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El pastor inseguro

Por Samuel D, Rima

Después de servir como pastor principal durante 10 años en una iglesia urbana de tamaño mediano en la costa oriental, Tim estaba deseoso de considerar el ofrecimiento de un comité de una iglesia más grande en el medio oeste. Tim había sido recomendado al moderador del comité por uno de sus compañeros de clase en el seminario, quien pensaba que conocía bastante bien a Tim. En circunstancias que Tim y el comité pasaron exitosamente los rituales acostumbrados de un proceso de búsqueda pastoral, Tim comenzó a sentir una vaga sensación de intranquilidad. Aun cuando él había estado esperando esta clase de oportunidad desde que salió del seminario, se preguntaba si sería capaz de dirigir una iglesia más grande, con personal múltiple. En vez de reconocer sus preocupaciones y de compartirlas con Judy, su esposa, o con el moderador del comité, Tim se convenció a sí mismo de que su intranquilidad era infundada y decidió presentar un aire de absoluta confianza en su habilidad para proveer liderazgo a esta nueva iglesia, que era tres veces más grande que aquella donde había servido.

Durante las etapas finales del proceso de búsqueda, Tim dio respuestas detalladas concernientes a cómo manejaría el personal de 15 miembros, con la seguridad de que él y el personal trabajarían unidos como una máquina bien lubricada. Respondió con aplomo y creatividad a las preguntas de la congregación respecto a cómo supervisaría el presupuesto de 3,5 millones de dólares y los problemas de espacio siempre en aumento.

A pesar de sus inquietantes dudas y preocupaciones, hasta el mismo Tim estaba empezando a creer que este nuevo desafío de liderazgo sería un trozo de pastel. Después de todo, la mitad de la batalla, estaba convencido de ello, era hacer creer a los demás que él sabía cómo dirigir  en este nivel avanzado, aun cuando estaba en un rompecabezas, con dudas y sensación de inseguridad personal.

Tim pensaba que expresar sus preocupaciones y mostrarse transparente respecto de sus sentimientos de inseguridad sólo suscitaría una falta de confianza en su liderazgo. Así, antes que aproximarse a su nueva posición con saludable humildad y comunicar que estaba dispuesto a aprender de los miembros del personal con mayor experiencia y verdaderamente trabajar como un equipo en esta nueva empresa de liderazgo, Tim se hizo el ánimo de no permitir que los demás se dieran cuenta de su ineptitud.

Tim fue llamado a la iglesia con una firme votación de la congregación e inmediatamente se dispuso a establecer su marca. Tres años en su nuevo ministerio, Tim se hallaba en una posición extremadamente desafiante como pastor principal. Contando con la base de los libros que había estado leyendo, Tim decidió contratar a un pastor ejecutivo para que manejara la iglesia y para que fuese la primera interfase y supervisor de todo el personal. Esto permitía a Tim aislarse de responsabilidades con el personal. Se dedicaría a la predicación y a escribir, y delegaría los asuntos del cuidado de la congregación al pastor correspondiente. Para enfrentar los desafíos de espacio que tenía la iglesia, se empeñó con energía a convencer al liderazgo y a la congregación de que la iglesia necesitaba un nuevo santuario, centro de vida familiar y complejo de oficinas y salas de clases. Este proyecto de edificación masiva no sólo satisfaría las necesidades presentes en cuanto a dependencias, sino que serviría también para atraer nuevos miembros a la iglesia, los que podrían entonces ayudar a pagar el proyecto de 12 millones de dólares.

Aun cuando había habido significativos pequeños focos de resistencia congregacional a los planes de edificación y a la consiguiente campaña de capitalización, Tim no estaba dispuesto a permitir que alguien derrotara sus sueños de edificar algo mucho más grande que le permitiera ser el pastor de la única mega iglesia del estado. Muchos de los que se sentían incómodos con los planes creían que la actual cantidad de miembros no podría responder a las cuotas de la deuda de 5 millones de dólares que la iglesia necesitaría contraer para tal construcción.

Entre los que se resistían había un popular miembro del personal que había estado en éste 10 años. Como pastor de estudiantes para el ministerio, Doug tenía una importante cantidad de seguidores, compuesta de padres y abuelos de los muchos estudiantes que había ayudado durante la década previa. Aun cuando Doug estaba dispuesto a ir adelante con la iglesia, dijo que no estaba a favor del proyecto de edificación. Él creía que la deuda arruinaría el ministerio de la iglesia al tener que dedicar hasta el último centavo a la amortización de la deuda. Aun cuando Doug había prometido no expresar sus opiniones públicamente o desacreditar el proyecto, Tim creía que el hecho de que Doug rehusara apoyar plenamente el proyecto era un repudio directo de su visión y liderazgo como pastor principal.

La negativa de Doug a aceptar el programa de edificación reforzó los sentimientos secretos de inseguridad de Doug, como también sus dudas personales respecto de ejercer liderazgo en una iglesia significativamente más grande. Por sobre todo, Tim interpretó la falta de apoyo de Doug al programa de edificación como una falta de apoyo personal para él, como persona y como líder. De este modo, Tim no podía vivir con el cargo que tenía Doug. Él exigía apoyo total y entusiasta de parte de todos los miembros del personal — cualquier cosa menos que eso era visto como un desafío a su persona.

Tim llegó a la conclusión de que Doug debía apoyar completamente el programa, y su liderazgo, o renunciar. Él pensaba que permitir que Doug continuara en el personal era una amenaza para el equipo del personal. Antes que tratar personalmente con Doug respecto del asunto y negociar una solución apropiada a la situación, Tim se reunió con su círculo íntimo —el pastor ejecutivo y el pastor principal asociado— a fin de idear una estrategia para remover a Doug de su puesto. Durante el año siguiente, mientras el programa de edificación estaba en progreso, Tim y su círculo íntimo comenzaron a buscar alguna seña de insubordinación o pobre desempeño que pudieran usar para legitimar el despido de Doug.

Después de casi un año de tratar de construir un caso contra Doug, Tim creyó que había llegado el momento de obligar a Doug a dejar su puesto en la iglesia. Tim decidió que la mejor manera de tratar el despido de Doug sería por medio del pastor ejecutivo, Andrew Long, supervisor directo de Doug.

El documento disciplinario que Tim y Andrew compusieron, y que Andrew presentó, significó una verdadera sorpresa para Doug. La revisión de sus dos últimos desempeños, realizada por Andrew, había sido ejemplar. La lista de pequeñas quejas que contenía el documento disciplinario dejó confundido y disgustado a Doug. Se le dijo que si no firmaba el documento, reconociendo la legitimidad de los cargos, sería la justificación para su despido inmediato.

Cuando se filtró a la congregación el esfuerzo para remover de su puesto a Doug (no por medio de éste), muchas personas acorraladas a causa de la dirección en la cual se había estado moviendo la iglesia desde que Tim llegó a ser pastor principal, comenzaron a expresar su disgusto y frustración. Por cuanto Doug rehusó firmar el documento de disciplina, la junta envió una carta a la congregación, informándole de una reunión en la cual se votaría la remoción de Doug por insubordinación, apenas un mes antes de inaugurar la nueva edificación.

La carta a la congregación resultó en una masiva reacción adversa. La congregación comenzó a fijar su atención en el estilo de liderazgo de Tim que muchos pensaban era dictatorial, rígido, y totalmente impersonal. En vez de apoyar la remoción de Doug, la gente se preguntaba cómo podía ser que la situación de éste fuese tan mala sin que se hubiera tenido noticia de ello con anterioridad. La reunión que había sido convocada para discutir y votar la remoción de Doug se tornó en un referéndum sobre el liderazgo de Tim.

La respuesta de la congregación a la situación fue una amenaza aun mayor a la sensación de inseguridad de Tim y a su falta de confianza. Con el programa de inauguración de los nuevos edificios dentro de 2 semanas, Tim se encontró luchando con severa depresión, considerando su renuncia a la iglesia, y preguntándose si alguna vez estuvo apto para el ministerio pastoral.

Cuando la inseguridad personal se convierte en un problema pÚblico

Tim no es el único líder que ha experimentado el dolor que puede resultar cuando una disfunción personal, tal como una inseguridad aguda, es subestimada y en cambio se cubre con la máscara de la confianza y de la autosuficiencia. Efectivamente, hay líderes que los percibimos como excepcionalmente confiados y en dominio de la situación, y en una gran cantidad de casos están compensando una sensación de inferioridad e inseguridad profundamente enraizada. Con frecuencia vemos esta misma dinámica de funcionamiento en la vida de comediantes, actores, y modelos. Algunas de las más bellas modelos, al ser entrevistadas, expresan sensaciones de inseguridad respecto de su apariencia. Algunos de los comediantes más divertidos admiten que su persona pública más grande que la vida es un intento de compensar sentimientos de inferioridad profundamente arraigados y un modo de tratar con su dolor de las burlas y trauma de la niñez. Lo mismo puede ser cierto de aquellos que aspiran a posiciones de liderazgo, sea en la política, en los negocios, o en el campo religioso.

No sólo las inseguridades personales pueden arrastrarnos a intentos de compensar mediante la proyección de la imagen de un líder público confiado y con dominio de la situación, sino que también puede llegar a ser tan consumidora que la gente se ve inmersa en sus esfuerzos por probarse a sí mismas que está bien y que es digna del aprecio y la  estimación de los demás. Estos esfuerzos con frecuencia inducen a relaciones ilícitas, secretas. Mediante acciones físicas o emocionales de intimidad, la gente espera probarse a sí mismas que es atractiva, inteligente, deseable, o digna de ser amada —lo que es contrario a sus propios sentimientos y convicciones personales. Lamentablemente, tales intentos nunca pueden mitigar sus sentimientos, arrastrándola a conductas adicionales que con frecuencia son grandemente riesgosas.

Tal cosa sucedió con Jim Bakker, fundador y líder de los ministerios PTL. Desde las apariencias externas, él parecía ser un líder altamente confiado, carismático, y competente. La mayor parte de las personas ignoraba que los proyectos de liderazgo y la persona pública carismática de Jim Bakker era impulsada por una aguda sensación de inseguridad personal arraigada en su niñez y en los años de la adolescencia. A pesar del aparente buen éxito de su ministerio, ninguna de sus realizaciones era suficiente para silenciar las voces interiores que continuamente reforzaban su baja autoestima y su sensación de inseguridad hondamente arraigada. Finalmente,  su descuidada búsqueda de afirmación lo llevó a un fracaso público y a un frenesí de los medios de comunicación que todavía influye en la manera en que el público ve a los líderes cristianos.

Un episodio más reciente de fracaso de liderazgo público involucró a Ted Haggard, pastor de una mega iglesia en Colorado Springs, Colorado, y presidente de la Asociación Nacional de Evangélicos. En una declaración que hizo poco después de los desastrosos resultados, él declara: “La persona pública que era yo, no era una mentira; sencillamente estaba incompleta. Cuando dejé de comunicar mis problemas, la oscuridad aumentó y finalmente me dominó. Como resultado, hice cosas contrarias a todo lo que creo”.

En manera similar, cuando los pastores  intentan encubrir su ineficiencia y presentarse ante sus congregaciones, o ante el público, con una imagen manufacturada, están presentando un cuadro incompleto de sí mismos. Algunos pastores esconden aquellas partes de su personalidad que les afligen y les hacen sentir vergüenza. Cuanto mayor sea el tiempo que estas fallas de personalidad permanecen en las sombras de su vida, tanto más aumentará la oscuridad y comenzará a dominar su vida, porque cada vez se requiere más energía psíquica para mantener tales cosas fuera del conocimiento público.

Además, como en el caso de Haggard, más y más energía está dirigida a estas conductas riesgosas que se espera satisfarán y aliviarán las necesidades insatisfechas que dominan la vida de uno. Pero con mucha frecuencia, el fracaso al no tratar abiertamente y honradamente con estos sentimientos de inseguridad u otras disfunciones personales termina en una catástrofe personal o corporativa.

SeÑales que indican inseguridad

¿Cómo sabemos si nosotros, o alguien a quien conocemos, pudiera estar luchando con inseguridad oculta? Los individuos que luchan con inseguridad personal están, en algún nivel de su conciencia, en conocimiento de su problema. Pero, por el hecho de haber gastado tanta energía en encubrir sus verdaderos sentimientos y en compensar su problema, antes que enfrentarlo en manera constructiva, pueden haber perdido la habilidad de identificar objetivamente el problema. Efectivamente, ellos pueden estar convencidos en algún nivel superficial, que se sienten bien en su vida, pero eso rara vez sucede. Un acontecimiento traumático que los amenaza en algún nivel hará que una vez más los sentimientos reprimidos vengan a la superficie. ¿Cuáles son las diversas manifestaciones de inseguridad personal? ¿Cuáles son algunas señales de un problema que necesita ser atendido?

Paranoia

Los pastores que luchan con sentimientos profundos de inseguridad personal con frecuencia están preocupados con que la gente en sus iglesias pudiera dudar de su habilidad de liderazgo. Pueden llegar a ser paranoicos de que la gente esté conspirando secretamente para socavar su liderazgo o ciertos proyectos que ellos están promoviendo. Resultando de ello, como en el caso de Tim, que estos pastores tienen un tiempo muy difícil al permitir que los miembros del personal, o aun los miembros de la congregación, mantengan un papel vital, porque a causa de su paranoia temen que alguien podría dirigir un movimiento en su contra. De este modo, aquellos que se percibe que están en desacuerdo deben ser removidos, y con frecuencia tales remociones son orquestadas a través de medios clandestinos y funestos.

Celos

Otro indicador de que un pastor está luchando con inseguridad es su reacción celosa hacia otros miembros del personal. Un pastor de una gran iglesia rehusó que cualquiera de los miembros del personal predicara en su ausencia. En cambio, insistió en que su sermón del domingo fuese registrado en video y mostrado a la congregación la mañana del domingo. Esta reacción celosa fue consecuencia de una ocasión previa, cuando un miembro del personal había predicado en su ausencia y había recibido entusiastas comentarios por su sermón. Los celos también pueden relacionarse con la paranoia de un pastor de que la gente pudiera apreciar más a otro miembro del personal que a él.

CompulsiÓn

Un pastor que está luchando con sentimientos de inseguridad también puede exhibir conductas compulsivas, tales como dar especial atención a su apariencia y a su vestuario. Para encubrir sensación de inseguridad, el pastor puede dar una desacostumbrada atención a su apariencia exterior. Tener trajes inmaculadamente planchados y cabello bien cortado que parece que siempre está perfectamente en su lugar puede ser una preocupación obsesiva porque el líder está luchando con sentimientos de inseguridad. Al poner su atención de manera compulsiva en su apariencia está tratando de dominar los aspectos externos de su vida para compensar su incapacidad de gobernar los aspectos internos. Como resultado, con frecuencia estos líderes gastan cantidades excesivas de dinero y de tiempo en mantener los trajes y los hábitos de compostura necesarios para presentarse con una apariencia inmaculada.

Además, los líderes compulsivos frecuentemente son perfeccionistas y extremadamente exigentes con los demás. Esto es porque perciben que todo en la organización debe ser un reflejo de lo que ellos son. De este modo, todo debe ser hecho a la perfección. ¿Cuánto tiempo debe trabajar una persona para asegurarse de que todo está hecho perfectamente? Siempre. La perfección absoluta no es alcanzable. Pero esta es la razón de que muchos compulsivos sean también “trabajólicos”, que demandan lo mismo de los demás.

Narcisismo

Aun cuando el narcisismo se manifiesta más comúnmente en la excesiva admiración de una persona de sí misma, en su egocentrismo, en una estimación de su propia apariencia —como también en una necesidad de ser tomado en cuenta por los demás— estas manifestaciones están, paradójicamente, enraizadas en sentimientos de auto repugnancia, inseguridad, inferioridad, y vulnerabilidad. Para un narcisista, todo en la vida y en el ministerio gira alrededor de él —necesita estar siempre en el centro de la atención. Al narcisista no le agrada compartir la atención o la admiración con nadie. Luchará por mantener a los demás miembros del personal fuera de la vista del público, de tal modo que haya pocas oportunidades que ellos sean notados o apreciados. El pastor narcisista está sólo dispuesto a aceptar elogios por la obra de otros miembros del personal que en justicia merecen los elogios, porque después de todo, él es el pastor principal que lo ha hecho posible.

Aunque estas no son las únicas señales posibles de un potencial problema, están entre las más prominentes y con mayor potencial destructivo. Un pastor debe luchar retrospectivamente e intencionadamente con el problema raíz de su inseguridad personal, para evitar que sus acciones se desborden y causen un fracaso público que pudiera dañar su ministerio y congregación.

Cuando la inseguridad lleva a la inestabilidad y al caos

Cuando los intentos de un líder por cubrir y compensar su inseguridad personal no son tratados en forma directa y decidida, casi siempre son causa de enfermedad e inestabilidad en la iglesia u organización.

Es virtualmente imposible que un líder que sufre de paranoia desarrolle relaciones profundas e íntimas dentro del personal o de la congregación. Su temor es que la información intercambiada durante la relación, si resultara amarga, pudiera ser usada en su contra para dañar su liderazgo y derribarlo. De este modo, es mejor permanecer aislado y superficial y evitar el desarrollo de relaciones interpersonales. Este temor lleva frecuentemente a un pastor principal a aislarse de los demás y a trabajar dentro de un capullo de secreto total, con uno o dos asociados de confianza. Esto deja a los demás miembros del personal con la sensación de ser devaluados y estar fuera de contacto con su líder, lo que puede llevar a una cantidad de problemas relacionados con el personal.

Cuando un pastor lucha con celos enraizados en una profunda inseguridad individual, su personal se sentirá sofocado e incapaz de ejercer el pleno espectro de sus dones y habilidades. Los pastores inseguros rara vez se ocupan como mentores de otros o en capacitar al personal para nuevas responsabilidades, por temor de que los miembros del personal lleguen a ser más dotados y competentes que él. Esto fácilmente puede resultar en una característica de estancamiento y de frustración entre el personal y los líderes.

La compulsión de un pastor principal puede resultar en agotamiento personal, como también en un rápido cambio de personal. Cuando el pastor principal exige que el personal trabaje horas irrazonables en la imposible búsqueda de perfección, muchos miembros del personal lo hallarán insoportable y renunciarán. En estas situaciones, es común que el personal experimente también una moral muy baja. El cambio rápido de personal, la baja moral, y un pastor principal que está continuamente impulsándose hasta el borde del colapso de las reservas de sus energías y emociones, es una receta para ineficacia de organización, si es que no para el desastre.

Finalmente, vivir y ser dirigido por un narcisista es increíblemente difícil, porque se espera que todos le sirvan y suplan sus necesidades antes de hacer cualquier otra cosa. Los narcisistas usan a las personas. El líder narcisista considera a su personal como el medio para cumplir su visión y metas personales. La gente es un recurso para ser usado en el cumplimiento de sus planes, los que usualmente tienen como intención elevar y exaltar su imagen y reputación.

Los síntomas y conductas que giran alrededor del pastor inseguro tienen el potencial para suscitar no sólo inestabilidad dentro de la iglesia, sino también caos extremo si el problema no se trata en forma apropiada.

Dando pasos para salir de las tinieblas a la luz

¿Qué puede hacer un pastor si comienza a sentir que algunos de estos síntomas podrían estar describiendo su vida o liderazgo? ¿Cómo podrían los líderes laicos de una iglesia acercarse a un pastor que parece no darse cuenta de la destructiva dinámica de su inseguridad personal? Permítame sugerir unos pocos pasos básicos que uno podría dar para tratar con este lado oscuro del liderazgo.

El primer paso para salir de la oscuridad es reconocer el problema y aceptarlo como propio. Mientras todos permitan que el pastor inseguro viva en negación, nada cambiará —a no ser para lo peor. El pastor inseguro debe estar dispuesto a identificar el problema, reconocer las conductas en las cuales ha incurrido en un esfuerzo para compensar sus sentimientos de inseguridad, y luego reconocer que es su problema.

En el segundo paso, el pastor inseguro debe descubrir y explorar las raíces de sus sentimientos de inseguridad. Debe darse el tiempo para explorar y examinar el pasado. Esto puede ser un proceso emocionalmente penoso, que es por lo cual los líderes lo evitan y se empeñan en conductas compensatorias. Por cuanto este proceso puede ser complejo y doloroso, recomiendo emplear los servicios de un director espiritual, asesor, psicólogo cristiano, o terapeuta. Es vital que el pastor dé este paso y lo lleve adelante hasta que haya obtenido el conocimiento, la comprensión y el crecimiento necesario que lo saquen de la oscuridad del negativismo y autoengaño a la luz de la gracia de Dios.

El tercer paso para salir de la oscuridad es reconocer que el poder de Cristo puede ser perfeccionado en la debilidad de alguien (2 Corintios 12:9). Cuando reconocemos nuestras debilidades, las aceptamos como una parte de nuestro todo, y las sacamos de las sombras de nuestra vida de modo que Dios pueda redimirlas, eliminamos su efecto dominante o avasallador sobre nuestra vida.

El cuarto paso es hallar nuestra verdadera identidad en Cristo. Los tres pasos previos serán difíciles, si no imposibles, de dar si un pastor no entiende su verdadera identidad en Cristo. Debe entender que Dios lo ama tal como es —aun con sus disfunciones— y que Dios ha permitido que éstas existan en su vida de modo que Él pueda facilitar el crecimiento espiritual hacia la integridad. En Cristo, todos los creyentes son santos y sin tacha. Esta es nuestra posición espiritual. Pero los creyentes no siempre viven en la plenitud que Cristo hizo posible, a causa de disfunciones resultantes del pecado. Sin embargo, cuando la gente acepta plenamente lo que son en Cristo, se les provee con la confianza para procesar sus disfunciones en seguridad emocional. Entonces pueden integrar sus disfunciones a su vida, en vez de seguir escondiéndolas en el lado sombrío de su personalidad, a causa de la vergüenza.

Para el pastor inseguro que ha aprendido a enmascarar o esconder sus inseguridades y a compensarlas en formas poco sanas, hay esperanza y la real posibilidad de llegar a estar entero en Cristo y permitir que sus disfunciones se conviertan en el rico terreno espiritual del cual puede venir su ministerio más eficiente. Que Dios ayude a los pastores a vivir y a dirigir desde lugares de integridad y libertad, antes que en culpabilidad y vergüenza.

Samuel D. Rima, D.Min., es director del programa de doctor en ministerio en el Seminario Bethel, donde sirve también como director de enriquecimiento del liderazgo y enseña en el Centro para Liderazgo en transformación. Rima ha escrito tres libros: Superando el lado oscuro del liderazgo: la paradoja de la disfunción personal (Baker, 1998); Dirigiendo desde el interior hacia fuera: el arte del auto liderazgo (Baker, 2000); Repensando la iglesia exitosa: cómo hallar la serenidad en la soberanía de Dios (Baker, 2002). Rima celebra también talleres nacionales y seminarios sobre liderazgo y formación espiritual, y eficacia organizativa.

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