el Señor se empequeñece. De la misma manera, a medida que aprende a reverenciar al Señor, Dios se hace grande en su ser interior, y su yo se hace pequeño. La verdadera adoración sólo sucede cuando la persona ve quién es en relación a Dios y quién Dios es en relación a él. Tiene lugar un gran acto de humillarse que debilita el poder de la carne.

Debemos ayudar al hombre a ver que el verdadero arrepentimiento tiene lugar cuando se contrita por su pecaminosa y despreciable condición ante un Dios santo y cae deshecho a sus pies. Ahí, al pie del Calvario, es liberado de la esclavitud del pecado y ahora está en la postura correcta ante Dios. Ahora puede poner tras sí años de derrota espiritual y comenzar a poner su sexualidad en su debido lugar. Lo más importante, ahora puede amar a Dios con todo su corazón, alma y mente.


Steve Gallagher Steve Gallagher, Dry Ridge, Kentucky, es presidente de Pure Life Ministries, un ministerio que ayuda a los que están en hábitos de pecado sexual. Para más información llame: 1-859-824-4444, o visite su Web site: www.purelifeministries.org.