Assemblies of God SearchSite GuideStoreContact Us

El mosaico norteamericano:

un diseño para la visión y la misión de la iglesia

Por Jesse Miranda, Jr.

EL MUNDO A NUESTRA PUERTA

El anunciador de ABC-TV para las Olimpíadas de Verano de 1984 sorprendió al país cuando comentó que cada nación representada en los juegos estaba representada también entre los residentes de Los Ángeles, California, donde se celebraba la competencia. Para los que viven en Los Ángeles esto no era noticia, porque ya estaban viendo y viviendo esta diversidad racial y étnica. Un cuarto de siglo más tarde toda la nación está viviendo esta realidad.

Esta realidad nacional está convirtiéndose en una pesadilla nacional para muchos en los Estados Unidos. Recientemente los informes de la televisión ponían su atención en millones de inmigrantes y de gente que los apoya mientras marchaban por las calles de las ciudades en toda la nación, levantando comentarios serios y preocupación. Estas marchas, en las que la mayoría eran hispanos, encendieron debates a través del país sobre asuntos de inmigración, legalidad, y asimilación. Revivieron memorias de los años 60, y asuntos sobre justicia, integración e inclusión.

Los Estados Unidos de Norte América incluyen ahora a todas las naciones del mundo. La extensión y la naturaleza del mosaico norteamericano actual es grande y compleja. Al contener a las muchas comunidades raciales, étnicas e idiomas en el torrente de nuestra nación presenta un gran desafío para la sociedad actual. Los antiguos asuntos raciales siguen sin solución y en un compás de espera; en tanto que los asuntos recientes se enfocan en los inmigrantes e indocumentados de la actualidad. Mientras tanto, millones de ciudadanos de origen inglés, mayormente integrados de segunda y tercera generación racial y étnica, permanecen descuidados y no alcanzados por el evangelio.

Surge la pregunta: ¿cómo responde la iglesia individualmente y colectivamente a las presentes circunstancias en que vivimos? Bien puede responder de la manera en que lo hace la iglesia o del modo en que lo hace Jesús. Muchos a través de la nación creen que los Estados Unidos está completo y que no puede asimilar más recién llegados. El Congreso determinará esto para la nación. En cuanto a la iglesia, ella habrá llegado al límite de su capacidad en el momento del retorno de Cristo. Hasta entonces, la iglesia está bajo el gran mandamiento —amar a Dios y a nuestro prójimo— y la Gran Comisión — evangelizar más allá de cada frontera para su Reino y sus miembros. En otras palabras, la naturaleza, historia, y legado de la iglesia son inclusivos y globales. La iglesia ha estado, y actualmente sigue estando, comprometida con el concepto de la “plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25), y con la misión de completar el cuerpo de Cristo en su retorno. La actitud y la mente de la iglesia pentecostal debe ser la de Jesús.

El centenario del avivamiento de la Calle Azuza se celebró en Los Ángeles en abril de 2006. Hubo 31.000 registrados y 45.000 participantes de muchas naciones y de varios grupos raciales y étnicos en los Estados Unidos. Las multitudes mezcladas racialmente estuvieron celebrando en aquella ocasión memorable. Los recordatorios de que la línea de color fue borrada en la sangre de Jesucristo fueron constantes. Hubo expresiones de pesar porque durante los 100 años siguientes al avivamiento de la Calle Azuza nuestra adoración, nuestros pensamientos y reuniones han sido conforme a líneas separadas de raza y a las divisiones ideológicas de nuestra sociedad. La actividad concluyó con un magnífico final y una oración porque se mantuviera la unidad y la armonía en medio de la diversidad que estábamos experimentando.

Animó a las Asambleas de Dios a mantener la unidad y la armonía manifestadas en el día de Pentecostés. Esta unidad y armonía están también en concordancia con el legado del avivamiento de la Calle Azuza, que nosotros los pentecostales conservamos. Algunos grupos raciales y étnicos todavía están encontrando su camino al integrarse al torrente de las Asambleas de Dios. Las indicaciones positivas son evidentes en el crecimiento actual de las Asambleas de Dios y en el 25 por ciento de representación de fraternidades raciales y étnicas y de distritos en el Presbiterio General. El nivel de participación y desarrollo de estos grupos es esencial para el crecimiento y la madurez de las Asambleas de Dios. Es esencial que meditemos no sólo en el legado pentecostal, sino también en la visión de los últimos tiempos que el apóstol Juan tuvo de la iglesia mientras se hallaba en la isla de Patmos.

Mi proposición es: por atender a la cultura y al evangelio, por relacionar el mensaje de esperanza, y por ser la iglesia pentecostal lo que Dios ha querido que sea, las Asambleas de Dios puede llegar bien adentro en el corazón del mosaico étnico norteamericano y ministrar a los que están afectados por las cuestiones históricas de alienación y de vacío espiritual que la población racial y étnica trae a la sociedad estadounidense. Una participación semejante rendirá una cosecha espiritual muy grande en el siglo 21, si procuramos edificar el reino de Dios.

UN MUNDO TURBULENTO

USA Today informó cómo el huracán Match devastó Honduras en noviembre de 1998. Además de la pérdida de vidas humanas, 150 puentes fueron dañados o destruidos. El más moderno puente en Honduras, el Choluteca, quedó intacto, pero sufrió la más grande afrenta. El río cambió de curso y ahora se halla en otro lugar. Los hermosos arcos del puente Choluteca ahora están abandonados — una blanca escultura de concreto lejos de la playa, une nada con ninguna parte.

Ante los ojos de muchos, este puente ilustra la iglesia institucional en las márgenes de la sociedad, creada por los cambios fundamentales del mundo de hoy. El impacto combinado de varias fuerzas —la era de la información, el postmodernismo, la globalización y el pluralismo cultural— están dando una nueva forma a nuestra cultura. Estos centros de tormenta están creando una fragmentación social y una polarización que deja cicatrices sociales en comunidades vulnerables y gran hambre espiritual en la sociedad. Esto ha dejado una iglesia en los márgenes, buscando respuestas a preguntas respecto de su identidad como la comunidad que Dios quería que fuese.1 Mientras tanto, la desconexión y el aislamiento son fuente de mucho sufrimiento humano en la sociedad norteamericana actual.

Las consecuencias de estos cambios culturales hacen que la función de la iglesia sea vital para la sociedad. Las Escrituras  describen el papel del pueblo de Dios en la sociedad como una conciencia moral y espiritual que protege a los oprimidos y desamparados (Amós 2:6, 7), que muestra imparcialidad y justicia en los juicios legales (Deuteronomio 16:18-20), y que aboga por el castigo y la corrección de los que quebrantan la ley (Romanos 13.3, 4). Lamentablemente, la actitud prevaleciente en la iglesia respecto de los males morales es desesperación e impotencia. Estos sentimientos desesperados son descritos en mejor forma por el salmista: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” (Salmo 11:3).

El pueblo de Dios tiene la oportunidad de la vida. El tiempo es propicio para una gran cosecha y para edificar la comunidad. A causa del poder del evangelio, los cambios en las estructuras humanas y la transformación de la iglesia pueden producir vida auténtica y significativa. Aquí todos los problemas humanos pueden ser evitados y solucionados.

El mensaje de Jesús de “abrir nuestros ojos y mirar los campos” (Juan 14:35) es para este tiempo de vacío espiritual y para la inestabilidad que se halla en muchas comunidades. Jesús entregó su mensaje en el contexto volátil de gente étnica en Samaria. Su mensaje de arrepentimiento y de aceptación produjo un profundo cambio en las personas y en la dinámica social de la comunidad.

UNA CRISIS DE IDENTIDAD

La identidad y la comunidad son asuntos de primera importancia en la iglesia de hoy. La iglesia y su gente luchan con tres asuntos básicos y profundos de la vida. Rick  Warren los identifica en Una vida con propósito. El primero es identidad: “¿Quién soy yo?” El segundo es importancia: “¿Importo yo?” El tercero es impacto: “¿Cuál es mi lugar en la vida?” Warren concluye diciendo que las respuestas a las tres preguntas se hallan en los propósitos de Dios para cada ser humano.2 Estas preguntas universales están impresas en cada persona y en toda cultura. Cuando permanecen sin respuesta, el resultado es dolor profundo.

En una reunión de cuáqueros en Filadelfia, un hombre habló de la gran experiencia de haber conocido a otros a través de los límites del lenguaje, de la raza, y de la religión, de ser capaz de traspasar las barreras y tocar a otro ser humano, y de convertir a extraños en amigos. Martín Buber, un gran hombre de Dios judío que había hallado mucha enemistad durante su vida y la había sobrevivido, se puso de pie y dijo que conocer a otra persona era una gran cosa, pero que no era lo más grande. “Lo más grande que una persona puede hacer por otra es confirmar en ella lo más profundo de su propia persona. Tomarse el tiempo y tener el discernimiento para ver qué es lo que está más profundo allí, lo que es esa persona misma, y luego confirmarlo por medio de reconocerlo y estimularlo”.3

Millones vieron las marchas de los inmigrantes como puramente políticas, pero el periodista Gregory Rodríguez, de Los Angeles Times, vio algo más humano y más profundo. “La marcha del ‘Día sin inmigrantes’ del lunes fue impresionante no sólo por su tamaño, sino también por el tono afirmativo, casi gozoso, que la caracterizó. Más que su evidente mensaje político, el poder de la marcha provenía de la creencia muy sentida de los participantes de que la gente término medio, aun aquellos sin condición legal en los Estados Unidos, tiene el poder para efectuar cambios en el mundo. Lo importante para esta generación de inmigrantes no es la ganancia política. Es compartir los recursos familiares, el respeto por el trabajo, y la fe en que Dios no lo abandonará a uno en su hora más negra”.4

¿Y si esto fuera cierto? Esta confianza y energía recién encontradas que Rodríguez dice es un “poder de hacer estilo norteamericano”, habrá de salir a la superficie en cada comunidad étnica de inmigrantes y reunirá la confianza común de los nativos de ciudadanos raciales y étnicos de segunda y tercera generación. Todos estos juntos pueden traducirse en un movimiento moderno de personas que tendrán un impacto duradero en la sociedad y en la iglesia.

UNA CRISIS DE COMUNIDAD

Las Escrituras registran dos poderosos movimientos históricos de personas que han controlado la energía y la determinación del pueblo —la torre de Babel y el día de Pentecostés. Estos movimientos de personas tuvieron resultados contrastantes. Uno fue un movimiento humano que terminó en confusión y dispersión. El otro fue un movimiento de Dios cuando el poder divino descendió sobre la gente “de todas las naciones bajo el cielo” (Hechos 2:5). Este movimiento trajo unidad y armonía transformadora en medio de la diversidad. Como resultado, 3000 individuos se añadieron a la iglesia ese día.

En la actualidad hay millones de personas de color que están en un cruce de caminos. ¿En qué dirección irán? La iglesia en los Estados Unidos de América puede influir significativamente en la dirección que ellos elijan. Para que eso ocurra, Richard Mouw, presidente del Seminario Fuller, dice: “La amplitud de la actividad de evangelización del pueblo de Dios debe incluir la presentación de la plenitud del poder del evangelio, ya que enfrenta la presencia cósmica del pecado en el orden creado”.5 A causa del factor pecado, los marcadores de límites para los individuos y grupos raciales y étnicos deben ir más allá de la raza, color e idioma, a una dimensión más profundamente espiritual y auténtica en la naturaleza humana —el poder y la presencia en el Aposento Alto.

Lamentablemente, este no es siempre el caso, porque la iglesia ha estado deseando con insistencia derivar su teología social a partir de declaraciones sociológicas. Al no ser capaz de superar las presentes realidades sociológicas, la iglesia se ha ajustado a ellas y está haciendo lo mejor que puede para dicho ajuste.6

Cuando la iglesia sigue la guía de las actitudes y estructuras sociales, su enfoque misionero pierde claridad y sus miembros se desvían del camino. La visión de los miembros de la iglesia sobre asuntos culturales y ministerio —raza, ideología, estilos de vida, y moral— está mal basada y mal definida y distrae a sus miembros con perspectivas impías y desunión. La gente de la banca describe lo que está sucediendo, con este comentario: “Las cosas no son lo que debieran ser”.

El hecho de que Una vida con propósito haya vendido millones de ejemplares muestra que la gente de la iglesia está descaminada y desorientada respecto de su identidad y sentido de comunidad. Por otra parte, los centenares de iglesias que están usando el programa de los 40 días de propósito indica que la iglesia desea corregir el rumbo y que Dios la está llamando para que sea la comunidad de unidad y armonía para lo cual fue creada y que alcance “la comunión de los santos” mencionada por el apóstol Pablo.

EXCLUSIÓN O INCLUSIÓN

El valor de ser sociables y civilizados unos con otros es lo que edifica o destruye la comunidad. Lamentablemente, en la sociedad actual, la identidad religiosa rivaliza (y a veces es sobrepasada) por la identidad nacional como la fuente de pertenencia del grupo, y como resultado, una fuente de hostilidad y de conflicto entre grupos. La identidad religiosa y la identidad nacional son dos formas poderosas de identidad de grupo que cada vez con más fuerza están chocando una con la otra.7

La relación entre nación y religión en los Estados Unidos ha creado dos visiones polarizadas que siguen siendo la fuente de ardientes debates en el centro de las guerras culturales y religiosas. Por un lado está el establecimiento de religión —un pueblo, una fe. Por el otro está la disolución de la organización religiosa —un individuo, una fe. En tanto se lucha fieramente por una solución o la otra, la declinación de la pertenencia al grupo y el surgimiento del individualismo son suficientes razones de decir a Estados Unidos que ha entrado en una era post-denominacional.

Para el pueblo de Dios, las Escrituras definen la identidad y la comunidad. Salvación, comunidad, y orden social están todas relacionadas en la socialización de Cristo y de la humanidad. La socialización es la característica dentro de los individuos que los une en grupos y los asocia unos con otros. El apóstol Pablo vio el papel de Cristo de esta manera: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Efesios 2:14-16).

En la teología de la socialización de Dietrich Bonhoeffer, la solución a la conducta fragmentada y antisocial en la vida humana y comunal es la revelación de Cristo. Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo” (Juan 12:32). Esta revelación resulta en un hecho inherentemente social que se manifiesta en una comunidad humana. Cristo crea una nueva forma social de humanidad en la que el amor libera a la gente del dominio y la explotación de otros, a una libertad de estar con los otros y por los otros. Las perversas formas sociales del poder individual y corporativo presentes en la sociedad actual violan las relaciones interpersonales y las operaciones corporativas de las comunidades humanas y de las instituciones donde ocurre la salvación.8

Todo individuo, grupo e institución es definido por sus ideas en lo concerniente a inclusión y exclusión, que son la base para la formación de su identidad y comunidad. Los límites llegan a ser necesarios para establecer quienes son las personas y qué es lo que no son. La tendencia humana a trazar límites como marcadores de identidad y marcadores de comunidad se extiende a la conciencia personal y de grupo, como también a la percepción que tiene la gente respecto de la comunidad y la unidad. Nuestra tendencia humana es trazar límites y luego mirar hacia aquellos que están al otro lado de las líneas que hemos trazado. Esto sigue siendo un obstáculo mayor en la sociedad.

En su libro, Against All Odds (Contra todos los pronósticos), Christenson, Edwards, y Emerson declaran que las minorías raciales y étnicas perciben la unidad desde una perspectiva diistinta que los no hispanos, la mayoría blanca —para usar la terminología de la Oficina del Censo. Por ejemplo, los no hispanos, la mayoría blanca, enfatiza una ética individualista. “La unidad entre los creyentes se define como buenas relaciones entre individuos, pero estos individuos no son vistos como parte de un contexto social más grande”. Los grupos raciales y étnicos, por otra parte, ponen su enfoque en el grupo y en la dinámica colectiva en su prosecución hacia la comunidad.9

Antonio Damasio en su libro, The Feeling of What Happens (El sentir de lo que sucede),  arroja alguna luz sobre el problema de percepción. Define la percepción como “conciencia” con dos conceptos y niveles específicos. Declara: “La conciencia del núcleo se concentra en el presente”; “la conciencia extendida se enfoca también en el pasado y en el futuro”. Una minoría del comentario de los estudiantes explica estos niveles de conciencia: “Mis amigos anglos raramente hablan de sus ancestros, y cuando piensan en el futuro, no se preocupan de ellos. En cuanto a mí, cuando doy mi nombre, Juan García, me preguntan de dónde vengo (así es que pienso del pasado), y luego me preguntan qué pretendo hacer en los Estados Unidos (de modo que pienso en el futuro)”.10

Esta conciencia interior/exterior es notable en las minorías, y la cultura dominante no alcanza a entender esta conciencia. La coexistencia de memoria y destino es parte y porción de una conciencia extendida. De modo que no es fácil “pasar por encima de ella” como algunos piden. A partir de estas diferencias de percepción se trazan rápidamente límites de lo propio y de lo impropio. En consecuencia, la mayor parte de los diálogos sobre reconciliación no son sobre cosas o incidentes específicos, sino más bien respecto de las perspectivas variables de cómo vemos la vida. Esta es la razón de que no se llega a conclusiones constructivas.

En el reino de Dios los marcadores de identidad y comunidad están trazados claramente y profundamente. Un experto de la ley judía vino a Jesús y deseaba que Jesús trazara las líneas (Mateo 22:34-40). Jesús trazó la línea que el Padre ya había trazado —el Gran Mandamiento, que dice que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo (no a la nación). Con posterioridad se le dio a los discípulos la Gran Comisión, con líneas que abarcan hasta lo último de la tierra. Claramente la cadena de comando comienza con el carácter de amor del mensajero, el mensaje eterno del evangelio, el alcance global de la misión, y el poder del Espíritu respaldando la misión, para juntar a todos en unidad.

Hablando particularmente de los pentecostales, Phillip Jenkins traza una línea cuando dice: “Si hay un área clave de fe y de práctica que divide a los hemisferios cristianos del norte y del sur, es el asunto de fuerzas espirituales y sus efectos en el mundo humano de hoy”.11 La misión de los que salieron del avivamiento de la Calle Azuza para trabajar alrededor del mundo fue dotada por el poder del Espíritu Santo. Hoy, de la manera que fue compartido en el Centenario de Azuza, las naciones en desarrollo del mundo están experimentando una explosión de avivamiento pentecostal. Estas son las naciones de las cuales están viniendo millones de inmigrantes, muchos de los cuales son la fraternidad racial y étnica de la actualidad. ¿Es posible que el avivamiento de la Calle Azuza esté cerrando el círculo?

UNA VISIÓN PARA TRANSFORMACIÓN

Las Asambleas de Dios en su Concilio General de 2003 adoptó la Visión para Transformación en su esfuerzo por producir un cambio profundo, liberarse de  fuerzas desestabilizadoras, y reponerse para un ministerio más eficaz en el siglo 21. El espíritu de territorialismo y de protección de intereses fueron las vulnerabilidades más mencionadas en el análisis que hicieron los líderes y miembros cuando formularon la Visión para Transformación. Para reponer la fraternidad se han dispuesto políticas de gobierno y estructuras de organización en todo nivel. También se han provisto oportunidades para una más amplia inclusividad e igualdad para sus miembros raciales y étnicos.

En la medida en que estas discusiones respecto de raza y de etnicidad aumentan, así también aumenta el campo de misión para la iglesia. La misión está ahora en nuestro patio trasero. Los informes trimestrales de la oficina del Secretario General indican que el número total de iglesias de los Estados Unidos decreció durante el primer trimestre de 2006, y que no recuperó el nivel del 2005 hasta fin del año. Las regiones idiomáticas (raciales/étnicas) como un todo mostraron un crecimiento neto en iglesias,  y estuvieron a la cabeza en cuanto a número de iglesias iniciadas, en tanto que las regiones geográficas como un todo mostraron una pérdida neta de congregaciones.

En la actualidad, la afiliación de las Asambleas de Dios es 34 por ciento étnica. Esto incluye 11 distritos idiomáticos con más de 250.000 miembros y 15 fraternidades étnicas con millares de miembros étnicos dentro de las iglesias de los distritos geográficos.

Una de las iniciativas étnicas de la Visión para Transformación fue crear la Comisión para la Etnicidad bajo la oficina del Superintendente General. La comisión se estableció para desarrollar las comunidades étnicas en la Fraternidad; para establecer iniciativas que promuevan una cultura de inclusión a través de la Fraternidad; para ayudar y servir a las iglesias locales y a los concilios de distrito con competencia cultural; para ampliar el buen éxito de la Fraternidad por las etnias en todos los niveles; para estudiar los eficientes ministerios raciales y étnicos; y recurrir a la Fraternidad para que atienda los asuntos de cultura corporativa, instrucción de liderazgo, desarrollo de la iglesia, y la implementación de principios indígenas practicados eficientemente en los campos foráneos.

Aun cuando la visión ha sido declarada en resoluciones y considerada en programas al más alto nivel de la organización, las iniciativas todavía tienen que ser comunicadas e implementadas a nivel de piso. La duplicación de ministerios, estrategias descoordinadas, competencias, rivalidades, y divisiones todavía existen. Sin una comunidad real, sin sentido de responsabilidad y sin relaciones profundas y funcionales entre todos sus miembros —étnicos y no étnicos igualmente— la Fraternidad como un todo se debilitará. La necesidad de un incremento en el entendimiento y la adopción de la diversidad racial y étnica dentro de la Fraternidad es real y necesaria. Las Asambleas de Dios irán adelante con la interdependencia y la cooperación de todos sus miembros, no mediante polarización y competición.

UNA MISIÓN DE FE Y PRÁCTICA

¿Por qué es importante la Visión para Transformación? La visión tiene su enfoque en estabilizar la misión de esta iglesia. Pone en línea la visión del ministerio con las Escrituras, y el carácter corporativo con las creencias, la conducta de ministerio, y la moral. También procura la concordancia de la cultura con las Escrituras en todo nivel de la iglesia, trayendo una demostración mayor del amor de Cristo en una sociedad cambiante.

Más importante aun, la visión nos ayuda a llevar adelante la visión y la misión de Jesús para la transformación personal y comunitaria. El ministerio de Jesús fue el precursor de la visión y de la misión del evangelio para todas las generaciones. El método de Jesús fue ordenado y prescriptivo para que todos lo viéramos y lo siguiéramos.

El mensaje de Jesús: “Alzad vuestros ojos y mirad los campos”, fue pronunciado en Samaria en un contexto inestable de gente étnica. Samaria fue la ideal muestra de laboratorio de lo que había de ser el modus operandi para difundir el evangelio a todo el mundo cruzando las barreras raciales y étnicas. El evangelio trajo cambio profundo y transformación a la gente y a la dinámica social de la comunidad.

El mensaje de Jesús impulsó a los discípulos a tener la misma visión para la transformación personal y comunitaria. Sus discípulos se perdieron este encuentro histórico y misiológico porque fueron a comprar alimentos. Tal vez los discípulos vieron la visita de Jesús a Samaria a través de sus lentes sociológicos y políticos, como muchos en la iglesia hoy ven las cuestiones raciales a través de sus lentes sociológicos y políticos. En el tiempo de Jesús el estigma era de tal naturaleza que “los judíos . . . ni muertos hablarían con los samaritanos” (Juan 4:9, El MENSAJE). Los discípulos tenían en mente una visión de un reino terrenal (Mateo 20:20-28; Hechos 1:6). Tenían cuestiones de género con las cuales contender (Juan 4:27). Cualquiera fuese la razón, los discípulos se perdieron de ver en acción un modelo de ministerio intercultural y global.

Primero, los discípulos perdieron la oportunidad de ver a Jesús realizar un milagro de salvación personal y de reconciliación comunitaria dentro del contexto predictivo de diversidad y bloqueo racial en Samaria. Segundo, perdieron experimentar la profundidad, altura, y amplitud de la transformación espiritual. Tercero, perdieron declaraciones estratégicas sobre la naturaleza espiritual de la adoración (Juan 4:21-24), la extensión, vislumbre e íntimo cuidado del ministerio inter-cultural (Juan 4:17-20), y las dimensiones existenciales y religiosas del conocimiento (Juan 4:25, 26). Finalmente, perdieron la gran final —el gozo personal y comunitario de la cosecha (Juan 4:32-42), la conmovedora confesión de una atribulada mujer, que dijo: “Él sabía todo lo que yo he hecho. ¡Me conoce interiormente y exteriormente!” (Juan 4:39, El MENSAJE), y se perdieron la transformación de conducta y la cariñosa acogida de una comunidad redimida (Juan 4:40, 42).

La samaritana como modelo se centra en lo espiritual y humano, personal y comunitario que trae sanidad. Las situaciones históricas, culturales, y personales empañan la realidad de la perfecta visión de Jesús. El milagro de la samaritana refuerza el hecho de que el hombre natural no percibe las verdades espirituales que dan como resultado la transformación sobrenatural. El principio samaritano es que las diferencias culturales, religiosas, o legales no excusan la falta de amor. El poder espiritual, no simplemente la experticia histórica o sociológica, es esencial para cruzar los límites raciales y étnicos y explorar los lugares más recónditos de nuestros vecinos. Es en la presencia de Jesús y en el contexto de relaciones que se experimenta el máximo potencial humano.

En Samaria, Jesús dio los principios de la misión global. Pero en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo proveyó (como lo había prometido Jesús) el poder para cruzar todas las fronteras geográficas y liberar a la gente atada por barreras humanas (Hechos 1:8).

La iglesia nació el día de Pentecostés. Desde su inicio, la iglesia tuvo una diversidad en sus miembros y fue de naturaleza global. El Espíritu Santo proveyó el destino y el poder para cumplir la Gran Comisión de alcanzar a toda carne. El amor de Jesús, entonces y ahora, no conoce límites ni fronteras. El mandamiento de amar a Dios y de amar al prójimo todavía está vigente. El llamado a “todo aquel” aún está abierto. Esto crea automáticamente una increíble diversidad humana. El poder del Espíritu Santo se requiere para tal diversidad y complejidad.

Bajo la guía del Espíritu Santo, la diversidad es la principal razón de que la iglesia crece a través de los siglos y se adapta en muchas partes del mundo. La unidad reconciliadora del Espíritu Santo —no programas, estrategias o puntos de vista sociales o políticos— cumplirá la visión de Juan (Apocalipsis 5:1-14).

EL DISEÑO PENTECOSTAL PARA TRANSFORMACIÓN

El espíritu de la Calle Azuza vive aún después de 100 años. Es un recordatorio de que la inserción de las dimensiones ethne (étnicas) del evangelio todavía se necesitan para completar el cuadro del Pentecostés actual. Según todas las indicaciones, el futuro será pentecostal. Un genuino liderato pentecostal, profético, y práctico está emergiendo, el cual edificará el Reino en esta generación y en la futura. Hay perspectivas de una iglesia del siglo 21 con autoridad bíblica, vitalidad espiritual, y competencia cultural en su sociedad cambiante y compleja. Aun más importante, el derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne es el punto de referencia y el factor determinante que proveerá el poder de reconciliación que unifica la iglesia hasta su plenitud.

El diseño pentecostal, como la obra incrustada en un mosaico, fue desplegado en el día de Pentecostés. Siguiendo la iniciativa de reconciliación en Cristo, los elementos de unidad, armonía, y diversidad fueron puestos de manera muy bella. Este diseño para la iglesia incluye a gente de todas las naciones bajo el cielo, participando como miembros plenamente desarrollados en el cuerpo de Cristo. Es una réplica del milagro de la samaritana. Trae un profundo cambio a los individuos que antes no se hablarían unos a otros, pero que ahora están empeñados en una dinámica positiva, espiritual, y social en su comunidad. El diseño identifica, afirma, y abraza la diversidad étnica, sabiendo que el borde de corte de la iglesia es el borde cultural que requiere trabajo de corazón para traer sanidad espiritual y acabado al cuerpo de Cristo.

El propósito de Pentecostés es tener una continuidad proyectada de transformación y esperanza en la sociedad hasta el tiempo del fin —en una deliberada sucesión de la creencia, actitud, y experiencia que comenzó en el Aposento Alto. Esta sucesión ha de ser por medio de las visiones diseñadas de la generación más joven de hijos e hijas —la progenie y los portadores del Espíritu— y ha de ser un modelo de Pentecostés. Es la mejora y el desarrollo sucesivo de nuestro legado pentecostal elevado a un plano más alto y más amplio de aquel en el cual fue puesto abajo en los sueños de las generaciones previas.

En la tradición del apóstol Pablo —que se opuso a los que eran considerados pilares en Jerusalén que luchaban con el modelo global del evangelio— esta es una generación pentecostal de constructores de puentes y de viajeros globales. Esta nueva generación tiene una nueva designación, idioma, y visión global. Estos nuevos samaritanos ya no llevan el estigma de la alienación. Ya no son más los incircuncisos o extranjeros excluidos de la ciudadanía del Reino. Esta es una nueva generación que ya no está más ubicada en la religión del pueblo o en la tradición cultural, sino en una nueva ubicación del espíritu y de la verdad (Juan 4:23) donde Cristo procura hallarlos. Estos son artesanos espirituales que trabajan la visión de Dios de crear “de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:15) con poder pentecostal unificador. Entre estos nuevos samaritanos están esas gentes raciales y étnicas que han sido compradas por la sangre de Jesús, teniendo un Señor, un Espíritu, una fe, un bautismo, y una esperanza, y que por designio trajo de toda tribu, lengua, pueblo, y nación, para ser un reino y sacerdotes que sirvan a nuestro Dios.

 

Jesse Miranda, Jr., D. Min., es cabeza de la Alianza de Ministerios Evangélicos Nacionales, entidad nacional de ministerios evangélicos hispanos, decano asociado para los asuntos urbanos y multiculturales de la Escuela de Graduados en Teología Haggard en Azuza Pacific University, y sirve en el presbiterio ejecutivo de las Asambleas de Dios.

NOTAS

1. Robert N. Bellah and others, The Good Society (New York: Vintage Books, 1991), 304.
2. Rick Warren, Una Vida con propósito (Miami: Editorial Vida, 2003), 340.
3. Eugene Peterson, Leap Over a Wall: Earthy Spirituality for Everyday Christians (San Francisco: Harper, 1998), 54.
4. Rodriquez, Los Angeles Times, 2 May 06, sec. M5.
5. Richard J. Mouw, Political Evangelism (Grand Rapids: Eerdmans, 1973), 89.
6. Stanley Hauerwas and William H. Willimon, Resident Alien: Life in the Christian Colony(Nashville: Abingdon Press, 1989), 3.
7. Robert N. Bellah and Frederick E. Greenspahn, Uncivil Religion (New York: Cross Roads, 1987), 220.
8. Clifford J. Green, Bonhoeffer: A Theology of Sociality (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), 2,3.
  9. Brad Christerson, Korie L. Edwards, and Michael O. Emerson, Against All Odds: The Struggle for Racial Integration in Religious Organizations (New York: New York University Press, 2005), 140.
10. Antonio Damasio, “Passionate Theory,” USC Trojan Family Magazine, Summer 2006, 43.
11. Philip Jenkins, The Next Christendom: The Coming of Global Christianity, (New York: Oxford University Press, 2002), 123

 

Haga su pedido del CD Paraclete

Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.

Good News Filing System

Ordene Advance CD

Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.

Visit our English web site

La edición impresa (disponible sólo en inglés) ofrece más que la edición en la red. Subscríbase ya para recibir los beneficios. (1 año - $24; 2 años - $42, añada $10 al año fuera de Estados Unidos.)

O llame gratis al:

1-800-641-4310