Advertencia de peligro:
El futuro de la iglesia y su misión
¿Qué debe la iglesia norteamericana “ser” y “hacer” en este tiempo de decadencia?
Por Ed Stetzer

En la película Lonesome Dove, Danny Glover personifica a Josué Deets, un vaquero explorador cuyo trabajo es ir delante y explorar el terreno. En gran medida responsable del buen éxito y de la seguridad del traslado del ganado, Deets ha de informar a los demás de los obstáculos, los peligros, los enemigos o los recursos que hay delante de ellos. Al evaluar el camino que tienen por delante, él pudo ayudar a los demás vaqueros a tomar una decisión acertada en cuanto a cómo sortear el camino hasta el destino del ganado.
El papel de Deets recuerda a la tribu de Isacar en 1 Crónicas 12:32: hombres “entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer”.
En la actualidad, los pastores deben actuar como exploradores, pidiendo al Señor discernimiento en cuanto a la mejor manera de poner en práctica los principios bíblicos para servir a sus culturas y sus contextos.
He aquí los hechos: América del Norte es el único lugar del mundo donde la iglesia no está creciendo. En América del Norte, la iglesia está en decadencia. Algunos aun dicen que está muriendo. La mayoría de las denominaciones — aun denominaciones evangélicas — se están reduciendo.
Mientras la difusión global del cristianismo y su explosión en el sur debe alentarnos, nuestros líderes deben preguntarse: ¿qué debe la iglesia norteamericana ser y hacer en este tiempo de decadencia?
La pÉrdida de influencia
La iglesia norteamericana está perdiendo rápidamente su influencia en la sociedad y en la cultura. Hace cincuenta años, si alguien buscaba un puesto en la junta escolar o ser miembro de una organización cívica, una de las primeras preguntas que se hacían era: “¿Es usted miembro de una iglesia?” Si la respuesta era negativa, no había mucha probabilidad de que al solicitante se le designara en el puesto. Además, no hace mucho tiempo, Hollywood tenía una junta para establecer normas en las películas formada en su mayor parte por iglesias.
En la actualidad, las normas de la sociedad son todo lo contrario. A menudo es difícil que un miembro activo de la iglesia reciba un nombramiento en una junta escolar. Mientras tanto, la influencia de la iglesia en Hollywood ahora resulta principalmente de la compra de poder de sus miembros, como se refleja en la producción de las películas apropiadas para la familia.
La nueva religiÓn
Han terminado los días en que la iglesia servía como capellán de la cultura. La cultura ha empujado a la iglesia a los márgenes de la sociedad, y los medios informativos, la literatura, las artes, y la política reflejan los resultados. En la cultura actual, la espiritualidad secular ha sustituido a la iglesia. Todo el mundo es espiritual, y toda la cultura está en una búsqueda espiritual. Como pastores, debemos reconocer el hecho de que las multitudes han decidido que nuestras iglesias no tienen las respuestas a sus preguntas espirituales.
Millones se han vuelto a varios tipos de espiritualidad secular. Yo le llamo la “Opranización” de la espiritualidad norteamericana. Recuerde los días inmediatamente después del 11 de septiembre. El Yankee Stadium celebró “Una oración por los Estados Unidos”. Un grupo diverso de dirigentes culturales, políticos, y religiosos se reunieron para orar y presentar una esperanza para el futuro. A fin de dar unidad a esa mezcla de líderes y crear solidaridad, la gente escogió a Oprah Winfrey para que dirigiera la reunión. Winfrey se ha convertido en la pastora de la iglesia de la espiritualidad norteamericana.
Hay que aceptar la vergÜenza
La dura verdad es que las personas no están ya interesadas en la iglesia como lo estuvieron alguna vez. Estudios recientes muestran que las nuevas generaciones están rechazando la fe con que crecieron. Muchos jóvenes de alrededor de veinte años, se preguntan: “¿Es la iglesia una significativa fuente de espiritualidad?” Como los Estados Unidos sigue siendo una de las naciones del mundo con más iglesias, quienes rechazan la iglesia por lo general lo hacen debido a la experiencia, no a la ignorancia. Han hallado que la iglesia carece de algo. Debemos recibir esa reprensión con humildad y escuchar al Espíritu de Dios cuando nos guía en una nueva dirección.
En la actualidad se habla mucho del crecimiento del mormonismo, del Islam, y de otras creencias.
El problema no es que los adherentes de esas prácticas religiosas estén reclutando a las personas para su fe. El mayor problema es que la práctica del cristianismo está apartando a las personas de la iglesia. Tenemos que reconocer con urgencia que algo anda muy mal cuando las personas vienen a nuestras iglesias y no hallan un encuentro significativo con Cristo. Eso tiene que llevarnos a observar bien nuestras iglesias.
El problema
He pasado los últimos años en una indagación y observación de tiempo completo de la iglesia norteamericana. Llego a la conclusión de que la iglesia ha perdido su influencia porque ha olvidado su misión. He visto iglesias en toda Norteamérica luchando por las preferencias y trazando líneas de batallas por cuestiones que no tienen importancia, mientras el mundo y las comunidades vecinas están muriendo sin Cristo.
Si hemos de ver un genuino movimiento del Espíritu, no podemos invertir nuestro tiempo pensando en el pasado y en métodos que ya no dan resultado. Tampoco debemos invertir nuestro tiempo buscando formas de innovarnos y de mantenernos actualizados con los tiempos. Algunos líderes evangélicos sienten temor cuando procuran nuevos métodos para resolver el problema. Soluciones abundan, sea la iglesia naciente, el movimiento misionero y de encarnación, una renovación de la predicación bíblica, o grupos que hacen énfasis en ciertos dones, acciones, o ministerios. Todo el mundo parece tener una respuesta.
Muchas de sus preocupaciones son legítimas y dignas de consideración. Pero el Espíritu sólo puede comenzar a obrar en nuestras iglesias cuando nos arrepentimos de las actitudes incrédulas que han rechazado a los perdidos. A veces nuestros corazones son terrenos endurecidos que no permitirán que germine la semilla del Reino.
No obstante, los pastores y los líderes deben hallar consuelo en el hecho de que — a pesar de la decadencia de la iglesia — el evangelio sigue siendo fiel y verdadero. Para ganar a los perdidos, deben aferrarse más que nunca al evangelio, hallar estabilidad en la roca sólida, y seguir adelante, influyendo en la cultura.
Recuerde que Jesús dijo que Él edificaría a su iglesia. Esta promesa debe calmar nuestros temores y permitirnos descansar en que el inmenso poder de Dios cumpla sus propósitos.
MarginaciÓn de la Iglesia en la cultura
Como la iglesia ha perdido influencia, la cultura la ha puesto al margen de la sociedad. Pero esa marginación no es necesariamente mala. Desde la perspectiva histórica, Dios se ha movido a menudo en tiempos en que la sociedad ha marginado a la iglesia.
A través de los siglos, cuando la iglesia ha ganado poder, los resultados han sido malos. Por ejemplo, después de Constantino, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del estado en Roma, y pronto la iglesia se estancó. De igual manera, la iglesia de Francia recibió poder estatal antes de la Revolución Francesa, después de lo cual Francia fue rápidamente de ser una de las naciones con más asistencia a las iglesias, a ser la nación con menos asistencia a las iglesias en la historia. Jesucristo no llama a los creyentes al poder; Él los llama al servicio. Él manda que le sirvan y que sirvan sus causas.
La participación política y social sigue siendo importante si la iglesia ha de ser fiel a su llamamiento. Un pastor afroamericano me dijo: “¿Sabe por qué participo en este vecindario? Porque cada día sacamos personas del río, que están ahogándose y a punto de morir. Y cada día vemos a algunas de ellas pasar ya muertas. En algún momento decidimos ir río arriba para ver quién las estaba lanzando en él.”
Hay muchas razones convincentes de que la iglesia participe en la justicia social y en otros ministerios de misericordia, pero debemos evitar que nuestros motivos sean el triunfalismo y el deseo de poder.
Una pÉrdida de confianza en el evangelio
Muchos evangélicos han perdido confianza en el evangelio. Como la sociedad ha marginado a la iglesia, parece que las personas están diciendo: “Tal vez este evangelio no sea todo lo que pensábamos que sería.” Como no se puede confiar en la iglesia, piensan ellos, quizá tampoco pueda confiarse en el evangelio.
Nuestra pérdida de confianza en el evangelio se evidencia por el hecho de que los creyentes están hablando cada vez menos de su fe. El movimiento de buscadores de la verdad sin querer han quitado poder al evangelismo al adiestrar a las personas para que lleven a sus amigos a los cultos de la iglesia de modo que los profesionales puedan encargarse de la conclusión.
Además, las iglesias se han convertido en mensajeras de consejos prácticos. Durante la década de los ochenta y los noventa, los pastores decían a los miembros de la iglesia que llevaran a sus amigos inconversos a oír algo acerca de cualquier cosa, desde cómo tener una vida mejor, hasta cómo superar el estrés.
Ese método se ajustaba perfectamente a una cultura que estaba abierta al vago consejo espiritual, o a la “opranización”. Muchas iglesias tomaron ese consejo y lo emplearon para llevar a sus oyentes a Cristo para las soluciones.
Los líderes pasaron de veinte a treinta años dando otra forma a sus iglesias alrededor de esa nueva visión. Las iglesias se concentraron en los consejos — consejos morales, con base bíblica, y consejos prácticos — e hicieron invitar a los amigos para que oyeran tales consejos de la estrategia evangelística de la iglesia. En el proceso, la iglesia sin querer dejó el énfasis de enseñar a los creyentes a hablar de su fe. Como resultado, los laicos perdieron la confianza en el poder de su fe. Ahora bien, como un oso alimentado por los turistas, la iglesia no puede alimentarse a sí misma. Ha perdido su habilidad natural para evangelizar.
CÓmo volver a ganar el evangelio
No se puede leer la Biblia y pasar por alto el hecho de que se centra en una cruz sangrienta y una tumba vacía. El evangelio es acerca de un Salvador que murió por nosotros en una cruz. Esos son hechos — no sólo cosas interesantes en qué pensar o de qué hablar — y por lo general no son del gusto de nuestros vecinos. Si no confiamos en ellos, entonces no tenemos verdadera fe, y reducimos el evangelio a un programa de doce pasos para la paz interior.
Lucas 24:47 dice “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”. Cuando los creyentes pierden la confianza en el evangelio, el mandato evangelístico de Cristo se marchita. Pero los que tienen confianza en el evangelio se vuelven epístolas vivas, cartas del amor de Dios a las personas y a las comunidades, y mensajes que llevan el mensaje profético.
Si no volvemos a ganar confianza en el evangelio, las próximas generaciones seguirán apartándose de él. Es importante seguir siendo culturalmente importante, y es beneficioso para el ministro. Después de todo, debemos quitar cualquier obstáculo que impida que la gente busque a Cristo. Pero a la larga, si las estrategias y los sistemas sustituyen el fundamento del evangelio, se perderá su significado y su poder.
Arrepentimiento o pÉrdida
Para tener un efecto redentor mensurable en nuestra cultura, debemos redescubrir el evangelio. Judas 1:3 dice: “Que contendáis ardientemente por la fe … una vez dada a los santos”. Hay algunas cosas que vale la pena luchar por ellas, y debemos aferrarnos a ellas. Para volver a ganar la confianza en el evangelio, debemos distinguir entre las creencias por las que debemos luchar y aquellas que podemos contextualizar.
Con el propósito de ganar a las personas para Cristo, en la década de los sesenta y los setenta muchas grandes iglesias tradicionales contextualizaron sus mensajes. Pero como no separaron los principios esenciales de la fe de los no esenciales, perdieron su equilibrio. En un extraordinario giro de ironía, mientras tratan de ganar a un mundo perdido, muchas grandes denominaciones tradicionales perdieron sus creencias. Dejaron de contender por sus valores fundamentales y, como resultado, ya los inconversos no siguieron interesados en escucharlos.
En la actualidad, la iglesia evangélica está en decadencia, y nos encontramos en una posición igual a la de la iglesia hace cuarenta años. Tenemos que tomar una decisión: ¿por qué contenderemos, y qué contextualizaremos? Pudiéramos ver las cosas por las que contenderemos como que están en nuestra mano derecha y cerrada, y las cosas que contextualizaremos como que están en la mano izquierda, y abierta.
Debemos preservar ciertas creencias si hemos de seguir siendo fieles a las Escrituras. Estas incluyen principios esenciales, tales como el nacimiento virginal y la autoridad y la infalibilidad de las Escrituras. Las Asambleas de Dios también debe mantener otras determinadas creencias teológicas distintivas, tales como el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia física inicial de hablar en lenguas. Este es un asunto que está en la mano derecha, inflexible, de las Asambleas de Dios.
Mediante la sincera colaboración, las denominaciones pueden trabajar unidas, reconociendo que todos tenemos ciertos distintivos. Podemos ver a Dios obrando en los movimientos los unos de los otros y cooperar, mientras reconocemos que podemos también discrepar en algunas cosas importantes.
Algunas fuerzas están presionándonos para que aflojemos la mano derecha. En una época en que la iglesia ha perdido confianza en el evangelio y ha sido marginada, algunos están haciendo eso en el nombre de ganar a los perdidos. Están a punto de caer peligrosamente en los mismos errores que las iglesias tradicionales.
CÓmo distinguir lo inflexible
¿Cómo sabe lo que debe mantener firmemente en la mano derecha y lo que debe mantener suelto en la mano izquierda? Aceptemos que esa no es una tarea fácil, y necesitamos la sabiduría de Dios para distinguir la diferencia. Esencialmente usted debe mantener con firmeza su mejor entendimiento de las Escrituras.
Como hemos perdido confianza en el evangelio, también hemos perdido confianza en nuestros distintivos denominacionales hasta que tendemos a comportarnos como si no existieran. Hay, sin embargo, ciertas cosas por las que debemos contender, aun cuando tengamos diferencias en cuanto a cuáles son.
Por ejemplo, creo en ciertas cosas en que no todos los cristianos creen, tales como la autonomía de la iglesia, la afiliación de la iglesia de los regenerados, el congregacionalismo y el bautismo del creyente. Lucharía por cualquiera de esas creencias, así como quienes van a las iglesias de las Asambleas de Dios defenderían y deben defender algunas de sus creencias excepcionales. Mantengo el bautismo del creyente en mi mano derecha, mientras que un creyente de las Asambleas de Dios pudiera también mantener la evidencia física inicial en su mano derecha.
La solución para ganar a un mundo perdido no es crear una forma de evangelismo suave. La iglesia ha probado eso antes y los resultados fueron en el mejor de los casos problemáticos. En vez de eso, necesitamos movimientos que estén profundamente comprometidos con sus distintivos bíblicos. Necesitamos ver a Dios obrar en movimientos con diversos distintivos. También tenemos que trabajar unidos todo lo que podamos sin violar la conciencia o las creencias los unos de los otros.
Nuestro futuro
Al observar el futuro del evangelismo, espero que los temas principales en los próximos diez años girarán en torno a temas de eclesiología y misiología. Nuestra comprensión de Jesucristo — nuestra cristología — influirá en ellas. Debemos comprender que Jesús envía, y Él nos envía a personas de otras culturas. Si hemos de tener iglesias bíblicamente fieles que vivan el evangelio en contextos distintos, debemos reconocer las diferentes culturas que nos rodean. Debemos hacer eso mientras seguimos contendiendo fielmente por la fe.
Cuando observamos el futuro de la Iglesia y su misión, debemos ser optimistas. Muchos anhelan el pasado, pero olvidan que ya nadie está allí. Esas personas están viviendo en un tiempo y lugar diferentes.
¿Qué tiene el futuro para la iglesia? Aunque creo que habrá un gran reordenamiento del evangelismo en los próximos veinte o treinta años, soy optimista. Creo que las grandes denominaciones tradicionales seguirán decayendo, en particular aquellas que se apartan rápidamente de su teología. Pienso que los evangélicos invertirán los próximos diez años indagando cómo volver a ganar la confianza en el evangelio. De ese evangelio, los evangélicos sacarán una nueva confianza en la iglesia.
Debemos desear que el evangelio renazca en toda cultura y comunidad que necesite un fiel testimonio bíblico. No obtendremos eso abandonando la autoridad de la Biblia y un enfoque en el evangelio. Debemos, por el contrario, mantener firmemente los asuntos de la mano derecha. Pero cuando tratamos de las diversidades de las culturas a las cuales servimos, debemos dejar suelta la mano izquierda.
Debemos enseñar a los pastores y a los miembros de las iglesias a mantener firmemente los asuntos de la mano derecha. Aun cuando dejemos la mano izquierda abierta, mientras los hombres y las mujeres van a diversas culturas y contextos, nos regocijamos en el hecho de que tenemos un evangelio inalterable y un Dios inmutable. Debemos reconocer que seguiremos siendo una iglesia marginada, enviada y guiada por Jesucristo, cuyo nacimiento y crucifixión transformó al mundo y sigue transformando las vidas.