¿Puede usted dirigir desde el segundo lugar?1

Por Mike Bonem y Roger Patterson
“Si tienes el don de liderazgo, entonces dirige diligentemente” (Romanos 12:8, parafraseado). Pero, ¿acaso este versículo es para líderes que ocupan la primera silla – el pastor principal? La exhortación bíblica a dirigir no está limitada a una persona en una iglesia. Efectivamente, si el pastor principal es la única persona que ha de ejercer el don de liderazgo, una congregación no concretará su más grande potencial para el Reino.
Entonces, ¿qué hay de los que están en papeles de segunda silla en cuanto a dirección? En nuestro libro, Leading From the Second Chair (Dirigiendo desde la segunda silla), definimos a un líder así descrito como “una persona en un papel subordinado cuya influencia en otros añade valor a través de la organización”. Si usted es un líder en una función secundaria, ¿cómo puede usar sus dones para dirigir diligentemente? Y si usted es el pastor principal, ¿en qué manera extrae el mayor provecho de los líderes que sirven juntamente con usted?
El liderazgo en el lugar secundario es fundamentalmente distinto del liderazgo en el primer lugar. Las Escrituras tienen mucha enseñanza al respecto. ¿Cuál es la mejor manera de comunicar la importancia, los desafíos y el impacto potencial de este papel? Entendemos la naturaleza única de un liderazgo de segunda silla mediante el encuadre de tres aparentes paradojas: líder-subordinado, profundo-ancho, y contentamiento-soñando.
La paradoja líder-subordinado reconoce que los que se hallan en la segunda silla están llamados a dirigir, pero que también responden a un supervisor. Ellos aprenden a dirigir sin estar en la cúspide de la pirámide de la organización, porque entienden que su autoridad y eficacia dependen de la relación que tengan con su pastor principal.
La paradoja profundo-ancho reconoce que las segundas sillas tienen papeles específicos que son más estrechos y más profundos en alcance que los de la primera silla, y sin embargo necesitan tener una perspectiva ancha y amplia de la organización. Necesitan ser pensadores estratégicos, y al mismo tiempo, manejar con excelencia una variedad de aspectos de ministerio.
La paradoja contentamiento-soñando llama a los de segunda silla a una visión de largo plazo. Pueden tener sueños, aun cuando no estén en la posición cumbre; pero también necesitan descubrir el contentamiento cuando Dios moldea su vida y guía sus sendas en el presente.
SUBORDINACIÓN: DESAFIANTE, PERO BÍBLICA
Muchos líderes de segunda silla luchan en la tensión de la paradoja líder-subordinado. Saben que tienen don de liderazgo pero se sienten incapaz de ejercerlo. Esta lucha con frecuencia da uno de dos resultados. Por cuanto se sienten impedidos, algunos se deslizan hacia una posición de sumisión y pasividad. Con poco entusiasmo y creciente frustración siguen las órdenes de su primera silla. Otros experimentan una constante fricción con su pastor principal. Repetidamente toman iniciativas, aun cuando esto esté claramente más allá de su autoridad. El primero finalmente dejará su puesto por pastos más verdes una vez que la presión se hace insoportable. El segundo puede dejar por cualquier clase de pasto cuando se le pida (o se le diga) que se vaya,
En su raíz, la paradoja del líder-subordinado trata con asuntos de vitalidad de relación y espirituales. Es de relación, porque un liderato eficaz de segunda silla es únicamente posible en una relación sana, basada en la confianza entre líderes de primera y segunda silla.
La analogía de un matrimonio se usa con frecuencia para describir esta asociación. Un matrimonio duradero y exitoso es únicamente posible cuando se establece y se mantiene la confianza. El asunto también es espiritual, porque una clara comprensión de las Escrituras y una conciencia de que Dios está obrando en ambas vidas puede reorientar por completo la perspectiva de una segunda silla.
La Biblia contiene muchos ejemplos de excelentes relaciones entre líderes de primera y segunda silla: Moisés y Josué, Elías y Eliseo, y Pablo y Timoteo. ¿Alguna vez ha pensado del Padre y de su Hijo Jesús como la ilustración original de esta paradoja de líder-subordinado?
Considere las palabras de Jesús en Juan 5:19: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Esta declaración acerca de la eterna obra de Dios expresa la paradoja de líder-subordinado mejor de lo que nosotros podríamos hacerlo. Un líder de segunda silla está consciente de que puede cumplir su ministerio únicamente a causa de la autoridad y permiso que le concede la primera silla. Sin esto, un líder de segunda silla hará muy poco de valor eterno en su actual lugar de servicio.
Jesús mostró una disposición y un deseo de hacer únicamente la obra del Padre. Hemos proclamado durante las edades que el Hijo está subordinado al Padre. Nuestros credos y confesiones hablan de esto; sin embargo, no nos hemos detenido a considerar la manera en que esto influyó en el ministerio de Jesús, ni hemos comprendido que este es un ejemplo de cómo las segundas sillas debieran relacionarse con sus pastores principales cuando sirven juntos.
Clarifiquemos lo que estamos diciendo, y lo que no estamos diciendo. Tal como nuestra ortodoxia lo ha expresado durante siglos, los miembros de la Trinidad son co-iguales y co-eternos. Esto es de suma importancia para entender esta explicación acerca de la subordinación de Jesús al Padre, no sea que caigamos en la herejía por invocar la doctrina de la subordinación – que enseña que el Hijo y el Espíritu Santo son creaciones posteriores del Padre. La distinción que hacen los teólogos es que el Hijo y el Espíritu Santo son subordinados al Padre en su función administrativa.2 Wayne Grudem llama a esto “subordinación económica”, en la cual el Hijo y el Espíritu Santo son “iguales en ser pero con funciones subordinadas”.3
Las Escrituras enseñan que el Padre tenía un plan redentor que había de cumplirse mediante el Hijo y el Espíritu Santo. En las relaciones dentro de la Trinidad, vemos este cuadro del Padre, la fuente de autoridad final, concediendo toda autoridad al Hijo (Mateo 28:18) para cumplir la misión redentora que el Padre le encomendó.
Fijémonos en estas palabras de Jesús respecto de su relación con el Padre:
“Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:20-23).
Jesús describe una relación de amor en la cual el Padre comparte su plan con el Hijo. Aun más, el Padre entrega pleno poder al Hijo y le confía el juicio que ha de honrar al Padre. A consecuencia de este amor, Jesús refleja un espíritu de sumisión.
Otros han notado la constante expresión de subordinación de Jesús durante su ministerio terrenal. El centurión romano, que entendía la investidura de autoridad, pidió a Jesús que ejerciera la autoridad que le había sido conferida por Dios para sanar a su siervo (Mateo 8:5-13). Podríamos parafrasear la petición del centurión: “Jesús, yo también, como tú, tengo autoridad porque me ha sido concedida por otro. Por favor, ejerce la autoridad que te ha sido conferida para sanar a mi siervo”.
Los líderes de segunda silla con frecuencia anhelan que se les confiera autoridad, sin asegurarse primeramente de que están subordinados a la figura de autoridad que está puesta sobre ellos. Reconocemos que esta analogía falla en muchos puntos, porque los líderes de segunda silla no son Jesús, y el líder de primera silla no es el Padre. Pero cuando los líderes de segunda silla son sumisos y subordinados a la autoridad que Dios ha puesto en su vida, son como Jesús. Los líderes de segunda silla deben entender que la única cosa que pueden controlar en sus interacciones con su primera silla es su porción de la relación.
¿Cuál es el consejo más frecuente que ofrecemos a los líderes de segunda silla? Permanece cerca de la primera silla. Trabaja diligentemente e intencionalmente para establecer una firme relación con el líder de la primera silla. Busca maneras de establecer confianza y mostrar lealtad. Reconoce qué es lo que lo frustra, así podrás evitar cometer errores. Sé un estudioso de su personalidad y de sus preferencias, de modo que puedas aprender a comunicar en maneras que sean claramente entendibles.
Esto suena como trabajo duro, y lo es, pero el fruto en tu vida y en tu ministerio sobrepasará en gran medida el costo. Tu liderazgo en la segunda silla requiere que hayas recibido autoridad, y esto sólo se ve en una relación saludable con tu primera silla. Cuando la confianza y la seguridad de tu pastor en ti crece, tu libertad para dirigir y tu habilidad para marcar una diferencia aumentará exponencialmente. Así, si deseas dirigir, usa tus dones al máximo de su potencial, y para crecer en esta paradoja, practica la subordinación y permanece cerca de la primera silla.
MÁS ALLÁ DE LA SUBORDINACIÓN – LA PARADOJA DE PROFUNDO-ANCHO
Tener una gran relación con la primera silla es esencial para aquellos que buscan dirigir desde la segunda silla, pero eso no es suficiente. La paradoja de profundo-ancho exige que los líderes de segunda silla vean el cuadro completo, que identifiquen sus más grandes oportunidades o los problemas más graves de la iglesia, y que luego tomen iniciativas en tales áreas. Pero si solo una persona toma la iniciativa, el seguro resultado es un líder de segunda silla agotado, no exitoso. Los líderes eficaces de segunda silla trabajan bien con otros, llamando a personas con distintos dones a integrar un equipo. Ellos saben que la jornada del ministerio es más interesante y que los resultados se multiplican cuando el Cuerpo funciona de esta manera.
¿Cómo ve usted a los que trabajan a su lado? ¿Cuándo fue la última vez que reconoció su dependencia del resto de su equipo? A Joe Namath se le preguntó si él podría ser un jugador de cuarto trasero del Salón de la Fama en esta era del fútbol moderno. La respuesta de Namath fue: “Eso dependería de los caballos que fueran delante de mí. Es un juego de equipo y ningún jugador podría ganar sin el resto del equipo”.4
¿Está usted dispuesto a jugar como parte de un equipo? El ministerio del siglo 21 es un juego en equipo. Cuanto más pronto estén dispuestos los jugadores a hacer su parte para cumplir la visión de Dios, tanto más pronto se obtendrán las victorias eternas en medio de la iglesia local y por medio de ella.
Un líder de segunda silla necesita dar el primer paso para crear este ambiente de colaboración. Una simple admisión de que necesita ayuda abrirá la puerta para que el ministerio se expanda. Lo empujará a buscar a otros y a incluirlos en el proceso de desarrollar soluciones para sus más importantes necesidades. Traerá a la luz cosas que él nunca hubiera considerado. Y dará a otros en la iglesia una mayor sensación de permiso y libertad para contribuir. Dios ha ensamblado el cuerpo de Cristo con los dones necesarios para hacer la obra a que ha llamado a la iglesia (Romanos 12:3-8; 1 Corintios 12:1-31; Efesios 4:11-13). Cuando la segunda silla falla en usar estos dones, no es solo una oportunidad perdida, sino también una pobre mayordomía.
Otra vislumbre de las relaciones expresadas en la Trinidad puede revolucionar la manera en que nos relacionemos con aquellos a los cuales servimos. Consideremos cómo la relación entre el Padre y el Hijo nos muestra una dependencia mutua de la cual podemos aprender.
William Evans, declara: “¡Cuán dependiente fue Jesucristo, en su estado de humillación, del Espíritu Santo!” Las Escrituras muestran esta dependencia cuando Jesús fue conducido al desierto (Mateo 4:1), ungido para servicio (Hechos 10:38), crucificado en el poder del Espíritu (Hebreos 9:14), y levantado por el poder del Espíritu (Romanos 1:4, 8:11).5 Claramente, las Escrituras muestran que las obras de Jesús fueron posibles mediante el poder del Espíritu Santo. Jesús dependía del Espíritu, pero Él estaba también en autoridad sobre el Espíritu.
The doctrine of double -procession teaches that the Father and the Son have the authority to send the Spirit. Jesus was dependent upon the Spirit, but He also was the one One to givewho gave the Spirit to His disciples. In John 15:26, Christ sayssaid, “When the Counselor comes, whom I will send to you from the Father, the Spirit of truth who goes out from the Father, he will testify about me.…..” And in John 16:7, He statesstated, “But I tell you the truth: It is for your good that I am going away. Unless I go away, the Counselor will not come to you; but if I go, I will send him to you.” Beyond being sent, the Spirit is directed by the Father and the Son:
La doctrina de la doble procesión enseña que el Padre y el Hijo tienen la autoridad para enviar al Espíritu. Jesús dependía del Espíritu, pero Él también fue Quien dio el Espíritu a sus discípulos. En Juan 15:26, Cristo dijo: “Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Y en Juan 16:7, declaró: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. Más allá de ser enviado, el Espíritu es dirigido por el Padre y el Hijo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber todas las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:13-15).
Si el Hijo y el Espíritu son dependientes uno del otro para cumplir la misión redentora de Dios, ¿por qué los pastores piensan que pueden ir solos? ¿Por qué los líderes de primera silla son lentos en reconocer que una manera significativa en la cual Dios les satisface sus necesidades es por medio de su personal? Los líderes de primera silla necesitan ver en su personal la provisión de Dios. Si no es así, ¿cómo llegarán estos líderes a cambiar la manera en que ven a su personal? (Véase la columna lateral: “Primera silla, tome nota”).
¿Y qué hay de ustedes, líderes de segunda silla? ¿Respetan y animan a sus colaboradores, aun cuando llegan a impacientarse con las deficiencias de ellos? En su personal de la iglesia, ¿se soportan y se perdonan unos a otros como lo describe Colosenses 3:13?
Si este espíritu de humildad y de trabajo en equipo no caracteriza nuestra vida y nuestras iglesias, no cumpliremos nada sustancial para el reino de Dios. Si el Hijo es dependiente del Espíritu, y el Espíritu es dependiente del Hijo, ¿cómo pueden los líderes de segunda silla no honrar y ser dependientes de aquellos que Dios ha puesto a su alrededor para cumplir su misión redentora? El liderazgo de segunda silla requiere que la gente vea el amplio plan de Dios y que sepan que unirse a Él en su misión no significa hacer una jornada a solas.
Hallando contentamiento
La paradoja final, contentamiento-soñando, también tiene un fundamento claro y bíblico. Mientras que la paradoja líder-subordinado se centra en la relación entre la primera y la segunda silla, contentamiento-soñando tiene sus raíces en la vibración de las relaciones de los líderes de segunda silla con Dios. Lamentablemente, muchos líderes de segunda silla relegan a Dios al asiento trasero cuando están luchando con tiempos de descontento o soñando en su futuro. ¿Cómo lo sabemos? Porque los oímos hablar de sus frustraciones en su papel actual, pero no de lo que Dios les está enseñando en sus presentes circunstancias. O los oímos hacer planes para su próximo movimiento en su carrera, y suena como si hubieran preparado un itinerario de confección humana.
El contentamiento nunca es posible a menos que estemos siguiendo a Dios. Los sueños nunca satisfacen, a menos que el Señor los inspire. Piense en las cautivantes historias que ha oído de gente que ministraron en las más difíciles circunstancias. ¿Qué les permitió continuar días tras día? ¿Cuál fue su fuente de gozo y de fortaleza cuando el fruto de sus esfuerzos parecía muy mezquino? Estos testimonios siempre muestran a Dios como la Fuente de su sueño y el Sustentador en medio de las luchas cotidianas. ¿Por qué debiera ser distinto el cuadro para los que están en el papel de segunda silla? Las palabras del salmista ayudan nuestro entendimiento en esta materia.
El Salmo 37 enseña que aquellos que esperan en el Señor heredarán la tierra (versículos 9, 11, 22, 34). El versículo que la mayoría de la gente conoce y ama es Salmo 37:4: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón”. Dicho de manera sencilla (y extraído de contexto) si nos gozamos en Dios, obtendremos lo que deseamos. Lo que deseamos es la siguiente movida, la iglesia grande, y la unción y oportunidad de hablar a nuestros pares en las reuniones denominacionales. Tenemos grandes sueños, y deseamos que se vean cumplidos ahora.
A veces reclamamos estas promesas y luego nos vamos frustrados porque no llegan a cumplirse. Esto es, no llegan a cumplirse en la manera y en el tiempo que nosotros quisiéramos. Necesitamos entender el contexto y el significado de este versículo, comprendiendo que Dios anhela hacer mucho cuando esperamos en Él. Salmo 37:4 no está solo. Está rodeado de instrucciones a Israel acerca de sus responsabilidades mientras esperan en el Señor. Se les dice que deben cultivar la fidelidad, morar en la tierra, confiar en el Señor, hacer el bien, y dedicar sus caminos al Señor. Luego Él promete hacer lo que solo Él puede hacer: “Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía” (versículo 6).
La mayoría de las personas puede testificar de la lucha que suscita esperar que el deseo de su corazón fructifique. Si los líderes de segunda silla han de ser responsables de habitar, confiar, consagrar, y cultivar fidelidad, pueden sentirse animados de que Dios usará este tiempo de espera con el fin de prepararlos para que hereden la tierra que Él les conserva. Dios usará este tiempo de incertidumbre y de tribulación con el objeto de prepararlos para el sueño que Él ha puesto en el corazón de ellos. Cuando usted reclame la promesa del Salmo 37:4, abarque . también el versículo 7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”.
Su don de liderazgo es un precioso tesoro de Dios. Él quiere que usted desarrolle su don al máximo de su potencial y que lo use para su gloria. La iglesia necesita que usted crezca en su función de segunda silla, sea por un breve período o por el resto de su ministerio. Esperamos que usted llegará a ser mucho más eficaz cuando entienda la paradoja del liderazgo de segunda silla.

Mike Bonem y Roger Patterson son coautores de Leading From the Second Chair: Serving Your Church, Fulfilling Your Role, and Realizing Your Dreams (Dirigiendo desde la segunda silla: sirviendo a su iglesia, cumpliendo su función, y realizando sus sueños). Ambos sirven en funciones de segunda silla en la Iglesia de la Universidad Bautista Occidental, en Houston, Texas; Roger como pastor asociado y Mike como ministro de discipulado. Para más información, visite: http://www.SecondChairLeaders.com.
Notas
- Porciones de este artículo fueron extraídos de la tesis doctoral de Roger Patterson, “A Theological Foundation and Workshop for Subordinate Leaders in the Local Church” (D.Min. Thesis, Southwestern Baptist Theological Seminary, 2006).
- Bruce A. Ware, Father, Son, and Spirit: Relationships, Roles, and Relevance (Wheaton, Ill.: Crossway Books, 2005).
- Wayne Grudem. Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1995).
- Fox News Channel’s Hannity and Colmes (November 29, 2006).
- William Evans, The Great Doctrines of the Bible (Chicago: Moody Press, 1980