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La liberación de la iglesia: Un enfoque organizado

Por Craig E. Sweeney

Las iglesias que perfeccionan a sus miembros no son efecto de un accidente. Son resultado de una oración, una planificación, y una práctica deliberadas. Cuando alguien quiere edificar una casa, no comienza por los planos. Comienza por soñar con cierta casa. Sólo después que el sueño toma forma, se diseñan y desarrollan los planos. El arquitecto dibuja una imagen que usará como guía para el diseñador y los constructores a lo largo de todo el proceso. Los planos dan instrucciones paso por paso para construir la casa de sus sueños. Los edificadores utilizan esos planos y esa imagen muchas veces durante cada etapa de la construcción, de manera que la casa de los sueños se convierta en una realidad.

Con las iglesias sucede lo mismo. Primero fueron imaginadas en el corazón de Dios, y después su sueño tomó forma. El apóstol Pablo ayudó a identificar esa forma de lo que Dios había imaginado. En su epístola a los Efesios, describe el cuadro de lo que Dios sueña para la Iglesia del Nuevo Testamento (cap. 4). Los versículos son breves, pero la imagen tiene una profundidad considerable.

Pablo describe un cuadro del cuerpo de Cristo repleto de vida y esperanza, dedicado a perfeccionar a las personas para su llamado, de manera que se puedan unir a Dios en la realización de sus planes para la humanidad. Verdaderamente, es la Iglesia liberada, y realizando algo que sólo a Dios se le habría podido ocurrir.

Muchos se detienen a admirar este retrato de una Iglesia que alcanza "la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). Con frecuencia, después de contemplar esta imagen, nos alejamos inspirados por sus posibilidades, pero nos sentimos incapaz de reproducir en nuestras iglesias su profundidad de vida, su vitalidad, o su capacidad para perfeccionar.

Es necesario que nos preguntemos: ¿acaso es posible tener hoy una iglesia dedicada a perfeccionar, y rebosante de una vida y una esperanza así? ¿O es que la imagen descrita por Pablo no era realista?

LAS COSAS NO PASARÁN POR ACCIDENTE

Es posible llegar a ser la iglesia soñada de Efesios 4, pero eso no será por accidente. Los pastores deben mantener los ojos fijos en el sueño en todas sus etapas. Ese sueño sólo tomará forma mediante un esfuerzo deliberado y organizado para cambiar la cultura de la iglesia. En este artículo, describiré una manera organizada y funcional de hacer las cosas.

Cuando examinamos los planos de una iglesia que perfecciona a sus miembros, vemos que hay dos medidas fundamentales que determinan su buen éxito: la dedicación de los líderes a ese perfeccionamiento y la dedicación del ministerio a él. Ambas cosas se deben medir. Ambas colaboran para alcanzar la meta general de perfeccionar a los santos. He aquí la primera de estas dos medidas.

LA MEDIDA DE LA DEDICACIÓN DE LOS LÍDERES AL PERFECCIONAMIENTO

Esta primera medida no debe ser una simple suposición. Es la que determinará si su sueño seguirá siendo un sueño. Todas las iglesias tratan de perfeccionar algo a su gente, pero no todas son iglesias dedicadas al perfeccionamiento. La iglesia verdaderamente dedicada al perfeccionamiento encarna en sí una cultura de perfeccionamiento. Sus líderes están dedicados al desarrollo y mantenimiento de una cultura así en todos los aspectos de la iglesia.

He aquí algunas observaciones acerca de la dedicación de los líderes a una cultura de perfeccionamiento.

Tratar de alcanzar una cultura de perfeccionamiento es buscar el cambio

Esta búsqueda medirá el nivel de dedicación de los líderes. Los cambios que es necesario hacer son significativos y deben comenzar en los niveles más altos. El cambio da vida, pero no podemos dar por seguro que todos lo aceptarán. A la gente, aun a la gente buena, no le gusta los cambios. Muchas veces los líderes proclaman: "Ya yo estoy dedicado a perfeccionar a los santos". Si los líderes encarnaran ese perfeccionamiento como cultura , ya estarían viviendo el sueño.

LA CULTURA QUE PERFECCIONA COMIENZA CON LA DESCRIPCIÓN CORRECTA

Cuando describamos el aspecto que tiene una iglesia que triunfa y honra a Cristo, debemos estar seguros de que estamos viendo lo mismo que Dios ve. Piense en las descripciones de la iglesia que aparecen en Hechos 2:42-47; 4:32-35.

Efesios 4 es el cuadro más destacado de toda la galería. En los demás cuadros se puede aprender mucho, pero Efesios 4 es el producto terminado. Los otros no lo son. Aquí, el pueblo de Dios se entrega a sus planes para la humanidad. Sus integrantes se perfeccionan juntos, "para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" (Efesios 4:12-15).

Observe que no se dice nada acerca de un talentoso grupo que dirija la adoración, ni sobre las dependencias de la iglesia, el estilo de música, los dramas, la próxima reunión extraordinaria, o aun acerca de la cantidad de gente que asiste a los cultos. Estas cosas son importantes dentro del contexto propio, pero no son el resultado. Sólo son instrumentos para que los utilice la iglesia. Son vagas imágenes, comparadas con el vibrante cuadro de Efesios 4.

Efesios 4 es el cuadro de una Iglesia que está cumpliendo con la Gran Comisión. En la cultura de la Iglesia hoy, con sus muchas distracciones, necesitamos mantener los ojos fijos en el cuadro propio.

Las oraciones de fe de una cultura dedicada a perfeccionar

Estas oraciones continuas son motivadas por la fe en que las personas reconocerán el llamamiento que han recibido de Dios, y el potencial redentor que ellas mismas tienen en Cristo. Son oraciones que demuestran que el mayor recurso al alcance de una iglesia son sus miembros, y que la gente quebrantada tiene un potencial redentor. Éstos son los valores de una cultura que perfecciona. Las oraciones de un líder dedicado a perfeccionar a los demás son guiadas por la convicción de que cada persona tiene su propio valor dentro del plan de Dios. Estos líderes oran para que se les abran los ojos, de manera que puedan ver los dones que Dios ha depositado en cada persona. Oran para pedir sabiduría y discernimiento, a fin de perfeccionar y liberar esos dones. Son oraciones que no muestran que ellos se están apoyando en la cantidad de dinero que pueden obtener, sino en lo que Dios puede realizar por medio de la gente.

El trabajo de una cultura dedicada a perfeccionar

La cultura dedicada a perfeccionar se centra en un trabajo de equipo eficaz. Su principal preocupación no es la clase de trabajo que produce uno de los miembros del personal. Los miembros del personal no son contratados para ser los profesionales del ministerio. Se los debe contratar para que creen y adiestren equipos de socios laicos, que sean los que realicen los esfuerzos ministeriales. En esta cultura, no se los elogia cuando hacen el trabajo de cinco personas mientras ponen en peligro sus relaciones familiares. Se los elogia porque se aseguran de que haya cinco personas que hagan el trabajo que les corresponde a ellas cinco.

La persona que trabaja fuera de sus dones y de sus sentimientos, se agota y ocupará su lugar entre los cínicos de la congregación. Necesitamos evitar los procesos que fabrican cínicos. Las culturas que perfeccionan no quieren que todo el mundo trabaje donde sea, sino que las personas idóneas trabajen en los lugares debidos, y en su momento apropiado.

Las estrategias de una cultura dedicada a perfeccionar

Las estrategias no tienen tanta preocupación por los números, como por la calidad. La obra de hacer discípulos se realiza de uno en uno. Las reuniones en grupos grandes desempeñan su papel en estas estrategias, pero en algún momento se necesita ese adiestramiento de persona a persona. Por lo general, las grandes reuniones son costosas y atraen a la gente que ya asiste a las iglesias, pero es una mejor estrategia la de llevar el mensaje de esperanza a las almas perdidas. Muchas iglesias planifican reuniones con la idea de llevar más gente a su edificio, y poder hablarle allí. La iglesia que perfecciona usa su tiempo y sus recursos en adiestrar a la gente, de manera que pueda ministrar en lugares a los cuales el pastor no tiene acceso.

Las metas y prioridades de una cultura dedicada a perfeccionar

Se necesitan metas a largo plazo para perfeccionar, que se extiendan entre uno y cinco años. Entre esas metas a largo plazo se hallan las siguientes: levantar nuevos líderes laicos que hagan lo que ha estado haciendo el personal pagado (esta meta libera al personal pagado para que haga las cosas que le encanta hacer); desarrollar mentores; desarrollar nuevos planes de estudio para ayudar en los esfuerzos de perfeccionamiento; relacionarse con los líderes laicos y sus expectativas en cuanto a perfeccionar a otros líderes laicos. Las metas y las prioridades deben reflejar la cultura dedicada a perfeccionar.

Los indicadores para medir el buen éxito en una cultura dedicada a perfeccionar

Los indicadores que se suelen usar hoy para medir el buen éxito son unas vagas imágenes de Efesios 4. Una buena asistencia y una economía sana no lo dicen todo. George Barna, en su obra Growing True Disciples , afirma: "En el presente, son menos de la mitad de los adultos nacidos de nuevo (44 por ciento) los que están convencidos de que hay verdades morales absolutas". Cincuenta y seis por ciento no lo está. Sólo "55 por ciento afirma que la principal influencia en su forma de pensar acerca de las verdades morales, es la de la Biblia, o de las enseñanzas religiosas que reciben". Estas personas asisten a nuestras iglesias. Los números no nos dicen lo que queremos escuchar. La cultura que perfecciona se pone a un nivel personal con su gente y la hace vivir su fe. Los días en que se suponía que todo el mundo estaba de acuerdo con lo que se predicaba o enseñaba, hace mucho que pasaron.

Se necesitan nuevos indicadores del buen éxito. Ese buen éxito se puede decidir viendo quién participa en el proceso de discipulado; cuántas personas diezman; cuántas participan continuamente en los ministerios; cuántas están ocupadas en relaciones personales por medio de pequeños grupos, o de las clases de la escuela dominical; cuántos hogares en crisis han sido salvados del divorcio, y cuántas personas se está liberando para que se dediquen a nuevos ministerios. Estos indicadores no son perfectos, pero dan una buena evaluación sobre si se está convirtiendo o no a alguien en discípulo de Jesucristo.

Las culturas que perfeccionan colocan en los puestos a las personas después de haberlo pensado cuidadosamente

Los líderes de las iglesias que perfeccionan reciben mayores responsabilidades si sus dones indican que reúnen las condiciones para recibirlas. Es necesario que se piense con cuidado los ascensos de las personas a los puestos. Muchas iglesias tienen demasiados jugadores en su personal de entrenadores. Los entrenadores y los jugadores usan habilidades distintas; son parecidas, pero son distintas. Lo típico es que los puestos de alta responsabilidad exijan mayor capacidad para perfeccionar a los demás. Ahora bien, los que pueden realizar bien una tarea no se convierten de manera automática en buenos entrenadores. Se puede afirmar que Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos; sin embargo, si no puede entrenar o perfeccionar a un jugador para que juegue como él jugaba, sería de poca ayuda para el equipo en la posición de entrenador. Hacerlo entrenador es algo que no sería justo para él, no para el equipo. Coloque a las personas en los puestos, de acuerdo con sus dones.

Las culturas que perfeccionan crean un legado

El pastor deja su legado cuando pasa a trabajar a otro lugar, o cuando se va a estar con Cristo. Y necesitamos preguntarnos: ¿Seguirán los demás lo que yo comencé, y lo llevarán adelante después que me haya ido? O bien: esta actividad, ¿debe seguir adelante cuando yo me haya ido?

Si se establece una cultura dedicada a perfeccionar, la visión y los sentimientos del pastor se convertirán también en la visión y los sentimientos de otros. Si perfeccionamos a otros para que se unan a nuestros esfuerzos, estaremos asegurando que el sueño que tenemos no muera. El mayor legado que dejamos los líderes dedicados a perfeccionar a otros no queda escrito en tarjas sujetadas a las paredes interiores de los edificios. El mayor legado que dejamos detrás, queda escrito en el corazón de las personas a las que hemos ayudado. Cada vez que una nueva persona se une a Dios en sus planes para la redención de la humanidad, nuestro legado sigue vivo, y nuestro fruto permanece.

Imagínese que cada uno de los miembros de su personal y de sus líderes laicos se dedicara a una cultura de perfeccionamiento. Éste es el primer paso para convertirse en una iglesia dedicada a perfeccionar. El siguiente paso consiste en examinar con toda sinceridad los ministerios de su iglesia.

La Medida Del Grado De Dedicación De Un Ministerio Al Perfeccionamiento

Cuando se haya obtenido la entrega de los líderes, el paso siguiente en el plano de la iglesia dedicada a perfeccionar es que los ministerios de esa iglesia reflejen la cultura de perfeccionamiento. Se necesita examinar cada uno de los ministerios y departamentos, para determinar si son eficaces en la labor de perfeccionar a las personas. Los departamentos que son eficaces perfeccionan de manera deliberada a las personas al mismo tiempo que se realiza su ministerio.

No todos los ministerios son eficaces en este perfeccionamiento. La mayoría de ellos no fueron comenzados ni se han ido manteniendo como ministerios dedicados a perfeccionar. La mayor parte nacieron del deseo de satisfacer una necesidad. Por ejemplo, los hombres de la iglesia necesitan ayuda para ser los hombres que Dios los ha llamado a ser, así que se comienza un ministerio para los hombres. Tal vez se produzca algún perfeccionamiento en pequeñas dosis, pero se podría hacer mucho más.

Cada ministerio necesita la autorización de los líderes principales para medir su dedicación presente al perfeccionamiento. La escuela dominical es un ministerio dedicado a perfeccionar. En realidad, un ministerio perfecciona sólo cuando tiene como meta hacer discípulos. Muchas escuelas dominicales no perfeccionan con eficacia. Funcionan con el piloto automático conectado. Usan el libro o la serie de grabaciones del momento, y enseñan sin que les preocupen gran cosa los resultados. Cuando se termina una serie, aumenta la emoción ante la serie nueva, aunque las lecciones que se acaban de aprender no hayan sido incorporadas a la vida de las personas. Los seres humanos tienen una capacidad muy especial para escuchar enseñanzas durante semanas, y seguir siendo los mismos de antes.

Es posible medir lo dedicada que está la escuela dominical al perfeccionamiento. Se puede medir por su grado de determinación a enseñar con deliberación. Se necesita que las clases comiencen con la meta del crecimiento en mente. Por ejemplo, el crecimiento en la mayordomía del dinero, la comprensión de los papeles de esposo, esposa o hijo dentro de la familia, o la comprensión de las formas en que los años de jubilación se pueden usar para beneficio del reino de Dios. Una vez que la mayoría, o el maestro de la escuela dominical, han fijado una meta, se deben usar unos materiales que lleven a las personas en esa dirección. Entonces se pueden dividir en pequeños grupos con el fin de orar para pedir a Dios fortaleza a fin de responder correctamente a lo aprendido en la semana. Con el tiempo, se forman relaciones que permiten que se rindan cuentas mutuamente y que se animen unos a otros. El perfeccionamiento motiva a las personas a aplicar a su vida e interiorizar lo que se les enseña. Es posible que se produzca en pequeñas dosis en la escuela dominical, pero ésta debe trabajar de una manera más deliberada en la labor de hacer discípulos.

Se deben medir todos los ministerios de la iglesia. Una vez medidos, los líderes pueden diseñarlos de nuevo para que perfeccionen a las personas. Por ejemplo, el propósito del ministerio de visita a los hospitales es acercarse a las personas enfermas y necesitadas que haya en ellos, pero este ministerio también puede perfeccionar. Si los líderes actuales se llevan consigo a otras personas, y les enseñan a hacer visitas a los hospitales, entonces habrá ya dos personas adiestradas para visitar. A menos que los principales líderes creen estas expectativas, muchos ministerios no adiestrarán de forma automática a otras personas para que ministren. Esta es una de las razones por las cuales lo primero que debe suceder es que los líderes se comprometan a perfeccionar. John Maxwell afirma: "Todo se levanta o cae de acuerdo con los líderes".

El último punto que ha de tenerse en cuenta es un plan de discipulado. ¿Cuál es la mínima cantidad de información que necesita alguien para ser un seguidor eficaz de Jesucristo? ¿Cuáles son las doctrinas, prácticas o disciplinas básicas que todo el mundo necesita? Responder a estas preguntas es el primer paso en el desarrollo de un plan de discipulado. La iglesia debe ofrecer una serie de clases y de oportunidades para ejercer la labor de mentores de persona a persona, donde los miembros puedan obtener esa información. Es de esperar que haya nuevas personas que visiten continuamente la iglesia. Es necesario que durante todo el año haya nuevas oportunidades para el discipulado al alcance de esas personas.

Nuestro plan comienza con los obreros de altar. Se los adiestra para que animen a las personas a profundizar su compromiso, asistiendo a una clase o entrando en una relación de mentoría. Las clases y los mentores enseñan las doctrinas y disciplinas fundamentales. Después de terminar esta etapa, se invita a las personas a unirse a un pequeño grupo y a la próxima clase dentro del itinerario para nuevos creyentes.

Tenemos por lo menos seis clases que componen el proceso de discipulado. Es una forma eficaz de familiarizar a los recién llegados con la comunidad de la iglesia. Los procesos de discipulado son distintos en las diversas iglesias. La meta es liberar para el ministerio a personas que estén bien preparadas y reúnan los requisitos necesarios para servir. Termine el proceso de discipulado con una breve clase para evaluar los dones espirituales de los participantes. A continuación dé a las personas la oportunidad de ver qué opciones están disponibles en la iglesia en cuanto al ministerio.

Las iglesias que perfeccionan a sus miembros no lo son por accidente. Son resultado de una oración, una planificación, y una práctica deliberadas. El sueño sólo puede tomar forma cuando se lleva a la práctica un enfoque deliberado y organizado para cambiar la cultura de la iglesia. El perfeccionamiento no es algo que surge de la nada en una iglesia. Es necesario que las iglesias pasen por un proceso de planificación en el cual se termine autorizando a los líderes a trabajar como líderes dedicados a perfeccionar a los demás. Hace falta que los líderes y los diversos departamentos del ministerio se comprometan a esto. Se deben dedicar tiempo y recursos para adiestrar a los miembros y reorientar a los líderes. La forma en que la iglesia usa el tiempo, y las expectativas de los pastores y de los líderes laicos, son distintas, cuando este perfeccionamiento se realiza de una manera deliberada.

Tal vez muchos líderes piensen que este cambio en la cultura de la iglesia suena abrumador, y aun aterrador. Creo que está repleto de posibilidades y de oportunidades. ¿Cuánto no se obtendría con que sólo la mitad de la gente que hay en la iglesia supiera cuál es su lugar dentro de los planes de Dios, fuera perfeccionada, y después se la liberara para que participara en esos planes? Esta clase de iglesia es llena de gozo, sensacional, colmada de bendiciones, y bendecida con la aprobación de Dios. Me encanta ser líder de este tipo de iglesia. Por supuesto, no es una iglesia como las de siempre, pero eso es algo bueno.

Earl Creps

Craig E. Sweeney es pastor asociado de Peoples Church (Asambleas de Dios), Fresno, California.