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Depresión, estrés, y agotamiento:

¿Qué me pasa?

Por Archibald D. Hart

¡Agotamiento! ¡Extenuación! ¡Surmenage! Estas son imágenes justificadas, pero apenas describen el síndrome que aflige a personas que se dedican a ayudar al prójimo. Agotamiento: el máximo castigo para los que se preocupan demasiado como parte de su trabajo.

El agotamiento es un "síndrome de extenuación emocional, despersonalización, y menos realización personal, que puede sobrevenir a las personas que tienen un trabajo en que deben tratar con gente". Es un resultado de la tensión crónica y emocional de tratar constantemente con gente. Si estas personas tienen problemas, entonces el agotamiento puede ser muy rápido y devastador.

La previa definición no capta de forma aceptable la esencia del agotamiento. La teoría no nos ayuda a comprender cuán destructiva y extenuante puede ser la preocupación por los demás. El pastor, que una vez estaba lleno de vigor y entusiasmo, que motivaba a los demás a servir al Señor y llevar una vida santa, y que se preocupaba de su congregación, queda reducido a inútiles escombros, emocionalmente exhausto, y profundamente temeroso. La esposa del pastor, que solía ser la perfecta anfitriona, muy capaz de calmar las aguas turbulentas y aplicar un suave bálsamo de palabras confortantes y de un oído dispuesto a escuchar, se pone nerviosa cada vez que suena el teléfono, le da terror pensar que alguien puede tocar a la puerta, y más que nada quiere que la dejen en paz. O el pastor que una vez con paciencia y bondad se empañaba en sobrepasar los prejuicios y proyecciones de ignorantes e insensibles feligreses se convierte en un recluso solitario, aislado, profundamente deprimido, que no puede levantarse en la mañana y que oculta sus siestas como un alcohólico no declarado trata de cubrir su vicio.

Un modelo de sobrecarga emocional con poca recompensa o aprecio en el contexto de sentimientos de impotencia es lo más crítico del síndrome de agotamiento. ¿Por qué los pastores están más expuestos al agotamiento? Porque ellos:
  • no han aprendido la debida manera de cuidar de los demás.
  • se preocupan demasiado por sentido de obligación.
  • se preocupan demasiado y se sienten incapaz de dar soluciones.
  • se preocupan demasiado todo el tiempo.
  • no cuidan lo suficiente de la recuperación personal.

Los pastores tienden a envolverse demasiado emocionalmente y a contraer demasiadas obligaciones, y entonces se sienten abrumados por las exigencias emocionales impuestas por otros. Y cuanto mayor sea el número de personas bajo su responsabilidad, tanto mayor será la posibilidad de agotamiento.

Una vez que el agotamiento se presenta, los pastores no creen que tengan algo que ofrecer a los demás. No es que no quieran ayudar; no pueden. Ya no tienen energía.

El agotamiento también ha sido denominado fatiga de compasión. El músculo del corazón amante de un pastor se debilita y pierde fuerza. Ya no puede bombear amor y cuidado vivificador al resto del cuerpo necesitado. De vez en cuando puede producir oleadas de compasión en tiempos de emergencia, pero repentinamente y sorpresivamente esto cesa en los momentos más inoportunos. La maquinaria de amor queda impotente y silenciosa, en espera de un milagro que le vuelva a dar vida. Para muchos el milagro nunca ocurre. Entonces el síndrome se llama agotamiento. (Véase en la columna lateral: "Examínese: verificación del agotamiento".)

¿Es el agotamiento algo que realmente ocurre? ¿Pudiera ser que nuestra crédula mente occidental sea tan propensa a la moda, que corremos el peligro de crear un monstruo sencillamente por darle un nombre? ¿No será que nos apresuramos a excusar cada momento de pereza o incompetencia simplemente como un síntoma de agotamiento? ¿Nos impide esto tener un comportamiento responsable? ¿Llegará a ser el agotamiento una manera de escurrirle el bulto al problema? ¿Es el agotamiento una excusa para dejar el ministerio, abandonar el matrimonio, o renunciar a cualquier actividad que requiera persistente e implacable dedicación?

El discipulado nunca es fácil. El siervo de Dios no se puede disuadir por falsos desastres, obstáculos inventados, o exageradas debilidades. Para la mayoría de los pastores el agotamiento no es ninguno de éstos. Es un verdadero peligro, producido en personas dedicadas y bien intencionadas que se preocupan de otros, que tienen buenas intenciones, y que dependen de la ayuda del Espíritu Santo. Sencillamente descubren que el hombre tiene sus limitaciones. Cuando se exceden estas limitaciones, se paga el precio del agotamiento.

La advertencia a no permitir que el concepto del agotamiento sea una excusa para evadir responsabilidades es bien intencionada. Pero, por otra parte, es mejor prevenir que curar. Una profunda comprensión del agotamiento puede servir para establecer con exactitud los escollos de este devastador y extenuante problema. Mi intención con este artículo no es tanto que un debate del inevitable potencial para el agotamiento entre pastores provea un conveniente encubrimiento de la incompetencia, sino que unos cuantos lectores reconozcan de inmediato como la realidad del síndrome y el hecho de que son víctimas del mismo. Es mucho más fácil comprender que las máquinas llegan a un punto de inutilidad por el uso excesivo, que convencer a tantos bien intencionados y dedicados ministros y personas que se dedican a ayudar al prójimo que esto pudiera ocurrir a ellos.

Es muy paradójico creer que uno es un siervo de Dios y a la vez reconocer que se está al borde del agotamiento. Muchos ven esto como prueba de fracaso en vez de considerarlo como una señal de advertencia de un cuerpo o de un espíritu extenuado.

¿Es el agotamiento el precio inevitable que hay que pagar por preocuparse demasiado por otros? ¿Es el máximo castigo por ser un canal de la gracia de Dios? ¿Es inexorablemente e implacablemente inevitable que nos afecte cuando el motivo del servicio es tan sincero y el propósito tan trascendente de las cosas del mundo? De ninguna manera. Hay una gran diferencia entre desgastarse (en que se gasta inútilmente su energía), y el control del agotamiento en que uno deliberadamente y por diseño se entrega al máximo de su habilidad para que al final de la vida haya un sentido de haber dado todo de sí. La primera es destructiva. La segunda glorifica a Cristo.

Nuestra dedicación al ministerio cristiano debe ser un ejemplo a otros, en cualquier vocación. El verdadero siervo de Dios no tiene que ser destruido prematuramente por ignorancia de los principios básicos que rigen los aspectos fisiológicos y espirituales de nuestra existencia, ni por impropios motivos y culpa. Si cumplimos algunos principios fundamentales podemos con eficacia cuidar del prójimo sin sufrir agotamiento.

COMPRENDA LA DIFERENCIA ENTRE ESTRÉS, DEPRESIÓN, Y AGOTAMIENTO

Cuando oímos o leemos acerca del agotamiento, pronto comprendemos que muchas personas están confundidas respecto de lo que es el agotamiento y lo que es el estrés, o más bien la angustia mental, que es la dañina consecuencia del estrés. Hay algunas similitudes entre el agotamiento y el estrés. Hay también muchas diferencias. Algunas similitudes son justificadas y reales. Muchas son erróneas.

¿Por qué debemos diferenciar entre el agotamiento y el estrés? Por tres importantes razones:
  1. Las causas del agotamiento son muy distintas a las del estrés.
  2. Hay una diferencia apreciable entre las curas del agotamiento y las del estrés.
  3. La aceptación de las esenciales diferencias entre el agotamiento y el estrés puede servir para definir más efectivos mecanismos preventivos.

No sólo es común confundir los problemas del estrés con los del agotamiento, pero muchos también confunden los problemas de la depresión con el agotamiento. Los pastores que están pasando por una simple (aunque dolorosa) depresión pudieran confundirla con el agotamiento. Esto tiende a complicar el problema puesto que se culpa una causa errónea. Muchos de los que deberían estar buscando tratamiento para la depresión quedan desconcertados y confundidos por esotéricas y confusas racionalizaciones respecto del supuesto agotamiento. Si el problema es la depresión, la cura claramente está en buscar tratamiento de la depresión. Pero si el problema es el agotamiento, la cura puede requerir muy complejos y significativos cambios en el estilo de vida. Si el problema es la depresión, especialmente la que ocurre debido a factores internos del organismo, con un debido tratamiento se puede tener alivio en pocas semanas. El agotamiento puede requerir muchos meses o hasta años de ajustes para una recuperación efectiva.

Para ayudar al lector en el desarrollo de una mejor comprensión de las diferencias entre el estrés, la depresión, y el agotamiento permítame describir los factores esenciales de cada uno.

EL ESTRÉS

Hans Selye, el padre de la investigación del estrés, lo define como "la no detallada respuesta del cuerpo a cualquier demanda". Enfatiza que el cuerpo puede reaccionar de la misma manera a muchas clases de presión, buena y mala. La emoción de predicar un buen sermón o ver un partido de fútbol puede producir tanto estrés como enfrentarse después de una sesión de la iglesia a un airado miembro de la junta directiva. Aunque uno provoca buen estrés y el otro mal estrés (o angustia mental), ambos exigen lo mismo de ciertas partes del cuerpo y desequilibran el descanso normal. Demasiado de cualquiera de estos produce estragos en el cuerpo.

La más devastadora forma de estrés se produce por la respuesta de "lucha o escape". Este es el sistema de reacción del cuerpo a las emergencias. Este sistema lo prepara para tratar con cualquier amenaza física o sicológica. Cuando usted se enoja, provoca esta reacción. Cuando lo invade el temor, también la provoca. Los complejos cambios en el cuerpo lo preparan para luchar (incluidas las diversas reacciones a la ira) o escapar.

Cuando constantemente se somete al sistema a esta respuesta de emergencia y cuando no hay nada por qué luchar o de lo cual escapar, el cuerpo se adapta a este estado y produce complejas hormonas de estrés de las glándulas suprarrenales que causan un mayor estado de desgaste en el cuerpo.

Lamentablemente, para muchos pastores es estimulante este estado de angustia mental. Se convierten en adictos a un alto nivel de adrenalina en la sangre y aun les parece estimulante y placentero. Para ellos el estrés es el camino que lleva a la emoción; pero es también el camino a la autodestrucción.

Aunque los pastores no pueden eliminar completamente el estrés, todo buen líder necesita saber cómo reconocer el estrés excesivo; esto es, cuando su cuerpo no puede recuperarse rápidamente de enormes demandas. Los síntomas de la angustia mental tienen como fin advertirlo del excesivo desgaste, y proveen complejos controles reguladores para restaurar el funcionamiento óptimo. Estos síntomas incluyen dolor de cabeza, apretar los dientes, insomnio, tensión muscular, problemas gástricos, presión alta, y palpitaciones de corazón. Muchos pastores consideran estos síntomas como obstáculos en su desempeño o buen éxito, que necesitan superar, más bien que señales a las que deban acatar. Los pastores sencillamente quieren desasirse de estos obstáculos. Ellos los desdeñan o los borran con medicación. Esto puede aliviar los síntomas, pero no detienen el excesivo desgaste del cuerpo.

Mientras que la prolongada angustia mental puede producir agotamiento, el estrés es esencialmente distinto al agotamiento en que los síntomas son consecuencia del uso excesivo del cuerpo. Estos síntomas se producen por la sobreproducción de adrenalina y la constante provocación de la respuesta de "lucha o escape". El estrés pudiera también denominarse "la enfermedad del apuro". Pocas veces el problema del estrés detiene el paso de la víctima; no hasta que se produzca el último golpe, con úlcera, embolia cerebral, o ataque al corazón.

El agotamiento es cualitativamente distinto. Es mucho más protector que destructivo. Puede intervenir cuando usted va rumbo a la destrucción debido al estrés y puede sacarlo del ambiente de mucha tensión. Cuando esto sucede suele ser una gran bendición. Al momento, detiene a la persona y produce un estado de letargo y desconexión. En este sentido hasta puede ser funcional. El sistema se para antes de que estalle.

LA DEPRESIÓN

La depresión es el más complicado de todos nuestros sentimientos; no obstante, uno de los más comunes problemas sicológicos que una persona puede experimentar. Alguien lo ha denominado el "resfriado" de los sentimientos.

Es un sentimiento de melancolía o tristeza que generalmente viene acompañado de una especie de freno o disminución de la velocidad del cuerpo, y no solo de la mente. (Véase en la columna lateral "Síntomas comunes de la depresión".)

Todos estamos propensos a experimentar la depresión. En algún punto de la vida, probablemente una de cada cinco personas experimentarán una depresión tan aguda que las impida llevar una vida normal.

Casi siempre hay depresión en el agotamiento. Quizá se presente sólo como problemas de tensión. Cuando está presente en el agotamiento, es un síntoma de la afección y no necesariamente un problema en sí.

La depresión producida por estrés es siempre a consecuencia de agotamiento suprarrenal. El cuerpo produce un estado de depresión en que la falta de ánimo, la pérdida de interés en las acostumbradas actividades, y la fatiga física tiene como fin levantar a la víctima de la febril competitividad de la vida moderna, lo cual produce un estado de letargo. El letargo, a su vez, permite al cuerpo descansar y recuperarse de la carga de tensión.

La depresión puede ser una reacción a lo que está sucediendo en la vida, y a grandes pérdidas. Esto se conoce como depresión reactiva. Casi todas las personas lidian con esta clase de depresión en su vida diaria. Si tenemos estabilidad emocional, podemos tratar debidamente con esas pérdidas, y la depresión dura poco. Si no tenemos esta estabilidad, la depresión persiste y puede empeorar o resultar crónica.

Por ejemplo, muchas personas tienen la "depre" el lunes por la mañana al prepararse para enfrentar las exigencias de la semana. Para algunos, la "depre" es un período bajo en su ciclo emocional que normalmente sigue a un período de gran emoción. Esos ciclos son muy normales y se determinan por nuestra fisiología individual, a cierto grado por el clima, por infecciones, y por muchas otras circunstancias. Son la manera en que el cuerpo regula la función inmunológica y nos obliga a descansar. La "depre" no debe alarmarnos. Si cooperamos con ese sentimiento, mejoraremos el estado general del cuerpo y la mente.

A veces el estrés sacará a la luz la depresión debida a factores internos del organismo. Esta depresión se produce por complejos disturbios en la química del cuerpo que, en cierto sentido (que todavía no se comprende claramente), están relacionados con alguna debilidad o defecto en los neurotransmisores del sistema nervioso. Cuando se los sujeta a prolongado estrés, puede resultar en depresión bioquímica. Gran parte de la depresión que se ve en personas ambiciosas que trabajan demasiado y bajo constante presión (incluidos los ministros del evangelio) puede ser de esta clase. Puede ser precursora del agotamiento y aun puede apresurar la renuncia total que caracteriza al agotamiento. Pero también puede ser algo totalmente aparte e independiente, y que nunca producirá el síndrome del agotamiento.

El agotamiento

El estrés y la depresión no son lo mismo que el agotamiento. Aunque estos males pueden terminar en agotamiento pudieran fácilmente tomar rutas totalmente distintas. Un cuerpo exhausto por demasiado trabajo, presionado más de lo que razonablemente puede tolerar, y drenado de recursos, pudiera llegar al agotamiento. Pero se puede llegar al agotamiento también por otras rutas que el estrés y la depresión. (Véase en la columna lateral "Las diferencias entre agotamiento y estrés".)

En esencia, los estados de extremo agotamiento comprenderán algunos de los siguientes o todos:
  • desmoralización: creer que uno ya no sirve como pastor.
  • despersonalización: tratar a sí mismo y a otros de manera impersonal.
  • desprendimiento: renunciar a todas las responsabilidades.
  • distanciamiento: evitar los contactos sociales e interpersonales.
  • derrotismo: un sentimiento de fracaso y la pérdida de toda esperanza de poder evitar la derrota.

¿QUIÉNES PADECEN DE AGOTAMIENTO?

El agotamiento tiende a manifestarse con más frecuencia en las vocaciones que tienen que ver con ayuda al prójimo. Los pastores son especialmente vulnerables al agotamiento porque están más expuestos a las necesidades de la gente y, desde el punto de vista humano, por lo general tienen menos recursos que ofrecer.

Los antecedentes emocionales del agotamiento en las profesiones en que las personas que se dedican a ayudar al prójimo incluyen situaciones en que hay exigencias emocionales por largos períodos de tiempo. La persona que ayuda generalmente tiene altos ideales, junto con excesivas expectativas personales que no aceptan el fracaso. Hace falta también el debido apoyo social para ayudar al "ayudador" a aceptar los limitados recursos, tanto personales como de la organización.

Casi todos los pastores se clasificarían altamente en cada uno de estos antecedentes. Si no fuera por los recursos del evangelio, el ministerio del pastor sería imposible. Cuando un pastor sucumbe al agotamiento, eso no refleja la inefectividad del evangelio. Es meramente el reconocimiento de que la gloria del evangelio está contenida en vasos humanos. No se sorprenda si una y otra vez tienden a dar prueba de su debilidad.

CÓMO SALIR DEL AGOTAMIENTO

Como en el tratamiento de toda enfermedad, la cura comienza con el reconocimiento del problema. El agotamiento nunca se debe considerar como prueba del fracaso. A veces el agotamiento es el plan de Dios para su vida. Es la única manera en que puede captar su atención.

El agotamiento es un importante sistema protector, una señal que nos advierte que hemos perdido el gobierno de nuestra vida. No tema la cura del agotamiento. Sobre todo, concédase el permiso de experimentarlo. Reconozca que lo está protegiendo de una suerte mucho peor.

Ore por sabiduría y valor para alinear su vida con los planes y propósitos de Dios. Prestar atención a las señales de advertencia de la desintegración de su sistema es sólo el primer paso. Seguir resueltamente el remedio requerirá mucha paciencia y perseverancia.

El precio del agotamiento puede ser muy alto para el pastor y también para la iglesia. La recuperación tiene su precio. Todos los allegados al pastor --su familia, los feligreses, y sus amigos-- serán afectados por su agotamiento. Lamentablemente, muchas víctimas del agotamiento pasan inadvertidas y, por lo tanto, no reciben ayuda. Esto por lo general lleva al abuso de drogas o bebidas alcohólicas (por lo general en secreto), o a la depresión de aislamiento que consume el espíritu del afectado de la misma manera que un cáncer. El Espíritu de Dios quizá no reciba una entusiasta y efectiva respuesta del corazón de estas víctimas del agotamiento. La oración les parecerá una pesadilla, no hallarán consuelo en las Escrituras, y el pensamiento de tener comunión con los hermanos en la fe evocará sentimientos de pánico. Lo que es aun más desafortunado es que muchos no reconocerán que tienen este problema. Lo negarán, rechazarán aceptarlo, y aun culparán a otros o a las circunstancias por su infortunio, pero ni por nada reconocerán sinceramente su estado de agotamiento.

SIGA LOS CONSEJOS DE SU CÓNYUGE O DE UN AMIGO

A veces puede ser necesario que el cónyuge o un amigo encaren a la víctima con reacciones sinceras. En realidad, no he visto a muchos pastores o misioneros que han tomado la iniciativa de buscar ayuda por su problema de agotamiento. Siempre es debido a la preocupación de otra persona que dan un paso decisivo. Durante la primera visita el pastor dirá: "Mi esposa está preocupada por mí. No creo que tengo un grave problema, pero para complacerla estoy aquí." ¡Bravo! Hacerlo por el cónyuge es mejor que no hacerlo.

Tenga presente que el agotamiento no indica fracaso

Como el agotamiento por lo general es producto de malas circunstancias y no de malas personas, hay que asegurar al pastor que su agotamiento no necesariamente es prueba de fracaso personal. Lamentablemente, debido a la sensible naturaleza de los mecanismos de culpabilidad que tiene la mayoría, los pastores tienden a atribuir el agotamiento a defectos en ellos y no a las circunstancias de su trabajo. Esto puede producir un sentido de pérdida personal y causar una profunda depresión. En tal depresión, el pastor no buscará ayuda a no ser por insistencia de un amante cónyuge o de un amigo. Las palabras tranquilizadoras de que hay salida del abismo, sin provocar aun más sentimientos de culpa, pueden abrir la puerta a más ayuda.

Busque ayuda profesional

Los casos de grave agotamiento --el pastor se halla en un estado de confusión emocional, tiene mucha fatiga, está pesimista y deprimido, se encierra en sí mismo-- deben ser tratados por un profesional. El agotamiento puede ser causa o consecuencia de muchos otros problemas que, en casos agudos, sólo se agravan con la autoayuda.

No obstante, por lo general, el agotamiento no es un grave problema. Prestar atención a algunos principios básicos puede prevenir que empeore y puede ofrecer alivio y restauración a una vital, espontánea, y dinámica vida personal, espiritual, y profesional. Como no hay dos casos idénticos de agotamiento, sobrellevarlo necesita adaptarse a cada persona y es más efectivo cuando se hace en varios ámbitos. Hay que atender no sólo los aspectos personales del agotamiento, sino también los sociales e institucionales.

APRENDA TÉCNICAS PARA SOBRELLEVARLO

Es importante comprender que el agotamiento comienza de a poco. Esto es bueno y a la vez malo. Lo bueno es que un pastor tiene bastante tiempo para tomar medidas preventivas. Lo malo es que puede aparecer tan lentamente que muchos pastores no lo reconozca. El agotamiento es un mal insidioso. No ataca a la víctima con la velocidad de un rayo, sino que se acerca sigilosamente como una sierpe en pasto verde. Si el problema se desarrolla rápidamente, en el curso de pocos días, es más probable que sea una depresión debido a factores internos del organismo más bien que agotamiento.

Como el agotamiento comienza de a poco, las medidas preventivas se pueden seguir temprano en el proceso. La prevención es afectada por la implementación de técnicas para sobrellevarlo en las primeras fases del proceso de agotamiento.

Sobrellevar se refiere a esfuerzos de dominar las condiciones que causan el agotamiento cuando no hay inmediatas respuestas. Sobrellevar, en sí, no exige buen éxito, solo que se haga el esfuerzo. Lo que siempre me sorprende es cuán eficaz resulta el esfuerzo de cambiar las circunstancias del agotamiento. Esto puede restaurar radicalmente la esperanza, aun cuando el esfuerzo no sea del todo exitoso. La impotencia se esfuma cuando se hace el menor esfuerzo de controlar la causa.

Richard Lazarus, un conocido investigador del estrés, sugiere dos maneras generales de sobrellevar un problema que puede ser aplicado al agotamiento:

  1. Acción directa.

  2. Paliación o acción indirecta.

En la acción directa, la persona hace todo lo posible por cambiar la fuente del problema; lo enfrenta y busca soluciones positivas. Cuando se desdeña o evita la fuente del problema, aumenta la posibilidad de que haya agotamiento.

En la acción indirecta, la persona trata de comprender la fuente del problema. Habla acerca del problema, hace ajustes para adaptarse a la fuente, y desvía la atención del mismo al participar en otras actividades.

No se puede decir que una de estas estrategias de sobrellevar sea mejor que la otra. Ambas son necesarias para una exitosa prevención o recuperación del agotamiento. Todo intento de sobrellevar se debe hacer dependiendo de la fuente de toda nuestra fortaleza. Solo Dios conoce la profundidad de nuestra angustia y, si confiamos en Él, puede darnos la fuerza que necesitamos para salir a flote.

CÓMO PREVENIR EL AGOTAMIENTO

De mi experiencia en el trabajo con pastores, he descubierto que para prevenir el agotamiento hay que prestar especial atención a tres importantes aspectos de la función personal: la seguridad en sí mismo, el conflicto de funciones o papeles, y los escollos de la compasión.

SEGURIDAD EN SÍ MISMO

Mucho del estrés y el agotamiento que padecen los pastores se produce por el malentendido de cómo ser firme y enérgico, y, sin embargo, tener el espíritu de Cristo. Por consiguiente, muchos pastores no saben cómo tratar con conflictos interpersonales, con personas expertas en manipular, con sus superiores mandones o exigentes, o con   poderosas figuras de autoridad. No pueden decir "no" a las muchas exigencias impuestas en ellos y, por lo general, se sienten objeto de abuso, de persecución, de ridículo, de las críticas, y de la humillación; pero no saben cómo tratar con sus sentimientos o con la situación de abuso. Como resultado, la ira contenida y la agresividad pasiva emergen como un estilo de vida que puede predisponer al pastor para el agotamiento. El antídoto es obvio: aprenda a ser firme y enérgico en el espíritu y sentir de Cristo.

Conflicto de funciones

Dudo que haya otras vocaciones que comprendan tantos y tan diversos papeles como el ministerio de un pastor. Se espera que él sea un buen predicador, maestro, consejero, administrador, gerente, y amigo. Un sinnúmero de expectativas se imponen a los pastores. Muchas de estas pueden causar conflicto y estrés que podrían resultar extenuantes. Las investigaciones en el campo industrial una y otra vez han mostrado que el conflicto de papeles produce estrés y agotamiento. Esto también es aplicable al ministerio. Los siguientes pasos pueden ser útil en prevenir el conflicto de funciones:

  • Decida sus metas para el ministerio. Clarifique sus expectativas personales en una conversación con un confidente. Habrá suficiente ambigüedad de parte de otros respecto de lo que deba hacer, de modo que por lo menos esté seguro de sus propias metas.
  • Clarifique lo que otros esperan de usted y decida si esas expectativas coinciden con su llamado. Sea firme y pregunte: "¿Qué esperan de mí?" Luego, acepte o rechace con firmeza esas expectativas y negocie los cambios necesarios para que pueda cumplir su llamado.
  • Céntrese en sus funciones. Las metas desperdigadas producen personas desperdigadas. Identifique sus fortalezas y los talentos que Dios le ha dado, y, luego, concéntrese en ellos. Como tiene que rendir cuentas a Dios por su ministerio y no a la congregación o a cualquier otra institución, asegúrese de tener la libertad de ejercer su ministerio.
  • Instruya a su congregación en la complejidad que representa ser ministro del evangelio, explique las diversas funciones que debe cumplir, como también el posible efecto extenuante que pueden producir. Si ellos están enterados de lo que usted experimenta, serán más comprensivos y menos exigentes que si no lo supieran.

ESCOLLOS DE LA COMPASIÓN

El agotamiento puede resultar de la inhabilidad de mantener los sentimientos personales lo suficientemente distantes para evitar cargarse demasiado con la angustia del prójimo. ¿Cuánto puede un pastor llevar sobre sus hombros el dolor emocional o espiritual de otros antes de que esto comience a agotarlo?

El ministro o misionero cristiano es especialmente vulnerable en este aspecto. Él ha sido llamado a ser todo para todos. Se supone que debe "sobrellevar las cargas de los otros" y "llorar con los que lloran" (véanse Gálatas 6:2 y Romanos 12:15). Pero, ¿cuánto contacto con personas atribuladas se puede tolerar si hay que sentir la angustia de todos? Aunque no nos mostremos indiferentes ante el dolor del prójimo, es necesario que como pastores desarrollemos el debido grado de autoprotección para que no seamos destruidos emocionalmente.

Hay muchas razones de que el dolor de otros pueda afectar a los ministros. Éstos pueden ser propensos a sentir culpa y se valen de las lágrimas que derraman por el dolor ajeno como alivio de sus sentimientos de culpa. Es paradójico, ¿cierto? Especialmente si predican un evangelio que ofrece perdón. O pueden llevar sobre sus hombros el dolor ajeno para satisfacer alguna profunda necesidad personal (conscientemente o inconscientemente). También puede ser una exagerada necesidad de atención, reconocimiento, o aprecio. Es extraño cómo el dolor vicario alivia estas necesidades y hasta estimula la autoestima.

Tal vez la más importante razón de que los pastores sean afectados por el dolor ajeno es que no se les ha enseñado a diferenciar entre la compasión y la empatía . Erróneamente creen que se requiere de ellos que sientan compasión por cualquier persona angustiada. Los sicólogos prefieren usar el concepto de "empatía" como una forma especial de compasión porque describe una manera de relacionarse con otros que muestra amor y cuidado, pero que no produce dolor recíproco.

Las investigaciones clínicas muestran que la empatía es mucho más útil y confortante que la compasión. La gente herida sólo sufre más si ve que su dolor también causa sufrimiento a otros. La gente herida sana mediante la comprensión, no porque otra persona es afectada emocionalmente por su dolor o sufrimiento.

Los pastores necesitan desarrollar una "teología de la compasión" antes de entregarse a ayudar a un mundo herido. Por una parte, los pastores deben estar listos a "llorar con los que lloran" (Romanos 12:15), pero por la otra, " los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos" (Romanos 15:1). Los pastores necesitan saber cuándo son motivados por una necesidad neurótica de sentir el dolor del prójimo y estar dispuestos a rendir su obsesión a Cristo para obtener sanidad a fin de que puedan ser "irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha" (Filipenses 2:15). No somos "sencillos" ministros de Dios cuando operamos a partir de una necesidad neurótica de sentir compasión por el dolor ajeno. No sólo nos destruimos a nosotros mismos, sino que privamos a los que sufren del respeto que merecen recibir en medio de su sufrimiento.

ConclusiÓn

Aunque el agotamiento puede ser traumático, devastador, y deprimente, y un mal que hasta puede causar la muerte, puede también ser el comienzo de verdadera madurez y el descubrimiento de lo que Dios quiere obrar en su vida.

Archibald D. Hart

El doctor Archibald D. Hart , Arcadia , California, es profesor de psicología y decano emérito del departamento de psicología clínica, Seminario Teológico Fuller .

notas

1. El Texto Biblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.