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Tabla de Contenido

Cómo dirigir al personal de voluntarios

Cómo es que un pastor llegó a un acuerdo para dirigir al personal de voluntarios y lo vio como una oportunidad y no como un maleficio.

Dirigir bien al pueblo de Dios es tarea de todo pastor. Abrazamos las responsabilidades y las oportunidades para pastorear a un precioso producto—el rebaño de Dios. Se nos pedirán cuentas de cómo tratamos a los hijos de Dios: “Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad” (Santiago 3:1*).

Por muchos años yo me sentí frustrado con los miembros de mi congregación. Nunca había suficientes cristianos maduros, dedicados para subsanar todas las necesidades de la iglesia. Yo vivía en un constante estado de agitación. ¿Por qué es que la gente no podía ser más fiel en su servicio, su ofrenda, sus momentos de oración, su asistencia, y en un sinnúmero de otras expectaciones que yo tenía? Yo oraba regularmente que Dios me mandara un grupo de cristianos más maduros para pastorear. Ciertamente, el presente grupo no daba la medida.

En una experiencia de camino a Damasco, fui confrontado con un hecho brutal: La congregación no era culpable; lo era yo. Oraba fielmente pidiendo que llegaran cristianos más maduros. A decir verdad, yo oraba que otro hiciera mi trabajo de preparar al personal de voluntarios y que luego me mandara el producto acabado. Me di cuenta de que mi oportunidad en el Reino era caminar al lado de los no creyentes o de los cristianos inmaduros y ayudarles a madurar en su fe. Una congregación llena de problemas era una oportunidad, no un maleficio.

Comencé a cambiar mi actitud hacia las personas a las que ministraba y hacia las tareas que tenía a mano. Los resultados han sido extraordinarios. Hemos experimentado crecimiento exponencial en casi todos los aspectos de la vida congregacional—asistencia, conversiones, bautismos, alistamiento en el ministerio, y ofrendas. El ministerio pastoral se ha convertido en un gozo.

Aprendí una lección que dio nueva dirección a mi vida. Para que Dios produzca cambio a través de mí, yo debo abrazar el cambio dentro de mí. Es tan sencillo, sin embargo yo había pasado indecibles horas en agonía por las necesidades que veía en los demás. A decir verdad, era yo el estorbo para lo mejor que Dios tenía.

Una frase conocida de la Escritura comenzó a hacer eco en mi mente: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2).

Transformar es cambiar en potencial. Para cambiar el potencial de mi vida sería necesaria una transformación en mi modo de pensar.
Tenía que cambiar las siguientes áreas.

MIS SENTIMIENTOs

En vez de estar enojado y frustrado, decidí que toda persona en mi congregación era una valiosa pieza del diseño de Dios para la congregación y para mi ministerio. Comencé a pedir a Dios que me ayudara a ver un punto fuerte en cada persona dentro de mi comunidad de fe. Así como Dios dio a Jonás una lección práctica para ayudarle a comprender la profundidad de la gracia de Dios para los habitantes de Nínive, así necesitaba yo una perspectiva de la gracia hacia las personas.

MI TEOLOGIA

Yo estaba convencido de que mis creencias en la autoridad bíblica, en la persona y obra del Espíritu Santo, y en la santidad limitarían las oportunidades para un ministerio en crecimiento. Estaba convencido de que la iglesia necesitaba diluir la verdad para alcanzar a un amplio grupo de personas. Estaba equivocado. La ineficaz comunicación del evangelio ahuyenta a la gente, pero no así la verdad.

MI LIDERAZGO

Tuve que aceptar la responsabilidad por el bajo espíritu de cooperación y la ineficacia de la congregación. Tuve que desarrollar mis habilidades como líder si es que habría un aumento en el fruto. Impartir una visión apremiante, desarrollar líderes, crear impulso, alentar a la gente, y establecer un tono espiritual que definiera nuestra cultura se convirtió en un imperativo para mí.

MI VISIOn

Tuve que creer que teníamos la oportunidad para ser eficaces. No poseíamos una colección de títulos de las mejors universidades, pero con la ayuda de Dios, podríamos ser luz en nuestra comunidad. Cuando nos hicimos intencionales en nuestro deseo de ser una congregación eficaz, todas las reglas parecían cambiar. Teníamos permiso para decir que no a las ideas—aún cuando fueran santas—que saqueaban nuestros recursos y energía. Teníamos una orden para decir que sí a las ideas prácticas que nos permitían avanzar hacia nuestro propósito.

MIS HABITOS DE TRABAJO

Tuve que identicar las tareas que producirían resultados, no sólo las que me agradaban. Anteriormente había llenado mi calendario con responsabilidades. Aunque no que fueran útiles, por lo menos me permitían estar ocupado.

MI POZA DIDACTICA

Poseía una colección de títulos universitarios, una fe personal, y un sistema teológico, pero poco entendimiento de lo que es la eficacia. Tuve que humillarme y convertirme en alguien que aprende. Comencé a buscar más mentores—personas que eran eficaces para formar consenso, motivar a las personas, resolver conflictos, y anticipar necesidades. Siempre que veía eficacia, hacía preguntas y comencé a aprender nuevos métodos.

MI RESPONSABILIDAD

Acepté la responsabilidad de desarrollar discípulos. Si había una escasez de cristianos maduros, era que yo no estaba cumpliendo con mis obligaciones. El ministerio pastoral eficaz incluye todos los aspectos del desarrollo congregacional, no sólo los deberes en el púlpito. La guardería, el ministerio a los niños, los ujieres, y un local limpio son todos componentes del ministerio eficaz.

MIS EXPECTACIONES

Enlistar para las oportunidades de ministerio ya no era una carga ni una imposición en las personas que ya estaban muy ocupadas. Yo les extendía una invitación a participar en el reino de Dios. Nosotros ofreceríamos preparación para la eficacia y apoyo cuando surgieran problemas, celebraríamos la victorias y el gozo de aportar una contribución en la vida de los demás. Una invitación para ministrar es un privilegio, no una carga. Si se percibe como una carga, prefiriríamos que no participe.

La transformación de mi actitud y mis comportamientos no tuvo lugar en un día, ni siquiera en un mes. Fue parecido a prepararse para un maratón. Se me exigió que desarrollara un poco de más fuerza y resistencia cada día.

Un día me sentí agotado con las luchas. Mientras almorzaba con un amigo gerente de una fábrica, me quejé por un conflicto que había entre mis trabajadoras en la guardería. Yo había ayudado a volver a organizar al grupo entero sólo unas semanas atrás, y la solución sólo había logrado una corta pausa en el conflicto. Mi amigo me miró y dijo: “Si todo permaneciera fijo, no nos necesitarían. Simplemente tranquilízate y busca una solución.”

Con frecuencia he encontrado consuelo en la oración de Salomón:

“ Aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición” (1 Reyes 3:8-10).

Se me recuerda que la tarea es cuidar del pueblo de Dios de un modo que lo honre a El. Si de verdad cuido de su pueblo, Dios me dará todo lo que necesito.

Dios nos creó para la efectividad en su reino. Su vida y su ministerio son un increíble recurso. Cualquiera que sea su experiencia pasada, permita que Dios comience a formar un nuevo futuro para usted.

Para más sobre este tema, vea la barra lateral "Cómo encontrar y discipular voluntarios de calidad" en el artículo "La administración de la oficina de la iglesia: Un desafío que cambia constantemente."

—Allen Jackson, pastor principal, World Outreach Church, Murfreesboro, Tennessee.

*Las citas bíblicas son de la Nueva Versión Internacional.