CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Hace poco cuando conducía mi automóvil
a la oficina noté un intrigante rótulo
de una iglesia que decía: “Somos
tradicionales a las 8 a.m. Somos contemporáneos
a las 9 a.m. Somos mixtos a las 11 a.m.”
El
rótulo me hizo recordar un anuncio
que había visto en el periódico: “Somos
carismáticos en nuestra adoración,
bautistas en nuestra predicación,
y episcopales cuando vamos a la mesa.”
Al
comparar esos dos ejemplos de la vida en
la iglesia de hoy podemos ver cuán
imperativo es que los pastores y los líderes
de adoración programen cultos que
atraigan a las múltiples generaciones
que adoran juntas bajo un solo techo. Es
interesante ver que muchas iglesias programan
diferentes tipos de música para los
diferentes cultos, pero tienen el mismo sermón
para todo el horario del domingo.
Mi pregunta
es: ¿En realidad es algo
saludable para la iglesia poner en el horario
de vez en cuando diferentes estilos de adoración?
Hay muchas voces que exigen que los pastores
y los líderes de adoración
adapten las nuevas tendencias al estilo de
adoración de su iglesia. Estos novedosos
métodos para contemporizar la adoración
parecen apremiantes a primera vista. Pero
para la iglesia pentecostal del siglo 21,
eso implica mucho.
Nuestro
dilema
Complacer a múltiples generaciones
Saber escoger cómo ministrar a múltiples
generaciones en la adoración es un
dilema serio. Nunca antes en la historia
de la iglesia se nos han presentado las complejidades
de tener a cuatro generaciones presentes
en un mismo culto: Los ‘builders’ [edificadores]
(generación G.I., generación
silenciosa, bebés de la guerra), los ‘boomers’ [repentinos],
los ‘busters’ [robustos] (generación
X), y los ‘bridgers’ [puentes]
(generación Y, mileniales). El dilema
se complica más cuando consideramos
los divergentes gustos musicales de las generaciones
mayores y los de las más jóvenes.
La
iglesia en crecimiento que tiene múltiples
cultos debe analizar cuidadosamente las implicaciones
de administrar diversos cultos de adoración,
como indicaba el rótulo de la iglesia,
o de programar múltiples cultos que
son idénticos. Mi pastor observó: “Con
nuestro crecimiento, ha sido importante que
mantengamos a todos en la misma página.
Debido a que la gente oye y canta lo mismo,
nos ha sido más fácil mantener
la unidad entre los varios programas para
construir y los cambios programáticos
que hemos hecho. En la cultura de hoy, cuando
la gente aprecia la flexibilidad los domingos – debemos
escoger un formato para el culto de la mañana
que quepa dentro de su horario, y así todos
se sentirán convencidos de que cualquiera
que sea el culto al que asistan, no se perderán
de nada.”
Sin la vigilante enseñanza
por los pastores y los líderes de
adoración,
las ovejas gravitan hacia el egoísmo
en lo que tiene que ver con la música
de adoración. A todos nos gusta la
música que se cantaba cuando fuimos
salvos, ya sea que haya sido hace 70 años
o 7 minutos.Y eso por no decir nada de las
preferencias de los congregantes étnicos
que también se merecen un lugar en
la mesa.
En su afán por ministrar a
los diversos elementos en su congregación
los domingos, un líder de adoración
lleva a la iglesia dos mudadas de ropa. Viste
ropa
muy casual a las 9 a.m., y un traje y corbata
a las 11 a.m. En el primer culto presenta
adoración contemporánea, y
en el segundo tradicional. Mi colega también
admitió preocuparse un poco por el “asunto
de la unidad”. Pero más allá del
componente de la unidad, hay un dilema más
insidioso tocante a este asunto de la adoración
generacional.
La mayoría de nuestras
iglesias tiene suficiente espacio para acomodar
a sus parroquianos
multigeneracionales en un solo culto. Estas
iglesias deben controlar cuidadosamente el
estilo de adoración que programan
para poder asegurar un balance y desarmar
el potencial de las guerras de adoración.
Las guerras de adoración resultan
en las congregaciones donde se evitan o se
pasan por alto las decisiones intencionales
sobre la vida de adoración. (Véase
la barra lateral “El enfoque en las ‘Guerras
de Adoración’ esconde el verdadero
problema tocante la conexión con Dios”.)
Aunque el pastor no sea una persona musical,
con todo él es el adorador principal.
Como tal, tiene ciertos mandatos a los que
debe responder y ciertas señales que
debe observar. El mandato pastoral es permanecer
vigilante de la vida de adoración
de la iglesia. Las señales que comunica
una congregación, relativas al fruto
de la adoración corporativa, son un
tanto más sutiles para poder controlarlas.
A continuación una lista de señales
congregacionales, que si se ignoran, provocan
guerras de adoración:
1. Cuando un
líder de adoración
ignora las preferencias musicales de la congregación
por mucho tiempo, el efecto es desmoralizante.
2.
Cuando ocurre un cambio pastoral con alteraciones
radicales al sonido o a la apariencia de
la adoración, el efecto es descorazonante.
3.
Cuando uno asiste a una iglesia sin vida
o a una que no tiene adecuado apoyo instrumental
para presentar con autenticidad la música
contemporánea, el efecto es desagradable.
Estas
palabras —desmoralizante, descorazonante,
y desagradable— no son las emociones
que hemos de sentir al entrar por sus puertas
con alabanza. Estas emociones no producen
gozo indecible, lleno de gloria. Mantener
la adoración viva y vivificante presupone
la atención al detalle.
Limitar el movimiento del Espíritu
Santo
A la par de la decisión de cambiar
la vestimenta del clérigo y el estilo
de la adoración está la tendencia
a capitular en el movimiento del Espíritu
Santo. Hace poco otro líder reflejó: “Hemos
tratado de alcanzar a mayores números
de visitas los domingos, así que desanimamos
cualquier demostración pública
en el Espíritu. Más bien, esperamos
hasta el miércoles por la noche —en
una reunión de creyentes— para
manifestar al Espíritu.” Bajar
el nivel de la respuesta de una iglesia pentecostal
a la manifiesta presencia del Señor
es algo muy peligroso para la salud de la
iglesia, y es desingenioso al patrimonio
de nuestra Confraternidad.
Wayne Benson, presidente
de Central Bible College en Springfield,
Missouri, dice: “Un árbol
no puede crecer aparte de sus raíces.” En
mi experiencia, las visitas han sido profundamente
conmovidas por el correcto uso de los dones
en los cultos públicos. Las visitas
añoran ver una demostración
de lo sobrenatural; sienten el deseo de un
toque por el Maestro. Quieren un encuentro
de poder cuando van a la iglesia, especialmente
los de la generación X y de la generación
Y. Uno se siente acusado al meditar en la
reciente investigación de Barna que
declara: “Nuestras encuestas entre
adultos que asisten regularmente a la iglesia
indican que un tercio de esas personas jamás
ha experimentado la presencia de Dios. La
mitad de todos los adultos que asisten a
la iglesia admite no haber experimentado
la presencia de Dios en ningún momento
durante el año anterior.”1
Como
pentecostales, debemos balancear la tendencia
a valorar la comodidad del visitante
con la obligación de recibir al Espíritu
Santo entre nosotros siempre que nos reunamos.
El Espíritu Santo glorifica a Jesús.
Sus alentadores y pacificadores atributos
son necesarios en medio de la lucha de los
congregantes y visitantes con las ansiedades
del día. Un predicador musitó: “He
llegado a creer que la vida es un continuo
círculo en el que uno está en
un juicio, sale de un juicio, o se prepara
para el próximo juicio.”
Debido
a que la vida es agitada y está llena
de circunstancias irregulares y de gente
disfuncional, pongo en tela de juicio el
relegar las manifestaciones del Espíritu
Santo a una expresión de media semana.
Necesitamos encontrar a Jesús a través
de la auténtica adoración y
de la transformadora predicación cada
domingo. Recibir la presencia de Jesús
en el santuario cuando cantamos fomenta la
victoria, la liberación, y la sanidad.
Estos atributos del toque del Maestro dan
resultado en todo lugar, grande o pequeño.
Jesús responde cuando lo adoramos
a Él.
Cambiar los estilos de adoración
Yo presté servicio a un pastor que
creía que algo debía cambiar
en nuestro método de adoración
cada 6 o 9 meses para evitar que disminuyera
el toque de avivamiento. Aprendíamos
cantos nuevos, masajeábamos el orden
de adoración entre cultos, alterábamos
la liturgia —todo para mantenernos
tiernos ante el Señor. Pero el cambio
de teoría exige discernimiento en
términos de su aplicación— presuponiendo
confianza, sensibilidad, y ávida comunicación.
Si los líderes de adoración
no consideran estas áreas, se puede
provocar un desastre.
Pero muchos pastores
y líderes de
adoración nuevos —aunque con
buenas intenciones— hacen cambios
demasiado pronto después de ser elegidos.
A la inversa, los antiguos que no han cambiado
su método para la adoración
corporativa durante toda una década
son víctimas de la misma espada. Cualquiera
de los dos extremos es problemático.
Considerando ambos lados, el desafío
del rápido cambio es más endémico
hoy.
La dificultad es el resultado de este
método
de arreglo rápido con la vida de adoración
de la iglesia sin conllevar a la congregación
filosóficamente. Una falta de comunicación
sobre el cambio en la adoración deja
a los parroquianos con la desafortunada elección
de interpretar sin ningún concepto
las ideas del pastor. La adoración
es un camino personal ante la presencia del
Señor. Los antiguos miembros de la
iglesia van por un camino bastante atravesado
y de mucha confianza. Cuando se cambia el
estilo de transportación a medio camino,
la carreta con frecuencia se pone al frente
de caballo. Frustrados, los fieles salen
del encuentro de adoración sin conectarse
con Dios.
¿
Cómo puede un pastor cometer un error
tan obvio? Los pastores no llevan intencionalmente
a su rebaño al caos de la adoración.
Más bien, muchos simplemente confían
en lo visible a exclusión de lo invisible.
Es más fácil asistir a una
conferencia que oír al Señor.
Después de ser inspirado en una conferencia,
el pastor puede volver y hacer un cambio
de paradigma sin tomar en cuenta la necesidad
de dirigir a su congregación en el
proceso paso por paso. A medida que viajo
que por el país, continuamente oigo
historias similares. El celo vence a la prudencia.
Los cambios dramáticos en el estilo
de adoración, sin considerar su impacto
en los fieles, son traumáticos para
la congregación.
Además, los
pasos gigantes en el estilo de adoración
por razones relacionadas con ser amables
con las visitas tienden a
alejar la base de la iglesia. Esto también
deja al añorante pastor en una posición
tentativa, dependiendo ahora de los nuevos
miembros y del nebuloso compromiso de las
visitas para sostener la bolsa para el presupuesto.
Un
cambio tan monumental en la vida de la iglesia,
como lo es alterar el estilo o el
espacio de la adoración, es un proceso
que exige cuidadoso manejo. Por ejemplo,
un pastor puede intuir un estancamiento en
la adoración y tratar de resolver
el dilema pragmáticamente al asistir
a una conferencia sobre el crecimiento en
la iglesia. En la conferencia, el dinamismo
de la mega iglesia y de su carismático
líder empaña el asunto principal
en la mente del pastor. Luego el pastor regresa
y substituye la apariencia del espacio de
la adoración para discernir lo que
Dios diría proféticamente en
su apacible y delicada voz. Yo sé de
situaciones en las que los pastores volvieron
de una conferencia, cancelaron el programa
coral, despidieron al personal de música,
y alteraron tan severamente la adoración
que alejaron a un sinnúmero de miembros.
Todo esto en un esfuerzo por duplicar lo
que estaba sucediendo en otra región
del país. Estas visionarias maniobras
con el tiempo prueban ser contraproductivas.
Lo que puede dar resultado en una mega iglesia
al otro extremo del país quizás
no dé resultado en su iglesia.
Las
conferencias son magníficas maneras
de explorar nuevas ideas, obtener nueva perspectiva,
y observar diferentes aplicaciones a nuestra
misión. Sin embargo, encontramos más
estrategia cuando vamos de rodillas. E.M.
Bounds escribió: “La obra del
ministerio es la oración.” Con
frecuencia los líderes pentecostales
no necesitan más información;
necesitan más revelación.
Dios
tiene un plan único para su iglesia
y para su identidad de adoración.
Aunque las iglesias grandes tienen llaves
para abrir o claves para descifrar los relevantes
misterios culturales, muchas veces estas
llaves y claves sólo funcionan en
un lugar geográfico o demográfico
específico. Estas claves quizás
quiten llave en sus respectivas comunidades,
pero no necesariamente en la suya.
Para ministrar
gracia a múltiples
generaciones en la iglesia local, los pastores
primero deben oír de Dios sobre la
vida de adoración de la iglesia. Deben
enseñar modelos bíblicos para
la adoración. Deben captar los asuntos
de la tradición pentecostal. Y deben
buscar la dirección del Espíritu
Santo.
La decisión
Los pastores se encuentran con un dilema—programar
o cultos idénticos, o componentes
de adoración completamente diferentes
para cada culto. Por consiguiente, debemos
contender con los siguientes desafíos,
que exigen un veredicto.
1. El desafío
de la unidad (Efesios 4:3). Somos llamados
a proteger la unidad
de la iglesia. ¿Cómo podemos
mantener el enfoque espiritual de la congregación
al cantar diferente música de un culto
a otro?
2. El desafío de la diversidad
(1 Corintios 12:12,26). Somos llamados a
cuidar
los unos de los otros valorando las preferencias
de los demás. ¿Puede Dios estar
en un estilo musical que es distinto del
que yo prefiero?
3. El desafío de la
mutualidad (Juan 13:35). Somos llamados a
la disponibilidad
sin límite, a la responsabilidad sin
límite. ¿Cómo pueden
los de más edad cuidar de los más
jóvenes si estamos segregados en cultos
separados según las preferencias musicales?
Si
la elección es mantener a todo
el cuerpo pensando y diciendo lo mismo en
cultos idénticos, luego entonces el
respectivo desafío se convierte en
mantener en la tarea a múltiples generaciones
mezclando himnos, coros, y ‘cantos
de gospel’ en un sólo fluir.
Este fluir, si se hace correctamente, transporta
a la congregación ante la presencia
del Señor.
La presencia del Señor
no se recibe por cierto repertorio “de
moda”,
sino por la unión de humildes corazones
que añoran alabar a Dios. Escoger
música que hable a través de
las líneas generacionales unifica
a la congregación en este propósito.
Después de todo, como escribió Tom
Brooks, “no es lo último en
el arte, sino el estado del corazón
lo que le importa más a Dios.”
Los
líderes de adoración jóvenes
son capaces de cantar bien los cánticos
contemporáneos, pero con frecuencia
no conocen los himnos tradicionales. Por
lo tanto, generalmente evitan del todo cantar
los himnos o demuestran poca vitalidad cuando
sí los cantan. Pero el enfoque de
un encuentro de adoración es recibir
el fluir vivificante de Jesús al cantar
apasionadamente. El entusiasmo se duplica.
Un
culto pentecostal balanceado es uno en el
que se canta un himno con la misma autoridad
que se canta un coro recién escrito.
Los líderes de adoración jóvenes
tienen la responsabilidad de invertir en
los himnos, y los líderes de adoración
sazonados necesitan incorporar las composiciones
contemporáneas en el fluir de la adoración.
Y ambos necesitan hacerlo con autenticidad.
Esto quizás estire el acompañamiento
de un piano y órgano tradicional para
incluir una sección de ritmo. Los
pastores también necesitan sabiduría
en lo que respecta la adoración, para
así ayudar a las diferentes generaciones
a lograr una sana perspectiva tocante un
repertorio musical balanceado.
En una conversación
con Edward Polochick, conductor de la orquesta
sinfónica
de Lincoln, Nebraska, recibí un importante
discernimiento sobre cómo los conductores
programan la música nueva en el repertorio
de una orquesta. Él dijo: “Cuando
programo algo nuevo, converso con la audiencia
antes de tocar la selección. No espero
a que los oyentes se formen una opinión
basada en el criterio personal. Más
bien los llevo conmigo en mi camino, enseñándoles
sobre la pieza en cuestión, dándoles
información sobre el compositor, diciéndoles
por qué creo que la pieza tiene mérito.”
Con
demasiada frecuencia, los pastores no ayudan
a la congregación a desarrollar
una opinión balanceada de la adoración,
especialmente si se presenta algo nuevo.
Pero tiene que haber contexto para tomar
una decisión inteligible. De otra
manera, la participación de la persona
en algo nuevo en la adoración se hace
arbitraria.
Nuestro
deber
Nuestro deber como pastores para unir a
las generaciones en la adoración es
tripartito. Primero, como Polochick nos ha
recordado, explicar todo lo que sea nuevo.
Una contextualización es un gesto
de paz y diplomático. Hay un dicho
en la profesión de la pedagogía
que tiene mérito aquí: “Para
ser terrífico, primero tiene que ser
específico.”
Los coros
de adoración más populares
por década
DÉCADA
TÍTULO
COMPOSITOR
50s
Vuelve los ojos a Jesús
Helen Lemmel
Maravillos es su nombre
Audrey Mieir
No es secreto
Stuart Hamblin
Hay lugar en la cruz para
ti
Ira Stanphill
Espíritu del Dios
viviente
Daniel Iverson
60s
Él me ha tocado
Bill Gaither
La sangre jamás
perderá su poder
Andrae Crouch
Pasa por mi alma
Composer Unknown
Nada es imposible
Eugene Clark
Dulce, dulce Espíritu
Doris Akers
70s
Su bandera sobre mí es
amor
Composer Unknown
Hay un río
David and Max Sapp
Aleluya
Jerry Sinclair
Seguramente que la presencia
del Señor está en
este lugar
Lanny Wolfe
Porque Él vive
Bill Gaither
80s
Majestad
Jack Hayford
Te exaltamos
Peter Sanchez, Jr.
Mil gracias
Henry Smith
Como el siervo
Marty Nystrom
Señor, sé glorificado
Bob Kilpatrick
90s
Lugar santo
Geron Davis
Canta al Señor
Darlene Zschech
Señor, tu nombre
exaltaré
Rick Founds
Oh, la gloria de tu presencia
Steve Fry
Sendas Dios hará
Don Moen
2000s
El corazón de la
adoración
Matt Redman
Para siempre
Chris Tomlin
Sobre todo
Lenny LeBlanc/Paul Baloche
Aquí estoy para
adorar
Tim Hughes
Abre mis ojos oh Cristo
Paul Baloche
—Tom McDonald
Segundo, enseñar una serie anual
sobre la adoración. Hay demasiado
que perder en estos tempestuosos tiempos
como para no dirigirnos anualmente a este
tema desde el púlpito. Como se ha
dicho, “La música ha reemplazado
a la doctrina como el asunto más divisivo
en miles de congregaciones.”2 Traiga
a un invitado al púlpito para acentuar
de vez en cuando su serie de adoración.
Termine la serie con un encuentro de adoración
un domingo por la noche—un culto
entero dedicado a permanecer en la presencia
del Señor por medio de cantos.
Finalmente,
tenga un retiro anual con la comunidad de
adoración de la iglesia.
Esperen en Dios y procesen la relativa vitalidad
de la vida de adoración de la congregación.
No delegue la adoración de su iglesia
a un comité ni a un subordinado.
Robert
Rhoden, superintendente del Distrito Potomac,
dice: “Una iglesia es como
un avión. Es necesario que tenga dos
alas para volar. Relativo a la iglesia, esas
dos alas son la predicación y la alabanza.
Si la predicación y la alabanza están
en orden, la iglesia volará.”
Son
demasiados los pastores que están
tratando de hacer volar a la iglesia con
una sola ala. Necesitamos las dos. Nuestro
deber como líderes de adoración
es preparar, repasar, y presentar la adoración
con sensibilidad e introspección.
Cuando se me pide que dirija la adoración,
siempre comienzo el proceso aquietando mi
espíritu ante la presencia del Señor.
Reflexivamente, hago dos preguntas: Primero,
Señor Jesús ¿qué te
agradaría a ti en el culto? Segundo, ¿Qué necesitarán
de tu mano los que vengan a este culto?
Sólo
después de haber orado
siento el aflujo de la creatividad para el
componente de adoración de ese culto.
Luego recuerdo Efesios 5:19: “Hablando
entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos
espirituales, cantando y alabando al Señor
en vuestros corazones.” El texto habla
de cantar con todo el corazón al Señor
en una variedad de estilos. Salmos son cantos
sobre el carácter de Dios. Himnos
son melodías de consagración
y doctrina. Y cánticos esprituales
son canciones con las que damos testimonio
de su bondad.
Este versículo indica
tres géneros
musicales que se han de cantar en adoración.
Eso se correlaciona con tener presentes por
lo menos a tres generaciones en la congregación
pentecostal típica en cualquier domingo
dado. Mezclar el material de adoración
es bíblico. De hecho, siempre que
sea posible, los líderes de adoración
necesitan planificar la música para
atraer a los creyentes de más edad,
de mediana edad, y a los jóvenes.
Crear un popurrí de cantos de adoración
que glorifique al Señor y que edifique
a los creyentes es una forma artística
que conlleva una excelsa responsabilidad.
(Vea la barra lateral “La música
en la adoración pentecostal”.)
Dirigir
a una congregación hacia el
trono de Dios y evitar las minas de las guerras
de adoración cada semana es una obligación
muy seria. Estas disputas sobre la adoración
no son un fenómeno limitado a la iglesia
evangélica de Norteamérica.
Alan Philps escribió que en julio
de 2002 irrumpió una pelea en la iglesia
del Santo Sepulcro en Jerusalén provocada
por la colocación de una silla usada
por un monje egipcio cerca de la entrada
al techo. Era un día caluroso y la
silla fue movida a la sombra—algo
que iba contra las reglas escritas derivadas
en 1757 y por lo tanto, en violación
del estatu quo.
“
El altercado tenía que ver con los
monjes de la iglesia ortodoxa etíope
y la iglesia cóptica de Egipto, que
habían reñido durante siglos
por el control del techo”, dijo Philps.
Como resultado, 11 monjes fueron atendidos
en un hospital por sus heridas.3 El problema:
La posición de una silla. Antes de
pasar juicio, reflejemos en nuestras propias
vidas como pastores y líderes de adoración. ¿Cuántas
veces hemos peleado por lo trivial, no queriendo
ser movidos?
Dicho sencillamente, la adoración
en el siglo 21 está evolucionando.
Estamos incluyendo la música de los
avivamientos y de los jóvenes en la
música principal del carácter
distintivo pentecostal. Por lo tanto, hago
un llamado a los pastores y a los líderes
de adoración para que estén
abiertos al viento del Espíritu y
a los valores de nuestro patrimonio pentecostal
mientras nosotros —abuelos, padres,
e hijos— todos juntos cantamos al
Señor bajo el mismo techo.
Tom McDonald,
Ph.D., es director del Departamento
de Música y comisionado de la
Adoración de la Iglesia para
Las Asambleas de Dios, Springfield,
Missouri.
Notas
1. Barna, George. The Habits of Highly Effective Churches
(Ventura, Calif.: Regal, 1999), 83.
2. Schaller, Lyle E. 21 Bridges to the 21st Century (Nashville:
Abingdon Press, 1994), 14.