Más allá de la línea del color:
Modelos de integración racial
Por Mario H. Guerreiro
En abril de 2006, los creyentes pentecostales de todo el mundo se reunieron en Los Ángeles para celebrar el centésimo aniversario del Avivamiento de la Calle Azuza. Un siglo antes, el acontecimiento que originó esta histórica reunión comenzó con poca fanfarria noticiosa. Aun cuando significativo desde nuestra ventajosa posición, los periodistas de comienzos del siglo 20 no se mostraron particularmente impresionados. Efectivamente, muchos tuvieron la impresión que el avivamiento con base en ese edificio de menor categoría escasamente merecía la atención de los medios de difusión. Este anonimato duró poco tiempo. Cuando tanto la asistencia como las manifestaciones del Espíritu Santo aumentaron, los periodistas seculares fueron atraídos a las reuniones y la cobertura evolucionó de un modo altamente perjudicial. Los encabezados de los periódicos del área de Los Ángeles declaraban “Absoluta necedad” y “Manía religiosa”.1 El reportero de un diario indicó, “había toda clase de edades, sexos, colores, nacionalidades, y condiciones previas de servidumbre”.2
En un tiempo cuando la segregación era la norma, esta demostración de unidad racial resultaba particularmente alarmante. William J. Seymour, un pastor afro-americano que servía como uno de los líderes de la misión, creía que Dios estaba “uniendo a todas las razas y naciones en una familia común en el Señor”. Testigos oculares, como Frank Bartleman, hicieron eco de esta afirmación, declarando: “La línea de color ha sido borrada en la sangre”.3
Claramente, el movimiento pentecostal nació en una atmósfera de reconciliación racial. ¿Por qué, entonces, su ethos de unidad fue de corta duración? ¿Estaba este elemento del movimiento fundamentado firmemente en principios bíblicos? Si es así, ¿cómo pueden los líderes de la iglesia del siglo 21 que tratan con realidades demográficas rápidamente cambiantes admitir la poderosa visión de Seymour de una familia común en el Señor?
Muchos modelos exitosos de integración racial se están empleando en las iglesias de las Asambleas de Dios a través de los Estados Unidos. Necesitamos mirar los pro y los contra de varios modelos, como también su aplicabilidad en varios contextos de ministerio.
La Gran Comisión impulsa a los creyentes a “ir por todo el mundo y predicar el evangelio” (Marcos 16:15), pero son pocos los pastores que están preparados para tratar con los especiales desafíos que se presentan cuando el mundo llega a ellos. Los cambiantes modelos de inmigración y una sociedad crecientemente móvil han traído cambios dramáticos en la composición étnica de las comunidades en los Estados Unidos. En la medida en que se introducen grupos nuevos al evangelio, la integración de estas personas racialmente y culturalmente especiales está cambiando la faz anteriormente homogénea de nuestras congregaciones.
Mientras los debates de la política nacional de integración están que arden, los líderes de la iglesia debieran considerar seriamente su misión y las políticas referentes a esta situación emocionalmente cargada y potencialmente divisiva. Como líderes cristianos, tenemos una obligación de examinar cuidadosamente nuestra actitud hacia las minorías para asegurar que nuestra reacción está fundamentada en un sólido entendimiento de los principios bíblicos, antes que en una adhesión a cualquier ideología política particular.
Sería ingenuo suponer que las iglesias de los Estados Unidos existen en un vacío, que sus creencias y actitudes hacia las minorías recién llegadas son radicalmente distintas de las del mundo. El desafío para la iglesia es actuar y comportarse de una manera contraria a nuestras normas sociales e históricas. Es imperativo que demos el ejemplo y seamos los que señalan una perspectiva bíblica.
La iglesia está llamada a ser una voz profética en lo concerniente a la integración racial y bien puede desempeñar un papel de importancia para asegurar la armonía racial, puesto que las tendencias demográficas de barrido cambian el balance de poder en los años venideros. Un artículo en el Times declara: “Una sociedad verdaderamente multirracial probará indudablemente ser mucho más difícil de gobernar. Aun los que parecerán ser conflictos no raciales serán cada vez más complicados por una superposición de tensión étnica. Por ejemplo, la esperada manifestación en los comienzos del siglo 21 de un creciente número de jubilados y la disminución del número de trabajadores que deberán pagar impuestos para costear los beneficios del Seguro Social para estos ancianos estará compuesta por el hecho de que una gran mayoría de los beneficiarios serán blancos, en tanto que una mayoría de los obreros que pague para ello serán no blancos”.4
La iglesia tiene una extraordinaria oportunidad de ayudar a los recién llegados a desarrollar una identidad cristiana que supere el nacionalismo. El futuro de los Estados Unidos puede depender de la habilidad de la iglesia para ayudar a los inmigrantes a adoptar un sistema de valores que esté conformado por los ideales judeo-cristianos. Muchos inmigrantes son atraídos al estilo de vida estadounidense porque valorizan su énfasis en la libertad y la democracia. A causa de este atractivo, el estilo de vida cristiano y sus instituciones tienen un gran potencial para influir en las minorías, como ciudadanos y como creyentes. Los líderes cristianos deben estar preparados para enfrentar asuntos concernientes a la identidad cristiana y al nacionalismo, y para enseñar, instruir, y proveer oportunidades para la integración y la sanidad. El futuro de la sociedad en los Estados Unidos pudiera estar en sus manos.
¿MANDA DIOS LA INCLUSIÓN EN LA IGLESIA?
La inclusión fue un asunto integral del ministerio terrenal de Cristo. Él buscó proveer oportunidad de cambio de vida para todos. Las calificaciones para ser miembros de su grupo eran sencillas: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).
La salvación era el punto de entrada a una comunidad de creyentes cuya existencia estaba gobernada por una apasionada entrega a Cristo. Su mensaje de inclusión llegó a ser la máquina tras la expansión de la iglesia primitiva. Energizados por el bautismo en el Espíritu Santo, el grupo homogéneo de discípulos que se había congregado en el Aposento Alto en Hechos 2 emprendió una “misión imposible” del siglo primero. Ellos iban a proveer el catalizador para el cumplimiento de la Gran Comisión: hacer “discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).
Los discípulos heredaron una comisión que parecía de proporciones insuperables. En un mundo agudamente dividido por la religión y el lenguaje, ellos debían hacer discípulos. Entonces, como ahora, el Espíritu Santo proveyó el poder necesario para el ministerio. Jerusalén fue el ambiente para la escena que causó tanto revuelo en el primer siglo como el que causó el avivamiento de la Calle Azuza en el siglo 20. La gente de muchas razas y lenguajes estuvieron presentes: “Estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos éstos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hechos 2:7-11).
Es improbable que los discípulos pudieran haber anticipado lo que sucedería en seguida. La valiente proclamación del evangelio hecha por Pedro condujo a una transformación dramática e instantánea de la comunión. Un movimiento que había sido mayormente homogéneo recibió a 3000 creyentes diversos en un solo día: “La apertura de la fraternidad de los hijos de Dios a los paganos (gentiles) incircuncisos, ignorantes fue un concepto completamente nuevo para el cual no había precedente. La difusión del evangelio se había movido de los más puros judíos palestinos a los helenistas de influencia griega, a los samaritanos y al eunuco etíope — todo con la poderosa influencia del Espíritu Santo”.5
Al parecer, de la noche a la mañana Dios movió a la joven iglesia de un modelo homogéneo a un nuevo paradigma. Está claro que todos los creyentes eran parte del mismo Cuerpo y que la intención de Dios era que ellos coexistieran bajo el liderazgo diverso que Él escogió. Tan temprano como en Hechos 6 vemos la intención de Dios para un Cuerpo inclusivo, mientras los discípulos luchaban con los inevitables problemas de esta transición: “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (Hechos 6:1).
Misión, valores, y liderazgo necesitaban un ajuste para encarar las necesidades de un cuerpo en una diversidad creciente. Sin embargo los apóstoles permanecieron firmemente comprometidos con la visión unificada de Dios para la iglesia. Ellos no sugirieron cuerpos separados, sino que en cambio designaron un liderazgo inclusivo elegido dentro del grupo: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquia”. (Hechos 6:3-5).
Al llegar a Hechos 13, Antioquía tiene una ekklesia en pleno funcionamiento. La iglesia no tan sólo era diversa en cuanto a miembros, sino también en su liderazgo. “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo” (Hechos 13:1).
La pasión de Dios por la inclusión se extiende bien allá del momento de la salvación. Su deseo es que toda la gente se convierta en miembros productivos de su Cuerpo, sin importar su etnicidad. Nuestra misión no es evangelizar para acumular puntos en alguna lista celestial. No, el subproducto de nuestros esfuerzos de evangelízación debe entrar en relaciones y edificar la comunidad a pesar de las diferencias culturales: “Un discípulo no es simplemente uno que ha sido enseñado, sino uno que continúa aprendiendo”.6 Efectivamente, la naturaleza de esta comisión implica un compromiso de largo plazo de unos a otros.
¿POR QUÉ UNA INTEGRACIÓN? —UNA MIRADA AL FUTURO
Según la oficina del censo, la población de los Estados Unidos nacida en el extranjero es de 33,5 millones y representa 11,7 por ciento de la población general. Entre los nacidos en el extranjero, 53 por ciento son latinoamericanos, 25 por ciento asiáticos, 14 por ciento europeos, y el 8 por ciento restante ha emigrado de otras regiones del mundo. Los inmigrantes de América Latina y de Asia con más probabilidad viven en el oeste, en tanto que los centroamericanos se concentran en el oeste y en el sur. En comparación, los inmigrantes del Caribe y de Sudamérica se concentran en el noreste y en el sur.7
La figura 1 muestra el crecimiento en las poblaciones de minoría, por regiones, desde 1980. El oeste va a la cabeza con 15,1 por ciento de aumento, pero aun el medio-oeste experimentó una tasa de crecimiento de 6,1 por ciento. El promedio para las cuatro regiones fue de 9,9 por ciento. Esto demuestra el impacto nacional del fenómeno.

En la medida en que aumenta su número, los residente nacidos en el extranjero están llegando a ser cada vez más inestables. En el 2000 cerca de un tercio de los inmigrantes en los Estados Unidos residía fuera de los asentamientos establecidos por los estados. Buscando un escape del costo y de la congestión de las áreas urbanas, y a causa de la posibilidad de trabajos en otros lugares, los inmigrantes están dejando cada vez en mayor cantidad los estados tradicionales de entrada en busca de mejores oportunidades.
Trece estados —incluyendo muchos que no habían sido previamente destinaciones importantes para los inmigrantes— tuvieron tasas de crecimiento mayores que el doble del promedio nacional. (Véase la Figura 3-13 y 10 Tabla de ciudades de entrada de minorías de más rápido crecimiento).

Los residentes nacidos en el extranjero también están emigrando de las áreas urbanas a los suburbios. Mientras que más de dos quintos vivía en una ciudad central en un área metropolitana, la proporción que vive fuera de las ciudades centrales pero dentro de un área metropolitana excedió 50 por ciento. No es de sorprender que las 10 áreas metropolitanas con los hogares de minorías de más rápido crecimiento sirven como prósperas puertas para inmigrantes.
Las 10 ciudades de entrada de minorías de más rápido crecimiento
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Ciudad |
Población en 2000 |
Área metrop. Correspond. |
Nacidos en el extranjero |
Inglés como 2do. idioma |
|
Hialeah, Florida |
226,000 |
Miami |
72 por ciento |
93 por ciento |
|
Santa Ana, California |
338,000 |
Los Angeles |
53 por ciento |
80 por ciento |
|
Daly City, California |
104,000 |
San Francisco |
52 por ciento |
66 por ciento |
|
Sunnyvale, California |
132,000 |
San Francisco |
39 por ciento |
46 por ciento |
|
Anaheim, California |
328,000 |
Los Angeles |
38 por ciento |
55 por ciento |
|
Chula Vista, California |
174,000 |
San Diego |
29 por ciento |
53 por ciento |
|
Pembroke Pines, Florida |
137,000 |
Miami |
29 por ciento |
37 por ciento |
|
Irving, Texas |
192,000 |
Dallas |
27 por ciento |
38 por ciento |
|
Bellevue, Washington |
110,000 |
Seattle |
25 por ciento |
27 por ciento |
|
Aurora, Colorado |
276,000 |
Denver |
16 por ciento |
23 por ciento |
|
Promedio U.S.A. |
– |
– |
11 por ciento |
18 por ciento |
Fuente: Oficina del Censo de USA y USA Today
Los recién llegados a las nuevas puertas de inmigración con frecuencia vienen de Asia o México, son más pobres que la población nacida en el país, tienen escaso conocimiento del idioma inglés y tasas más bajas de ciudadanía de los Estados Unidos.8
Es importante que las iglesias noten que los dos grupos más grandes de minorías de la nación siguen caminos marcadamente distintos. Mientras que los afro-americanos tienden a migrar hacia las áreas con mayor población negra, los hispanos están más dispuestos a establecerse en áreas donde haya pocos de su grupo étnico.
“Estas son dos corrientes mayores en los Estados Unidos”, dice William Frey, demógrafo de la Institución Brookings en Washington. “Una es el retorno de los negros al sur . . . la otra es la de los hispanos que van a lugares adonde todos están yendo, siguiendo los trabajos”.9
Los líderes de las iglesias necesitan poner especial atención a estas tendencias emergentes para responder a las realidades étnicas cambiantes dentro de las comunidades a las cuales sirven.
En la mayoría de las áreas menos pobladas, las minorías representan sólo 5,3 por ciento de las familias. Efectivamente, la proporción de minorías es menor al 5 por ciento en 1.000 de los 2.400 condados no metropolitanos de la nación. Responder a las necesidades espirituales de las minorías, aunque importante, puede ser menos que una prioridad para las congregaciones que sirven en tales comunidades.10
MODELOS Y PRÁCTICAS DE INTEGRACIÓN
En la década pasada se ha sugerido una variedad de modelos para la integración de las minorías en la iglesia. Cada uno tiene sus pro y sus contra y ninguna solución sencilla se aplica a cada contexto de ministerio. Los pastores que buscan ayuda en esta área debieran consultar la Cadena de Investigación Demográfica y de la iglesia de Las Asambleas de Dios en http://www.demographics.ag.org. Este departamento lo ayudará a entender las características especiales de su contexto de ministerio. Además, le recomiendo estudiar antes de embarcarse en un cambio de paradigma, y he incluido una lista de lecturas sugeridas.
Cuando entrevisto a pastores a través de los Estados Unidos, es evidente que las mejores prácticas dentro de nuestro movimiento están evolucionando tan rápidamente como los cambios demográficos que las necesitan. Los pastores, inspirados por el Espíritu Santo, están creando nuevos modelos y aplicando combinaciones de modelos en maneras existentes e inventadas. Nuestro movimiento está experimentando una jornada de transformación. Cuando las congregaciones y las comunidades evolucionan, su habilidad para aplicar estos modelos también evolucionará. El movimiento de un modelo al siguiente, o los cambios dentro de un modelo, pueden tomar generaciones para su desarrollo. Efectivamente, ocurren con frecuencia a la par con la asimilación cultural de un grupo étnico particular. Las iglesias que son eficaces en integrar minorías recién llegadas, muestran una específica intencionalidad consistente y misionera que no varía con el tiempo. Es un núcleo valórico de la congregación que influye casi en cada aspecto de su ministerio. El pastor Steve Allen, de la Iglesia Internacional de Vida, en Columbia, Carolina del Sur, lo describe de esta manera:
“La intencionalidad es la clave. Lo que quiero decir con esto es que todo ministro tiene que demostrar intencionalidad en términos de sus relaciones y de su estructura de comités. Yo deseo ver una mezcla de afro-americanos, blancos e hispanos”.
La pasión y la intencionalidad demostradas por Allen y otros pastores que viven la realidad del ministerio multirracial de la iglesia son inspiradoras; y, aun cuando sus métodos y contexto de ministerio difieren, están unificados en su determinación de alcanzar con el evangelio a sus comunidades.
Después de entrevistar a muchos pastores, veo tres modelos predominantes de integración racial dentro de nuestro movimiento en los Estados Unidos. Ellos son homogéneo, heterogéneo, y sinérgico, cada uno representando un paso en la continuidad de la plena integración racial. (Véase La iglesia modelo, en la barra lateral).
MODELO HOMOGÉNEO
Una congregación homogénea es predominantemente uniforme en su presentación étnica o racial, extentendiéndose desde el liderazgo hasta sus congregantes. Este modelo tiende a reflejar estrechamente la demografía de la comunidad a la que sirve. Con frecuencia asociamos este modelo con las comunidades rurales sin diversidad racial, pero las congregaciones homogéneas con frecuencia surgen para servir las necesidades de inmigrantes recientes o grupos especiales de personas. Steve Allen declara: “La iglesia debiera ser un reflejo de su comunidad. Si usted está dentro de la comunidad amish, trate de ganarlos. No todas las iglesias pueden ser tan decididas respecto de la raza como lo somos nosotros en el sur, pero toda iglesia debiera ser un reflejo de la demografía de su comunidad y tratar de asimilar a nuevas personas en la medida en que la comunidad cambia”.
Algunas iglesias que utilizan el modelo homogéneo están compuestas mayormente de inmigrantes de primera generación que no tienen conocimientos del idioma inglés. Puede argüirse razonablemente que una congregación de una sola raza no puede considerarse un modelo de integración. Sin embargo, las iglesias homogéneas en las ciudades de entrada desempeñan un valioso papel en la asimilación cultural y espiritual de los recién llegados. Con frecuencia estos recién llegados representan al estrato más pobre de la sociedad y necesitan de considerable ayuda para encontrar empleo y alojamiento, aprender inglés, encontrar asesoría legal, y calificar para la ciudadanía en los Estados Unidos. El proceso de calificación para la ciudadanía aquí es complicado y a veces demora años poder cumplirlo, independientemente de las circunstancias en que uno haya ingresado al país.
Sin embargo, Allen advierte que construir todo el ministerio de uno alrededor de un solo tipo de personas puede ser señal de tener la vista muy corta: “La segunda generación de personas habla inglés y desean hacer su aprendizaje en inglés. Hay algunas buenas iglesias hispanas, pero si se trata de una iglesia totalmente hispana, es preciso que haya algo que esté funcionando en el campo del inglés/español, o esa iglesia llegará a ser obsoleta”.
El pastor Wallace Horton, de Capilla Esperanza en Berwick, Maine, tiene que luchar cada día con estas realidades. Horton está trabajando para mezclar en una sola congregación lo que fueron dos congregaciones homogéneas, una indonesia y la otra caucásica. Los planes futuros incluyen la integración de una congregación africana. Según Horton: “El modelo de integración que uno use debe ser eficaz con el grupo de gente que uno busca alcanzar. Los horarios deben concordar con las necesidades que ellos tienen, no ajustarse al horario nuestro. Necesitamos esforzarnos por ser pertinentes en todo lo que hagamos”.
Dadas las realidades demográficas de nuestro cambiante mundo, una iglesia que es mayormente homogénea hoy debiera buscar continuamente maneras de ampliar su alcance de ministerio. La pérdida de pertinencia es un mayor riesgo para las iglesias homogéneas. El mundo está cambiando, y las necesidades de las diversas comunidades están evolucionando rápidamente. Es importante estar atentos a los sutiles cambios en su comunidad. Horton declara: “En todas partes, las poblaciones hispanas están creciendo; pero en Nueva Inglaterra, la población asiática ha experimentado un crecimiento fenomenal. Tenemos vietnamitas, malayos, indonesios y chinos, y necesitamos gente calificada para ministrar a estos grupos. Necesitamos renovar nuestra filosofía hacia las misiones domésticas. ¿Qué significado tiene ganar el mundo para Cristo si perdemos a nuestro propio país?”
Russell C. Rosser, un pastor jubilado de Flushing, Nueva York, describe este cambio paradigmático como la diferencia entre un puerto y un fuerte: “¿Qué sucede cuando una iglesia llega a ser un puerto mas bien que un fuerte? . . . La iglesia que permanece como un fuerte —sin importar cuán grande sea su presupuesto para misiones, comienza a encogerse, como sucede a la congregación. La iglesia que abarca al mundo a su alrededor crece— y lo mismo pasa con su presupuesto para misiones. Pero mayor es el movimiento de Dios dentro de la congregación étnica que toca el mundo a causa de su amplia familia”.
Ahora ya durante varias décadas los demógrafos han estado advirtiendo que el oscurecimiento de Estados Unidos influirá en todos los aspectos de la vida tal cual la conocemos. Las iglesias homogéneas deben buscar maneras de responder en forma constructiva a estos paradigmas cambiantes, o arriesgarse a llegar a ser un fuerte —una ciudadela útil únicamente para salvaguardar una población que va decreciendo lentamente, al mismo tiempo que mantiene a otros fuera.11
EL MODELO HETEROGÉNEO
Las iglesias que utilizan un modelo heterogéneo están compuestas de una variedad de razas y grupos étnicos con varios niveles de participación en el liderazgo y en los ministerios de la iglesia. En su nivel más básico, una iglesia que usa este modelo puede compartir sus dependencias con otro grupo étnico que tenga pocas probabilidades de compartir el ministerio o el liderazgo. El pastor Phil Hilliard, de la Asamblea de Dios Betania en Alhambra, California, dice que su congregación hospeda a cinco grupos de idiomas extranjeros. En tanto que tres son divisiones de su congregación, dos son entidades independientes. Todos pagan una cantidad mensual por el uso de las dependencias, lo que ayuda a costear los gastos en el carísimo condado de Los Ángeles. En algunos casos, esta asociación puede desarrollarse aun más. Por ejemplo, en la Primera Asamblea de Dios en San Antonio, Texas, el pastor R. Wayne Clark comparte su entusiasmo respecto del crecimiento de su congregación de ministerio coreano.
“Nuestra congregación tiene una historia de ser tradicional, pero nosotros estamos alejándonos lentamente de eso. Tenemos alrededor de 30 coreanos en nuestra congregación. Ellos tienen su propio pastor, un misionero de la iglesia de David Paul Yonggi Cho, en Seul, Corea, quien es un miembro de nuestro personal. Sus cultos del domingo por la mañana son dirigidos separadamente en coreano, pero ellos se juntan con nosotros el domingo por la tarde y en las actividades especiales”.
En los distritos de renta elevada de California, Jeffrey Campbell, pastor de la Asamblea de Dios de los Altos de Hacienda, condujo su iglesia en un cambio paradigmático hace 9 años. Su iglesia abandonó un modelo de renta a favor de una completa integración con las congregaciones hispana, filipina, y coreana que alquilaron sus dependencias.
Criado en América Latina como hijo de padres misioneros, Campbell atribuye a su herencia haberle ayudado a adoptar un modelo de liderazgo multirracial.
Mientras la iglesia continúa celebrando servicios de adoración separados en español, filipino, y coreano, el alcance, los equipos de adoración, las actividades misioneras, el liderazgo, y las actividades juveniles se celebran en forma conjunta. El liderazgo es compartido entre un equipo de pastores asociados que incluye a los pastores de habla coreana, filipina, y española, los que dirigen los cultos en idiomas extranjeros. El discipulado se ministra preferentemente por medio de clases de la escuela dominical y en los grupos de células en hogares.
Como sucede con frecuencia, este cambio paradigmático ha tenido su porción de desafíos. Campbell describe la evolución: “Oré, y el Señor me dio una visión para nuestra comunidad. Comprendí que teníamos que cambiar. Tuve la impresión que no cobraríamos alquiler, sino que trabajaríamos en forma conjunta para extender el Reino. California del Sur es tan multicultural que no tiene sentido que haya 10 iglesias Asambleas de Dios dedicadas a distintos grupos étnicos. Se requiere visión y liderazgo pastoral para tender puentes sobre los abismos de separación y hacer que las congregaciones se unan. Hay quienes piensan que deberíamos dejar que cada cultura alcance a los suyos, pero yo desafío a las iglesias a que consideren adoptar congregaciones de minorías en su medio”.
MODELO SINÉRGICO
El tercer modelo es el sinérgico. La sinergia es “la acción combinada o correlacionada de diversos órganos o partes de un cuerpo, como la de los músculos que trabajan juntamente”. Implícito en la definición de sinergia hay un entendimiento de que la acción conjunta de estas distintas partes es mayor que la suma de sus esfuerzos individuales. Una iglesia sinérgica es aquella en la cual todas las razas están plenamente ocupadas en todo aspecto del ministerio y del liderazgo de la iglesia. Una iglesia sinérgica no tiene línea de color. La declaración de misión de la iglesia refleja esta idea central y la intencionalidad es evidente en todos los aspectos de su administración, incluida la manera en que se anuncia. Las iglesias sinérgicas están en contacto con sus comunidades. Se esfuerzan por ser responsables de cambiar. Mantener el statu quo es menos importante que ser de importancia para su cultura. La diversidad étnica de la directiva y del personal pastoral son representativas de los varios grupos de personas a los cuales sirve la iglesia. Esta diversidad se refleja también desde el púlpito y en el estilo de adoración. Finalmente, la iglesia sinérgica es una comunidad vital, creciente, llena del Espíritu, en la cual el evangelio está siendo predicado y los perdidos están siendo traídos a Cristo.
Es mi creencia que el modelo sinérgico es el ideal de Dios para su Cuerpo, y que es más congruente con la unidad espiritual que caracterizaba a las primitivas iglesias del Nuevo Testamento, tales como la de Jerusalén y la de Antioquía.
En mis viajes a través del país he llegado a entender que las iglesias sinérgicas son especiales, y que muchas iglesias dentro de nuestro movimiento están haciendo avances positivos en esta dirección.
La Asamblea de Dios Nueva Vida, en Pembroke Pines, Florida, es otro ejemplo de una iglesia sinérgica. Fundada por la pastora María Khaleel hace 14 años, esta iglesia está compuesta de aproximadamente 30 grupos de diversas nacionalidades, lo que resulta en un Cuerpo que está compuesto de 35 por ciento de caribeños, 35 por ciento de hispanos, 15 por ciento de norteamericanos (nativos de los Estados Unidos, tanto negros como blancos), y otro 15 por ciento diverso. Esta es una congregación dinámica, llena del Espíritu, de la cual 80 por ciento ha venido a Cristo por medio del ministerio de la iglesia.
Según la pastora Khaleel, “todas las razas y etnias dentro de nuestra congregación están totalmente incorporadas en todas las áreas del ministerio y en la vida toda de la iglesia. Esto ha ocurrido en forma totalmente natural, porque amamos y tratamos a todos de la misma manera. No hacemos acepción de personas”. El sitio Web de la iglesia apoya esto mediante fotos de los miembros, en las que se describe un amplia gama de diversidad.
Ubicada en el sudeste de Florida en un suburbio residencial entre Miami y Ft. Lauderdale, la ciudad de Pembroke Pines creció 110 por ciento entre 1990 y 2000, hasta tener 137.000 habitantes, convirtiéndose en una de las emergentes puertas de entrada de inmigrantes de más rápido crecimiento.12
Khaleel declara: “Nuestra área es de tránsito. Muchas personas entran a los Estados Unidos a través de Florida y luego se trasladan a otras partes del país, o regresan a sus países de origen. Se estima que las iglesias en el sur de Florida experimentan aproximadamente una tasa de reducción de 30 por ciento anual. Esto significa que una iglesia debe reemplazar 30 por ciento de su congregación cada año. Ser una iglesia en crecimiento es un verdadero desafío, pero Dios nos ha favorecido y las semillas de nuestro ministerio están sembradas ahora a través del Caribe, América Latina, y los Estados Unidos”.
El Centro de Vida Familiar Sheffield, en Kansas City, Missouri, es otra iglesia sinérgica. El área de la ciudad de Kansas tiene una historia problemática de intranquilidad racial derivada de la guerra civil, cuando los habitantes de Missouri partidarios de la esclavitud lucharon con los habitantes de Kansas que procuraban ingresar a la Unión en calidad de estado no esclavista. Este centro tiene una larga historia de trabajo para sanar estas brechas.
Según la historia de la iglesia, el pastor Frank Brewer condujo a su congregación compuesta exclusivamente de blancos a celebrar reuniones con una congregación totalmente compuesta por negros, tan tempranamente como 1930. Con los años, del mismo modo que el nombre de la iglesia, el liderazgo y la ubicación cambiaron, su eficacia como una iglesia multirracial se tambaleó. Cuando George Westlake Jr. asumió el liderazgo del Centro de Vida Familiar Sheffield en 1973, éste se había convertido en una congregación totalmente blanca. El pastor Westlake se propuso cambiar esto, e intencionadamente dirigió esfuerzos de evangelización hacia la comunidad afro-americana.
Ahora, co-pastoreada por Westlake y su hijo, George Westlake III, el Centro está expresando su compromiso histórico hacia la unidad racial desde su sitio en el corazón mismo de la ciudad. Una visita al sitio Web de la iglesia revela la proclamación consecuente de sus valores centrales:
“Nos regocijamos por la oportunidad que nuestro Padre celestial nos ha dado de añadir a su familia gente de todas las razas, de todos los ambientes y culturas.”
Como muchas ciudades del medio oeste, Kansas City es predominantemente blanca con una población de raza negra que representa 31 por ciento de la población y una población de hispano/latinos de 7 por ciento. Mientras que esto representa un leve incremento en la población hispano/latina, la tasa de cambio es significativamente más baja que los dramáticos aumentos en otras partes del país.13
Claramente, los Westlake operan en un contexto distinto que las iglesias de las ciudades de entrada como Pembroke Pines, pero su intención no es menos obvia. Durante una reciente visita a la iglesia, pude observar una bellísima unidad en acción. La adoración era espontánea e inspirada por el Espíritu, con una mezcla de estilos musicales dirigida por un equipo multirracial. El ambiente de acogida era palpable. Los asiáticos abrazaban a los hispanos. Los negros se arrodillaban con los blancos para orar. Puesto que formamos una pareja con mezcla de razas, mi esposa y yo nos sentimos bien acogidos y fuimos rápidamente recibidos por la comunidad.
Westlake III dice que el personal y la directiva trabajan duramente para crear una atmósfera de unidad: “No hacemos cosas que separen y que fomenten las diferencias raciales. Más bien, evangelizamos y enseñamos a la gente de la misma manera. No procuramos establecer la unidad segmentando una población para trato especial; damos énfasis a la unidad a través de la directiva. Ensanchar la brecha iría en perjuicio de nuestra iglesia. Usted no obtiene unidad promoviendo la separación”.
Los desafíos que enfrentan las iglesias sinérgicas son múltiples, pero las bendiciones compensan esos esfuerzos. Muchos que han recorrido este camino han tenido que pagar un alto precio. Pregunte a Wally Horton. Él perdió más de la mitad de su congregación original cuando dirigió su iglesia hacia un modelo multirracial. Wally no está solo. Steve Allen perdió alrededor de 300 afro-americanos y medio millón de dólares en diezmos en un período de 6 meses, cuando su iglesia cambió el paradigma de ministerio.
¿Por qué entonces estoy sugiriendo que los pastores emprendan este camino? Los datos del censo muestran claramente que las poblaciones de minoría están creciendo dramáticamente a través de la nación. Efectivamente, el impacto de estas tendencias es claro dentro de nuestro propio movimiento.
En 1995, las Asambleas de Dios tenían 271 iglesias en las que ningún grupo étnico representaba una mayoría. Diez años más tarde ese número se había elevado a 420. Aun cuando estos números representan sólo una pequeña fracción en el número total de nuestras iglesias, su crecimiento es impresionante. En sólo una década el número de congregaciones multirraciales aumentó en 55 por ciento. Este fenómeno es todavía más impresionante cuando se lo compara con las estadísticas que pertenecen a las iglesias anglo (blancas). Durante la misma década, el número de iglesias anglo disminuyó de 9.032 a 8.564, una disminución de 5 por ciento. Mientras que las iglesias hispanas aumentaron en 27,6 por ciento, su tasa de aumento fue la mitad de la de sus pares multirraciales. Aun cuando las iglesias multirraciales experimentaron 44 por ciento de aumento en asistencia promedio durante esos mismos 10 años, la asistencia en las iglesias anglo (blancas) creció sólo 8 por ciento y en las iglesias hispanas 18 por ciento.
Si las iglesias homogéneas representan el ideal de Dios, ¿por qué su tasa de crecimiento fue superada tan dramáticamente por las iglesias multirraciales? La respuesta es simple: las iglesias sinérgicas reflejan el corazón de Dios para la humanidad. Él es el Creador de una humanidad maravillosamente diversa. Dentro de la iglesia no debiera haber división. El énfasis sobre inclusión y discipulado es recurrente a través del Nuevo Testamento. Gálatas 3:26 es un enérgico recordatorio: “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”, en consecuencia, “la discriminación es incompatible con lo que nos enseña el evangelio de Cristo”.14
Los pastores con que hablé son líderes valientes que guían su rebaño en una interesante excursión. La campiña en la que ministran difiere, lo mismo que su paso, pero todos tienen sus ojos firmemente fijos en la meta. Universalmente, ellos describen una profundización de su andar espiritual y una revitalización dentro de los diversos aspectos de sus ministerios. Clark comparte la manera en que sus miembros coreanos han encendido una pasión por la oración dentro del resto del Cuerpo. Khaleel declara que en los 14 años de su ministerio unas 4.000 personas han sido salvas.
Campbell dice que lo único que lamenta es no haber movido más pronto su iglesia a la integración, porque “la cultura nunca debiera ir más allá de las enseñanzas de la Biblia”.
Horton es quien tal vez describe mejor su visión: “Mi entendimiento es más amplio. Mi visión ha llegado a ser sin murallas, sin compromiso. Muchas de estas personas vienen saliendo de una persecución y tienen gran hambre de Dios. Cuando uno adora con ellos, viene expectante. Veo sanidades cuando ahora oro por los enfermos. Mi fe ha sido desafiada. El poder no terminó en el Aposento Alto. Necesitamos enfatizarlo. Ha cambiado mi ministerio”.
Hace cien años, William Seymour soñó con el día en que todas las razas se reunirían como una familia común en el Señor. A través de los Estados Unidos, los pastores de las Asambleas de Dios están aceptando el desafío para suplir las necesidades de las minorías recién llegadas. Su compromiso con el ministerio multirracial es intencional y su pasión es contagiosa. Dios está bendiciendo sus esfuerzos con un derramamiento de su Santo Espíritu. Sobre una base diaria ellos están haciendo una realidad el sueño de Seymour en nuestro movimiento. Es un cumplimiento en el tiempo.
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NOTAS
1. Cecil M. Roebeck, Jr., “Azusa Street: 100 Years Later,” Enrichment 11, no. 2 (2006): 27,28.
2. “How Holy Roller Gets Religion,” Los Angeles Herald, 10 September 1906, 7.
3. Frank Bartleman, Azusa Street The Roots of Modern-day Pentecost (Gainesville, Fla.: Bridge-Logos Publishers, 1980), 61,54,55.
4. William A. Henry III, “Beyond the Melting Pot,” Time, 9 April 1990.
5. Thom and Marcia Hopler, Reaching the World Next Door: How To Spread the Gospel in the Midst of Many Cultures (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1993), 81.
6. Robert H. Mounce, New International Biblical Commentary: Matthew (Peabody, Mass.: Hendrickson Publishers, 1985), 268.
7. Luke J. Larsen, The Foreign-Born Population in the United States: 2003 (U.S. Census Bureau, August 2004), 1,2.
8. Rick Hampson, “New Brooklyns Replace White Suburbs,” USA Today, 19 May 2003, A01.
9. Paul Overberg and Haya El Nasser, “Minority Groups Breaking Patterns,” USA Today, at http://www.keepmedia.com/pubs/USATODAY/2005/08/11/964454?ba=m&bi=1&bp=24 on May 29, 2006.
10. Larsen, The Foreign-Born, 2.
11. Henry III, Beyond the Melting Pot, at http://www.time.com/time/archive/preview/0,10987,969770,00.html on May 29, 2006.
12. Hampson, “New Brooklyns,” A01.
13. Gerald L. Hoff, Jinwen Cai, and Dale Giedinghagen, Community Health Assessment 2003 (Kansas City, Mo.: Kansas City Health Department, May 2003), 2.
14. Timothy George and Robert Smith, Jr., A Mighty Long Journey: Reflections on Racial Reconciliation (Nashville: Broadman and Holman Publishers, 2000), 55.

