Es difícil pero necesario establecer iglesias de múltiples culturas
Cómo el valor, la paciencia, la resistencia, la compasión, y el amor por las almas permitió a seis pastores establecer congregaciones multiculturales
Por John W. Kennedy
No fue hasta hace medio siglo que las escuelas públicas en Little Rock se integraron, después de que el gobernador Orbal Faubus ordenó a la Guardia Nacional de Arkansas que negaran a nueve estudiantes afro-americanos la entrada en la escuela secundaria central de únicamente blancos mientras que los airados padres de familia estaban reunidos afuera. Por fin, el presidente Eisenhower ordenó a las tropas federales que escoltaran a adolescentes negros hacia adentro, pero las tensiones raciales cerraron escuelas todo el siguiente año.
Cincuenta años más tarde, la capital del Estado Natural ha progresado en muchos aspectos. En otras maneras, las actitudes han cambiado poco desde 1957. La mayoría de las iglesias, no sólo en Arkansas o en el Sur, sino también a través de todo Estados Unidos, tienen una larga historia de personas con la misma manera de pensar. La segregación ha permanecido atrincherada en las iglesias más tiempo que prácticamente cualquier otra institución.
Un modelo de iglesia totalmente integrado es raro, pero se está viendo, y en algunos lugares funciona muy bien. En Little Rock, donde alrededor de cincuenta y cinco por ciento de la población es blanca y cuarenta por ciento negra, una congregación que está dando buen ejemplo es la Mosaic Church [Iglesia Mosaico] de Arkansas central.
Cuando hace seis años el pastor Mark DeYmaz estableció la iglesia en el centro de la ciudad, dejó un buen pastorado en un barrio suburbano predominantemente blanco en Little Rock. A propósito buscó liderazgo de diversas culturas. Hoy, cuarenta nacionalidades son representadas entre los más de seiscientos asistentes a la Iglesia Mosaico.
“Muchas iglesias tienen el potencial de volverse diversas y surgir como multiculturales —dice Steve Pike, director de establecimiento de iglesias de las Asambleas de Dios—. La clave es reclutar líderes que reflejen la diversidad de las personas a las que se esté intentando alcanzar.”
Un importante primer paso es estudiar el barrio; determinar la composición étnica y racial, los niveles de educación, y el estado económico de las personas que viven en esa zona.
Los hermanos de la iglesia necesitan ver un liderazgo diverso: en el personal, en la directiva, y en el grupo de adoración.
“Realmente no es diversidad si sólo se habla de ello, pero no se hace nada para concretarla”, dice Herbert L. Cooper Jr., pastor de People’s Church [Iglesia del Pueblo] en la ciudad de Oklahoma.
“Es importante que la congregación vea la diversidad”, dice Ray Llarena, pastor de Harvest Christian Center [Centro Cristiano de la Cosecha] en Chicago, una iglesia que tiene un pastor de jóvenes méxico-estadounidense, un líder de adoración filipino, un pastor de consejería afro-americano, y un ministro blanco de educación cristiana.
OPORTUNIDADES MULTIÉTNICAS
A muchos cristianos todavía les parece algo poco natural adorar al Señor con una mayoría de gente de otra raza. Más de noventa por ciento de las congregaciones estadounidenses tienen por lo menos ochenta por ciento de asistentes de un mismo grupo racial.
Está claro que una congregación con diversidad de culturas no resulta de los sueños de un fundador de iglesias.
La meta no es necesariamente estimular a hermanos de varias razas a que se lleven bien, sino que todos se reconcilien en Cristo. La reconciliación personal es un subproducto.
“La Biblia nos dice que vayamos a todo el mundo a predicar el evangelio —dice Llarena, un hermanos filipino—. No dice que nos concentremos en un grupo étnico o cultural. Si es un solo grupo étnico, no crecerá.”
Steven Siaji, pastor de All Nations Church [Iglesia de Todas las Naciones] en San Antonio, Texas, tuvo un rudo despertar cuando emigró de Kenia. “Noté que las iglesias parecían estar basadas en la etnia, sea negra, blanca, latina, coreana, o china —dice Siaji—. Ése no es el concepto bíblico de cómo debe ser la iglesia.”
Si recientemente el barrio ha experimentado cambios demográficos o está en medio de la transición, es una magnífica oportunidad de implementar un modelo multiétnico, sobre todo en las zonas urbanas.
“Una iglesia saludable responde a los cambios que ocurren alrededor de ella —dice Pike—. La misión de Dios es siempre buscar y salvar a los perdidos.”
Cuanto más diverso es el barrio o vecindario, tanto mayor es la oportunidad de alcanzar a los diversos grupos étnicos. Fuera del inglés, New Hope International [Nueva Esperanza Internacional] en la ciudad de Salt Lake, Utah, está alcanzando a dieciséis grupos idiomáticos, incluso tonga, etíope, chino mandarín, portugués, y marsellés.
“Nuestra intención no es que tengamos a todos juntos en un culto y que escuchen traducción mediante auriculares —dice Alfredo Murillo, pastor de Nueva Esperanza Internacional—. Aunque somos múltiples iglesias, somos una congregación. Podemos hacer un viaje misionero internacional dentro de nuestra iglesia.”
Aunque los pastores no tengan que organizar viajes misioneros para evangelizar a gente de otras culturas, deben tomar medidas especiales para dar la bienvenida a los visitantes cuando se presentan.
Las oportunidades de alcanzar a miríadas de grupos multiculturales podrían significar que hay que ir a los lugares más duros de una ciudad. Los inmigrantes tienden a reunirse donde cuesta menos alquilar vivienda, lo cual a menudo es en los barrios donde abunda el crimen. Pero esos también son los lugares de mayor necesidad.
El Centro Cristiano de la Cosecha en Chicago, por ejemplo, está situado en una zona poblada por homosexuales, drogadictos, desamparados, prostitutas, e inmigrantes recién llegados. La iglesia está atrayendo a personas desinteresadas en el evangelio mediante un programa de alimentación, guardería para escolares, y clases de inglés como segundo idioma.
“Uno tiene que estar dispuesto a tener un liderazgo multicultural y no sólo algo para salvar apariencias —dice Cooper—. Hay que estar dispuesto a integrar a los hermanos en la vida del Cuerpo, sea en un comité o en la plataforma.”
A veces eso significa reclutar a gente en maneras que no se ha hecho antes. DeYmaz, por ejemplo, convenció a César Ortega a dejar su negocio lucrativo de seguros en Honduras para encabezar el ministerio latino en la Iglesia Mosaico. Persuadió a Harry Li, un chino-estadounidense de la segunda generación, a abandonar un profesorado de ingeniería eléctrica en la Universidad de Idaho —aunque significó un sueldo mucho menor— para encabezar el ministerio de pequeños grupos.
LOS DESAFÍOS EN EL ESTABLECIMIENTO DE IGLESIAS
El idioma es el mayor obstáculo para el buen éxito de una iglesia multiétnica.
La etnia y la raza no son legítimas barreras —dice Pike—. Pero el idioma crea barreras. Si los inmigrantes de la primera generación no hablan inglés, no es realista que esperemos que asistan a un culto en que sólo se habla inglés. No pueden participar activamente en la adoración.”
El tener sólo un culto multiétnico pasa por alto las necesidades de los hermanos que sólo hablan su idioma nativo. Naturalmente tienden a unirse con aquéllos que hablan su idioma.
Todos los domingos, Nueva Esperanza Internacional ofrece cinco cultos en cinco idiomas. Como se comparte un mismo edificio para todos los cultos, Murillo ha tenido que enfatizar la importancia de empezar a tiempo como cortesía al siguiente grupo; en algunos países acostumbran empezar dos horas tarde.
Nueva Esperanza Internacional tiene un culto de oración los viernes por la noche en que todos los grupos idiomáticos se reúnen. Todos oran en su propio idioma, y es un sonido hermoso.
Otro gran problema es el financiamiento. Muchos inmigrantes llegan con pocos recursos. Además, algunos no están acostumbrados a diezmar. Por tanto, hay que aplazar algunos programas, y los lugares de culto pueden no ser ideales.
A veces el financiamiento significa hacer algo original. La Iglesia Mosaico, que se reúne en un antiguo local de Wal-Mart, está tratando de mudarse a un K-Mart abandonado a solo tres cuadras de allí, situado en una de las intersecciones de más tráfico del estado, enfrente de la Universidad de Arkansas en Little Rock. Aunque todavía no sería una zona más segura, una mudanza al edificio de 30.000 metros cuadrados daría más visibilidad a la iglesia.
La Iglesia del Pueblo se mudó a un edificio de 6.000 metros cuadrados en 2006. Sin embargo, Cooper todavía tiene que predicar en tres cultos, porque el espacio es muy limitado para las 1.300 personas que asisten los domingos por la mañana. Pero era lo que estaba al alcance de los medios económicos de la iglesia en ese tiempo. Cooper piensa que la mudanza es una importante señal para la comunidad.
“La gente nos tomó en serio cuando construimos un edificio —dice Cooper--. Saben que nos vamos a quedar aquí”.
La mudanza permitió a la Iglesia del Pueblo, que se centra en pequeños grupos, facilitar su programa de discipulado. Previamente la iglesia tuvo que alquilar varios lugares de reunión para acomodar las necesidades del ministerio.
Aunque el dinero puede ser escaso, es esencial que los que establecen una iglesia promuevan la obra. Llarena hace propaganda del Centro Cristiano de la Cosecha usando la televisión, la radio, los periódicos, y folletos publicitarios. La iglesia ha crecido de setenta y cinco miembros en 2002 a quinientos hoy.
Llarena sabe que vendrían más personas si la iglesia pudiera mostrar señales de estabilidad mudándose a medios permanentes. El Centro Cristiano de la Cosecha está alquilando una escuela para los cultos mientras busca comprar una propiedad en Chicago, que se cuenta entre las ciudades con las peores leyes de urbanismo de este país, y las menos amigables a la iglesia también.
TODAS LAS COSAS A TODAS LAS PERSONAS
“La persona que dirige una iglesia multicultural y multiétnica tiene que estar dispuesta a hacer cambios conforme la iglesia se comunica con diversos grupos”, dice Pike.
Sammy Soto, pastor de Power House [Casa de Poder] en Clifton, New Jersey, es puertorriqueño, pero en 2005 empezó a eliminar la mayor parte del sabor latino que marcó los cultos durante los primeros cuatro años. Aunque hay muchos latinos en el vecindario, también hay turcos, italianos, palestinos, jamaicanos, e irlandeses.
“Pudiéramos tener buen éxito si nos centráramos en un solo grupo demográfico —dice Soto—. Pero queremos alcanzar a la ciudad, y para hacer eso necesitamos trascender las diferencias culturales.”
Murillo dice que es importante permitir que otros grupos étnicos retengan su identidad. Eso significa permitir que los polinesios vistan su ropa típica en la iglesia si así lo desean. “Queremos que la gente sienta como que pertenece antes de que crea, en vez de decir: ‘Cuando creen, entonces pertenecen’”, dice Murillo.
La iglesia empezó ofreciendo una escuela dominical en la calle. Se siguió con distribución de ropa, muebles, y comida a los refugiados. Luego vinieron oportunidades educativas como aprendizaje de inglés y clases de equivalencia de educación secundaria [GED]. Con el tiempo se formaron células y grupos de estudio bíblico.
Murillo abrió un Dream Center que funciona como vínculo entre diversas iglesias —desde bautistas hasta hermanos del evangelio cuadrangular— para alcanzar juntos a la comunidad.
El nombre de una iglesia puede ser un primer paso indicativo de bienvenida a todos: Iglesia del Pueblo, Todas las Naciones, Mosaico. El mensaje de diversidad debe ser enfatizado sin disculpas: “Yo predico y enseño que somos multiculturales —dice Siaji—. Si alguien no se siente cómodo en compañía de todos, éste no es su lugar.”
No obstante, el deseo de alcanzar la zona inmediata tiene que estar basado en un mandato bíblico, en vez de adaptarse a los que viven allí. “Si todos en el barrio son homosexuales, la iglesia no tiene que conformarse a ellos para alcanzarlos”, dice DeYmaz.
DIVERSIDAD EN LA ADORACIÓN
DeYmaz reconoce que para la alabanza y adoración no basta con un estilo para todos. Así que no hay un estilo dominante en la Iglesia Mosaico. Siete grupos de adoración se turnan en dirigir la alabanza los domingos por la mañana.
“Si el estilo de la adoración es el mismo de semana en semana, atraerá solo a un cierto segmento de la población, y sin quererlo se establece una barrera”, dice DeYmaz.
Aunque la alabanza y la adoración en la mayoría de las iglesias no es abiertamente discriminatorio, DeYmaz contiende que hay un fanatismo latente. “Muchos de la raza blanca se alegrarían si las minorías vinieran y se conformaran a las costumbres de los blancos —dice DeYmaz—. Pero cuando las minorías traen su música y su estilo de adoración, los blancos se incomodan.”
Como una familia, los miembros de la Iglesia Mosaico aprenden a soportar otros estilos de alabanza en favor de la unidad. Aunque a los que no son hispanos al principio no les agrada el culto latino, sí ayuda a derribar barreras raciales. La letra de las canciones se proyecta tanto en inglés como en español.
Inicialmente, la adoración en la Casa de Poder significaba cantar un himno en inglés seguido por el mismo himno en español para comodidad de los hispanos. Pero Soto pensaba que si quería alcanzar la creciente población afro-americana, no podía tener un culto con cinco himnos en el idioma español. Así que ahora el culto de adoración de estilo contemporáneo puede incluir un himno en idioma español y uno típico de la raza negra.
“Es necedad que estemos escogiendo junto a quién adoraremos al Señor —dice Soto—. No podremos elegir cuando lleguemos al cielo.”
Dice Cooper que la Iglesia del Pueblo tiene un grupo de adoración estratégicamente diverso que incluye negros, blancos, y filipinos. Pero no ha sido fácil forjar una mezcla.
“Los hermanos han tenido que llegar a mutuos acuerdos —dice Cooper—. Ha habido hermanos de raza blanca que pensaban que debíamos tener música rock y hermanos de la raza negra que creían que debíamos tener un coro de gospel todos los domingos. Yo he tenido que predicar con mucho tino acerca de aceptar con amor nuestras diferencias.”
Los estilos de música fluctúan de Darlene Zschech a Israel Houghton, con algún estilo de salsa intermedio. Cooper dice que el director de adoración es blanco, pero a muchos hermanos les parece que suena como si fuera negro. Personalmente, a Cooper le encanta la música gospel estilo negro, pero no permite que domine el tiempo de adoración y alabanza.
“Cuando se trata de la alabanza, el evangelio no menciona ningún color”, dice Llarena.
COOPERACIÓN INTERNA
Los asistentes deben aprender a despojarse de sus prejuicios. Eso es más fácil de hacer cuando se establece una nueva iglesia, porque desde el principio el pastor puede explicar claramente su visión.
“En el cielo habrá diversidad —dice Cooper—. Nuestra comunidad es un lugar diverso, así que debemos reflejar un poco del cielo en la tierra.”
Tres veces por año Cooper predica específicamente acerca de la raza, y además regularmente entreteje el tema en los mensajes.
“Todos los domingos digo: ‘Bienvenidos a la Iglesia del Pueblo, una iglesia multicultural diseñada con usted en mente’”, dice Cooper.
Los hermanos que establecen nuevas iglesias aconsejan que se dé un mensaje positivo al enfatizar los mandatos de las Escrituras acerca del amplio espectro del cuerpo de Cristo.
A veces el crisol es sólo de apariencias. DeYmaz es de raza blanca, aunque tiene piel color aceitunado y un apellido latino (porque su padrastro lo adoptó); frecuentemente lo toman por hispano.
Murillo, cuyo abuelo se mudó de México a los Estados Unidos, ha sido confundido como chino o eslavo. Un rostro que desafía la caracterización étnica rompe las barreras.
Si la visión cambia en medio del establecimiento de una iglesia, puede tener repercusión negativa. Soto dice que algunos miembros hispanos se resistieron cuando empezó a dirigir a la iglesia hacia un estilo multicultural, porque ellos querían que la obra se dirigiera exclusivamente a los de habla hispana.
“Perdimos algunos miembros —dice Soto—. En esta comunidad hay muchas iglesias en que sólo se habla español. Pero Dios nos ha llamado a alcanzar a toda la ciudad.” En vez de señalar las diferencias raciales desde el púlpito, Soto habla acerca de los vínculos comunes que unen a la congregación como cristianos.
Aproximadamente uno de cada tres miembros de la Iglesia del Pueblo es de raza blanca, en parte porque Cooper ha sobrecargado al personal con caucásicos. Los pastores afro-americanos no dirigen a la mayoría de las iglesias con diversidad étnica, y hay pocos casos de obreros laicos blancos que siguen al liderazgo negro. Como pastor de raza negra, Cooper sabía que no tendría problemas en atraer familias negras.
CÓMO LLEGAR A CONOCERSE
Uno de los grandes “rompehielos” para integrar a personas de diversos grupos es la tradicional cena en que cada uno aporta un plato. Soto y Siaji instan a los hermanos a que traigan un plato de su tierra natal.
“Si les gusta su comida, ¿por qué no los aprecian a ellos?”, Siaji pregunta bruscamente a sus miembros.
El mensaje debe cumplirse desde el liderazgo. Cooper, que es negro, tiene una esposa blanca cuyo nombre es Tiffany. La Iglesia del Pueblo publica ese hecho siempre que es posible. Las fotos de Herbert y Tiffany están en todas las propagandas y en la publicidad, en anuncios de televisión, en carteleras, y en la página de Internet de la iglesia.
“Esto proclama que todos son bienvenidos en nuestra iglesia”, dice Cooper. Debido a esto, la iglesia ha atraído a decenas de parejas de razas mixtas. La congregación, que empezó con ocho personas en una sala de estar en el año 2002, ahora tiene 1.300 asistentes en un terreno de cincuenta hectáreas.
Otra importante manera de integrar al Cuerpo es a través de grupos de hogar, donde los hermanos tienen comunión, comen, alaban al Señor, y oran juntos. La Iglesia del Pueblo se vale del ministerio de pequeños grupos como el principal método para unir la brecha racial. Rompe las barreras cuando las razas se congregan juntas.
“Algunas personas tienen muchas ideas preconcebidas acerca de otras razas y grupos étnicos cuando llegan a este país —dice Cooper—. Pero pronto deducen: ‘Esa persona no es distinta de mí. Tiene los mismos sentimientos y aflicciones.’”
“Nuestro común denominador es Cristo —dice Soto—. Casi todos entienden esto”.
Aunque Casa de Poder todavía tiene un culto en que el español se traduce vía audífonos, y un estudio bíblico que se dirige en español, Soto dice que el idioma común de la congregación es el inglés. A menos que hayan llegado recientemente, la mayoría de los latinos entiende casi todo lo que se dice en inglés, aun cuando no se sienten cómodos al hablarlo.
Murillo ha establecido un concilio internacional con otros pastores de múltiples etnias en la ciudad Salt Lake. “Mis colaboradores no están aquí para manejar a los demás —dice Murillo—. Todos somos amigos, y todos trabajamos juntos”.
Las oficinas centrales de Nueva Esperanza Internacional están en una iglesia nazarena. “En Utah somos una minoría y nos conviene trabajar juntos”, dice Murillo. Dos terceras partes de los residentes del estado dicen ser mormones.
LA PERSEVERANCIA DE LARGO PLAZO
Las actitudes perjudiciales indoctrinadas no cambian de un día para otro.
“Los norteamericanos han llevado el evangelio a otras naciones durante muchos años —dice Siaji—. Pero aquí ellos se juntan solamente con la misma raza. Yo no lo entiendo. Si creemos que Cristo pronto volverá, es hora de hacer cambios.”
“Necesitamos mirar a nuestra comunidad a través de los ojos de Cristo —dice Llarena—. Necesitamos alcanzar a todo tipo de personas, no sólo de una raza ni de un solo color.”
“El movimiento hacia iglesias multiétnicas y multiculturales será el movimiento clave del siglo veintiuno”, predice DeYmaz.
No obstante, el establecimiento de iglesias multiculturales no es para los débiles. Es más fácil lanzar una nueva visión desde el púlpito que llevarla a cabo. Los pastores, en muchos casos, se encaran con años de estrechez de mente en la comunidad y una recepción tibia —por no decir hostil— de otros pastores locales.
A veces la oposición más fuerte viene de los mismos recién llegados, personas que pueden haber sido heridas en otras iglesias; personas que traen bagaje ideológico; personas en que tienen fuertes puntos de vista de cómo se debe manejar la iglesia y que expresan lo que piensan.
“A veces la gente tiene ciertas actitudes —dice Siaji—. Quizá no quieran aplaudir, alzar las manos, o danzar. Pero han aprendido a adaptarse.”
Durante dos años, Cooper tuvo que contender con notas anónimas que alguien dejaba en el plato de la ofrenda.
“A veces al principio no sabía si este ministerio resultaría —admite Cooper—. Tuve muchos días desconcertantes”.
Pero Cooper se mantuvo firme en sus convicciones porque sabía que Dios lo había llamado para establecer una iglesia multicultural. Los hermanos laicos que le causaron problemas al principio se ajustaron, crecieron, y se quedaron.
Requiere de mucha energía hacerlo funcionar. Muchos de los hermanos que han establecido iglesias y que han tenido un gran impacto empezaron entre los treinta y cuarenta años de edad. También se requiere mucho valor, paciencia, resistencia, compasión, y pasión por las almas.
Ante todo, un pastor no debe hacer el experimento de iniciar una congregación multicultural meramente como una técnica que intentar si ninguna otra cosa le resulta.
“Un pastor debe tener un llamado, tiene que sentir la carga, y tener una visión para hacer esto —dice Llarena—. Sólo Dios puede dar eso.”
John W. Kennedy es redactor de noticias del Today’s Pentecostal Evangel.