CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Cómo es que un pastor llegó a
un acuerdo para dirigir al personal de voluntarios
y lo vio como una oportunidad y no como un
maleficio.
Dirigir bien al pueblo de Dios es
tarea de todo pastor. Abrazamos las responsabilidades
y las oportunidades para pastorear a un precioso
producto—el rebaño de Dios.
Se nos pedirán cuentas de cómo
tratamos a los hijos de Dios: “Hermanos
míos, no pretendan muchos de ustedes
ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados
con más severidad” (Santiago 3:1*).
Por
muchos años yo me sentí frustrado
con los miembros de mi congregación.
Nunca había suficientes cristianos maduros,
dedicados para subsanar todas las necesidades
de la iglesia. Yo vivía en un constante
estado de agitación. ¿Por qué es
que la gente no podía ser más
fiel en su servicio, su ofrenda, sus momentos
de oración, su asistencia, y en un sinnúmero
de otras expectaciones que yo tenía?
Yo oraba regularmente que Dios me mandara un
grupo de cristianos más maduros para
pastorear. Ciertamente, el presente grupo no
daba la medida.
En una experiencia de camino
a Damasco, fui confrontado con un hecho brutal:
La congregación
no era culpable; lo era yo. Oraba fielmente
pidiendo que llegaran cristianos más
maduros. A decir verdad, yo oraba que otro
hiciera mi trabajo de preparar al personal
de voluntarios y que luego me mandara el producto
acabado. Me di cuenta de que mi oportunidad
en el Reino era caminar al lado de los no creyentes
o de los cristianos inmaduros y ayudarles a
madurar en su fe. Una congregación llena
de problemas era una oportunidad, no un maleficio.
Comencé a
cambiar mi actitud hacia las personas a las
que ministraba y hacia las tareas
que tenía a mano. Los resultados han
sido extraordinarios. Hemos experimentado crecimiento
exponencial en casi todos los aspectos de la
vida congregacional—asistencia, conversiones,
bautismos, alistamiento en el ministerio, y
ofrendas. El ministerio pastoral se ha convertido
en un gozo.
Aprendí una lección
que dio nueva dirección a mi vida. Para
que Dios produzca cambio a través de
mí, yo debo
abrazar el cambio dentro de mí. Es tan
sencillo, sin embargo yo había pasado
indecibles horas en agonía por las necesidades
que veía en los demás. A decir
verdad, era yo el estorbo para lo mejor que
Dios tenía.
Una frase conocida de la
Escritura comenzó a
hacer eco en mi mente: “No se amolden
al mundo actual, sino sean transformados mediante
la renovación de su mente” (Romanos
12:2).
Transformar es cambiar en potencial.
Para cambiar el potencial de mi vida sería
necesaria una transformación en mi modo
de pensar.
Tenía que cambiar las siguientes áreas.
MIS SENTIMIENTOs
En vez de estar enojado y frustrado, decidí que
toda persona en mi congregación era
una valiosa pieza del diseño de Dios
para la congregación y para mi ministerio.
Comencé a pedir a Dios que me ayudara
a ver un punto fuerte en cada persona dentro
de mi comunidad de fe. Así como Dios
dio a Jonás una lección práctica
para ayudarle a comprender la profundidad de
la gracia de Dios para los habitantes de Nínive,
así necesitaba yo una perspectiva de
la gracia hacia las personas.
MI TEOLOGIA
Yo estaba convencido de que mis creencias
en la autoridad bíblica, en la persona
y obra del Espíritu Santo, y en la santidad
limitarían las oportunidades para un
ministerio en crecimiento. Estaba convencido
de que la iglesia necesitaba diluir la verdad
para alcanzar a un amplio grupo de personas.
Estaba equivocado. La ineficaz comunicación
del evangelio ahuyenta a la gente, pero no
así la verdad.
MI LIDERAZGO
Tuve que aceptar la responsabilidad por el
bajo espíritu de cooperación
y la ineficacia de la congregación.
Tuve que desarrollar mis habilidades como líder
si es que habría un aumento en el fruto.
Impartir una visión apremiante, desarrollar
líderes, crear impulso, alentar a la
gente, y establecer un tono espiritual que
definiera nuestra cultura se convirtió en
un imperativo para mí.
MI VISIOn
Tuve que creer que teníamos la oportunidad
para ser eficaces. No poseíamos una
colección de títulos de las mejors
universidades, pero con la ayuda de Dios, podríamos
ser luz en nuestra comunidad. Cuando nos hicimos
intencionales en nuestro deseo de ser una congregación
eficaz, todas las reglas parecían cambiar.
Teníamos permiso para decir que no a
las ideas—aún cuando fueran
santas—que saqueaban nuestros recursos
y energía. Teníamos una orden
para decir que sí a las ideas prácticas
que nos permitían avanzar hacia nuestro
propósito.
MIS HABITOS
DE TRABAJO
Tuve que identicar las tareas que producirían
resultados, no sólo las que me agradaban.
Anteriormente había llenado mi calendario
con responsabilidades. Aunque no que fueran útiles,
por lo menos me permitían estar ocupado.
MI POZA
DIDACTICA
Poseía una colección de títulos
universitarios, una fe personal, y un sistema
teológico, pero poco entendimiento de
lo que es la eficacia. Tuve que humillarme
y convertirme en alguien que aprende. Comencé a
buscar más mentores—personas
que eran eficaces para formar consenso, motivar
a las personas, resolver conflictos, y anticipar
necesidades. Siempre que veía eficacia,
hacía preguntas y comencé a aprender
nuevos métodos.
MI RESPONSABILIDAD
Acepté la responsabilidad de desarrollar
discípulos. Si había una escasez
de cristianos maduros, era que yo no estaba
cumpliendo con mis obligaciones. El ministerio
pastoral eficaz incluye todos los aspectos
del desarrollo congregacional, no sólo
los deberes en el púlpito. La guardería,
el ministerio a los niños, los ujieres,
y un local limpio son todos componentes del
ministerio eficaz.
MIS EXPECTACIONES
Enlistar para las oportunidades de ministerio
ya no era una carga ni una imposición
en las personas que ya estaban muy ocupadas.
Yo les extendía una invitación
a participar en el reino de Dios. Nosotros
ofreceríamos preparación para
la eficacia y apoyo cuando surgieran problemas,
celebraríamos la victorias y el gozo
de aportar una contribución en la vida
de los demás. Una invitación
para ministrar es un privilegio, no una carga.
Si se percibe como una carga, prefiriríamos
que no participe.
La transformación de
mi actitud y mis comportamientos no tuvo lugar
en un día,
ni siquiera en un mes. Fue parecido a prepararse
para un maratón. Se me exigió que
desarrollara un poco de más fuerza y
resistencia cada día.
Un día me
sentí agotado con las
luchas. Mientras almorzaba con un amigo gerente
de una fábrica, me quejé por
un conflicto que había entre mis trabajadoras
en la guardería. Yo había ayudado
a volver a organizar al grupo entero sólo
unas semanas atrás, y la solución
sólo había logrado una corta
pausa en el conflicto. Mi amigo me miró y
dijo: “Si todo permaneciera fijo, no
nos necesitarían. Simplemente tranquilízate
y busca una solución.”
Con frecuencia
he encontrado consuelo en la oración
de Salomón:
“
Aquí me tienes, un siervo tuyo en medio
del pueblo que has escogido, un pueblo tan
numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego
que le des a tu siervo discernimiento para
gobernar a tu pueblo y para distinguir entre
el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién
podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?
Al Señor le agradó que Salomón
hubiera hecho esa petición” (1
Reyes 3:8-10).
Se me recuerda que la tarea es
cuidar del pueblo de Dios de un modo que lo
honre a El. Si de
verdad cuido de su pueblo, Dios me dará todo
lo que necesito.
Dios nos creó para la
efectividad en su reino. Su vida y su ministerio
son un increíble
recurso. Cualquiera que sea su experiencia
pasada, permita que Dios comience a formar
un nuevo futuro para usted.