Mentores que producen grandes líderes espirituales

Por J. Don George
Es importante que quienes desean ser líderes espirituales eficientes entiendan la diferencia entre la función de un mentor y la de un entrenador. Un mentor comparte lo que conoce personalmente, lo que ha aprendido. Un entrenador ayuda a la gente a descubrir respuestas y soluciones a preguntas y situaciones problemáticas.
Cuando me dediqué a esta odisea de predicar y pastorear, pronto me di cuenta de mi necesidad de contar con un mentor. Entendí claramente que para tener eficiencia máxima en el ministerio necesitaría la ayuda de otros con mayor sabiduría y madurez.
Tanto mi padre, Roy F. George, una precursor fundador de iglesias en las Asambleas de Dios, y mi hermano, R. Kenneth George, actual superintendente del distrito de Nuevo México de las Asambleas de Dios, sirvieron como mis mentores. Mi gratitud será eterna por la manera en que estos dos hombres me modelaron y prepararon mi vida para un ministerio eficaz.
Mentor, ¿quiÉn lo necesita?
Aun cuando pueda argüirse que una relación de mentor no es absolutamente necesaria para tener buen éxito en el ministerio, cualquier ministro con la responsabilidad de edificar gente se beneficiará grandemente de desarrollar una relación de mentor con su personal.
La ingeniería de personal puede definirse como el arte de reclutar, instruir y motivar a las personas. Los motivadores y los manipuladores tienen una característica importante en común: ambos influyen en la gente.
El propósito por el cual los motivadores y los manipuladores influyen en la gente varía grandemente. Un motivador influye en las personas para beneficio de ellas, o por una causa de común acuerdo. Un manipulador, sin embargo, influye en las personas para beneficio propio. La diferencia de motivos de los motivadores y de los manipuladores les pone a distancia unos de otros. Los pastores y líderes eclesiásticos deben ser motivadores en vez de manipuladores.
El líder eclesiástico eficaz del siglo 21 puede ser ayudado grandemente por un mentor competente. Los ingenieros de personal en las iglesias de la actualidad incluyen, aun cuando no están necesariamente limitados, a:
- Pastores principales con un personal múltiple.
- Pastores ejecutivos o pastores principales asociados que tienen supervisión directa del personal múltiple.
- Solamente pastores que no tienen personal pagado, pero que son responsables de reclutar, instruir y motivar líderes laicos voluntarios con ministerio asociado.
La falta de gente con habilidades apropiadas ha sido la caída de muchos líderes de iglesia. Chris Turner ha hecho una lista con las 5 razones principales de más de 1.300 despidos de personal en la iglesia bautista. Fracasos en el aspecto de ingeniería de personal ha estado ocupando el primer lugar durante 10 años consecutivos. Claramente, cuando los líderes de iglesia mejoren sus habilidades personales, el número de despidos de miembros de personal disminuirá. El liderazgo de la iglesia se beneficiará mejorando sus estrategias con mentores y técnicas.
El Mentor modelo
Cuando Jesús dio inicio al establecimiento de su reino en la tierra, escogió a hombres con experiencias diversas en la vida con el fin de que fueran las piedras de fundamento de su iglesia. Entre sus escogidos incluyó hombres altamente dotados del mundo profesional (un colector de impuestos) como también hombres de faenas comunes (pescadores).
Jesús sabía que estos hombres necesitarían ser instruidos y equipados para la tarea que habían de realizar. Por esto, escogió a hombres que estaban dispuestos a recibir ayuda de un mentor. De esto resultó que los discípulos fueron preparados para sus tareas ministeriales mediante el proceso de mentor puesto en acción por Jesús.
¿Dónde podía haber hallado alguien un mentor más apropiado que Jesús? Él había aprendido de su Padre celestial, y usó experiencias terrenales a fin de preparar a esos hombres para su responsabilidad espiritual suprema. El mentor modelo del Universo es Jesús. Nos convendría considerar los principios de su función como mentor.
El principio de asociaciÓn
Jesús seleccionó a 12 hombres con los cuales habría de estar cercanamente relacionado: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13,14, cursivas añadidas).
Los Doce fueron seleccionados y apartados con un propósito divino. Primeramente fueron llamados para “estar con él” (versículo 14). Jesús deseaba establecer una cercana relación, de buena calidad con los Doce.
Jesús usó esta relación íntima para enseñar a sus discípulos cómo debían vivir. Ellos aprendieron a lidiar con la gente y las situaciones más difíciles, observando el estilo de vida de Jesús. Él invitó a sus discípulos a que observaran cada aspecto de su vida diaria, para poder reproducirse en estos 12 hombres.
El Maestro vio que en sus discípulos había potencial. Él los vio, no como eran, sino como podían llegar a ser mediante una instrucción apropiada.
Jesús desarrolló el potencial de sus discípulos siendo su mentor diariamente en una variedad de maneras. Pedro era un imprudente, impulsivo e impetuoso. Sin embargo, mediante la instrucción de su mentor, Pedro llegó a ser un líder de la iglesia primitiva en Jerusalén.
Los líderes de la iglesia actual harían bien en adoptar el estilo de mentor de Jesús. Los seguidores necesitan oportunidad para asociarse con sus líderes. Con frecuencia se ha dicho que los principios que cambian la vida y la visión de una vida eficaz con mucha mayor facilidad se captan por la observación que por la enseñanza. El principio de asociación producirá resultados positivos en la vida de nuestro personal y de los voluntarios.
Siendo un joven pastor en la Iglesia Calvario en Irving, Texas, pude reconocer rápidamente el extraordinario potencial de contar con un mentor. Aunque al principio la iglesia era pequeña, comprendí que si ella había de experimentar un crecimiento saludable, yo debía duplicarme en la vida de hombres de confianza. Comencé a buscar hombres que pudieran andar a mi lado, aprender de mi ejemplo, y compartir las responsabilidades del ministerio.
Cada sábado me reuní con un pequeño grupo de hombres para el desayuno durante 18 meses. Durante ese año y medio de definición este grupo inicial de 30 se convirtió en un equipo comprometido de 10. No falté a ninguna reunión, y animé a esos primeros seguidores a hacer un serio compromiso con el discipulado cristiano.
Cada sábado teníamos una reunión fraternal durante el desayuno. Después yo enseñaba principios de discipulado. Atemtaba observar el crecimiento espiritual y el desarrollo de estos hombres que estaban verdaderamente comprometidos al propósito de Dios. De ese humilde comienzo vino el primer grupo de líderes laicos para nuestra naciente iglesia. El núcleo de ese pequeño grupo que se reunió hace 35 años todavía está activo como líderes laicos en nuestra iglesia actual.
comprometido
El principio de tarea
Jesús dio tareas específicas a sus discípulos: “Estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:14, cursivas añadidas). “Y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos” (Marcos 6:7, cursivas añadidas). “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban” (Marcos 6:12,13, cursivas añadidas).
Jesús entendía la necesidad de pluralidad en el liderazgo espiritual. También reconoció que necesitaba dar a los Doce una descripción detallada de sus responsabilidades (Marcos 6:8-11). Él les dijo precisamente lo que esperaba de ellos. Los discípulos entendieron y aceptaron la responsabilidad del ministerio que les dio Jesús.
Algunos de los discípulos de Jesús pueden haberse sentido incompetentes para cumplir la tarea que se les asignó. Pero al proveerles buena instrucción y un afectuoso estímulo que contrarrestaría sus sentimientos de inseguridad y de incompetencia, Jesús les dio la mejor oportunidad de buen éxito.
El líder eclesiástico prudente de la actualidad aplicará este principio de la función del mentor en la iglesia local. Los pastores mentores necesitan estar conscientes de que a veces, los pastores de personal y los líderes laicos pueden sentirse inseguros o incapaces, cuando se enfrentan a una responsabilidad intimidatoria. En la mayoría de los casos, una definida descripción de tarea aquietará los sentimientos negativos.
También es importante que la persona que esté bajo un tutor tenga conciencia de que cuenta con el completo apoyo, estímulo y cobertura de su mentor. Los miembros del personal de la iglesia y los líderes laicos necesitan saber que su pastor principal cree en ellos. Sus inseguridades serán aliviadas mediante un estímulo positivo de su mentor.
Un pastor mentor eficaz pondrá su enfoque en fortalecer la confianza de su personal y de los voluntarios. Los que están siendo apoyados por un mentor necesitan oír que su mentor diga desde temprano y con frecuencia: “Creo en ti, y haré todo lo que pueda para ayudarte a salir airoso. No temas fracasar. Siempre debes esperar que Dios te dé suficientes fuerzas para la dimensión de cada tarea. Tú y Dios son una combinación ganadora”. (Ver la nota “La libertad de fracasar”, por Dennis Franck).
El principio de repaso
Luego de un período de ministerio, Jesús llamó a una reunión con sus discípulos y les pidió un informe de sus actividades de ministerio: “Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer” (Marcos 6:30, 31, cursivas añadidas).
El proceso de repaso es un ingrediente esencial en el proceso de crecimiento de aquellos que están bajo un mentor. Con frecuencia digo a mi personal que un líder nunca debiera esperar lo que no inspecciona. Todo ministerio debiera ser inspeccionado y aprobado por el liderazgo espiritual. El sirviente que sirve bien deseará dar un informe y hacer que su servicio sea inspeccionado por el liderazgo ante el cual es responsable.
Los que están bajo un mentor se cansarán de andar la segunda milla y de esforzarse por la excelencia, si su mentor muestra falta de interés y una actitud de despreocupación al dejar de repasar y evaluar la eficacia de su ministerio.
Los mentores deben repasar el ministerio de aquellos que sirven bajo su vigilancia. La frustración, la desilusión, y el desinterés se patentizan cuando el mentor falla por no mostrar interés en la manera en que se cumplen las tareas de ministerio.
Los mentores deben envolverse en la vida de aquellos a los cuales aconsejan. La actitud que dice: haz como te parezca y no me molestes con tus preguntas o detalles, es dañina para el crecimiento espiritual y para la salud emocional. Los mentores deben mostrar genuino interés y que desean participar del proceso.
Jesús usó el tiempo de repaso como una oportunidad para la enseñanza y para impartir un principio más elevado de discipulado. En cierta ocasión Él envió a 70 discípulos a predicar el evangelio “a toda ciudad y lugar a donde él había de ir” (Lucas 10:1). Cuando los 70 volvieron de su misión, Jesús les pidió un informe.
Los discípulos se regocijaron, y dijeron: “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17).
Entonces Jesús les enseñó que es mejor regocijarse “porque sus nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20).
Cuando el buen samaritano llevó el hombre herido a la posada e hizo arreglos para que se lo cuidase, hizo una interesante promesa al posadero. Le dijo: “Cúidalo; y todo lo que gastes demás, cuando vuelva, te lo pagaré” (Lucas 10:35). Al hacer esa promesa, el samaritano estaba comprometiendoEl principio de reasignación al posadero para que cuidara del hombre herido. También el samaritano estaba mostrando un alto nivel de interés por el herido al prometer pagar el costo total de su atención.
Jesús, el Mentor de los discípulos, también advirtió que ellos necesitaban descansar para renovarse. Él reconoció las presiones del ministerio y las muchas exigencias impuestas sobre ellos por las multitudes. Sabiendo que los discípulos habían trabajado por un largo período sin tiempo para descansar, Jesús les informó que era tiempo de descansar.
Un mentor eficaz también creará una cultura de cuidado de aquellos a los que asiste como mentor. Mostrará amor e interés por su bienestar físico y emocional. El personal pastoral y los voluntarios en las iglesias sirven con mayor gozo y provecho cuando lo hacen dentro de una atmósfera de paz, respeto, y aprecio. Es responsabilidad del mentor fomentar una cultura de relajada eficiencia.
El principio de reasignaciÓn
Jesús tenía como práctica dar nuevas asignaciones a sus discípulos después de haber revisado lo que habían hecho. Con anterioridad a su ascensión, Él asignó a sus discípulos una responsabilidad mucho mayor que la que ya les había dado: “Les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:15-18).
Considerando la magnitud de la nueva asignación del Maestro a sus discípulos, uno puede suponer que su estrategia como mentor había sido eficaz. Jesús asignó a sus discípulos el notable desafío del evangelismo mundial.
Los discípulos habían experimentado crecimiento espiritual y emocional cuando tuvieron a Jesús como Mentor. Aun cuando previamente estaban llenos de timidez y de temor, los discípulos se lanzaron en un ministerio dotado de poder por el Espíritu Santo que finalmente habría de alcanzar al mundo entero con el mensaje de la Cruz.
Después de dar a sus discípulos su nueva tarea, Jesús “fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16:19). Aun cuando Jesús se había ido de esta tierra, los discípulos continuaron en el ministerio, tal como habían hecho mientras Jesús estuvo físicamente con ellos: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16:20).
El principio de reasignación es una de las fases más importantes en la tutoría para el ministerio. La recompensa a la eficacia en el ministerio es una reasignación a campos de mayor responsabilidad. Jesús dijo: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10).
Esta verdad demuestra la necesidad de fidelidad y de tenacidad de fe durante los pasajes tempranos del ministerio, cuando ni la tarea ni su ubicación son motivo de celebrar. Zacarías, escribió: “Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán” (Zacarías 4:10, cursivas añadidas). Debemos recordar que todo gran ministerio fue una vez un pequeño ministerio; todo gran ministerio tuvo un humilde comienzo.
Hoy estoy agradecido por la tutoría que recibí de mi padre y de mi hermano. Sin estos aportes de gracia en mi vida y ministerio, yo habría penosamente carecido de preparación y hubiera estado descalificado para cumplir mis presentes responsabilidades de ministerio. La tutoría posibilitó las cosas.
Aun cuando cada semana predico a millares de personas en los servicios de adoración en la Iglesia Calvario, recuerdo vívidamente la pequeña congregación en mi primer pastorado en un pueblito de Texas. Aun cuando mi ministerio pastoral comenzó en relativa oscuridad en una remota región del país, finalmente Dios permitió que llegara a un gran sector metropolitano con ilimitado potencial para crecimiento en el Reino. Creo que mi presente papel en el servicio cristiano es el resultado de seguir fielmente los principios de tutoría que otros invirtieron en mi vida.
Del mismo modo que los discípulos fueron reasignados a una mayor responsabilidad, el Maestro puede también desear reasignar hoy a sus siervos a nuevos campos de ministerio, los que tienen mayores oportunidades de crecimiento y desarrollo. Charles Greenaway, misionero extranjero, me dijo: “Debes ser siempre flexible en tu ministerio. En cualquier momento durante tu jornada Dios puede ordenarte hacer un giro de 90 grados”.
Jesús, el director de personal de la iglesia, tiene la autoridad para colocar a sus siervos en posiciones de servicio donde sus habilidades ministeriales rindan el mejor fruto. No sabemos cuándo podría venir nuestro día de reasignación. Jesús lo sabe. Él promueve a sus siervos cuando está listo, y cuando ellos están preparados para ser promovidos.
Es bueno que recordemos que crecemos en posiciones de liderazgo y de responsabilidad. Hace años durante una visita a las dependencias de una hermosa iglesia, un joven ministro del grupo, dijo: “Me gustaría caer algún día en un pastorado como este”.
Un ministro más maduro y sabio en el grupo, replicó: “Joven, uno no cae en un ministerio como éste, uno crece en él”.
La madurez y el crecimiento espiritual no ocurren por accidente. El crecimiento espiritual es deliberado. El que tiene buen éxito en el ministerio cristiano es el que, reconociendo su destino, está dispuesto a pasar por el proceso del discipulado bajo una tutoría.
Contar con un mentor permite a cada ministro exceder su mayor potencial. La tutoría es mandataria para aquellos que están determinados a servir con excelencia a nuestro Maestro.
Varios miembros jóvenes del personal pastoral que han estado bajo un mentor en la Iglesia Calvario, han ido de aquí a varios campos de servicio y han sobresalido. Mi constante oración y mi ferviente deseo es que yo pueda servir como mentor al menos a 10 ministros cuyos ministerios superen al mío en todas formas.
Creo que Dios contestará a mi oración. Efectivamente, varios jóvenes ministros ya están cerca o ya han alcanzado ese nivel de buen éxito ministerial.
Los contemplÉ derribando un edificio
Los contemplé derribando un edificio,
un grupo de hombres en un pueblo activo.
con un potente esfuerzo y un vigoroso grito,
lanzaron una viga y un muro cayó.Pregunté al capataz, “¿son estos hombres tan diestros
como los hombres que emplearía para construír?”
Se rió y dijo: “¡En realidad, no!
Un obrero común es todo lo que necesito.
Y puedo derribar en un día o dos
lo que a los constructores les tomó años construir”.Me dije a mí mismo al proseguir mi camino:
¿cuál de estas funciones he tratado de desempeñar?
¿Soy un constructor que trabaja con cuidado,
construyendo a otros con regla y con escuadra?
¿O soy un destructor, que va por el pueblo,
contento con la labor de derribar?—Desconocido
La tutoría producirá grandes líderes que construirán en buena forma y que cumplirán su destino en el servicio del Maestro.
J. Don George, D.D., es pastor principal de la Iglesia Calvario, en Irving, Texas, y es un presbítero ejecutivo del Concilio General de las Asambleas de Dios.

