Despiértame cuando lleguen los milagros
Por Tricia Cunningham
Un ministro vino acompañado de su esposa al Instituto Nacional para el Matrimonio, en Branson, Missouri, a fin de asistir a una serie de sesiones intensivas de consejería para parejas. Se sentaron en los extremos opuestos del sofá, y su lenguaje corporal era obvio. Parecían estar emocionalmente desconectados entre sí, y con la urgente necesidad de un milagro en su matrimonio.
Ninguno de los dos había cometido adulterio, ni tenido ninguna otra clase de conducta inmoral, pero la distancia de relación que había entre ellos era inmensa. El otro terapeuta y yo comenzamos a hacerles preguntas. Mientras nos relataban su historia, sentí que una inmensa compasión me consumía el corazón.
Trabajamos con esta pareja durante cuatro días de terapia intensiva. Pudimos descubrir lo que estaba causando sus temores y su forma de conducta y lo que impedía que pudieran experimentar otra vez una relación de intimidad. Una vez que hablamos en detalle sobre los obstáculos, comenzaron a comprender mejor su propio corazón, y también el del otro. Fue asombroso ver la transformación que se produjo en solo cuatro días. Antes de marcharse, nos dijeron que se sentían como si estuvieran en su luna de miel. Estaban ansiosos por regresar a su hogar, y bendecir a sus hijos y a la congregación con su amor y su entrega otra vez abrazados.
Cuando iba de camino a mi casa aquella noche, me rodaban las lágrimas por las mejillas mientras alababa al Señor. Tenía la profunda sensación de que el enemigo había estado trabajando horas extra para sacar de la carrera a aquella pareja. Pero una vez más, era Dios el que había triunfado. Yo había presenciado cómo Dios se abría paso de una manera sobrenatural.
No puedo explicar cómo o cuándo sucederá, pero en casi todas las sesiones de tipo intensivo presenciamos unas transformaciones de los corazones que parecen milagrosas.
La restauración de los matrimonios por medio de la intervención de Dios
En mi condición de terapeuta en el INM, cada mes trabajo con muchas parejas. Éstas proceden de todos los lugares del país y desempeñan todas las ocupaciones posibles, pero tienen varias cosas en común. Suelen ser parejas cristianas que se sienten atascadas, exhaustas, y desilusionadas en su matrimonio. Es frecuente que soliciten unas sesiones intensivas como último esfuerzo antes de firmar sus papeles de divorcio. He oído decir a algunas parejas en el primer día de sus sesiones intensivas que tenían los papeles del divorcio en la casa, esperando a que los firmaran, si las sesiones intensivas no daban resultado.
Cada semana, los terapeutas del INM vemos cómo unos matrimonios que parecían no tener esperanza alguna reviven y se llenan con la esperanza de un radiante futuro. Es frecuente que salgamos de las sesiones intensivas maravillados con lo que Dios ha hecho.
Los terapeutas del INM son personas altamente preparadas, pero por muchas que sean su experiencia y capacidad, todos confiamos por completo en la intervención de Dios. Estamos intensamente conscientes de que toda la preparación del mundo junta no puede hacer milagros. Pero estamos agradecidos porque servimos a un Dios cuya presencia y cuyo poder da esperanza y sanidad a los que se las pidan.
Hace unos meses, durante una sesión intensiva, vi transformarse el corazón de un hombre. Durante años se le había ido endureciendo el corazón respecto a su esposa, y se veía enojado e insoportable. Sin embargo, hubo un momento concreto en el cual lo sacudió algo que se dijo, y le cambió el semblante. Se le suavizó el rostro y le comenzaron a brotar las lágrimas. Entonces se volvió a su esposa, y le dijo: "Ahora entiendo. Ahora entiendo. Lo siento tanto, cariño. Lo siento tanto. Ahora entiendo"�. Ella también comenzó a llorar, se abrazaron con amor y lloraron juntos.
La transformación fue milagrosa, y sentí el corazón maravillado y lleno de asombro por lo que acababa de presenciar. De repente me vino un pensamiento. Aquello que yo estaba sintiendo era familiar, no sólo porque lo había visto en sesiones intensivas anteriores, sino porque lo había sentido en mi propia niñez.
Mis padres son directores regionales de las misiones de las Asambleas de Dios en América Latina y el Caribe. Cuando yo era niña, ellos eran misioneros en la Argentina. Mi padre fundó muchas iglesias mientras estábamos allí. Lo típico era que comenzara la fundación de las iglesias con campañas en tiendas. Recuerdo que siendo niña iba a los servicios de noche y, cuando durante el sermón me cansaba, ponía la cabeza sobre el regazo de mi madre, y le decía: "Mamá, no dejes de despertarme cuando lleguen los milagros"�. Después de la oración para pedir sanidad, la gente hacía fila a lo largo de la plataforma para dar testimonio de los milagros que acababan de experimentar. No quería perderme los testimonios de los milagros que Dios había hecho aquella noche.
En mi niñez, era algo corriente el que presenciara las formas sobrenaturales de obrar de Dios, pero aquello nunca se me hizo viejo ni aburrido. Aun ahora, que soy adulta y vivo en los Estados Unidos, aunque el escenario es sumamente distinto, el mismo Dios se hace presente en el cuarto de consejería para transformar los corazones y los matrimonios. Cuando Dios obra, a veces capto por un instante lo que debe haber sido ver cómo se abría el Mar Rojo. Es algo que siempre resulta inspirador, siempre asombroso, y siempre una cosa de Dios.
Tengo un lugar especial en el corazón para los ministros y sus esposas, no sólo porque mi esposo es ministro de las Asambleas de Dios, sino también porque creo que los ataques del enemigo contra ellos son frecuentes y muchas veces considerados como de poca monta. El enemigo trabaja horas extra para hurtar, matar, y destruir su vida y su eficacia en el ministerio. Uno de los aspectos en los que afina la puntería parece ser su matrimonio.
Las dos profesiones que vemos más en nuestras sesiones intensivas son las de médico y de pastor. Las personas que tienen esas profesiones se entregan fuertemente por una causa digna. Trabajan gran número de horas. Su trabajo es comprensible e importante, pero es frecuente que deje una huella en su matrimonio.
Algunos pastores y sus cónyuges entre los que asisten a las sesiones intensivas han experimentado la infidelidad en su matrimonio. Otros no, pero se hallan dolorosamente y emocionalmente desconectados. Algunos no tienen esperanzas de que algo cambiará, pero con frecuencia, si están dispuestos, su matrimonio sí experimenta un cambio.
Bien vale la pena invertir tiempo, energía, y dinero en nuestro matrimonio. Hay muchos libros excelentes sobre el matrimonio, y también hay un buen número de magníficos consejeros. Tanto si a usted le parece que su matrimonio se halla en mal estado, o simplemente necesita un enriquecimiento, hacer una inversión en él beneficiará a muchas personas más que a ustedes dos solos.
Uno de los mayores regalos que pueden dar a sus hijos es un matrimonio excelente. La iglesia que tiene un pastor con un matrimonio saludable es bendecida, porque su relación hablará más alto que muchos de sus sermones.
Principios para la mejora de los matrimonios
Hay esperanza para todos los matrimonios que luchan. Muchas veces la puesta en práctica de algunos principios y técnicas será suficiente para mejorar de forma radical la calidad de la relación matrimonial. A continuación presento cinco elementos clave que se enseñan en el INM y se explican en el libro The DNA of Relationships ["El ADN de las relaciones"�], por Robert Paul, copresidente del INM, y Gary Smalley, su fundador.
Seguridad
Si usted o su cónyuge no se sienten emocionalmente seguros en su relación, será virtualmente imposible que experimenten intimidad. Querer motivar la intimidad cuando las personas no se sienten seguras, es semejante a tratar de abrir la tapa de una alcantarilla mientras se está parado encima de ella. Cuando las personas se sienten seguras, se abren con naturalidad, y desde esa postura, la intimidad tiene la oportunidad de motivarse. Si su cónyuge dice que usted es un controlador, o que no se siente segura con usted, ponga toda su energía en tratar de ser bondadoso, amoroso, compasivo, lento para la ira e interesado en lo que ella le dice. Muestre empatía y afecto constantemente, y su cónyuge podrá comenzar a abrirse hacia usted con mayor rapidez de lo que usted espera.
Responsabilidad personal
Cuando una pareja se siente insatisfecha en su relación matrimonial, muchas veces su integrantes tratan de cambiar a su cónyuge. Nada lo podría desautorizar más. Comparta con su cónyuge lo que está sintiendo, pero reconozca todo lo que pueda. Haga lo que haga, no espere a que cambie su cónyuge para sentirse feliz. Comience a cambiar las cosas que puede cambiar en su propia persona. Aunque usted sólo fuera diez por ciento del problema, es usted mismo quien tiene el dominio o gobierno de ese diez por ciento. Muchas veces, si cambia una persona dentro del sistema, todo el sistema cambia.
Cuidar de sí mismo
Si usted se está comenzando a sentir vacío o necesitado, es probable que no se esté cuidando adecuadamente a sí mismo en el aspecto mental, emocional, espiritual o físico (o una combinación de ellos). No puede esperar que tendrá un depósito inagotable del cual dar, si no se está cuidando a sí mismo. Debe centrarse en el cuidado de sí, de manera que tenga algo que dar. Recuerde que el mayor de los mandamientos es el de amar a Dios con todo su corazón, su alma, su mente, y sus fuerzas, y al prójimo como a sí mismo. El cuidado de uno mismo es distinto al egoísmo. Este último sólo nos beneficia a nosotros, mientras que el cuidado de uno mismo beneficia a todos los implicados en nuestra vida. El propósito del cuidado de uno mismo consiste en llenarse de tal forma que se tenga algo que dar.
Cuidar de uno podría significar tomarse libres los días que le correspondan, así como las vacaciones. Señale en su calendario tiempos que sean sólo para usted, sea para irse al gimnasio, tomar café con algún amigo con quien le agrade estar, o simplemente orar.
Aprenda también a delegar responsabilidades. Los buenos administradores conocen lo importante que es delegar. Si a usted le parece que es el único que lo puede hacer todo bien, terminará sufriendo por ello.
Cuide de su cónyuge
Obtenga un doctorado en el conocimiento de su cónyuge. Aprenda su lenguaje amoroso y haga aquellas cosas que cree que serán importantes para ella. Tanto si se trata de citas amorosas semanales como de salidas frecuentes de fin de semana, haga todos los esfuerzos necesarios por divertirse junto con ella. Oren juntos todos los días. Las indagaciones de George Barna indican que la proporción de divorcios en la iglesia es tan alta, o tal vez un poco más alta, que la de divorcios fuera de ella. Pero según una encuesta de la Asociación Nacional para el Enriquecimiento del Matrimonio, las parejas que oran juntas a diario tienen una proporción de divorcios inferior a uno por ciento.
Conviértanse en un equipo
Usted y su cónyuge se hallan en el mismo equipo. No hay equipo deportivo alguno en el que sea posible obtener unos resultados en los cuales un miembro del equipo gane y el otro pierda. O ganan ambos, o pierden ambos. Si usted busca con frecuencia la forma de ganar las discusiones con su cónyuge, lo más probable es que ella saldrá de esas discusiones con la sensación de que ha perdido. La realidad es que ambos habrán perdido. La meta es obtener el triunfo de ambos en toda interacción. Escúchense mutuamente con el corazón abierto durante los momentos de desacuerdo. Pónganse de acuerdo para conversar en detalle sobre sus desacuerdos hasta que hallen una solución que les parezca estupenda a los dos.
En la vida hay pocas cosas que nos den tantas oportunidades para el crecimiento personal como el matrimonio. Dentro del matrimonio pasamos por el dolor y el gozo, por torbellinos atormentadores y por una paz profunda, por sentimientos de derrota y sentimientos de victoria, por temores abrumadores y por un amor también abrumador. Esta interminable lista de experiencias y emociones nos da oportunidades para mirar dentro de nuestro corazón y explorar la maravilla de nuestra existencia humana. Somos nosotros los que escogemos la forma en que vamos a responder ante cada experiencia, y en esta serie de decisiones es donde nos descubrimos a nosotros mismos a la luz del Señor.
Conclusión
Si usted tiene un matrimonio maravilloso, compréndalo y siga apreciando el don que tiene. Si está luchando en su matrimonio, hay esperanza para usted. Lea libros sobre el matrimonio e inmediatamente ponga en práctica los cambios necesarios. Busque una pareja que esté dispuesta a mentorearlos a usted y a su esposa. Reúnanse con ellos para rendirles cuentas y recibir su apoyo. Busque una consejería cristiana buena y de confianza y comprométase con el proceso. Apóyese en el Señor para recibir de Él perspicacia, sabiduría, y comprensión mientras sigue adelante en su matrimonio. Pido al Señor que usted se lance a esta aventura.
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