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Cómo controlar las cambiantes dinámicas del riesgo legal y el ministerio

Por James F. Cobble, Jr.

Barras laterales del artículo: Cómo controlar las cambiantes dinámicas del riesgo legal y el ministerio

“Cuando los hombres van ante la ley el uno contra el otro, no existe ninguna buena causa que el otro lado no pueda oscurecer con quisquillosidades y tecnicalidades” (John Calvin, Calvin’s Biblical Commentaries [Comentarios bíblicos de Calvin])

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, una iglesia gozaba de una comida campestre en la granja de uno de sus miembros. Era una actividad anual muy celebrada con comida, juegos, y diversión. Pero, en un instante, lo que había sido un momento de gozo se volvió en dolor. Un niño se ahogó cuando nadaba en la poza de la granja. Todos sintieron la pérdida y experimentaron mucha tristeza. Todos los miembros de la iglesia se unieron para apoyar a la doliente familia. Experimentaron juntos la pérdida, y como una familia, se prodigaron cuidaron mientras hacían frente al dolor.

Un trágico suceso muy similar ocurrió hace poco. Un niño murió durante un paseo campestre de la iglesia. Se cayó del vagón lleno de paja que halaba un tractor y fue trágicamente aplastado por las ruedas de atrás. Sólo tenía 9 años. El choque de su muerte penetró a la congregación con profundos sentimientos de tristeza y pérdida. Pero esta vez, un nuevo factor entró en juego— la responsabilidad legal.

Hace cincuenta años, cuando ocurría un trágico accidente en la iglesia, nadie pedía a un abogado su parecer ni amenazaba con un litigio. Hoy, algunos dirían que esa era una época más inocente; otros simplemente la verían como una época libre de responsabilidad.

Las personas como mis abuelos — duros trabajadores campesinos del medio oeste, nacidos antes de la llegada del anterior siglo — veían la vida en términos del cuidado providencial de Dios. Sabían que habría accidentes, y que la gente sufriría. Es difícil para mí imaginarme a mi abuelo con sus desteñidos pantalones de trabajo sentado frente a un abogado, listo a culpar a otro por una pérdida personal, sin importar cuán profundo hubiera sido su dolor. Recuerdo que mi abuela me decía que cuando el abuelo se sentía triste, se iba detrás del granero y hablaba con Dios. Era una época en la que la gente sufría sus pérdidas de una manera diferente, especialmente dentro de la iglesia. Es verdad que sucedían accidentes en aquel entonces, al igual que suceden hoy, pero la gente los veía de manera diferente – había poca acusación corporativa en un sentido legal, aunque sí había un difundido sentido de pérdida y culpabilidad.

Hoy tendemos a controlar esos sucesos de manera muy diferente de como lo hacían sólo unas pocas generaciones anteriores. Las iglesias son llevadas ante los tribunales igual que cualquier otra organización. Varios factores contribuyen al aumento en el nivel de litigación que las iglesias experimentan por rutina ahora. Primero, la litigación ha evolucionado hasta convertirse en un frecuente y aceptable método para solucionar conflictos. Más de 20 millones de juicios civiles ocurren cada año en Estados Unidos. Llevar a alguien ante los tribunales se ha popularizado por medio de la televisión como una forma de diversión personal. Segundo, la sociedad se está saturando de abogados. Compare el número de médicos en las páginas amarillas de cualquier guía telefónica con el número de abogados; pronto verá la dispareja proporción. Para ganarse la vida, estos abogados necesitan clientes. Cuando ocurre un litigio, por lo general se nombran a múltiples acusados. El sistema tribunal se atasca con los casos individuales que involucran a muchas personas y organizaciones. Tercero, nuestro sistema legal sigue evolucionando, añadiendo nuevas teorías de responsabilidad legal y haciéndose más y más complejo en la aplicación de la ley a cualquier práctica profesional, incluso el ministerio. Cuarto, llevar a la gente ante los tribunales se ha hecho algo tan caro que con frecuencia se hace más efectivo en cuanto al costo resolver el asunto fuera del tribunal. La amenaza de litigio se convierte en la primera etapa de las negociaciones monetarias. Y finalmente, las resoluciones grandes reciben amplia atención de los medios publicitarios. Ganar un litigio es como ganarse el premio gordo de la lotería. Todos estos factores incitan más litigios.

Aunque los líderes de la iglesia están reconociendo cada vez más que el ambiente legal está cambiando, sólo un pequeño porcentaje está dando pasos para reducir los riesgos. Quizás una razón es que los pastores no están seguros de lo que pueden hacer. En esta sección de la revista Enriquecimiento sobre el control de riesgos en la iglesia, exploraremos con una serie de artículos algunas de las condiciones, tendencias, y problemas que impactan a la iglesia hoy ante las presentes realidades legales. Nuestro web site,: www.churchlawtoday.com, tiene a su disposición más información mucho más detallada.

Aunque la naturaleza del ambiente legal sigue evolucionando y cambiando, una realidad permanece igual. Desde el comienzo de la iglesia hasta hoy, las realidades legales han hecho impacto en nuestra historia como el pueblo de Dios. No debemos olvidar que María y José viajaron a Belén durante un tiempo difícil de embarazo para cumplir con una ley de impuestos. Jesús fue enjuiciado según la ley romana y fue sentenciado a muerte como un criminal. Sea para lo mejor o para lo peor, al igual que Pablo, todavía nos encontramos apelando a César. Y en todo momento recordemos que el riesgo siempre ha sido parte del ministerio. De hecho, tomar riesgos es una parte esencial del ministerio. Pero no todos los riesgos son buenos. Existe la necesidad de diferenciar entre los buenos y los malos riesgos, y de desarrollar cierta base para distinguir entre los riesgos que mejoran el ministerio y los que lo dañan.

Comprender la naturaleza del riesgo

Desde una perspectiva teológica, se ha escrito muy poco sobre el arte y la ciencia del control de riesgos. Como una disciplina aplicada, el control de riesgos se percibe como algo que es más pertinente a la industria de seguros que a las congregaciones locales. Como resultado, existe confusión entre los líderes de las iglesias respecto a la relación entre el riesgo y el ministerio.

Todos reconocemos que el riesgo es parte del ministerio. Pero ¿qué significa reducir los riesgos? Un punto de partida útil es diferenciar entre las siguientes cuatro dimensiones del riesgo: (1) riesgos de la fe, (2) riesgos puros, (3) riesgos especulativos, y (4) riesgos del ministerio. Ocurren problemas cuando confundimos los riesgos puros con los riesgos de la fe. El enfoque principal del control del riesgo al nivel congregacional está en los riesgos puros.

RIESGOS DE LA FE

Los cristianos siempre se han enfrentado con los peligros. La persecusión, por ejemplo, es un resultado esperado cuando se es fiel a Dios. A veces esto ha resultado en encarcelamiento, exilio, y hasta martirio para los que siguen a Cristo. Los profetas y los santos crean sus propios riesgos cuando obedecen su llamado. Para nuestro propósito, llamamos a éstos riesgos de la fe.

Los riesgos de la fe son inherentes en nuestra relación con Dios. Surgen primero de nuestra identidad en relación a Dios y de los valores principales que surgen de esa relación, y segundo de lo que hacemos basados en esos valores. Cuando hablamos del control de riesgos, nuestro enfoque no está en los riesgos de la fe. No estamos empequeñeciendo estos valores. Más bien, abrazamos estos riesgos como discípulos de Cristo.

Ejemplo: Juan es un estudiante universitario en una universidad estatal. La primera semana de clases unos compañeros de residencia, incluso su compañero de cuarto, compran mariguana. Cuando Juan se niega a participar, le hacen ridículo, y uno de los estudiantes hace comentarios burlones acerca de la fe de Juan.

Riesgos puros

Mientras que los riesgos de la fe se relacionan singularmente con nuestra relación con Dios, los riesgos puros describen cualquier forma de riesgo que tiene dos posibles resultados: pérdida o no pérdida. Por ejemplo, si un rayo cae en el edificio de la iglesia, puede comenzar un incendio. Por otro lado, quizá no. O habrá una pérdida o no habrá ninguna pérdida. Ese es un riesgo puro. Cuando ocurren esas pérdidas, generalmente pensamos que son el resultado de un accidente. También pueden resultar de la actividad criminal.

Desde una perspectiva teológica, podemos argüir que los riesgos puros tienen una ventaja. En medio de la pérdida, puede suceder lo bueno. Podemos aprender de nuestras pérdidas, madurar en nuestra relación con Dios, y recibir y compartir la gracia de Dios de maneras nuevas e importantes. Con Pablo podemos proclamar que “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Tratar de reducir los riesgos puros es el enfoque principal del control de riesgos en lo que toca al ministerio. Nuestro propósito es disminuir los accidentes y el comportamiento criminal que dañan a la gente, destruyen la propiedad, y dañan el ministerio.

Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios decide comenzar una iglesia nueva en el corazón de la ciudad. Se compra un local en una zona de mucha actividad criminal. El vandalismo y el robo son comunes. Hay mucha violencia dentro del vecindario. El edificio que usa la iglesia es viejo y está en malas condiciones. Los incendios son muy comunes en el vecindario. Los líderes de la nueva iglesia hablan de cómo pueden reducir estos riesgos.

RIESGOS ESPECULATIVOS

Un riesgo especulativo puede tener o una pérdida o una ganancia, o ninguna. La iglesia que invierte su dinero en un terreno, por ejemplo, podría venderlo y obtener ganancia, pérdida, o venderlo por el mismo precio. Ese es un riesgo especulativo. Para muchas personas, la forma más común de un riesgo especulativo es invertir en la bolsa de valores o en un plan de jubilación. El valor de la bolsa puede aumentar o disminuir. Generalmente, el propósito de un riesgo especulativo es recibir ganancia, aunque no todos los riesgos especulativos son monetarios. Aunque son importantes, los riesgos especulativos reflejan una área del control de riesgos que es muy diferente a nuestras áreas de interés principales.

Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios recauda dinero para usarlo en la construcción de un nuevo santuario. La junta directiva de la iglesia vota para poner el dinero en certificados de depósito de corto tiempo hasta que la iglesia lo necesite. Aunque había intereses más altos, los líderes pensaron que éstos representaban un riesgo demasiado grande.

RIESGOS DEL MINISTERIO

Aunque los líderes de las iglesias generalmente comprenden la naturaleza de los riesgos especulativos respecto a las inversiones monetarias, raramente, si es que alguna vez, usan ese lenguaje para hablar de los riesgos del ministerio. El enfoque del ministerio no es ni ganancia ni ventaja monetaria. Pero los líderes de las iglesias comprenden que el ministerio exige que se haga una inversión de tiempo, dinero, y recursos, y que los propósitos del ministerio pueden o no lograrse. Por ejemplo, una iglesia podría hacer un considerable esfuerzo para establecer un programa para ancianos. El programa puede o no dar resultado. El tiempo, dinero, y esfuerzo que se invierten en el proyecto podrían perderse. En vez de llamar este un riesgo especulativo, para nuestro propósito lo llamamos un riesgo de ministerio.

Aunque los riesgos de la fe son inherentes en la relación de la persona con Dios, los riesgos del ministerio resultan de un sentido de ser llamado que se manifiesta en planes y actos específicos. El ministerio es impulsado por la fe, pero también depende de los valores, la visión, las decisiones, las circunstancias, y el conocimiento y las habilidades de muchas personas. No se garantizan los resultados. Se pueden tomar malas decisiones. Hay riesgos.

Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios enlista a voluntarios para ayudar con el nuevo ministerio en el corazón de la ciudad. Con la ayuda de los miembros contribuyentes de la iglesia, alquilan un local y espacio para oficinas, compran equipo, e imprimen literatura. Escogen a una pareja de jóvenes casados, Juan y Ana, para fungir como pastores. Han dedicado mucho tiempo, esfuerzo, planificación, y gasto para establecer la nueva iglesia en el corazón de la ciudad. Los líderes de la iglesia que apoyan el proyecto comprenden que el promedio de agotamiento entre los obreros en el corazón de la ciudad es muy alto. El ministerio es difícil. Juntos, cooperan con Juan y Ana para desarrollar una estrategia que dé resultado.

Conclusión

Como podemos ver, todas las cuatro dimensiones del riesgo están presentes en nuestras vidas y ministerios. Además, la ocurrencia de un riesgo puro puede devastar un miniterio y causar severo daño y sufrimiento a muchas personas. Pregunte a cualquier congregación que ha experimentado un caso de abuso sexual contra los niños.

El propósito del control de riesgos es reducir, y hasta donde sea posible, eliminar del ministerio los riesgos puros. Si no se pueden evitar los riesgos, entonces el segundo propósito es disminuir su impacto. En todo esto abrazamos los riesgos de la fe y del ministerio. Ese es nuestro enfoque en esta sección de la revista Enriquecimiento.


James F. Cobble, Jr., Ph.D., Matthews, North Carolina.