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La transición en el ministerio
Cómo convertirse en pastor titular después de haber sido pastor asociado

Por Rod Loy

En 1987, mi último año de instituto bíblico, hice una lista de mis metas para los siguientes 15 años de mi vida y de ministerio. En un tiempo de oración y de reflexión, escribí 10 metas. En 2001, catorce años más tarde, todavía estaba centrado. Había alcanzado las primeras nueve metas; solo me quedaba una por cumplir. La última meta en mi lista era a los 35 años convertirme en pastor titular de una iglesia. No obstante percibí la necesidad de modificar mi lista. No era el tiempo oportuno para hacer esa transición.

Disfruté mi responsabilidad como pastor ejecutivo en First Assembly of God en North Little Rock, Arkansas, junto a mi pastor titular Alton Garrison. Mi anhelo era trabajar en el engrandecimiento del Reino, sin importar el título o la posición. Así fue como en enero de 2001 me reuní con el pastor Garrison para comentar mis pensamientos. Todavía recuerdo mis palabras: "Quiero someter mis metas y sueños a sus metas y sueños. Quisiera seguir sirviendo junto a usted en tanto usted sienta que yo tengo algo con que contribuir a su ministerio y al ministerio de First Assembly"�. Fue una promesa sincera, y que hice con toda seriedad. Continuaría sirviendo junto a mi líder y dejaría el futuro en manos de Dios. Esta vez no escribí una nueva lista de metas. Sabía que estaba donde Dios me quería tener, en el centro de su plan para mi vida.

Cuatro meses más tarde en el Arkansas District Council, mi pastor fue elegido superintendente. Me senté en la reunión de negocios con un nudo en el estómago, el voto no solo cambiaba su vida, sino la mía. Fuera para mí bien o no, mi ministerio estaba al borde de la transición. Una semana más tarde, fui presentado a la congregación como candidato a pastor titular de First Assembly.

Nunca mi nombre había sido sometido a votación y no estaba ansioso de que sucediera. Mi futuro, mi familia, y mi ministerio parecían girar en torno a ese momento. Sé que Dios es quien dirige lo que sucede, pero es fácil olvidarlo cuando se enfrenta una votación. Muchas veces este trámite de votación saca a la luz las peores características de una iglesia.

Decidí que haría un sondeo en mi propia familia de cómo me iría. Quería sentirme ganador. El primer voto fue un empate "“dos votos a favor y dos en contra. Mis dos hijos, Tyler y Parker, votaron contra su propio padre. Pedí que volvieran a votar. Tyler cambió su voto, pero Parker se mantuvo firme en su posición. Finalmente, pregunté: "¿Parker, por qué no quieres que sea pastor?"�

Respondió: "Papá, ya sabes que te amo, y también amo al pastor Garrison. Pero si puedo escoger a quien quisiera como pastor, prefiero que él lo sea"�.

Le expliqué: "Pero hijo, esa no es una posibilidad. El pastor ya aceptó otro trabajo"�.

Nunca gané el voto de Parker, mi hijo menor.

Debo confesar que no me sentía muy confiado. La congregación debía dar su voto, y ni siquiera en mi familia tenía un voto unánime. Me sentí feliz al pensar que Parker no tenía suficiente edad para votar en la elección de la iglesia. En las siguientes dos semanas hubo mucho trabajo.

Nunca olvidaré ese domingo en la mañana, sentado con mi familia en la sala de comunicaciones, mirando los monitores mientras la congregación votaba. Mis hijos aparentemente no percibían la seriedad del momento, sino que disfrutaban unas galletitas de chocolate y una Coca-Cola. Esa mañana de una u otra manera supe que mi vida estaba a punto de cambiar. Me trasladaría o asumiría otra posición. Cuando se anunció el voto, yo había sido elegido pastor titular. Mis emociones eran una mezcla de entusiasmo, alivio, y temor.

Ahora, cinco años después, me doy cuenta de que debí haber sentido más entusiasmo y también temor. Muchas veces el pastor Garrison me había dicho: "Son más que veinte los pasos que hay entre tu escritorio y el mío"�. Él tenía razón. Mis quince años de miembro del equipo de trabajo no me habían preparado para el diferente mundo del pastor titular. La transición fue desafiante y agotadora.

He aprendido algunas valiosas lecciones acerca de la transición de miembro del equipo de trabajo a pastor titular. Estaba trabajando en la misma iglesia y con las mismas personas, pero los desafíos eran completamente nuevos. Durante los últimos cinco años, y después de dificultades y errores, he descubierto la respuesta a cada desafío.

Desafío. ¿Quién es responsable de mi crecimiento?

Cuando era miembro del equipo de trabajo, el pastor titular me desafiaba a crecer y a mejorar. Él me ayudaba a atender mis vulnerabilidades y a desarrollar mis puntos fuertes. Hubo momentos en que fue doloroso, pero aprendí a valorar esa relación que me hacía responsable ante otra persona.

Cuando me convertí en pastor titular, descubrí el valor de ser responsable ante alguien. Ahora, no había nadie que me hiciera ver mis fallas o me desafiara. Nadie supervisaba mi crecimiento. Estaba solo. Me sorprendió cuánto extrañaba este aspecto de mi relación con mi pastor titular.

Respuesta. Diríjase usted mismo.

Como pastor, aprendí que debo iniciar relaciones en que rinda cuentas a alguien. Debo llamar a un amigo o mentor y confesar mis vulnerabilidades, luchas, o alguna mala actitud. Mi propio liderazgo se ha convertido en lo más importante. Soy responsable de mi crecimiento.

Desafío. ¿Dónde están mis amigos?

Como miembro de un equipo de trabajo, los demás del grupo eran mis amigos más cercanos. Enfrentábamos las mismas frustraciones y temores. Como pastor titular, los mismos miembros del equipo de trabajo son todavía mis amigos más cercanos. Sin embargo, ya no enfrentamos las mismas frustraciones y temores. Los desafíos del pastor titular son distintas. Estaba rodeado de personas, pero luchaba solo.

Respuesta. Establezca nuevas relaciones con líderes.

Como pastor, he notado que las relaciones con otros pastores y líderes ahora son más importantes para mí. Como miembro del equipo, no podía entender la importancia de estar presente en reuniones de distrito o de sección. Ahora, valoro las oportunidades de establecer relaciones con otros líderes que entienden mis heridas, mis temores, y mis frustraciones. Nadie puede entender el dolor de alguien que deja su iglesia como quien ha pasado por la misma experiencia. Necesito a otros líderes que están en el mismo punto de la jornada, que me animen, me presenten desafíos, y me aconsejen.

Desafío. ¿Qué diré?

Como miembro de un equipo, pensaba que los domingos eran importantes. Como pastor titular, pienso que los domingos son todo. Uno de mis mentores a menudo me hacía recordar: "Su eficacia siempre la confirmará el próximo sermón"�. He descubierto un desafío único: cada semana tiene un domingo. Los seis días que hay entre un domingo y otro pasan volando. Pienso que cada pastor titular puede sentirse identificado con este sentimiento de desesperación: "¿Qué voy a decir el próximo domingo?"� Siente el gran peso de la preparación y la comunicación. Como miembro de un equipo, hubo momentos en que no me aplicaba completamente al trabajo. Como pastor, creo que el riesgo y la responsabilidad son demasiado grandes como para no entregarme de lleno a mi responsabilidad.

Respuesta. Trabajar por adelantado.

Rápidamente aprendí que la única manera de sobrevivir como pastor es trabajar por adelantado. Si dejo la preparación del sermón para el sábado, enfrento un gran riesgo. Surgen emergencias, los calendarios se llenan, y los teléfonos suenan. Me he disciplinado para siempre prepararme con 3 o 4 semanas de anticipación. La preparación con bastante antelación me permite enfrentar las crisis sin el sentimiento de la presión del domingo. Además, varias veces al año tomo un breve tiempo sabático y dedico tres días consecutivos al estudio con el solo propósito de prepararme para los sermones.

Desafío. ¿Por qué necesito volver a comenzar?

Serví 9 años en First Assembly antes de asumir la responsabilidad de pastor titular. Me equivoqué al pensar que la congregación me daría crédito por esos 9 años. Pensé que asumiría mi nueva responsabilidad y que seguiría adelante. Fue un duro despertar. A pesar de una relación de 9 años, tuve que comenzar en el primer peldaño de la escalera del liderazgo. Tuve que probar mi carácter en la nueva responsabilidad, persona por persona.

Respuesta. Comenzar de nuevo.

Durante el primer año estuve presente en cada actividad. Si había una fiesta, una reunión o una actividad de departamento, estaba allí. Muchas veces asistí a dos o tres actividades una misma noche. Pagué el precio de la relación. Fue como comenzar en una nueva iglesia. Cuando uno asume una nueva responsabilidad es como si comenzara de nuevo. Esto no parece justo, pero no es lo que más importa. Un nuevo pastor comienza de nuevo y debe ganarse nuevamente su influencia. No estoy presente en cada actividad de First Assembly; pero entiendo que en tiempo de transición en la iglesia necesitaré pagar el precio otra vez.

Desafío. ¿Por qué no todos están de acuerdo conmigo?

Cuando me convertí en pastor titular supuse que todos estarían dispuestos a seguir todas mis directivas y mis planes. Después de todo, yo estaba de acuerdo con mis líderes. ¿Acaso no harían todos lo mismo por mí? Como miembro de un equipo no me preocupaba el no ser del agrado de alguien. Tal vez preferían a otro miembro del equipo. Tal vez asistían a First Assembly aunque yo no les resultara agradable. No se requería que yo sintiera agrado por todos. Era fácil evadir a las personas con las que no congeniaba.

Respuesta. Amar a todos.

Como pastor titular, soy pastor de todos, aun de quienes no son de mi agrado. Aun tengo el privilegio de pastorear a quienes no votaron por mí. Después de 9 años en First Assembly, recibí 85 por ciento de los votos. Entiendo que algunos votaron contra el proceso, y que a otros no les gusta el cambio. Eso no me importó. Yo había sido maestro de sus hijos, había oficiado en funerales y en bodas. ¿Cómo se habían atrevido a votar contra mí? Sabía quiénes habían votado en mi contra. Sabía quienes habían llamado a sus amigos. Ahora, yo era el pastor de ellos.

El trabajo de un pastor es amar a todos. Decido amar a las personas difíciles, a las personas negativas, también a los que votaron contra mí. Mi trabajo es amar a Dios y amar a la gente.

Desafío. ¿Cuáles son las victorias fáciles?

Siempre mi plan había sido ocupar el lugar a un pastor que había tenido un tiempo difícil, uno que secretamente todos desearon que dejara la iglesia. En vez, seguí a un heroico líder que había llevado a la iglesia a alturas que nunca había alcanzado. Yo había sido parte de la iglesia. Había ayudado a diseñar ministerios, a reclutar voluntarios, y a proyectar la visión.

Ahora como pastor, las victorias fáciles no eran tantas, sino más esporádicas. No había áreas visibles de carencia y vulnerabilidad. No podía disculparme con las vulnerabilidades del liderazgo anterior porque yo había sido parte de él. Fue una lucha encontrar bases sobre las cuales establecer mi influencia y liderazgo.

Respuesta. Resistir la tentación de competir.

La mayoría quiere competir y probar que es mejor que la persona que antes ocupó el cargo. La mayoría de los líderes son tentados a promocionarse por hacer notar las vulnerabilidades del anterior pastor. Los nuevos líderes deben recordar que no están compitiendo contra el anterior pastor, sino que ambos están en el mismo equipo. El enemigo no es el pastor anterior, sino Satanás. Desde el principio, quien comienza a pastorear en una iglesia debe decidir que no hablará en desmedro de su colega que antes pastoreó la iglesia. Cuando en ocasiones la gente hace comparaciones, yo siempre las aprovecho para elogiar el liderazgo del pastor anterior.

Resisto la tentación de competir. First Asembly no es mi iglesia. First Assembly es la iglesia de Dios. Él me ha permitido servir como mayordomo durante este período. Cualquier buen éxito pertenece a Dios.

Desafío. ¿Cómo puedo hacer todo el trabajo?

Como miembro del equipo de trabajo, mi trabajo era intensivo en tareas. Dibujé planos para nuestros nuevos edificios. Supervisé la construcción de esos planteles. Diseñé programas, solucioné problemas, e implementé los planes de mi pastor. Comenzaba cada día con una lista de responsabilidades que podía medir. No dedicaba mucho tiempo a pensar acerca del mañana. No oraba para pedir visión. Esa no era mi responsabilidad. Mi trabajo era cumplir el trabajo de hoy. Mi gran realización era terminar el trabajo de hoy.

Cuando asumí la responsabilidad de pastor titular, me equivoqué al pensar que todavía podía hacer todo. Mi satisfacción y realización había sido hacer cosas. Ahora, en vez de hacer necesitaba pensar, orar, y planear; cosas que antes no consideraba trabajo. Esforzarme por participar en cada detalle y, al mismo tiempo, buscar la dirección de Dios era un trabajo agotador. Era como si no hubiera suficientes horas en el día.

Respuesta. Delegue el ministerio.

Mi trabajo como pastor titular es delegar labores ministeriales a otros y facilitar su buen éxito. Si yo mismo hago el trabajo, lo más probable es que me distraiga. He aprendido que la mejor manera de cumplir en el ministerio es con el trabajo de un equipo. Cada equipo tiene alguien que lo dirige. Ahora soy el que dirige. Tengo que dejar de hacer todo yo solo.

¿Cómo ocupo mi tiempo? Pensando, orando, soñando, estudiando, proyectándome, resolviendo problemas, y entablando relaciones con líderes clave. Antes, estas actividades parecían algo demasiado fácil. Ahora entiendo el duro trabajo que lo anterior implica. Mi enfoque había cambiado. En vez de enfocar mi atención en las tareas, debía centrarme en la visión.

Al acercarme al quinto aniversario de mi jornada, agradezco a Dios por los piadosos mentores y una muy paciente congregación. Quisiera pensar que si pidiera que mi familia votara, ahora hasta Parker votaría por mí.

Rod Loy

Rod Loy es pastor titular de First Assembly of God en North Little Rock, Arkansas.

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