Assemblies of God SearchSite GuideStoreContact Us
Periodico de enriquecimiento
Principal Número de actualidad Archivos Suscribir Personal Contáctenos Tienda  

Recursos de Enriquecimiento

  Artículos para ministros

Recursos para habilitar

  Artículos para los líderes laicos


Haga su pedido del CD Paraclete
Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.


Good News Filing System
CD [Disco Compacto] de Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.


Haga aquí su pedido de los números atrasados

En inglés solamente.



 
 

Tabla de Contenido

La adoración musical—un sacrificio de alabanza

¿Existen pautas o principios que puedan realzar nuestra música y por lo tanto nuestra adoración?

Por Joseph Nicholson

A través de toda su historia el cristianismo ha sido una religión musical. En cada esquina del globo y en toda era, la música ha sido parte integral de la fe cristiana. Pero esto no quiere decir que no ha habido opiniones variantes sobre la música. Durante siglos, una considerable parte de la controversia en la iglesia se ha concentrado en la música. Las quejas por la música con frecuencia se basaban en la preocupación porque los estilos y lenguajes musicales que no eran de iglesia se estaban infiltrando en la iglesia y corrompían la santa adoración. En otras ocasiones, la disensión tenía sus raíces en la simple resistencia al cambio—una renuencia a aceptar nuevos instrumentos, nuevos estilos musicales, o cualquier cosa que no estuviera ya totalmente enraizada en la tradición.

Los desacuerdos, tensiones, y opiniones divididas sobre la música de la iglesia siguen.1 Aunque cierta diversidad en los puntos de vista es ventajosa, es deseable lograr por lo menos un concenso general sobre los propósitos básicos de la música en nuestras iglesias. Pero ¿cómo hemos de saber qué música agrada a Dios? ¿Por qué es que la música para la iglesia difiere de país a país—aun de congregación a congregación dentro del mismo país? ¿Debe haber más uniformidad en la música entre nuestros hermanos cristianos por todo el mundo? ¿Existen guías o principios que puedan realzar nuestra música y por lo tanto nuestra adoración? Si así es, ¿cuáles principios son universales y cuáles están basados en la cultura? ¿Cuál es la base teológica para nuestra filosofía de la música?

La Biblia tiene muchísimo que decir sobre la música. Se menciona en por lo menos 44 de sus 66 libros. Términos musicales como música, cantar, e instrumentos musicales (muchos específicamente identificados) se mencionan cientos de veces. Un libro entero, los Salmos, está dedicado a la música. En su forma original, el libro de los Salmos era un libro de cantos. No sabemos cuántos pasajes de los libros proféticos originalmente se cantaban, pero muchas profecías están escritas en estilo poético, y algunas se cantaban.

Lucas contiene los himnos más conocidos del Nuevo Testamento: El Magníficat (Lucas 1:46-55), el Benedicto (1:68-79), Gloria in Excelsis Deo (2:14), y Nunc Dimittis (2:29-32). Todos éstos se relacionan con el nacimiento de Cristo y pudieron haber sido usados en la adoración por la Primera Iglesia.

La Biblia comienza con lo que a veces se llama el himno de la creación en la poesía de Génesis 1 y culmina con los grandes cantos de adoración de Apocalipsis 5:9; 1:4-3; 15:3; y posiblemente 19:4-8.

La Palabra de Dios dice muy claramente que los que siguen al Señor son un pueblo que canta; los cristianos cantan por naturaleza. La Escritura explica por qué los cristianos deben cantar, cómo deben cantar, y hasta qué es lo que deben cantar.

¿Deben cantar los cristianos?

Alguien dijo que Dios es quien creó la música; el compositor solamente la arregla. Dios es un gran amante de la música. Job 38:7 hace referencia al momento “mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles gritaban de alegría”(NVI).* Isaías 55:12 dice que los montes cantaban y los árboles daban palmadas de aplauso. El mismo Jesús cantó un himno en la Última Cena (Mateo 26:30; Marcos 14:26).

Dios desea nuestro canto. Su Palabra nos insta a adorar con música. Salmo 100:2 dice: “Adoren al SEÑOR con regocijo. Preséntense ante él con cánticos de júbilo” (NVI). Salmo 107:21,22 desafía al pueblo de Dios: “Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres; ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.” Salmo 149:5 amonesta: “Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas.”

El gozo y el canto no siempre vienen fácilmente. Durante la cautividad babilónica los judíos se perdieron de la oportunidad de usar la música para testificar de su Dios. Sus captores querían oírlos cantar cánticosde Sion (Salmo 137). Pero por el contrario, se revolcaron en su autoconmiseración, colgaron sus harpas en los árboles, y lloraron. Los profundos dolores y los recuerdos de días mejores les quitaron su canto y su gozo. Nos va mejor si cantamos alabanzas a Dios, ya sea que sintamos el deseo o no.

Los inspirados escritores del Nuevo Testamento con frecuencia citaban el Antiguo Testamento. En Romanos 15:9-11, el apóstol Pablo, instruyendo a judíos y a gentiles, hizo referencia a varios cantos del Antiguo Testamento (2 Samuel 22:50; Salmo 18:49; Deuteronomio 32:43; Salmo 117:1). La Escritura claramente muestra que Dios quiere que su pueblo confiese su nombre, que se regocije, y que le cante alabanzas a Él.

¿Por qué deben cantar los cristianos?

Santiago 5:13 nos desafía: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.” La música es la natural expresión de gozo. Un antiguo canto tiene este testimonio: “Canto porque estoy alegre, canto porque soy libre.” Pero también cantamos para lamentar—para expresar dolor, angustia, o preocupación. O quizás cantemos para testificar o alentar a los demás. ¿Cuál es el propósito de nuestro canto? No para atraer atención a nosotros mismos, sino para dar un mensaje.

Los mensajes eficaces pueden darse sin música, pero la música añade una nueva dimensión a la palabra expresada. Al suplementar un poema con una melodía o con una armonía las palabras toman más emoción, más significado, y más poder.

Dos dimensiones de la música de la iglesia ilustran esta singular capacidad en comparación con todas las formas de ministerio. La música puede afectar la mente. La música también puede añadir significado a su mensaje al afectar al oyente por medio de las emociones. El resultado es que el pueblo puede ser desafiado, inspirado, y movido a la acción. Esta es una razón por la que los himnos de invitación se han usado en el evangelismo durante los llamados al altar.2 La música constriñe, realza, y fortalece las apelaciones verbales.

¿ Por qué debemos cantar? He aquí cinco razones básicas:

1. Los cristianos deben cantar para expresar oración y alabanza a Dios.

Esta es una orientación vertical—hacia arriba para el Señor, dirigida a Dios. En los primeros años de este nuevo milenio, los coros de alabanza parecen dominar la adoración evangélica. Incluidos en esta categoría están: “Mi vida está en ti, Señor”; “Exaltado es, el Rey exaltado es”; “Señor, levanto tu nombre”; “Maravilloso eres en este lugar, poderoso Dios”; “Maravillado estoy de ti”; y “Digno eres” (basado en Apocalipsis 4:11; 5:9). El conocido, antiguo himno italiano “Ven, Rey todopoderoso”, es otro ejemplo:

¡Ven, Rey todopoderoso,
Ayúdanos a cantar de tu nombre, ayúdanos a adorar!
¡ Padre glorioso, victorioso sobre todos,
Ven y reina en nosotros, Antiguo de Días!

¡Ven, Palabra encarnada,
Cíñete la espada, oye nuestra oración!
¡ Ven, y a tu pueblo bendice, y aviva tu Palabra,
Espíritu de santidad, sobre nosotros desciende!

Ven santo Consolador,
Tu sagrado testimonio danos en esta alegre hora.
¡ Tú, que eres todopoderoso, reina ahora en todo corazón,
Y jamás te apartes de nosotros, Espíritu de poder!

A ti, bendita Trinidad,
Sean eternas alabanzas, desde ahora y para siempre.
¡ Que tu soberana majestad veamos en la gloria,
Y te amemos y adoremos hasta la eternidad!

2. Los cristianos deben cantar para enseñar Escritura, doctrina de la iglesia, y verdad teológica.

Una gran parte de nuestra comprensión de Jesús, la naturaleza de Dios, la Escritura, y otros asuntos importantes se deriva de los cantos. Con frecuencia se pone música a pasajes bíblicos un tanto largos, ayudándonos así a memorizarlos. Cuando mis hijos eran pequeños, se aprendían cantos que mencionaban los libros de la Biblia, los 12 discípulos, y una variedad de datos bíblicos que todavía recuerdan hasta hoy.

Los músicos cristianos con frecuencia citan Colosenses 3:16 con frecuencia: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhorándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, e himnos y cánticos espirituales.” Con frecuencia se pasa por alto el revelado énfasis de que podemos usar la música para enseñar.

La experiencia muestra que cuando aprendemos en asociación con la música, retenemos lo que hemos aprendido por mucho más tiempo. La música es un medio eficaz en el proceso de enseñar y aprender. Toda pieza musical enseña algo. Debemos discriminar respecto a la música que escogemos para nuestros hogares, escuelas, e iglesias. Debemos estar seguros de que es significativa, duradera, y bíblica.

La música que escogemos, especialmente para los jóvenes, puede tener un dinámico impacto en ellos. Los niños pueden relacionarse con la música, y lo hacen. A ellos les encanta cantar. Hace poco, varios líderes de ministerios para niños me dijeron que de todos los cantos que se ofrecen hoy, los niños todavía quieren cantar “Cristo me ama”.

El himno titulado “Ven, Rey todopoderoso”, no es solamente una oración sino también un buen himno para enseñar. Enseña sobre la Trinidad. La primera estrofa está dirigida a Dios el Padre: el “Rey todopoderoso”, “Padre”, y “Antiguo de Días”. La segunda estrofa se dirige a Dios el Hijo, la “Palabra encarnada”. La tercera estrofa está dirigida a Dios el Espíritu Santo: el “santo Consolador”, el “sagrado testigo”, y el “Espíritu de poder”. La estrofa final está dirigida a la Trinidad, el “gran Uno en Tres”. El coro “Señor, levanto tu nombre” también enfatiza las doctrinas de la encarnación de Cristo, su muerte en la cruz, y su resurrección.

Hay muchos cantos —nuevos y antiguos— que están llenos de verdad bíblica y de Escritura. El espacio no nos permite hacer una lista larga. Los pocos títulos que se presentan aquí son comúnmente cantados por personas de muchas denominaciones y en una variedad de idiomas. El canto titulado “Coronadle con muchas coronas” tiene una gran variedad de títulos cristológicos: “Cordero”, “Hijo de Dios”, “Señor de la vida”. El himno “Grande es tu fidelidad” y el coro “El fiel amor del Señor nunca cesa” (ambos basados en Lamentaciones 3:23), hablan de la inmutable fidelidad de Dios. “Todo está bien en mi alma” tiene una excelente secuencia que conduce a la adoración:

Paz como un río...
Olas del mar arrollan...
Satanás embate...
Cristo derramó su propia sangre...
Todo está bien en mi alma....

Los compositores demuestran cómo se puede usar la música para enseñar la Escritura y la doctrina de la iglesia. Los cantos pueden dar instrucción sobre nuestra fe y esperanza cristiana. La debida música puede ayudar a los niños y a los adultos a aprender de Dios y su naturaleza, las verdades bíblicas, y los eternos valores.

3. Los cristianos deben cantar para testificar de la grandeza de Dios.

Esta es una consideración horizontal – no hacia arriba dirigida a Dios, sino hacia fuera dirigida a la gente. Muchas personas han venido a Cristo por primera vez gracias a un testimonio del amor de Dios y de su gracia, ungido por el Espíritu Santo y cantado con sinceridad. Música como “Hay poder en la sangre” ha apoyado los esfuerzos misioneros por todo el mundo y el evangelismo por la iglesia local por doquier.

¿Quieres ser salvo de toda maldad?
Tan sólo hay poder, en mi Jesús.
¿ Quieres vencer toda cruel tentación? Tan sólo hay poder en Jesús.

El siguiente cántico, escrito por Wendell Loveless, es un ejemplo de un cántico de testimonio:

Perdido estaba cuando Cristo me encontró en una noche oscura y fría.
Tiernamente me abrazó y me llevó a su rebaño.

Con sus manos heridas por los clavos me llevó al refugio de su amor;
De su gracia y voluntad me enseñó, y del descanso celestial que vendrá.
Aunque la negra noche me envuelva, seguro estoy, pues Él está cerca;
Jamás me confundirán mis enemigos, mientras oiga la voz del Salvador.

Otro ejemplo es “Momento a momento” por Daniel Whittle:

Momento a momento me guarda su amor;
Momento a momento tengo vida celestial;
Mirando a Cristo hasta que llegue su gloria;
Momento a momento, Oh Señor, tuyo soy.

El coro “Tengo una esperanza” es un ejemplo más reciente de un canto de testimonio. Muchos otros cantos testifican de la fidelidad de Dios para con sus hijos.

4. Los cristianos deben cantar para participar en la adoración corporativa.

El canto es una de las pocas maneras en las que la iglesia entera puede adorar junta. Hebreos 2:12 declara que “en medio de la congregación te alabaré.” Todo el pueblo unido puede expresar mutualmente adoración, petición, o testimonio como un cuerpo unificado. Cuán precioso y fortalecedor es cuando nosotros como cristianos podemos adorar al Señor juntos y cantar: “Nos reunimos para pedir la bendición del Señor”; o “Soy feliz por ser parte de la familia de Dios”; o “Nos postramos, ponemos nuestras coronas a los pies de Cristo”.

Algunos cantos cristianos claramente se prestan mejor para los solistas, grupos pequeños, o coros que para el canto congregacional, pero casi cualquier canto de alabanza ciertamente puede usarse para adorar. Una característica de los cantos especialmente aptos para la adoración corporativa es el uso de los pronombres nosotros, nos, y nuestro. “Cuando todos [nosotros] vayamos al cielo”; “La gracia es mayor que nuestro pecado”; “[Nosotros] Tenemos un ancla”; y “Salvador como pastor guíanos [a nosotros]” son sólo unos cuantos ejemplos.

El objeto central de nuestra adoración es Cristo, nuestro Señor y Salvador. Pero hay gran valor en las expresiones personales de adoración—una expresión individual, precisa, y única de nuestro amor y adoración a Dios. Sin embargo, cuando demasiada de nuestra himnología se enfoca en Yo, mí, y mío, pueden surgir dudas sobre el enfoque del texto del canto. El uso del pronombre para la tercera persona permite la expresión personal de un cuerpo unido de creyentes que participan juntos de la adoración.

5. Los cristianos deben cantar para motivar al cuerpo a un compromiso mayor.

A veces la música tiene la intención de inspirar a los cantantes y oyentes cristianos, motivándolos a la acción o al compromiso. Ejemplos de esta clase de música son “Toma mi vida y déjala ser”; “La mano del alfarero”; “Sé fuerte y toma aliento”; y “Gánalos uno por uno”.

La música tiene una importante función para los cristianos. ¿Quién puede medir lo que se logra por medio de la música cristiana que se toca en los hogares y por la radio? ¿Y cuánta formación de carácter se logra cuando los cantos se repiten una y otra vez en la mente de las personas mientras conducen de la casa al trabajo o mientras trabajan? ¿Cuántas veces el Espíritu de Dios alienta y fortalece a los cristianos trayéndoles a la mente las palabras de un canto durante alguna crisis? Los cantos que cantamos y la música que escuchamos tienen una profunda influencia en nuestro carácter.

Yo soy gran partidario de la música de alabanza y adoración, pero parece que en muchas iglesias hoy el repertorio entero de los cánticos está limitado a los de alabanza y adoración. Esto es un error. Si la dieta musical que se sirve regularmente a la congregación no incluye, además de alabanza, los importantes asuntos de enseñar, testificar, unidad corporativa, y motivación, entonces es momento de hacer una cuidadosa evaluación del repertorio de adoración de la iglesia.

¿Cómo deben cantar los cristianos?

Colosenses 3:16 y Efesios 5:19,20 indican que nuestro cantar debe hacer uso del ser profundo, interior—el asiento de nuestras emociones. Los cristianos deben cantar con todo el corazón, un corazón lleno de un espíritu de agradecimiento.

¿ Cómo debemos cantar? Pablo dijo: “Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:15). Este versículo está en el contexto de 1 Corintios 14 donde Pablo se dirige al problema de las lenguas desconocidas, que no se pueden entender. En este contexto, cantar “con el espíritu” es cantar en lenguas. “Cantar con el entendimiento” es cantar en el idioma vernacular. ¿Cómo debemos cantar? Con gracia en nuestros corazones, con el Espíritu, y con el entendimiento.

Finalmente, los cristianos deben cantar expertamente. Este punto parece ser más aplicable a los solistas o músicos con responsabilidades especiales. La pericia se logra sólo a través de la planificación y la práctica consistente. Y usted dirá: “Oh, pero la Biblia no enseña eso.” Yo creo que sí lo enseña, no sólo por implicación sino más bien explícitamente.

David se convirtió en un virtuoso harpista y cantante después de horas y horas de práctica cuando era un joven pastor. Su éxito como músico (cantante, tocador, y compositor) fue principalmente el resultado de su habilidad musical (y de su espíritu contrito ante Dios).

El Antiguo Testamento describe los programas de música bien organizados y altamente preparados que se usaban para la obra del Señor. 1 Crónicas 25:5-7 describe a los músicos como “instruidos en el canto para Jehová. . . aptos”. 1 Crónicas 15:22 nos dice que al principal de los levitas en la música le fue dada esa responsabilidad “porque era entendido en ello.” En Salmo 33:3 un lenguaje sencillo y directo promueve a los músicos que tocan bien.

El Nuevo Testamento fomenta la excelencia en la música. Se hace referencia despectiva a lo que carece de claridad, precisión, y habilidad. Pablo escribe de eso en 1 Corintios 14:7,8 en anticipación de su analogía sobre las palabras comprensibles. Dios se agrada con la música experta y artistícamente tocada.

¿ Esto quiere decir que los que no tienen habilidad musical no deben alabar? De ninguna manera. Todos tenemos variantes grados de talento musical. El Señor se agrada cuando demostramos una actitud que desea planificar, preparar, y presentarle lo mejor ya sea que ministremos la Palabra, cantemos, o demos un simple testimonio. La Biblia dice claramente que todos debemos ser participantes activos en la alabanza (Salmo 100:1; 150:6).

¿Qué deben cantar los cristianos?

La letra y la música de algunos cantos son mejores que la de otros. Un error común que comete la gente en referencia a la música de la iglesia es juzgarla buena si la encuentra placentera. Si la música es placentera, es fácil aceptar un mensaje superficial sin hacer una cuidadosa evaluación. Lo mejor de la música de la iglesia se caracteriza no solamente por su belleza, emoción, y originalidad, sino por mucho más. Es una obra de arte y ejecución con un inspirador mensaje cristiano.

La letra debe ser una de las principales consideraciones al evaluar un canto cristiano. La evaluación se basa correctamente en tres criterios:

1. El mensaje debe ser cristiano y bíblico. Se deben evitar las fábulas y leyendas que no tienen fundamento en la Escritura.3 Los cantos de Navidad y de Pascua que son de naturaleza popular con frecuencia son indeseables. El nacimiento de Cristo, y su muerte y resurrección son tremendos sucesos bíblicos. No se logra nada con asociarlos con fantásticos cuentos de gente, animales, o juguetes que proclaman mensajes religiosos o que hacen cosas sobrenaturales.

2. El pensamiento debe ser expresado clara y directamente. El mensaje espiritual debe ser lo suficientemente obvio como para ser entendido a primera oída pero lo suficientemente profundo para la provechosa reflexión y meditación.

3. El lenguaje debe ser fresco, expresivo, y elocuente. El texto ideal hace su propia clase de música. Es eterno sin ser anticuado; es relevante para la presente generación; y habla por la gente de cualquier nivel de la sociedad. Un buen texto evita la excesiva repetición, las trivialidades, y los clisés.

La repetición dentro de un poema o canto puede tener valor significante, no sólo para reforzar un punto sino también para ofrecer un mecanismo para la estructura formal. La repetición puede establecer un tema, contribuir a la unidad, y servir como el fundamento para la forma artística. El problema con la repetición es que puede ser demasiado de algo bueno. Exagerando todavía más el problema están los cantos con demasiada repetición que se repiten una y otra vez. En Mateo 6:7 Jesús advirtió contra el uso de palabras que no son esenciales cuando oramos.

Algunos cantos de adoración populares repiten muchas veces sin necesidad palabras y oraciones enteras. Los cantos que se repiten excesivamente nos recuerdan Hebreos 10:1, que enseña que “nunca puede por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.” ¿Puede decirse algo parecido sobre la incesante repetición de los coros de alabanza? Los cantos que se repiten sin cesar no pueden perfeccionar a los que vienen a adorar a Dios. No podemos conjurar la presencia de Dios con la innecesaria repetición.

Puede ser un tanto difícil evaluar los relativos valores del texto de los cantos. Un desafío aún mayor es asesorar objetivamente y con precisión la calidad de la contraparte musical de un texto. La música sin palabras tiene cualidades abstractas, lo que la hace mucho más subjetiva y menos exacta que su texto. Con todo, debemos reconocer que algunos cantos son musicalmente mejores que otros – más fáciles de cantar, ya que tienen una melodía, una armonía, y un ritmo que son frescos, apropiados al modo y al estilo de la letra, y no están repletos de redundancias.

No sugiero que la buena música de la iglesia debe ser escrita por compositores famosos en tiempos recientes (o en tiempos de antaño), ni en lentos compases. Es un error esteriotipar la música en categorías tan limitadas. La música de iglesia que es inspiradora, duradera puede venir de cualquier país; puede ser nueva o antigua, rápida o lenta. La consideración importante es el mensaje del cántico y la manera en que la música comunica ese mensaje y cómo es que los oyentes lo comprenden.

Algunos cantos cristianos que se cantan mucho nunca mencionan a Dios ni a Jesús. Los pronombres como él o no tienen ningún antecedente que los identifique. La letra del texto es como la de cualquier canto secular romántico que podría dirigirse a un amante. A veces los cristianos se deleitan en estos cantos porque mentalmente interponen pensamientos de Dios (aunque no hay un enfoque explícito en Dios). Necesitamos cantar cánticos que tengan un claro mensaje cristiano – que tienen como centro a Jesús, la salvación, y al Espíritu Santo.

El sacrificio de alabanza

El “sacrificio de alabanza” que menciona Hebreos 13:15 es una frase que se encuentra en algunos cánticos contemporáneos como “Te traemos sacrificio de alabanza”. Por toda la Biblia vemos que el sacrificio, la adoración, y la alabanza van juntos. Estas palabras con frecuencia se malinterpretan o se definen demasiado estrechamente.

Un sacrificio es una ofrenda personal a Dios que conlleva cierto costo, a veces muy considerable. El rey David comprendía la importancia del costo personal. Cuando en arrepentimiento se preparó para edificar un altar y ofrecer sacrificios a Dios, Ornán el jebuseo estaba dispuesto a dar a su rey todo lo necesario. Ofreció darle no sólo su tierra donde trillaba para que hiciera el sacrificio, sino que también le ofreció sus bueyes, su leña, y su trigo para el holocausto (1 Crónicas 21:18-24). Pero el rey David contestó: “No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio” (versículo 24). Nuestro sacrificio no es sacrificio a menos que nos cueste algo. Nuestro sacrificio de alabanza debe ser apoyado por el sacrificio de una vida como la de Cristo.

El Antiguo Testamento exigía sacrificios de animales. Pero el nuevo pacto substituye y trasciende al antiguo. Bajo el nuevo pacto Cristo, nuestro sumo sacerdote, ofreció “una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados” (Hebreos 10:12). Hoy tenemos acceso directo al trono de la gracia. Romanos 12:1 nos insta a nosotros los creyentes a ofrecer a Dios nuestros cuerpos como “sacrificios vivos”. Un sacrificio de alabanza es un sacrificio vivo, es una vida para Cristo. El Señor se agrada cuando nos rendimos a Él (Salmo 40:6-8; 50:9,13-15,23; 96:9; Filipenses 4:18; Hebreos 13:16; 1 Pedro 2:5; 4:8-10).

Tanto en el Antiguo como en Nuevo Testamento, la adoración y la alabanza son algo más que servicio de labios; algo más que ponerse de pie en una congregación con las manos alzadas y expresar palabras de exaltación. Salmo 9:1 asocia la alabanza con comunicar a los demás las maravillosas obras de Dios. Dios odiaba los holocaustos y los sacrificios que ofrecían los infieles. “Porque misericordia quiero, y no sacrificio” (Oseas 6:6). Miqueas 6 pregunta: “¿Con qué me presentaré ante Jehová?” La clara respuesta sigue. Más que el mejor de los holocaustos, el Señor desea que hagamos “justicia”, que amemos la “misericordia”, y que nos humillemos ante Dios (Miqueas 6:6-8).

Isaías 1:11-17 presenta un convincente caso para una vida recta en vez de ritos, ceremonias, y vanas ofrendas. El Señor odia la hipocresía, la superficialidad, y la desobediencia. Él dice: “Dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (versículos 16,17). Las palabras vanas o los ritos sin sinceridad son repulsivos a los ojos de Dios. Él habla por el profeta Amós: “Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodías de tus instrumentos” (5:22,23).

David comprendía que “los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). La admonición “y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (versículo 16) sigue inmediatamente al pasaje sobre el sacrificio de alabanza en Hebreos 13.

Cantar y tocar música ciertamente son prácticas válidas para todos los cristianos en todo lugar. Ciertamente debemos cantar. Hay razones por las que debemos cantar, y la Biblia da dirección tocante el por qué, cómo, y qué debemos cantar. Es fácil para nosotros ofrecer a Dios alabanza barata—sacrificios que no nos cuestan nada. Pero Dios quiere nuestro todo. Si vivimos en amor y obediencia al Señor, nuestros cánticos—el fruto de nuestros labios—será un agradable sacrificio de alabanza.

Joseph Nicholson, Ph.D., es profesor emérito, Evangel University, Springfield, Missouri

* Las citas bíblicas son de la Versión Valera Revisada 1960 a menos que se indique de otra manera.


Notas

  1. El número del Evangelio Pentecostal para el 12 de noviembre de 2002 contenía un artículo por Dean Merrill titulado “Guerras por la música”. El escritor ofrece una analogía entre los desacuerdos y las escaramuzas de guerrilla por la música.

  2. Aunque no es universalmente cierto, el abandono general del himnario y la corriente amplia práctica de cantar coros solamente parece haber afectado las selecciones de la música para los llamados al altar. Las reuniones evangelísticas en décadas pasadas consistentemente empleaban himnos de invitación: “Tal como soy”; “Cristo vengo a ti”; “Suave y tierno Cristo te llama”; “Hay lugar en la Cruz para ti”; “Mira al Cordero de Dios”; y otros. Con demasiada frecuencia la práctica contemporánea de adoración usa la música de un modo bastante genérico utilizando cánticos de alabanza durante todo el culto, ya sea que el enfoque es la adoración congregacional, sanidad divina, o invitación (llamados al altar).

  3. Un popular cántico navideño incluye la línea: “Hombre y bestia, a Él adorad”. Otros hacen referencia a animales que hablan o que hacen cosas sobrenaturales en honor del Niño Dios. Los cantos sobre Santa Claus, el conejillo de la Pascua, desfiles, o sombreros no se deben considerar como música cristiana.