CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
“Cuando los hombres van ante la ley el uno contra el otro,
no existe ninguna buena causa que el otro lado no pueda oscurecer
con quisquillosidades y tecnicalidades” (John Calvin,
Calvin’s Biblical Commentaries [Comentarios bíblicos
de Calvin])
Poco después de la Segunda Guerra Mundial, una iglesia gozaba
de una comida campestre en la granja de uno de sus miembros. Era
una actividad anual muy celebrada con comida, juegos, y diversión.
Pero, en un instante, lo que había sido un momento de gozo
se volvió en dolor. Un niño se ahogó cuando
nadaba en la poza de la granja. Todos sintieron la pérdida
y experimentaron mucha tristeza. Todos los miembros de la iglesia
se unieron para apoyar a la doliente familia. Experimentaron juntos
la pérdida, y como una familia, se prodigaron cuidaron mientras
hacían frente al dolor.
Un trágico suceso muy similar ocurrió hace poco.
Un niño murió durante un paseo campestre de la iglesia.
Se cayó del vagón lleno de paja que halaba un tractor
y fue trágicamente aplastado por las ruedas de atrás.
Sólo tenía 9 años. El choque de su muerte penetró
a la congregación con profundos sentimientos de tristeza
y pérdida. Pero esta vez, un nuevo factor entró en
juego— la responsabilidad legal.
Hace cincuenta años, cuando ocurría un trágico
accidente en la iglesia, nadie pedía a un abogado su parecer
ni amenazaba con un litigio. Hoy, algunos dirían que esa
era una época más inocente; otros simplemente la verían
como una época libre de responsabilidad.
Las personas como mis abuelos — duros trabajadores campesinos
del medio oeste, nacidos antes de la llegada del anterior siglo
— veían la vida en términos del cuidado providencial
de Dios. Sabían que habría accidentes, y que la gente
sufriría. Es difícil para mí imaginarme a mi
abuelo con sus desteñidos pantalones de trabajo sentado frente
a un abogado, listo a culpar a otro por una pérdida personal,
sin importar cuán profundo hubiera sido su dolor. Recuerdo
que mi abuela me decía que cuando el abuelo se sentía
triste, se iba detrás del granero y hablaba con Dios. Era
una época en la que la gente sufría sus pérdidas
de una manera diferente, especialmente dentro de la iglesia. Es
verdad que sucedían accidentes en aquel entonces, al igual
que suceden hoy, pero la gente los veía de manera diferente
– había poca acusación corporativa en un sentido
legal, aunque sí había un difundido sentido de pérdida
y culpabilidad.
Hoy tendemos a controlar esos sucesos de manera muy diferente de
como lo hacían sólo unas pocas generaciones anteriores.
Las iglesias son llevadas ante los tribunales igual que cualquier
otra organización. Varios factores contribuyen al aumento
en el nivel de litigación que las iglesias experimentan por
rutina ahora. Primero, la litigación ha evolucionado hasta
convertirse en un frecuente y aceptable método para solucionar
conflictos. Más de 20 millones de juicios civiles ocurren
cada año en Estados Unidos. Llevar a alguien ante los tribunales
se ha popularizado por medio de la televisión como una forma
de diversión personal. Segundo, la sociedad se está
saturando de abogados. Compare el número de médicos
en las páginas amarillas de cualquier guía telefónica
con el número de abogados; pronto verá la dispareja
proporción. Para ganarse la vida, estos abogados necesitan
clientes. Cuando ocurre un litigio, por lo general se nombran a
múltiples acusados. El sistema tribunal se atasca con los
casos individuales que involucran a muchas personas y organizaciones.
Tercero, nuestro sistema legal sigue evolucionando, añadiendo
nuevas teorías de responsabilidad legal y haciéndose
más y más complejo en la aplicación de la ley
a cualquier práctica profesional, incluso el ministerio.
Cuarto, llevar a la gente ante los tribunales se ha hecho algo tan
caro que con frecuencia se hace más efectivo en cuanto al
costo resolver el asunto fuera del tribunal. La amenaza de litigio
se convierte en la primera etapa de las negociaciones monetarias.
Y finalmente, las resoluciones grandes reciben amplia atención
de los medios publicitarios. Ganar un litigio es como ganarse el
premio gordo de la lotería. Todos estos factores incitan
más litigios.
Aunque los líderes de la iglesia están reconociendo
cada vez más que el ambiente legal está cambiando,
sólo un pequeño porcentaje está dando pasos
para reducir los riesgos. Quizás una razón es que
los pastores no están seguros de lo que pueden hacer. En
esta sección de la revista Enriquecimiento sobre el control
de riesgos en la iglesia, exploraremos con una serie de artículos
algunas de las condiciones, tendencias, y problemas que impactan
a la iglesia hoy ante las presentes realidades legales. Nuestro
web site,: www.churchlawtoday.com,
tiene a su disposición más información mucho
más detallada.
Aunque la naturaleza del ambiente legal sigue evolucionando y cambiando,
una realidad permanece igual. Desde el comienzo de la iglesia hasta
hoy, las realidades legales han hecho impacto en nuestra historia
como el pueblo de Dios. No debemos olvidar que María y José
viajaron a Belén durante un tiempo difícil de embarazo
para cumplir con una ley de impuestos. Jesús fue enjuiciado
según la ley romana y fue sentenciado a muerte como un criminal.
Sea para lo mejor o para lo peor, al igual que Pablo, todavía
nos encontramos apelando a César. Y en todo momento recordemos
que el riesgo siempre ha sido parte del ministerio. De hecho, tomar
riesgos es una parte esencial del ministerio. Pero no todos los
riesgos son buenos. Existe la necesidad de diferenciar entre los
buenos y los malos riesgos, y de desarrollar cierta base para distinguir
entre los riesgos que mejoran el ministerio y los que lo dañan.
Comprender la naturaleza del riesgo
Desde una perspectiva teológica, se ha escrito muy poco
sobre el arte y la ciencia del control de riesgos. Como una disciplina
aplicada, el control de riesgos se percibe como algo que es más
pertinente a la industria de seguros que a las congregaciones locales.
Como resultado, existe confusión entre los líderes
de las iglesias respecto a la relación entre el riesgo y
el ministerio.
Todos reconocemos que el riesgo es parte del ministerio. Pero ¿qué
significa reducir los riesgos? Un punto de partida útil es
diferenciar entre las siguientes cuatro dimensiones del riesgo:
(1) riesgos de la fe, (2) riesgos puros, (3) riesgos especulativos,
y (4) riesgos del ministerio. Ocurren problemas cuando confundimos
los riesgos puros con los riesgos de la
fe. El enfoque principal del control del riesgo al nivel
congregacional está en los riesgos puros.
RIESGOS DE LA FE
Los cristianos siempre se han enfrentado con los peligros. La persecusión,
por ejemplo, es un resultado esperado cuando se es fiel a Dios.
A veces esto ha resultado en encarcelamiento, exilio, y hasta martirio
para los que siguen a Cristo. Los profetas y los santos crean sus
propios riesgos cuando obedecen su llamado. Para nuestro propósito,
llamamos a éstos riesgos de la fe.
Los riesgos de la fe son inherentes en nuestra relación
con Dios. Surgen primero de nuestra identidad en relación
a Dios y de los valores principales que surgen de esa relación,
y segundo de lo que hacemos basados en esos valores. Cuando hablamos
del control de riesgos, nuestro enfoque no está en los riesgos
de la fe. No estamos empequeñeciendo estos valores. Más
bien, abrazamos estos riesgos como discípulos de Cristo.
Ejemplo: Juan es un estudiante universitario en
una universidad estatal. La primera semana de clases unos compañeros
de residencia, incluso su compañero de cuarto, compran mariguana.
Cuando Juan se niega a participar, le hacen ridículo, y uno
de los estudiantes hace comentarios burlones acerca de la fe de
Juan.
Riesgos puros
Mientras que los riesgos de la fe se relacionan singularmente con
nuestra relación con Dios, los riesgos puros
describen cualquier forma de riesgo que tiene dos posibles resultados:
pérdida o no pérdida. Por ejemplo, si un rayo cae
en el edificio de la iglesia, puede comenzar un incendio. Por otro
lado, quizá no. O habrá una pérdida o no habrá
ninguna pérdida. Ese es un riesgo puro. Cuando ocurren esas
pérdidas, generalmente pensamos que son el resultado de un
accidente. También pueden resultar de la actividad criminal.
Desde una perspectiva teológica, podemos argüir que
los riesgos puros tienen una ventaja. En medio de la pérdida,
puede suceder lo bueno. Podemos aprender de nuestras pérdidas,
madurar en nuestra relación con Dios, y recibir y compartir
la gracia de Dios de maneras nuevas e importantes. Con Pablo podemos
proclamar que “sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito
son llamados” (Romanos 8:28).
Tratar de reducir los riesgos puros es el enfoque principal del
control de riesgos en lo que toca al ministerio. Nuestro propósito
es disminuir los accidentes y el comportamiento criminal que dañan
a la gente, destruyen la propiedad, y dañan el ministerio.
Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios decide
comenzar una iglesia nueva en el corazón de la ciudad. Se
compra un local en una zona de mucha actividad criminal. El vandalismo
y el robo son comunes. Hay mucha violencia dentro del vecindario.
El edificio que usa la iglesia es viejo y está en malas condiciones.
Los incendios son muy comunes en el vecindario. Los líderes
de la nueva iglesia hablan de cómo pueden reducir estos riesgos.
RIESGOS ESPECULATIVOS
Un riesgo especulativo puede tener o una pérdida o una ganancia,
o ninguna. La iglesia que invierte su dinero en un terreno, por
ejemplo, podría venderlo y obtener ganancia, pérdida,
o venderlo por el mismo precio. Ese es un riesgo especulativo. Para
muchas personas, la forma más común de un riesgo especulativo
es invertir en la bolsa de valores o en un plan de jubilación.
El valor de la bolsa puede aumentar o disminuir. Generalmente, el
propósito de un riesgo especulativo es recibir ganancia,
aunque no todos los riesgos especulativos son monetarios. Aunque
son importantes, los riesgos especulativos reflejan una área
del control de riesgos que es muy diferente a nuestras áreas
de interés principales.
Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios recauda
dinero para usarlo en la construcción de un nuevo santuario.
La junta directiva de la iglesia vota para poner el dinero en certificados
de depósito de corto tiempo hasta que la iglesia lo necesite.
Aunque había intereses más altos, los líderes
pensaron que éstos representaban un riesgo demasiado grande.
RIESGOS DEL MINISTERIO
Aunque los líderes de las iglesias generalmente comprenden
la naturaleza de los riesgos especulativos respecto a las inversiones
monetarias, raramente, si es que alguna vez, usan ese lenguaje para
hablar de los riesgos del ministerio. El enfoque del ministerio
no es ni ganancia ni ventaja monetaria. Pero los líderes
de las iglesias comprenden que el ministerio exige que se haga una
inversión de tiempo, dinero, y recursos, y que los propósitos
del ministerio pueden o no lograrse. Por ejemplo, una iglesia podría
hacer un considerable esfuerzo para establecer un programa para
ancianos. El programa puede o no dar resultado. El tiempo, dinero,
y esfuerzo que se invierten en el proyecto podrían perderse.
En vez de llamar este un riesgo especulativo, para nuestro propósito
lo llamamos un riesgo de ministerio.
Aunque los riesgos de la fe son inherentes en la relación
de la persona con Dios, los riesgos del ministerio resultan de un
sentido de ser llamado que se manifiesta en planes y actos específicos.
El ministerio es impulsado por la fe, pero también depende
de los valores, la visión, las decisiones, las circunstancias,
y el conocimiento y las habilidades de muchas personas. No se garantizan
los resultados. Se pueden tomar malas decisiones. Hay riesgos.
Ejemplo: La iglesia Primera Asamblea de Dios enlista
a voluntarios para ayudar con el nuevo ministerio en el corazón
de la ciudad. Con la ayuda de los miembros contribuyentes de la
iglesia, alquilan un local y espacio para oficinas, compran equipo,
e imprimen literatura. Escogen a una pareja de jóvenes casados,
Juan y Ana, para fungir como pastores. Han dedicado mucho tiempo,
esfuerzo, planificación, y gasto para establecer la nueva
iglesia en el corazón de la ciudad. Los líderes de
la iglesia que apoyan el proyecto comprenden que el promedio de
agotamiento entre los obreros en el corazón de la ciudad
es muy alto. El ministerio es difícil. Juntos, cooperan con
Juan y Ana para desarrollar una estrategia que dé resultado.
Conclusión
Como podemos ver, todas las cuatro dimensiones del riesgo están
presentes en nuestras vidas y ministerios. Además, la ocurrencia
de un riesgo puro puede devastar un miniterio y causar severo daño
y sufrimiento a muchas personas. Pregunte a cualquier congregación
que ha experimentado un caso de abuso sexual contra los niños.
El propósito del control de riesgos es reducir, y hasta
donde sea posible, eliminar del ministerio los riesgos puros.
Si no se pueden evitar los riesgos, entonces el segundo propósito
es disminuir su impacto. En todo esto abrazamos los riesgos de la
fe y del ministerio. Ese es nuestro enfoque en esta sección
de la revista Enriquecimiento.
James F. Cobble, Jr., Ph.D., Matthews,
North Carolina.