CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
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inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Según el Center for Disease Control [Centro de control de enfermedades], 30.622 estadounidenses se suicidaron en 2001. Ese mismo año, sin embargo, más de 120.000 intentaron suicidarse. Entre la población adulta, la mayoría de los intentos de suicidio son hechos por mujeres entre los 20 y 40 años de edad. Los que tienen más probabilidad de suicidarse, sin embargo, son hombres blancos de 40 a 60 años de edad. Una explicación de esto es que los hombres usan medios más severos o extremados en sus intentos de suicidio.
Aunque el índice de suicidios entre adolescentes ha bajado lentamente desde el año 1992, el suicidio sigue ocupando el tercer lugar como causa de muerte entre personas de 15 a 24 años de edad. En 2001, cerca de 4.000 jóvenes se suicidaron (86 por ciento eran hombres), y 5.393 estadounidenses mayores de 65 años de edad se quitaron la vida (85 por ciento eran hombres). 1 Si un pastor multiplica estas cifras varias veces puede comprender cuántas familias en su iglesia y su comunidad pueden estar afectadas por esta descorazonadora crisis.
Suicidios En La Biblia
El suicidio no es ajeno a los que estudian la Biblia. Los ejemplos más famosos de suicidio en las Escrituras son los de Saúl, Sansón, y Judas. Vistas de cerca, estas historias revelan que la motivación para el suicidio era distinta en cada caso.
Para Saúl, fue demasiado pesada la humillación de la derrota militar. Escogió caer sobre su propia espada antes de ser capturado y matado por sus enemigos.
Para Sansón, el suicidio fue su manera de compensar por comprometerse con Dalila. Consideró que no era un precio demasiado elevado el derribar el templo de Dagón de los filisteos. Recuerde que las Escrituras dicen que mató a más filisteos en su muerte de lo que hizo en vida.
El suicidio de Judas, quien entregó a Jesús, es el más conocido de la Biblia. Ese suicidio fue la manera en que Judas trató con la agobiante culpabilidad que experimentó al recibir treinta piezas de plata a cambio de entregar con un beso a su Maestro. En vez de enfrentarse a su Maestro, como hizo Pedro después de su negación de Cristo, Judas se ahorcó.
Estos ejemplos bíblicos indican las distintas motivaciones que llevan a alguien al suicidio. Sólo Dios sabe cómo pesará estas motivaciones en el juicio final de la persona que cometió suicidio. Un pastor prudente no asumirá esa función.
Se espera de un pastor que trate con asuntos relativos al suicidio desde dos perspectivas. Primero, hay personas que amenazan con quitarse la vida y que por tanto necesitan protección pastoral de sí mismas. Con excepción de "su Hijo unigénito" (Juan 3:16), la vida es el más grande don que Dios nos ha dado.
Segundo, los familiares de la persona que se suicidó necesitan las oraciones, el consuelo, y el apoyo emocional del pastor.
Hay Que Proteger A Personas Propensas Al Suicidio
Más tarde o más temprano, casi cada pastor tendrá que dar cuidado pastoral a personas en su congregación que han experimentado los estragos de un suicidio. Hace varios años estuve tratando el suicidio de adolescentes en un seminario cuando un pastor expresó su necesidad de ayuda en tratar con ambas perspectivas. Estas son las preguntas que hizo:
¿Cómo puede saber un pastor cuándo una persona se suicidará?
¿Hay algunos indicios confiables?
¿Es cierto que quienes hablan del suicidio raras veces se suicidan?
¿Está pidiendo ayuda la persona que amenaza con suicidarse?
¿Qué debe decir el pastor a alguien que ha perdido un miembro de la familia a causa de un suicidio?
Como es de sospechar, una semana antes de que este pastor viniera al seminario, una joven en su congregación se había suicidado. Él había hablado y orado con la joven, y parecía que ella se había sentido liberada de su situación problemática. Imagínese el impacto que sintió él cuando se enteró que al día siguiente de haber conversado, ella se había suicidado.
Previniendo El Suicidio
No hay forma de eliminar la posibilidad de que alguien se suicide. Las familias bien informadas, sin embargo, pueden limitar las posibilidades haciendo algo a tiempo. Estas son algunas sugerencias que di a este pastor.
No crea en el mito de que las personas que hablan del suicidio pocas veces lo cometen. La verdad es que muchas personas que se suicidan sí hablan de ello.
Casi todos alguna vez han pensado en el suicidio, y a veces comparten estos pensamientos con familiares y amigos. No obstante, una persona sana no contempla estos pensamientos por mucho tiempo. Por otro lado, los que sí se suicidan se detienen demasiado en pensamientos suicidas y frecuentemente hablan de esto con sus familiares y amigos. Lamentablemente, las personas poco informadas no toman en serio estos comentarios.
Si una persona empieza a decir que ya no quiere vivir, llévela al médico de cabecera o a un profesional de salud mental que sabe evaluar el riesgo suicida. Aun para los que son diestros en evaluar pacientes suicidas estas evaluaciones son desafiantes y difíciles. Un pastor no debe confiar en su propio juicio.
Por ejemplo, una vez que una persona ha decidido suicidarse, a menudo parece estar menos preocupada y deprimida. Lamentablemente, los miembros de su familia pueden percibir que esta aparente mejora en el ánimo de su ser querido significa que ha pasado la amenaza.
La aparente mejora se debe a que la persona ya no está en conflicto acerca de la decisión; se ha decidido. Se suicidará. Siente que ya no puede soportar el sufrimiento de la vida. Puede que no quiera morir, pero ve la muerte como la única forma de aliviar el dolor de su sufrimiento actual. La anticipación del fin de su sufrimiento le trae alivio.
Probablemente a un profesional de salud mental bien adiestrado no se le escape esta observación. Entre otras cosas, querrá saber:
¿Con qué frecuencia piensa la persona en el suicidio?
¿Tiene la persona un plan para suicidarse?
¿Qué le ha impedido suicidarse?
Las personas que han planeado cómo suicidarse y que no tienen buena razón de no suicidarse son las más dispuestas a hacerlo.
Si la mención del suicidio es sencillamente una manera de pedir ayuda, es recomendable el asesoramiento. Cuando este es el caso, es importante que el asesor sea cristiano, ya que los problemas frecuentemente son más espirituales que psicológicos.
Sin embargo, si se considera que hay riesgo de que una persona se suicide, es mejor internarlo en un hospital para su propia protección. Un pastor debe apoyar esta decisión. La persona propensa al suicidio puede protestar contra la hospitalización, pero más adelante agradecerá a Dios por una familia que con amor desdeño sus protestas y le proveyó la protección que necesitaba.
Otros Mitos Acerca Del Suicidio
1. El suicidio es hereditario. En ciertas familias puede haber historia de suicidios. Inconscientemente, este pasado puede sugerir que el suicidio es una manera de solucionar los momentos abrumadores de la vida. Los pastores tienen que asegurar a la gente que el suicidio no es de origen genético.
2. Las personas que hablan del suicidio nunca se suicidan. Este mito ha sido desenmascarado. Nunca se debe desdeñar las amenazas de suicidio, aun cuando estas amenazas aparentemente sean manipulativas. Debe considerarse seriamente cada amenaza de suicidio. En la mayoría de los casos, esto significa que la amenaza debe ser evaluada profesionalmente.
3. El suicidio se comete sin prevención. Se han hecho meticulosos estudios de los pasos que llevan al suicidio, los que revelan que esto raramente, o nunca, ocurre. Generalmente hay varias señales de advertencia dadas a familiares o amigos del suicida. Como estos indicativos a menudo son disimulados, ellos deben aprender a reconocerlos.
Un padre llevó sus palos de golf a casa de su hijo y se los entregó, diciendo: "Toma, hijo, es mejor que te dé estos. Ya no los voy a necesitar". Lamentablemente, el hijo estaba tan emocionado por haber recibido los palos de golf que no oyó la prevención suicida que le dio su padre con ese gesto. Dos días más tarde, su padre se suicidó.
4. Quienes se suicidan tienen la intención de morir. En la mayoría de los casos, nada está más lejos de la verdad. Casi todos los que se suicidan no quieren dejar de vivir; sólo quieren aliviar su dolor. En ese momento, la angustia abrumadora de la vida parece intolerable, y quieren escapar de ella.
5. Una vez que una persona es suicida, siempre será suicida. Pocas son las personas de tendencia suicida crónica. La evidencia de esto es que pocas personas que escapan de un intento de suicidio intentan suicidarse nuevamente.
6. La mejora en el ánimo de una persona después de una crisis suicida significa que el riesgo de suicidio ha pasado. Este es uno de los mitos más peligrosos porque es lo contrario. La mejora aparente con frecuencia significa que la persona ya no está luchando mentalmente con el suicidio. Ya ha escogido un método y ha decidido la hora. La toma de esta decisión ha resuelto la ambivalencia de la persona y está menos preocupada y deprimida; aparenta haber mejorado. Sin embargo, lo que parece ser una mejora para alguien poco informado automáticamente pone en alerta al profesional de salud mental sobre el mayor riesgo de suicidio.
7. El suicidio ocurre con más frecuencia entre los ricos que entre los pobres. La realidad es que el suicidio es equitativo a través de las fronteras socioeconómicas.
8. El mito más común es que todas las personas propensas al suicidio están mentalmente enfermas. Aunque los suicidas frecuentemente se sienten pesimistas y deprimidos, la mayoría no sufre de una grave enfermedad mental. Esto explica por qué es importante proteger de sí mismas a quienes están en riesgo de suicidio. Una vez que alguien sobrevive un intento de suicidio, casi nunca lo intenta nuevamente. Pero suponiendo que una persona se suicide efectivamente, ¿qué se puede decir para consolar a los familiares?
Perspectiva Cristiana Del Suicidio
La perspectiva teológica de la iglesia acerca del suicidio se puede rastrear hasta el siglo cuarto. Hasta entonces, la cristiandad no vinculaba el suicidio con el pecado. Durante este tiempo, sin embargo, el excesivo martirio hizo que san Agustín categóricamente rechazara el suicidio. Definió el suicidio como un crimen porque involucraba la muerte sin oportunidad de arrepentimiento.
Santo Tomás de Aquino más adelante identificó el suicidio como pecado mortal porque usurpaba el poder de Dios sobre la vida y la muerte. El décimo sexto Concilio de Toledo el año 693 d.C. decidió excomulgar a cualquier persona que intentara suicidarse, pero este punto de vista fue modificado más tarde.
Para el cristiano, el temor de ir al infierno sigue siendo un poderoso disuasivo contra el suicidio. Este temor frecuentemente descarta el suicidio como opción para los cristianos desesperados, y un asesor prudente no lo quitará.
¿Qué del estado eterno de la persona que se suicida? Para un calvinista, esto presenta pocos problemas, o ninguno. Sin embargo, entre los armenios hay gran preocupación por este asunto.
Los familiares de un suicida pueden preguntar al pastor: "Ya que mi ser querido se quitó la vida, ¿está en el cielo o en el infierno?" Como las circunstancias morales de la muerte de cada víctima son únicas, la respuesta honrada a esa pregunta es: "No lo sé".
Una respuesta ambigua, sin embrago, no dará mucho consuelo a los familiares de la víctima. Cuando era pastor, respondía a esta pregunta, diciendo: "Su ser querido ahora está en los brazos de Alguien que lo ama aun más que usted. ¿Por qué no dejarlo ahí? Crea en que nuestro Dios amoroso tratará a su ser querido con justicia y misericordia." Tal respuesta evita especulación sin sentido, reafirma el amor de Dios por la víctima, y respeta la soberanía de Dios.
Richard D. Dobbins , Ph.D., psicólogo clínico y fundador y director de EMERGE Ministries, Akron, Ohio. Su libro, Invisible Imprint: What Others Feel When in Your Presence , publicado por VMI Publishers, Sister Oregon, 2001, se puede adquirir en Gospel Publishing House, Springfield, Missouri (1-800-641-4310).