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El postmodernismo y la iglesia

¿La evidencia todavía requiere un veredicto?

La tarea apologética de la iglesia y el cambio postmoderno

Por Stanley J. Grenz

En muchos aspectos yo soy de la generación de los "baby boomers."   Porque yo crecí en los Estados Unidos durante los años 1950 y 1960, soy naturalmente infundido con muchas de las opiniones que eran típicas de la cultura científica de la era moderna.   Además, como un cristiano que se formó espiritualmente durante una era cuando la ciencia reinaba, yo desarrollé un entendimiento de la tarea apologética de la iglesia que buscaba conectar la fe con la ciencia.   Presté mucha atención cuando mi clase de escuela dominical de la secundaria estudió una serie de lecciones que exploraron la credibilidad del intelecto del cristianismo.   Como estudiante universitario leí ávidamente los escritos de Francis Schaeffer y Mere Christianity por C.S. Lewis.   Y como estudiante nuevo de la filosofía mi tercer año yo llegué a enamorarme del valor apologético de los argumentos racionales de la fe.   Yo concluía que los cristianos intelectualmente astutos tenían un gran número de armas invencibles que podrían afirmar la credibilidad de la fe haciendo frente a los desafíos que la amenazaba y también podrían vencer en los esfuerzos evangelísticos.   En resumen creía yo, como Josh McDowell nos ha recordado, que los cristianos poseen "evidencia que requiere un veredicto."

Mucho ha cambiado desde el año 1973 cuando me gradué de la Universidad de Colorado.   Yo reconozco que algunos pastores ministran todavía en iglesias que tienen una cultura que sigue llevando muchos de los valores y creencias comunes de la era moderna en que fueron creadas.   Sin embargo, en muchos aspectos, la cultura de la iglesia que muchas personas consideraban cómoda, es ahora cada vez más extraña para el mundo del siglo 21 en donde vivimos.   En ningún lugar esto es más evidente que en la misión apologética de la iglesia.   El cambio continuo de cultura que está aconteciendo alrededor de nosotros provoca la pregunta: ¿La evidencia todavía requiere un veredicto?

En este entrega segunda de nuestra serie, yo exploraré la desconexión entre la orientación hacia la evidencia que requiere un veredicto y el ambiente contemporáneo postmoderno.   Para facilitar esto tenemos que examinar cómo la ciencia llegó a dominar en la sociedad moderna, y las maneras primordiales en que los cristianos han buscado entablar apologéticamente con la perspectiva moderna.   Finalmente, tenemos que entender en qué sentido el cambio postmoderno ha socavado la orientación entera que los cristianos apologéticos en el pasado han compartido con la gente con quien buscaban demostrar la verdad de la fe.   Entonces, quizás escucharemos el Espíritu hablando nuevamente con nosotros en el contexto actual.

COMO LA CIENCIA LLEGÓ A DOMINAR

El deseo de presentar evidencia que requería un veredicto era un intento por los cristianos preocupados y bien intencionados para tomar parte en una era donde la ciencia dominaba.   Era una respuesta al entendimiento muy moderno de la naturaleza de la fe y religión.

En muchos aspectos, la perspectiva moderna hacia la religión empezó durante una era conocida como el Siglo de Luces (siglos 17 y 18).   En medio de los conflictos militares que destruyeron Europa en el principio del siglo 17 y que oponían a los protestantes contra los católicos, los intelectuales buscaban superar las luchas creadas por las diferencias religiosas.   Ellos concluyeron que la solución era descubrir la verdad que está disponible a la humanidad por medio de la razón.

La exaltación de la razón llegó a ser la autoridad de la verdad.   Los intelectos del Siglo de Luces reconocieron la religión solamente si era posible probarla con la razón.   El filósofo alemán, Emmanuel Kant, un luterano, explicó esta idea en su libro, Religion Within the Bounds of Reason Alone [Religión solamente dentro de los límites de la razón].   Los pensadores del Siglo de Luces como Kant creían que una religión realmente razonable se enfocaba en las éticas más que en el dogma, y en lo natural más que lo sobrenatural.   En efecto, usaban la religión para proveer sanciones transcendentes para códigos de conducta.   Ellos creyeron que tal religión vería a Dios en las leyes naturales del universo en lugar de en los acontecimientos milagrosos dudosos.   Según su perspectiva, Kant dijo que dos cosas le llenaba de asombro: "el cielo lleno de estrellas arriba y la ley moral adentro."

La exaltación de la razón finalmente dirigió a algunos intelectos a separar la fe y la razón en dominios diferentes.   Ellos concluyeron que las verdades descubiertas por medio de la razón (especialmente el conocimiento científico), y la verdad religiosa, que viene por fe, se tratan de dos aspectos distintos del mundo.   Además, porque los dos se enfocan en dos dimensiones distintas de la vida, las verdades de la ciencia y las verdades del cristianismo no pueden estar en conflicto la una con la otra.

Algunos cristianos tomaron un paso más con este asunto.   Afirmaron que el dominio de fe o religión estaba más allá o más alto que el dominio de la razón y ciencia.   En su estimación, la religión superaba el escrutinio científico o racional.   Debido a que la fe era sobre–racional (no racional, y posiblemente ni irracional), no tenía que responder a las normas de la racionalidad.   Muchas personas con esta perspectiva consideraban que la fe era un salto al dominio más allá de la razón.   Los críticos, sin embargo, rápidamente atacaron esta idea.   Tal fe, insistieron, no era más que un salto al dominio de fantasía.  

No convencidas que la fe ocupaba un dominio más allá de la razón, muchas personas escogieron el camino de los pensadores del Siglo de Luces e instalaron la ciencia como la monarquía dominante de la sociedad moderna.   La victoria de la razón era tan completa que la perspectiva científica estableció las normas para todos los demandantes de verdad, aun el cristianismo.   Para que la fe sea reconocida en una cultura científica, necesitaba un lugar dentro del cuadro científico.   La ciencia ahora dominaba.

CRISTIANOS APOLOGÉTICOS EN UNA ERA DE CIENCIA

El cambio total hacia la razón que tuvo su principio en el Siglo de Luces dirigió a la hegemonía de la ciencia moderna.   Esto, en cambio, llegó a ser el contexto en el cual los cristianos se metieron en la tarea apologética.   Fieles, los apologéticos cristianos enfrentaron el desafío.   Mostraban que la fe cristiana podría florecer en una cultura científica.   Los cristianos modernos seguían dos enfoques básicos.

El primer enfoque seguía el liberalismo clásico o un apologético cristiano de evidencia.   Algunos cristianos buscaban hacer un lugar para la fe y religión en un dominio reinado por la razón científica al capitular a la ciencia.   Apologéticos, determinados en mostrar la razón de la fe y cristianismo, no estaban de acuerdo de cómo podrían mejor lograr esto.   De hecho, las estrategias que los apologéticos propusieron coincidieron con una gran división formando dentro de la iglesia entre los liberales y conservadores.

Algunos apologéticos buscaban incorporar la fe en el dominio de la razón al seguir lo que llegó a ser el liberalismo clásico.   Sea en estudios bíblicos, teología, o apologéticos, los liberales trataron de hacer que el cristianismo fuera aceptable para el conocimiento y perspectiva moderno.   A este fin, buscaban reducir la dimensión sobrenatural del cristianismo y mostrar que, en su fundación, la fe cristiana abarcaba nuestras aspiraciones humanas más altas.

Esta estrategia es, quizás, más evidente en como los comentarios bíblicos liberales trataron con los milagros de los Evangelios.   La explicación liberal de los milagros está resumida en los comentarios de Juan A.T. Robinson sobre la alimentación de los 5,000 en un libro publicado en 1967 titulado, " But That I Can't Believe [Pero eso no puedo creer]."   El anterior obispo anglicano concluyó, "Yo creo que el punto de esa historia no es el milagro físico de la multiplicación del pan, sino el milagro espiritual que puede empezar cuando aun un solo joven está inspirado a compartir.   Y esto es lo que el amor puede hacer.   Eso es lo que Jesús podía sacar de una persona.   Una tras otra vez, lo que Él lograba era más allá que cualquiera de las personas de su tiempo podría explicar.   Naturalmente lo representaron en términos de su tiempo como milagros físicos."

Los conservadores estaban apasionadamente en desacuerdo con lo que consideraban un ataque descarado de la integridad de la Biblia.   No obstante, con la misma pasión que sus antagonistas liberales, ellos también buscaban incorporar la fe en el dominio gobernado por la razón.   A este fin, ellos concibieron lo que es conocido como los apologéticos cristianos de evidencia.   Esta estrategia muestra, como el conocimiento científico apoya o aun confirma, las verdades del cristianismo.   El libro The New Evidence That Demands a Verdict [La nueva evidencia que requiere un veredicto] por Josh McDowell caracteriza esta estrategia.   El apologético conservador de evidencia empezaba desde las pruebas tradicionales de la existencia de Dios para probar el teísmo (y así combatir la alternativa atea).   Entonces ordenaba todas las evidencias históricas y científicas disponibles que afirmaban declaraciones encontradas en la Escritura, y así probando la fiabilidad de la Biblia.   Pero el punto más importante de esta estrategia era el desarrollo de una prueba por la prueba histórica de la resurrección de Jesús, que ellos creían que afirmaba la proclamación de Jesús que era el Hijo de Dios.

A pesar del poder de ese primer enfoque, algunos cristianos en la era moderna no estaban convencidos que era útil o aun justificado.   En cambio, ellos propusieron una segunda manera de reconocer la fe en un contexto en donde la ciencia todavía domina.   Ellos ofrecían una versión actualizada de la idea que la fe y razón ocupan dos dominios distintos.   Estaban convencidos que podrían evitar la ciencia al forjar un dominio separado para la fe y cristianismo.   Pero, igual que con el caso del primer enfoque, estos apologéticos no podrían encontrar un acuerdo sobre la mejor estrategia para lograr esto.

Algunos cristianos preferían esta estrategia que había funcionado muy bien en la era del Siglo de Luces —relegando la fe y religión a un dominio de ética o moralidad.   Esta estrategia es evidente cuando escuchamos que alguien diga, "Si quieres saber como llegamos a esta planeta, no preguntes a tu pastor.   Él no sabe nada de esto; más bien pregunta a un científico.   Sin embargo, si quieres saber como debemos comportarnos en este planeta, no preguntes a un científico.   Él no sabe nada de esto; más bien, pregunta a tu pastor."   Esta estrategia también funciona cuando la predicación se enfoca en ofrecer a los oyentes consejos sobre cómo pueden vivir mejor.

Otros apologéticos, conocidos como pietistas, estaban seguros que el dominio de la fe estaba en otro lugar.   Ellos elevaban la experiencia religiosa personal de uno como el dominio donde la fe reinaba suprema.   Para ver qué tan dominante era esta idea, considere la última frase del gran himno "Él vive" que muchos de nosotros cantamos casi cada Semana Santa: "Sé que él viviendo está, porque vive en mi corazón."

EL CAMBIO POSTMODERNO Y LA MISIÓN APOLOGÉTICO DE LA IGLESIA

Los diferentes enfoques y estrategias que los cristianos seguían en sus intentos de enfrentar la ciencia apologéticamente en la era moderna crearon una batalla cultura en la iglesia.   Entre los evangélicos esta batalla cultural oponía a los evidencialistas contra los pietistas.  

Los pietistas estaban seguros que las pruebas racionales nunca podrían triunfar.   "No es posible discutir con alguien hasta que lleguen al reino de Dios," ellos decían.   Los pietistas tenían su propia evidencia que requería un veredicto.   Pero difería radicalmente de lo que los evidencialistas ofrecían.   Para los pietistas, la evidencia crucial era la certeza de su corazón y su testimonio personal.

Los evidencialistas igual rechazaban la estrategia de sus adversarios.   "Trata de tomar tus experiencias personales al mercado de ideas," decían.   Los evidencialistas estaban seguros que la evidencia propuesta por sus amigos pietistas sería rechazada.   Realmente, ¿sobre qué base podrían afirmar que sus experiencias con Jesús eran más válidas que las experiencias de los seguidores de Buda, Alá, o el Reverendo Moon?   Lo que se necesitaba era el tipo de evidencia sólida, objetiva, y pública que proveían.  

A pesar del enfoque o estrategia que seguían, los cristianos apologéticos modernos tenían una cosa en común: estaban buscando la misma meta final - interconectar el evangelio de una manera creíble con las personas impregnadas de las suposiciones de la modernidad.   Eran cristianos buscando reconocer su fe en un contexto cultural en donde la ciencia dominaba.

Pero las cosas han cambiado.   Muchos modernos todavía están en nuestro mundo.   En nuestros encuentros con estas personas, las herramientas más antiguas apologéticas todavía pueden ser útiles.   Otros, sin embargo, ya no ofrecen lealtad incondicional a la ciencia moderna empírica.   En su estimación, la ciencia, con su orientación hacia el naturalismo, no es necesariamente dominante.   De hecho, muchas personas hoy están dudando el naturalismo que ha caracterizado la sociedad occidental desde el Siglo de Luces.   Los postmodernos a menudo condenan el naturalismo científico moderno, afirmando que es destructivo de la creación y que difunde un entendimiento reducido de la realidad que ha robado el mundo de su misterio y nuestras vidas de alma.  

Muchos postmodernos ahora están buscando recuperar lo que ellos creen que fue perdido en la modernidad.   Muchos están esperando en The Reenchantment of Everyday Life [El reencanto de la vida diaria], para citar el titulo del libro intuitivo de Tomás Moore.   Ellos esperan que puedan recuperar la pérdida de almas producida por la cultura moderna.   Sobre todo, los postmodernos desean redescubrir la espiritualidad.  

En este contexto transformador, el Espíritu está desafiándonos a terminar la batalla cultural que los cristianos han peleado en sus intentos de reconocer la fe en una cultura moderna y científica.   Para muchas personas, las propuestas apologéticas más antiguas, sean liberales o conservadores, evidencialistas o pietistas —asociadas con una era cuando la ciencia dominaba— son simplemente del pasado.   El Espíritu ahora está llamándonos a determinar cuidadosamente lo que debe ser nuestro enfoque apologético en un contexto postmoderno.

Tres aspectos amplios existen en el enfoque apologético que conviene con el contexto que está surgiendo.   Primero, tenemos que cambiar a un enfoque más invitacional.   Tenemos que invitar a la gente a juntarse con nosotros y juntos buscar una relación con Dios en lugar de buscar ganar los argumentos intelectuales.  

Segundo, tenemos que cambiar a un enfoque conversacional.   Tenemos que evitar el enfrentar a los que son desprovistos de la verdad con declaraciones dogmáticas de la verdad de poseemos.   Tenemos que ser más intencionales en escuchar sus historias para ver en dónde cruzan nuestras narrativas.  

Sobre todo, tenemos que cambiar de ser apologéticos bien capacitados a ser una comunidad de creyentes.    Cada vez más, las personas están buscando comunidades que juntas personifican el mensaje que proclaman y entonces proveen credibilidad de su verdad.   Están buscando una comunidad de personas entre las cuales pueden descubrir la meta de su búsqueda —la presencia de Cristo que ofrece vida.   Hoy, muchas personas se convierten a comunidades antes de convertirse a Cristo.   En resumen, el Espíritu desea que nosotros redescubramos la verdad en la canción antigua que era popular en los años 1960 y 1970: "Caminaremos juntos.   Caminaremos mano a mano.   Y juntos compartiremos las nuevas que Dios está en nuestra tierra.   Y sabrán que somos cristianos por nuestro amor."

Entonces, ¿la evidencia todavía requiere un veredicto?

¡Sí!

La pregunta, sin embargo, es: ¿Qué evidencia?


Stanley J. Grenz es profesor Pioneer Donald de teología en Carey Theological College, Vancouver C.B., y profesor de estudios teológicos, Mars Hill Graduate School, Seattle, Washington.