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Valorizando el comienzo de la vida: Bioética y consejo prematrimonial

Al ayudar a las parejas de recién casados a manejar los asuntos potencialmente difíciles de la planificación familiar, los pastores tienen el privilegio de poner el fundamento de un hogar cristiano.

Por Christina M.H. Powell

Una de las grandes complacencias del ministerio pastoral es el privilegio de guiar a la gente a través de los más importantes aspectos de la vida, tales como la unión de dos vidas en matrimonio. Durante la consejería prematrimonial, los pastores tienen oportunidad de educar a las parejas jóvenes respecto de asuntos relacionados con la vida de casados, asuntos de bioética inclusive. Exploremos los asuntos de bioética que enfrentarán las parejas de recién casados y las maneras en que las enseñanzas acerca de estos asuntos pueden integrarse en la consejería prematrimonial.

Las perspectivas culturales versus las bíblicas en la crianza de los hijos

Las parejas que se aproximan a su día de bodas se ven con frecuencia envueltas en la emoción de compartir la vida como marido y mujer. El pensamiento de llegar a ser padres y de compartir la vida como una familia generalmente parece como una posibilidad distante, una época en la vida que todavía está por venir. Sin embargo, la consejería prematrimonial provee una oportunidad ideal para presentar los asuntos relacionados con la crianza de los hijos. Tales asuntos incluyen elecciones respecto de la programación del nacimiento de los hijos y del número deseado de hijos, como también asuntos relacionados con tecnologías de reproducción.

La edad de la pareja que se casa influirá en sus puntos de vista sobre la programación ideal del nacimiento de los hijos. Una pareja que está a comienzos o a mediados de los 20 años de edad puede tener metas que cumplir antes de comenzar una familia. Por ejemplo, uno o ambos pueden desear completar su educación, o establecer una carrera y obtener cierto grado de estabilidad económica antes de tener hijos. Las parejas que se casan a los 30 años pueden haber cumplido sus metas educativas, de carrera, y financieras, y estar listos para tener hijos.

Aun cuando hay sabiduría en una pareja que espera para tener hijos mientras fortalecen su relación como pareja, los hijos nunca debieran ser considerados como una carga o un impedimento para alcanzar otras metas. Un punto de vista bíblico de la crianza de los hijos es que “herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127:3). Uno de los primeros mandamientos a la humanidad fue “fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28). Si tomamos el punto de vista largo de la vida, la habilidad de tener hijos que intervendrán en el futuro después que nuestros días hayan terminado sobre la tierra es uno de los grandes dones que Dios nos ha dado. Los hijos traen significado a nuestra vida que trasciende lo reducido de nuestro ciclo de vida.

Lamentablemente, a veces lo urgente se sobrepone a lo importante. La presión de las metas presentes puede afectar la manera en que alcanzamos las metas de toda una vida. La meta de criar hijos piadosos puede ser puesta de lado por las preocupaciones del momento.

Nuestra cultura da un alto valor a las apariencias externas y al buen éxito de una carrera. En un ambiente tal, los sacrificios que la maternidad demanda de una mujer, tales como los cambios físicos propios del embarazo y la disminución del tiempo disponible para avanzar en una carrera, que se dan después del nacimiento de un niño, pueden persuadir a una mujer para dilatar o evitar tener hijos. En manera similar, el alto valor que da nuestra cultura a la acumulación de riqueza material puede disuadir a un hombre de abrazar la paternidad hasta que sienta que ha incrementado suficientemente sus ganancias potenciales.

Para la pareja cristiana, todo niño es planificado por Dios, aun si su nacimiento no fue planificado por sus padres (Salmo 139:15, 16; Efesios 1:4-14). Aun cuando podría ser aconsejable que una pareja tomara medidas para controlar el número de hijos y el tiempo entre un hijo y otro, se debe recordar a los matrimonios cristianos que deben estar preparados para amar y aceptar cualquier hijo que venga.

Como parte de la preparación prematrimonial, se debe estimular a las parejas a que consideren a los hijos como bendiciones de Dios y se les debe aconsejar que tomen muy seriamente la responsabilidad de criarlos. Finalmente, se debe aconsejar a las parejas a que sus decisiones respecto de la planificación familiar las tomen con oración (Santiago 1:5), con honrada comunicación del uno con el otro (Efesios 4:25), y con respeto por la santidad de la vida humana (Jeremías 1:5).

¿Por quÉ la vida humana es sagrada?

Cuando hablamos de la santidad de la vida humana, estamos afirmando el hecho de que la vida humana es sagrada. Sagrado significa que pertenece a Dios. La vida humana pertenece a Dios. “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos” (Romanos 14:7, 8). La vida humana es eterna (Mateo 25:46). Por consiguiente, la vida humana es sagrada porque somos hechos a la semejanza de Dios (Génesis 5:1). La vida humana es única y distinta de toda clase de vida creada por Dios, por el hecho de que Cristo vino del cielo y se hizo hombre (Juan 1:14) para salvarnos (1 Timoteo 1:15). A la vez, se nos ha dado la libertad de creer en Cristo y ser reconciliados con Dios (Juan 3:16). El evangelio confirma la santidad de la vida humana. Puesto que la Biblia es tan clara en lo referente a la santidad de la vida humana, la pregunta que debemos hacernos es: ¿cuándo comienza la vida?

¿CuÁndo comienza la vida?

¿En qué momento vino usted, como persona, a la existencia? Cuando era un pequeñito que daba sus primeros pasos, ¿ése era usted? ¿Cuando era un bebé de tan sólo un día de nacido? ¿Existía usted en el vientre de su madre cuando su corazón recién comenzó a latir en forma rítmica? ¿Existía usted cuando era solo una bola de células que contenían el código genético que definía sus características físicas de toda la vida? Cuando había un óvulo sin fertilizar, ¿había comenzado ya su vida?

El desarrollo humano es un proceso continuo desde la concepción hasta el fin de la vida. Un blastocito (bola de células que más tarde forman un embrión y una placenta) difiere grandemente de un chicuelo que se alimenta de cereal y bebe jugo de manzana en la mesa familiar de la cocina. Sin embargo, si necesitamos trazar una línea que marque el comienzo de una nueva vida, esa línea debe trazarse de manera muy lógica desde la concepción. Un óvulo no fertilizado no tiene aún el complemento total del código genético necesario para definir a un individuo único. Sin embargo, en el momento en que un óvulo es fertilizado, se forma un nuevo individuo con un código genético único. Dadas las condiciones de tiempo y de nutrición adecuados, esa sencilla célula puede desarrollarse en un ser humano adulto compuesto de más de diez billones de células especializadas.

La Biblia afirma que la presencia y el propósito de Dios para nuestra vida están establecidos mientras todavía estamos en el vientre de nuestra madre (Salmo 139:12-16; Lucas 1:39-44). De este modo, debemos concluir que Dios valora los niños aún no nacidos.

Eva: asombrosamente y maravillosamente hecha

El salmista apreció la manera en que el cuerpo humano fue “asombrosa y maravillosamente hecho” (Salmo 139:14 – LBLA). Un ejemplo dramático de las maravillas del cuerpo humano es el ritmo cíclico de la fertilidad femenina y la capacidad del cuerpo de una mujer para proteger y nutrir la nueva vida humana. Un entendimiento básico de la biología femenina es sumamente valioso para el hombre que se prepara para el matrimonio. Aun cuando tal conocimiento puede provenir de un libro de ciencias, un pastor que lleva a cabo una consejería prematrimonial puede proveer la guía moral necesaria para hacer decisiones prudentes respecto de asuntos reproductivos.

Los aspectos de la fertilidad femenina que es importante entender en relación con las decisiones de planificación familiar incluyen la ovulación, las alteraciones del revestimiento del endometrio, y la regulación de las hormonas de fertilidad, el embarazo y el amamantamiento. Un hombre saludable es siempre fértil, porque su esperma está produciéndose continuamente en su cuerpo a razón de aproximadamente un millar por segundo. En cambio, una mujer saludable es fértil durante una semana cada mes, produciendo típicamente un óvulo por cada ciclo mensual.

La ovulación es el proceso por el cual un óvulo es producido y descargado de un folículo ovárico. Un óvulo morirá si no es fertilizado dentro de 24 horas de la ovulación. La concepción ocurre cuando el esperma fertiliza el óvulo. La ovulación ocurre una vez al mes, pero una mujer es considerada fértil cuando tiene fluido cervical que puede mantener vivo el esperma, mientras espera que el óvulo maduro sea liberado. El esperma puede permanecer vivo en el cuerpo de una mujer fértil hasta durante cinco días. Una vez que la ovulación ha pasado, la concepción no es posible por el resto del ciclo de una mujer.

Los métodos de control de nacimiento basados en hormonas funcionan principalmente impidiendo la ovulación, aun cuando también tienen un efecto secundario de impedir el transporte del esperma a través de la cerviz, adelgazando el mucus cervical, e impidiendo de este modo la fertilización del óvulo. Los métodos de detectar la fertilidad notan cambios en la temperatura basal y en el mucus cervical, que señalan la ovulación. Esta información puede usarse para evitar o conseguir el embarazo.

Se suprime la ovulación en una mujer que está alimentando su bebé exclusivamente por amamantamiento, constituyendo al amamantamiento en un método natural de tener un intervalo entre los hijos. Sin embargo, si la mujer decide alimentar su bebé conforme a un horario y ofrece mamaderas (biberón) y pacificadores a su bebé, además de su propia leche, puede comenzar a ovular de nuevo, después del nacimiento.

Una vez que un óvulo es fertilizado, el siguiente paso discreto en la jornada desde la concepción hasta el nacimiento es el implante. Aproximadamente una semana después de la concepción, el óvulo fertilizado llega al útero, después de haber hecho el viaje hacia abajo por la trompa de Falopio. El óvulo fertilizado ha llegado a ser ahora una bola de células, conocida como blastocito. Si el blastocito puede implantarse exitosamente en el revestimiento del endometrio en el útero, entonces el corionic gonadotropin humano es activado. Esta es la hormona detectada por los tests de embarazo. Normalmente, al llegar a este punto en el ciclo de la mujer, el revestimiento del endometrio se ha adelgazado de tal modo que el embrión tiene un lugar cálido, rico en nutrientes, en el cual implantarse. Algunos métodos de control de natalidad, tales como el dispositivo intrauterino, funcionan a veces impidiendo la implantación, aun cuando su principal mecanismo de acción es prevenir la fertilización.

Haciendo decisiones informadas respecto de planificaciÓn familiar

Uno de los principios más importantes del cuidado médico ético es el consentimiento informado. El consentimiento informado significa que un paciente acepta una decisión propuesta, o una intervención médica después de entender primeramente la naturaleza de la decisión o intervención médica, las alternativas razonables a disposición, los riesgos, beneficios e incertidumbres relacionados con la intervención médica, y cualquier alternativa posible. De acuerdo con el principio de consentimiento informado, una pareja que hace una decisión respecto de control de natalidad debiera tener la seguridad de que entienden los riesgos y beneficios del tipo de control de natalidad que están considerando.

En vez de recomendar o de condenar una cierta forma de control de natalidad, prefiero sugerir algunas preguntas que podría hacerse una pareja cuando está haciendo una decisión sobre planificación familiar. Los avances tecnológicos podrían en el futuro cambiar las opciones de planificación para una pareja, pero las preguntas respecto a la elección de métodos de control de natalidad permanecen en el tiempo. Si usted enseña a una pareja a hacerse las preguntas apropiadas como parte de una preparación prematrimonial, la pareja será capaz de hacer decisiones prudentes ahora y en el futuro, cuando haya nuevas opciones disponibles.

Las buenas preguntas que una pareja pudiera hacer a su médico acerca de los métodos de control de la natalidad incluyen las referentes a los mecanismos de un método de acción. ¿Funciona el método impidiendo la ovulación, la fertilización, o el implante de un óvulo fertilizado, o por medio de mecanismos combinados de acción? ¿Es el mecanismo de acción poco claro o desconocido? ¿Puede el mecanismo de acción variar dependiente de ciertos factores, tales como cuándo y dónde se emplea el método, o ante otras condiciones de salud? Otras buenas preguntas para hacer a un médico respecto de un método de control de natalidad implica consideraciones futuras de salud. ¿Cuán eficaz es este método? ¿Es reversible el método cuando el embarazo es deseado? ¿Puede el método afectar negativamente una futura fertilidad? ¿Conduce este método a un más alto riesgo de embarazo ectópico? ¿Cuáles son los potenciales efectos colaterales y las preocupaciones de salud para aquellas mujeres que emplean este método de control de natalidad?

Las buenas preguntas para que una pareja se las haga a sí misma respecto de un método de control de natalidad que están pensando usar, incluyen: ¿estamos suficientemente cómodos con usar fielmente este método de modo que sea eficaz para nosotros? ¿Entendemos cómo emplear correctamente este método? ¿Deseamos tener hijos (o más hijos) en el futuro? ¿Estamos ambos felices con esta decisión? ¿Presenta esta elección un riesgo de salud para cualquiera de nosotros? ¿Está en conflicto con nuestras creencias concernientes a la santidad de la vida humana?

Respeto por las necesidades de cada cÓnyuge

Ayudar a una pareja para que aprenda cómo hacer una decisión prudente respecto de un método de planificación familiar ya entra en la categoría más amplia de consejería de parejas para respetar las necesidades el uno del otro cuando se hacen las decisiones dentro del matrimonio. En 1 Corintios 7:3-6 el apóstol Pablo recuerda a los creyentes la importancia de satisfacer las necesidades unos de otros para la intimidad física dentro del matrimonio. Es importante que tanto el marido como la esposa estén en paz con cualquier método de planificación familiar, si es que hay alguno, que la pareja haya escogido.

En manera similar, las consideraciones de salud debieran ser parte de las decisiones. En algunos casos, una mujer podría tener una condición médica que pondría en riesgo un futuro embarazo. En otros casos, ciertos métodos de control de la natalidad pueden poner en grave riesgo a una mujer por coágulos de sangre, infarto, y ataques cardíacos. El principio bosquejado por el apóstol Pablo debiera aplicarse dentro de la relación matrimonial: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3,4). Ninguno de los cónyuges debiera sentirse presionado por el otro para soportar un proceso o para usar un método de control de la natalidad que no va bien con los mejores intereses de su salud a largo plazo.

En la medida en que una pareja aprende a trabajar a través del desafiante asunto de la planificación familiar mientras se respetan uno a otro y respetan el comienzo de la vida, estarán dando un importante paso hacia el fortalecimiento de su relación. Algún día su firme relación matrimonial puede llegar a ser el fundamento en el cual se construya una piadosa familia cristiana. Por ayudar a las parejas de recién casados a manejar estas situaciones potencialmente difíciles, los pastores tienen el privilegio de poner las piedras del fundamento de un hogar cristiano. Hogares fuertes constituyen iglesias fuertes, y un eficaz testimonio para el mundo que nos rodea. Qué gran gozo se experimenta al construir el reino de Dios de a una pareja a la vez.

Christina M.H. Powell

CRISTINA M.H. POWELL, Ph.D., ministra ordenada y científica en investigaciones médicas, predica en iglesias y conferencias en toda la nación. Es miembro investigadora en la Escuela de Medicina de Harvard y en el Hospital General de Massachussetts así como fundadora de Life Impact Ministries.

 

 

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