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Tabla de Contenido

La administración del gobierno de la iglesia:
Haga que los sistemas obren a su favor

Ha llegado el momento de ver cómo es que el pastor administra a las juntas de la iglesia, a los comités de la iglesia, y la reunión anual de los miembros.

Por Richard L. Dresselhaus

El billete de entrada al púlpito se compra con los dólares de la administración—fracase en administrar y pronto fracasará en predicar. Es muy sencillo.

Tengo que pensar bien y mucho para encontrar al pastor que ha sido despedido por no ser un buen predicador, por ser un ministro del evangelio no sincero, o un perezoso que se negara a trabajar. Típicamente, el fracaso tiene que ver con la administración – fracasar en administrar el tiempo, a las personas, la moralidad, al personal, el dinero, y a la familia.

Se ha llegado el momento de ver cómo es que nosotros como pastores administramos a las juntas de la iglesia, a los comités, y la reunión anual de los miembros.

Las suposiciones básicas se convierten en el lugar esencial para comenzar. Primero, el pastor debe tener un entendimiento fundamental de cómo funcionan los sistemas de administración. (Vea la barra lateral "La constitución y los reglamentos.") ¿Cómo puede funcionar cualquier sistema a menos que los que están a cargo de su ejecución comprendan cuáles son esos sistemas y cómo funcionan?

Segundo, el pastor puede, con confianza, contar con los promedios. En cualquier congregación, sin importar el tamaño, habrá suficientes personas en la mayoría para ofrecer buen liderazgo cuando se les da la debida dirección. Por supuesto que cada iglesia tiene sus notorios alborotadores. Pero éstos típicamente serán balanceados con la influencia de la mayoría que triunfará. Con buena dirección, un típico grupo de parroquianos se elevará a la ocasión y tomará buenas decisiones.

Tercero, el pastor sabio comprende que debe aceptar la culpa como algo unilateral. Cuando hay confusión y desorden en la iglesia, el pastor debe estar preparado para aceptar la responsabilidad. ¿Por qué es útil esto? Porque si culpa a los demás, el pastor no tiene el poder necesario para resolver el problema. Pero si el pastor se ve a sí mismo como el culpable, se le hace posible identificar lo que solucionará el problema. Cuando los líderes aceptan esta responsabilidad —aunque raramente tienen toda la culpa— el problema ya va bien encaminado hacia la solución.

Cuarto, los buenos líderes están comprometidos a la larga. Los líderes deben estar preparados para durar más que los detractores. Yo recuerdo un desafío que se me presentó en mi ministerio hace varios años. El asunto se tomó años para resolver. Si yo no hubiera estado tan tenazmente determinado, pudo haber marcado el final de mi buen funcionamiento en ese pastorado particular. Los buenos líderes deben estar preparados para soportar las tormentas y durar más que las estrategias de los críticos. Hay un fuerte argumento para los pastorados de largo tiempo. Se toma tiempo para silenciar positiva y constructivamente a los críticos.

Quinto, los líderes sabios han aprendido a responder con cautela, en contraste con la reacción descuidada. Hace varios años me encontré con un fuerte asalto a mi liderazgo como pastor. Tenía toda la razón para ser confrontacional y reaccionario. Pero el Señor me ayudó a entender la dinámica de este particular desafío. Imagínese un burro que es típicamente pasivo. Pero al ser continuamente aguijoneado, el burro reacciona dando una fuerte patada. Esta era la imagen mental que el Señor me puso en la mente. Yo era como un animal. El Señor me mostró que si me agitaba, mis detractores usarían esa reacción contra mí. Las personas que fundamentalmente me apoyaban hubieran tenido razón para simpatizar con los críticos. Fue mi dedicación a responder antes de reaccionar que me ayudó a salir bien de ese significante momento de crisis.

Sexto, los pastores eficaces proyectan una visión creativa y contagiosa que es atractiva para su congregación. No hay nada que promueva más la unidad en la iglesia como la presencia de una visión que Dios ha dado. Las personas en realidad quieren ser dirigidas, y el instrumento por el que son dirigidas es una visión clara, práctica, inspirada por el Espíritu. Cuando las personas ponen los ojos en la cosecha y en la manera en que Dios la logrará, tienen poco interés en lo que no es esencial.

Finalmente, las estructuras de gobernación varían grandemente de iglesia a iglesia. (Vea la barra lateral "Pese los asuntos difíciles relativos a la gobernación de la iglesia local"). La iglesia de Las Asambleas de Dios típica tiene una forma de gobierno congregacional – el pastor y la junta son elegidos por todos los miembros de la iglesia. Pero hay modificaciones a este modelo que a veces incluyen una junta de ancianos, ya sea nombrados o reconocidos, para fungir junto con la junta elegida de diáconos. Su enfoque está en hacer visitas, asesorar, y ofrecer apoyo general a los ministerios pastorales. Sin embargo, en otras iglesias, la junta administrativa de la iglesia se conoce como la junta de ancianos. Se debe tener mucho cuidado de que la estructura de liderazgo de la iglesia represente a las personas y que esté separada de todas las formas de dominio autocrático y dictatorio.

Examinemos los sistemas por los que estas suposiciones de liderazgo encuentran expresión en la continua gobernación de la iglesia.

LAS JUNTAS DE LA IGLESIA: ¿AMIGAS O ENEMIGAS?

Por 40 años Dios me ha bendecido dándome maravillosas juntas directivas. Al comienzo fue una junta de buenos hombres, mucho mayores que yo, que confiaron en que un novato de 28 años de edad tomara las riendas de una congregación bastante grande y de influencia. Me sentí humillado y honrado al mismo tiempo. Sin su cuidadosa instrucción y sabia dirección yo no hubiera logrado nada. Me siento para siempre endeudado con esa increíblemente maravillosa junta directiva. Eran mis amigos. (Vea la barra lateral "Las relaciones entre el pastor y la junta en la congregación más pequeña")

Así ha sido a través de los años. A través de adquisiciones de propiedad, programas para construir, enlistamiento de personal, y administración del presupuesto, Dios ha usado a las buenas juntas para hacer un impacto en su Reino. Las juntas directivas han sido un don de Dios para mí.

Tengo una profunda convicción de que Dios no sólo me habla a mí sino que también confirma esa dirección por medio de la junta directiva. Es admirable lo que sucede cuando los miembros de la junta directiva comprenden que el pastor cree que Dios también habla por medio de ellos. Como resultado, ellos tendrán cuidado de lo que dicen cuando el pastor toma muy en serio sus palabras.

A continuación se encuentran los principios imperativos.

Establezca relaciones fuertes y sanas con todos los miembros de la junta directiva.

Siendo que el buen ministerio fluye de las relaciones, forjar estas relaciones se convierte en algo crítico. Lo que se experimenta relacionalmente en la sala de reunión de la junta, ya sea bueno o malo, pronto se sentirá en los bancos. El buen líder pastoral dará suma prioridad a las relaciones saludables entre el pastor y la junta.

La clave es la confianza. A continuación se encuentra una lista que puede ayudar al pastor a determinar hasta qué punto se está cultivando esta confianza:

  1. ¿Tengo cuidado de jamás atreverme a dar por sentado que la junta concurre sin pedir su contribución?
  2. ¿ Ofrezco completa revelación de toda la información esencial para tomar sabias decisiones?
  3. ¿ Doy ejemplo en preservar la confidencialidad a modo de no comprometer el proceso de tomar decisiones?
  4. ¿ Conduzco mi vida personal de manera que nada que yo haga se refleje negativamente en la junta de la iglesia y en la congregación a la que sirven?
  5. ¿ Expreso correctamente a la congregación los resultados de la acción que toma la junta y veo que sus acciones sean debidamente implementadas?

La desunión entre el pastor y la junta inevitablemente se convierte en fracturas entre el pastor y la iglesia. A la inversa, raramente hay discordia en una iglesia en la que el pastor y la junta trabajan juntos en armonía. (Vea la barra lateral "Ocho pasos para las buenas decisiones de la junta directiva" y "El sabio momento oportuno para las decisiones de la junta directiva.")

Escoja con mucho cuidado a los líderes de la junta.

Típica y sabiamente, los reglamentos de las iglesias exigen que los que son nominados para el oficio de diácono (o diácono/fiduciario) sean seleccionados por un comité nombrado por la junta. (Vea las barras laterale "El proceso de nombramiento: Miembro de la junta directiva/anciano" y "El proceso para seleccionar a la junta directiva.") El trabajo del comité es sumamente importante. Aunque un previo examen de todos los posibles nominados sería útil, a la postre es la responsabilidad del comité de nominaciones tomar decisiones sabias. El pastor, como presidente, tiene el privilegio y la responsabilidad de establecer las reglas para el funcionamiento de este comité. La regla más importante es que cualquier miembro del comité tiene el privilegio de pasar por alto a cualquier persona que esté bajo consideración – y eso sin expresar ninguna razón. Esta salvaguarda también da al pastor la oportunidad para eliminar a las personas que no podrían servir bien al cuerpo de la iglesia sin tener que declarar las razones, y para estar seguro de que todos los nominados tienen un fuerte compromiso con la visión declarada de la iglesia.

Yo todavía no he trabajado con ningún miembro de una junta que sea recalcitrante y difícil. El proceso que se bosqueja arriba me ha dado la razón fundamental para el proceso por el que las selecciones de la junta pueden ser adecuadas y fuertes. El pastor que no ejerce buena dirección en esta conexión tan central vivirá para arrepentirse profundamente de ese error.

Haga que la agenda obre a su favor.

La junta con la que yo trabajo se reune mensualmente. Varios días antes de cada reunión se por correo a cada uno de los miembros de la junta una agenda, completa con todos los informes (para ver ejemplos de la agenda para una reunión de la junta, consulte la barra lateral "La reunión mensual de la junta directiva oficial.")

El paquete con la agenda incluye lo siguiente:

1. Informes financieros completos. Estos ofrecen total divulgación de las finanzas de la iglesia. Una junta directiva no puede funcionar en un vacío de información. Este informe incluye todos los balances de entradas y gastos, está unido al presupuesto anual de la iglesia, y muestra si cada departamento está en cumplimento o no. Estas mismas reglas se aplican a todas las iglesias, sin importar el tamaño.

2. Cartas pidiendo dinero de parte de los misioneros. Típicamente una petición de dinero incluye una carta de motivo principal y propósito.Los miembros de la junta deben tener el privilegio de revisar estos materiales antes de reunirse.

3. Asuntos para decidir. Todo asunto que se ha de ventilar se describe y se contextualiza. Luego el personal recomienda un curso de acción. En algunos casos, el personal sólo pide que la junta ventile y dé dirección. De esta manera, la junta no necesita especular sobre la posición que sostiene el pastor y el personal.

Después de una comida juntos nosotros comenzamos las reuniones con un momento devocional. Estos ricos momentos de comunión entre los hermanos dan una oportunidad para orar. Luego pasamos a los puntos de la agenda. La reunión de la junta no debe pasar de 2 horas.

La cuidadosa atención al detalle y la sabia ejecución de los sistemas de administración son vitales para mantener a personas capaces en el servicio de la junta de la iglesia. Los individuos que trabajan en ambientes de corporaciones no tolerarán la deficiente dirección pastoral cuando se trata de la administración. El pastor que trata de tomar atajos en esto pagará muy caro por esa indiscreción.

Se recomienda que el pastor presente sólo los asuntos para los que puede lograr el apoyo de la junta. El pastor sabio descubrirá soluciones hasta para los problemas más complejos y ofrecerá esas soluciones a la junta para su consideración. La buena dirección pastoral es proactiva y se orienta a la solución. Una junta bien dirigida funcionará en unidad y mantendrá un enfoque positivo, constructivo.

Sepa navegar por las curvas peligrosas.

Muy temprano en mi ministerio cuando era necesario tomar una decición que se encontraría con significante oposición, yo optaba por hacerlo fácil y permitía varios meses para que el asunto fuera algo de discusión solamente. Finalmente, la moción para aprobar el asunto era presentada por la persona cuya oposición era la más aparente. Es algo peligroso hacer presión para que se tomen decisiones cuando no ha habido tiempo suficiente para examinar bien el asunto a mano. Un poco de paciencia con frecuencia puede hacer la diferencia entre la solidificación de la oposición o la solicitación de apoyo y cooperación.

He aquí algunas sugerencias que pueden ayudar al pastor a navegar por las curvas peligrosas:

  1. Escoja sus batallas con cuidado. Cuide de no desperdiciar el valioso dinero de liderazgo en los desafíos sin importancia.
  2. Trate a cada miembro de la junto con el más alto nivel de respeto. Oiga. Piense. Controle sus emociones. Crea lo mejor. Exprese palabras de ánimo y apoyo.
  3. Esté dispuesto a admitir que quizás esté equivocado. La vulnerabilidad puede mucho. Los miembros de la junta responderán a la sinceridad del pastor y a su disposición para volver a examinar las cosas.
  4. Sea sensible al momento oportuno. Un asunto sensible presentado en el momento oportuno tiene mucha más posibilidad de ser aprobado. Por ejemplo, el pastor sabio no presentará un aumento de salario para el personal cuando las entradas de la iglesia hayan bajado. Espere hasta que mejoren las cosas. Entonces presente el asunto. El éxito será mucho más facil.

Mantenga buenos archivos.

Debido a que la iglesia que pastoreo tiene buenos archivos sobre las finanzas, la junta puede proyectar las entradas con un año de antelación. Las anteriores tendencias de ofrendar imparten útil luz en las ofrendas futuras. Funciona con admirable precisión. Además, mantenga al día una lista de los miembros, minutas de todas las reuniones, información sobre la asistencia, y un registro de todos los eventos de significancia histórica. (Vea la barra lateral "Las minutas de las reuniones—una guía.") El pasado habla al presente. Y ese mensaje exige buenos archivos.

Forjen una visión juntos.

Alguien ha dicho oportunamente: “El líder a quien nadie sigue sólo anda de paseo.” Sí, el pastor es el visionario que Dios ha dado a la iglesia. Pero a menos que use a los otros líderes para confirmar esa visión, no sucederá nada de ninguna significancia. He aquí algunos pasos esenciales para impartir la visión participatoria:

  1. Un pastor con una visión dada por Dios.
  2. Una visión que tiene la confirmación de los otros líderes.
  3. Un plan de acción que pasa de la visión a la implementación.
  4. Una congregación que acepta la visión.
  5. Una inflexible dedicación a ver que la visión se convierta en realidad.

No hay ningún trabajo del pastor que presente un mayor desafío que impartir la visión. ¿Por qué? Porque lo urgente sigue haciendo a un lado lo importante. Pero el pastor eficaz irá con pasión tras la visión que Dios le ha dado.

Mantenga oficiales las reuniones de la junta.

Una tira cómica muestra a una junta directiva a punto de concluir su reunión. Esta es la capción: “La reunión se volverá a convocar en el aparcamiento.” A veces los miembros de la junta deciden por sí mismos seguir la reunión y continuar con cierta discusión que solamente es correcta en una reunión debidamente convocada bajo la debida dirección del pastor. Los pastores deben preparar a los miembros de la junta para que resistan la tentación de pasar por alto el correcto protocolo y de tratar desatinadamente de influenciar la opinión. Un buen miembro de la junta directiva valorará la sabiduría colectiva y se negará a participar de la formación de opinión que carece de la seguridad que ofrece el debido procedimiento. Enseñe a su junta a decir: “Prefiero esperar hasta que el pastor y toda la junta estén presentes antes de discutir este asunto.” Esa sencilla práctica de buen procedimiento puede prevenir la división.

REUNIONES DE LOS MIEMBROS—¿TERROR O DELEITE?

He sabido de reuniones de los miembros de la iglesia que se han descontrolado tanto que ha sido necesario llamar a la policía. Impensable. Inexcusable. Las repercusiones de una reunión disruptiva no se pueden medir. El pueblo de Dios necesita ver su toma de decisiones colectiva como una oportunidad para demostrar el Espíritu de Cristo. Cualquier cosa que no sea eso es intolerable.

Hay una manera mejor, y la mayoría de las iglesias la han experimentado consistentemente. Aunque he presidido en reuniones que han sido menos que armoniosas, también, más característicamente, he sido testigo de la labor cooperativa de la iglesia cuando se hace de una manera que honra al Señor y habla bien de su iglesia. (Vea la barra lateral "Cómo conducir la reunión de la junta/de negocios.")

¿Qué puede hacer el pastor para ayudar a la iglesia a conducir sus negocios de la manera correcta?

Permita que las Reglas de Robert sean sus amigas.

Por años he llevado a la reunión anual mi copia de estas reglas de procedimiento. (Vea la barra lateral "Las Reglas parlamentarias de Robert – Procedimientos parlamentarios.") En la medida de mis capacidades, las he seguido. Así, la obra de la iglesia se conduce de una manera que ofrece la máxima oportunidad para la toma de decisiones participatoria. El pastor que, por ignorancia o por descuidada negligencia, viola estas reglas con el tiempo pagará muy caro por esa falta.

“Nosotros simplemente permitimos que el Espíritu dirija.” El pastor que dice eso vive en un mundo que no es real. Es mucho más seguro creer que lo que “ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” (Hechos 15:28) puede ser mejor y más fácilmente discernido dentro de los debidos procedimientos parlamentarios.

Mantenga el control de las riendas.

El mallo en la mano del pastor está ahí para ser usado. Es su responsabilidad presidir en la reunión de tal manera que prevalezcan la justicia, la objetividad, y la razón. Si el pastor decide dirigirse a una moción presentada, debe temporalmente entregar la presidencia y hablar como participante. Es la responsabilidad del presidente preservar todos los derechos de todos los miembros votantes y ver que los asuntos de la congregación sean ejecutados correctamente. Es correcto declarar fuera de orden todos los atentados para interrumpir la voluntad corporativa de la congregación. Obviamente, al hacerlo así, la dirección pastoral siempre debe exudar un espíritu de humildad, sensibilidad, y gracia.

Prepárese de sobra.

Las reuniones congregacionales fluyen de una manera que es consistente con la preparación. He aquí una lista que puede ayudar:

  1. ¿He anunciado debidamente la reunión en cuanto a hora, lugar, y agenda? (Vea la barra lateral "La agenda de la reunión de negocios de la iglesia")
  2. ¿He preparado y he hecho disponibles todos los informes que ofrecerán el contexto para todas las cuestiones de la agenda?
  3. ¿ He nombrado a personas para que fungan como ujieres y escrutadores de votos?
  4. ¿ Estoy bien familiarizado con todos los asuntos que se van a presentar ante la congregación para deliberación y acción?
  5. ¿ He refrescado mi mente sobre las reglas fundamentales de procedimiento parlamentario para estar preparado para dictar los debidos fallos?
  6. ¿ He hecho de la reunión que se aproxima un asunto de oración urgente?
  7. ¿ Estoy preparado en mi corazón para aportar a la reunión una actitud caracterizada por la fe, el amor, y la visión?

Anticipe fuegos artificiales.

El pastor sabio anticipará, tanto como sea posible, cualquier desafío que se presente a los líderes. ¿Es posible reunirse con cualquiera de los disidentes antes de la reunión? ¿Se ha hecho todo según los procedimientos para así disminuir las reacciones negativas? ¿Están preparados los líderes para hacer frente a cualquier oposición con firmeza, justicia, y compasión?

Antes de la reunión anual de los miembros de la iglesia que pastoreo, la junta piensa a una sobre los asuntos que podrían surgir y sobre la mejor manera en que se podría tratar con ellos. “Pastor, ¿por qué no se dirige a este asunto en su informe antes de que alguien tenga la oportunidad de sacarlo a relucir en un contexto negativo’. Hacer eso ha eliminado posibles y destructores desafíos.

Pavimente el camino con Bondad.

Es cierto que “la blanda respuesta quita la ira” (Proverbios 15:1). Yo lo he visto dar resultado una y otra vez.

“Pastor, agradezco la manera en que manejó ese asunto. Usted demostró gracia y bondad. Muchas gracias.” El respeto y la bondad se combinarán para desarmar a los críticos y rendirán ineficaz su influencia.

Los parroquianos no esperan nada menos que eso. Ellos pronto olvidarán las respuestas indebidas de los delegados, pero recordarán por mucho tiempo cualquier respuesta del pastor que exprese ira, venganza, o resentimiento. Esta es una maravillosa oportunidad para demostrar la imagen de Cristo. Siempre vea el conflicto como una ocasión para predicar, por medio del ejemplo en vivo, un sermón sobre el fruto del Espíritu.

LOS COMITÉS DE LA IGLESIA—¿BENEFICIO O DESPERDICIO?

Es cierto que cuando Dios quiere que se haga algo, El llama a una persona. Pero ¿cómo va a cumplir esa persona con las exigencias del llamado? Yo dudo que Noé construyera el arca él solo. Los profetas se reunían con otros profetas—la escuela de los profetas. Hasta Jesús llamó a los doce para que se unieran a El en su ministerio a las multitudes. El Señor nunca quiso que nadie trabajara solo.

Sin embargo, no hay, al menos en posibilidad, mayor desperdicio de tiempo que los comités de las iglesias.

Evite a toda costa ocuparse mucho de lo insignificante.

Examine la eficacia de los comités existentes. Si no se está logrando el propósito original, suspenda el comité. Y antes de nombrar a un comité pregunte: ¿Este trabajo es esencial para la misión de la iglesia? Si no lo es, por todos los medios posibles abandone la empresa antes de comenzar. Algunas iglesias están tan enredadas en el trabajo de comités que se olvidan del verdadero trabajo de la iglesia—ganarse a las personas para Cristo.

Transforme a los comités en grupos de misión.

Este simple cambio de percepción avanzará la tarea a una prioridad de misión. Se abandonan los comités a cambio de un llamado a la misión. Las personas que se enlistan son desafiadas a abrazar la misión. Y esa misión debe conformarse de una forma complementaria a la misión general de la iglesia. Aquí está el criterio fundamental por el que estos grupos son comisionados: ¿La propuesta tarea contribuirá directamente al cumplimiento de la misión declarada y a la visión de la iglesia?

Esta es la manera en que funciona. Una persona desarrolla una carga que Dios le ha dado por algún ministerio y la comunica a los líderes de la iglesia. Luego los líderes validan esa carga y autorizan su desarrollo. Se hace un llamado para que los demás se unan al visionario. Corporativamente el grupo emprende su estrategia para cumplir con su misión. Incidentalmente, si el visionario se va por cualquier razón, sería bueno suspender el grupo—a menos, por supuesto, que alguien sienta la misma carga. Es sabio disolver los grupos que no tienen un líder apasionado. La disposición de permitir que los comités de las iglesias (o grupos de misiones) mueran con dignidad es algo bueno para cualquier iglesia.

Organizarse para los resultados.

Aunque el concepto de grupo-misión ayudará a dar enfoque y asegurará la eficacia, con todo, es esencial organizarse para los resultados. He aquí la lista que regulará los resultados:

  1. ¿Se ha declarado y se comprende claramente la tarea (o misión)?
  2. ¿ Todos los miembros están apasionadamente dedicados a ver su cumplimiento?
  3. ¿Las tareas subordinadas se han asignado cuidadosamente a las personas que poseen los debidos dones?
  4. ¿Se ha establecido una línea de tiempo que ofrecerá la responsabilidad necesaria para asegurar que se cumpla a tiempo con cada tarea?
  5. ¿Se ha delineado con reflexión el criterio por el que se medirá el éxito, o la ausencia de éste?
  6. ¿Existe un profundo sentir de que el poder del Espíritu está obrando en la empresa?

ConclusiÓn

La obra del Reino es demasiado urgente como para que los líderes se conformen con algo menos que utilizar en su totalidad los dones y los llamados de todos los creyentes. El ministerio es un llamado para todos. Y es el privilegio y la responsabilidad de los líderes ver que los sistemas de la iglesia estén diseñados para asegurar que se desate todo el ministerio que sea posible.

He aquí la clave: Los sistemas de la iglesia deben estar diseñados para funcionar. Si no funcionan, descártelos, reemplácelos, o vuelva a diseñarlos. Pero no tolere los estorbos al ministerio eficaz.

Si los reglamentos son restrictivos, haga algo para corregir esto. (Vea la barra lateral "La navegación en aguas peligrosas.") Si la junta directiva funciona de forma negativa, dirija el camino hacia el cambio. Si las estructuras de los comités roban precioso tiempo, proponga un nuevo método. Si el sistema de archivos es difícil de manejar, sea la voz que pide cambio. Si cualquiera de los sistemas administrativos de la iglesia se hacen restrictivos, no descanse hasta que hayan sido descartados, enmendados, o subyugados al progreso.

Pastor, aquí lo tiene: El sistema debe obrar a favor suyo y al de su equipo de líderes. Si no, la visión que Dios les ha dado jamás se realizará, la obra del Reino se extinguirá, y el pueblo de Dios se frustrará. Ese es el precio que ninguna iglesia jamás se atreve a pagar.

Pastor, haga que el sistema obre a su favor.


Richard L. Dresselhaus, D.Min., es presbítero ejecutivo y pastor principal de First Assembly of God, San Diego, California.