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Cómo crear un ambiente amistoso intercultural

Cada iglesia intencionalmente intercultural se esfuerza por asegurar a las personas de su grupo meta o a otras personas de origen internacional que se sientan bienvenidas. Esto va mucho más allá de un apretón de manos superficial dado por los saludadores el domingo por la mañana. Incluye cambios interiores en la manera en que piensa el personal de la iglesia y la congregación, como también las evidencias externas de apreciación cultural. Quizá la única manera de superar las barreras es ganar experiencia con la cultura. Esto exige determinación y persistencia. El liderazgo de una iglesia crea su cultura corporativa. Si el pastor y otros líderes son sensibles a las personas de otras culturas, los miembros de la congregación también adoptarán estos valores y actitudes.

Milton Bennet ha propuesto un modelo de seis fases que ayuda comprender cómo las personas pasan de fases de hostilidad o indiferencia a otras culturas (el etnocentrismo), a comprender y apreciar a otras culturas (el etnorelativismo). Adaptando el modelo de Bennet, podríamos clasificar a las iglesias (sus líderes, la congregación, y los programas) como sigue:

Fase 1 — Niegan: la congregación como conjunto casi no tiene ninguna experiencia con otras culturas. Su cultura es la única verdadera. Las formas y costumbres intencionalmente mantienen el aislamiento psicológico y físico de otras culturas. Los miembros no muestran interés en la diferencia cultural pero actúan agresivamente para eliminar una diferencia, si choca con su preferencia cultural.

Fase 2 — Defienden: la experiencia de los miembros de la congregación con otras culturas hace posible el reconocimiento de su existencia, pero la cultura propia es considerada la única buena. Una mentalidad de “nosotros y ellos” prevalece y nuestras maneras son superiores y las maneras de ellos son inferiores. Los líderes y las congregaciones son muy críticos de otras culturas, particularmente si se encuentran en el papel de anfitriones.

Fase 3 — Reducen: la congregación ha experimentado suficientes diferencias culturales como para dar una explicación convincente. Las diferencias culturales son minimizadas, trivializadas, o romantizadas. Los elementos de la cosmovisión cultural propia se experimentan como universales, ocultando las diferencias culturales profundamente asentadas. La meta de los líderes es corregir la conducta cultural para coincidir con sus expectativas.

Fase 4 — Aceptan: la iglesia y sus líderes por fin han acumulado suficiente experiencia como para reconocer que el antecedente propio es sólo uno de muchas perspectivas culturales igualmente complejas y quizá válidas. Esto no significa que están de acuerdo con las distintas conductas culturales o que las aprueban, pero la congregación expresa respeto y quizá curiosidad hacia otras culturas y las incluye mediante programas especiales y reconocimiento.

Fase 5 — Adaptan: la iglesia y sus líderes han llegado al punto en que su experiencia con otra cultura les permite asociarse con ella usando una conducta apropiada en esa cultura. Son capaces de mirar el mundo, al menos parcialmente, a través de los ojos de otra cultura y cambiarán intencionalmente su propia conducta para comunicarse más eficazmente en esa cultura. La iglesia expresa su diversidad cultural en maneras apropiadas y comparten el liderazgo y los recursos.

Fase 6 — Integran: las personas de diversas culturas se sienten cómodas en las mutuas culturas. Esto no es asimilación, que es lo que con más frecuencia experimentan los grupos minoritarios que no son dominantes, que entran en las iglesias de culturas dominantes. Las personas que se ven obligadas a asimilarse estarán tratando con problemas relacionados con su propia marginación cultural y pueden sentir que no son enteramente aceptadas en otra cultura. Esto se ve particularmente en inmigrantes de la segunda generación. Aunque muchos inmigrantes tienen gran facilidad de moverse entre las culturas, ésta es una expectativa poco realista para la mayoría de los miembros de una congregación con cultura dominante. Si esto se obtiene, los líderes y los miembros de esta clase de iglesia tendrían la habilidad de moverse sin problemas entre su propia cultura y otras culturas presentes en la congregación. Este tipo de movilidad implica un gran grado de competencia cultural, lo cual incluye el ser bilingüe.

Es deseable tener personas con este grado de competencia intercultural entre el liderazgo de la iglesia. Tales personas dirigen a muchas de las iglesias interculturales más eficaces. En la mayoría de los casos, la fase 5 (adaptación) será la meta más alta para las congregaciones. Con el tiempo, sin embargo, es razonable esperar que entre los dirigentes de la iglesia haya líderes interculturales muy competentes, que se pueden mover sin problemas entre por lo menos dos culturas.

Reimpreso de Becoming an Intentionally Intercultural Church, por Ken Peters y Jonathan Lewis. Usado con permiso.

Jonathan Lewis

JONATHAN LEWIS, Ph.D., es director asociado de the World Evangelical Alliance Missions Convention. Es autor de varios manuales de adiestramiento misionero y co-editor de Becoming an Intentionally Intercultural Church.

Ken Peters

KEN PETERS es pastor de la iglesia Killareny Park (los hermanos menonitas) en Vancouver, British Columbia

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