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Cómo sobrevivir la pérdida del cónyuge

Por Richard D. Dobbins

Recuerdo perfectamente aquella tarde. Eran las 5. Estaba apoyado en la mesita del desayuno. Mi esposa y mi hija menor estaban en la habitación conmigo. Esperábamos los resultados de varios días de diagnóstico a los que mi esposa se había sometido para determinar la causa del intenso dolor en la espalda.

Entonces, sucedió… el repentino sonido del teléfono. Aunque lo esperábamos, el sonido nos causó un sobresalto. En el otro lado de la línea era la voz del médico que atendía a nuestra familia. "Lo siento, pero no tengo buenas noticias"�, dijo con voz solemne. "El dolor en la espalda de su esposa es causado por tumores que parecen ser un tipo de linfoma. Tendremos que hacer más exámenes para determinar la clase de linfoma con que estamos tratando. Supongo que la única buena noticia es que esta clase de cáncer responde muy bien a la quimioterapia."� Él oró por nosotros antes de colgar el teléfono. En mí quedó la responsabilidad de informar a mi esposa y a la familia. Fue un golpe para todos.

La impresión inicial que acompaña a las noticias desgarradoras es un misericordioso anestésico para quienes deben enfrentar trágicos momentos. Durante varias horas, lo que nos estaba sucediendo parecía una pesadilla de la que queríamos despertar.

Como ministro y profesional de la salud mental he pasado por momentos similares con muchas personas. Aun así, mis experiencias pasadas no podían hacer que yo, mi esposa, o mi familia fuéramos inmunes a lo que otras parejas y familias enfrentan cuando pasan por circunstancias semejantes.

En ese momento no sabíamos que estábamos por enfrentar una batalla de tres años que culminaría con la muerte de Dolores en el verano de 1992. Así que hicimos lo que otras familias de nuestra iglesia habían hecho en semejantes momentos de crisis. Notificamos a nuestro pastor y a nuestros amigos en el ministerio y les pedimos que oraran por nosotros. Al principio, cada día recibíamos llamadas de personas que querían saber de la salud de Dolores.

En las congregaciones se oró por la sanidad de Dolores. Este gesto fue de mucho consuelo y esperanza para nuestra familia. No obstante, conforme pasaron las semanas y los meses, y la enfermedad rehusaba dejar el cuerpo de mi esposa, tuvimos que enfrentar la posibilidad de perderla. Era un hecho que no podíamos negar.

La entrega de su esposa a dios puede ser difícil

Como hombre, y específicamente como pastor, pensé que debía proteger a mi esposa de esa amenaza sobre su vida. ¿Acaso no creemos en la sanidad? En todas partes del mundo la gente había orado por ella. Perdí la cuenta de todas las personas que nos llamaron para comunicarnos una palabra de parte del Señor de que esta enfermedad no era para muerte, sino para la gloria del Señor.

Una tarde, cuando después del trabajo regresaba a casa, me sorprendí en una intensa lucha con estas contradicciones. En medio de mi dolor, el Señor me hizo recordar a Abraham e Isaac cuando subieron al Monte Moriah y me desafió a poner a Dolores en sus manos. "Después de todo"�, me pareció oír, "si quiero dejar a Dolores contigo, el cáncer no la matará. Y si quiero que esté conmigo, todas las oraciones de la tierra no la sanarán"�. Aunque esto no alteró la intensidad de mis oraciones por su sanidad, sí me ayudó a entregar mi esposa a Dios. Este es uno de los más difíciles desafíos espirituales que enfrentamos con la posible muerte de un ser querido.

No había duda de que Dolores estaba más consciente de lo que experimentaba que yo mismo o que nuestros hijos, puesto que era su cuerpo el enfermo, cada día sufría el dolor y los procedimientos médicos que se requerían para combatir la enfermedad. Se sometió a su último tratamiento de quimioterapia antes mismo de la Navidad de 1991. Como el resultado no fue positivo, nuestro oncólogo nos comunicó las noticias después de las festividades.

Sabíamos que servimos a un Dios de milagros, y nunca dudamos de su poder para sanar. No obstante, después de Navidad fue obvio que, a menos que hubiera un milagro, sólo teníamos unas pocas semanas o tal vez meses para estar juntos. Así que conversamos.

Ella me habló de sus ansiedades acerca de la muerte y de su esperanza acerca del cielo. Cuando andamos con nuestro cónyuge en el valle de sombra y de muerte, sencillamente enfrentamos nuestra propia mortalidad. Se desvanece la ilusión de que la muerte es algo que toca a otros; que a nosotros no nos alcanza.

Si es posible, es importante conversar

Cuando su cónyuge es repentinamente arrebatado de su lado, la muerte lo priva de expresar los sentimientos íntimos y de cariño a su compañero o compañera que tienden a mitigar el dolor de la separación. Inevitablemente esto agrava el proceso de sufrimiento y a menudo hace que surjan los remordimientos.

Sin embargo, cuando la muerte del cónyuge sucede gradualmente por un período de semanas o meses, usted tiene oportunidad de prepararse para la separación final. Así fue como tuvimos tiempo de hacer cosas significativas para nosotros.

No quería que se sintiera sola, así que insistí en que habláramos de cosas que le sucedían. Necesitaba expresar lo que estaba viviendo, y yo necesitaba que me enseñara lo que es enfrentar la muerte. Así que tuvimos largas y frecuentes conversaciones.

Como familia, decidimos cuidar de Dolores en casa cuando los médicos no pudieron hacer nada más por ella. Conforme ella quiso y pudo, se mantuvo ocupada con los quehaceres del hogar, las cosas que había hecho por años. Así fue como dos semanas antes de morir, preparó emparedados y sopa para la cena, e insistió en lavar los platos.

Después, cuando vimos que la muerte se acercaba, las enfermeras estaban en casa 24 horas al día. Contamos con el auxilio de un maravilloso equipo médico. Los días anteriores a su muerte, mis hijos y yo estuvimos constantemente junto a su lecho y cantamos sus himnos y coros preferidos. La hicimos escuchar grabaciones de sus pasajes bíblicos favoritos.

Puesto que estuvimos en pie para acompañarla su última noche, un poco antes de las 8 de la mañana la enfermera nos reemplazó para que bajáramos a tomar una taza de café. Cuando acabábamos de sentarnos, la enfermera bajó y con voz suave dijo: "Dolores acaba de ir a la presencia del Señor"�. Fue como si hubiera esperado hasta que saliéramos de la habitación para que no la viéramos exhalar su último aliento.

Es bueno planear… cuando se puede

Todos subimos apresuradamente al dormitorio para ver a Dolores y consolarnos mutuamente. Después de que nuestros hijos bajaron al primer piso, me quedé en el dormitorio y esperé que llegara la persona de la funeraria. Esta era una de las cosas que ya había decidido que haría. También había decidido que no besaría su cuerpo una vez que la vida hubiera escapado de ella. Se besa a una persona, no un cuerpo.

Decidí que permanecería junto al cuerpo mientras estuviera en nuestro hogar y que lo acompañaría al coche fúnebre. La salida del coche fúnebre del estacionamiento de la casa es un momento inolvidable en el proceso de duelo.

Por respeto a ella como mi esposa, usé mi anillo de bodas hasta el momento de su sepultura. No obstante, para no negar el dolor de su partida, decidí que junto a su tumba me quitaría el anillo y lo daría a nuestro hijo como un símbolo de nuestro amor por él y de uno al otro.

También decidí que los diamantes del anillo de bodas de mi esposa se convertirían en un juego de aretes para mi hija menor y en una gargantilla para la mayor. Estas decisiones proveyeron a nuestros hijos de perdurables recuerdos de su madre; me ayudaron a poner punto final a esta tragedia en mi propia vida; y restauraron en mí un cierto sentido de control de las circunstancias que me habían hecho sentir impotente.

Por lo general, pienso que no es emocionalmente saludable continuar usando el anillo de bodas después del funeral del cónyuge. Fácilmente este hecho puede convertirse en la negación de una pérdida. Después de todo, según la Biblia, cuando uno de los dos muere, el matrimonio llega a su fin (Romanos 7:2,3).

Es posible que algunas mujeres prefieran usar el anillo de bodas durante su período de duelo para no atraer la atención de otros hombres. Cuando se decide proceder de esta manera, la mujer debe entender el riesgo que corre de negar la pérdida y prolongar el período de duelo. Al quitarse el anillo, la persona enfrenta el hecho de que ya no está casada. Cuanto antes esto suceda después del funeral, tanto más saludable será para usted; sin embargo, sea paciente con usted mismo.

El dolor se sana desde el interior

No niegue su dolor…y no se avergüence de él. La pérdida de su cónyuge es un dolor que se siente en lo más profundo del espíritu. La profunda angustia emocional es una parte normal de esta trágica experiencia de la vida.

El período de su duelo variará conforme a la naturaleza de la relación con su esposa o cuan repentina o prolongada fue la agonía de su cónyuge. Generalmente, cuanto más repentina es su pérdida, tanto más largo es el período de duelo puesto que no hubo tiempo de preparación. Si su cónyuge muere repentinamente y por causas naturales, es posible que tarde dos años en recuperarse. No obstante, si lo pierde en la guerra, en un accidente, por asesinato, o suicidio, su duelo puede extenderse por tres o más años. Esto es lo que se conoce como duelo agravado. La mayoría de las personas necesita la ayuda de un pastor competente o de un profesional de la salud mental que lo ayude a enfrentar los problemas emocionales y espirituales que causa esa clase especial de pérdida.

Cuando su cónyuge enfrenta una agonía prolongada, la mayor parte del duelo se experimenta antes de la muerte. Esto se conoce como duelo anticipado.

Estoy agradecido por el tiempo que Dolores y yo tuvimos para prepararnos ante la inevitable separación. Aunque los votos matrimoniales recuerdan a la pareja que la muerte inevitablemente los separará, la mayoría de los cónyuges parecen olvidar esto cuando ya están casados. Los matrimonios viven como si fueran a estar para siempre juntos. El primer gran ajuste que es necesario hacer ante la muerte del cónyuge es asimilar la idea de que la persona ha partido, y que usted se ha quedado solo.

Las visitas al cementerio pueden ayudarlo a vivir el duelo

El cementerio donde sepultamos a Dolores queda a unos pocos minutos de nuestra casa. La tumba está junto al camino en el cementerio. Durante los primeros seis meses fui al cementerio todos los días. Cuando llovía, me quedaba en el automóvil y meditaba en los 47 años que compartimos. Cuando el tiempo estaba favorable, me paraba frente a la tumba y meditaba en especiales momentos de nuestro matrimonio. A menudo, oraba y abría mi espíritu a Dios para que tocara mi dolor con su mano de consuelo. Estas visitas al cementerio fueron una gran ayuda para poder sobrellevar el tiempo de duelo.

Llore cuantas veces sea necesario

No se avergüence de llorar cada vez que sienta deseos de hacerlo. Hubo momentos en que estaba sentado con mis amigos en un restaurante y repentinamente el dolor me dominaba. Allí mismo, delante de todos comenzaba a sollozar. Recuerde que las heridas del sufrimiento se sanan desde el interior.

Cuanto más nos esforzamos por ser fuertes, tanto más permanecemos atrapados en el sufrimiento. Conforme pase el tiempo, el sufrimiento no será tan intenso ni tan frecuente. Así notará que está sanando.

Aprenda a ser soltero otra vez

Después de la partida de su cónyuge, pasarán meses antes de que aprenda cómo ser soltero otra vez. Este fue un difícil desafío para mí. En efecto, los primeros 6 meses me desenvolví penosamente en una atmósfera social extraña para mí. Estaba soltero, pero todavía me sentía casado. Es una extraña experiencia volver a la vida de soltero después de haber estado casado.

Cuando termina el funeral, los familiares y los amigos vuelven a su rutina y usted se queda en la misma casa, sin su cónyuge. En ese momento usted descubre que el espíritu de su cónyuge ocupaba parte del espacio en esa casa. Así que, durante las primeras semanas usted siente el vacío que dejó en su casa la salida del espíritu de su compañero o compañera. Con el tiempo, descubrirá que su propio espíritu se expande y llena ese vacío. Pero mientras eso sucede, la soledad es palpable, especialmente cuando cada noche enfrenta el lado vacío en la cama.

Aunque distribuya las pertenencias de su cónyuge entre los familiares u organizaciones de caridad, habrá muchas cosas que le recordarán su presencia. Durante días permanecerá en la casa la fragancia de perfumes y colonias, y descubrirá evidencia de lugares que visitaron y cosas que hicieron juntos. Aprender a superar esos descubrimientos es parte de aprender a ser soltero otra vez.

Los cambios en su vida social

El hecho de que ya no se le considere en actividades para matrimonios también será un factor que lo haga despertar a la realidad. En la mayoría de los casos, el que no se lo considere en estos grupos no será un acto deliberado. A modo de ejemplo, después de la muerte de mi esposa continué asistiendo a la iglesia que habíamos fundado y pastoreado durante 26 años. No obstante, nunca recibí una invitación a unirme a los matrimonios para ir a cenar el domingo o a disfrutar un postre en un restaurante.

Estos cambios sociales pueden ser más difíciles para el hombre. Las mujeres tienen más habilidad para desenvolverse socialmente. Es más probable que tenga la iniciativa de reunirse con otras mujeres solteras o viudas para disfrutar un momento de esparcimiento, cenar en un restaurante, o ir de compras. Los hombres sufren más de soledad que las mujeres porque no tienen tanta facilidad para iniciar trato con otras personas.

Tal vez esa es una razón de que pronto inician relaciones sentimentales después de la muerte de la esposa. Generalmente esto no es saludable. A menudo termina en matrimonios prematuros y desastrosos. Una sabia decisión sería que el varón durante varios meses después de la muerte de su esposa se propusiera participar socialmente con otros varones.

Los sentimientos sexuales continúan vivos

Poco después de la muerte de su cónyuge, usted descubre que sus sentimientos sexuales no han muerto…todavía están vivos. Esto lo hace consciente de otro vacío que dejó la partida de su cónyuge. Este es un asunto muy personal y delicado. No he encontrado nada escrito que ofrezca consejo práctico para tratar con esta parte de su vida.

Por esa razón, permítame sugerirle que los recuerdos de sus años de matrimonio le sirvan de consuelo y alivio mientras no se vuelva a casar. No permita que las pasiones sexuales reprimidas lo empujen a otra relación. Aprenda a vivir con comodidad y felicidad la experiencia de ser soltero otra vez antes de pensar en traer a alguien a su vida.

Aprenda a vivir otra vez

No se sienta culpable cuando descubra que ha comenzado a disfrutar la libertad de la vida de soltero. Descubrirá cuán bien se siente hacer y deshacer sin tener que pensar cómo otras personas responderán a sus acciones. Es un alivio cuando se descubre que una persona sola puede vivir por menos que si fueran dos. Además, cuán liberador se siente no tener que consultar la opinión de otra persona en cuanto a qué hacer o cuánto pagar. Esos sentimientos son normales… y saludables. Al disfrutar su celibato se armará de sabiduría que lo ayudará a no caer rendido ante alguien que no lo merece.

Richard D. Dobbins

Richard D. Dobbins , Ph.D., psicólogo clínico y fundador y director de EMERGE Ministries, Akron, Ohio. Su libro, Invisible Imprint: What Others Feel When in Your Presence , publicado por VMI Publishers, Sister Oregon, 2001, se puede adquirir en Gospel Publishing House, Springfield, Missouri (1-800-641-4310).

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