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Cómo unir a las generaciones en la adoración

Lo que escogemos para ministrar a múltiples generaciones en la adoración es un dilema serio.

Por Tom McDonald

Hace poco cuando conducía mi automóvil a la oficina noté un intrigante rótulo de una iglesia que decía: “Somos tradicionales a las 8 a.m. Somos contemporáneos a las 9 a.m. Somos mixtos a las 11 a.m.”

El rótulo me hizo recordar un anuncio que había visto en el periódico: “Somos carismáticos en nuestra adoración, bautistas en nuestra predicación, y episcopales cuando vamos a la mesa.”

Al comparar esos dos ejemplos de la vida en la iglesia de hoy podemos ver cuán imperativo es que los pastores y los líderes de adoración programen cultos que atraigan a las múltiples generaciones que adoran juntas bajo un solo techo. Es interesante ver que muchas iglesias programan diferentes tipos de música para los diferentes cultos, pero tienen el mismo sermón para todo el horario del domingo.

Mi pregunta es: ¿En realidad es algo saludable para la iglesia poner en el horario de vez en cuando diferentes estilos de adoración? Hay muchas voces que exigen que los pastores y los líderes de adoración adapten las nuevas tendencias al estilo de adoración de su iglesia. Estos novedosos métodos para contemporizar la adoración parecen apremiantes a primera vista. Pero para la iglesia pentecostal del siglo 21, eso implica mucho.

Nuestro dilema

Complacer a múltiples generaciones

Saber escoger cómo ministrar a múltiples generaciones en la adoración es un dilema serio. Nunca antes en la historia de la iglesia se nos han presentado las complejidades de tener a cuatro generaciones presentes en un mismo culto: Los ‘builders’ [edificadores] (generación G.I., generación silenciosa, bebés de la guerra), los ‘boomers’ [repentinos], los ‘busters’ [robustos] (generación X), y los ‘bridgers’ [puentes] (generación Y, mileniales). El dilema se complica más cuando consideramos los divergentes gustos musicales de las generaciones mayores y los de las más jóvenes.

La iglesia en crecimiento que tiene múltiples cultos debe analizar cuidadosamente las implicaciones de administrar diversos cultos de adoración, como indicaba el rótulo de la iglesia, o de programar múltiples cultos que son idénticos. Mi pastor observó: “Con nuestro crecimiento, ha sido importante que mantengamos a todos en la misma página. Debido a que la gente oye y canta lo mismo, nos ha sido más fácil mantener la unidad entre los varios programas para construir y los cambios programáticos que hemos hecho. En la cultura de hoy, cuando la gente aprecia la flexibilidad los domingos – debemos escoger un formato para el culto de la mañana que quepa dentro de su horario, y así todos se sentirán convencidos de que cualquiera que sea el culto al que asistan, no se perderán de nada.”

Sin la vigilante enseñanza por los pastores y los líderes de adoración, las ovejas gravitan hacia el egoísmo en lo que tiene que ver con la música de adoración. A todos nos gusta la música que se cantaba cuando fuimos salvos, ya sea que haya sido hace 70 años o 7 minutos.Y eso por no decir nada de las preferencias de los congregantes étnicos que también se merecen un lugar en la mesa.

En su afán por ministrar a los diversos elementos en su congregación los domingos, un líder de adoración lleva a la iglesia dos mudadas de ropa. Viste ropa muy casual a las 9 a.m., y un traje y corbata a las 11 a.m. En el primer culto presenta adoración contemporánea, y en el segundo tradicional. Mi colega también admitió preocuparse un poco por el “asunto de la unidad”. Pero más allá del componente de la unidad, hay un dilema más insidioso tocante a este asunto de la adoración generacional.

La mayoría de nuestras iglesias tiene suficiente espacio para acomodar a sus parroquianos multigeneracionales en un solo culto. Estas iglesias deben controlar cuidadosamente el estilo de adoración que programan para poder asegurar un balance y desarmar el potencial de las guerras de adoración. Las guerras de adoración resultan en las congregaciones donde se evitan o se pasan por alto las decisiones intencionales sobre la vida de adoración. (Véase la barra lateral “El enfoque en las ‘Guerras de Adoración’ esconde el verdadero problema tocante la conexión con Dios”.) Aunque el pastor no sea una persona musical, con todo él es el adorador principal. Como tal, tiene ciertos mandatos a los que debe responder y ciertas señales que debe observar. El mandato pastoral es permanecer vigilante de la vida de adoración de la iglesia. Las señales que comunica una congregación, relativas al fruto de la adoración corporativa, son un tanto más sutiles para poder controlarlas. A continuación una lista de señales congregacionales, que si se ignoran, provocan guerras de adoración:

1. Cuando un líder de adoración ignora las preferencias musicales de la congregación por mucho tiempo, el efecto es desmoralizante.

2. Cuando ocurre un cambio pastoral con alteraciones radicales al sonido o a la apariencia de la adoración, el efecto es descorazonante.

3. Cuando uno asiste a una iglesia sin vida o a una que no tiene adecuado apoyo instrumental para presentar con autenticidad la música contemporánea, el efecto es desagradable.

Estas palabras —desmoralizante, descorazonante, y desagradable— no son las emociones que hemos de sentir al entrar por sus puertas con alabanza. Estas emociones no producen gozo indecible, lleno de gloria. Mantener la adoración viva y vivificante presupone la atención al detalle.

Limitar el movimiento del Espíritu Santo

A la par de la decisión de cambiar la vestimenta del clérigo y el estilo de la adoración está la tendencia a capitular en el movimiento del Espíritu Santo. Hace poco otro líder reflejó: “Hemos tratado de alcanzar a mayores números de visitas los domingos, así que desanimamos cualquier demostración pública en el Espíritu. Más bien, esperamos hasta el miércoles por la noche —en una reunión de creyentes— para manifestar al Espíritu.” Bajar el nivel de la respuesta de una iglesia pentecostal a la manifiesta presencia del Señor es algo muy peligroso para la salud de la iglesia, y es desingenioso al patrimonio de nuestra Confraternidad.

Wayne Benson, presidente de Central Bible College en Springfield, Missouri, dice: “Un árbol no puede crecer aparte de sus raíces.” En mi experiencia, las visitas han sido profundamente conmovidas por el correcto uso de los dones en los cultos públicos. Las visitas añoran ver una demostración de lo sobrenatural; sienten el deseo de un toque por el Maestro. Quieren un encuentro de poder cuando van a la iglesia, especialmente los de la generación X y de la generación Y. Uno se siente acusado al meditar en la reciente investigación de Barna que declara: “Nuestras encuestas entre adultos que asisten regularmente a la iglesia indican que un tercio de esas personas jamás ha experimentado la presencia de Dios. La mitad de todos los adultos que asisten a la iglesia admite no haber experimentado la presencia de Dios en ningún momento durante el año anterior.”1

Como pentecostales, debemos balancear la tendencia a valorar la comodidad del visitante con la obligación de recibir al Espíritu Santo entre nosotros siempre que nos reunamos. El Espíritu Santo glorifica a Jesús. Sus alentadores y pacificadores atributos son necesarios en medio de la lucha de los congregantes y visitantes con las ansiedades del día. Un predicador musitó: “He llegado a creer que la vida es un continuo círculo en el que uno está en un juicio, sale de un juicio, o se prepara para el próximo juicio.”

Debido a que la vida es agitada y está llena de circunstancias irregulares y de gente disfuncional, pongo en tela de juicio el relegar las manifestaciones del Espíritu Santo a una expresión de media semana. Necesitamos encontrar a Jesús a través de la auténtica adoración y de la transformadora predicación cada domingo. Recibir la presencia de Jesús en el santuario cuando cantamos fomenta la victoria, la liberación, y la sanidad. Estos atributos del toque del Maestro dan resultado en todo lugar, grande o pequeño. Jesús responde cuando lo adoramos a Él.

Cambiar los estilos de adoración

Yo presté servicio a un pastor que creía que algo debía cambiar en nuestro método de adoración cada 6 o 9 meses para evitar que disminuyera el toque de avivamiento. Aprendíamos cantos nuevos, masajeábamos el orden de adoración entre cultos, alterábamos la liturgia —todo para mantenernos tiernos ante el Señor. Pero el cambio de teoría exige discernimiento en términos de su aplicación— presuponiendo confianza, sensibilidad, y ávida comunicación. Si los líderes de adoración no consideran estas áreas, se puede provocar un desastre.

Pero muchos pastores y líderes de adoración nuevos —aunque con buenas intenciones— hacen cambios demasiado pronto después de ser elegidos. A la inversa, los antiguos que no han cambiado su método para la adoración corporativa durante toda una década son víctimas de la misma espada. Cualquiera de los dos extremos es problemático. Considerando ambos lados, el desafío del rápido cambio es más endémico hoy.

La dificultad es el resultado de este método de arreglo rápido con la vida de adoración de la iglesia sin conllevar a la congregación filosóficamente. Una falta de comunicación sobre el cambio en la adoración deja a los parroquianos con la desafortunada elección de interpretar sin ningún concepto las ideas del pastor. La adoración es un camino personal ante la presencia del Señor. Los antiguos miembros de la iglesia van por un camino bastante atravesado y de mucha confianza. Cuando se cambia el estilo de transportación a medio camino, la carreta con frecuencia se pone al frente de caballo. Frustrados, los fieles salen del encuentro de adoración sin conectarse con Dios.

¿ Cómo puede un pastor cometer un error tan obvio? Los pastores no llevan intencionalmente a su rebaño al caos de la adoración. Más bien, muchos simplemente confían en lo visible a exclusión de lo invisible. Es más fácil asistir a una conferencia que oír al Señor. Después de ser inspirado en una conferencia, el pastor puede volver y hacer un cambio de paradigma sin tomar en cuenta la necesidad de dirigir a su congregación en el proceso paso por paso. A medida que viajo que por el país, continuamente oigo historias similares. El celo vence a la prudencia. Los cambios dramáticos en el estilo de adoración, sin considerar su impacto en los fieles, son traumáticos para la congregación.

Además, los pasos gigantes en el estilo de adoración por razones relacionadas con ser amables con las visitas tienden a alejar la base de la iglesia. Esto también deja al añorante pastor en una posición tentativa, dependiendo ahora de los nuevos miembros y del nebuloso compromiso de las visitas para sostener la bolsa para el presupuesto.

Un cambio tan monumental en la vida de la iglesia, como lo es alterar el estilo o el espacio de la adoración, es un proceso que exige cuidadoso manejo. Por ejemplo, un pastor puede intuir un estancamiento en la adoración y tratar de resolver el dilema pragmáticamente al asistir a una conferencia sobre el crecimiento en la iglesia. En la conferencia, el dinamismo de la mega iglesia y de su carismático líder empaña el asunto principal en la mente del pastor. Luego el pastor regresa y substituye la apariencia del espacio de la adoración para discernir lo que Dios diría proféticamente en su apacible y delicada voz. Yo sé de situaciones en las que los pastores volvieron de una conferencia, cancelaron el programa coral, despidieron al personal de música, y alteraron tan severamente la adoración que alejaron a un sinnúmero de miembros. Todo esto en un esfuerzo por duplicar lo que estaba sucediendo en otra región del país. Estas visionarias maniobras con el tiempo prueban ser contraproductivas. Lo que puede dar resultado en una mega iglesia al otro extremo del país quizás no dé resultado en su iglesia.

Las conferencias son magníficas maneras de explorar nuevas ideas, obtener nueva perspectiva, y observar diferentes aplicaciones a nuestra misión. Sin embargo, encontramos más estrategia cuando vamos de rodillas. E.M. Bounds escribió: “La obra del ministerio es la oración.” Con frecuencia los líderes pentecostales no necesitan más información; necesitan más revelación.

Dios tiene un plan único para su iglesia y para su identidad de adoración. Aunque las iglesias grandes tienen llaves para abrir o claves para descifrar los relevantes misterios culturales, muchas veces estas llaves y claves sólo funcionan en un lugar geográfico o demográfico específico. Estas claves quizás quiten llave en sus respectivas comunidades, pero no necesariamente en la suya.

Para ministrar gracia a múltiples generaciones en la iglesia local, los pastores primero deben oír de Dios sobre la vida de adoración de la iglesia. Deben enseñar modelos bíblicos para la adoración. Deben captar los asuntos de la tradición pentecostal. Y deben buscar la dirección del Espíritu Santo.

La decisión

Los pastores se encuentran con un dilema—programar o cultos idénticos, o componentes de adoración completamente diferentes para cada culto. Por consiguiente, debemos contender con los siguientes desafíos, que exigen un veredicto.

1. El desafío de la unidad (Efesios 4:3). Somos llamados a proteger la unidad de la iglesia. ¿Cómo podemos mantener el enfoque espiritual de la congregación al cantar diferente música de un culto a otro?

2. El desafío de la diversidad (1 Corintios 12:12,26). Somos llamados a cuidar los unos de los otros valorando las preferencias de los demás. ¿Puede Dios estar en un estilo musical que es distinto del que yo prefiero?

3. El desafío de la mutualidad (Juan 13:35). Somos llamados a la disponibilidad sin límite, a la responsabilidad sin límite. ¿Cómo pueden los de más edad cuidar de los más jóvenes si estamos segregados en cultos separados según las preferencias musicales?

Si la elección es mantener a todo el cuerpo pensando y diciendo lo mismo en cultos idénticos, luego entonces el respectivo desafío se convierte en mantener en la tarea a múltiples generaciones mezclando himnos, coros, y ‘cantos de gospel’ en un sólo fluir. Este fluir, si se hace correctamente, transporta a la congregación ante la presencia del Señor.

La presencia del Señor no se recibe por cierto repertorio “de moda”, sino por la unión de humildes corazones que añoran alabar a Dios. Escoger música que hable a través de las líneas generacionales unifica a la congregación en este propósito. Después de todo, como escribió Tom Brooks, “no es lo último en el arte, sino el estado del corazón lo que le importa más a Dios.”

Los líderes de adoración jóvenes son capaces de cantar bien los cánticos contemporáneos, pero con frecuencia no conocen los himnos tradicionales. Por lo tanto, generalmente evitan del todo cantar los himnos o demuestran poca vitalidad cuando sí los cantan. Pero el enfoque de un encuentro de adoración es recibir el fluir vivificante de Jesús al cantar apasionadamente. El entusiasmo se duplica.

Un culto pentecostal balanceado es uno en el que se canta un himno con la misma autoridad que se canta un coro recién escrito. Los líderes de adoración jóvenes tienen la responsabilidad de invertir en los himnos, y los líderes de adoración sazonados necesitan incorporar las composiciones contemporáneas en el fluir de la adoración. Y ambos necesitan hacerlo con autenticidad. Esto quizás estire el acompañamiento de un piano y órgano tradicional para incluir una sección de ritmo. Los pastores también necesitan sabiduría en lo que respecta la adoración, para así ayudar a las diferentes generaciones a lograr una sana perspectiva tocante un repertorio musical balanceado.

En una conversación con Edward Polochick, conductor de la orquesta sinfónica de Lincoln, Nebraska, recibí un importante discernimiento sobre cómo los conductores programan la música nueva en el repertorio de una orquesta. Él dijo: “Cuando programo algo nuevo, converso con la audiencia antes de tocar la selección. No espero a que los oyentes se formen una opinión basada en el criterio personal. Más bien los llevo conmigo en mi camino, enseñándoles sobre la pieza en cuestión, dándoles información sobre el compositor, diciéndoles por qué creo que la pieza tiene mérito.”

Con demasiada frecuencia, los pastores no ayudan a la congregación a desarrollar una opinión balanceada de la adoración, especialmente si se presenta algo nuevo. Pero tiene que haber contexto para tomar una decisión inteligible. De otra manera, la participación de la persona en algo nuevo en la adoración se hace arbitraria.

Nuestro deber

Nuestro deber como pastores para unir a las generaciones en la adoración es tripartito. Primero, como Polochick nos ha recordado, explicar todo lo que sea nuevo. Una contextualización es un gesto de paz y diplomático. Hay un dicho en la profesión de la pedagogía que tiene mérito aquí: “Para ser terrífico, primero tiene que ser específico.”

Segundo, enseñar una serie anual sobre la adoración. Hay demasiado que perder en estos tempestuosos tiempos como para no dirigirnos anualmente a este tema desde el púlpito. Como se ha dicho, “La música ha reemplazado a la doctrina como el asunto más divisivo en miles de congregaciones.”2 Traiga a un invitado al púlpito para acentuar de vez en cuando su serie de adoración. Termine la serie con un encuentro de adoración un domingo por la noche—un culto entero dedicado a permanecer en la presencia del Señor por medio de cantos.

Finalmente, tenga un retiro anual con la comunidad de adoración de la iglesia. Esperen en Dios y procesen la relativa vitalidad de la vida de adoración de la congregación. No delegue la adoración de su iglesia a un comité ni a un subordinado.

Robert Rhoden, superintendente del Distrito Potomac, dice: “Una iglesia es como un avión. Es necesario que tenga dos alas para volar. Relativo a la iglesia, esas dos alas son la predicación y la alabanza. Si la predicación y la alabanza están en orden, la iglesia volará.”

Son demasiados los pastores que están tratando de hacer volar a la iglesia con una sola ala. Necesitamos las dos. Nuestro deber como líderes de adoración es preparar, repasar, y presentar la adoración con sensibilidad e introspección. Cuando se me pide que dirija la adoración, siempre comienzo el proceso aquietando mi espíritu ante la presencia del Señor. Reflexivamente, hago dos preguntas: Primero, Señor Jesús ¿qué te agradaría a ti en el culto? Segundo, ¿Qué necesitarán de tu mano los que vengan a este culto?

Sólo después de haber orado siento el aflujo de la creatividad para el componente de adoración de ese culto. Luego recuerdo Efesios 5:19: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.” El texto habla de cantar con todo el corazón al Señor en una variedad de estilos. Salmos son cantos sobre el carácter de Dios. Himnos son melodías de consagración y doctrina. Y cánticos esprituales son canciones con las que damos testimonio de su bondad.

Este versículo indica tres géneros musicales que se han de cantar en adoración. Eso se correlaciona con tener presentes por lo menos a tres generaciones en la congregación pentecostal típica en cualquier domingo dado. Mezclar el material de adoración es bíblico. De hecho, siempre que sea posible, los líderes de adoración necesitan planificar la música para atraer a los creyentes de más edad, de mediana edad, y a los jóvenes. Crear un popurrí de cantos de adoración que glorifique al Señor y que edifique a los creyentes es una forma artística que conlleva una excelsa responsabilidad. (Vea la barra lateral “La música en la adoración pentecostal”.)

Dirigir a una congregación hacia el trono de Dios y evitar las minas de las guerras de adoración cada semana es una obligación muy seria. Estas disputas sobre la adoración no son un fenómeno limitado a la iglesia evangélica de Norteamérica. Alan Philps escribió que en julio de 2002 irrumpió una pelea en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén provocada por la colocación de una silla usada por un monje egipcio cerca de la entrada al techo. Era un día caluroso y la silla fue movida a la sombra—algo que iba contra las reglas escritas derivadas en 1757 y por lo tanto, en violación del estatu quo.

“ El altercado tenía que ver con los monjes de la iglesia ortodoxa etíope y la iglesia cóptica de Egipto, que habían reñido durante siglos por el control del techo”, dijo Philps. Como resultado, 11 monjes fueron atendidos en un hospital por sus heridas.3 El problema: La posición de una silla. Antes de pasar juicio, reflejemos en nuestras propias vidas como pastores y líderes de adoración. ¿Cuántas veces hemos peleado por lo trivial, no queriendo ser movidos?

Dicho sencillamente, la adoración en el siglo 21 está evolucionando. Estamos incluyendo la música de los avivamientos y de los jóvenes en la música principal del carácter distintivo pentecostal. Por lo tanto, hago un llamado a los pastores y a los líderes de adoración para que estén abiertos al viento del Espíritu y a los valores de nuestro patrimonio pentecostal mientras nosotros —abuelos, padres, e hijos— todos juntos cantamos al Señor bajo el mismo techo.


Tom McDonald

Tom McDonald, Ph.D., es director del Departamento de Música y comisionado de la Adoración de la Iglesia para Las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.

Notas

1. Barna, George. The Habits of Highly Effective Churches (Ventura, Calif.: Regal, 1999), 83.

2. Schaller, Lyle E. 21 Bridges to the 21st Century (Nashville: Abingdon Press, 1994), 14.

3.www.arts.telegraph.co.uk