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Imite En Su Iglesia La Estrategia De Cristo Para Crear Equipos

Por Neil B. Wiseman

El estilo de liderazgo de Cristo asombró al mundo. Nadie antes que Él había atraído jamás a unos potenciales líderes laicos con ideas exigentes y revolucionarias como las de sumisión, sacrificio, y servicio. Pero Él sí lo hizo. Asombró aun más a todo el mundo cuando mediante la gracia y el amor moldeó a sus discípulos, convirtiéndolos en cristianos firmes que llegaron a ser los miembros clave del equipo con el que se inició la iglesia apostólica.

Sus estrategias en el liderazgo dejaron atónitos a los romanos, que gobernaban al mundo con su poderío militar. Sus maneras de hacer las cosas confundieron a los griegos, que valoraban la cultura como la piedra angular de la civilización. Y asombró también a los judíos, que vivían para la estricta observancia de la Ley. Ellos tampoco pudieron creer que su Mesías moriría en una cruz.

La estrategia del Señor también marca un notable contraste con lo que muchas veces hallamos hoy en las iglesias. Hay congregaciones que se han enamorado de unos conceptos sobre el liderazgo que han tomado del mundo de los negocios. Tenemos que admitir que se han descubierto algunos puntos fuertes para el liderazgo en todo este proceso. Sin embargo, también han surgido algunos productos secundarios indeseados: la imagen, el engaño, la manipulación y el hambre de poder. En el extremo opuesto, otras iglesias han escogido el control, el statu quo, y la antigüedad como sofocantes cualidades que más desean en los líderes laicos.

Cristo nos proporcionó un milagroso remedio para ambos extremos, que a veces se encuentran hoy en las iglesias. Cada vez que los Doce le hacían preguntas acerca de puestos, poder o privilegios, el Maestro cambiaba serenamente la conversación hacia el servicio, el sacrificio, y el olvido de uno mismo. Les enseñaba a ellos, y también nos enseña a nosotros, que la satisfacción que perdura se halla en entregarnos a un derroche de servicio.

El Señor apeló a las ansias internas de los discípulos; esas ansias que comparten todos los seres humanos: el anhelo de hacer que su vida cuente para algo. Cuando respondían a su llamado, Él iba moldeando los talentos, la historia personal, y la experiencia de cada uno de esos discípulos para convertirlos en una fuerza a favor del evangelio. Les mostraba quiénes eran y les daba la visión de lo que podían llegar a ser. No sólo los enseñaba a "hacer obra" de ministerio, sino que se tomaba el tiempo necesario para explicarles el "porqué" del ministerio. Hasta les hizo la sorprendente promesa de que ellos harían cosas aun mayores que las hechas por Él.

Esa promesa se convirtió en un hecho histórico, como podemos ver con sólo una rápida lectura de la historia de la iglesia antigua. Conforme el cristianismo marchaba por las páginas del libro de los Hechos, la iglesia adaptaba sus esquemas de organización, al crecer de doce a ciento veinte, y después a miles de nuevos creyentes. Sin embargo, aunque los esquemas de organización cambiaban para aumentar la eficacia, no reducían en nada las exigencias espirituales para los potenciales líderes laicos. En ningún lugar se señalan estas cualidades con mayor precisión y claridad que en Hechos 6, pasaje que describe la selección del primer grupo de líderes laicos.

La lista de cualidades necesarias incluía el buen sentido, la fe, una buena reputación, y el ser llenos del Espíritu Santo. Observe que el primer grupo de siete hombres fue escogido para servir, y no para decidir. Su primera tarea consistió en servir a las mesas, y la segunda fue resolver las quejas de las viudas que había en la iglesia.

Nos sorprende ver que dos de los siete escogidos para servir a las mesas y resolver malentendidos, pronto se vieran envueltos de lleno en la batalla. Esteban se convirtió en el primer mártir. El testimonio que dio cuando era ejecutado ha influido sobre el mundo durante generaciones, gracias a la conversión de Saulo de Tarso. Felipe abrió el mundo de Samaria y el de Etiopía al evangelio. Las victorias continúan en el libro de los Hechos, una página tras otra, mientras los cristianos del siglo primero llevaban la obra de Dios desde Jerusalén hasta Judea, Samaria, y los confines de la tierra, tal como se lo había ordenado el Señor.

En cuanto a nuestras iglesias y nuestros ministerios, debemos hacernos varias preguntas apremiantes: ¿qué le dice a la obra de la iglesia hoy de la forma tan dinámica en que Cristo reunió y adiestró a sus discípulos? ¿Cómo lo hizo? ¿Qué podemos aprender de Él? Para hacer más concreta la aplicación, ¿cómo pueden desarrollar líderes laicos los pastores de hoy?

Mediante La Verdad Y La Gracia Atraiga Las Personas A Cristo

Cristo atraía a las personas con la verdad, la gracia, el sacrificio, el olvido de sí mismo, y el servicio. Su abnegado amor atraía a las personas; su afecto las arrastraba como un imán. Como ha sucedido a todas las generaciones durante veinte siglos, cuando alguien se acerca a Cristo, se produce un contagio espiritual llamado servicio.

Hoy, todo pastor tiene una doble responsabilidad como pastor de su gente y cabeza de su iglesia. Y no tiene por qué haber competencia entre ambas cosas. Es obvio que el pastor no puede permitir que su responsabilidad respecto a la gente se vea socavada por las exigencias institucionales de una iglesia. Pero tampoco puede permitir que se pase por alto o se destruya la iglesia institucional.

La decisión no es entre la persona y la institución, sino de qué forma hacerlos a ambos fuertes y sanos, de manera que se beneficien mutuamente. Lo que se necesita es entretejer el amor, la gracia, la confianza, el sacrificio y el servicio en la fibra misma de todo lo que hace la iglesia, sobre todo en los detalles de la labor que realiza el grupo que toma las decisiones.

Maximice El Impacto De Los Recursos Intangibles

La Iglesia tiene unos recursos tangibles que necesita administrar bien: dinero, propiedades, y personal, por ejemplo. Hay que cortar el césped, limpiar las bancas, recibir a los visitantes, y pagar las facturas.

Sin embargo, distinto de la mayoría de las organizaciones seculares, tiene también unos valores intangibles que la hacen única, significativa, y diferente a toda otra organización sobre la tierra. Aunque esos recursos intangibles no aparezcan nunca en los informes sobre el presupuesto, las chequeras, los organizadores ni los calendarios, se hallan entre las realidades más ciertas dentro de la obra de Dios. Es necesario describir, definir, apreciar y aplicar estas necesidades a todo el ministerio de la iglesia, sobre todo al desarrollo de los líderes laicos.

Aprecie Las CaracterÍsticas Únicas De Las Personas

Cristo escogió unos discípulos que tenían entre sí unas diferencias increíbles de personalidad, perspectiva, y procedencia.  

Observe la diversidad en las Escrituras: Pedro era un hombre de reacciones acaloradas; uno de esos personajes que hablan antes de pensar. Juan, cuya mentalidad lo llevó a querer quemar una población, más tarde fue llamado "el discípulo amado". Mateo era un recaudador de impuesto despreciado por todos. Tomás dudó. Andrés mostró los rasgos de un evangelista personal apenas comenzó a seguir a Jesús.

Cada uno de los discípulos tuvo su propia función separada e importante. Juntos, formaron un equipo con capacidades complementarias entre sí, que causó un fuerte impacto en su mundo a favor del evangelio. Ese grupo tan asombrosamente diverso es una clara demostración de que el Señor valora altamente a cada persona.

El apóstol Pablo, quien tenía experiencia con gente difícil de guiar, explica de qué forma se combinan las características únicas y la unidad para fortalecer la obra de una iglesia: "Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (1 Corintios 12:24b-27). 1

Tal vez estas diferencias sean parte de la estrategia del Señor para ayudarnos a comprender que los dones son complementarios, y hacen a la Iglesia fuerte, sana y eficaz. Peter Drucker, experto en el tema de la administración y escritor, desarrolla aun más esta idea cuando escribe: "Es un error común creer que como unas personas se encuentran en el mismo equipo, todas piensan igual. No es así. La razón de ser de un equipo es hacer eficaces los puntos fuertes de cada persona, e irrelevantes los débiles". 2

Tal vez vendría bien a los pastores tener en cuenta este consejo del dirigente profesional de béisbol, Joe Torre, para hacer el uso máximo de los dones y las habilidades que se complementan entre sí: "Hay que tomar el pulso a los jugadores, de manera que sepamos quién necesita una profunda atención personal, y quién no; quién necesita entrenamiento, y quién no; quién necesita un diálogo en privado con uno, y quién no; con quién se puede contar en los momentos difíciles, y con quién no". 3

La dinámica que hizo funcionar las cosas en el amanecer de la historia cristiana se centraba en Jesús, quien habló y caminó. Sin embargo, hubo más que eso, por utilizar una frase del entrenador Vince Lombardi. Jesús comprendió y utilizó la realidad de que "la forma de andar de un líder, habla por sí sola". Como el Señor, el pastor tiene que hablar y andar, recordando siempre que su manera de andar también habla.

En la congregación, todos los ojos están puestos en el pastor. Casi todo lo que él dice o hace envía un fuerte mensaje sobre lo que cree, y lo que es importante para él.

Utilice Las Oportunidades Para Adiestrar

Consulte de nuevo el texto bíblico y verá la forma en que Cristo se relacionaba con sus discípulos. Sus ojos veían el potencial que tenían, y el desarrollo de ese potencial ocupaba un lugar de suma importancia en su lista de prioridades. Como consecuencia de esto, siempre les estaba enseñando a vivir, a relacionarse entre sí y a ganar el mundo.

Cristo usó el ministerio activo para desarrollar a sus discípulos. Les dio un intenso adiestramiento en la misma labor. Hablaba con ellos, oraba con ellos, los animaba, les hacía advertencias, y los exhortaba. Los estimaba y confiaba en ellos. Así moldeó sus perspectivas y fortaleció sus almas. Ellos pudieron ver cómo Él amaba a la gente. Aprendieron mucho por haber recibido su ministerio, impacto personal que no se obtiene en un aula.

Las enseñanzas de Cristo y el aprendizaje de sus discípulos se producían muchas veces en medio de las colinas, los caminos, y las orillas del mar. Mientras viajaban juntos, Jesús les insistía en los fundamentos del amor, el perdón, la transformación, la dependencia de Dios y la santidad de vida. Cuando los llevó a Getsemaní, al Gólgota y por último a la tumba vacía, extendió su resistencia espiritual casi hasta quebrantarla.

Cuando Hay Mejor Gente, Hay Iglesias Más Fuertes

Cristo desarrolló gente espiritual resistente, y después la usó como personal clave para la obra del evangelio. Lamentablemente, hoy son demasiados los grupos que toman decisiones en las iglesias, que consideran su papel más como el del consejo de dirección de una empresa, que como el de un equipo de peregrinos espirituales. Como consecuencia, hay iglesias que son manejadas como una empresa comercial. Entonces, la iglesia se convierte en una organización humana, y no en un organismo santo. En este tipo de escenarios, muchas veces se escoge a una persona como líder, por lo que sabe, a quién conoce o qué tiene, y no por lo que es, o lo que puede llegar a ser. A veces, los líderes laicos erróneamente que lo que están haciendo es ocupando un cargo, y no sirviendo al Señor y a su Iglesia.

Los resultados pueden ser aterradores cuando una iglesia se convierte en una maquinaria bien aceitada que hace buenas obras en vez de convertirse en   una fuerza redentora que ofrece una transformación milagrosa. En otros ambientes, la iglesia se puede volver como la tienda del barrio, en la cual todo el mundo conoce a todo el mundo, en vez de ser una estación de rescate para las personas que se están ahogando en la desesperación y el quebranto.

Sin embargo, la situación no tiene que ser tan sombría. Muchas veces, cuando se enseñan a los líderes las posibilidades y se les enseñan las obligaciones que conlleva el hecho de que el líder es un siervo, sienten en ellos mismos la necesidad de establecer unas conexiones personales más íntimas con Cristo. Como consecuencia, llegan a una perspectiva de entrega total a los demás, un sentimiento realizador de ser parte del grupo, una creatividad imaginativa, una santa energía, un sentido de sociedad con Dios, y una seguridad de que se pueden superar los obstáculos.

Su nueva relación con los demás creyentes, y su conexión más cercana con el Señor, hacen que el líder laico sea una mejor persona y un cristiano más sólido, noble suerte que muchas veces se pasa por alto. El ejercicio y la disciplina fortalecen su energía espiritual. Ayudan a crear una presión social positiva que anima a los demás a mantenerse en su tarea. Crecen en su semejanza a Cristo. Y los de fuera se sienten atraídos a la iglesia.

Ser parte de un grupo de toma de decisiones en una iglesia es algo que puede transformar de manera radical a los miembros, haciéndolos pasar de simples espectadores a miembros del equipo, y de críticos a defensores.

Inspire Presentando Una RazÓn De Vivir

En la sociedad occidental, después de satisfacer sus necesidades básicas de alimento, techo, y abrigo, las personas quieren saber si su vida tiene sentido, si ellos cuentan para algo; si vale la pena estar vivo. Los investigadores Richard Leider y David Shapiro llegan a esta conclusión: "Uno de los temores mortales de la mayoría de la gente es el de haber llevado una vida sin sentido". 4

Cristo respondió a la pregunta sobre el sentido de la vida con un breve resumen de 14 palabras: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10b). Mientras desarrollaba a sus discípulos para convertirlos en cristianos auténticos y completos, los estaba preparando para fundar la Iglesia. Les estaba mostrando el amor ágape . Les estaba dando oportunidades para crecer, para poner a prueba sus talentos, para tener buen éxito, para cometer errores, aun para meterse en situaciones embarazosas. Pareció estar dispuesto a hacer casi cuanto fuera necesario para ayudarlos a triunfar.

DÉles Una MisiÓn Con El TamaÑo De Dios Mismo

Este concepto era radical y visionario en tiempos de Cristo. Piénselo: un maestro itinerante que retó a un pequeño grupo de seguidores comunes y corrientes a ganar el mundo entero. De vez en cuando, los seguidores de Jesús debieron de haberse vuelto unos a otros para decirse: "¿Acaso no sabe Él quiénes somos? Debe de estar exagerando. Nadie ha ganado jamás el mundo entero".

Aunque sólo había once discípulos después de la deserción de Judas, su Maestro les encomendó la Gran Comisión. Al darles esa tarea, les prometió también infundirles poder, y estar con ellos hasta el fin de los tiempos (Mateo 28:18-20). Once y Uno sumaban una fuerza tan invencible en la extensión del evangelio, que el mundo nunca ha vuelto a ser lo que era antes.

Ese era el modelo del Señor para entonces, y lo es para ahora. Él da a su Iglesia una tarea tan grande, que le exige que haga el mayor de los esfuerzos, además de depender por completo de Dios. La suerte personal en esto es que los discípulos de entonces y los líderes laicos de ahora, se van desarrollando espiritualmente mientras el poder divino obra por medio de ellos.

DÉ Por Seguro Que HabrÁ Conflictos

Por su naturaleza misma, el evangelio suscita conflictos. Siempre está llamando a las personas a cambiar, con frecuencia el cambio causa resistencia, y la resistencia produce conflictos. Así es como el evangelio reemplaza lo viejo con lo nuevo, el pecado con la salvación, el statu quo con la transformación, las tinieblas con la luz, la destrucción con la sanidad... y la lista podría seguir hasta el infinito. Unos cambios tan drásticos perturban a alguien; puede estar seguro. Los líderes pastorales deben asegurarse de que los conflictos tengan sus raíces en el evangelio, y no en su propia opinión, o en su fuerte necesidad de controlar.

Los conflictos causados por las exigencias del evangelio hay que bien recibirlos y resolverlos. El objetivo es manejarlos de tal forma que se vuelvan creativos y útiles en vez de ser destructores. Las personas deben tener la libertad de defender lo que creen, siempre que lo hagan con humildad y respeto a los demás.

Muchas veces los líderes se preocupan sin necesidad por los conflictos que podrían producirse. Muchos asuntos de los que se podría esperar que dañaran a una iglesia, ocurren raras veces. Necesitamos recordar el consejo de Calvin Coolidge: "Nunca salgas al encuentro de los problemas. Si te quedas sentado y tranquilo, en nueve de cada diez casos, alguien los interceptará antes que te alcancen a ti". 5

Convierta El Grupo Dedicado A Tomar Decisiones En Una Fraternidad Llena De Amor

En la iglesia local, y sobre todo entre los que toman decisiones, la mayoría de las cuestiones giran alrededor de las relaciones humanas. Parte del proceso usado por Cristo con el fin de preparar a sus discípulos para su partida, fue enseñarles a amarse entre sí, y amarlo mejor a Él. Les enseñó que el amor es el principal ingrediente de todo lo que hace la Iglesia. El amor conecta a las personas con el Señor. Es la fuerza motivadora de todas las iglesias eficaces. Pasa por alto las faltas y los fracasos. Trata a los demás de la forma que quiere ser tratado. Atrae a las personas hacia el Señor. El amor es el distintivo básico de la iglesia del Nuevo Testamento.

Cuando preguntaron a Jesús que dijera cuál era el mayor de los mandamientos, Él contestó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mateo 22:37-40).

Un amigo mío lo resume muy bien de esta forma: "El amor del Calvario funde la rudeza, fomenta el perdón, sana las relaciones, promueve el compañerismo, e inflama el testimonio". 6

En unos tiempos en los cuales prevalecen las necesidades e ideas respecto a las relaciones, la Iglesia necesita ser la Iglesia. El clamor por una comunidad ha alcanzado un nivel febril en la sociedad estadounidense, especialmente los que pertenecen a la generación perdida, o son más jóvenes aun. Palabras como relaciones, familia, pertenecer, hogar, fraternidad, comunidad, trabajo en equipo, comunión, aceptación , y unión deben ser parte del lenguaje cotidiano de una iglesia eficaz. La Iglesia debe amar lo que ama el Señor; es decir, amar a todos sin excepción. Debe aceptar el amor del Padre como guía de vida. Debe amar al Señor, a su pueblo y a su mundo.

Las Escrituras son claras, reconfortantes y aun tranquilizadoras, cuando el Señor nos recuerda lo importante que es el amor en la Iglesia: "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:23).

La Abrumadora Necesidad De Que Los Pastores Desarrollen LÍderes Laicos

Como ya hemos visto, la forma en que Cristo edificó a su Iglesia consistió en levantar unos discípulos robustos, y después edificar la Iglesia por medio de ellos. Llevar a la práctica esta idea en una congregación local es algo que exigirá mucho más que ofrecer unas cuantas sesiones de adiestramiento administrativo. Exigirá al pastor que haga todo cuanto pueda por ayudar a los miembros del grupo que toma las decisiones a convertirse en auténticos modelos de la Iglesia dentro de su iglesia.

Para que esto se produzca, se debe reconocer y resolver un confuso dilema. Muchas veces se escoge para que trabajen en consejos clave y comités a personas que no tienen idea alguna de lo que debe ser la Iglesia. Tratan de guiar en algo que no comprenden.

Hay varias causas posibles. Muchos funcionan en iglesias que se dedican a muchísimas cosas buenas mientras descuidan su propia razón de ser. Otras congregaciones ponen demasiado pronto a los recién convertidos en puestos clave, generalmente porque los veteranos están cansados, aburridos, o son apáticos. Hay iglesias guiadas por pastores que no ven la necesidad de desarrollar líderes. Con cualquier buena persona que esté dispuesta a asistir a unas cuantas reuniones, les basta. Algunas iglesias proporcionan oportunidades formales de adiestramiento sin interesarse por la piedad y la pureza personal, así que tienen eficacia sin autenticidad espiritual. Otras creen que los líderes laicos se ofenderían si se esperara de ellos que se comprometieran a desarrollarse y crecer como condición para seguir siendo líderes. Como consecuencia, reina la confusión en demasiados lugares.

Una buena forma de abrirse paso a través de esa confusión consiste en revisar lo que debe ser la Iglesia. Entre las metáforas más fuertes de las Escrituras se halla una frase descriptiva de Pablo: "El cuerpo de Cristo" (1 Corintios 12:27; Efesios 4:12). Observe que no se trata de un cuerpo solamente, sino del cuerpo de Cristo.

Pablo se goza en los ministerios complementarios de todos los miembros de ese cuerpo de Cristo, cuando escribe: "[Cristo,] de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor " (Efesios 4:16, 7 cursiva del autor).

William Barclay, erudito experto en Nuevo Testamento, agudiza nuestro entendimiento con estas inspiradoras palabras: "La Iglesia es el instrumento, el agente, el arma, el organismo por medio del cual se deben llevar a cabo los propósitos y planes de Jesucristo. Por medio de ella, Jesucristo les quiere llevar luz, vida, y salvación a los seres humanos. Aquí está la gloria de la Iglesia: en que es el instrumento necesario en las manos de Cristo". 8   El cuerpo de Cristo --al que tal vez algunos prefieran llamar "la familia del ágape de Jesús"-- se convierte en sus manos, sus pies, su voz y su amor obrando en el mundo. Y observe cuáles son los resultados que señalan las Escrituras: el Cuerpo será sano, crecerá, y estará lleno de amor.

En su decisión de trabajar por medio de la Iglesia, Dios ha tomado como socios a los pastores y los líderes laicos en la obra del evangelio. Jesús, el gran Maestro, enseñó a sus discípulos --y enseña a todos los que vengan tras ellos-- que conocer por qué trabajamos en su Iglesia, y a quién servimos en ella, es igualmente importante que conocer la forma de servir. Servimos al Señor. Y servimos para ofrecerles nueva vida a todos.

En el proceso de desarrollo utilizado por Cristo hay tres cosas muy claras: (1) se necesita desarrollar líderes laicos; (2) el desarrollo de los líderes laicos debe ser continuo; (3) el desarrollo de los líderes laicos causa un impacto en la persona que es adiestrada, en la iglesia, y en la vida espiritual del pastor que la adiestra.

Amigo pastor, adelante.

Neil B. Wiseman

Neil B. Wiseman es escritor, orador, y educador. También es el fundador y director del Instituto para la Pequeña Iglesia. Reside en Overland Park, Kansas.

Notas

1. El Texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

2. Citado por H. B. London y Neil B. Wiseman, Becoming Your Favorite Church (Ventura, Calif.: Regal, 2002), p. 40.

3. Joe Torre y Henry Dreher, Joe Torre's Ground Rules for Winners: 12 Keys To Managing Team Players, Tough Bosses, Setbacks, and Success (Nueva York: Hyperion, 1999), pp. 11,12.

4. Citado por Laurie Beth Jones en The Path (Nueva York: Hyperion Books, 1996), p. x.

5. Nota sobre Calvin Coolidge, citado por Louis E. Boone, Quotable Business (Nueva York; Random House, 1992), p. 85.

6. Paul S. Rees, "Lift Up Your Eyes -- From Reporting to Interpreting", World Vision Magazine, noviembre de 1973, p. 23.

7. El Texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

8. William Barclay, The Mind of Paul (Nueva York: Harper and Brothers Publishers, 1958), p. 248.