CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Cuando se le pidió a un historiador de fama mundial que
identificara al cristiano de más influencia del siglo 20,
él respondió: “Necesitaremos una distancia de
200 años antes de poder contestar esa pregunta.” Raramente
percibimos la grandeza de los hacedores de épocas durante
su vida.
Con este pensamiento en mente, Barbara Tuchman escribió
de John Wyclif (1330-84): “Visto por el telescopio de la historia,
él fue el inglés más significante de su tiempo.”2
Tuchman dijo esto debido a la inmensa influencia de Wyclif en generaciones
futuras, una influencia que nadie vio durante su vida. Según
Tuchman él fue el primer hombre “moderno”.
Su influencia
El poder de Wyclif sobre el siglo 14 fue uno de una conciencia
capturada por la Palabra de Dios. A diferencia de sus compañeros,
él negaba que los hombres debían pasar por un sacerdote
para llegar a Dios. Al contrario, 150 años antes de la Reforma,
él proclamaba el sacerdocio de todo creyente y animaba a
todos los hombres a ir directamente a Dios por fe. Él negaba
la transubstansación, la doctrina que dice que el pan y el
vino se convierten en el cuerpo mismo de Cristo. Él enseñaba
la idea, radical para sus tiempos, de que el valor de la Comunión
dependía de la condición espiritual del que comulgaba.
Él fue el primer hombre de su siglo que revivió la
doctrina de la justificación por la fe solamente. Cada una
de estas doctrinas procedía de su convicción de que
la Biblia era la autoridad final a la que la conciencia de los hombres
debe dar cuenta.
“Él declaró el derecho de todo cristiano de
conocer la Biblia, y que la Biblia enfatizaba la necesidad de que
todo cristiano viera la importancia de Cristo solamente como el
suficiente medio de salvación, sin la ayuda de peregrinajes,
ni de obras, ni de la misa.”3
Una ilustración en un salmerio bohemio del siglo 16 presenta
la influencia que tuvo Wyclif en la Reforma. Wyclif está
encendiendo la chispa, Jan Hus está aplicándola a
un carbón, y Martín Lutero está soplándola
hasta que se convierte en una gran llama
Un ejemplo de la traducción de Juan 3:16 tomado
de la Biblia de Wyclif, escrito en el Inglés medieval
de su tiempo.
"Forsothe God so louede the world, that he gaf his
oon bigetun sone, that ech man that bileueth in to him perische
not, but haue euerlastynge lyf."
Tuchman resume la importancia de Wyclif: “En una herejía
culminante, él transfirió la salvación de la
agencia de la Iglesia al individuo: ‘Pues todo hombre que
sea maldito será maldito por su propia culpa, y todo hombre
que sea salvo será salvo por su propio mérito.’
Desapercibido, aquí estaba el comienzo del mundo moderno.”4
Para en realidad comprender la magnitud de la vida y la obra de
Wyclif, uno debe conocer los tiempos en los que vivió nuestro
héroe, tiempos muy distintos a los nuestros.
Los tiempos de Wyclif
El historiador de Sismondi llamó al siglo 14 “un tiempo
malo para la humanidad”. Él no exageró. La mayoría
de los ingleses eran analfabetas, y los que podían leer lo
hacían en latín, la lengua de la clase intelectual
y de la iglesia. La Biblia también estaba en latín.
Pero siendo que todavía no existía la imprenta (todas
las biblias eran copiadas a mano), el costo las hacía inaccesibles
a todos menos a los muy ricos. Casi nadie había considerado
la herética idea de una traducción al inglés.
Para los que lo habían considerado, el pensar morir en la
hoguera pronto enfriaba su fervor.
Aunque había algunos clérigos responsables en la
Inglaterra de Wyclif, la mayoría eran holgazanes e inmorales.
La borrachera era un problema significante para muchos hombres de
la iglesia. Pocos podían leer. Aprendían historias
bíblicas de sus superiores, trataban de memorizárselas,
y los pocos que eran fieles las repetían a sus rebaños
los domingos. El sacerdote hasta podía comprar una licencia
al obispo para poder tener una concubina – una manera fácil
para el prelado de ganar un poco de dinero adicional.
La superstición reinaba en la generación de Wyclif.
La adoración de reliquias, la oración a los santos,
y la compra del perdón de Dios con indulgencias y peregrinajes
eran la norma. La gente creía que el papa podía excomulgar
a los individuos, o hasta a ciudades enteras, mandándolos
al infierno sin esperanza. Por mucho tiempo perdida bajo siglos
de encrustada tradición, estaba la crucial doctrina de la
justificación por fe solamente.
En los años postreros a Wyclif, la egoísta ambición
y la carnalidad dividían a la iglesia romana. Dos papas contendían
por la supremacía. Uno reinaba en Francia mientras que otro
clamaba supremacía desde Roma. Esto confundía en gran
manera a la gente; no sabían cuál podía perdonar
los pecados o excomulgar a los malos.
Por último, era una época cruel, brutal. La plaga
bubónica primero azotó en Europa cuando Wyclif frisaba
en sus veinte años, acabando con dos tercios de la población
en algunas zonas. Por 100 años Inglaterra saqueó,
violó, y despojó a Francia, volviéndola en
un virtual páramo hasta que Juana de Arco por fin unió
a los franceses en los años de 1400. La tortura y la brutalidad
abundaban, y el hombre común no tenía casi ningún
derecho político.
La vida de Wyclif
En este ambiente cerca de 1330 nació Wyclif.
Sabemos muy poco de su niñez. Sí sabemos que ingresó
en Oxford en 1346, aproximadamente a la edad de 16 años,
para comenzar 12 duros años de estudio para su doctorado
en teología.
Él era un hombre de industria y habilidad académica,
igualmente admirado por amigos y enemigos. En 1371 Oxford lo reconoció
como su principal teólogo.
En 1374 la corona le otorgó la “vivienda” de
la iglesia en Lutterworth. Esto quería decir que los diezmos
de esta iglesia lo sostendrían mientras enseñaba en
Oxford. La práctica acostumbrada era usar parte de las entradas
para contratar a un pastor que atendiera al rebaño en la
ausencia de uno, lo que Wyclif probablemente hizo.
Wyclif era un hombre santo. La avaricia y vanalidad del clérido
lo provocaba. Los cleros católicos, que componían
sólo el 2 por ciento de la población, controlaban
el 50 por ciento del caudal nacional. Para contrarestar el abuso
por los clérigos, Wyclif enseñaba que el estado tenía
el derecho y la obligación de disciplinar a la iglesia, hasta
de confiscar su riqueza si era necesario. Esto le ganó el
aprecio del jefe del estado, John de Gaunt, quien codiciaba los
vastos tesoros de la iglesia nacional.
Con la ayuda de amigos en Oxford, Wyclif tradujo la Biblia, todas
las 750.000 palabras, del latín al inglés –
una empresa inmensa. Su revolucionaria convicción de que
el hombre inglés común debía poder leer la
Biblia en el lenguaje común amenazaba el poder de la iglesia
del estado inglés. Quería decir que la Biblia, y no
el consejo de un sacerdote controlado por el estado, mediaría
ante Cristo por la conciencia del creyente. Por lo tanto, su traducción
amenazaba el pegamento que unía a la civilización
medieval, el poder de la iglesia para atar la consciencia de los
hombres. Este fue su gran pecado.
Wyclif también preparaba y enviaba predicadores, animándolos
a predicar sermones expositorios de fragmentos de la Biblia copiados
a mano. La gente los llamaba “sacerdotes pobres”. Algunos
eran muy bien educados discípulos de Wyclif de Oxford. Otros
eran hombres analfabetas, pero sinceros, dedicados a la diseminación
del evangelio.
La humildad y abnegación de estos predicadores estaban en
directo contraste con la egoísta holgazanería del
clero establecido. La sencillez y el poder de su mensaje bíblico
eran la antitesis de las fábulas, supersticiones, y mitos
que enseñaban los sacerdotes de las parroquias. Aunque sus
enemigos los llamaban “Lollards”, que quería
decir masculladores, que murmuran entre dientes, Dios coronó
con éxito sus esfuerzos.
Cerca de este tiempo Wyclif perdió favor con John de Gaunt.
Sin la protección de Gaunt se vio expuesto a la ira del clero
establecido. Pero antes de que pudiera ser arrestado, enjuiciado,
y quemado en la hoguera, él murió víctima de
un ataque apoplético mientras conducía una misa en
1384.5
La lollardía continuó hasta que fue aplastada por
la amarga persecusión de la iglesia por el estado inglés
durante los 1420, 35 años después de la muerte de
Wyclif. El estado ahorcó a la mayoría de los líderes
lollard o los quemó en la hoguera. Obligados a ocultarse,
los que sobrevivieron continuaron en grupos pequeños por
varias generaciones. Cuando la Reforma sacudió a Inglaterra
en los 1530, salieron del escondite.
Lecciones de Wyclif
¿Qué podemos aprender de Wyclif y de sus tiempos?
Primero, debemos ser agradecidos con Dios que nos dio a luz en el
siglo 20 y no en el 14. Hoy gozamos de libertad religiosa, de la
luz del evangelio, de la regla de la ley, del alfabetismo en masa,
de tener en casa múltiples biblias en nuestro idioma, y de
cuidado médico moderno. Debemos preguntarnos: ¿Hemos
sido buenos mayordomos de estos inmensos privilegios?
Segundo, debemos imitar la valentía de Wyclif. En una época
en la que los herejes eran quemados en la hoguera o eran torturados
lentamente hasta morir, él se opuso valiente, y casi solo,
contra la monolítica iglesia medieval. Él condenó
sus abusos y sus corrupciones, y le negó su derecho de ser
la única que podía hablar por Dios. Él atacó
la venta de indulgencias, la transubstanciación, las misas
por los muertos, y la oración a los santos. Lo más
importante, él fue el primer hombre medieval en elevar la
autoridad de la Biblia sobre la autoridad de la iglesia. Esto exigió
vasta valentía y convicción.
Tercero, debemos tratar, como Wyclif, de adelantarnos a nuestros
tiempos. Él fue malentendido por los que estaban cómodos
con sus tiempos, y nosotros faltaremos en reconocer a los hombres
de Dios si también nos sentimos demasiado cómodos
con nuestros tiempos. ¿Tenemos el manto profético
y la valentía de Wyclif? No seremos buenos siervos de Cristo
sin ello. Su perspectiva trascendía sus tiempos. Era eterna,
y así debe ser también la nuestra.
Cuarto, jamás debemos tener en menos el poder de la Biblia
para cambiar vidas y sacudir naciones. Todos los líderes
cristianos eficaces viven y respiran la Biblia. Porque sienten su
poder, la predican. Las historias y la anécdotas tienen su
lugar, pero jamás toman el lugar de la clara, pungente exposición
bíblica. Solamente ésta tiene el poder para desenraizar
naciones y vencer fortalezas.
John Wyclif comprendía su poder, y lo usaba con valentía.
En siglos posteriores Dios sacudió a las Islas Británicas,
pero todo comenzó con Wyclif y su obra. Él era el
lucero del alba de la Reforma. Como los héroes de antaño,
Wyclif era un hombre de quien el mundo no era digno (Hebreos 11:38).
Que nosotros caminemos en sus pasos hoy.
William P. Farley es pastor de Grace Christian
Fellowship en Spokane, Washington. Su libro titulado For His
Glory [Para su gloria] , Pinnacle Press, puede pedirse al
llamarlo al 1-509-448-3979, o en bfarley@cet.com.
Endnotes
1.La escritura de su nombre es incierta. Se rinde Wycliffe, Wycliff,
y Wyclif. Yo usaré la última.
2.Barbara W. Tuchman, A Distant Mirror: The Calamitous 14th
Century [Un espejo distante: El calamitoso siglo 14], (New
York: Knopf Publishing House, 1978), 287.
3.Revista Christian History, Número 3, 13.
4.Tuchman, A Distant Mirror, 338-39, itálicas
mías.
5.Siendo que no había otra opción, él fue
un sacerdote católico romano hasta el fin de su vida.
Para más lectura
1. Workman,Herbert B. 2001.John Wyclif: A Study of
the English Medieval Church [Un estudio de la iglesia medieval inglesa],
2 Volúmenes. Eugene, Oreg.: Wipf & Stock Publishers.
2. Caughey,Ellen W.2001. John Wycliffe: Herald
of the Reformation [Heraldo de la Reforma]. Uhrichsville,
Ohio: Barbour Publishers.