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Hacer discípulos al estilo de Jesús: unos pocos a la vez

Por Greg Ogden

La Iglesia necesita con toda urgencia volver a captar su misión original de hacer discípulos de creando ambientes de intimidad y relación que produzcan multiplicación y transformación.

“La crisis actual en el corazón mismo de la Iglesia es una crisis de producción”,1 escribe Bill Hull. ¿Acaso hay alguna pregunta más importante para que la respondan los pastores que la de explicar qué clase de gente estamos formando en nuestros ministerios? Según George Barna y George Gallup, no estamos produciendo gente que sea demasiado distinta en cuanto a convicciones y estilo de vida que el resto de la sociedad. Esto ha sido bien documentado, así que no voy a repetir la mala noticia. Sin embargo, he aquí la solución.

Jesús indicó con claridad que para Él la misión de la Iglesia equivale a la producción de una sola cosa: “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). La misión de todas las iglesias es la misma: hacer discípulos de Jesús. Tal vez prefiramos expresar esto de una forma contemporánea y nueva, como “convertir a gente sin religión en seguidores enteramente consagrados de Cristo”,2 pero esto no sería más que otra forma de presentar la Gran Comisión.

Cuando hablo a los pastores sobre la labor de hacer discípulos, hago entre ellos una encuesta informal. Les pido: “Levanten la mano los que se reúnen todas las semanas con unas cuantas personas para ayudarlas a convertirse en discípulos reproductores de Jesús”. Tristemente, la respuesta es mínima. Sería de esperar que fuera una respuesta mayor, puesto que Jesús nos dio ejemplo sobre la forma de hacer discípulos. Llamó a los Doce para que estuvieran con Él, de manera que pudiera moldear su carácter y transferirles su misión. Tenemos una crisis de producción porque los pastores no están siguiendo el modelo presentado por Jesús. Como consecuencia, nos estamos perdiendo una oportunidad de un gozo y un fruto inmensos.

En este artículo, describo una forma simple y reproducible de hacer discípulos de Jesús, que cambiará para siempre su manera de ejercer el ministerio. También dejará en su iglesia unos discípulos de Cristo que iniciarán el proceso por ellos mismos y se reproducirán.

El modelo es el siguiente: los discípulos se hacen en pequeños grupos reproducibles de tres o cuatro personas, en los cuales se cultiva un ambiente de transformación y multiplicación.

De acuerdo con mi experiencia, los tres siguientes son los elementos de construcción necesarios para hacer discípulos. Esto, a su vez, tiene que ver con nuestra crisis de producción:

El modelo para la multiplicaciÓn

A éste, le doy el nombre de “mi mayor momento eureka” en el ministerio, y es lo que le ha dado forma, más que ninguna otra cosa, a mi manera de hacer discípulos. Fue un momento en que tropecé con un importante descubrimiento.

Me había estado sintiendo frustrado porque no estaba viendo una multiplicación de discípulos. Había dado por sentado que el modelo de persona a persona era la mejor forma de hacer discípulos que se siguieran reproduciendo. Al fin y al cabo, ¿no es la relación entre Pablo y Timoteo el esquema bíblico? Discipular significaba dedicarme a alguien para asegurarme de que la vida de Cristo fuera edificada en él. Esto a su vez lo llevaría a hacer eso mismo por otra persona, y así sucesivamente. El problema estaba en que no veía que él estuviera haciendo lo mismo por otro. No había multiplicación.

¿Qué estaba haciendo que no andaba bien? La definición de la locura es que consiste en hacer la misma cosa una y otra vez, al mismo tiempo que se esperan unos resultados distintos. Frustrado, redoblé mis esfuerzos. Me aseguraba de tener a mano un buen contenido, me las arreglaba para mejorar mi vida de oración, y enseñaba las habilidades necesarias para estudiar la Biblia y testificar. Sin embargo, no era capaz de inspirar confianza, de traspasar la visión, ni de llenar de poder a las personas para que discipularan a otras. A pesar de todas mis mejoras, los resultados seguían siendo los mismos.

Entonces se produjo el gran adelanto. Yo había escrito un plan de estudios3 para hacer discípulos que se convirtió en la base para el proyecto de mi doctorado en ministerio. Mi mentor de la facultad consideró que sería bueno experimentarlo para poner a prueba la dinámica de aquel material en diversos ambientes. Además del enfoque de persona a persona, invité a otras dos personas para que se me unieran. Nunca me habría podido imaginar la potencia que se estaría desatando. Al añadir a una tercera persona, me pareció que el Espíritu Santo estaba presente entre nosotros de una forma que daba vida, transformaba, y ponía los cimientos para la multiplicación.

Nunca he vuelto al modelo de persona a persona para hacer discípulos, a causa de lo que experimenté. Veinte años después, he tenido una considerable oportunidad para reflexionar sobre la diferencia entre la dinámica que se produce entre los grupos de tres y de cuatro (tríada/cuadríada), y el enfoque de persona a persona.

¿Cuáles eran las limitaciones del modelo de persona a persona?

  1. En el modelo de persona a persona, el discipulador es el responsable del bienestar espiritual del otro. Es como una especie de mamá ave que sale a buscar los gusanitos con los que alimenta a su cría. Y esos polluelos esperan con la boca bien abierta en su nido, hasta que regresa la madre. El discipulador desempeña el papel de traspasarle sus amplios conocimientos a alguien cuyos conocimientos son limitados.
  2. La relación de persona a persona establece una jerarquía que muchas veces tiene por efecto la dependencia. Por agradecido que sea un Timoteo, lo más probable es que la persona que se encuentra en la posición de recibir no sea capaz de verse a sí misma en la posición de dar. El abismo existente entre un Pablo y un Timoteo se acentúa cuando es una relación entre pastor y miembro. El pastor es un profesional con estudios, con conocimientos bíblicos que muchos laicos no consideran que ellos puedan llegar a tener.
  3. El enfoque de persona a persona limita el intercambio o diálogo. Comparo la comunicación de persona a persona con un juego de ping-pong. En este diálogo de persona a persona, el discipulador se encuentra bajo una presión continua para levantar el intercambio a un plano superior.
  4. El método de persona a persona también crea un enfoque de un solo modelo. La influencia primaria sobre un discípulo nuevo es una sola persona. Los parámetros de la experiencia discipuladora son definidos por los puntos fuertes y débiles de un solo individuo.
  5. Por último, el modelo de persona a persona por lo general no reproduce. Es muy raro que lo haga. Sólo las personas seguras de sí mismas e internamente motivadas pueden romper la dependencia para adquirir iniciativa propia y reproducirse en otros.4

Sin darnos cuenta, hemos estado manteniendo un modelo de discipulado jerárquico y de posiciones fijas que no es transferible. Mientras una persona sienta que tiene a otra persona por encima de ella a causa de una autoridad espiritual, comoquiera que ésta se mida, no se considerará en condiciones de discipular a otros. Aunque tratemos de vender el modelo de persona a persona como un método de multiplicación, lo cierto es que contiene en sí mismo las semillas de su propia destrucción.

De acuerdo con mi propia experiencia, prefiero un modelo no jerárquico que considera el trabajo de discipular como un proceso mutuo de mentoría entre iguales.5

Para evitar la trampa de la dependencia, es necesario que se vea la relación en un sentido lateral, en vez de verla como una relación en la que alguien tiene autoridad o posición sobre la otra persona.

Un modelo prÁctico alterno para hacer discípulos en grupos de tres o de cuatro (tríadas/cuadríadas)

¿Por qué estos grupos de tres o de cuatro (tríadas/cuadríadas) comunican energía, están llenos de gozo y son reproductores?

  1. Hay un cambio desde una presión que no es natural hasta una participación natural por parte del discipulador. Cuando se añade una tercera o cuarta persona, el discipulador deja de ser el centro de enfoque para convertirse en una parte del proceso que lleva el grupo. En este ambiente, el discipulador es un participante más, junto con los otros. Aunque es él quien convoca a los demás, muy pronto se convierte en uno más del grupo en su andar hacia la madurez en Cristo.
  2. Hay un paso de la jerarquía a la relación entre iguales. El grupo de tres o de cuatro crea de manera natural un andar en conjunto. El centro de atención se encuentra menos en el discipulador, y más en Cristo, como Aquel hacia el cual debemos dirigir nuestra vida. En mi condición de pastor, descubrí que la relación podía comenzar con la conciencia de que yo era el experto en Biblia, a causa de mi título y de mis estudios, pero dentro de las primeras semanas, el grupo de tres o de cuatro me permitía ser uno más en un grupo de discípulos que estaban tratando de seguir a Jesús.
  3. Hay un cambio del diálogo al intercambio dinámico. En mi experimento inicial con grupos de tres, muchas veces salía de las reuniones de discipulado, diciéndome: ¿qué hizo que ese intercambio fuera tan lleno de vida y tan dinámico? La presencia del Espíritu Santo parecía palpable. La relación estaba llena de vida y de energía. Conforme he comprendido la dinámica de los grupos, he comprendido que la relación de persona a persona no es un grupo. El grupo se forma cuando se añade una tercera persona. (Piense en la Trinidad).
  4. Hay un paso de unas sugerencias limitadas a la sabiduría que hay en el número. La sabiduría procede de la multitud de consejeros (Proverbios 15:22). Muchas veces aquellos que consideramos más jóvenes, o menos maduros en la fe, tienen explosiones de gran sabiduría, una chispa nueva de vida, o simplemente unas preguntas fabulosas. En un grupo de cuatro donde estoy ahora, uno de los hombres, que llamaremos Mick, dijo en nuestra reunión inicial: “Yo nunca he abierto la Biblia”.

Yo había observado en él que estaba ansioso y hambriento, así que estaba seguro de que no había comprendido bien su comentario. Entonces le observé: “Querrás decir que nunca has estudiado la Biblia en serio”.

“No; es que nunca he abierto una Biblia”.

Desde aquella primera reunión, Mick ha mostrado un apetito voraz por las Escrituras. Sus inteligentes preguntas nos han llevado a entrar en diálogos y exploraciones de una profundidad mayor.

5. Hay un paso de la suma a la multiplicación. Para mí no hay gozo mayor que el de ver que un cristiano se reproduce. Uno de los beneficios del modelo de tres o cuatro es su poder para facultar a la persona. Durante más de dos décadas he observado una proporción de reproducción cercana al setenta y cinco por ciento a través del modelo de grupos de tres o de cuatro (tríadas/cuadríadas) para hacer discípulos.

En resumen, una unidad más pequeña favorece la multiplicación, porque reduce al mínimo las dimensiones de tipo jerárquico, mientras que aumenta al máximo el modelo del compañero-mentor. Cuando se ofrece un plan de discipulado diseñado específicamente para esta relación tan íntima, se crea una estructura sencilla y reproducible que casi todos los creyentes en crecimiento pueden guiar. En estos grupos, el liderazgo se puede rotar muy temprano, puesto que el tamaño favorece el intercambio informal, y el plan proporciona una guía que seguir.

La labor de discipular debe crear una multiplicación intergeneracional. Sin embargo, esto es sólo uno de los aspectos que tiene el trabajo de hacer unos discípulos con iniciativa propia, y capaz de reproducirse.

Los discÍpulos se hacen en las relaciones, no en los programas

Cuando se hacen discípulos, la prioridad se pone en la invitación al establecimiento de unas relaciones, no en la invitación a programas.

La labor de hacer discípulos no es un programa de seis, diez, o aun treinta semanas. Nuestros esfuerzos por hacer discípulos son canalizados muchas veces a través de programas, no a través de un proceso de relaciones.

Bíblicamente, se hacen discípulos en las relaciones. Cuando yo estoy formando una nueva tríada/cuadríada, entro en un contacto personal con alguien. Lo primero que hago es pedir al Señor que me guíe hacia los que tienen hambre espiritual y se dejarán enseñar. Cuando tengo una convicción firme acerca de quién es la persona a la que el Señor quiere que me aproxime, pregunto a esa persona: “¿Se me quisiera unir y andar conmigo mientras crecemos juntos para convertirnos en mejores discípulos de Cristo? Me gustaría invitarlo a reunirse todas las semanas conmigo y uno o dos más, para que podamos llegar a ser todo lo que el Señor quiere que seamos. Cuando estaba orando acerca de esta relación, sentí que el Señor me guiaba hacia usted”.

¿En qué difiere de un programa este enfoque basado en una relación personal?

Las relaciones de discipulado estÁn marcadas por una intimidad, mientras que los programas tienden a estar centrados en la informaciÓn

Los programas operan bajo el supuesto de que si damos más información a alguien, esto llevará de manera automática a una transformación. En otras palabras, la sana doctrina produce una forma de vida propia. Si se llena la cabeza a la persona con versículos de las Escrituras y principios bíblicos, esto la lleva a un cambio en su carácter y sus valores, y a amar a Dios.

Alicia Britt Chole capta la diferencia entre el programa y la relación. “El programa era más seguro, más controlable y reproducible; menos arriesgado, menos problemático, menos intruso. Parecía más fácil dar a alguien un bosquejo, que una hora; un libro viejo, mejor que una ventana que le dejara ver nuestra humanidad. Qué fácil es sustituir la inversión en la gente por la información a la gente; qué fácil es confundir la verdadera labor discipuladora de gente con la labor de organizarla. La vida no es producto de un programa ni de un ensayo. La vida es producto de la vida. Jesús dio la prioridad a la mentoría de hombro con hombro, porque su premio era mucho mayor que la información; era la integración.”6

Las relaciones discipuladoras exigen una responsabilidad mutua total por parte de los participantes. En los programas hay uno, o unos pocos, que realizan obra de ministerio a favor de los muchos

La mayor parte de los programas se levantan alrededor de una sola persona, o unas pocas personas clave que realizan el duro trabajo de preparación. El resto del grupo son los destinatarios pasivos de ese trabajo. En cambio, esto es menos cierto cuando se trata de un pequeño grupo, más igualitario, que cuando se trata de una clase en la que domina la comunicación en un solo sentido. Aunque un programa así pueda proporcionar muy grandes beneficios al que ha hecho la preparación, por lo general, el resultado consiste en una inmensa cantidad de información que nunca es procesada. Por mucho que crea que la predicación produce convicción y decisión, sería ingenuo de mi parte pensar que basta con predicar para producir discípulos. Si la predicación pudiera producir discípulos, esa labor ya estaría realizada.

En una relación de discipulado, todos los que participan comparten un nivel igual de responsabilidad en cuanto a preparación, revelación de su propia persona, y una agenda destinada a transformar la vida. Esta relación no tiene que ver con la labor de una sola persona que es el maestro que lo comprende todo, mientras que los demás están aprendiendo de alguien cuya sabiduría excede con mucho a la suya propia. Los niveles de madurez en Cristo podrán variar, pero el supuesto previo básico es que en el dar y recibir de las relaciones, el que es el maestro y el que recibe la enseñanza no son siempre los mismos, y pueden cambiar de un momento a otro.

Las relaciones de discipulado son hechas a la medida del crecimiento propio de cada persona, mientras que los programas insisten en la sincronizaciÓn y la regimentaciÓn

La mayoría de los programas no pueden tomar en consideración el hecho de que cada persona es distinta. Esta distinción personal es esencial para la formación de los discípulos. Por lo general, un programa se desarrolla durante un tiempo definido. Es frecuente que las iglesias sigan el calendario escolar. Comienzan un programa en septiembre, cuando empiezan a funcionar las escuelas, y lo terminan en junio, a tiempo para las vacaciones de verano. Una vez terminado ese ciclo, se da por supuesto que los cristianos han sido discipulados. Se hace equivaler la conclusión del programa con el haber hecho discípulos.

Las relaciones del discipulado varían en cuanto al tiempo que se llevan, porque no hay dos personas que crezcan con el mismo ritmo. Por tanto, el discipulado no puede ser una marcha forzada a lo largo de un plan de estudios. Las relaciones que crean discípulos exigen un enfoque individualizado que tenga en consideración el tipo personal de crecimiento de cada uno de los participantes.

Las relaciones en el discipulado centran la responsabilidad alrededor de la transformaciÓn de la vida, mientras que el programa la centra alrededor del contenido

Los programas de discipulado crean la ilusión de que hay una responsabilidad. Sin embargo, esa responsabilidad se centra más en terminar el plan de estudios asignado que en cambiar y transformar en esa semejanza de Cristo que se espera de un discípulo suyo.

La meta es crecer a la semejanza de Cristo. La forma en que se mide la responsabilidad en estos programas tiende a estar en las formas de conducta fácilmente observables y susceptibles de ser medidas. Entre ellas están el aprendizaje de textos bíblicos de memoria, las lecturas semanales que se exigen, y el ejercicio de las disciplinas espirituales. En una relación de discipulado, la responsabilidad se centra en aprender a “guardar todas las cosas que Jesús nos ha mandado” (Mateo 28:20). Por ejemplo, hay una inmensa diferencia entre saber que Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos, y amarlos realmente. Las relaciones del discipulado se centran en la incorporación de la vida de Jesús a todo cuanto hagamos.

El Ambiente De TransformaciÓn: Los Tres Elementos Necesarios

Sin duda alguna, el ambiente en el cual he visto la más acelerada transformación de todas en los creyentes, ha sido en las tríadas/quadríadas, o pequeños y reproducibles grupos de discipulado. Yo los llamo el invernadero del crecimiento cristiano. Los invernaderos mejoran al máximo las condiciones ambientales, de manera que las cosas puedan crecer más de lo que podrían bajo las circunstancias normales; las condiciones favorecen el crecimiento acelerado. Esto es lo que sucede en una tríada/cuadríada.

¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles son las condiciones existentes en un grupo de discipulado de tres o cuatro personas, que crea ese efecto de invernadero? Hay tres elementos que, cuando se ejercitan de una manera equilibrada, liberan al Espíritu Santo para que pueda producir un rápido crecimiento hacia la semejanza de Cristo. Esos ingredientes se pueden resumir en el siguiente principio bíblico: cuando nosotros (1) abrimos el corazón en una confianza mutua transparente (2) sobre la verdad de la Palabra de Dios (3) en el espíritu de una responsabilidad mutua, nos encontramos en el invernadero de transformación del Espíritu Santo.

Examinemos cada uno de estos elementos que pueden crear un creyente y una reproducción acelerados.

Una confianza transparente

Regresamos a la verdad fundamental que ha sido repetida a lo largo de todo este artículo: el fundamento para crecer en el discipulado es el que se tenga una relación de intimidad y responsabilidad mutua con otros creyentes. ¿Por qué es esta transparencia una condición necesaria para el cambio? En el mismo grado en que estemos dispuestos a revelar a los demás los aspectos de nuestra vida que necesitan el toque transformador de Dios, es el grado en que estamos invitando al Espíritu Santo para que nos haga nuevos. El hecho de que estemos dispuestos a entrar en una intimidad horizontal o de relación indica que estamos dispuestos también a invitar al Señor a que renueve nuestra vida.

El hecho de que las tríadas/cuadríadas sean tan pequeñas significa que la relación de discipulado es íntima. Hay poco lugar donde esconderse. En un ambiente de una confianza creciente, sale a la superficie la revelación de sí mismo. La confianza no es algo que se produzca de manera instantánea, sino que se gana y se desarrolla. Para llegar al extremo más hondo de una piscina, primero tenemos que pasar por las aguas poco profundas de la reafirmación personal. Esas aguas incluyen el dar ánimo, apoyar en medio de las dificultades de la vida, y también escuchar a nuestros compañeros en ambiente de oración con el fin de ayudarlos a oír la voz de Dios en cuanto a las decisiones de la vida. Sólo después de pasar estas cosas, estaremos en condiciones de entrar a las aguas donde no se da pie, confesándonos unos a otros nuestros pecados.

Son pocos los creyentes que tienen el hábito regular o el contexto seguro en el cual puedan revelar a otro lo que tienen escondido en el corazón. Mientras no lleguemos al punto en que podamos articular para otro aquellas cosas que nos están deteniendo, viviremos sometidos a la tiranía de nuestras propias tinieblas. Santiago exhortaba a sus lectores, diciéndoles: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” (5:16).7 Así estaba haciendo una conexión directa entre la confesión y la sanidad. Dentro de este contexto, la sanidad parece ser de naturaleza física. Sin embargo, Santiago creía que la salud espiritual de la persona afectaba de forma directa a su salud física.

¿Cuál es la conexión existente entre la confesión y la libertad? El hecho de sacar a la luz la vergüenza de nuestra culpa ante unos miembros del cuerpo de Cristo en los cuales confiamos, puede tener un efecto liberador. Una vez que admitimos ante otros una forma pecaminosa de conducta, ese tipo de conducta comienza a perder su poder para controlarnos. Al pecado lo que le gusta es la oscuridad, pero su poder se debilita en la luz.

Aprender a nadar en las aguas profundas de una confianza transparente es un elemento necesario para un crecimiento cristiano acelerado. Aprender a nadar puede ser una experiencia que nos cause miedo, sobre todo cuando no damos pie. Sin embargo, una vez que aprendemos a confiar en que el agua nos sostendrá, podemos aflojar la tensión para disfrutar de su frescor.

La verdad en comunidad

El segundo de los tres elementos ambientales que crean las condiciones para que haya este invernadero de crecimiento acelerado es la verdad de la Palabra de Dios en comunidad. Comencé con las relaciones, porque el contexto en el cual se debe estudiar la Palabra de Dios es la comunidad. Uno de los grandes fallos de la actualidad es que hemos separado el estudio de la Palabra de Dios de unas relaciones transparentes. Hemos estado más preocupados por tener una sana doctrina, que por tener una vida propia. Es importante tener conocimiento y tener una sana doctrina, pero eso no basta. La meta es incorporar la verdad a nuestro ser. Esto sucede cuando la procesamos junto con otros.

El discípulo debe tener la oportunidad de cubrir las enseñanzas esenciales de la vida cristiana de una forma sistemática y en una secuencia adecuada. Estamos viviendo en unos tiempos en los cuales la persona promedio tiene unos fundamentos mínimos para su fe cristiana. Hace una generación, Francis Schaeffer y Elton Trueblood nos advirtieron con voz profética que estamos a una generación de distancia en cuanto a la pérdida del recuerdo de la fe cristiana en nuestra cultura. Nosotros somos esa generación siguiente de la cual hablaron ellos.

El programa The Tonight Show, con Jay Leno, no parecería el mejor de los lugares para hallar evidencias acerca de este recuerdo perdido. Una noche, Leno salió a las calles para interrogar a las personas acerca de sus conocimientos bíblicos. Se acercó a dos mujeres en edad universitaria, y les preguntó: “¿Me pueden decir uno de los Diez Mandamientos?”

Después de mirarlo perplejas, ésta fue la respuesta: “¿La libertad de expresión?”

Después Leno se volvió hacia un joven, y le preguntó: “Según la Biblia, ¿a quién se lo tragó una ballena?”

Lleno de seguridad y de emoción, el joven respondió de inmediato: “Lo sé; lo sé. Fue Pinocho”.

El recuerdo del cristianismo se ha perdido.


Una de las personas que estaban en una tríada que yo dirigí era una señora que tenía unos diez años de edad más que yo. Había crecido en el hogar de un pastor congregacionalista. Después que terminó el tiempo que nos estuvimos reuniendo, ella me dijo: “Greg, tengo algo que confesar. Cuando usted me pidió que me uniera a este grupo, no me pareció que tuviera mucho que aprender. Al fin y al cabo, toda mi vida he estado estudiando las Escrituras, desde que fui criada en un hogar donde el centro era la Biblia. Pero descubrí cuando vimos la fe con un orden sistemático y en secuencia, que la comprensión que tenía se parecía más bien a un mosaico. Tenía lugares donde había losas, pero había una gran cantidad de espacios vacíos entre ellas. Este enfoque me ha permitido ir llenando esos lugares con las losas que debían ir en ellos. Ahora veo de una forma más completa que la fe cristiana tiene sentido”.

Una mutua responsabilidad en cuanto a la transformaciÓn de la vida

El tercer elemento ambiental que contribuye a la creación de las condiciones climáticas adecuadas para el crecimiento acelerado es una mutua responsabilidad en cuanto a la transformación de la vida: la relación de pacto entre los que se hallan en el camino del discipulado. ¿Qué es un pacto? “Un pacto es un acuerdo mutuo escrito entre dos o más partes que expresa con claridad lo que se espera y a lo que cada cual se compromete dentro de una relación.”8 Esta definición lleva implícita la idea de que los que han entrado en el pacto se exigen una responsabilidad mutua para mantenerlo.

Sin embargo, para la mayoría de la gente del Occidente, el hecho de darles autoridad voluntariamente a otros para exigirnos responsabilidad en cuanto a lo que dijimos que íbamos a hacer, constituye una violación de aquello que es lo más preciado para nosotros. La novedosa indagación Habits of the Heart (“Hábitos del corazón”), escrita por Robert Bellah, es la búsqueda que hace un sociólogo del núcleo mismo del carácter estadounidense. Su hallazgo consiste en afirmar que la libertad en cuanto a las obligaciones es lo que define lo que es ser estadounidense: queremos hacer lo que queremos hacer, cuando queremos hacerlo, y que nadie se atreva a decirnos algo distinto. Queremos tener el control de nuestras propias decisiones, de la dirección que llevemos en la vida, de la formación de nuestro carácter y de nuestras agendas. Todo lo que llevamos por dentro choca con la responsabilidad hacia otra persona.

Con todo, esa responsabilidad mutua nos trae de vuelta a lo que significa ser discípulo de Jesús. El discípulo es alguien que se halla sometido a autoridad. Los discípulos de Jesús no dejan lugar a dudas en cuanto al hecho de que Él está ejerciendo una influencia formadora en su vida. Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).9 Para tomarnos en serio esta verdad, necesitamos practicar el sometimiento a la autoridad dentro de nuestras relaciones de pacto en Cristo.

ConclusiÓn

“La crisis en el corazón mismo de la Iglesia es una crisis de producción.” Exhorto a todos los pastores a destinar hora y media de su tiempo cada semana a fin de reunirse con dos o tres personas más para el discipulado de cara a la multiplicación. Imagínese el impacto que esto causará sobre la calidad y la cantidad de la producción, cuando comencemos a ver una multiplicación orgánica de estos grupos reproducibles a lo largo de los próximos diez años. George Barna nos estaría dando unas estadísticas distintas acerca de la diferencia entre creyentes y no creyentes en los Estados Unidos.

Greg Ogden is executive pastor of discipleship at Christ Church in Oak Brook, Oak Brook, Illinois.

Notas

  1. Bill Hull, The Disciple Making Pastor (Grand Rapids: Revell, 1988), p. 14.
  2. Declaración de Misión de Willow Creek Community Church, en South Barrington, Illinois.
  3. Greg Ogden, Discipleship Essentials: A Guide To Building Your Life in Christ (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1998).
  4. Estas generalidades no tienen intención alguna de menospreciar las experiencias positivas y poderosas que la relación de persona a persona ha significado para muchos. Cuando se trata de la multiplicación de los discípulos mi experiencia me ha enseñado que por lo general, esto no lleva a una reproducción.
  5. Ogden, Discipleship Essentials, p. 17. “El discipulado es una deliberada relación en la cual andamos con otros discípulos para darnos ánimo, ayudarnos y exhortarnos unos a otros en amor a crecer hacia la madurez en Cristo. Esto incluye la preparación del discípulo para que él a su vez enseñe a otros”.
  6. Alicia Britt Chole, “Purposeful Proximity — Jesus’ Model of Mentoring”, revista Enrichment [Internet], disponible en la página http://enrichmentjournal.ag.org/200102/062_proximity.cfm; consultada el 2 de abril de 2007.
  7. Cita bíblica tomada de la Versión Reina-Valera de 1960, © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960; © renovado en 1988 por United Bible Societies.
  8. Ogden, Discipleship Essentials, p. 14. Allí se presenta un ejemplo del aspecto que podría tener un pacto mutuo.
  9. Cita tomada de la Versión Reina-Valera de 1960, © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960; © renovado en 1988 por United Bible Societies

 

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