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Cómo dar origen a un movimiento de Dios

Sin que importe quién sea usted o dónde pastoree, Dios está llamando a su iglesia a crecer.

Por Randy Valimont

Lo que el viento se llevó, tal vez la más grandiosa descripción cinematográfica del estado de Georgia, ha presentado una epopeya de la guerra civil para millones de espectadores. En medio de la plantación, de la sangre del campo de batalla, y de las cenizas de Atlanta, surge una frase memorable cuando, en la película, una mujer iba a dar a luz. La criada que ayuda a Scarlett O’Hara en el nacimiento del bebé de la mujer está frustrada porque de pronto se le había impuesto el papel de comadrona.

“Necesitamos un médico”, dice ella. “No sé nada de partos.”

Si solo los pastores fueran tan sinceros.

El proceso del nacimiento es una ilustración elocuente del carácter del ministerio. Representa la mayor tarea de lo que hacen los pastores. Pero no siempre reconocemos nuestra función.

Muchos pastores no identifican las oportunidades de un nuevo nacimiento espiritual. Piensan que a menos que funden una nueva iglesia, el proceso de nacimiento en su iglesia ha terminado. Ellos creen que el nacimiento original de su iglesia tuvo imperfecciones y hay que dar marcha atrás al reloj para que la iglesia pueda ser creada de nuevo.

ADN, cultura, y renacimiento

Todo mi ministerio pastoral ha sido en Georgia. Ambas iglesias que he pastoreado han sido congregaciones largo tiempo establecidas de las Asambleas de Dios. Yo no tuve la oportunidad de comenzar de nuevo; tuve que trabajar con lo que había heredado.

Los pastores que entran en un ministerio heredado pudieran creer que no pueden tener un cambio o una transformación importante. Eso no es cierto. Dios es creativo; Él quiere hacer algo nuevo. Pero sus planes de renovación para una iglesia no pasan por alto ni hacen caso omiso de lo que Él ha hecho en el pasado.

Los pastores que comienzan a pastorear una iglesia establecida tienen que conocer el ADN de la iglesia. El ADN de una iglesia es su torrente sanguíneo colectivo; identifica quién es. Un pastor tiene que preguntar: ¿cómo fue fundada esta iglesia? ¿Cuál es el enfoque espiritual de la iglesia?

Mucho de lo que una iglesia hace se relaciona con su cultura externa. Una vez que identifique las características de esta cultura, puede identificar aspectos de la iglesia que se beneficiarán del cambio. Usted puede cambiar la cultura de la iglesia; usted no puede cambiar fácilmente el ADN de la iglesia.

Cuando llegué a la Primera Asamblea en Griffin, había un programa de cultos por largo tiempo establecido: la escuela dominical junto con los cultos del domingo por la mañana, del domingo por la noche, y del miércoles por la noche. No traté de cambiar eso. Pero sí comencé a mejorar y a contemporizar esos cultos de modo que pudiéramos ayudar de un modo más eficiente a quienes estábamos tratando de ganar.

Hicimos lo mismo en nuestra iglesia en Toccoa. El ADN de esa iglesia se desarrolló en una iglesia de pobre crecimiento y de pobre cultura evangelística. Era una cultura de derrota. Había sólo treinta y cinco personas, y se sintieron derrotadas. Pusimos en práctica lo que Dios quería que hiciéramos en esa determinada cultura, y vimos a Dios moverse allí.

Llevé la misma visión a la Primera Asamblea en Griffin. Cambiamos la hora para la escuela dominical y cambiamos su nombre a Educación Cristiana.

Ya el culto del domingo por la noche no es popular en algunas congregaciones. En vez de dejar de tener ese culto, le dimos nueva forma para adaptarlo a las necesidades de la gente. Los domingos por la noche a menudo tenemos una asistencia de mil cuatrocientas personas. Muchas veces recibimos una ofrenda de $20.000. A menudo las personas reciben el bautismo en el Espíritu Santo mientras que otras entregan su corazón a Cristo. ¿Por qué quitar el culto del domingo por la noche?

Celebramos lo que hizo la Primera Asamblea; pero también lo actualizamos, lo volvemos a conceptualizar y lo transformamos de modo que sea más influyente en la vida de las personas.

Cuando un pastor llega a una iglesia y trata de cambiar el ADN de la iglesia, eso perturba la vida, el ministerio, y la misión de la congregación. No trate de cambiar el ADN de la iglesia. Si lo hace, ocurrirá una de dos cosas: la iglesia morirá, o se dividirá. Sin embargo, el pastor que da nueva forma a la cultura de una iglesia basándose en el ADN que Dios ha plantado verá resultados vivificantes. Esa iglesia crecerá y comenzará a satisfacer una serie de necesidades cada vez mayores en la comunidad.

Nuevo nacimiento, nueva visiÓn

Cuando llegué a la Primera Asamblea, estaba consciente de principios que había visto funcionar a través de los años. Pero dar origen a un movimiento de Dios es exclusivo para cada iglesia. Lo que Dios hace en Griffin, Georgia, será distinto de lo que hace en Pensacola, Florida, o en Naperville, Illinois, o en cualquier otro lugar. En muchos casos los pastores han tratado de adoptar un movimiento de Dios de alguna otra parte. Usted no puede adoptar o ni siquiera adaptar un movimiento de Dios. Usted da origen a un movimiento de Dios.

El dar a luz es el momento más peligroso en la vida de una madre y del bebito. Si un médico no está presente o no está prestando total atención a una mujer de parto, podría ocurrir una de tres tragedias: (1) la muerte del bebé; (2) la muerte de la madre; o (3) la muerte de ambos. Durante el parto, hay malestar, dolor, y angustia; pero el proceso del nacimiento trae nueva vida.

Un movimiento de Dios comienza cuando los creyentes esperan en Dios. Algunas iglesias oran fervientemente para que Dios se mueva en medio de ellas y, hasta cierto punto, se concibe un nuevo movimiento de Dios y del Espíritu. En la concepción, ese movimiento de Dios se implanta de modo sobrenatural en el corazón del pastor y resuena a través de la congregación. Piense en el tiempo en que el Espíritu Santo cubrió con su sombra a María, y ella concibió a Jesús. El renacimiento de una iglesia no es lo mismo que ese acontecimiento histórico exclusivo, pero aquí llega un momento en que Dios concibe una visión en el corazón del pastor, y ese pastor puede decir: “Esta es la voluntad de Dios. Esto es lo que Dios quiere.” En ese momento está a punto de surgir un movimiento que tendrá plena expresión en medio de la iglesia.

Entonces llega el dolor. El dolor resulta de malentendidos, de los miembros de menos experiencia en la congregación que resisten a la nueva dirección, y de personas que tratan de aferrarse a sus reinos de influencia. Cualquiera que sea su causa, debe soportarse el dolor del nuevo nacimiento si ha de surgir plenamente un movimiento de Dios. Aunque algunas iglesias no quieren hacerlo, cometen aborto espiritual porque no quieren soportar el dolor de dar origen a una nueva vida. No están dispuestas a pasar por el proceso de dar a luz. Se rinden y vuelven a su cansada y anterior existencia.

El reconocer un movimiento de Dios y verlo vivir cambiará todo lo que usted hace como iglesia. Eso ha cambiado a la Primera Asamblea. Tenemos el mandato de ser un lugar de sanidad, de evangelismo, y un lugar donde more la presencia de Dios. Esa es la identidad viviente surgida entre nosotros. La iglesia está cumpliendo bien ese mandato en el poder del Espíritu. Cuando las personas entran en nuestra iglesia, sienten que Jesucristo está allí. La presencia de Dios da a nuestros creyentes el valor para hacer el ministerio al que Dios los ha llamado, ministerio que no harían de otra manera.

El crecimiento sigue al nacimiento

Si los padres traen del hospital a su casa a un recién nacido de diez libras, les hablarán con orgullo a sus vecinos acerca del niño robusto y saludable que Dios les dio. Pero si el bebito sigue pesando diez libras seis meses después, van a ver a cada médico de la ciudad tratando de saber qué anda mal.

Cuando llegué a Griffin, la asistencia a nuestro culto del domingo por la mañana era de cuatrocientas personas. En la actualidad, hemos crecido hasta cuatro mil personas. La asistencia de una iglesia no tiene que alcanzar una cifra mágica, pero el crecimiento es una característica inflexible de la vida. Sin que importe quién sea usted o dónde pastoree, Dios está llamando a su iglesia a crecer.

Cada pastor debe recibir dirección y visión del Señor, no simplemente imitar lo que otro está haciendo. Cuando llegué a la Primera Asamblea hace doce años, había tres crisis: una crisis espiritual, una crisis numérica, y una crisis económica. En vez de desalentarme, vi que la iglesia estaba en condiciones de crecimiento. Cada vez que una iglesia tiene dos o tres de tales crisis, algo sucederá.

Comenzamos a dar énfasis a la salvación, lo que dio un gran impulso. Fueron a la iglesia nuevas personas y nacieron de nuevo. Ellas entonces trajeron a sus amigos inconversos, y esas personas también nacieron de nuevo.

Comenzamos una reunión de oración los sábados por la noche y orábamos específicamente que nuestra gente tuviera el corazón de Dios para ganar a los perdidos que los rodeaban. Pedíamos que las personas se encontraran con Dios en nuestros altares y fueran salvas. Pedíamos que los creyentes trajeran a sus seres queridos y amigos no salvos.

En el sur, las personas no titubean en cuanto a llevar a la iglesia a sus amigos inconversos, porque la iglesia es parte de la cultura sureña. Esto es cierto sobre todo si esperan un movimiento de Dios cuando llegan allí.

Esperamos, anhelamos y nos preparamos para el avivamiento. Antes de venir a la Primera Asamblea, preguntaba a Dios por qué se suponía que yo viniera. Él me dijo: voy a enviar un avivamiento allí, y quiero que formes parte de eso. Como el Espíritu Santo habló a mi corazón, preparamos a la iglesia para una afluencia de nuevas personas. No sólo estábamos preparados para edificar, sino que también planeamos ganar, reunir, adiestrar, y enviar personas. Esperábamos que Dios bendijera la nueva vida con nuevo crecimiento, y eso es exactamente lo que sucedió.

Paternidad activa

El evangelismo debe hacerse con propósito. El pastor y el equipo de liderazgo deben establecer metas. ¿Cuántas personas quieren ganar para Cristo este año? ¿Bajo qué estructuras y por qué medios y actividades buscará y ganará a esas personas? Tal vez usted coordine varias actividades que traen a muchas personas de modo que pueda ganarlas para Cristo. Pero ¿qué hará a nivel personal? ¿Qué exhortará a hacer a cada miembro de su iglesia? Muchas iglesias nunca alcanzan ese nivel de propósito. La responsabilidad personal por los perdidos no es el corazón de lo que hacen.

Tenemos adiestramiento continuo en el evangelismo personal y constantemente motivamos a las personas al evangelismo personal. Adiestramos a trabajadores del altar en cuanto a orar con las personas en los altares. Enseñamos a las personas a ganar a los perdidos para Cristo. Cada año predico una serie de mensajes llamados El principio de Andrés. Señalo que las personas se ganan mediante las relaciones. A veces tenemos dramas o dramatizaciones con el fin de ejemplificar lo que enseñamos para que las personas puedan verlo en acción.

Junto con el adiestramiento presentamos maneras mediante las cuales nuestro pueblo puede ganar a otros para Cristo: escuela dominical en las aceras, actividades evangelísticas, ministerios en los asilos, y ministerios en las cárceles. Cuando las personas son salvas en esas actividades evangelísticas y vienen a nuestra iglesia, las llevamos a la plataforma y celebramos. Es importante que el pastor celebre públicamente la salvación.

Aunque planeamos grandes actividades para la comunidad, nunca perdemos de vista el hablar a las personas. Durante el Día de Acción de Gracias alquilamos un parque, anunciamos nuestra actividad, levantamos grandes tiendas y alimentamos a las personas. También repartimos mil pavos. También tenemos actividades más pequeñas que incorporan diversos intereses del evangelismo personal.

En nuestra presentación musical del 4 de Julio, tenemos una bandera y también aparatos de montar y juegos. Esa actividad atrae a más de veinte mil personas. Pero nunca perdemos de vista el ministerio individual. Nuestra gente anda alrededor repartiendo botellas de agua y hablando de Cristo. Tantas personas se salvan por medio de ese ministerio como se salvan cuando hacemos un llamado al altar después de predicar la Palabra.

Los pasos del bebito: caminando con JesÚs

El evangelismo nace de una relación personal con Dios. Es imposible no evangelizar a alguien si se anda cerca de Jesucristo. Cuando usted anda cerca de Cristo, tendrá el corazón de Cristo, y el corazón de Cristo es ganar a los perdidos. Los pastores son responsables de crear ambientes en que las personas puedan andar cerca de Dios, tales como las reuniones de oración, tiempos de discipulado, y tiempos en que las personas pueden ver el evangelismo ejemplificado de modo que se sienten entusiasmadas por participar.

Hay muchas ideologías y filosofías acerca de cómo dirigir un culto de la iglesia y dar apoyo a las reuniones y actividades de la iglesia. El propósito fundamental de cualquier culto de la iglesia es preparar a los santos. No hay mejor manera de preparar a los santos que ejemplificar una vida de adoración y actividad evangelística.

En cada culto, aun los miércoles por la noche, hacemos un llamado al altar. Los llamados al altar son más que llamados para salvación. Hay mucha formas de consolidar lo que Dios está haciendo en la vida de las personas. En cada culto damos a las personas la oportunidad de recibir a Cristo, de orar por la sanidad espiritual y física, o para recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Cuando oramos, esperamos que Dios responda. Esa constante comunión con Cristo está avivando nuestro crecimiento.

Cada ministerio de la iglesia existe con el fin de ganar a las personas para Cristo. Enseñamos a nuestros maestros de la escuela dominical, a los líderes de los exploradores y de las misioneritas, y a los que trabajan con los jóvenes, a cómo hacer llamados al altar. Las mismas personas pudieran estar asistiendo cada semana a esos ministerios, pero usted nunca sabe lo que les ha ocurrido durante la semana.

Concebido por el EspÍritu, capacitado por el EspÍritu

Damos gran énfasis al bautismo en el Espíritu Santo y a su relación con el evangelismo. Cada año establecemos metas para las personas que quieren ser bautizadas en el Espíritu Santo. Creemos en Dios cada año porque al menos doscientas personas en nuestra congregación reciban el bautismo. Hacemos eso porque el Espíritu Santo nos hace testigos. Si doscientas personas tienen el poder del Espíritu Santo, tendremos testimonio continuo para el reino de Dios. La iglesia crece cuando las personas que están llenas del Espíritu Santo predican el evangelio.

El Espíritu toca a todas las edades. Los niños de nuestra iglesia experimentan en sus cultos los movimientos espectaculares de Dios. Un domingo por la mañana unos doscientos cincuenta niños tenían las manos levantadas, muchos con lágrimas que corrían por sus mejillas, mientras alababan a Dios. Muchos de ellos recibieron el bautismo. También hemos visto el mismo efecto en nuestros grupos de exploradores y misioneritas. Durante una vuelta a casa en autobús después de un retiro de misioneritas, el grupo de niñas y los patrocinadores comenzaron a cantar y a orar. De las cuarenta y cinco personas que iban en el autobús, trece niñas recibieron el bautismo en el Espíritu Santo. Algunos padres sacaron a sus hijos del autobús mientras sus hijos estaban hablando en lenguas.

Mi pastor de jóvenes me invitó a hablar a la juventud. Cuando terminé de hablar, oré por algunos de los adolescentes. Salí un poco antes de las nueve. Una hora después, los jóvenes seguían orando. Doscientos sesenta alumnos de segunda enseñanza estaban buscando a Dios y orando con las manos en alto. Se podía oír el murmullo de su hablar en lenguas. Todo el culto se convirtió en la juventud encontrándose con Dios. No era diversión ni juego. La oración en la presencia de Dios llevó a esos adolescentes al evangelismo. Aquella noche diez adolescentes entregaron su vida a Cristo.

Madurando hasta lo milagroso

Cuando Dios está renovando su obra, nunca se contiene dentro de las paredes de la iglesia. La Primera Asamblea está ganando con amor a nuestra comunidad. Damos abnegadamente a las misiones alrededor del mundo y en todos los Estados Unidos. Cuanto más atendemos al mundo de Dios, tanto más Él nos bendice y nos lleva a un ministerio mayor. El resultado es una expectativa y una experiencia de lo milagroso.

Tres de nuestros estudiantes de último año de la escuela de segunda enseñanza estaban en su escuela pública y notaron que su maestra estaba sufriendo un dolor durante su conferencia. Durante un receso de la clase, se le acercaron y le preguntaron qué le pasaba. Ella les dijo que tenía dolor de cabeza. Ellos preguntaron si podían poner las manos sobre la cabeza de ella y orar en silencio para que el Señor le quitara el dolor de cabeza. Ella estuvo de acuerdo. Los estudiantes oraron y de inmediato desapareció el dolor de cabeza. La maestra fue al aula de los maestros y dijo a sus colegas lo que había sucedido.

“Tengo cáncer”, dijo un hombre. “Si eso puede sucederle a usted, me gustaría que ellos oren por mí. Probaré cualquier cosa.”

Así que los maestros invitaron a esos estudiantes para que fueran a la escuela temprano a la mañana siguiente para que pudieran poner las manos sobre ese maestro. Comenzaron a orar por él. Fue al médico el martes siguiente para un examen. El médico estaba asombrado. El examen del mes anterior había mostrado un cáncer diseminado. Sin siquiera un tratamiento total de quimioterapia, el maestro estaba libre de cáncer.

Iglesias renacidas son iglesias obedientes

De cuando en cuando todos afrontamos impedimentos y perdemos nuestro respeto reverencial por lo sobrenatural. Eso sucede cuando no pasamos tiempo con Dios. Los pastores deben estar en comunión con Dios y oír su voz cada día. Un pastor debe poder decir: “He estado con Dios.” Eso es muy importante.

Yo paso unas dos horas todas las mañanas en la oración, y los que dirigen mi iglesia se unen conmigo una hora de ese tiempo. Descansamos el viernes, pero volvemos el sábado para orar desde las seis hasta las siete de la tarde como iglesia. Oramos el domingo desde las siete hasta las ocho y cuarto de la mañana antes del culto matutino. Oramos como iglesia el domingo desde las cinco y cuarto hasta las cinco y cuarenta y cinco de la tarde. Seis días a la semana los que dirigen la iglesia oran juntos, y el liderazgo de la iglesia ora junto. Pero la oración no es suficiente. Tenemos que estar preparados para oír a Dios hablar y entonces actuar conforme a lo que Él nos diga.

Durante unas vacaciones en el verano de 2004 me dediqué a cierta introspección. Pregunté al Señor acerca de mi ministerio. En aquel tiempo yo había estado en el ministerio permanente por veintitrés años. Gracias a su dirección y capacitación, pudimos realizar todo lo que el Señor nos había pedido que hiciéramos. Pero yo no había visto todos los resultados que quería ver. Volví a leer el libro de los Hechos. Sentí curiosidad, y pregunté a Dios: “¿Por qué no podemos tener esto?”

Como el estruendo de una trompeta, el Espíritu del Señor me preguntó: “¿Pagarán el precio para tenerlo?”

Ese mandato me cambió. Comencé a buscar aspectos de mi vida que pudieran dedicarse al Señor en una mejor preparación para el nuevo nacimiento en mi ministerio y en nuestra iglesia. Decidí dejar de jugar durante cuatro meses. El tiempo que dedicaba a jugar golf lo dediqué a la oración.

Ya estoy viendo el cambio y la próxima oleada del nuevo nacimiento entre nosotros. Hace poco tuvimos mil quinientas personas en la iglesia un miércoles por la noche. Estamos experimentando lo sobrenatural de formas nunca antes vistas. En cada culto alguien está recibiendo a Cristo como Salvador. Los milagros están conmoviendo nuestra vida.

Deseo profundamente que miles de pastores experimenten esa misma clase de progreso. Pero eso sólo resulta de dar origen a un nuevo movimiento de Dios. Si un pastor no se encuentra sólo en compañía de Dios, nunca tendrá la oportunidad de ver a Dios moverse de las formas que acabo de describir. La intimidad produce revelación, y la revelación debe obedecerse antes que puedan ser bendecidos. Muchos reciben revelación, pero se detienen allí. La obediencia debe acompañar a la revelación.

Dios le dio a Abraham una revelación. Él dijo: “Ve y sacrifica a Isaac.”

La Biblia dice que al día siguiente Abraham tomó a Isaac. Cuando se preparaba para sacrificar a su hijo, Isaac dijo: “Tenemos el fuego. ¿Dónde está el sacrificio?”

Abraham dijo: “El Señor proveerá.”

Conocemos la historia. El Señor se volvió Jehová-Jireh para Abraham. Como Él proveyó para Abraham, sabemos que proveerá también para nosotros. La revelación de Dios, cuando se la obedece, no sólo nos bendice y afecta nuestra vida, sino que también afecta la de muchos otros.

Dios está esperando para hacer una nueva obra en usted, en su iglesia, y en su comunidad. Obedézcale. Luego sujétese porque quedará atrapado en un tornado del poder del Espíritu.

Randy Valimont, Ph. D., pastor principal, Primera Asambleas de Dios de Griffin, en Griffin, Georgia. En el presente es presbítero ejecutivo de las Asambleas de Dios en el Distrito de Georgia, y presbítero general para el Concilio General de las Asambleas de Dios. Este artículo se basa en el capítulo 11 de su libro Expand Your Reach: Finding Significance in an Insignificant Place [“Amplíe su alcance: hallar significado en un lugar insignificante”]

 

 

 

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