Assemblies of God USA     SearchSite GuideContact Us
Periodico de enriquecimiento
Principal Número de actualidad Archivos Suscribir Personal Contáctenos Tienda  

Recursos de Enriquecimiento

  Artículos para ministros

Recursos para habilitar

  Artículos para los líderes laicos


Haga su pedido del CD Paraclete
Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.


Good News Filing System
CD [Disco Compacto] de Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.


Haga aquí su pedido de los números atrasados

En inglés solamente.



 
 

Tabla de Contenido

El Espíritu y la mesa en el centro

Por Steve Phifer

Una jornada personal a la mesa

“Haced esto en memoria de mí.” Las palabras estaban profundamente grabadas en la madera de la mesa frente al púlpito. De niño, también parecían estar profundamente grabadas en mi conciencia. De adolescente, pregunté a mi padre por qué no celebrábamos la Santa Centa todas las semanas como lo hacían algunas iglesias.

“Queremos que sea especial”, dijo papá. “Cualquier cosa que se hace todas las semanas se hace ordinaria, y esto nunca debe ser ordinario.”

Con todo, esas palabras permanecieron en mí: “Haced esto en memoria de mí.”

Más tarde cuando era un joven ministro, aprendí que la posición de la mesa era significativa. Generalmente, las iglesias de Las Asambleas de Dios colocan el púlpito y la mesa de la Santa Cena en el centro frente a la plataforma, declarando públicamente que estas cosas eran centrales a nuestra teología. Pero ¿es así? “Haced esto....”

En mis treinta, comencé un estudio bíblico de la adoración, pero sólo hasta hace poco he pensado en la Santa Cena como un acto de adoración. Por medio de un estudio de la alabanza he descubierto que la Cena del Señor se considera ser bíblica e históricamente el acto central de la adoración cristiana - la mesa está en el centro de la historia cristiana.

La mesa estaba en el medio de la plataforma de toda iglesia en la que he prestado servicio. Sin embargo, de alguna manera la Santa Centa era sólo una ordenanza, algo que Jesús nos dijo que hiciéramos. La mesa en el centro de la plataforma no estaba en el centro de mi vida ni de mi adoración pública.

Una jornada de regreso a la Biblia

Fui a las Escrituras para buscar lo que debía ser la Cena del Señor. Las cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos no carecen de significado. Él dijo que sus mandamientos eran vida (Juan 6:63).

Las Escrituras se refieren a la Cena del Señor con cuatro expresiones: “partimiento del pan”, “la cena del Señor”, “comunión”, y “eucaristía”.

Partimiento del pan (Hechos 2:42,43)

La comunión entre los hermanos era una parte importante de la Primera Iglesia. En este pasaje, la comunión está aparte del “partimiento del pan”, indicando dos comidas diferentes. El “partimiento del pan” se conecta con las oraciones, haciéndolo parte de la adoración.

La cena del Señor (1 Corintios 11:20-26)

Al hacer la distinción entre una comida de comunión entre los hermanos y la cena memorial que Jesús ordenó, Pablo indicó cuál era el principal distintivo de la Santa Cena —es la Cena del Señor. Las palabras griegas son kuriakon deipnon, una “comida que pertenece al Señor.”1 El mismo Jesús, el anfitrión de la comida, preside en el memorial. Él está presente en su mesa en la plenitud de su poder de resurrección. Cuando Jesús es el anfitrión su justicia es revelada. El pan representa su vida perfecta y su ilimitado amor. En la copa se nos aplica su sufrimiento expiatorio —Él llevó nuestras enfermedades. Su sustentadora gracia y perfecto favor fluyen hacia nosotros cuando compartimos sus sufrimientos y sus victorias, y cuando anticipamos su pronto regreso.

Comunión (1 Corintios 10:16,17)

La palabra griega “gracias” (versículo 16, NVI) y “bendecimos” (versículo 16, RVR) es eulogia y se define como: “fino hablar, v.g., elegancia de lenguaje; comendación (“eulogía”), v.g., (reverencialmente) adoración; religiosamente, bendición; por implicación, consagración; por extensión, beneficio o generosidad.”2 Ambas palabras expresan la idea de bendecir y dar gracias al Señor con todo el corazón.

La palabra “comunión” (versículo 16) es koinonia y se define como: “asociación, v.g., (literalmente) participación, o (social) relación, o (pecuniario) beneficio, comunic(ar) (-ción), comunión, (contri-) distribución, comunión.”3 Como anfitrión de esta Cena, el Señor preside sobre nuestra participación, uniéndonos a Él y unos a otros en una intensa sociedad que lo bendice a Él y nos beneficia a nosotros. En esta comunicación de dos vías, nosotros le ministramos a Él con nuestro sacrificio de dar gracias y el Señor nos habla a nosotros por su Espíritu.

Eucaristía (Marcos 14:23-25)

La palabra griega traducida como “habiendo dado gracias” es eucharisteo —“ser agradecido, v.g., (activamente) expresar gratitud (hacia); especialmente, dar gracias por una comida: ser agradecido.”4 Según Vine, “eu” quiere decir “bien” y “charis” quiere decir “gracias.”5 Así que podemos llamar a la “eucaristía” dar “gracias bien”. Un uso interesante de este verbo está en un pasaje sobre los dones del Espíritu. Pablo señaló los beneficios de varios tipos de lenguaje lleno del poder del Espíritu. Él declaró que el que habla en lenguas expresa agradecimiento con un alto grado de excelencia. “Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado” (1 Corintios 14:17). La palabra que se usa aquí es la misma que usó Jesús cuando instituyó la Cena del Señor. Esta conexión entre “dar gracias bien” según el Espíritu da poder a nuestra alabanza es una clave para comprender el punto de vista pentecostal de la Santa Cena.

Dos palabras más son vitales para esta discusión.

Memoria (Lucas 22:19)

La palabra griega para memoria es anamnesis y no se traduce fácilmente al castellano. Es una “memoria, un recuerdo para llamarme (con afecto) a la memoria”6 y “‘una memoria’ (ana, ‘arriba’ o ‘de nuevo’, y A, No. 1), se usa (a) en el mandamiento de Cristo cuando instituyó la Cena del Señor, Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24,25, no ‘en memoria de’ sino en un afectuoso llamado de la Persona misma a recordar.”7

Esto es más que una memoria. Es algo más que recordar el pasado. Sin volver a crucificar a Jesús (el punto de vista católico romano) participamos en los símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo. El Espíritu Santo toma gracia del Señor Jesús y nos la da a conocer a nosotros. Nosotros “damos gracias bien” a Dios y recibimos “buena gracia” de Él (Juan 16:14).

Pacto (Marcos 14:23-25)

Jesús describió la Cena Memorial como una renovación del Nuevo Pacto. El acto de dar gracias que emana del creyente y la gracia que emana de Dios constituyen la continuación del eterno plan de Dios. La Cena del Señor es la Cena de la Pascua para el Nuevo Testamento.8 Así como los adoradores del Antiguo Testamento participaban de la gracia de Dios por medio de su memoria del éxodo con una comida, los adoradores del Nuevo Testamento participan de la gracia de Dios cuando celebran la Santa Cena. La palabra “pacto” en el griego es diatheke: “debidamente, una disposición, v.g., (especialmente) un contracto (especialmente un . . . testamento).”9 La gracia en la mesa del Señor es tan confiable como el carácter de Dios mismo, tan poderosa como sus promesas, y tan amplia como su amor. Dios cumple con su pacto.

En las narrativas de la alimentación de los 5.000 y de los discípulos en el camino a Emaús, aprendemos otros importantes detalles. En Juan 6:28,29 Jesús hizo muy claro que el acto de creer es lo que se quiere significar con el comer del alimento espiritual —“Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (versículo 29). En la historia de Cleofas y su amigo vemos que aunque la presencia del Señor y sus palabras hicieron que su corazón ardiera, fue en el partimiento del pan que lo vieron (Lucas 24:27-32). Pero, en ese instante, Jesús desapareció.

Así que, bíblicamente, cuando recibimos los emblemas de la vida y la muerte del Señor estas cosas suceden:

1. Le damos gracias a Él y lo hacemos con excelencia.

2. Su sustentadora gracia fluye hacia nosotros cuando obedecemos y lo honramos.

3. Estamos en comunión con Él, participamos en su vida y su victoria, anticipamos ansiosos su regreso.

4. Experimentamos una renovación del pacto del Señor con nosotros. Sus promesas son renovadas y nosotros renovamos nuestras promesas a Él.

5. Él se nos es revelado en el partimiento del pan. El Espíritu Santo nos muestra a nuestro Señor en vívida realidad.

El Espíritu Santo es el Espíritu que está en la mesa, no el espíritu de la impotente ceremonia o del vacío rito. Este es el Espíritu de Verdad, el Consolador, el Paracleto, el revelador de las cosas de Jesús a los que creen.

Una jornada a la historia y al futuro

De la historia de la iglesia vemos que la Santa Cena semanal pronto se convirtió en la norma para la Primera Iglesia.10 Siglos después el punto de vista romano sobre la Cena del Señor fue un mecanismo de disparo para la Reforma. Nuestros padres pentecostales del siglo 20 interpretaron bien la doctrina. Su declaración doctrinal de Las Asambleas de Dios es una obra maestra de teología sucinta, bien trazada.11 Pero ¿nos hemos alejado de la Comunión por los errores de otros?

En el siglo 20, como los dos discípulos en el camino a Emaús, nosotros los pentecostales sentimos arder nuestro corazón cuando el Espíritu Santo da fuego a la Palabra de Dios en nosotros. Ahora, a comienzos del siglo 21, ¿invitaremos regularmente, con nuestra adoración, al Señor a cenar con nosotros? Si le permitimos que parta y bendiga el pan ante nosotros, ¿de repente lo veremos como nunca antes? Si lo hacemos, esta vez Él no desaparecerá de nuestra vista. Por medio de nuestra participación en su vida, muerte, y victoria, Él fluirá a través de nosotros por su Espíritu para tocar y sanar a un mundo que sufre.

Steve Phifer es pastor de artes de adoración, Word of Life International Church [Iglesia Internacional Palabra de Vida], Springfield, Virginia.

Notas

1. The New Unger’s Bible Dictionary (Chicago: Moody Press, 1988).

2. Biblesoft’s New Exhaustive Strong’s Numbers and Concordance With Expanded Greek-Hebrew Dictionary, Seattle, Wash., 1994.

3. Ibid.

4. Ibid.

5. Vine’s Expository Dictionary of Biblical Words (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1985).

6. Joseph Thayer, Thayer’s Greek Lexicon, [electronic database] (Seattle: Biblesoft, 2000).

7. Vine’s.

8. Robert E. Webber, ed., The Biblical Foundations of Christian Worship (Peabody, Mass.: Hendrickson Publishers, 1996), 61.

9. Biblesoft’s Concordance.

10. James F. White, A Brief History of Christian Worship (Nashville: Abingdon Press, 1993), 55.

11. (b) Santa Comunión

La Cena del Señor, que consiste de los elementos – el pan y el fruto de la vid – es el símbolo que expresa nuestro compartir de la divina naturaleza de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:4); un memorial de su sufrimiento y su muerte (1 Corintios 11:26); y una profecía de su segunda venida (1 Corintios 11:26); ¡y está ordenada a todos los creyentes “hasta que él venga”! William W. Menzies y Stanley M. Horton, eds., Bible Doctrines: A Pentecostal Perspective Perspective [Doctrinas bíblicas: Una perspectiva pentecostal] (Springfield, Mo.: Logion Press, 1993), 110.