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La predicación pentecostal (parte 3)

La predicación y los dones del Espíritu

Por Craig Brian Larson

En un modelo esencial de la predicación, los predicadores proclaman la Palabra y animan a los que escuchan a responder específicamente a la afirmación del mensaje.   Si tienen éxito en estas dos áreas críticas, han logrado su misión.   El Espíritu Santo usa este modelo porque es el fundamento de la predicación bíblica.

En otro modelo importante, los predicadores también proclaman la Palabra y animan a los que escuchan a responder al mensaje, pero añaden algo muy importante.   Piden que los que quieren responder pasen al frente (o a otro lugar) no solamente para la decisión, pero también para recibir ministerio personal.   La meta del predicador en pedir una respuesta es impartir más gracia como el Señor quiera.   El predicador ministra a los oyentes por medio de la intercesión personal, la puesta de manos, y la manifestación de otros dones del Espíritu como sanidad y consejo inspirado - todo en completa dependencia del poder del Espíritu.   En este modelo el predicador ministra a la persona entera - cuerpo, alma, y espíritu - frecuentemente a una variedad más amplia de necesidades y deseos que los mencionados específicamente en el mensaje.   La misión está llevada a cabo cuando el Señor toca a las personas que lo desean.  

Aunque estos dos modelos tienen muchas variedades, hay una distinción clave: el segundo modelo une la predicación a un ministerio vital de diversidad con personas necesitadas.   El ministerio se lleva a cabo en el poder del Espíritu Santo, y los dones del Espíritu descritos en el libro de los Hechos y 1 Corintios están presentes.   El concepto básico de esto modelo es que la predicación logra más cuando funciona en combinación con los dones del Espíritu Santo.

Este modelo sigue el ejemplo de Jesús y los apóstoles.   Al comienzo del ministerio de Jesús, él llegó a su propio pueblo de Nazaret y proclamó su misión, leyendo de Isaías 61: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.   Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.   Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Lucas 4:18-21).

Los Evangelios explican claramente cómo Jesús cumplió esta misión.   Dondequiera que Jesús iba Él predicaba la Palabra y ministraba sobrenaturalmente a las necesidades de la gente en el poder del Espíritu.

"Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.   Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor" (Mateo 9:35,36).   En el ministerio de Jesús, la venida del reino incluía no solamente la venida de la Palabra, pero también la venida de poder para librar a las personas de lo que las oprimía.  

Jesús comisionó a sus discípulos y a los 72 a seguir el mismo ejemplo: "Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.   Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:7,8).   No era coincidencia que Jesús unió el ministerio personal en el poder del Espíritu con la predicación, porque se complementan el uno al otro perfectamente.   La Palabra de Dios crea fe, y la fe mide el poder, peticiones contestadas, sanidades, libertad de fortalezas, y milagros.   "Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible" (Marcos 9:23).

Además, la predicación de la Palabra de Dios es un acto de adoración, porque Dios está glorificado cuando los predicadores declaran sus caminos, promesas, y las buenas nuevas.   La iglesia ha observado por miles de años que la adoración sincera puede invocar la presencia del Espíritu Santo de la misma manera que la oración, "Ven, Espíritu Santo."

Además, la predicación dirige al arrepentimiento.   Esto abre la puerta a la sanidad y restauración.   Santiago 5:16 dice: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados."

Según la Escritura, las obras de Dios testifican de la verdad de la Palabra de Dios.   El Señor "daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios" (Hechos 14:3).

Este modelo de la predicación exige mucho del predicador.   No solamente tiene que traer un mensaje para compartir, pero también tiene que traer recursos espirituales como la fe y la percepción espiritual perspicaz al ministerio personal que sigue el mensaje.   Santiago dice, "Y la oración de fe salvará al enfermo" (5:15).   Aparte de la preparación espiritual necesaria para ministrar en el poder del Espíritu Santo, los predicadores necesitan crear mensajes que preparan para el ministerio personal que sigue.   El ministerio apoderado por el reino normalmente sigue un sermón con estas características:

  • El mensaje hace más que explicar las obligaciones del discipulado; enfatiza las promesas de Dios, que inspira fe.
  • El mensaje enfatiza el poder increíble y gran compasión de Dios.   Dios no solamente tiene la habilidad de obrar en poder, también está dispuesto.
  • El mensaje comunica que Dios contesta las oraciones y "la oración eficaz del justo puede mucho" (Santiago 5:16).
  • El mensaje tiene un tono de fe, gozo, confianza, y arrojo.   El tono es importante porque afecta el corazón, y el ministerio personal productivo depende mucho del corazón.
  • El mensaje tiene una sencillez profunda.   Hay un tiempo para matices, requisitos, y advertencias, pero los mensajes que encierran las promesas de Dios con muchas barreras ("Dios puede sanar, pero...) generalmente no crean un ambiente de fe.
  • Hay un sentido de libertad y libertad emocional en el predicador.   Más restringido sea el predicador, más restringido será el oyente.  
  • El mensaje frecuentemente incluye los testimonios de lo que Dios está haciendo actualmente, inspirando fe y esperanza.  
  • Con frecuencia, el predicador enseña sobre los dones y obras del Espíritu Santo.   El entendimiento aumenta las expectaciones de las personas de lo que Dios puede hacer y lo que hará.

Este modelo de predicación no necesita conformarse con ninguna forma cultural ni un estilo de música.   El punto es seguir la predicación con ministerio personal de cualquier manera que favorece la cultura de los oyentes.

Dependiendo de nuestros dones, no necesariamente tenemos que usar este modelo cada vez que predicamos.   La dirección especial del Espíritu, la necesidad de predicar el consejo entero de Dios, y los beneficios de la predicación explicativa sucesiva puede hacer que este modelo sea menos favorable en algunas ocasiones.   Pero este modelo tiene un lugar esencial para los predicadores que creen que todos los dones del Espíritu son válidos hasta que Jesús regrese en gloria.

Craig Brian Larson es editor de los recursos internacionales de predicación de Christianity Today -- PreachingToday.com y Preaching Today audio - y también pastor de Lake Shore Church (Asambleas de Dios) en Chicago. El es coautor de Preaching That Connects [La predicación que conecta] (Zondervan 1994).