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Una Iglesia Libre: De Mantener A Perfeccionar

Por Greg Ogden

La Reforma Protestante prometía ser una revolución, y el monje agustino Martín Lutero fue su primer revolucionario. En el siglo XVI Lucero descargó la siguiente andanada contra la Iglesia Católica Romana, jerárquica y dominada por el clero: "Por el bautismo, todos somos consagrados al sacerdocio. Porque todo el que sale del agua del bautismo puede jactarse de haber sido consagrado ya sacerdote, obispo y papa". 1 Había desaparecido la división entre clero y laicado. El viejo sistema de castas y de distinción de clases entre los ordenados y los no ordenados había quedado obsoleto. ¿Por qué? El Nuevo Testamento presenta un sacerdocio universal que comprende a todos los bautizados en el nombre de Jesucristo (1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; 5:10).

¿Qué hemos hecho para que se cumpla la promesa de que todos somos sacerdotes ante Dios, y sacerdotes los unos para los otros? David Watson escribió proféticamente: "La mayoría de las denominaciones protestantes han estado tan libres de sacerdotes como los católicos romanos. El ministro, vicario o pastor es el que ha dominado toda la acción. En otras palabras, las divisiones entre clero y laicado han continuado de forma muy parecida a como estaban antes de los tiempos de la Reforma, y las doctrinas de los dones espirituales y del ministerio del Cuerpo han sido mayormente pasadas por alto". 2

¿Qué evidencias tenemos de esto? La Iglesia ha sido comparada a un juego de fútbol con cincuenta mil personas en las gradas que tienen necesidad urgente de hacer ejercicios, y observan a veintidós jugadores que están en el campo, con una urgente necesidad de descansar. Esta mentalidad de espectadores se manifiesta en la idea que tiene la gente acerca de la adoración. Muchos adoradores creen que los que se hallan en la plataforma tienen la obligación de proporcionarles un espectáculo atractivo, lleno de sentido y divertido, mientras que la función del adorador consiste en criticar el culto mientras pasa por la fila para saludar al pastor al final. Muchos domingos, después de terminar su mensaje de la mañana, tal vez el propio pastor haya esperado que el coro sacara tarjetas con una clasificación sobre la calidad del mensaje: 9,9; 9,4...

¿Cómo es posible que la Iglesia haya llegado a este punto? ¿Qué razones hay para la distancia existente entre la promesa bíblica e histórica del sacerdocio universal, y la realidad de espectadores que encontramos en la vida diaria de las iglesias? Aunque agitemos la bandera teológica del sacerdote universal de los creyentes, tengo la convicción de que hemos adoptado inadvertidamente un modelo de dependencia del ministerio pastoral que ha creado pasividad en el pueblo de Dios. Necesitamos salir del modelo de dependencia para pasar a un modelo de ministerio pastoral dedicado al equipamiento, si queremos que la promesa de un ministerio en el que intervienen todos los miembros se convierta en realidad.

DefiniciÓn Del Modelo De Dependencia

¿Qué es el modelo de dependencia? Aquel en el cual los pastores hacen la obra del ministerio y el pueblo de Dios recibe el cuidado pastoral. La Iglesia ha adoptado inadvertidamente un modelo de ministerio que depende de un cuidador profesional, y que ha tenido como consecuencia la pasividad en el pueblo de Dios. La mayoría de los pastores saben que la mayor parte de su trabajo consiste en responder a las necesidades de sus miembros y electores. Si alguien está hospitalizado, sufre por la muerte de un ser querido, pasa por contratiempos que alteran su vida, se enfrenta a dificultades en su matrimonio o lucha con un hijo rebelde, se espera del pastor que lo ayude. El contrato emocional entre el pastor y el pueblo en la mayoría de las iglesias es éste: si uno de los miembros está pasando por dificultades, espera que el pastor se presente a ayudarlo. Si no aparece para atenderlo, no está haciendo la labor que los pastores deben hacer, y ha fracasado como pastor.

Los pastores han sido convertidos en contestadores. En un seminario de dos días que les di a   unos pastores metodistas, pude ver que los asistentes venían atados a sus localizadores y teléfonos celulares. Cuando vibraba el localizador o sonaba el teléfono, los pastores se excusaban y salían de la reunión. Más tarde, después de haber atendido a la necesidad que se les estaba llamando a satisfacer, regresaban.

Un Sistema Familiar Poco Saludable

El modelo de ministerio del cuidador y la dependencia se puede comparar con un sistema de familia poco saludable. Nadie piensa bien sobre los padres que perpetuamente mantienen dominados a sus hijos, y nunca permiten que se desarrollen para convertirse en adultos independientes, responsables y atentos. Este tipo de familia es disfuncional. Sin embargo, esto mismo se ha convertido en un modelo de ministerio que nadie examina, y todo el mundo acepta. Pagamos a los pastores para que sean los guardianes espirituales de unos niños dependientes que necesitan de su constante atención. Como consecuencia, los niños siguen siendo dependientes. Los pastores están atrapados en un conjunto cerrado de expectativas entre ellos mismos y su pueblo, que ha sido igualmente dañino para ambos. Tanto el pastor como su pueblo han participado en plan de igualdad en esta conspiración de dependencia.

SÓlo el pastor puede ministrar de verdad

Una de las manifestaciones de este sistema familiar tan poco saludable es la creencia de que sólo los pastores pueden ministrar de verdad. Se sostiene el mito tan común de que los pastores llevan consigo la presencia de Cristo, más que el laico promedio.

Jerry Cook, pastor de la Columbia Británica, cuenta la siguiente historia. Se enteró de que una señora de su congregación estaba molesta con él. Llevaba siete días en el hospital y él no la había visitado. Cuando ella regresó a su casa, decidió llamarla. Antes de llamarla, hizo un poco de indagación, y descubrió que durante los siete días que ella había estado en el hospital, la había visitado un promedio de cuatro personas diarias, todas de la iglesia. Ésta fue su conversación:

"Bueno, Sra. White, ¿cómo se siente?"

La Sra. White le respondió secamente: "Ahora estoy bien".

No haciendo caso de su brusquedad, el pastor Cook le contestó: "Tengo entendido que estuvo en el hospital".

"Bueno, ya es un poco tarde".

El pastor Cook le contestó: "¿Un poco tarde para qué?"

"Estuve en el hospital siete días, y no vino nadie".

Entonces, el pastor Cook mencionó los muchos visitantes que había tenido durante aquellos días. Ella empero le reveló sus verdaderas convicciones: "Sí, vino gente de la iglesia, pero usted no llegó". 3

¿Qué es lo trágico de esta historia? ¿Acaso el pastor no hizo lo que debía? Difícilmente. Él y otros habían creado un ministerio movilizado, y la Sra. White estuvo bien atendida. Lo trágico es que ella no supo discernir la presencia de Cristo en sus visitantes, porque creyó que sólo el pastor le podía ministrar de verdad. Redujo el valor del ministerio auténtico del pueblo de Dios, porque creía que el pastor ocupaba una posición elevada.

La necesidad de que nos necesiten

El otro lado de la moneda en la creencia de que sólo el pastor puede ministrar de verdad, es el de los pastores que se creen indispensables. Uno de los aspectos del perfil psicológico de muchos pastores es que sienten necesidad de ayudar a la gente. Esto no tiene nada de malo, a menos que se convierta en una desordenada necesidad de complacer a las personas.

Después de visitar a Joe, un anciano de setenta y cinco años que estaba en el hospital recuperándose de una cirugía, recibí la siguiente nota. Entre lágrimas, Joe me hablaba de forma conmovedora sobre un encuentro emocional y espiritual que había tenido con el Señor mientras se preparaba para la operación. La familia estaba dispuesta a darme considerable crédito por esta epifanía.

Estimado Greg:

A pesar de estar tan ocupado, usted vino a visitar a Joe. Nosotros consideramos esto como una gran bendición. Sí, muchos santos lo visitaron también, pero aun así, su visita fue la más significativa de todas.

Las oraciones fueron respondidas por medio de las enfermeras, de los médicos y de usted. Joe está mejorando

Disfrute de unas bien merecidas vacaciones.

Con nuestro amor,

Joe y Evelyn (no son sus verdaderos nombres)

Un inmenso anzuelo emocional. "A pesar de estar tan ocupado". Yo le llevé una bendición. Soy más importante que el resto de los santos. Dios respondió expresamente mis oraciones. Ahora puedo irme a unas vacaciones bien merecidas. Sin saberlo, aquellas personas tan sinceras y maravillosas estaban reforzando mi megalomanía.

El modelo de ministerio basado en la dependencia echa abajo la enseñanza bíblica de que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y que todos sus miembros tienen una función valiosa que desempeñar. Podemos sostener la doctrina del sacerdocio universal de los creyentes, al mismo tiempo que la negamos por la forma en que ministramos en la iglesia local. Mientras apoyemos el que los pastores sean cuidadores autorizados, creamos que sólo ellos pueden ministrar de verdad, y los convirtamos en héroes cuando estén presentes en nuestros momentos de necesidad, estaremos creando un sistema en el cual los pastores son unos padres dominantes, y el pueblo de Dios está formado por unos niños perpetuos.

Aunque los pastores quieran romper con este malsano sistema, muchos de ellos vuelven al modelo de dependencia, porque hay que pagar un precio muy grande para convertirse en un pastor dedicado a equipar. Los pastores se sienten atrapados por las expectativas de las personas. La senda de la menor resistencia consiste en sucumbir ante las presiones de lo que desea la congregación, en vez de pasar por el doloroso proceso de reeducarla.

Un modelo más sano considera al pastor, no como el cuidador de los que no se las pueden arreglar por sí mismos, sino como el que equipa, anima, y proporciona un contexto en el cual adiestrar al pueblo de Dios para el ministerio.

Un Modelo De Ministerio Dedicado A Equipar

Encontramos una descripción bíblica de la labor pastoral en Efesios 4:11, 12: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo". 4

El diagrama de Ray Stedman que aparece a continuación 5 sirve como presentación visual del texto anterior.

Pablo definió este perfeccionamiento en función de los resultados. Se produce cuando los santos (los creyentes comunes y corrientes) realizan la obra del ministerio y es edificado el cuerpo de Cristo. Aquí es donde Satanás aparta a los pastores de su llamado, para que adopten el altisonante papel de cuidadores. Su estratagema es magistral. Hace que los pastores y maestros se aparten de la labor de equipar a los santos para el ministerio.

Hace una generación, el teólogo laico cuáquero Elton Trueblood escribió la obra The Incendiary Fellowship (La fraternidad incendiaria). En ella, propone que equipar al pueblo de Dios es el principal llamado de los que se encuentran en el ministerio pastoral. La afirmación siguiente es el mejor resumen que he leído del concepto del ministerio que tiene el Nuevo Testamento: "El ministerio es para todos los que comparten la vida de Cristo; el pastorado es para los que tienen el peculiar don de ayudar a los demás a practicar el ministerio al que estén llamados". 6

La palabra griega traducida como perfeccionar o equipar (katartismós) es instructiva. Una de sus acepciones procede del término médico usado para describir la labor de arreglar un hueso roto en una de las extremidades, o devolver a su sitio una articulación dislocada. Este perfeccionamiento conlleva el sentido de reparar una parte del cuerpo para que pueda volver a funcionar de acuerdo con su propósito peculiar. En Marcos 1:19, Jacobo y Juan están remendando sus redes. Las redes de pescar sólo son útiles si hacen aquello para lo cual fueron diseñadas. También se usa esta palabra para referirse a un artesano que trabaja con sus manos a fin de hacer algo útil o hermoso. Esto implica que cada santo tiene dentro del ministerio una función particular para la cual es adecuado.

El siguiente diagrama ilustra las diversas dimensiones del ministerio dedicado a equipar, que se pueden explorar de una forma más completa en mi libro Unfinished Business: Returning the Ministry to the People of God [Una labor inconclusa: devolver el ministerio al pueblo de Dios] 7 (página 136).

Ministerio

El ministerio no es lo que hacen los pastores, sino lo que hace el pueblo de Dios. Lo que corresponde al pastor es ayudar a los miembros del Cuerpo a encontrar y desarrollar sus capacidades, de manera que puedan contribuir a la edificación del cuerpo de Cristo.

Hay una imagen que define la relación del pastor que equipa con su pueblo, y que sería útil para describir la función de un pastor dedicado a equipar a la congregación actual. Trueblood propone algunas alternativas y rechaza otras. Si damos al pastor el título del ministro, parece que estamos dejando fuera a los demás miembros del pueblo de Dios, que también son ministros. Las Escrituras equivalen el título de pastor al de anciano, pero ser anciano no es realizar una función determinada. Supervisor o pastor son palabras que conllevan el cuidado y la protección del rebaño, pero no el enseñoramiento de él. Por estas razones, Trueblood se aventura más allá del lenguaje bíblico, y usa unas imágenes nuevas para definir la función del que equipa o perfecciona. Propone la imagen del entrenador como el mejor equivalente moderno. No obstante, sabiendo que la palabra "entrenador" podría dar la impresión de que los pastores sólo se dedican a gritar instrucciones desde fuera de la cancha, añade un calificativo: entrenador-jugador. En otras palabras, los pastores dedicados a equipar se asocian con los miembros de su iglesia en el juego del ministerio.

Una de las consecuencias que tiene el que se inste a los pastores a pasar del modelo de dependencia del cuidador al modelo del perfeccionador, es que crea una crisis de identidad. Si el pastor no es la persona de la cual la gente ha aprendido a depender, entonces, ¿quién es? Trueblood habla de esto: "La idea del pastor como perfeccionador es una idea muy prometedora, que devuelve el respeto personal a los que se hallan en el ministerio y se sienten dolorosamente desalentados ante el esquema convencional. Andar en busca de los poderes sin desarrollar, sacarlos a la luz, y convertir la potencia en realidad en la vida de los seres humanos es una labor que tiene validez en sí misma". 8

Recuerdo el impacto que causó el término "entrenador" la primera vez que lo utilicé para describir mi papel. Yo era pastor asociado. Mi título era Pastor para el desarrollo de líderes y el discipulado. Puesto que equipar a la gente para el ministerio en los aspectos de los pequeños grupos, los dones espirituales y el discipulado era una de las labores que integraban mi responsabilidad en el trabajo, estaba tratando de definir mi identidad como perfeccionador. Después de terminar mi primer artículo para la circular, firmé: "Su entrenador Greg".

La reacción que produjo ese término me tomó fuera de guardia. Al principio, a la gente le sonó divertido. Recibí palmadas en la espalda, acompañadas de comentarios como el de "¿qué tal está el entrenador?"

Obviamente, la gente podía comprender la imagen del entrenador. También rompía las barreras clericales. Sin embargo, hubo una conversación en particular que reforzó hasta qué punto la imagen del entrenador identificaba la relación entre el pastor y la gente.

Con gran entusiasmo, Shirley se me acercó para decirme: "Vamos a ver si lo he entendido bien. Si usted es nuestro entrenador, entonces debemos estar todos en el mismo equipo, ¿cierto?"

Le aseguré que no había dos equipos, uno de clérigos y otro de laicos.

Ella siguió hablando: "Si usted es nuestro entrenador, entonces su responsabilidad debe consistir en ayudarme a descubrir mi papel dentro del equipo y ayudarme a desarrollarlo, ¿no es cierto?"

"Así mismo es", le dije.

La imagen del entrenador trae a la realidad la idea de que la Iglesia, como cuerpo de Cristo, es un equipo en el cual todos los jugadores son valiosos y pueden contribuir de alguna manera. Por esta razón, la iglesia donde estaba trabajando en el norte de California adoptó como lema las palabras "En este equipo todo el mundo juega".

¿Qué implica el modelo de perfeccionamiento en cuanto a la forma de realizar la obra del ministerio? ¿Cómo hace florecer plenamente el modelo de perfeccionamiento al sacerdote universal de todos los fieles? Para que el ministerio de perfeccionamiento se convierta en una realidad, es necesario que cause un impacto en las prioridades del pastor, en el estilo de liderazgo, y en las estructuras de la vida de la iglesia.

Las prioridades

En el modelo de dependencia, el pastor es mayormente alguien que responde a las necesidades pastorales de la congregación. Muchas veces pregunto a los pastores cómo entran las personas en su calendario. ¿Son ellos los que buscan personas en las cuales hacen una inversión planificada, o se les meten las personas mismas en su calendario porque tienen una preocupación que necesitan que les resuelvan? ¿Cómo deben emplear su tiempo los entrenadores-jugadores? Lo deben emplear en el desarrollo de personas que se quieran dedicar al ministerio. Ésta es mi regla práctica: ochenta por ciento del tiempo del pastor que no esté dedicado a preparar sus sermones o sus clases, debe ser empleado en el veinte por ciento de la congregación que tiene el mayor potencial para el ministerio. Es una verdad inviolable que nuestro ministerio sólo triunfará por medio de los esfuerzos de unos discípulos que honren a Cristo y se comprometan a actuar.

Jesús comprendió esto mejor que nadie, y mejor que nadie dio ejemplo. ¿Por qué invirtió tanto tiempo en los Doce? ¿Por qué su oración de Juan 17:1-19, al final de su ministerio en la tierra, se centró en ellos? Porque los había adiestrado para que continuaran su ministerio cuando Él volviera al Padre. ¿De cuánta estrategia estamos usando nosotros al invertir nuestra vida en otros?

El estilo de liderazgo

Hay un estilo de liderazgo acorde con la labor de preparar a otros para el ministerio. El líder que perfecciona es en primer lugar una persona genuina. Los pastores que perfeccionan descienden del pedestal, se ponen al nivel del pueblo de Dios y comparten su peregrinar. Todo el que haya estado cerca de mí durante algún tiempo sabe que a veces me he sentido limitado por unos temores y unas ansiedades que no puedo definir. Mi estado empeoró tanto, que busqué la ayuda de aquellos que ejercen el don espiritual de sanidad en el cuerpo de Cristo. ¿Acaso disminuye esto mi autoridad? De ninguna manera. En primer lugar, le dice a la gente que estoy dispuesto a hacer lo que haga falta para convertirme en un buen representante de Cristo, y en segundo lugar, la gente piensa: "Se tiene que enfrentar a las mismas dificultades que todo el mundo. Si él se puede enfrentar a ellas, yo también".

Además de ser genuino con los demás, el pastor que perfecciona se complace en destacar y hacer resplandecer el ministerio de otros. El líder que perfecciona se goza en creer en el ministerio de otros, y verlo fructificar.

Doy una clase junto con Chuck, un laico de mi congregación. Todas las semanas, la gente me dice: "¡Qué buen maestro es Chuck! ¿Dónde lo encontró?" Podría interpretar los elogios que le hacen a Chuck como una crítica implícita a mi persona, o tal vez sus afirmaciones podrían alimentar en mí el deseo de acaparar toda la atención. En vez de eso, prefiero sentirme encantado de que Chuck esté ministrando dentro de un contexto en el cual resplandezcan sus dones.

Una estructura descentralizada

El ministerio que perfecciona es un ministerio descentralizado.

Los pequeños grupos. En Éxodo 18, Jetro sugiere a Moisés que gobierne a Israel colocando líderes capaces y dignos de confianza sobre grupos de miles, centenares, cincuentenas, y decenas. Es difícil imaginarse un ministerio perfeccionador sin una estructura de pequeños grupos en la cual se entregan a unos laicos preparados los instrumentos necesarios y la responsabilidad de encargarse de un grupo de diez personas. El líder más importante de nuestra iglesia no es el pastor principal, ni ninguno de los miembros del personal pagado, sino el líder de un equipo de ministerio o grupo de vecindario donde hay diez personas.

El descubrimiento de los dones. También se debe insistir en un ministerio que ponga a trabajar a todos los miembros, que todos los que son parte del pueblo de Dios han sido dotados y llamados para el ministerio. Tanto si usted dispone de un proceso formal de clases y entrenadores que ayude a las personas a ver con claridad cuál es la contribución que pueden hacer, como si esto es propio de la mentalidad de su iglesia, debe haber una atmósfera de autorización general que muestre que en ella se valora a todas las personas.

En un retiro, uno de nuestros líderes laicos usó unas palabras que resumen la forma en que debe funcionar el cuerpo de Cristo. Dijo: "No seremos perfectos, pero juntos, lo tenemos todo". Eso quiere decir que todos son necesarios. Dios ha dado dones a todos por medio de su Espíritu. Todas las personas tienen algo que aportar.

Discipulado. La obra de llevar a las personas a la madurez por medio del discipulado debe ser deliberada. El momento más importante de mi semana es el que paso con otros tres hombres desde las siete hasta las ocho y media de la mañana los miércoles. Nos reunimos con el propósito de madurar en Cristo y perfeccionarnos a nosotros mismos por medio de la multiplicación para discipular a otros.

El capítulo final del libro Liberating the Laity ["La liberación del laicado"], por Howard Snyder, se titula "Los pastores: libres para discipular". Snyder afirma que el principal enfoque del ministerio de un pastor es el discipulado: "Esencialmente, la prioridad más alta del pastor es invertirse a sí mismo en unas pocas personas más, de manera que ellas a su vez se conviertan en discipuladores y ministros de Jesucristo. Es entregarse a los demás y a la obra del discipulado de tal forma, que la norma neotestamentaria del liderazgo plural o consejo de ancianos se convierta en una realidad en la congregación local. En otras palabras, consiste en llevar el ministerio de todo el pueblo de Dios a una realidad práctica que funcione". 9

ConclusiÓn

Permítame terminar mi intento de hacer un contraste entre el modelo de dependencia y el modelo de perfeccionamiento, compartiendo el testimonio de la jornada de un pastor desde ser un cuidador que lo hacía todo, hasta convertirse en un líder dedicado a equipar. (Recibí la carta que aparece a continuación mientras era director de un programa de doctorado en el ministerio. Este pastor se refiere a mi libro Unfinished Business, del cual se derivan los pensamientos que recojo en este artículo).

"En 1998 sometí mi proposición (para el proyecto final), que fue aprobada. Usted señaló que necesitaba añadir su libro a mi bibliografía. En mi entusiasmo, compré el libro aquel mismo día. Sin embargo, después que comprendí por qué me había dicho aquello, mi entusiasmo se convirtió en desánimo. Quería escribir mi tesis sobre el pastor omnicompetente. Su libro, con sus radicales ideas, era un obstáculo en mi camino.

"En aquellos tiempos, estaba trabajando ochenta horas por semana, y lo hacía absolutamente todo dentro de mis posibilidades, para tener buen éxito en mi pastorado. Sin embargo, mi iglesia no crecía. En realidad, estaba perdiendo miembros y dinero.

"En diciembre de 1999, estaba de rodillas, pidiendo al Señor que me mandara a otra iglesia, pero Él no lo hizo. Después de orar aquella noche, me fui al sótano para encender la calefacción. Allí, sobre el horno, estaba su libro. Allí mismo me lo leí entero, mientras ardía la ira dentro de mí, porque usted estaba echando abajo todo lo que yo creía bíblico acerca del ministerio pastoral. Durante los seis días siguientes, lo leí cuatro veces, y cada vez me sentía más cómodo con su mensaje.

"Durante año y medio he estado aplicando su libro a mi ministerio. La gente de la iglesia se siente más relajada. En estos momentos tenemos veintiséis miembros que están ministrando directamente en cosas que hace un año habrían sido de mi sola incumbencia. Nuestra asistencia ha pasado de setenta personas a ciento ochenta. Sólo este año, durante los seis primeros meses, hemos bautizado veintiuna personas. Me llevó mucho tiempo interiorizar su mensaje, pero decididamente, me ha transformado la vida." 10

Earl Creps

Greg Ogden es pastor ejecutivo de discipulado en Christ Church de Oak Brook, Oak Brook, Illinois.

Notas

  1. Martín Lutero, "La cautividad babilónica de la Iglesia" (en inglés), Works of Martin Luther (Filadelfia: Westminster, 1943), pp. 282, 283.
  2. David Watson, I Believe in the Church (Grand Rapids: Eerdmans, 1978), p. 253.
  3. Jerry Cook, Love, Acceptance, and Forgiveness (Glendale, Calif.: Regal, 1979), p. 253.
  4. Esta cita está tomada de la Versión Reina-Valera 1960 de la Biblia, Copyright © Sociedades Bíblicas en América Latina; Copyright © renovado en 1988 United Bible Societies.
  5. Ray Stedman, Body Life (Glendale, Calif.: Regal Books, 1972), p. 81.
  6. Elton Trueblood, The Incendiary Fellowship (Nueva York: Harper and Row, 1967), p. 41. Cursiva del autor.
  7. Greg Ogden, Unfinished Business: Returning the Ministry to the People of God (Grand Rapids: Zondervan, 2003).
  8. Elton Trueblood, The Incendiary Fellowship (Nueva York: Harper and Row, 1967), p. 41. Cursiva del autor.
  9. Howard Snyder, Liberating the Church (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1983), p. 243. Para un estudio más amplio de lo que es la reproducción de los discípulos, vea Greg Ogden, Transforming Discipleship: Making Disciples a Few at a Time (InterVarsity Press, 2003) y el plan de estudios de Greg Ogden para discipular, titulado Discipleship Essentials: A Guide To Building Your Life in Christ (InterVarsity Press, 1998).
  10. Usado con permiso del autor.