Cuando ha llegado el momento de partir
Por Richard L. Dresselhaus
Me sorprendió mi rudeza. El predicador y yo casi corrimos a la puerta —él para saludar a sus feligreses y yo para que mi identidad no fuera descubierta.
Pero este no era un domingo como cualquier otro. Elnora y yo habíamos salido de la ciudad a buscar una iglesia en la cual pudiéramos soportar esta mañana en la que mi sucesor predicaría y sería considerado como candidato para ocupar el púlpito que me había pertenecido por 33 años. Casi no podía atemperar mis emociones.
First Assembly [Primera Asamblea] en San Diego estaba llena de feligreses ansiosos de conocer al candidato escogido por la Junta. Hoy era el momento cumbre de los siete meses de diligente oración y análisis de currículos vitae. Pronto se llevaría a cabo la elección. Había gran emoción; pero nada de esto nos incluía.
No importaba mucho que yo hubiera iniciado este proceso, que estaba seguro de la voluntad de Dios tanto para la iglesia como para mi vida, y que sabía que estábamos a punto de completar una transición positiva y, sorprendentemente, sin obstáculos. Muchas veces aunque la mente entienda, el corazón se duele. Y esa era nuestra situación.
Durante 33 años yo sabía que este momento llegaría. Nada es para siempre; solo la eternidad. Hay un tiempo de llegada y otro de partida. Un buen líder planifica ambos.
Por años había orado: Señor, cuando llegue el momento de partir, que sea en gozo y en victoria. Dios había respondido mi oración. Elnora y yo no hubiéramos podido imaginarnos una manera más maravillosa de que ocurriera. El último culto. La despedida. Las expresiones de aprecio. Estábamos más que agradecidos.
Pero nada podía ocultar el profundo sentimiento de pérdida que inundó nuestro corazón durante este tiempo de transición. No hay virtud en negarlo; nos dolimos. ¿Cómo podría un pastor invertir 33 años de su vida en una iglesia y seguir su camino como si nada hubiera pasado? ¿Cómo podría un pastor dedicar niños, luego casarlos, y dedicar los hijos de ellos sin entregar parte de su corazón? ¿Cómo podría un pastor, sin también invertir una gran parte de su vida, ser testigo de pecadores que se entregan a Cristo, crecen en gracia, y luego se dedican al servicio a Cristo? Un pastor no puede y por tanto nosotros no lo intentamos.
Desearía que todo pastor que renuncia a una posición ministerial a tiempo completo pudiera experimentar la satisfacción y el gozo de una partida saludable y positiva. Quizá los pensamientos expresados aquí podrán preparar a algunos pastores para lo inevitable: el momento de la partida.
Establecer metas y la transición
A principios de la década del 1980, Elnora y yo decidimos planificar el resto de nuestra vida en el ministerio (sujeta a intervención divina por supuesto). El proceso fue simple, pero tuvo grandes y buenos resultados.
En la parte de arriba de un papel en blanco, escribimos los años 1980 a 2000 (el último año coincidía con la fecha en que cumpliría 65 años). Al lado hicimos una lista de metas como la jubilación, la educación, y la vivienda. Incidentalmente, fue en ese momento que decidí comenzar a trabajar en un doctorado en el Fuller Theological Seminary [Seminario Teológico Fuller]. Toda excusa fue desvanecida al considerar la cercanía del año 2000. Esto también explica por qué nuestros fondos de jubilación en la MBA [Asociación de Beneficios a los Ministros] tienen alguna respetabilidad.
Por muchos años pensé que mi salida de San Diego First Assembly [Primera Asamblea de Dios de San Diego] coincidiría con el último año del plan en esa hoja. Por la gracia de Dios y el favor de la congregación, decidimos extender tres años más esa fecha. Pero las preparaciones habían comenzado años antes.
Los pastores son siervos de Dios. Él es el dueño de la viña y mueve a sus obreros como quiere. Aun así es propio que sus obreros sean buenos administradores, lo que incluye establecer metas y planificar sabiamente. Dios puede cambiar los planes pero dudo que mire con favor la falta de planificación.
El buen líder no sólo debe saber cuándo es el momento de llegar, sino también debe reconocer cuando es tiempo de partir. Un buen plan es necesario para una transición positiva. Ningún pastor debe sorprenderse de que tendrá que partir pues esto debe verse como una parte significativa del plan total de Dios para esa misión. La venida debe ser en gozo y en victoria. La partida debe ser igual. Tristemente, esto no siempre coincide con la realidad. ¿Por qué? Porque a veces la llegada y la partida no se consideran como los dos lados de la misma moneda.
Después de anunciar a la Junta que Elnora y yo partiríamos, uno de los miembros de la Junta dijo: "Pastor, mi esposa dijo que su predicación nunca ha sido tan buena como la de hoy"�.
Agradecí el cumplido, y luego le pregunté: "¿Debería esperar hasta que ya no predique tan bien?"�
El punto es claro. Las transiciones no son una probabilidad, sino un hecho. Por eso los pastores sabios las incluyen en sus metas y planes a largo plazo.
La estrategia y la transición
La pregunta es cómo hacerlo. Para mí, fue un proceso intencional bañado en oración. Puesto que la partida era parte de mis planes a largo plazo, fue lógico desarrollar una estrategia por medio de la cual la transición pudiera efectuarse.
Las transiciones incluyen una increíble cantidad de asuntos que considerar. ¿Cuándo debe un pastor informar a la Junta acerca de sus intenciones? ¿Cuándo debe informar a su equipo de trabajo? ¿Cuándo lo debe saber el resto de la feligresía? ¿Cuánto tiempo debe durar la transición? ¿Cuál es la función del pastor en el proceso? ¿Quién debe liderar la búsqueda de un nuevo pastor? ¿Qué debe hacerse en la búsqueda?
Permítanme compartir mi historia. Este es el orden cronológico de la transición que acabamos de completar:
- 1. En mayo informé a la Junta Directiva nuestra intención de partir (si usted está casado, esta debe ser una decisión en conjunto). Hacía varios meses que Elnora y yo sabíamos que precisamente para este tiempo estaríamos fuera del país por dos semanas. La Junta accedió retener esta información hasta que regresáramos. (En la columna lateral vea la Carta de Transición a los miembros de la Junta.)
- A principios de junio, leí a la congregación una carta de renuncia. (En la columna lateral vea la Carta de Transición a la Afiliación.)
- Compartí con la junta varias pautas que consideraba que le serían útiles en el proceso de selección. (En la columna lateral vea el Memo al Vicepresidente de la Junta de la iglesia.) Quizá la mejor sugerencia que di a la Junta fue que invitaran al superintendente del distrito, Ray Rachels, a participar junto a ellos en el proceso. Sabiamente esto hicieron.
- Por los próximos seis meses, Elnora y yo continuamos pastoreando como lo habíamos hecho por 33 años. Mantuvimos la misma pasión, carga, y energía en el ministerio. Fueron seis meses positivos, productivos, y alegres. Yo pastoreé mientras ellos buscaban a mi sucesor. Ellos tenían la libertad de hacer su trabajo y yo la libertad de hacer el mío.
- 5. A principios de noviembre Elnora y yo tuvimos nuestro último domingo en San Diego Assembly [Asamblea de Dios de San Diego]. El próximo domingo fue el primero de mi sucesor como el nuevo pastor. La iglesia no estuvo ni un domingo sin pastor.
Después de la transición
While writing this, I am looking across a valley in the Austrian Alps. Elnora and I are enjoying a trip abroad as part of our transitional plan. The snow is falling. The trees are white. A little Austrian village is scattered across the valley. We are looking ahead to the good things God has for us in the future.Mientras escribo este artículo, puedo ver un valle de los Alpes en Austria. Como parte de nuestro plan de transición, Elnora y yo estamos de viaje y disfrutándolo. La nieve cae. Los árboles se ven blancos. Un pequeño pueblo austriaco se extiende a lo largo del valle. Esperamos con anticipación las buenas cosas que Dios tiene para nosotros en el futuro.
La vida transcurre en estaciones. Dios ha ordenado que cada estación tenga retos, oportunidades, y gozo. Cuando Jesús exclamó desde la Cruz, "¡Consumado es!"�, se refería a su obra, no a la nuestra.
Nuestra labor en el reino de Dios nunca termina. Es continua. Es dinámica; no estática. Emergente. En proceso. Y usted y yo somos parte del programa. Tenemos nuestra posición como eslabones en una cadena. Uno comienza y otro termina. Uno toma la iniciativa y otro completa la labor. Uno siembra y otro riega, pero es Dios quien da el crecimiento.
Por eso estoy entusiasmado acerca de mi futuro. ¿Jubilación? No. ¿Nuevas oportunidades? Sí. Exactamente así es que pensamos acerca del futuro.
En mi último domingo, basado en la historia de Elías y Eliseo, hablé acerca de la transición. De esa historia enfaticé: (1) lo inevitable del cambio; (2) las posibilidades del cambio; (3) las consecuencias del cambio.
Como parte del último punto, mencioné que por alguna razón Elías seguía apareciendo. ¿Recuerda la historia de la transfiguración? ¿Y qué de los dos testigos en el Apocalipsis? Espero que los pastores estén de acuerdo en que por alguna razón Elías seguía apareciendo.
Mis palabras de despedida fueron las siguientes: "Cuente con ello. Elnora y yo seguiremos apareciendo —quiera Dios que en sus oraciones, en su amor, y en maneras productivas de ministerio y servicio"�.
Por la gracia de Dios, así será.
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