CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Mark y yo teníamos 15 años de casados cuando aprendí de su adicción sexual. Es increíble para mí que yo podría haber vivido con mi esposo por tantos años y honestamente decir que yo no tenía ni una idea que él tenía ese problema.
Nuestra vida parecía normal. Nuestra hija y nuestros dos hijos eran niños activos y saludables. Estábamos finalmente acostumbrándonos a nuestra comunidad nueva después de la graduación de Mark de su maestría. Estábamos desarrollando nuestras carreras, involucrándonos en las escuelas y actividades de nuestros hijos, haciendo amistades en nuestra iglesia y vecindario, y sirviendo como voluntarios en la comunidad. La vida era buena. Parecía que nos conectábamos bien. Éramos exitosos. Éramos la familia ideal para las personas que nos conocían.
Cuando veo mi vida en este entonces con la perspectiva e información que tengo hoy, yo sé que tenía muchas dudas incómodas acerca de la conducta de Mark. Frecuentemente vivía en el silencio de mis propias intuiciones y tristeza. Cuando Mark prestaba demasiada atención a otras mujeres, yo me retiraba porque me sentía inadecuada o poco atractiva. Me culpaba a mí misma cuando Mark no quería hablar conmigo acerca de su día en el trabajo. Me sentía inadecuada y poco interesante. Yo justificaba su inhabilidad de estar presente en nuestro matrimonio porque estaba abrumado con el trabajo importante del ministerio. No quería molestarlo con mis necesidades o deseos.
El trabajo de Mark era público - ministerio, consejería, junta de la escuela, conferencias - entonces era difícil para mí encontrar a alguien con quien podría hablar acerca de mis sentimientos y preocupaciones. No quería faltarle el respeto a mi esposo. Aprendí a seguir adelante por medio de mi trabajo, estar ocupada, criar a mis hijos, y retirarme de otros. Frecuentemente, soñaba de algo más para nuestro matrimonio, pero no sabía qué era ni qué es lo que yo quería.
Después de 15 años de matrimonio, varios colegas de Mark del centro de asesoramiento vinieron a nuestra casa y me informaron que él había tenido una conducta sexual inapropiada. Acaban de enfrentarlo acerca de esta conducta inapropiada en su oficina, e inmediatamente lo despidieron. Cuando él llegó a casa con el doctor cristiano y el terapeuta, era obvio que algo estaba muy mal. Ellos revelaron los detalles de su relación con clientes y la necesidad que el centro de asesoramiento tenía de despedirlo. Me preguntaron si yo tenía preguntas. Solamente se quedaron unos minutos. Me sentí paralizada y asombrada. Sinceramente rompió mi corazón, y la vida que yo pensaba que tenía fue totalmente destruida. Cuando miré a Mark, él estuvo hundido en la silla con una cara desesperada. En ese momento falté la habilidad de pensar, entonces el pensamiento que pasó por mi mente seguramente era del Espíritu Santo. Se me ocurrió que ese problema podría estar relacionado con lo que faltaba en mi matrimonio. Me aferré a un sentido inexplicable de esperanza.
Con la ayuda de un médico que antes era alcohólico, Mark se ingresó en un hospital con un programa de tratamiento para la adicción sexual. Yo me reuní con él para la semana familiar durante la tercera semana de su hospitalización. Allí encontré a personas confiables con quienes podría hablar y recibí información acerca de la adicción. Los participantes y terapeutas escucharon mi tristeza y enojo. Yo tuve la oportunidad de expresarme en maneras que eran nuevas para mí, y sentí una transformación increíble.
La mejor decisión que hice era unirme con Mark en su terapia, crecimiento, y sanidad cuando él regresó a casa. Fácilmente podría haber decidido dejar que Mark arreglara su propio problema. Al fin y al cabo, su conducta era el problema, y yo no era responsable por sus acciones. Yo podría haber estado enojada que tenía que tomar tiempo de mi vida para ayudarlo con sus asuntos. Pero me di cuenta en la primera sesión de mi grupo de apoyo para mujeres que yo estuve allí para mí misma. Sentí que el crecimiento rebosaba dentro de mí. Mi anhelo de dejar que Dios transformara mi carácter era contagioso. No solamente cambiamos Mark y yo como resultado de nuestra terapia, pero también nuestra relación creció. Desarrollamos una intimidad verdadera por la primera vez en nuestro matrimonio.
El remordimiento de Mark acerca de su conducta pecaminosa y su disposición de escuchar mis sentimientos acera de su traición eran extremamente útiles para mí. Él no trató de esconderse del dolor que me había causado, sino que escuchó con paciencia mis tristezas y preguntas. Estos fueron los primeros pasos para restaurar la confianza y esperanza.
Los dos teníamos que aprender cómo ser vulnerables el uno con el otro y cómo pedir lo que necesitábamos. Hubo muchos días cuando sentía como que íbamos hacia atrás en nuestro crecimiento. Aprendimos que cambiar los patrones que habíamos establecidos durante tantos años tomaría tiempo y práctica, y necesitábamos confiar en el proceso.
Cuando empecé a creer que Dios tenía un propósito y que estaba llevando a cabo su voluntad por medio de nuestro dolor, entendí nuestro sufrimiento de una manera nueva. La adicción sexual no se trataba de mí - no la causé, no la podría controlar, y no la podría curar. Sin embargo, sí podría aprender lecciones de valor sobre cómo yo podría satisfacer la necesidad de más intimidad en nuestra relación. Yo necesitaba entender por qué mis métodos de tratar con la soledad, tristeza, miedo, y enojo habían lastimado mi relación. Empecé a preguntarme: ¿Qué hice cuando estaba lastimada? ¿Podría compartir mis sentimientos? ¿Vivía con expectaciones que no expresaba y con suposiciones que yo esperaba que Mark comprendiera? ¿Quería que Mark arreglara mis dolores o satisficiera las necesidades que yo no podría o no quería satisfacer yo misma? ¿Por qué no podría expresar mis sentimientos o pedir lo que necesitaba? ¿Conocía el "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, [y] templanza" (Gálatas 5:22,23)? ¿Era yo la mujer que Dios quería que fuera en mi relación?
Por medio de la desolación que resultó de mi propia conducta pecaminosa, yo tuve la oportunidad de unirme con Mark y caminar juntos para encontrar el amor incondicional y la aceptación mutua. Aprendí que yo quería las mismas cosas en nuestro matrimonio que él quería - estar escuchada y entendida, afirmada, bendecida, segura, tocada en maneras sanas, escogida, e incluida. Cuando él no satisfacía mis deseos, yo también, había escogido comportamientos para ayudarme a tratar con mi dolor. Conocíamos el mismo dolor, pero escogimos maneras diferentes de expresarlo.
Dios usó la adicción sexual de Mark para llevarme de un lugar de esclavitud (pensando que yo podría controlar mi vida y matrimonio) a un lugar de libertad (entregar mi vida, la vida de Mark, y nuestro matrimonio a Cristo). Él ha usado el dolor y sufrimiento para cambiar mi vida. Hoy, puedo decir honestamente que estoy agradecida. Si Mark no hubiera perdido su trabajo - si no hubiéramos tenido una razón para ir a terapia, aprender acerca de la adicción, y unirnos en una comunidad de personas que deseaban el cambio - yo me habría quedado en Egipto, esclava de mis pensamientos y sentimientos y sin herramientas de experimentar el mejor regalo de Dios: el amor incondicional.
Debbie Laaser. Debbie participa con su esposo, Mark, en talleres para cónyuges y parejas. Junto con Patrick Carnes, ellos han escrito Open Hearts, un libro que se trata de la sanidad de las relaciones de parejas.