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Estrategias para sobrellevar el estrés para el pastor hispano de hoy
Por Pablo Polischuk
Los hispanos en los Estados Unidos llegan a 38 millones. Los estadounidenses de origen mexicano son el contingente más grande entre las minorías, seguidos por puertorriqueños, cubanos, centroamericanos, y sudamericanos. El informe anual del 2004 de las Asambleas de Dios indica que en los Estados Unidos hay más de dos mil iglesias y tres mil ministros hispanos. Sea que fueren residentes norteamericanos culturizados y asimilados de la quinta generación, o recién llegados en necesidad de adaptación a la cultura dominante, los hispanos han contribuido grandemente a las Asambleas de Dios en los Estados Unidos.
Los ministros hispanos tienen que tratar con factores muy especiales de estrés y pueden beneficiarse si consideran los aspectos descriptivos y también los preceptivos que tienen que ver con el estrés en el ministerio hispano, y las posibles estrategias y maneras de sobrellevarlo que pueden utilizar en su lucha de adaptación.
Los pastores hispanos representan una población heterogénea y multicultural muy diversificada en términos de aculturación, educación, y niveles socioeconómicos, grado de bilingüismo, y experiencia en el ministerio. Ellos tratan con poblaciones sujetas a un contexto de ecosistema marcado por factores de estrés socioeconómicos, políticos, y discriminatorios que afectan la vida personal y familiar de los miembros de la iglesia. En términos demográficos generales, la pobreza, los bajos niveles de educación, los altos índices de encarcelamiento, viviendas inadecuadas, salud deficiente, y la discriminación afectan en forma desproporcionada a los hispanos.
Los pastores llamados a ministrar a estas poblaciones necesariamente trabajan bajo condiciones que agravan la posibilidad de desarrollar síndromes de tensión, depresión, ansiedad, y agotamiento. Se ha documentado que aquellos que atienden a las necesidades de personas traumatizadas y que padecen de estrés pueden a su vez experimentar un síndrome postraumático secundario. La presión ejercida sobre los ministros se puede describir como factores de estrés interpersonales, de situación, e intrasíquicos.
ESTRÉS INTERPERSONAL Y DE SITUACIÓN
Las expectativas puestas en los pastores hispanos van desde las disciplinas tradicionales de predicar, enseñar, discipular, y orientar hacia las necesidades más concretas de servicios socioeconómicos, educativos, y legales. La función de la mayoría de los pastores hispanos comprende mucho más que las tareas ministeriales. A menudo se comprometen en orientación y abogacía personal para los miembros de la iglesia ante tribunales, sistemas escolares, inmigración, beneficencia social, y agencias de servicio social. Estos pastores también apoyan a los miembros en los desafíos que se presentan por su necesidad de transformarse y asimilarse a las demandas de la cultura dominante.
Además de la orientación espiritual, la predicación, la enseñanza, y la administración, los pastores hispanos se comprometen en servicios sociales en sus comunidades, como la asesoría pastoral, la asesoría familiar, y la orientación para padres de familia. Otras prestaciones sociales incluyen servicio de alimentos, distribución de ropa, referencias a otras agencies, asistencia financiera de emergencia, ayuda a inmigrantes, clases de inglés como segundo idioma, ayuda a prisioneros y su familia, ayuda a enfermos de SIDA y sus familiares, programas de enseñanza, y asesoramiento y rehabilitación a drogadictos. No sólo se los percibe y solicita como ministros del evangelio, sino también como abogados, asistentes sociales, mediadores en general, reformadores, y proveedores de toda clase de servicios.
Los miembros de las iglesias hispanas experimentan diversos grados de discriminación, disimulada y al descubierto, puesto que son una población heterogénea compuesta, que incluye todos los niveles socioeconómicos, educativos, y de aculturación. El pastor a menudo es el vínculo entre los necesitados, los pobres, y los poco sofisticados, y las demandas sociales que parecen alienar a una cultura de minoría que tiene necesidad de adaptarse, de sobrevivir, y de comprender la voluntad de Dios en su vida. Sin embargo, rara vez los pastores hispanos están preparados para esta gran misión. Su falta de adiestramiento y de estrategias necesarias para llevar a cabo estos esfuerzos puede llevar a percepciones de insuficiencia, falta de eficacia propia, y a un sentido de fracaso.
ESTRÉS INTRASÍQUICO
Los factores intrasíquicos se refieren a las luchas internas experimentadas por los pastores hispanos. Las luchas incluyen la imagen de sí mismo, la autoestima, y la eficacia, puesto que éstas tienen relación con el bienestar del pastor (desarrollo del carácter, estatus espiritual, fortaleza en el Espíritu). Los factores intrasíquicos también incluyen llevar adelante el ministerio en una forma óptima, que se evalúa en términos de crecimiento de la iglesia, evangelismo, discipulado, misiones, y servicios sociales en la comunidad.
Los conflictos intrasíquicos incluyen la presión de exhibir santidad e impecabilidad de manera perfeccionista. Estas presiones pueden ser la causa de que los pastores se vuelvan muy legalistas en su lucha contra la naturaleza pecaminosa. A veces la inclinación espiritual puede poner de lado la necesidad de relajamiento, el ocio, la diversión, o sencillamente el descanso. Estas actividades se perciben como despliegues mundanos de deseos carnales, impotencia para reagruparse, o aun pereza espiritual. La santificación, definida como la radical separación de este mundo, puede ejercer presión en los pastores a no participar en cualquier esfuerzo social que se perciba como mundano.
Muchas veces esa exclusividad radical puede llevar a una existencia aislada y solipsista propensa al estrés, a la depresión, y al colapso. La presión de ser el "ungido", de estar siempre ferviente en el Espíritu, de estar siempre saludable, fuerte, y confiado impide a muchos pastores ser sinceros, o confesar sus debilidades a alguien, o pedir ayuda cuando están deprimidos, exhaustos, o bajo gran ansiedad y tensión.
En la investigación de la salud mental se ha documentado que los hispanos a menudo transforman sus síndromes depresivos en síntomas sicosomáticos. Esos síndromes entre los pastores pueden ser el resultado de tensiones intrasíquicas no resueltas, puesto que se espera de los pastores que siempre estén en forma, que sepan desempeñarse en cualquier función, y que lleven una vida victoriosa.
EXPECTATIVAS ESPIRITUALES
La tensión interpersonal puede ser causada por la presión de llegar a la altura de los pastores anglos u otros pastores hispanos que aparentemente tienen más despliegues de poder espiritual, más miembros, mayores programas misioneros, o mejores edificios. Los pastores de iglesias en sencillos locales alquilados tratan de integrarse con los ministros ya establecidos en iglesias grandes que tienen un diseño arquitectónico "apropiado". Tales factores de estrés pueden llevar a mecanismos supercompensatorios, expresiones exageradas de dones, y alusiones extravagantes de ser importantes o de estar más a tono con Dios que los pastores tradicionales (considerados "mortales") se atreverían a afirmar que lo están.
Los cultos de las iglesias por lo general se miden por logística, frecuencia, intensidad, duración, y resultados esperados. Éstos, a su vez, se igualan con el nivel de espiritualidad, el buen éxito, o la efectividad ministerial. Por tanto, se espera que los pastores estén constantemente ocupados en las actividades de la iglesia, que promuevan más cultos que sean más largos y más ruidosos de lo normal, y que tengan mejores resultados -más conversiones, más bautismos, más sanidades, más derramamiento del Espíritu- comparados con las iglesias de la cultura dominante. La cantidad de actividades durante los cultos semanales en la mayoría de las iglesias hispanas dan prueba de que la ocupación se iguala con la devoción espiritual, la santa dedicación, y la entrega a Dios.
En vez de delegar el poder y la responsabilidad a otros líderes en la congregación, se espera de muchos pastores hispanos que asistan a todos los cultos, incluidos los cultos de oración, las reuniones de los varones, la liga femenil, los Royal Rangers , las Misioneritas, y los estudios bíblicos. Con excepción de las grandes iglesias, se espera que los pastores hagan de todo: desde predicar en el púlpito hasta conducir el autobús.
LAS EXPECTATIVAS DEL MINISTERIO
Los pastores hispanos a menudo tratan a los miembros de la iglesia en forma más personal que profesional. En vez de horarios de oficina, tiempos de cita, o delegación de servicios (que se ve como formas norteamericanas aisladas y aisladoras de hacer las cosas), se espera que los pastores tengan una política de puertas abiertas, que estén accesibles a todos los miembros, que estén a disposición ante cada necesidad, y que vivan bajo el escrutinio de la congregación. La aceptación de tales exigencias es sólo uno de los aspectos que implica el llamado de Dios a servir al pueblo.
La constante ambición por la importancia, la relevancia, el buen éxito, y la efectividad en el ministerio causan vulnerabilidad al estrés. Seguir trabajando cuando las fuerzas se han agotado y no tener apropiados límites y márgenes en la vida personal abre la puerta a la codependencia y a los enredos en los problemas de los miembros. Como resultado, los pastores pueden perder el sentido de la perspectiva y convertirse en parte del problema.
Las descripciones hechas representan condiciones de estrés que pueden causar cansancio físico, fatiga emocional, agotamiento, y aun el colapso.
LAS EXPECTATIVAS CULTURALES
Las expectativas culturales en general, y aun más en al ámbito pastoral, pueden producir malas formas de cómo sobrellevar las cosas, que promueven defensas tales como la negación, la depresión, o el agotamiento. Los pastores pueden buscar soluciones de escape por no reconocer el estrés y tratarlo. El típico pastor rechaza la ayuda en este campo, y lo considera una confesión de vulnerabilidad y debilidad, y falta de fe en Dios.
Se espera que los pastores estén siempre gozosos, victoriosos, y resplandecientes en el Espíritu. Estas expectativas pueden llevar a los pastores a ocultar su pesimismo y a negar que tienen pensamientos confusos, ilógicos, o negativos. A menudo tales intentos llevan a la desesperación, a culpar a los demás, o a sentirse abatido por Dios.
La ansiedad (un estado general de tensión) y el vaciamiento (un estado de letargo, con la pérdida de fe, esperanza, y valor) pueden llevar a la pérdida de la eficacia, de la autoestima, y del sentido de dirección. Estos sentimientos pueden disminuir los recursos personales y la forma de sobrellevar las cosas. Una impotencia aprendida puede ser el resultado de tales esfuerzos fallidos.
ESTRATEGIAS PARA DOMINAR EL ESTRÉS
Desde los aspectos trascendentales a los triviales de cómo dominar el estrés, las siguientes estrategias pueden ser dignas de consideración:
SERVIR AL SEÑOR DE LA MORADA ANTES DE SERVIR A LA MORADA DEL SEÑOR
Pasar tiempo significativo con Dios, dialogar en el Espíritu, meditar en su Palabra, y agradarlo a Él, es la premisa básica para la salud y la plenitud espiritual y mental. Dedicar tiempo a agradar a Dios, y únicamente a Él, antes de tratar con las necesidades de la gente, es la prioridad en el ministerio. Siempre habrá necesidades humanas. Cuando el pastor esté listo para dedicarse a las situaciones problemáticas de los hermanos, allí estarán para que las aborde.
El servicio a los hermanos (la morada del Señor) puede causar estrés, pero la adoración a Dios (el Señor de la morada) requiere un servicio libre de estrés, una ofrenda fragante. El descanso en la presencia del Señor es el mejor paradigma para dominar el estrés.
DEDICAR TIEMPO A LA FAMILIA
Los pastores son los encargados de cuidar las viñas. Es importante que no dejen sin atención su propio viñedo. Las citas románticas con la esposa, el jugar con los hijos, e ir a lugares de recreación son tan importantes como ayudar a la gente necesitada. Planifique tales asuntos; no los deje a la casualidad.
LA IMPORTANCIA DE LAS AMISTADES
Los mensajes culturales a los pastores hispanos son que deben ser personales, sociables, dados a la comunión en la comunidad, y que desarrollen amistades profundas. Hay un refrán que dice: "La gente nos enferma, y la gente nos cura".
El valor de la familia, de los amigos, y de la buena compañía es innegable en el manejo del estrés. Los encuentros positivos con amigos y la comunión que permite aprender indirectamente de personas ejemplares pueden ayudar a los pastores a desarrollar buenas estrategias para dominar el estrés.
FIJAR METAS REALISTAS EN EL MINISTERIO
Los pastores a menudo luchan por los nobles ideales. Aunque esos ideales son loables, también pueden ser poco realistas e imposibles de llevar a cabo. El agotamiento se presenta más entre los que tienen gran fervor y un deseo ardiente por la obra de Dios. El precio de sobrecargar la capacidad personal puede al fin ser devastador. Al fijar metas hay que tener una perspectiva apropiada. Las metas tienen que ser planificadas con una medida de fe, pero deben ser tan humildes que sean adecuadas, alcanzables, y funcionales.
DELEGACIÓN DE RESPONSABILIDADES
En vez de que dirijan la orquesta y simultáneamente toquen todos los instrumentos, la delegación de autoridad a discípulos y líderes puede ser muy beneficiosa para los pastores hispanos. Los pastores deben pensar en la posibilidad de delegar con más frecuencia, en forma más adecuada, sin sentir ansiedad o sin la necesidad de ejercer siempre "control espiritual" sobre todos.
HACER LAS MISMAS COSAS EN FORMA DISTINTA
La renovación de la mente mantiene al pastor con nueva y fresca motivación. Con una mente renovada puede parecer que las cosas acostumbradas se están haciendo por primera o segunda vez. La renovación de la mente permite convertir asuntos tediosos y rutinarios, o aun espantosos, en oportunidades más agradables, con un comportamiento positivo y fortalecedor.
ENTRENAMIENTO DE DESCANSO Y RELAJAMIENTO
Los pastores hispanos necesitan entrenamiento de relajación, ocuparse en oración meditativa, y ponderar la Palabra bajo influencia del Espíritu. Para compensar el entusiasmo, la intensidad, y la efervescencia pentecostal, las disciplinas del silencio y el descanso contemplativo en Dios podrían ser desarrolladas como maneras de dominar el estrés. Se aboga por la importancia de programar períodos de descanso como una necesidad más bien que un lujo. Después de todo, Jesús fue con sus discípulos "en una barca a un lugar desierto" cuando "eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer" (Marcos 6:31,32).
ENTRENAMIENTO DE INOCULACIÓN DE ESTRÉS
Para superar la depresión, la tensión, y el agotamiento, los pastores hispanos necesitan establecer un entrenamiento de inoculación de estrés para que, en un ambiente seguro, aprendan a relajarse y desarrollar una manera de levantarse y seguir adelante. Esta estrategia exige técnicas de relajamiento junto con percepciones anticipadoras y encuentros afectivos y cognitivos a fin de preparar la mente para un posible estrés en el futuro. La meta es desarrollar "anticuerpos" mentales para armar a la mente en la lucha contra el verdadero estrés o sufrimiento en caso de que lo haya, o cuando se lo experimente.
Los pastores necesitan desarrollar antídotos cognitivos, afectivos, y de conducta contra el posible sufrimiento antes de que éste los afecte. Si el pastor prepara la mente ante posibles sufrimientos puede desarrollar tácticas de sobrellevar los problemas, que incrementen la previsibilidad y el dominio de las circunstancias en vez de ser atrapado o definido por ellas.
ADIESTRAMIENTO DE REAFIRMACIÓN
Es esencial desarrollar libertad o reafirmación emocional (sin volverse frío o distanciarse mucho). La propensión cultural hacia el consentimiento plantea un problema para los pastores hispanos. A menudo se espera que ellos digan que "sí" a cualquier exigencia. Los pastores tienen que hablar "la verdad en amor" (Efesios 4:15) para encarar el problema que representa para ellos negar ciertos pedidos, aceptar pedidos inaceptables, o poner límites a los reclamos de la gente si hacen pedidos injustos o exagerados.
ESTABLECER LÍMITES APROPIADOS CON LOS DEMÁS
Los pastores sobrecargados y que han trabajado en exceso tienen que poner freno a pedidos, demandas, y expectativas no realistas que vienen de gente necesitada, y decir "no" a demandas sin sentido, sin experimentar culpa o vergüenza.
RECONOCER LOS LÍMITES PERSONALES
El reconocer los límites, la entropía, y el deterioro, tanto como la propensión a caer en pecado, podría servir como un humilde antídoto a rasgos de personalidad idealistas, perfeccionistas, de triunfo, o de percepción poco realista. Los pastores se inclinan hacia lo abstracto, lo esotérico, y las posibles hazañas espirituales. Sin embargo, cada vez que respiran y se mueven recuerdan el deterioro, la entropía, y la muerte que ven en la necesidad de recargar la energía y depender de la gracia de Dios.
CONVERSAR CONSIGO
Los pastores se benefician si aprenden a tratar con los múltiples aspectos de su "yo" en la presencia y bajo el poder del Espíritu. Así pueden tratar positivamente con lo negativo en su vida, y salir adelante, como hizo el salmista: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío" (Salmos 42:11).
NUTRICIÓN
De manera simplificada se puede decir que una persona es lo que come. Para mantener un cuerpo saludable se requiere de una dieta saludable y de descanso. Los desequilibrios bioquímicos resultan cuando no se da importancia a la necesidad de relajamiento, descanso, y una dieta apropiadamente equilibrada.
HÁBITOS APROPIADOS DE SUEÑO
El cerebro necesita descansar para funcionar en debida forma. La privación del sueño puede traer como consecuencia la disfunción del pensamiento, del razonamiento, de la percepción, del juicio, y de la memoria. Todas estas funciones cognitivas pueden ser distorsionadas por la depresión, la ansiedad, y el agotamiento.
EJERCICIO FÍSICO
El ejercicio físico habitual es una buena manera de mantener sanos a la mente y el cuerpo. Como parte del dominio del estrés y la buena salud mental, los pastores necesitan tonificar sus músculos y soltar sus "alzadores" bioquímicos naturales: las endorfinas y otros dominadores bioquímicos del estrés.
CONCLUSIÓN
Los pastores hispanos necesitan cuidarse de manera muy positiva. Esto incluye algunas medidas prácticas en sus rutinas para que eviten la capitulación ante el estrés y el colapso, y para que se protejan de la depresión y la ansiedad. Las sugerencias nombradas no son necesariamente consecutivas, pero sí representan un enfoque holístico. La atención de un pastor a las tareas del ministerio, bajo auspicio del Espíritu Santo, no excluye connotaciones cognitivas, afectivas, y de conducta. Después de todo, Dios quitó nuestros pecados, no nuestro cerebro. ¡Todavía podemos usarlo!
El doctor Pablo Polischuk , es catedrático de psicología y consejería pastoral del Seminario Teológico Gordon-Conwell, South Hamilton, Massachusetts.