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Una respuesta a Pilato: el concepto de la verdad en el contexto postmoderno
Por Stanley J. Grenz
"¿Qué es la verdad?", preguntó Pilato en retórica como respuesta a la afirmación de Jesús de que había venido al mundo a testificar de la verdad (Juan 18:38). Muchas personas, especialmente los que se educaron antes del decenio de 1970, pudieran descartar las nostálgicas palabras de Pilato como anticuadas maquinaciones de un escéptico premoderno. Para la respuesta a la pregunta, sin duda dirigirían al gobernador romano a los avances científicos modernos que, según ellos, han contribuido al descubrimiento de muchas verdades acerca del mundo que se desconocían en el primer siglo. No obstante, en el momento que la comprensión científica de la verdad parece haber alcanzado indiscutible soberanía, la inquietante pregunta de Pilato — "¿qué es la verdad?" — ha resurgido con fuerzas.
Verdad Participatoria
Contrario a lo que algunos comentaristas sugieren, los postmodernos no han descartado la verdad. Más bien, como la gente en todas las épocas, ellos también buscan la verdad. Sin embargo, los postmodernos tienden a operar desde un concepto de la verdad que difiere del reinante punto de vista moderno.
Nació la era moderna cuando ciertos filósofos llegaron a la conclusión de que por fin habían determinado una respuesta definitiva a la pregunta de Pilato. La verdad, afirmaron, es una característica de verdaderas declaraciones, y una declaración es cierta si expone acertadamente el caso. Un paralelo con este concepto de la verdad es la suposición de que el mundo opera conforme a leyes universales. Esta suposición apareció en toda fuerza durante la Ilustración (en los siglos XVII y XVIII). Aunque las leyes de la naturaleza funcionan independientemente de la mente humana, la teoría de los pensadores de la Ilustración era que las leyes de la naturaleza se podían discernir por medio de la razón humana. Por consiguiente, la verdad (o falsedad) de cualquier declaración en particular muy bien se puede determinar, por lo menos en teoría, al compararla con la dimensión del mundo que pretende describir. Por lo tanto, una afirmación es cierta si corresponde a --es decir, si con precisión representa o correctamente describe-- una faceta o un detalle específico del mundo. Por ejemplo, según el concepto moderno de la verdad, la afirmación "la nieve es blanca" es cierta si la nieve de veras es blanca. Podemos establecer si es cierta la declaración al inspeccionar la nieve para determinar el color.
La mayoría operamos sobre la base de suposiciones similares. El proyecto moderno, no obstante, llevó el asunto un paso más lejos. Los pensadores de la Ilustración creían que lo que la razón humana supuestamente puede imaginar no tiene límites. Esperaban que los descubrimientos científicos con el tiempo idearan la verdadera y completa descripción del verdadero mundo. Al hacerlo, esperaban inaugurar una sociedad utópica.
El postmodernismo cuestiona las suposiciones centrales del modernismo. Según los postmodernos, la verdad no es meramente una cualidad inherente de declaraciones que debidamente atribuyen propiedades al mundo. Tampoco la verdad se limita a lo que puede ser verificado solo por la razón y el método científico empírico. En cambio, los postmodernos están convencidos de que, además de la razón, hay otras maneras de conocer, mediante los sentimientos y la intuición. Los posmodernos no ven al mundo como ámbito de leyes impersonales, sino como histórico, relativo, o que guarda o expresa relación, personal, y participativo.
Los postmodernos, por lo tanto, contestarían a la pregunta de Pilato con una invitación a que participe de la verdad. A menos que Pilato participara en lo que Jesús personificaba nunca conocería que Él es el Cristo. Para que Pilato conociera la verdad tenía que responder personalmente a la invitación del Maestro: "Venid y ved". Los postmodernos pudieran también instar a Pilato a comprender que el descubrimiento de la verdad implica a la persona completa. Tiene que tocar sus sentimientos y despertar su intuición, como también satisfacer su razonamiento. En realidad, la senda al conocimiento implica simultáneamente todas estas dimensiones. Por esta razón, Pilato debiera haber tomado en serio el desconcertante sueño de su esposa. Por medio de su intuición, él pudiera haber percibido lo que el cinismo intelectual le impedía aceptar.
Verdad Elaborada
La moderna infatuación con la verdad como la equivalencia de declaraciones con una supuesta realidad objetiva llevó a una comprensión en particular de cómo se obtiene la verdad. Los pensadores de la Ilustración alegaban que la búsqueda de la verdad requiere observación objetiva, esto es, ver al mundo desde una perspectiva neutral por encima del mundo.
Los postmodernos niegan el concepto de un punto de vista de Arquímedes --una "vista de la nada"-- desde el cual se puede obtener un punto de vista puramente objetivo. El mundo no solo es participativo, afirman, sino que las personas construyen el mundo que experimentan mediante los conceptos le traen. Por lo tanto, las palabras que se usan para describir al mundo, que incluyen términos tan empíricos como nieve y blanco , no denotan ni describen realidades existentes. Más bien, el lenguaje consiste de un conjunto de convenciones sociales o estructuras humanas acordadas que nos permiten experimentar el mundo de manera particular.
Algunos postmodernos afirman que no vivimos en un solo mundo objetivo. Creen que vivimos en el mundo particular que nosotros mismos construimos. Por consiguiente, no hay una base exacta para determinar la verdad, ningún mundo real que compararlo para adjudicar una final manera objetiva entre los distintos mundos lingüísticos de varios grupos de personas. Como resultado, muchos postmodernos permiten que haya lado a lado construcciones aparentemente conflictivas de la realidad.
El concepto postmoderno de la verdad se puede ilustrar por la siguiente situación. Un domingo por la mañana, una mujer católica que había dejado de practicar su religión, por invitación de una estudiante asistió a una iglesia pentecostal. Debido a una enfermedad, esa estudiante no estuvo presente en el culto. Más tarde, esta mujer dijo a su amiga que, después del culto, había sentido pasar al frente del santuario donde el pastor oró por ella. "Allí en el altar -explicó--, me desmayé."
Al oír esto, la estudiante pentecostal exclamó: "No te desmayaste, sino caíste bajo el poder del Espíritu."
El modernismo trataría de determinar lo que realmente sucedió ese domingo por la mañana. La investigación se centraría en lo que constituía el punto central en cuestión: ¿se desmayó la mujer o cayó en el poder Espíritu? El modernismo trataría de contestar a la pregunta mediante un punto de vista objetivo, neutral, e imparcial.
Para los postmodernos, no obstante, desmayarse o caer en el poder del Espíritu no es una descripción correcta o incorrecta de lo que sucedió, sino dos opciones con un marco de referencia conceptual. Estos son meramente dos aspectos de dos distintas cosmovisiones de la comunidad. La comprensión inicial de la mujer de lo que sucedió en el culto de la iglesia pentecostal estaba dentro de un marco de referencia moderno y científico. En este ámbito lingüístico --un ámbito donde reina el método científico-- las personas se desmayan. Pero en la conversación con su amiga, la mujer conoció otro ámbito lingüístico, el de los pentecostales. En esta cosmovisión, las personas también pueden caer en el poder del Espíritu.
El punto es este: en la era moderna, la atracción al lenguaje de ciencia empírica se consideraba como el único mundo real. El conocimiento científico, con su atractivo a los datos neutrales y objetivos alcanzados mediante observación imparcial e inconexa se veía como el único reclamo de una noble designación de la verdad. El postmodernismo cuestiona la limitación del concepto de la verdad a la esfera de ciencia empírica.
Los postmodernos, por lo tanto, pudieran sugerir a Pilato que su preparación cultural como romano lo predisponía a considerar la entrega religiosa de la manera cínica que caracterizó su respuesta a Jesús. Pero Jesús le ofreció un nuevo marco de referencia, una nueva manera de verse a sí mismo, y nuevas categorías que comprendían un glorioso y nuevo mundo en que pudiera haber vivido. La invitación de Jesús a Pilato fue: "Cambia de mundo".
Verdad Narrada
El incidente de la mujer que visitó la iglesia pentecostal evidencia otro aspecto del punto de vista postmoderno de la verdad. La verdad está asociada a narrativas.
Como ya mencioné, la comprensión moderna de la verdad se fundamenta en la creencia de que el mundo opera según leyes universales que se pueden discernir por razonamiento. Por consiguiente, el modernismo busca las incambiables leyes que gobiernan nuestra cambiante vida. Los modernos generalmente ven los relatos solo como ilustraciones de principios que permanecen. Una vez que descubrimos el universal y aplicable principio que ilustra una narrativa en particular, podemos descartar la historia. En cambio, el postmodernismo ve una conexión integral entre la experiencia y la verdad. La verdad es un relato que se ha vivido. La meta de la narrativa no es sólo extraer la verdad que supuestamente ilustra, sino hacerse parte de la historia.
El pedido de Jacobo y Juan, de puestos especiales en el reino venidero del Señor, ilustra esto (Marcos 10:32-45). Al explicar este texto, el predicador moderno generalmente trata de analizar minuciosamente la historia bíblica para hallar el eterno principio que la narrativa ilustra. El pensador moderno trata de responder a preguntas. Por ejemplo, ¿qué verdad universal y transcultural trataba Jesús de transmitir a sus discípulos? ¿Qué lección quiere Mateo que sus lectores aprendan de la historia? Estas preguntas tratan al texto como indicador de una más profunda verdad que como una personificación de la verdad misma.
En contraste, un predicador postmoderno, busca atraer a sus oyentes a la narrativa. Para él, la verdad no radica en los principios que la historia supuestamente indica, sino en la historia misma. Emerge la verdad cuando los oyentes son atraídos al relato, cuando se convierten en Jacobo y Juan, y cuando oyen la amonestación del Señor.
El carácter narrativo de la verdad se puede ver también en los sacramentos u ordenanzas de la Iglesia. Los debates referentes a la presencia de Jesús en la Eucaristía, cosa que ha inquietado a teólogos desde el siglo XVI, hallan aquí su lugar. No obstante, desde una perspectiva postmoderna, el poder de estas celebraciones no radica en los intentos de describir si se debe -o cómo se debe-- ser bautizado o celebrar la Cena del Señor mediante gracia divina. Más bien, el bautismo y la Cena del Señor son aspectos promulgados. La meta de estos ritos comunitarios es que los creyentes nuevamente participen en estos acontecimientos bíblicos de esta manera simbólica. La participación anima a los creyentes a que también vivan a diario esa historia. De esta manera se manifiesta la gracia en la vida del creyente.
El postmoderno, por lo tanto, pudiera responder a Pilato al hablarle de "la antigua historia de Cristo y de su amor". Al hacerlo, el apologista se convierte en evangelista. Esta narrativa invita al cínico gobernador romano a dejar la narrativa inculcada en él por su pagano e imperial señor, y le ofrece la oportunidad de participar en el glorioso relato de la obra de Dios en Cristo al reconciliar al mundo a sí mismo.
Verdad PragmÁtica
La idea de que el mundo está formado por las convenciones sociales que ofrece la gente lleva a una contundente comprensión de la verdad. Los postmodernos declaran que las verdades específicas que la gente acepta --y hasta su comprensión de la verdad-- es una función del grupo social o la comunidad en que viven. La verdad encaja dentro de cierta comunidad; la verdad comprende las reglas generales que facilitan el bienestar de una comunidad.
La naturaleza comunal de la verdad resulta en una nueva clase de relativismo. Este nuevo relativismo es precipitado por la vida en grupos sociales --o tribus-- que tienen su propio idioma, sus propias creencias, y sus propios valores. El más antiguo relativismo individualista elevó la elección personal a "sé todo" y "haz todo". Sus máximas eran: "Cada uno por su cuenta" y "Todos tienen derecho a tener su propia opinión". Los postmodernos, en contraste, tienden a defender un relativismo comunal que se expresa en máximas tales como: "Lo que a mí es lógico quizá no lo sea para ti" y "Lo que en nuestro contexto no es aceptable, puede ser bueno o hasta preferible en tu contexto".
La situación postmoderna se condensa en un episodio de Viaje a las Estrellas: la Próxima Generación titulado " Ética ". Un accidente ha vuelto cojo a Worf, el teniente de navío. En la sociedad de Klingon, esto significaba casi lo mismo que la muerte. Según la costumbre de su cultura, Worf piensa quitarse la vida. Le pide a su buen amigo William Riker que lo ayude en el ritual de la muerte. Resistiéndose a participar en tal despreciable acto, Riker acude al capitán de la nave, Jean-Luc Picard, para pedir consejo. En vez de acogerse a cualquier concepto individualista u objetivo de absolutos y el universal concepto del bien y del mal, Picard sugiere a Riker que, desde su perspectiva cultural, al ayudar a Worf puede aparentar que acepta un acto de suicidio; pero que el mismo acto, visto desde la perspectiva cultural de la sociedad de Klingon, es perfectamente permisible, y hasta necesario. Entonces concluye sus comentarios aconsejando a Riker que tome su decisión basado en la necesidad de Worf y en el hecho de que Worf, considerándolo un amigo de confianza, le pide ayuda.
Nuevamente, emerge aquí la comprensión pragmática de la verdad. Para los postmodernos, la pregunta de Pilato solo se puede responder dentro de cierto contexto social. Visto desde esta perspectiva, la verdad no está confinada por indubitables hechos que atribuyen cualidades al mundo . En cambio, la verdad es activa. La verdad es lo que cumple una meta. La verdad es lo que da resultado. La verdad se expresa en las relaciones entre los miembros del grupo.
La comprensión postmoderna de la verdad es un gran desafío y ofrece una gran oportunidad a los creyentes. A los postmodernos no les impresionan los bien pensados argumentos que supuestamente comprueban el derecho de la iglesia a la verdad, sino más bien la vida de una comunidad que acepta la verdad. Por consiguiente, al ser vista desde la perspectiva postmoderna, la respuesta final a la pregunta de Pilato yace en la comunión de los discípulos que viven a la luz del crucificado y resucitado Jesús por el poder del Espíritu Santo que ha sido derramado. Antes de que se conviertan a Cristo los posmodernos se convierten a la comunidad. Pero esto no debe sorprendernos. Jesús declaró: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35). El amor de unos por otros entre los que aman a Dios y son amados por Él es la máxima descripción de la clase de verdad que, cuando se conoce, nos libera (Juan 8:32).
Adaptado de "Participating in What Frees: The Concept of Truth in the Postmodern Context," publicado originalmente en Review y Expositor 100/4 (otoño 2003): 687-93. Usado con permiso.
El finado Stanley J. Grenz fue profesor de teología en Carey Theological College, Vancouver B.C., y profesor de estudios teológicos en Mars Hill Graduate School, Seattle, Washington.