CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
So sé cuál es mi estilo para dirigir. Yo soy el tipo
de líder que ve lo importante, que imparte la visión.
Los detalles no me atraen mucho. En sí, mi estilo como líder
no logrará mucho. Pero rodeado de empleados y voluntarios
cuyos dones complementan los míos, he visto a Dios lograr
muchos acontecimimentos importantes a través de la iglesia
Saddleback. Después de todo, El es el que da la visión
y el que da a los que pueden manejar los detalles que dan el aliento
de vida a la visión.
No hay en sí nada bueno ni malo con ser un líder
que imparte la visión. Es simplemente como Dios me hizo.
Quizás El lo hizo a usted diferente. Así que la clave
es que cada persona reconozca su estilo personal. Es entonces cuando
podemos enlistar a un equipo cuyos dones mejoran y suplementan nuestro
estilo.
Es importante desarrollar un equipo porque Dios estableció
a la iglesia como un cuerpo—con muchos dones y muchas partes.
Cada parte es necesaria para la salud general del cuerpo. Es como
si Dios estuviera diciendo: “Entiendan el mensaje. Ayúdense
los unos a los otros.” El Cristiano Llanero Solitario no existe.
Estamos en esto juntos. Somos un equipo.
Hay tremendo poder en la cooperación. Logramos lo mejor
cuando, en vez de luchar por tener posición o de tratar de
establecer una base de poder, trabajamos juntos—utilizando
los puntos fuertes de cada uno y ayudándonos en las debilidades.
LO QUE EL LIDER BIBLICO NO ES
El pastor establece el tono. Si dirige como alguien que autoriza
y valora a los individuos que están en el equipo de ministerio
(voluntarios y empleados por igual), los demás seguirán
su ejemplo. C. William Pollard, presidente de ServiceMaster, escribe
en su éxito de librería The Soul of the Firm [El
alma de la compañía]: “Los que trabajan
unidos para cumplir con un objetivo común necesitan y quieren
buenos líderes—líderes en los que puedan confiar—líderes
que sustentarán el alma.” Si eso es verdad en el trabajo,
¿cuánto más en la iglesia?
En la Biblia hay por lo menos un ejemplo de un concepto erróneo
de lo que es el líder bíblico. A mí me gusta
cómo la versión Dios Llega al Hombre traduce
Lucas 22:24-27: “Luego tuvieron una discusión sobre
cuál de ellos debía ser considerado el más
importante. Pero Jesús les dijo: —Los reyes de las
naciones las gobiernan como amos, y a los jefes de ellos se les
llaman hombres que hacen el bien. Pero ustedes no deben ser así;
al contrario, el que es más importante entre ustedes, tiene
que hacerse como el más joven; y el que manda, tiene que
hacerse como el que sirve. Pues ¿quién es más
importante, el que se sienta a la mesa a comer, o el que sirve?
¿No es verdad que el que está a la mesa? Pero yo estoy
entre ustedes como el que sirve.”
Nuestra tentación de controlar, exigir, y hacer gala de
nuestra autoridad apesadumbra el corazón de nuestro Siervo
Rey. Al comenzar nuestra discusión del pastor como líder,
es necesario que reconozcamos cómo es que Jesús define
el ser líder. Para El, servir, educar, facilitar, y preparar
es lo mismo que ser líder.
Yo lo veo así: Es necesario que usted decida si es que quiere
influenciar o impresionar a la gente. Usted puede impresionar a
la gente desde la distancia, pero sólo los puede influenciar
de cerca. Hoy necesitamos desesperadamente a líderes auténticos
que sean reales y vulnerables. Nuestros mensajes de vida más
grandes son el resultado de nuestras debilidades, no de nuestros
puntos fuertes.
Los pastores siempre están buscando mejores métodos,
maquinaria, y motivaciones. Pero Dios dice: “Yo busco mejor
gente, gente a la que pueda usar para enseñar el camino a
mis ovejas.” Para que Dios nos use como líderes, debemos
ser hombres y mujeres con un corazón para los perdidos, que
oran fervientemente buscando su dirección.
¿Recuerda a Nehemías? Tenemos en Nehemías
1 una muestra de la oración que sale del corazón de
un líder. La oración de Nehemías, cuando supo
de la caída de Jerusalén, no fue casual, poco profunda,
ni egoísta. El oró durante meses. Basó su petición
en el carácter de Dios, confesó su propio pecado,
hizo suyas las promesas de Dios, y pidió específicamente
ser parte de la respuesta.
Esa es una oración que todos los pastores pueden hacer por
sus iglesias y ministerios. Esa clase de oración nos convierte
en los líderes siervos que Dios puede usar.
¿DEBE DIRIGIR EL PASTOR?
Pablo dijo a los efesios que Dios “constituyó a unos,
apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros,
pastores y maestros.” Dijo claramente cuál era el propósito
de Dios al establecer estos puestos de liderazgo en la iglesia:
“a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios
4:11,12). De modo que, por definición, el pastor es un líder.
Y como pastor, no me atrevo a desatender mi responsabilidad de dirigir
al pueblo en su preparación para el servicio del reino de
Dios.
Pienso en el encargo que dio Jesús a Pedro después
de la resurrección. El dijo a Pedro: “¿Me amas?.
. apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). Como pastores, demostramos
nuestro amor hacia Cristo con nuestro amor y cuidado hacia su pueblo.
Alimentamos, sustentamos, y dirigimos. De esta manera amamos a Cristo.
Esto hace debatible la pregunta ¿Debe dirigir el
pastor? Cuando se introduce el amor al asunto, dejamos
de sentirnos obligados a dirigir. Más bien, en cualquier
manera que seamos capacitados para hacerlo, dirigimos con gusto.
Dirigimos con gracia. Dirigimos con sinceridad e integridad, poniendo
las necesidades de los demás antes que las nuestras.
Este tipo de liderazgo está muy lejos de ser controlante
e imperioso. Es más bien un guía, que no teme vivir
como el ejemplo de lo que predica. Es una orden difícil,
pero también digna.
¿PUEDE GANARSE EL LIDERAZGO?
A veces esto parece ser una tarea más grande de lo que nos
sentimos preparados para lograr. Quizás sepamos que nuestros
dones se concentran en las áreas de predicar y enseñar,
no de administrar. Sin embargo nuestro papel como líder de
la iglesia parece llamarnos a cumplir con las tareas de administración.
Lo bueno es que aunque quizás nunca logremos la excelencia
en la administración, podemos aprender a ser más eficaces.
El experto en administración Peter Drucker explica en The
Effective Executive [El ejecutivo eficaz], “Los ejecutivos
eficaces. . . difieren entre sí tan ampliamente como los
médicos, maestros de secundaria, o violinistas. . . . Lo
que todos estos ejecutivos tienen en común son las prácticas
que hacen eficaz todo lo que tienen y todo lo que son.” El
dice que la palabra práctica indica que
estos hábitos que producen éxito pueden ser aprendidos
si se repiten una y otra vez, tal como el violinista repite sus
escalas.
Muchas de las prácticas que Drucker identifica como las
que conducen al éxito en el trabajo se aplican muy bien al
ambiente de la iglesia. “Los administradores eficaces”,
dice él, “saben adónde va su tiempo, se concentran
en los resultados deseados, se basan en los puntos fuertes de los
demás (y los suyos), concentran sus esfuerzos en lo que rendirá
el mayor beneficio, y son tomadores de decisiones cuidadosos y decididos.”
Podríamos decir lo mismo de los pastores eficaces. Practicar
estos hábitos puede mejorar nuestra eficacia en el púlpito,
en las reuniones con el personal, y hasta en la interacción
con nuestros diáconos.
DIRIGIR CON RECURSOS LIMITADOs
Aunque yo practico regularmente la mayoría de estos hábitos,
antes de los 3 años después de comenzar mi trabajo
en la entonces inexperta iglesia Saddleback, reconocí la
necesidad de liderazgo administrativo del individuo que se arremanga
y cumple con la visión. Enlistamos a Glen Kreun para ser
el pastor ejecutivo. Los dones de Glen son en el campo de la administración
detallada, administración, y mantener al equipo a la raya
todos los días.
Su iglesia quizás tenga los recursos para pagar a alguien
como Glen para que tome las riendas administrativas. Si cuenta con
los recursos y ese don está ausente en su equipo de líderes,
entonces por supuesto enliste a alguien que pueda ayudar. Pero si
no cuenta con los recursos para ofrecer un puesto con sueldo, puede
ser tan eficaz enlistar y preparar a voluntarios de confianza, que
tengan los dones necesarios para suplir las deficiencias.
En Saddleback, cuando enlistamos y colocamos a los individuos en
el equipo —ya sean empleados o voluntarios— buscamos
varias cosas en ellos:
Dones Espirituales
Compasión
Habilidades
Personalidad
Experiencias
Una vez que sabemos lo que poseen, podemos ayudarles a buscar los
mejores lugares en los que pueden usar todas esas áreas para
ministrar. Podemos delegarles tareas con confianza. Podemos quitar
nuestras manos de los proyectos y permitir a los trabajadores la
libertad de cumplir con esos propósitos por sí mismos.
MOMENTO DE DIRIGIR
Una de las mejores razones para delegar se origina en cualquier
libro sobre la administración del tiempo. No podemos tratar
de ser y hacerlo todo. Debemos aceptar nuestras limitaciones. La
manera más rápida de agotarnos es tratar de ser un
Superhombre.
Avance esa idea un paso más. Nuestro más alto llamado
como pastores es nuestra responsabilidad ante Dios por la salud
y el crecimiento espiritual de nuestra gente. Si estamos enfrascados
en quién va a imprimir el boletín y quién trabajará
en la sala cuna, podemos desviarnos de nuestro llamado principal.
Es necesario que mantengamos un balance entre el ministerio y la
administración.
Delegar nos ayuda a hacer exactamente eso.
He encontrado unas cuantas claves que me ayudan a delegar eficazmente:
Dividir los propósitos principales en tareas más
pequeñas. Cuando comenzamos Saddleback, hice de todos un
comité de uno. Cada uno teníamos asignaciones. Una
persona manejaba la impresión del boletín mientras
que otra arreglaba la sala cuna. Todos teníamos una tarea
específica.
Desarrollar claras descripciones de trabajo. Sus trabajadores
se merecen saber lo que se espera.
Emparejar a la persona correcta con la tarea correcta. La persona
errónea en la tarea errónea causa toda clase de
problemas de motivación.
Delegar es más que sólo pasar a otro el trabajo;
es necesario entender de qué se trata la tarea y qué
es lo que la persona hace bien, y luego juntarlas. Delegar se trata
de libertar y preparar a las personas para que sean creativas en
las maneras en que cumplen con el propósito.
Tenemos tremendos equipos de voluntarios en Saddleback. Yo me beneficio
de algunos de ellos a base regular. Mi jefe de personal, David Chrzan,
coordina varios equipos de voluntarios, incluso un equipo de investigación
compuesto de dotados individuos que buscan minuciosamente en recursos
impresos y electrónicos ejemplos e historias que yo puedo
usar en mis sermones.
Otro equipo tiene como ministerio la creación de reseñas
ejecutivas de libros. Este ministerio de reseñas de libros
es uno que los miembros del equipo sugirieron y crearon ellos mismos.
El hombre que dirige a ese equipo es un ejecutivo de publicidad
jubilado. El sabe dónde están sus dones. Y él
buscó una manera de usar esos dones para aliviar la carga
de su pastor.
Al delegar, los líderes renuncian de cierto control. Pero
ganan mucho más en los beneficios de la creatividad y energía
sin límite que resultan cuando se rodean de ayudantes dispuestos,
dotados.
LA MEDIDA DEL EXITO DEL LIDER
En nuestro ministerio hemos identificado los cinco propósitos
que Dios da a la Iglesia:
Miembros
Madurez
Ministerio
Misiones
Magnificación (adoración)
Podemos medir nuestro éxito como pastores,
como líderes si es que todas estas cinco
están en balance. El balance en estas medidas críticas
indica una iglesia saludable. Por otro lado, el imbalance indica
una iglesia enferma.
Lo he dicho anteriormente, pero vale la pena repetirlo: ningún
líder puede entregarse totalmente a todos los cinco propósitos.
Es nuestra responsabilidad como pastores discernir cuál es
nuestro don y luego seleccionar a creyentes dotados (laicos o empleados)
para cumplir con esos otros propósitos.
Vea usted, pastor como ministro en realidad es un término
erróneo. Todos los creyentes son ministros. Todos los creyentes
tienen la responsabilidad de usar sus dones, su compasión,
sus habilidades, su personalidad y sus experiencias para el beneficio
del reino de Dios. Es la responsabilidad del líder identificar
lo que poseen y ayudarles a aplicarlo a un ministerio compatible.
Es entonces cuando más éxito tenemos como pastores.
Es entonces cuando estamos siguiendo más fielmente el ejemplo
de siervo líder de nuestro Maestro.
Rick Warren, pastor, Saddleback Valley
Community Church, Lake Forest, California.