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Tabla de Contenido

Los pastores que enseñan el camino

Lo bueno es que aunque quizás nunca logremos la excelencia en la administración, podemos aprender a enseñar el camino.

Por Rick Warren

So sé cuál es mi estilo para dirigir. Yo soy el tipo de líder que ve lo importante, que imparte la visión. Los detalles no me atraen mucho. En sí, mi estilo como líder no logrará mucho. Pero rodeado de empleados y voluntarios cuyos dones complementan los míos, he visto a Dios lograr muchos acontecimimentos importantes a través de la iglesia Saddleback. Después de todo, El es el que da la visión y el que da a los que pueden manejar los detalles que dan el aliento de vida a la visión.

No hay en sí nada bueno ni malo con ser un líder que imparte la visión. Es simplemente como Dios me hizo. Quizás El lo hizo a usted diferente. Así que la clave es que cada persona reconozca su estilo personal. Es entonces cuando podemos enlistar a un equipo cuyos dones mejoran y suplementan nuestro estilo.

Es importante desarrollar un equipo porque Dios estableció a la iglesia como un cuerpo—con muchos dones y muchas partes. Cada parte es necesaria para la salud general del cuerpo. Es como si Dios estuviera diciendo: “Entiendan el mensaje. Ayúdense los unos a los otros.” El Cristiano Llanero Solitario no existe. Estamos en esto juntos. Somos un equipo.

Hay tremendo poder en la cooperación. Logramos lo mejor cuando, en vez de luchar por tener posición o de tratar de establecer una base de poder, trabajamos juntos—utilizando los puntos fuertes de cada uno y ayudándonos en las debilidades.

LO QUE EL LIDER BIBLICO NO ES

El pastor establece el tono. Si dirige como alguien que autoriza y valora a los individuos que están en el equipo de ministerio (voluntarios y empleados por igual), los demás seguirán su ejemplo. C. William Pollard, presidente de ServiceMaster, escribe en su éxito de librería The Soul of the Firm [El alma de la compañía]: “Los que trabajan unidos para cumplir con un objetivo común necesitan y quieren buenos líderes—líderes en los que puedan confiar—líderes que sustentarán el alma.” Si eso es verdad en el trabajo, ¿cuánto más en la iglesia?

En la Biblia hay por lo menos un ejemplo de un concepto erróneo de lo que es el líder bíblico. A mí me gusta cómo la versión Dios Llega al Hombre traduce Lucas 22:24-27: “Luego tuvieron una discusión sobre cuál de ellos debía ser considerado el más importante. Pero Jesús les dijo: —Los reyes de las naciones las gobiernan como amos, y a los jefes de ellos se les llaman hombres que hacen el bien. Pero ustedes no deben ser así; al contrario, el que es más importante entre ustedes, tiene que hacerse como el más joven; y el que manda, tiene que hacerse como el que sirve. Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer, o el que sirve? ¿No es verdad que el que está a la mesa? Pero yo estoy entre ustedes como el que sirve.”

Nuestra tentación de controlar, exigir, y hacer gala de nuestra autoridad apesadumbra el corazón de nuestro Siervo Rey. Al comenzar nuestra discusión del pastor como líder, es necesario que reconozcamos cómo es que Jesús define el ser líder. Para El, servir, educar, facilitar, y preparar es lo mismo que ser líder.

Yo lo veo así: Es necesario que usted decida si es que quiere influenciar o impresionar a la gente. Usted puede impresionar a la gente desde la distancia, pero sólo los puede influenciar de cerca. Hoy necesitamos desesperadamente a líderes auténticos que sean reales y vulnerables. Nuestros mensajes de vida más grandes son el resultado de nuestras debilidades, no de nuestros puntos fuertes.

Los pastores siempre están buscando mejores métodos, maquinaria, y motivaciones. Pero Dios dice: “Yo busco mejor gente, gente a la que pueda usar para enseñar el camino a mis ovejas.” Para que Dios nos use como líderes, debemos ser hombres y mujeres con un corazón para los perdidos, que oran fervientemente buscando su dirección.

¿Recuerda a Nehemías? Tenemos en Nehemías 1 una muestra de la oración que sale del corazón de un líder. La oración de Nehemías, cuando supo de la caída de Jerusalén, no fue casual, poco profunda, ni egoísta. El oró durante meses. Basó su petición en el carácter de Dios, confesó su propio pecado, hizo suyas las promesas de Dios, y pidió específicamente ser parte de la respuesta.
Esa es una oración que todos los pastores pueden hacer por sus iglesias y ministerios. Esa clase de oración nos convierte en los líderes siervos que Dios puede usar.

¿DEBE DIRIGIR EL PASTOR?

Pablo dijo a los efesios que Dios “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.” Dijo claramente cuál era el propósito de Dios al establecer estos puestos de liderazgo en la iglesia: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11,12). De modo que, por definición, el pastor es un líder. Y como pastor, no me atrevo a desatender mi responsabilidad de dirigir al pueblo en su preparación para el servicio del reino de Dios.

Pienso en el encargo que dio Jesús a Pedro después de la resurrección. El dijo a Pedro: “¿Me amas?. . apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). Como pastores, demostramos nuestro amor hacia Cristo con nuestro amor y cuidado hacia su pueblo. Alimentamos, sustentamos, y dirigimos. De esta manera amamos a Cristo.

Esto hace debatible la pregunta ¿Debe dirigir el pastor? Cuando se introduce el amor al asunto, dejamos de sentirnos obligados a dirigir. Más bien, en cualquier manera que seamos capacitados para hacerlo, dirigimos con gusto. Dirigimos con gracia. Dirigimos con sinceridad e integridad, poniendo las necesidades de los demás antes que las nuestras.

Este tipo de liderazgo está muy lejos de ser controlante e imperioso. Es más bien un guía, que no teme vivir como el ejemplo de lo que predica. Es una orden difícil, pero también digna.

¿PUEDE GANARSE EL LIDERAZGO?

A veces esto parece ser una tarea más grande de lo que nos sentimos preparados para lograr. Quizás sepamos que nuestros dones se concentran en las áreas de predicar y enseñar, no de administrar. Sin embargo nuestro papel como líder de la iglesia parece llamarnos a cumplir con las tareas de administración.

Lo bueno es que aunque quizás nunca logremos la excelencia en la administración, podemos aprender a ser más eficaces. El experto en administración Peter Drucker explica en The Effective Executive [El ejecutivo eficaz], “Los ejecutivos eficaces. . . difieren entre sí tan ampliamente como los médicos, maestros de secundaria, o violinistas. . . . Lo que todos estos ejecutivos tienen en común son las prácticas que hacen eficaz todo lo que tienen y todo lo que son.” El dice que la palabra práctica indica que estos hábitos que producen éxito pueden ser aprendidos si se repiten una y otra vez, tal como el violinista repite sus escalas.

Muchas de las prácticas que Drucker identifica como las que conducen al éxito en el trabajo se aplican muy bien al ambiente de la iglesia. “Los administradores eficaces”, dice él, “saben adónde va su tiempo, se concentran en los resultados deseados, se basan en los puntos fuertes de los demás (y los suyos), concentran sus esfuerzos en lo que rendirá el mayor beneficio, y son tomadores de decisiones cuidadosos y decididos.” Podríamos decir lo mismo de los pastores eficaces. Practicar estos hábitos puede mejorar nuestra eficacia en el púlpito, en las reuniones con el personal, y hasta en la interacción con nuestros diáconos.

DIRIGIR CON RECURSOS LIMITADOs

Aunque yo practico regularmente la mayoría de estos hábitos, antes de los 3 años después de comenzar mi trabajo en la entonces inexperta iglesia Saddleback, reconocí la necesidad de liderazgo administrativo del individuo que se arremanga y cumple con la visión. Enlistamos a Glen Kreun para ser el pastor ejecutivo. Los dones de Glen son en el campo de la administración detallada, administración, y mantener al equipo a la raya todos los días.

Su iglesia quizás tenga los recursos para pagar a alguien como Glen para que tome las riendas administrativas. Si cuenta con los recursos y ese don está ausente en su equipo de líderes, entonces por supuesto enliste a alguien que pueda ayudar. Pero si no cuenta con los recursos para ofrecer un puesto con sueldo, puede ser tan eficaz enlistar y preparar a voluntarios de confianza, que tengan los dones necesarios para suplir las deficiencias.

En Saddleback, cuando enlistamos y colocamos a los individuos en el equipo —ya sean empleados o voluntarios— buscamos varias cosas en ellos:

  • Dones Espirituales
  • Compasión
  • Habilidades
  • Personalidad
  • Experiencias

Una vez que sabemos lo que poseen, podemos ayudarles a buscar los mejores lugares en los que pueden usar todas esas áreas para ministrar. Podemos delegarles tareas con confianza. Podemos quitar nuestras manos de los proyectos y permitir a los trabajadores la libertad de cumplir con esos propósitos por sí mismos.

MOMENTO DE DIRIGIR

Una de las mejores razones para delegar se origina en cualquier libro sobre la administración del tiempo. No podemos tratar de ser y hacerlo todo. Debemos aceptar nuestras limitaciones. La manera más rápida de agotarnos es tratar de ser un Superhombre.

Avance esa idea un paso más. Nuestro más alto llamado como pastores es nuestra responsabilidad ante Dios por la salud y el crecimiento espiritual de nuestra gente. Si estamos enfrascados en quién va a imprimir el boletín y quién trabajará en la sala cuna, podemos desviarnos de nuestro llamado principal. Es necesario que mantengamos un balance entre el ministerio y la administración.

Delegar nos ayuda a hacer exactamente eso.

He encontrado unas cuantas claves que me ayudan a delegar eficazmente:

  • Dividir los propósitos principales en tareas más pequeñas. Cuando comenzamos Saddleback, hice de todos un comité de uno. Cada uno teníamos asignaciones. Una persona manejaba la impresión del boletín mientras que otra arreglaba la sala cuna. Todos teníamos una tarea específica.
  • Desarrollar claras descripciones de trabajo. Sus trabajadores se merecen saber lo que se espera.
  • Emparejar a la persona correcta con la tarea correcta. La persona errónea en la tarea errónea causa toda clase de problemas de motivación.

Delegar es más que sólo pasar a otro el trabajo; es necesario entender de qué se trata la tarea y qué es lo que la persona hace bien, y luego juntarlas. Delegar se trata de libertar y preparar a las personas para que sean creativas en las maneras en que cumplen con el propósito.

Tenemos tremendos equipos de voluntarios en Saddleback. Yo me beneficio de algunos de ellos a base regular. Mi jefe de personal, David Chrzan, coordina varios equipos de voluntarios, incluso un equipo de investigación compuesto de dotados individuos que buscan minuciosamente en recursos impresos y electrónicos ejemplos e historias que yo puedo usar en mis sermones.

Otro equipo tiene como ministerio la creación de reseñas ejecutivas de libros. Este ministerio de reseñas de libros es uno que los miembros del equipo sugirieron y crearon ellos mismos. El hombre que dirige a ese equipo es un ejecutivo de publicidad jubilado. El sabe dónde están sus dones. Y él buscó una manera de usar esos dones para aliviar la carga de su pastor.

Al delegar, los líderes renuncian de cierto control. Pero ganan mucho más en los beneficios de la creatividad y energía sin límite que resultan cuando se rodean de ayudantes dispuestos, dotados.

LA MEDIDA DEL EXITO DEL LIDER

En nuestro ministerio hemos identificado los cinco propósitos que Dios da a la Iglesia:

  • Miembros
  • Madurez
  • Ministerio
  • Misiones
  • Magnificación (adoración)

Podemos medir nuestro éxito como pastores, como líderes si es que todas estas cinco están en balance. El balance en estas medidas críticas indica una iglesia saludable. Por otro lado, el imbalance indica una iglesia enferma.

Lo he dicho anteriormente, pero vale la pena repetirlo: ningún líder puede entregarse totalmente a todos los cinco propósitos. Es nuestra responsabilidad como pastores discernir cuál es nuestro don y luego seleccionar a creyentes dotados (laicos o empleados) para cumplir con esos otros propósitos.

Vea usted, pastor como ministro en realidad es un término erróneo. Todos los creyentes son ministros. Todos los creyentes tienen la responsabilidad de usar sus dones, su compasión, sus habilidades, su personalidad y sus experiencias para el beneficio del reino de Dios. Es la responsabilidad del líder identificar lo que poseen y ayudarles a aplicarlo a un ministerio compatible. Es entonces cuando más éxito tenemos como pastores. Es entonces cuando estamos siguiendo más fielmente el ejemplo de siervo líder de nuestro Maestro.


Rick Warren, pastor, Saddleback Valley Community Church, Lake Forest, California.