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Por qué las iglesias no discipulan, y cómo puede hacerlo la suya

Por Stephen Lim

Por supuesto que se discipula a mi gente, había dado yo por seguro durante años. Al fin y al cabo, asisten a los cultos de adoración y a las clases de Biblia los domingos. Participan en pequeños grupos y en reuniones de fraternidad durante la semana. Con todo este cuidado espiritual, tienen que estar creciendo espiritualmente. Sin embargo, conforme han pasado los meses y los años, por fin tuve que admitir que, con excepción de los cristianos más nuevos, en su mayor parte era muy poco el crecimiento que podía discernir en cuanto a discipulado entre los miembros de mi iglesia.

En este sentido, la iglesia que yo pastoreaba no era distinta a la mayoría. “Es pasmoso el que sean tan pocas las iglesias que son iglesias de discípulos”; ésta es la conclusión a la que llega George Barna,1 a pesar de reconocer que la mayoría de las iglesias tienen programas cuyo propósito es este mismo. Aunque la mayoría de los pastores no ven la necesidad, tal vez sea éste el mayor problema de la iglesia, y la razón de que cause un impacto negativo en todo lo que hace.

Actualmente cuarenta y seis por ciento de los estadounidenses afirman haber nacido de nuevo. Sin embargo, Gallup halló que sólo trece por ciento dieron evidencias de esto en su conducta y en sus diversas actitudes, comparados con la población general.2 Barna halló que sólo cinco por ciento de los adultos —y menos de diez por ciento de los jóvenes que asisten a las iglesias3— tienen una cosmovisión de origen bíblico.4 Dallas Willard afirma con toda franqueza: “La carencia de discipulado es el elefante que se ha metido en la Iglesia”.5

¿A qué se debe este estado tan desastroso? Al indagar acerca de la falta de discipulado y reflexionar en mis experiencias pastorales del pasado, hallé muchos factores a los que se deben enfrentar los líderes. Sin embargo, en este artículo me voy a centrar en el problema prácticamente universal de unos paradigmas ministeriales defectuosos, sobre los cuales las iglesias tienen responsabilidad directa, y en la forma en que esos paradigmas sabotean sus esfuerzos al tratar de hacer discípulos. Se dividen en dos categorías: metas inadecuadas y enfoques defectuosos de la labor de hacer discípulos. Las iglesias pueden crear una cultura de discipulado por reemplazar estos paradigmas defectuosos con los paradigmas bíblicos para el ministerio.

Unas Metas Inadecuadas

En nuestra cultura, el cumplimiento de las metas gemelas de la Gran Comisión —hacer evangelismo y hacer discípulos— de una manera que resulte significativa, exige un esfuerzo espiritual y práctico agotador. Los resultados claros y duraderos requieren tiempo. Nosotros nos sentimos tentados a sustituirlos por unas metas humanas más fáciles y rápidamente alcanzables, que ofrecen unas impresiones visibles de buen éxito para dar validez a nuestro ministerio. Puesto que esas metas tienen unas profundas raíces en la cultura de la iglesia, necesitamos valentía, prudencia, y perseverancia para reemplazarlas con unos paradigmas bíblicos que reflejen el llamado de Jesús.

Hagamos un contraste entre cuatro metas populares, aunque inadecuadas, del ministro, y las metas bíblicas.

El aumento numÉrico contra la transformaciÓn de las vidas

Siendo pastor, aunque en ocasiones sabía que las cosas no eran así, me sentía tentado a utilizar el aumento en la asistencia como una medida del buen éxito. En una cultura que premia el tamaño, los ministros, y las iglesias luchan por alcanzar esta señal visible de sus realizaciones. Los estudios de Barna indican continuamente que las iglesias miden su buen éxito basadas en la asistencia, los ingresos, el tamaño de sus edificios, y la satisfacción de sus miembros.6 Sin embargo, en esta era de movilidad residencial y de cristianismo consumista, ochenta por ciento del crecimiento de las iglesias es consecuencia del cambio de iglesias que hacen los creyentes. Las iglesias se vuelven expertas en reunir multitudes basadas en el ofrecimiento de unos ministerios deseables. Gracias a este medio —sobre todo en las zonas que tienen una población grande o creciente— las iglesias nuevas pueden alcanzar una asistencia de centenares, y aun de miles, en unos pocos años. Aunque hay notables excepciones, Carl George llega a la conclusión de que las megaiglesias por lo general mantienen su crecimiento basadas en el hecho de ser iglesias receptoras para creyentes que proceden de iglesias alimentadoras más pequeñas.7

En vez de limitarnos a buscar el aumento numérico, necesitamos buscar la transformación de las vidas. Jesús dijo que sus seguidores deben ser tan positivamente distintos, que puedan dar sabor a una cultura desabrida e iluminar a un mundo en tinieblas (Mateo 5:13-16). El apóstol Pablo dijo que el cristiano se convierte en una “nueva criatura” (2 Corintios 5:17). Willard sugiere: En vez de contar a los cristianos, los deberíamos pesar… centrándonos en la clase de crecimiento más importante: el amor, el gozo, la paz… Un fruto que esté de acuerdo con el evangelio y con el Reino.8

La administraciÓn de los pecados9 contra el señorío de Cristo

Los cristianos han confesado sus pecados y aceptado el perdón que Dios les ha ofrecido por medio de la Cruz. Se convierten así en hijos de Dios, y tienen la esperanza de la vida eterna. Seguramente, éste es un buen resumen de lo básico en la fe cristiana… ¿o no lo es? Cuando hemos resuelto el problema del pecado, la manera de vivir bajo el señorío de Jesucristo se debe convertir en nuestro punto central de enfoque.

Hoy, un alto porcentaje de los adultos que se hacen cristianos, lo hacen porque se dan cuenta de que les es imposible enfrentarse a los desafíos que la vida les pone delante sólo mediante el uso de sus propios recursos. Una gran variedad de problemas que ha habido durante largo tiempo han culminado en su clamor para que Dios acuda a rescatarlos. Necesitan que el Espíritu de Dios derrame sobre ellos una sanidad continua y un poder que los moldee de nuevo, junto con una comunidad de creyentes que los apoyen, para llevar una vida sana y obediente.

La Iglesia Internacional de Los Ángeles se especializa en acercarse a personas que se hallan en medio de una necesidad física, emocional y espiritual extrema que es consecuencia de disfunciones personales, decisiones erróneas, y maltratos. Uno de los miembros de su personal hacía este comentario: “A todo el mundo le gusta pescar. A nadie le gusta limpiar el pescado. Eso es lo que hacemos nosotros aquí: limpiar el pescado”.10

Los evangelistas y discipuladores serios necesitan insistir en el señorío de Jesús. De lo contrario, continuaremos el escándalo de que haya millones de personas que profesen tener fe sin vivirla. En su libro Mere Discipleship (“Discipulado esencial”), Lee Camp pregunta con toda franqueza: “¿Acaso no será que aquello de ‘Jesús es el Señor’ se ha convertido en una de las mentiras cristianas más extendidas? ¿No habrán proclamado los cristianos el señorío de Jesús, al mismo tiempo que echan a un lado de forma sistemática la obediencia a ese Señor?”11

La conformidad y el celo contra la madurez y el fruto

Tenemos tendencia a producir miembros que apoyen a la iglesia, en vez de discípulos que causen un impacto en su mundo. Durante treinta años en el ministerio, observé que la mayor parte de los pastores se conforman con que sus miembros mantengan una conducta adecuada y un espíritu celoso. La mayor parte del tiempo, eso mismo fue lo que hice yo. Si los miembros asistían con regularidad a las actividades de la iglesia, aceptaban sus doctrinas básicas, servían en un ministerio y no creaban problemas, me sentía satisfecho. Si además de eso diezmaban, contribuían a las misiones, asistían a las reuniones de oración y de vez en cuando testificaban, o invitaban gente a la iglesia, yo prácticamente saltaba de gozo.

Sin embargo, los creyentes pueden hacer todas esas cosas, y seguir viviendo centrados en ellos mismos. Pueden soportar un matrimonio infeliz, mostrar una conducta indigna de Cristo en la iglesia, e irritar a sus vecinos y compañeros de trabajo, al mismo tiempo que hacen muy poco para el reino de Dios. Con demasiada frecuencia hacemos equivaler la conformidad y el celo con la madurez. La conformidad puede ser externa, sin que haya una transformación, y el celo puede ser un simple entusiasmo humano, y no una profunda convicción. Aun cuando es genuino, el celo sin madurez no produce el fruto deseable. No nos podemos conformar con menos que un crecimiento continuo hacia un discipulado maduro y fructífero.

La programación total contra la estrategia guiada por la misión

“Nosotros ofrecemos una completa gama de actividades para todas las edades”, alardean las iglesias. Lamentablemente, las actividades secundarias nos desenfocan, apoderándose de nuestro tiempo, energía, y recursos, que se deberían emplear en la Gran Comisión. La indagación hecha por Thom Ranier encuentra que las iglesias sencillas que eliminan estas actividades son más eficaces en el evangelismo y el discipulado  que las iglesias repletas de actividades.12

Estar más ocupado sólo significa ser menos eficaz. Es la misión de la iglesia la que debe impulsar sus ministerios. A menos que una actividad contribuya eficazmente al evangelismo o al discipulado, los líderes necesitan pensar en eliminarla. Mirando a mi propio pasado, uno de mis fallos como pastor fue centrarme en crear y administrar programas, en vez de centrarme en la misión de la iglesia.

Son demasiados los programas y las actividades que surgen en el transcurso de la vida de una iglesia, cada uno de ellos con sus propias personas interesadas en mantenerlos. Y continúan, aunque hayan perdido totalmente o parcialmente su eficacia. Más no quiere decir forzosamente mejor. Peter Drucker exhorta a las organizaciones a que asuman como norma el abandono del ayer, con el fin de liberar los recursos a favor de unas estrategias que funcionen hoy.

Enfoques Defectuosos De La Labor De Hacer DiscÍpulos

Aunque evitemos unas metas inadecuadas y nos centremos en las bíblicas, hay enfoques defectuosos que pueden seguir saboteando la labor de hacer discípulos. Pensemos en cuatro enfoques corrientes, pero defectuosos, junto con los paradigmas bíblicos correctos correspondientes.

Discipulado por Ósmosis contra discipulado deliberado

Cuando era pastor, no supe crear una expresa y resuelta estrategia para hacer discípulos. En vez de hacer algo así, me apoyé mayormente en un discipulado por ósmosis, confiado en que el crecimiento se produciría de manera natural mediante la participación en los cultos y las actividades de la iglesia.

Es cierto que las personas tienden a aceptar los principios de su comunidad de fe, al menos en un sentido cognoscitivo. Sin embargo, en el caso de un discipulado transformador, al confiar en esta falta de método, yo estaba suponiendo demasiado. En primer lugar, haría falta un ambiente altamente espiritual, dentro del cual se transfirieran de manera natural unos fuertes principios bíblicos. Esto casi nunca sucede. En segundo lugar, esto presupone la existencia de una verdadera comunidad, en la cual los miembros se relacionan de manera significativa con los demás, e influyen en ellos. En realidad, esto es algo que rara vez se produce. En tercer lugar, da por sentado que cuando los creyentes adoptan la costumbre de escuchar las predicaciones y las enseñanzas bíblicas, crecen en el discipulado, proceso que sólo se observa en un pequeño porcentaje de personas.

Los fundamentos para los nuevos creyentes, contra un crecimiento continuo

Muchas iglesias tienen un curso para nuevos creyentes, al cual le ponen el nombre de clase de discipulado. Lo típico es que dure varios meses, y se dé por sentado que esta cantidad de tiempo baste para transformar a un convertido en un discípulo. Sin embargo, puesto que el discipulado es un proceso que dura toda la vida, las iglesias necesitan desarrollar medios para obtener un crecimiento continuo.

Un respetado experto afirma que durante sus primeros siglos, la Iglesia exigía a los convertidos que pasaran por un período de adiestramiento que duraba entre dos y tres años, antes de ser plenamente aceptados en el seno de la congregación. Este experto considera que este marco de tiempo “probablemente no sería transferible al día de hoy”. Debido a lo difícil que es hacer que los nuevos creyentes se comprometan con un período extenso de discipulado, recomienda un período más corto para el discipulado inicial.13 Eso es precisamente lo que han hecho la mayoría de las iglesias.

Por tentador que parezca, no podemos hacer esta concesión, si queremos cumplir nuestra misión como iglesia. No debemos preguntarnos qué podemos realizar a la luz de las condiciones actuales; en vez de esto, nos debemos preguntar: ¿cómo podemos cambiar la cultura de la iglesia para que esté en sintonía con la misión de Dios? En particular: ¿cómo podemos motivar a los creyentes a un crecimiento continuo? Los líderes deben enfrentarse a estas cuestiones a la luz de los significativos obstáculos culturales y personales, y las dificultades naturales que se oponen al discipulado.

El discipulado selectivo contra el discipulado total

Al discipular, si nos descuidamos, insistimos en ciertas doctrinas y prácticas, a expensas de otras. Esto es consecuencia de las cosas que destacan las denominaciones, de los estudios que hayan hecho los líderes, y de sus preferencias personales. Además, muchos aspectos de la vida cristiana no reciben la atención adecuada. Como profesor del seminario, tengo la costumbre de hablar con mis estudiantes acerca de los temas que han enseñado sus iglesias durante los dos años anteriores. En cuanto a frecuencia de enseñanza, los resultados indican que estos estudiantes han recibido una cantidad adecuada de instrucción en la mayor parte de los aspectos de la vida espiritual —oración, fe, mayordomía, y tentaciones—, junto con los aspectos de la vida familiar y el matrimonio. Sin embargo, hay muchos aspectos prácticos que ocupan una inmensa parte del pensamiento, el tiempo, y la energía del creyente, que han recibido una atención muy escasa. Entre ellos están el trabajo, el buen éxito, el dinero, el tiempo, las diversiones, el amor romántico, el sexo, y el servicio.

El plan de estudios contra la transformaciÓn por medio de las relaciones

La mayoría de las iglesias dan por sentado que si las personas terminan las clases que se les recomiendan, y absorben la información que necesitan, estarán discipuladas. Esto elude de una manera muy cómoda el difícil trabajo de enfrentar a las personas con la confusión y los enredos que tienen en su vida. Por lo general, los cristianos tienen mucho más conocimiento espiritual del que aplican a la práctica. Si el estudio de la Biblia no nos transforma, advierte Reggie McNeal, “sólo es un viaje mental… un sustituto idolátrico de la espiritualidad genuina”.14

Aunque es cierto que necesitamos un plan de estudios, debemos reconocer que ese plan no puede efectuar por sí solo una transformación. Mike Yaconelly observa con tristeza: “El crecimiento espiritual se ha convertido en una industria, un sistema, un conjunto de principios, fórmulas, programas de adiestramiento, planes de estudio, libros, y grabaciones que promete al que lo siga que producirá en él madurez y profundidad”.15 Sin embargo, los seres humanos son únicos, y sus circunstancias varían. Las personas también aprenden y ponen en práctica las verdades en distintos grados y de diversas formas. Tienen cuestiones personales que piden una solución, y aspectos de su vida que necesitan un desarrollo. Donde mejor trabajan estos procesos, es en un ambiente de cuidado continuo mediante relaciones de confianza, vulnerabilidad, ejemplo, y responsabilidad. Esto es lo que Jesús demostró con sus discípulos.

El curso de los nuevos creyentes en una megaiglesia del Medio Oeste de la nación constaba de trece semanas de conferencias. Dándose cuenta de la falta que hacía una mejora, el pastor de discipulado tomó mi curso sobre “Edificar un ministerio que haga discípulos” en el seminario. Después de esto, extendió el curso de nuevos creyentes a medio año, y después a un año entero. Lo más importante de todo es que dividió la clase en grupos de diez personas y reclutó a una pareja madura para que fueran los mentores de cada grupo. Durante la mitad del tiempo dedicado a la clase, en vez de escuchar las presentaciones, los participantes compartían su vida y aplicaban las enseñanzas a su propia práctica. Lo más importante de todo era que los líderes de los grupos seguían desarrollando estas relaciones fuera de clase. Aun después de terminado el curso, continuaban la relación y el proceso de discipulado.

Dos de estas parejas de mentores compartieron conmigo la cantidad de preguntas y cuestiones personales que ellos habían ayudado a resolver a los que estaban discipulando. Una pareja descubrió que casi todas las personas de su grupo tenían problemas con su matrimonio, o con alguna adicción. Una mujer convertida preguntó a su pareja de mentores: “Mi novio quiere que me mude con él. ¿Qué debo hacer?” Las iglesias se enfrentan a este tipo de cuestiones, no sólo dando unas respuestas bíblicamente correctas, sino también por medio de un apoyo continuo y lleno de oración a lo largo del difícil proceso de obedecer a Jesús y por mostrar con el ejemplo que hay un mejor camino.

Resumen

La gran mayoría de las iglesias de los Estados Unidos han aceptado unas metas para su ministerio y unos enfoques respecto al discipulado, que son defectuosos. Es necesario ponerlos al descubierto y reemplazarlos con metas y enfoques bíblicos. Aunque hacer algo trae consigo muchas dificultades, Dios llama a los líderes a desafiar con amor la cultura de sus iglesias.

No necesitamos cambiar todos los paradigmas del ministerio de una iglesia para mejorar la calidad de la formación de discípulos en ella. La puesta en práctica —aun parcial— de uno solo de ellos puede mejorar el proceso. A veces los pequeños cambios tienen por consecuencia unos resultados visibles y positivos, y la acumulación de las pequeñas victorias produce el impulso necesario hacia unos cambios progresivamente mayores. Entonces, un día, en vez de una iglesia que no puede discipular, tendremos una iglesia que estará produciendo continuamente unos discípulos en crecimiento.

Stephen Lim, D.Min., decano del departamento de teología práctica; coordinador del proyecto de doctorado en ministerio, profesor de liderazgo y ministerio, Seminario Teológico de las Asambleas de Dios de Springfield, Missouri.

Notas

  1. George Barna, Growing True Disciples: New Strategies for Producing Genuine Followers of Christ (“La formación de verdaderos discípulos: nuevas estrategias para producir genuinos seguidores de Cristo”, Colorado Springs: Waterbrook Press, 2001), p. 20.
  2. George H. Gallup, Jr. y Timothy Jones, The Saints Among Us (“Los santos que viven entre nosotros”, Harrisburg, Palabra.: Morehouse Publishing, 1992).
  3. “Teens Evaluate the Church-Based Ministry They Received as  Children” (“Los adolescentes evalúan el ministerio con base en la iglesia que recibieron siendo niños”), Barna Update [Internet]; disponible en la siguiente página de la web: http://www.barna.org/FlexPage.aspx?Page=BarnaUpdate&BarnaUpdateID=143; consultada el 11 de abril de 2007.
  4. “Most Adults Feel Accepted by God, but Lack a Biblical Worldview” (“La mayoría de los adultos se sienten aceptados por Dios, pero no tienen una cosmovisión bíblica”), Barna Update [Internet]; disponible en la siguiente página de la web: http://www.barna.org/FlexPage.aspx?Page=BarnaUpdate&BarnaUpdateID=194; consultada el 11 de abril de 2007.
  5. Dallas Willard, The Divine Conspiracy (“La conspiración divina”, Harper San Francisco, 1998), p. 301.
  6. “Most Adults Feel Accepted by God, but Lack a Biblical Worldview” (“La mayoría de los adultos se sienten aceptados por Dios, pero carecen de una cosmovisión bíblica”), Barna Update.
  7. Carl F. George, Prepare Your Church for the Future (“Prepare su iglesia para el futuro”, Tarrytown, N.Y.: Revell, 1991), pp. 31-34, 43, 44.
  8. Dallas Willard y Dieter Zander, “The Apprentices” (“Los aprendices”), entrevistados en Leadership (1° de julio de 2005).
  9. Willard, p. 35. Es Willard quien usa esta frase.
  10. Cita de Dominic Gaccetta en Joel Kilpatrick, “Inner-city Outreach Hits the Streets: Los Angeles International Church” (“Ministerio urbano se lanza a las calles: la Iglesia Internacional de Los Ángeles), Today’s Pentecostal Evangel, 24 de noviembre de 1996, p. 25.
  11. Lee C. Camp, Mere Discipleship: Radical Christianity in a Rebellious World (“Discipulado esencial: un cristianismo radical en medio de un mundo rebelde”, Grand Rapids: Brazos Press, 2003), p. 16.
  12. Thom Ranier, “Is Your Church Too Busy?” (“¿Está demasiado ocupada su iglesia?”) Rick Warren’s Ministry Tool Box [Internet]; disponible en la página http://www.pastors.com; consultada el 7 de junio de 2006. Adaptado de la revista Outreach (mayo-junio de 2006).
  13. Robert E. Webber, Ancient-Future Evangelism: Making Your Church a Faith-Forming Community (“Evangelismo antiguo y futuro: convierta su iglesia en una comunidad formadora de la fe”, Grand Rapids: Baker Books, 2003), p. 81.
  14. Reggie McNeal, The Present Future: Six Tough Questions for the Church (“El futuro presente: seis preguntas difíciles para la Iglesia”, San Francisco: Jossey-Bass, 2003), p. 144.
  15. Mike Yaconelli, Messy Spirituality (“Espiritualidad en desorden”, Grand Rapids: Zondervan, 2002), p. 88.

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