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Tabla de Contenido

Barreras a la seguridad y al amor: Por qué los líderes de las iglesias las mentienen en lugar

Por James F. Cobble, Jr.

Barras laterales del artículo: Cómo controlar las cambiantes dinámicas del riesgo legal y el ministerio

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

Hace veinte años, las iglesias no eran muy diferentes de otras organizaciones sin lucro en responder a las consideraciones de seguridad. Por ejemplo, pocas organizaciones investigaban a los trabajadores para protegerse contra la amenaza del abuso sexual. Muchas consideraciones de seguridad simplemente estaban fuera del alcance del radar. Hoy día, existe una mayor conciencia tocante a la seguridad y la responsabilidad. Como resultado, las normas de la comunidad están cambiando. Mi propia hija, que hace poco se graduó de la universidad, ya ha pasado por dos investigaciones de antecedentes criminales como parte de su breve historial de empleo. Los distritos escolares locales y otras organizaciones, como el YMCA, Boy Scouts, y Big Brothers, ahora rutinariamente hacen investigaciones de antecedentes criminales de sus trabajadores tanto asalariados como voluntarios. En nuestro propio distrito escolar, ahora se investiga a más de 30.000 anualmente.

LOS ASUNTOS DE SEGURIDAD HOY

¿Por qué es que la seguridad se ha convertido en una consideración tan grande? Hasta un grado mayor, la respuesta es el temor. Las organizaciones y líderes temen ser enjuiciados, mala publicidad, y pérdida monetaria. Pero también existe un creciente reconocimiento de que tanto el crimen como los accidentes pueden prevenirse. Podemos y demebos crear ambientes más seguros y cuidadosos. Si un mensaje ha penetrado en la consciencia norteamericana durante los pasados varios años, es la necesidad de crear y mantener lugares seguros. Todos comprendemos que si se les da la oportunidad, algunas personas nos dañarían.

La medida de cuidado que se necesita es muy básica. Los líderes sólo necesitan comportarse razonablemente. Desde un punto de vista legal, la precaución razonable generalmente la determina un jurado compuesto de personas comunes como nosotros —personas a las que vemos en la iglesia y en el supermercado— que comparten muchos de los mismos intereses y luchas con todos nosotros. Estas personas son llamadas para que oigan los hechos de un caso específico y luego decidan si los líderes se comportaron razonablemente. Para decir la verdad, no es una norma muy alta. Cuando uno lo piensa, de toda la gente, acaso a los líderes de iglesias no debería parecerles eso una norma fácil de cumplir? De hecho, como la iglesia, ¿no estamos llamados a una norma mucho más alta de cuidado amoroso?

LOS ASUNTOS DE SEGURIDAD Y LA IGLESIA

La triste realidad es que muchos líderes de iglesias simplemente ignoran los asuntos de seguridad. Aunque en la superficie parezca como una contradicción a la esencia misma de ser un pastor, en práctica los asuntos de seguridad con frecuencia se consideran ser barreras al ministerio. En vez de ver la seguridad como un acto de amor, se ve como un estorbo.

Los líderes de iglesias que no toman en serio los asuntos de seguridad deben estar preparados para ver directamente a los ojos de las víctimas, familiares, y posiblemente 12 hombres y mujeres comunes y explicarles por qué ellos, como pastores de Dios, son diferentes de los líderes de cualquier otra organización en este país. Deben explicar por qué los niños en la iglesia pueden jugar en patios de recreo que no son seguros y montarse en vehículos que son susceptibles a accidentes trágicos. Deben dar cuenta del por qué los que abusaron deshonestamente de los niños en las actividades de la iglesia no necesitaban de ninguna investigación ni supervisión. Deben clarificar cómo es que su llamado a las normas más altas, divinas los excusa del mismo cuidado básico, elemental que se entiende ser necesario por los que no hacen ninguna apelación especial a un Dios de amor y justicia.

Durante los últimos varios años, los escándalos en la iglesia católica han pintado un trieste cuadro de todos los cristianos. Muchos líderes de iglesias han aoptado el cambio para proteger a los niños sólo al ser confrontados con la dura mano de la ley y las investigaciones de los medios publicitarios. Algunos protestantes encuentran solaz en la noción de que este es un problema “católico”. Nada podría estar más lejos de la verdad. Este es un problema para todos nosotros. Las iglesias protestantes, como las parroquias católicas, experimentan el abuso de los niños. Pero más al grano, los líderes de iglesias, sin importar la persuación doctrinal, con frecuencia faltan en comprender el verdadero asunto de la relación entre seguridad y amosoro cuidado. No se trata sólo del abuso de los niños. Se trata de prodigar cuidado a toda persona, a través de todas las etapas de la vida, y de comprender que los accidentes y daños prevenibles producen sufrimiento y dolor. En medio de toda esta mezcla, es necesario que recordemos que Jesús vino a traernos vida y a sufrir en nuestro lugar. Esa es la tarea del Buen Pastor. (Vea, "Entendamos el perfil de los ofensores sexuales: Las implicaciones para la investigación y supervisión de los que trabajan en la iglesia" y "Un resumen de 2.500 solicitudes de empleo en iglesias.")

LA FALTA DE LA IGLESIA EN RESPONDER A LOS ASUNTOS DE SEGURIDAD

¿Por qué es que los líderes de iglesias no responden a los asuntos de seguridad?

El lenguaje de manejo de riesgos es un término extraño para muchos líderes de iglesias.

El lenguaje del manejo de riesgos suena más como una responsabilidad de negocios o monetaria que de ministerio. Evoca imágenes de agentes de seguro y banqueros más que de pastores y maestros de Escuela dominical.

El entendimiento común de lo que es la seguridad se ve en términos muy estrechos.

Nuestra investigación indica que muchos líderes de iglesias igualan el control de riesgos con la compra de seguro. Para serle sincero, pocos son los temas que agradan menos al pastor común. Es difícil decidir cuál es más emocionante: leer una póliza de seguro o leer el directorio telefónico. Sin embargo el seguro es una parte vital de cualquier estrategia para controlar riesgos. Pero el seguro no hace nada para evitar que ocurran riesgos. Más bien, solamente ayuda a financiar la recuperación de las pérdidas que suceden. (Vea "Cobertura de seguro: un repaso.") La póliza de seguro no evitó que el niño muriera en el paseo de la iglesia, ni protegió a los miembros de la clase de Escuela dominical que murieron cuando se volcó su furgoneta para 15 pasajeros. (Vea "Lo que los líderes de iglesias deben saber sobre las furgonetas de las iglesias.")

Muchos líderes de iglesia creen que el agente de seguros tiene la responsabilidad de la seguridad.

Aunque algunos agentes de seguro son preparados en el control de riesgos, la mayoría no lo son. Además, el trabajo de la mayoría de los agentes de seguro es vender seguros y ayudar a manejar las reclamaciones. El control de riesgos es primero y principalmente la responsabilidad de los líderes de las iglesias. Las estrategias de seguridad se hacen eficaces sólo cuando se hacen parte del tejido de la vida de la congregación. Para tener cualquier oportunidad de triunfar, los líderes de las iglesias deben totalmente abrazar esa responsabilidad. Además, el enfoque principal del plan para controlar riesgos deben ser en la prevención. (Vea "Una estrategia para reducir riesgos—Establecer un equipo de seguridad en la iglesia," y "El coordinador de seguridad.")

Los líderes de las iglesias faltan en responder a los asuntos de seguridad debido a la vida organizacional de la iglesia.

En muchos respectos, las iglesias no son diferente a otras organizaciones respecto a su asesoramiento y respuesta al riesgo. Los riesgos parecen ser remotos, y responder a ellos parece producir más problemas que beneficios. Expresiones comunes de estas actitudes incluyen las siguientes:

  • No puede suceder aquí. Existe una mentalidad de que las pérdidas y accidentes no sucederán en “nuestra iglesia”. Estas son cosas que uno lee en el periódico o que ve por televisión que suceden a otros. El problema: ninguna iglesia está inmune a la pérdida. Puede suceder en su iglesia.
  • Aceptación pasiva. Las iglesias reconocen que podrían ocurrir riesgos, pero no está presente ninguna necesidad percibida de hacer nada por ello. El riesgo se ve como algo remoto y sin importancia. El problema: accidentes y pérdidas pueden llegar sin ningún aviso.
  • Temor de alienación. Algunos líderes creen que el control de riesgos puede crear temor y ahuyentar a los voluntarios. El problema: cuando se desarrolla debidamente, el control de riesgos mejora la confianza y atrae a voluntarios y a nuevos miembros. Por ejemplo, ¿a qué iglesia prefiriría asistir un padre de niños pequeños: una que intencionalmente ofrece un ambiente seguro para los niños, o una que ignora los asuntos de seguridad? Severas pérdidas, publicidad negativa, y falta de responsabilidad ahuyentará a la gente.
  • Demasiado difícil de manejar. El control de riesgos exige demasiado tiempo y energía. Crea demasiadas dificultades, y no tenemos ni el tiempo ni los recursos para ello. El problema: debidamente organizado, el control de riesgos es manejable en cualquier congregación. Las pérdidas siempre crean todavía más tensión y agotan los recursos del ministerio.

Muchos líderes de iglesias hacen muy poca, si es que alguna, conexión entre la seguridad y su propio compromiso de fe.

Muchos líderes de iglesias no tienen ninguna perspectiva teológica en la que puedan basar la seguridad como un acto de amor o de responsabilidad. Más bien, exactamente lo opuesto puede ocurrir. Algunos puntos de vista de fe socavan los compromisos con la seguridad. Por ejemplo, si las personas creen que Dios las protegerá sin importar lo que hagan, esto puede llevarlas a sentirse seguras o a arriesgarse sin diferenciar en lo absoluto entre los buenos riesgos y los malos riesgos. (Yo creo que Dios nos protege y quizás uno de los medios de esa protección es el uso del sentido común.) Aunque este punto de vista dice ser resultado de la fe, respresenta una perspectiva simplista, de una sola dimensión de un problema que merece algo mejor.

UNA TEOLOGIA DE SEGURIDAD

He aquí algunos puntos de vista teológicos comunes que pueden socavar un compromiso con la seguridad dentro de la iglesia. En cada uno de los casos ocurre una distorsión de una verdad básica.

La iglesia es un lugar santo.

Algunos creen que ningún otro lugar es más santo que la iglesia. Los santuarios personifican la esencia de protección. Cuando la gente deja a sus hijos en la iglesia, lo último que espera descubrir es que su hijo ha sido dañado debido al descuido. El problema: personas de todas las edades resultan dañadas en santuarios y en programas de las iglesias. Muchos de estos daños podrían evitarse.

Ejemplo. Un miembro de la iglesia fue dañado gravemente mientras colgaba adornos de Navidad en el santuario. La iglesia fue declarada culpable por tener una escalera no segura.

Ejemplo. Una mujer embarazada se deslizó y se cayó por las gradas llenas de hielo en la iglesia y quedó paralizada. La iglesia fue declarada culpable por no haber quitado debidamente la nieve y el hielo de las gradas.

Ejemplo. Un niño pequeño matriculado en la guardería de una iglesia fue dejado en la furgoneta de la iglesia depués de una excursión y murió de postración causada por el calor. Los empleados de la iglesia no notaron que el niño faltaba hasta que fue muy tarde.

Confiar y obedecer.

Las iglesias son comunidades de confianza y fe. Nadie puede ser de más confianza que los que participan en el ministerio y el servicio a los demás. Podemos confiar que esos individuos harán lo correcto. El problema: no todos los líderes de iglesias se comportan en el mejor interés de sus congregaciones. Unos cuantos hacen cosas que dañasn a la gente y al ministerio. La norma bíblica es que los líderes de las iglesias sean responsables.

Ejemplo. El tesorero de una iglesia, que trabajaba como oficial en un banco local, desfalcó de más de $100.000 a la iglesia.

Ejemplo. Un pastor de jóvenes abusó sexualmente a más de 14 muchachos del grupo de jóvenes de la iglesia.

Ejemplo. Un pastor usó el dinero de la iglesia para comprar regalos caros para él y su familia.

Ejemplo. Un pastor sedujo a las mujeres de la iglesia a las que asesoraba.

Un enfoque en las seguridad personifica una falta de fe.

El riesgo es inherente en el ministerio. Tratar de rebajar el riesgo va en contra del servicio fiel. Debemos confiar en Dios para nuestra protección. El control de riesgos muestra una falta de fe. El problema: los riesgos de fe son distintos de los riesgos puros (pérdidas accidentales o criminales); abrazamos las anteriores pero tratamos de disminuir las últimas siguiendo el modelo del Buen Pastor.

Ejemplo. Una iglesia comenzó un ministerio en el corazón de la ciudad para ayudar a los drogadictos. Pero la iglesia no tomó precaución para cuidar de su local y experimentó severo robo y vandalismo. El problema no es el llamado al corazón de la ciudad, sino los riesgos puros de robo y vandalosmo, que fueron totalmente ignorados.

Ejemplo. Una iglesia comenzó una guardería e instaló aparatos de juego para el parque de recreo. Un niño resultó seriamente dañado en uno de los aparatos que había sido identificado como un peligro a la seguridad por la Consumer Product Safety Comission y que estaba indicado en una lista de aparatos inapropiados para los preescolares. Otra vez, el problema no fue el ministerio de la guardería, sino la instalación de aparatos no seguros. El daño que resultó no fue por una falta de fe, sino por simple ignorancia.

Conclusión

Una cosa está clara de los comportamientos que disminuyen los asuntos de seguridad: las razones que pudieron haber sido aceptables hace una generación ya no serán tolerados por los ciudadanos comunes de este país. Los líderes de las iglesias que faltan en promover la seguridad porque es inconveniente o bastante caro, y luego después padecen las consecuencias de un trágico accidente dentro de la iglesia, se encontrarán con una severa recepción pública. La histírica buena voluntad que se ha dado a la iglesia dará lugar a la demanda de responsabilidad, que en términos modernos quiere decir justicia en los tribunales.

Desde una perspectiva cristiana, el elemento criminal en la transformación de los hechos de seguridad de ser una carga a ser un beneficio está ampliando nuestra vista de lo que quiere decir amar a nuestro prójimo y cuidar de la creación de Dios. Una vez vemos el control de riesgos como prodigación de cuidado y mayordomía, pasamos a un nuevos niveles de motivación y compromiso. No podemos estar satisfechos con la norma del cuidado razonable que tiene la sociedad; la norma cristiana es el cuidado amoroso. No podemos adoptar un imagen de los líderes de iglesias como recelosos celadores de niños, y preservadores de sí mismos que ponen las necesidades institucionales de la iglesia sobre el bien estar de aquellos por los que Jesús dio su vida. Más bien, que todos los que entran a nuestras comunidades de fe encuentren al verdadero Consolador que nos lleva a toda verdad. Rompamos todas las barreras que estorban la total expresión de nuestra fe. Descubramos de nuevo lo que significa ser buenos pastores.


James F. Cobble, Jr., Ph.D., North Carolina, es director ejecutivo de Christian Ministry Resources.