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Cómo prepararse para cruzar la línea de llegada: decisiones al final de la vida

Por Christina M.H. Powell

La muerte reciente del abuelo de mi esposo después de ochenta y ocho años una vida cristiana plena y fructífera trajo a mi mente las palabras del apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). En nuestro mundo actual con una tecnología médica cada vez más avanzada, las últimas semanas y los últimos días antes de que uno cruce la línea de llegada en la carrera de la vida pueden estar llenos de complejas decisiones médicas que se deben tomar. El deseo del cristiano es cruzar la línea de llegada de la misma manera que ha corrido la carrera, dando gloria y honra a Dios.

A veces a los ministros se les llama a dar dirección en ese momento decisivo tanto a los pacientes como a sus familiares que están buscando la voluntad de Dios al afrontar la situación del final de la vida. Los principios que desde una perspectiva bíblica de la vida y un punto de vista bíblico de la muerte deben guiar nuestras respuestas a las preguntas del final de la vida. Volvamos nuestra atención a una perspectiva bíblica de la vida.

Una Perspectiva BÍblica De La Vida

El apóstol Pablo dijo a los hombres de Atenas: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:24,25). Las palabras de Pablo se hacen eco del relato de la Creación: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Dios es el Creador de la vida. Nuestra vida es un don de Dios.

El profeta Jeremías comprendió que, como nuestra vida es un don de Dios, nuestra vida pertenece a Dios. Él expresó esa idea de modo elocuente: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Nuestra razón de ser no es la satisfacción propia, sino el glorificar a nuestro Creador (Isaías 43:7). Además, una perspectiva bíblica de la vida incluye la promesa de vida eterna al fin de nuestra existencia terrenal (Tito 1:2; 1 Juan 2:25).

Un Punto De Vista BÍblico De La Muerte

Aunque la muerte parece una conclusión natural de la vida, debemos recordar que la muerte vino como resultado de la caída del hombre y no es parte natural de la creación del hombre (Génesis 2:17; 3:3; 1 Corintios 15:21; Romanos 6:23). La Biblia enseña que la muerte es un enemigo que finalmente será destruido (1 Corintios 15:26; 2 Timoteo 1:10; Apocalipsis 20:14). Sin embargo, la muerte es una experiencia que afrontaremos todos. Como pregunta el salmista: “¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del Seol?” (Salmo 89:48).

Sin embargo, hay uno que sí venció el poder del sepulcro. Dios resucitó a su Hijo, Jesucristo, de los muertos, soltando “los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hechos 2:24). Para los que confían en Jesucristo como su Salvador, llegará el día en que “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Un Fundamento BÍblico Para Las Decisiones Al Final De La Vida

Con una bien determinada perspectiva bíblica de la vida y de la muerte, estamos preparados para establecer un fundamento bíblico respecto de las decisiones al final de la vida. Para el cristiano que se prepara a cruzar la línea de llegada, la muerte marca el fin de la carrera en la tierra y el comienzo de la vida eterna. La esperanza de la vida eterna compensa el temor del proceso de morir. Aunque el cristiano pudiera anhelar estar con Cristo y fuera del cuerpo que sufre, reconoce que la voluntad y el propósito de Dios para la vida puede alcanzarse hasta en el momento de la muerte. Mientras una persona esté consciente, puede influir activamente en otros a fin de ganarlos para Cristo e interceder por ellos en oración. El corredor no debe tratar de acortar la pista, sino que ha de confiar en que el Señor lo fortalezca para terminar la carrera.

Además, el cristiano reconoce que su vida no es suya, ya que fue comprado con el precio del sacrificio redentor de Cristo en la Cruz (1 Corintios 6:19,20). Hay autonomía paciente dentro de los límites de la soberanía de Dios. Además, el cristiano es sensible a las necesidades de los seres queridos, optando por fortalecer las relaciones mientras la vida llega a su fin.

Un cristiano que tiene la responsabilidad de tomar para otro las decisiones al final de la vida tratará de honrar los deseos de la personas por quien está tomando esas decisiones. El deseo del que cuida no es ver al ser amado sufriendo, y procura buscar el medicamento apropiado para el paciente. A veces el empleo de dosis apropiadas de calmantes acortarán la vida del paciente, pero el objetivo debe ser el alivio del dolor, no el acelerar su muerte.

ProlongaciÓn De La Vida Por Medios Extraordinarios

El respeto de un cristiano a la santidad de la vida humana no quiere decir que la vida deba prolongarse con todos los medios tecnológicos posibles. Un cristiano debe procurar ser sanado de una enfermedad si hay sanidad posible. Sin embargo, en cuanto a enfermedades incurables, en que el curso de la enfermedad es irreversible, a veces pudiera ser apropiado el suspender un tratamiento determinado. Hay veces en que la carga del tratamiento supera cualquier beneficio posible del tratamiento a un determinado paciente. Por ejemplo, un paciente de cáncer cuya enfermedad no puede curarse tal vez prefiera irse al hogar o a un centro asistencial donde pueda esperar la muerte rodeado de los seres queridos en un ambiente familiar. Una persona que tome tal decisión no ha perdido interés en la vida, sino que ha optado por vivir a plenitud el tiempo que le queda en esta tierra.

Los tratamientos experimentales, como una primera fase de ensayo clínico para una nueva droga contra el cáncer, pudiera verse como un medio extraordinario de tratamiento. Una primera fase de prueba se interesa en determinar la dosis apropiada y la seguridad general de una nueva droga. Esas pruebas son parte importante del sistema de cuatro fases de pruebas clínicas de drogas experimentales. Sin embargo, como el interés principal de la primera fase es saber cómo se metaboliza la droga en los seres humanos frente a la eficacia de la droga para la determinada enfermedad que afecta al paciente, el beneficio para el paciente individual pudiera ser insignificante o inexistente. Los pacientes que participan en las pruebas de la primera fase por lo general han agotado todos los demás tratamientos. Aunque los pacientes que decidieron participar en tales pruebas están ayudando al avance de la ciencia médica y al desarrollo de nuevos tratamientos que algún día pudieran beneficiar a otros pacientes, no es moralmente malo que un cristiano decida no participar en tal prueba.

Ciertos tratamientos, como la reanimación cardiopulmonar, que pudiera salvar vidas y que es apropiado en la mayoría de las circunstancias, pudiera ser inútil para un paciente desahuciado cuya muerte es inminente. Ejemplos de enfermedades para las que es inútil la Reanimación Cardiopulmonar incluyen el cáncer metastásico, el choque séptico y el derrame cerebral agudo. La RCP es una terapia de apoyo destinada a establecer la circulación y la respiración en un paciente que haya sufrido un paro de ambas con el objetivo de restaurar la respiración y el ritmo cardíaco espontáneos. El cuidado regular en el ambiente del hospital es efectuar la RCP a falta de una válida orden médica de no hacerla. En casos en que sería inútil la Reanimación Cardiopulmonar, una orden de que no se aplique pudiera permitir que el paciente experimente una muerte más tranquila, sin el empleo de tecnología que además de molesta, es ineficaz.

Otro ejemplo de una tecnología que es útil en muchas circunstancias pero pudiera ser nada beneficiosa en un paciente cuya muerte es inminente es la hidratación y la nutrición artificial. Se usan la hidratación y la nutrición artificial cuando ya un paciente no puede tomar alimentos o líquidos por la boca. Dos medios de proporcionar la hidratación y la nutrición artificial son por vía intravenosa y por un tubo de alimentación. También puede proporcionarse la hidratación artificial inyectando líquidos directamente a los tejidos debajo de la piel, un procedimiento conocido como hipodermoclisis. Si se usa la vía intravenosa, se pueden introducir por la vena del paciente suplementos nutritivos líquidos y medicamentos que pueden introducirse a través de una vena del paciente. Puede introducirse un tubo de alimentación hasta el estómago del paciente ya sea por la nariz (tubo nasogástrico) o a través del abdomen por medios quirúrgicos (gastrostomía). Como con una vía intravenosa, pueden darse al paciente líquidos, alimentos, y medicinas a través de un tubo de alimentación.

Un riesgo asociado con el uso de las vías intravenosas es la posibilidad de infección en el lugar de la inserción. Para reducir el riesgo de infección, el sitio de la inyección intravenosa pudiera necesitar que se cambie cada cierto tiempo, lo que causa incomodidad a los pacientes que sienten dolor. Un riesgo de la inyección intravenosa para un paciente casi a punto de morir es que el cuerpo del paciente pudiera ser incapaz de asimilar bien los fluidos intravenosos. Conforme se acerca la muerte, una persona no necesita tanto alimento ni líquidos y por lo regular ocurre la deshidratación. La añadidura de los fluidos intravenosos en ese momento puede causar inflamación en los brazos y las piernas del paciente así como una acumulación de fluido en los pulmones del paciente, haciendo más difícil la respiración. La hinchazón y la acumulación de fluidos en las piernas es también un riesgo con la hipodermoclisis para un paciente a punto de morir.

Los riesgos asociados con el uso de los tubos de alimentación incluyen el desarrollo de neumonía si el fluido del estómago es aspirado a los pulmones, infección en el punto de inserción para un tubo quirúrgico insertado a través del abdomen y la irritación del estómago que a veces resulta en úlceras estomacales. Conforme un paciente se acerca al fin de la vida, es normal que su metabolismo se vuelva lento. Como resultado, los suplementos nutricionales dados a través de un tubo de alimentación pueden causar problemas digestivos tales como inflamación, acidez o indigestión.

En muchos casos, la hidratación y la nutrición artificial pueden mejorar la calidad de la vida de un paciente al aumentar su energía y disminuir los síntomas, tales como náusea o debilidad. El principio importante que debe seguirse al tomar decisiones respecto de la nutrición y la hidratación artificial es que se deben equilibrar los riesgos y los beneficios con el conocimiento de la enfermedad y las necesidades de un paciente. Sería un error decidir que una tecnología, como la nutrición y la hidratación artificial, se deba emplear siempre o, por el contrario, que siempre deba evitarse.

Suicidio Ayudado Por El MÉdico

El dolor, la depresión, y el temor de volverse dependiente de otros pueden hacer que una persona con una enfermedad incurable considere la conveniencia o necesidad de terminar con su vida. A veces la persona moribunda no se da cuenta de que los seres queridos quieren darle cuidado como expresión de amor y que no ven esa oportunidad como una carga. Un paciente desahuciado pudiera acudir a su médico en busca de los medios para que aquél cause voluntariamente su propia muerte, una práctica conocida como suicidio ayudado por el médico.

El suicidio ayudado por el médico por lo general implica que el médico prescribe dosis letales de medicamento para el paciente. En la actualidad, el único estado en los Estados Unidos donde es lícito el suicidio ayudado por el médico es Oregon, que permite la práctica para los enfermos desahuciados bajo condiciones limitadas. Desde que la ley Muerte con Dignidad entró en vigor en Oregon en 1997, una de cada siete de uno por ciento de todas las muertes del estado se clasifican como suicidio ayudado por el médico.

Con frecuencia, la razón de que un paciente busque información acerca del suicidio ayudado por el médico es que los síntomas asociados con el proceso de morir (como el dolor, la depresión, y la náusea) no se tratan con eficiencia. Es importante que los familiares y los que cuidan al enfermo sean sensibles a las necesidad de tratar el dolor de un paciente desahuciado. Además, deben tomarse en cuenta las necesidades emocionales y espirituales de los pacientes. Los capellanes y otros que dan atención pastoral pueden respaldar y guiar a los familiares en la búsqueda de formas eficaces de atender las necesidades del paciente conforme se acerca la muerte.

Desde la perspectiva histórica, el suicidio ayudado por el médico ha estado prohibido en la práctica de la medicina por más de dos mil años. El juramento hipocrático, aceptado por muchos nuevos médicos como parte de su ceremonia de graduación incluye lo siguiente: “Nunca le daré una droga mortal a nadie si la pidiera, ni haré sugerencia alguna al respecto.” Muchos médicos cristianos creen que el suicidio ayudado por el médico socava la relación de confianza entre un paciente y un médico. Otra preocupación de los facultativos es que la disponibilidad del suicidio ayudado por el médico disminuye el deseo de mejorar el cuidado de los pacientes moribundos. En otras palabras, si el terminar prematuramente con una vida es una opción, hay menos razón de mejorar el trato del dolor y las medidas de consuelo para el moribundo.

La Eutanasia

La eutanasia va un paso más allá que el suicidio ayudado por el médico y permite que el médico termine directamente la vida de un paciente que sufre a petición del propio paciente. Por ejemplo, poner a un paciente una inyección letal se consideraría eutanasia, mientras que prescribir una dosis letal de medicina que un paciente consume por sí mismo pudiera considerarse suicidio ayudado por el médico.

La eutanasia puede subdividirse en tres categorías: eutanasia voluntaria, eutanasia no voluntaria, y eutanasia involuntaria. Poner a un paciente una inyección letal a petición del paciente se clasificaría como eutanasia voluntaria. La eutanasia no voluntaria ocurre en circunstancias en que el paciente no puede hacer una petición voluntaria (un adulto inconsciente o mentalmente incapacitado; un bebito o un niño). La eutanasia involuntaria es terminar la vida de un paciente que se ve que está sufriendo y que puede hacer una petición voluntaria, pero no la ha hecho.

La gente siente un temor natural de sufrir y morir. Quienes fomentan la eutanasia y ayudan al suicidio capitalizan ese miedo. So pretexto de compasión, tratan de reducir los costos médicos al clasificar la eutanasia como una opción de tratamiento médico. Los pastores y capellanes están en la posición ideal para contrarrestar las fuerzas en nuestra sociedad que fomentan la eutanasia al tratar las necesidades espirituales de los pacientes y sus familiares. El temor al sufrimiento y a la muerte puede ser sustituido por la esperanza y la confianza en un Dios soberano que puede sanar a pesar de las más agobiantes circunstancias, y que puede reunirnos a todos en el cielo a su debido tiempo. Muchos ministros ayudan a otros a unirse a la carrera de vivir para Cristo, los ayudan a correr esa carrera con propósito y sentido, y los ayudan a terminar victoriosamente la carrera al cruzar la línea de llegada.

Christina M.H. Powell

Christina M.H. Powell, Ph.D., es ministro ordenado y científica de investigación médica, predica en iglesias y conferencias en todo el país. Ella es uno de los miembros del grupo de investigación en la Escuela de Medicina de Harvard, como también es la fundadora de los Ministerios de Impacto de Vida.