El poder y el potencial de los pequeños grupos
Por Brett Eastman
La iglesia New Life Christian Center, en Turlock, California, se había quedado estancada. Durante siete años, el pastor asociado Allen White había estado tratando de desarrollar un programa de pequeños grupos que conectaba a todos los miembros de la iglesia. Él sabía que un ministerio eficaz con tales grupos era la clave para llevar a la iglesia al nivel de ministerio con el que soñaba. Sin embargo, a pesar de sus mejores esfuerzos, sólo pudieron hacer que participara la tercera parte de los adultos.
“La idea de conectar a todos en algún grupo era mi sueño”, decía White, “pero estábamos atascados en treinta por ciento. Lo íbamos batallando lentamente al estilo antiguo: prepara un aprendiz, crea un grupo, y enfréntate a lo que suceda después. Pero no llegábamos a nada.
“Yo pensaba que mi pastor principal estaba a favor de los pequeños grupos, pero no lo suficiente. Mis líderes de grupos se sentían ahogados con todo el proceso de preparar aprendices y obtener una multiplicación. Ninguno de ellos podía hallar un aprendiz en su grupo. El saludo que me daban algunos de ellos los domingos por la mañana era: ‘Sigo trabajando en lo de mi aprendiz’. ¿Qué le habría pasado a la palabra ‘hola’?”
“Sólo hubo uno de ellos, Carlos, que hizo que naciera algo en nuestra iglesia. Daba la impresión de que posibilitar una conexión entre todos no era más que un sueño.”
Unos pocos meses más tarde, en una reunión de líderes de iglesias, White escuchó a Kent Odor, de la Canyon Ridge Christian Church, en Las Vegas, Nevada. Odor habló de la forma en que su iglesia había conectado en un corto tiempo a un gran número de miembros de su congregación. White oyó cómo se podía hacer para que los grupos se multiplicaran sin dividirse. Aprendió cómo alguna gente pasada por alto a la hora de reclutar ayuda podía formar algunos de los mejores grupos nuevos.
White se sintió intrigado, aunque no convencido. Tenía unas cuantas decisiones que tomar.
Mientras iba de vuelta a su casa en el auto, comenzó a pensar en aquello que más apasionaba a David Larson, su pastor principal. En aquellos momentos estaban a punto de estrenar la película La pasión del Cristo, de Mel Gibson. Larson había planificado una serie de mensajes, y mandado a fabricar una pancarta para el letrero que tenía la iglesia junto a la carretera.
De repente, se hizo la luz en la mente de White: ¿Por qué no lanzar unos pequeños grupos que se basen en La pasión del Cristo? Y eso fue lo que hizo.
Pidió a su pastor principal que invitara a las personas a abrir sus hogares y ser anfitriones de un pequeño grupo para un estudio de seis semanas. En un día, aquella iglesia de ochocientos miembros duplicó el número de sus pequeños grupos. Después del Domingo de Resurrección, se añadieron cincuenta por ciento más de grupos nuevos en otra campaña. Las cosas se estaban descontrolando… en un buen sentido.
Cuando llegó el otoño, la iglesia comenzó a reclutar anfitriones para su mayor lanzamiento del año. Larson coordinó sus mensajes semanales con un estudio de LifetogetherTM. Los líderes escogieron cincuenta versículos bíblicos y pidieron a cincuenta miembros de la iglesia que hicieran un escrito devocional de una sola página. Después de esto, recopilaron aquellas devociones, convirtiéndolas en un libro. Cuando terminaron, la asistencia a los pequeños grupos era ciento veinticinco por ciento de su sistencia promedio de adultos. Además, habían regalado 1.088 devocionarios.
“Todos estábamos perplejos”, dice White. “De repente, el sueño se había convertido en realidad.”
Una Milla Espiritual De Cuatro Minutos
White se dio cuenta de que la única razón de que la iglesia se estancara había sido un bloqueo mental. “En los años cincuenta todo el mundo decía que nadie podría correr jamás una milla en cuatro minutos. Sólo era un sueño”, dice. “Entonces, el 6 de mayo de 1954, Roger Bannister corrió la milla en 3:59,4 minutos. Después de aquello, varios corredores rompieron esa barrera. Los cuatro minutos no eran una barrera física, sino un bloqueo mental.
“New Life Christian Center acababa de romper la milla de los cuatro minutos. Las iglesias sí podían comenzar pequeños grupos en los que participara la mayoría de la congregación, y después alcanzar a sus comunidades por medio de la comunidad.”
Sin embargo, no se trataba de números. Un hombre llamado Ken invitó a sus compañeros de trabajo a que se le unieran en un estudio acerca de La pasión del Cristo. Dos de ellos aceptaron a Cristo.
Nosotros preguntamos a David, el anfitrión de otro pequeño grupo: “¿Qué te motiva a continuar tu grupo?”
Él nos contestó: “Que vino mi padre”.
A causa de una dolorosa experiencia que había tenido años antes, el padre de David le había vuelto las espaldas a la iglesia. Aunque rehusaba entrar por sus puertas, sí estaba dispuesto a asistir a una reunión de un pequeño grupo en la casa de su hijo. Aquel fue su primer paso de regreso a Dios.
Los pequeños grupos de New Life comenzaron a alcanzar a personas ajenas a la congregación. Todos los viernes por la noche servían cenas calientes a las personas sin hogar. Una anfitriona llevó el estudio a un refugio local para mujeres. Otra comenzó un grupo en el tren en el que iba a su trabajo. Otra mujer decidió asistir a un estudio porque de todas formas iba con sus amigas a una cafetería todos los jueves por la mañana. ¿Por qué no asistir también al estudio?
Rick recogió el estudio que haría con sus amigos. Carlos, que ya a esas horas era entrenador de pequeños grupos, lo llamó para ver cómo iban las cosas. Descubrió que Rick se sentía apasionado con su grupo… y los pastores ni siquiera sabían quién era él.
Esto de conectar ciento por ciento de su congregación con pequeños grupos es mucho más que un comercial de ventas. Es el primer paso para ir más allá de las paredes de su iglesia y conectarse con su comunidad. A continuación encontrará los principios que han desatado un asombroso crecimiento y contacto con la comunidad en una iglesia tras otra. Esto también puede suceder en su iglesia.
La Historia De Los Pequeños Grupos En Saddleback
Cuando llegué a la iglesia de Saddleback, la asistencia semanal andaba alrededor de las quince mil personas, pero sólo unas setecientas estaban en pequeños grupos. El pastor Rick Warren me asignó a mí con mi equipo la tarea de que el noventa y cinco por ciento restante quedara conectado con grupos. Aceptar ese reto es lo que ayudó a forjar las estrategias que no sólo ayudaron a Saddleback a conectar a su congregación, sino que también han ayudado a miles de iglesias más de todos los tamaños a lo largo y ancho de los Estados Unidos.
El primer buen éxito de Saddleback se produjo cuando yo llevaba sólo unas pocas semanas como miembro del personal de la iglesia. Warren me dijo que tenía asientos reservados para más de ochocientos hombres en siete aviones que se dirigían a Washington, D. C., para una reunión de los Guardadores de Promesas. Yo tuve una gran idea: ¿y si reclutábamos líderes en los grupos de hombres que ya existían para echar a andar unos cuantos grupos más con los ochocientos y tantos hombres que iban a la convención? Más de trescientos hombres dijeron que querían pertenecer a un grupo, pero yo sólo tenía media docena de voluntarios para dirigirlos.
El sábado siguiente por la mañana llegaron los hombrees para unirse a un grupo. Intenté lo que llamo el proceso de conexión con los pequeños grupos. Agrupamos a los hombres de acuerdo con los lugares donde vivían, primero por pares, después por grupos de cuatro, y por fin por grupos de ocho. Entonces se pidió a los hombres que atravesaran toda una espiral de preguntas, que se fueron moviendo desde las hechas para romper el hielo, hasta una conversación espiritual más profunda. Esto permitió que discernieran quién sería el líder espiritual de su grupo, en vez de tener uno que el pastor les asignara. Tomamos esta idea de Hechos 6, donde se lee que los discípulos animaron a los hermanos a escoger de entre ellos mismos a siete personas para que sirvieran a las mesas.
Aquel día lanzamos treinta y dos grupos, conectando casi trescientos hombres. Aunque algunos de esos grupos no duraron, nos proporcionaron una idea que serviría al ministro de pequeños grupos de toda la iglesia durante los años siguientes. El buen éxito del cincuenta por ciento en los grupos con el que comenzamos creció hasta setenta y dos por ciento. La proporción de buen éxito siguió mejorando hasta que al cabo de un período de dos años y medio habíamos conectado a casi ochocientas personas más en los grupos. Refinamos el proceso adiestrando, entrenando y levantando colíderes en vez de aprendices.
Nuestro siguiente paso hacia delante se produjo cuando decidimos hacer concordar los temas de estudio de los pequeños grupos con los cultos de fin de semana. Warren hizo una grabación en la que él mismo enseñaba a partir de la epístola de Santiago. A la congregación le encantó, y también a los líderes de nuestros pequeños grupos. Al fin los miembros comunes y corrientes podían ser líderes porque no necesitaban la misma capacidad para predicar, ni el mismo conocimiento bíblico que tenía nuestro pastor. En un fin de semana inscribimos a más de mil quinientas personas en los pequeños grupos. La única queja que había era si Warren se cambiaría alguna vez de camisa (porque grabamos toda la serie en un mismo día).
Tuvimos que descubrir lo que llamamos el Factor Rick. El arma secreta para reclutar nuevos líderes en cualquier iglesia es el pastor principal. Ahora teníamos de nuestra parte al reclutador número uno, además de un plan de estudios en video, además de una coordinación entre los pequeños grupos y los cultos. Habíamos hecho progresos, pero aún teníamos sólo cincuenta por ciento de los que solían asistir los fines de semana conectados con los grupos. Seguíamos teniendo por delante entre ocho mil y doce mil personas antes de sentir que estábamos realizando lo que Dios nos había llamado a hacer: conectar a toda la congregación bajo el cuidado de un pastor.
La víspera de la primera campaña de Cuarenta días con propósito en Saddleback, tuvimos otra idea: ¿qué pasa si invitamos a las personas a hacer de anfitriones de un grupo, y no de líderes? Parece un cambio de terminología muy pequeño, pero demostró ser un factor fenomenal en la rapidez con que crecieron nuestros grupos.
Con el nuevo plan de estudios en video dijimos a nuestra gente: “Si usted tiene un VCR/DVD, puede convertirse en una estrella”. Cualquiera puede ser anfitrión de un grupo. Más de tres mil personas abrieron su hogar durante un período de seis a ocho semanas. Yo me sentía lleno de gozo y abrumado a la vez. ¿Quiénes eran aquellas personas, y de dónde venían?
Los ancianos y yo pensábamos que aquellas personas debían de haber estado viviendo en sus autos. ¿Cuánto tiempo hacía que eran cristianos? ¿Eran cristianos? ¿Habían estado alguna vez en un pequeño grupo? ¿Habían asistido alguna vez a nuestra iglesia?
Glen Kruen, el pastor ejecutivo de Saddleback, y Tom Holladay, nuestro pastor enseñante, me ayudaron a preparar una encuesta. En ella se notó que había sucedido algo asombroso. En promedio, los nuevos anfitriones llevaban catorce años o más siendo cristianos. Habían estado asistiendo a Saddleback durante diez años o más, y muchos habían asistido antes a pequeños grupos. En promedio habían escuchado más de quinientos mensajes de Warren. Decididamente, sí eran capaz de ser anfitriones en un estudio guiado por un video, y hacer unas cuantas preguntas.
Cuando se asentó la polvareda, nuestro equipo había adiestrado a más de dos mil anfitriones nuevos, y lanzado otros dos mil trescientos grupos. Bastante más de veinte mil personas se unieron en un estudio de seis semanas de Una vida con propósito, enseñado por el propio Warren. Prácticamente todos los cristianos de la familia de nuestra iglesia se comprometieron a leer el libro y participar en los cuarenta días de estudio.
La PreparaciÓn Para Lo Que Viene DespuÉs
A primera vista estos resultados parecerán posibles sólo en una megaiglesia como Saddleback. Pero yo he ayudado a centenares de iglesias más a obtener unos resultados similares en su propia congregación, ya fuera pequeña o grande, urbana o rural, y cualquiera que fuera su denominación. Hemos visto miles de iglesias utilizar nuestro plan de estudios Doing LifetogetherTM (“Hacer vida-juntos”), para Purpose Driven GroupTM (“Grupo con un propósito”). Estas congregaciones no sólo están adquiriendo el sentido de los propósitos a lo largo de los cuarenta días, sino que van quedando transformadas.
Aún no he sabido de una sola iglesia, o aun de un solo pequeño grupo que no haya quedado impactado después de una campaña de cuarenta días. No obstante, el día cuarenta y uno puede ser traumático si los líderes de los pequeños grupos de la iglesia no están preparados para lo que viene después. Se puede lanzar un ministerio de pequeños grupos de un día para otro durante una campaña sobre el tema, pero mantener esos grupos y desarrollar a esos líderes es otro asunto.
¿Cómo se entrenan y desarrollan los líderes que hacen falta para un número grande de pequeños grupos nuevos? Esto no se hace en un aula. Nosotros descubrimos que la mejor forma es dar un entrenamiento a los líderes en el momento preciso mediante un plan de estudios en video. Hemos llevado a cabo un entrenamiento de orientación para nuevos anfitriones, y puesto nuestro entrenamiento básico de líderes dentro de un formato descentralizado fuera del recinto de la iglesia. Cada semana los líderes de los pequeños grupos reciben otros veinte minutos de entrenamiento, exactamente en el momento en que lo necesitan.
Sin embargo, entrenar a unos líderes de pequeños grupos para que sean eficaces es algo más que ver un video. Aún sigue haciendo falta el toque personal. El audaz desarrollo de un sistema de supervisión de los pequeños grupos tiene una extraordinaria importancia en cuanto a apoyar y retener a los líderes de grupos. Los anfitriones nuevos necesitan que alguien los anime y apoye. No obstante, esto no exige forzosamente que se aumente el personal. Es algo que pueden hacer líderes bivocacionales, y aun voluntarios.
El plan de estudios es la clave para comenzar y mantener grupos después de una campaña. El factor decisivo hasta en cincuenta por ciento de los grupos es qué plan de estudios usar, cuándo usarlo, y cómo presentárselo a los grupos. El plan de estudios adecuado es especialmente significativo después de una campaña, durante una época de lanzamiento y cuando se está coordinando con el entrenamiento de los líderes y una serie de sermones de fin de semana.
Es posible reclutar un número ilimitado de líderes en cualquier iglesia en cualquier momento del año, sobre todo a fines de septiembre, en enero, y después del Domingo de Resurrección. El problema está en que la mayoría de los pastores y otros líderes de las iglesias sólo piensan en función de una campaña de cuarenta días, un énfasis para el tiempo de otoño, o una serie de sermones. Usted necesita una visión a largo plazo para tener buen éxito al tratar de conectar al ciento por ciento de su congregación en comunidad, y mantener esas relaciones, de manera que transformen a su comunidad por medio de la vida de comunidad.
Donde mejor se entrena y desarrolla a los líderes es en la sala de los hogares, no en la clase de entrenamiento, sean de seis o de dieciséis semanas. Yo había pensado que esas clases de entrenamiento eran la razón de que les iba tan bien a nuestros grupos. Me da vergüenza admitirlo ahora, pero cuando lanzamos doscientos grupos nuevos, y no teníamos entrenadores, pensé: los voy a entrenar a todos en una clase de medio día. Ellos vinieron, pero yo no tenía ningún entrenador ni líder de división preparado, ni infraestructura alguna. Un año más tarde, ochenta por ciento de esos grupos seguían adelante. ¿Puedo proclamar que la razón de su buen éxito fue mi clase de tres horas? Perdóname, Señor, si intento acreditarme a mí mismo ese triunfo. Y pobre del que trate de hacerlo. Con el entrenamiento debido, y en el momento oportuno, los nuevos anfitriones triunfarán porque Dios los está respaldando.
Hemos tenido nuestros escándalos. Un hombre me dijo que él y su novia, que vivía con él, estaban emocionados por las veinte personas que estaban asistiendo a su grupo. También un miembro preguntó si estaba bien estudiar un nuevo libro llamado Embracing the Light, en vez de estudiar la Biblia. Sin embargo, estas son las excepciones; no la regla. (Yo casé a la pareja de “novios” unas cuantas semanas más tarde en una habitación aislada de la iglesia Saddleback, mientras su pequeño grupo los animaba. Les permitimos que siguieran adelante, porque eran los miembros más maduros de su grupo de personas en la búsqueda espiritual, y por su pronta obediencia cuando se los enfrentó a la realidad acerca de su relación. Me habría complacido que usted viera el culto de bautismo en agua aquel día: más de diez nuevos creyentes de ese grupo fueron bautizados por su pastor espiritual. Lo importante en toda campaña de crecimiento espiritual o de pequeños grupos es organizar un principio, un programa, y un proceso para ayudar a la gente de la iglesia a llevar una vida sana y equilibrada. Su campaña no es sólo para conectar a la gente en comunidad por la comunidad misma. Su meta debe ser cambiar su comunidad por medio de la comunidad que atraiga a Cristo a parientes, amigos, vecinos, y compañeros de trabajo.
Eso es lo que Jesús vino a hacer —atraer a todos hacia sí—, no sólo en el Aposento Alto, sino también al pie de la Cruz, para que nosotros pudiéramos tener vida junto con Él y unidos entre nosotros.
