Assemblies of God USA SearchSite GuideStoreContact Us

Caminatas hacia la cosecha

Cómo un pastor anduvo paso a paso con su iglesia hacia la cosecha.

Por J. Don George

Cuando llegué a Irving, Texas, en 1972, yo tenía diecisiete años de experiencia en el ministerio; seis como evangelista y once como pastor. Durante mis viajes evangelísticos, mi esposa, Gwen, y yo hemos visto muchas iglesias tocando a sus comunidades de diversos modos. Cuando acepté el pastorado de Irving, pregunté a Dios: ¿cómo ganaré esta ciudad? Hay más de ochenta iglesias en esta comunidad. Hay también miles de iglesias en toda la zona metropolitana de Dallas/Fort Worth. ¿Qué estrategia de crecimiento de la iglesia quieres que yo emplee?

Parecía que las iglesias establecidas con sus grandes coros, sus hermosos edificios, y sus programas especiales tenían ventaja para alcanzar esta zona con el evangelio. ¿Qué debiera yo hacer?

Dios habló con claridad a mi espíritu. Me reveló que las iglesias existentes tenían su lugar en su plan, pero que había brechas en sus actividades evangelísticas. Me dijo que fuera a hablar a las personas a quienes nadie les estaba hablando. Dios cambió mi corazón, y acepté ese reto con fe.

Hice un compromiso personal de visitar quinientos hogares cada semana. Cada lunes por la mañana yo preparaba quinientos folletos y los ponía en paqueticos de cien. Cumplí mi compromiso personal de visitar cien hogares cada día, de lunes a viernes.

Durante esas visitas, hablaba de una manera afable que hacía ver a las personas que yo estaba interesada en ellas. Entonces en voz baja pero inflexiblemente, les señalaba nuestra iglesia como un lugar donde ellos pudieran hallar esperanza mediante un encuentro con Jesucristo.

Caminatas de la vida diaria

Mis caminatas diarias por los vecindarios de Irving me pusieron en contacto con personas que estaban en medio de la vida diaria. Esas caminatas me tomaban gran parte del día, dependiente de cuántas personas entablaban una conversación conmigo. A veces me llevó todo el día visitar cien hogares.

A pesar de lo que muchas personas le harían pensar a usted, el evangelismo personal no es una ciencia espacial. No requiere un doctorado en psicología, ni un curso universitario en sociología o en comunicación interpersonal. La mayor parte del evangelismo personal es hablar con las personas. Si les habla a suficientes personas, ganará a alguien. Por lo general digo: “Soy un nuevo pastor en el pueblo. Hay una iglesia en esta ciudad que tal vez usted no conozca. Quiero hablarle de esa iglesia. Estamos aquí para ayudarle. Aquí tiene un folleto. Nos gustaría verlo el domingo en la iglesia.”

A veces las personas conversaban conmigo. Cuando no había nadie en la casa, yo dejaba un folleto en la puerta. A veces la respuesta era cortés: “Gracias.” A veces era un cortés (o no tan cortés): “No estamos interesados en eso.” Pero si les habla a suficientes personas, hallará la cosecha.

Mis caminatas diarias se convirtieron en semanas y meses. Los meses se convirtieron en tres años. Nuestra iglesia vio el fruto de esas caminatas. La gente comenzó a asistir a nuestros cultos dominicales. La semana siguiente yo buscaba otros quinientos nuevos hogares que visitar. Los sábados me ponía en contacto con las personas que habían visitado la iglesia el domingo anterior.

Mi propósito al visitar el vecindario de Irving no era impresionar a las personas de nuestra iglesia o de nuestra comunidad. Aunque quería aumentar el ministerio de nuestra iglesia, yo no hacía quinientas visitas semanales simplemente para que nuestra iglesia tuviera una senda artificial hacia la expansión. Visitaba los hogares porque era mi manera de ganar la ciudad para Dios. Sabía que no podía depender de nadie más para hacerlo. Era el mandato de Dios para mí.

Con esa filosofía en mente, también comencé a predicar en los asilos de ancianos. Fundé dos en nuestra ciudad que me permitirían ir los miércoles por la mañana. Cada miércoles por la mañana yo iba a esos asilos y cantaba himnos evangélicos, tenía un devocional, y mostraba el amor de Cristo a las personas. Esos viajes casi nunca ponían a nadie en los bancos de nuestra iglesia. Los ancianos no ponían ningún dinero en el platillo de las ofrendas. Pero mis visitas siguieron cumpliendo la ley de la cosecha: si se siembra la semilla, se recogerá una cosecha; si se siembra la semilla, crecerá un cultivo. Muchas veces Dios nos ha puesto a sembrar la semilla en una zona y a cosechar en otra. A fin de cuentas es cumplir la Gran Comisión mediante la participación en la comunidad.

CÓmo andar como ejemplo

Un pastor no puede guiar a nadie donde él mismo no haya caminado. Se puede tratar de manejar a las personas, pero el llamamiento de un pastor no es manejar a las personas. A los pastores se los llama a guiar al rebaño de Dios. Tenemos que caminar donde esperamos que la gente nos siga. Un pastor que no está dispuesto a comprometerse con el evangelismo no podrá guiar a otros al evangelismo. Si queremos que las personas participen en el evangelismo personal, entonces nosotros, como líderes, debemos participar en el evangelismo personal. Si esperamos que las personas se comprometan con una causa — el evangelismo, una actividad evangelística en toda la comunidad, o un ministerio dentro de la iglesia — entonces debemos comprometernos nosotros primero. Debemos dar a las personas un ejemplo de participación que puedan seguir.

El ejemplo del pastor no debe desaparecer una vez que la iglesia comienza a crecer. Algunos pastores bajan a las fronteras del frente del desarrollo de su iglesia. Luego, cuando han edificado una congregación de mil personas y han dado vida a varios ministerios, pierden el deseo de participación al nivel del suelo. Algunos pastores piensan de sí mismos como ejecutivos y cambian al modelo administrativo.

Como mis responsabilidades evolucionaron a través de los años, determiné no perder mi conexión con los ministerios comunitarios diarios dentro de nuestra iglesia. Si yo viajaba para predicar en una conferencia el jueves o el viernes, volaba de vuelta el viernes por la noche para asistir a nuestro desayuno de discipulado el sábado por la mañana. Yo quería estar presente cada fin de semana para nuestro ministerio de autobús del sábado porque esa actividad evangelística es un medio de contacto de nuestra iglesia con nuestra comunidad. Creo en el permanecer participando en la iglesia en el nivel fundamental.

No se puede guiar a las personas hasta que se haya ganado su corazón. Las personas no seguirán a un pastor por lo impresionante de su currículum vitae. Hay que ganar el corazón de las personas antes que ellas lo sigan a uno para ganar a la ciudad para Dios. Ganar el amor y la lealtad de las personas requiere tiempo y trabajo. La lealtad no es transferible. No importa cuán amado y respetado sea un pastor en una ciudad. Cuando se traslada a otra iglesia en una ciudad distinta, debe comenzar otra vez el proceso.

Las personas observan al pastor. Observan lo que hace el pastor. Cuando el pastor dice: “Haremos esto”, las personas observan su participación en eso. Si él se dedica al ministerio al que está llamándolos a dedicarse, se produce un vínculo espiritual. Las personas desarrollan la disposición de seguir al pastor. Se forja un grupo de creyentes, y el evangelio conmueve a una comunidad.

Andando con el EspÍritu

Si el andar de la vida y del ministerio de un pastor ha de ser una inspiración para una congregación y una comunidad, su andar con el Espíritu debe ser cercano y constante. El Espíritu anda con nosotros a través de las rutinas diarias de la vida, y entonces de pronto nos señala oportunidades que aparecen para que Dios haga una obra de proporciones milagrosas.

Piense en los tiempos en que Pedro y Juan se dirigieron hacia el templo de Jerusalén. Eran hombres del Espíritu, fielmente enseñados por Cristo, y constantemente formados por su dependencia de Dios. Esto fue un proceso. Jesús conocía el futuro ministerio de Pedro y obró en él para ayudarlo a crecer más allá de su naturaleza impulsiva e impetuosa, su apresuramiento en criticar, su renuencia a arrepentirse, y sus arranques de ira. Aunque a Juan no se le menciona de la misma manera que a Pedro, él estuvo entre los discípulos cada vez que discutieron sobre quién era el mayor, y trató de situarse como el favorito de Jesús. Juan también necesitaba madurez.

Después que el Espíritu Santo transformó de modo espectacular a Pedro y a Juan en el Aposento Alto y los capacitó con poder de lo alto, Pedro se convirtió en el vocero de la iglesia en las calles de Jerusalén. Juan sirvió a la iglesia primitiva mediante sus epístolas y el libro de Apocalipsis.

Pedro y Juan fueron al templo muchas veces durante todo ese proceso de transformación. Pasaron junto a un cojo cada día cuando iban al templo a orar. Nunca se detuvieron para sanarlo hasta que recibieron la investidura del poder — el poder de Dios — durante el derramamiento en el Aposento Alto. Ese día fueron transformados. Más adelante, cuando visitaron el templo, se acercaron al cojo, lo tomaron de la mano, lo sanaron, lo levantaron, y lo liberaron (Hechos 3:1–10).

El poder de Pentecostés prepara a los cristianos para el evangelismo, infunde pasión a los creyentes, y da la orden de marcha para la iglesia. Es insensato pensar que un creyente pueda ser eficiente en el evangelismo sin que el poder del Espíritu de Dios habite en cada aspecto de su vida.

Andar con el Espíritu hace la distinción entre sólo otro día en la oficina escribiendo un sermón y un impactante y personal encuentro con Dios que da vida a su mensaje. Andar en el Espíritu distingue entre esforzarse con una lista de visitaciones y un encuentro personal con Dios que da la energía divina para evangelizar a las personas en sus hogares, en el hospital, y en el supermercado.

El pastor que anda con el Espíritu no tiene que andar rápido ni andar saltando. No necesita programas espectaculares ni presupuestos de seis cifras. Sólo tiene que escuchar la suave voz de Dios que lo guía.

Andar con los mentores

Un pastor que va hacia una gran cosecha irá con las personas que han estado más tiempo en el camino; aquellas cuya sabiduría espiritual él aprecia. Muchos hombres santos han beneficiado mi vida y mi ministerio.

Aprendí mucho de mi padre. Cuando me adiestraba, sentía como si yo estuviera en una escuela bíblica. Serví en la iglesia de mi padre porque él era un pastor maravilloso. Durante seis años serví como evangelista y aprendí mucho de los pastores donde yo predicaba. Siempre traté de aprender de los pastores más exitosos.

Mientras observaba, aprendí a hacer muchas cosas. También aprendí a no hacer muchas cosas. Muchas iglesias que siguen estancadas no crecen porque el pastor está haciendo las cosas erróneas, como dirigir mal a las personas. El pastor pudiera sentirse atraído al conflicto con un espíritu de pugilista, en vez de mostrar amor, perdón, y aceptación. Muchas veces el pastor adopta la actitud de: “es a mi manera, o siga su camino; si no puede tolerarlo, váyase”.

Si los pastores confiaran en el poder del evangelio y dejaran de depender de la iniciativa humana, el evangelio tendría excelentes resultados. La ley de la cosecha es: cuando se siembra la semilla, se recoge una cosecha.

Hice algunas cosas en mi primer pastorado que no debí haber hecho. Usé la motivación errónea un año cuando exhortaba a las personas a que dieran el diezmo. Lo hice un poco difícil para las personas que no estaban dando el diezmo. El resultado fue que algunos se fueron de la iglesia. De inmediato aprendí a no hacer eso otra vez. He aprendido a decir, como dice Tommy Barnett: “Usted tiene que aumentar su círculo de amor.” Usted tiene que seguir extendiendo la mano a las personas con amor y aceptación.

Durante diez años de pastorear en Plainview, Texas, nuestro promedio de asistencia anual nunca fue más de ciento cincuenta personas. Entiendo por lo que pasan los pastores cuando se pastorea en pequeños pueblos. Entiendo cuán difícil es recibir a los visitantes a la puerta y cuán difícil es corregir las indebidas suposiciones en una comunidad respecto a una iglesia. Hay muchas razones de que las iglesias no crezcan. Muchos pastores trabajan en campos difíciles. No obstante, aprendí mucho gracias a esas experiencias.

Por mucho que he valorado todo lo que aprendí de mis mentores, nunca traté de imitar su ministerio. Es un error imitar a otro pastor, o copiar la metodología de otro. Es un error porque Dios no da a cada persona los mismos talentos. En realidad, Dios nos ha creado a todos distintos por designio divino. Dios tiene un plan exclusivo para cada predicador, cada pastor, y cada hombre. Imitar lo que otro haya hecho pudiera fracasar. Cuando se considera el hecho de que cada iglesia, ciudad, y cultura es distinta, se comprende que para cumplir la Gran Comisión en su campo de cultivo su ministerio tiene que ser distinto.

Un pastor tiene que observar lo que hacen los pastores exitosos, y entonces obtener principios que puedan emplear, en vez de métodos exactos que puede copiar. El pastor exitoso emplea principios. Por ejemplo, un principio pastoral es caminar adonde usted espera que las personas caminen. Otro principio es que la plenitud del Espíritu Santo capacita para el ministerio. Esa capacitación prepara a los creyentes para que sean eficientes en el evangelismo. Los pastores tienen que aplicar principios, pero deben escoger con cuidado y en oración sus métodos.

Caminar con los discÍpulos

Un gran principio que ha dado forma a mi ministerio es éste: un pastor debe desarrollar discípulos, y debe desarrollarlos asociándose con ellos. Así es como Jesús desarrolló a sus discípulos. Este principio es lo inverso del principio guía que he seguido. Como Dios ha traído a mi vida personas que han compartido conmigo su sabiduría y experiencia y que han bendecido mi trabajo en el ministerio, debo infundir en otros el mismo aliento y darles la misma dirección en la obra de Dios.

Gran parte de mi responsabilidad espiritual es discipular a los jóvenes para que salgan de nuestra iglesia y hagan un gran trabajo en el Reino. Una de mis metas es discipular al menos a diez personas que edificarán grandes iglesias y harán un mejor trabajo para Dios que el que estamos haciendo allí. Ya Dios ha extendido ese crecimiento más allá de las diez personas que yo había previsto. Ahora hay tal vez una docena de jóvenes en el ministerio que son ministerios crecientes que creo que se extenderán más allá de las dimensiones de mi propio ministerio.

No puedo precisar cuándo el discipulado comenzó a influir en mi ministerio. Yo había estado en mi Iglesia Calvario unos diez años cuando comencé a darme cuenta de que el discipulado era lo que yo necesitaba estar haciendo. Desde que he empleado ese principio, ha tocado todo lo que hago. Tuve que dedicarme a adiestrar a los jóvenes, a enviarlos y a motivarlos para que fueran con visión y pasión. Mientras los he ayudado a entender cómo realizamos el ministerio en Calvario, también los he llevado a descubrir el plan de actividad evangelística que Dios tiene para cada uno de ellos en su campo de cultivo.

Caminatas sin cansancio

Cuento mi historia a los pastores que buscan formas de aumentar la actividad evangelística de su iglesia, sin que importe el tamaño de ésta. Muchos pastores de las Asambleas de Dios sirven en pequeñas iglesias. Ellos se preguntan: ¿cómo puedo hacer esto? ¿Cómo puede nuestra iglesia, con recursos limitados, tener una influencia en nuestra comunidad? Jamás olvidaré que hice a Dios esas mismas preguntas cuando llegué a Irving.

La ley de la cosecha promete que, si usted siembra lo que tiene, recogerá conforme a la generosidad de Dios. En la actualidad, nuestra iglesia está asociada con ministerios como el Convoy de la Esperanza. Nuestros autobuses traen niños y jóvenes de varios lugares de Irving. Nuestros equipos evangelísticos móviles llevan el evangelio a los vecindarios. Estamos entusiasmados acerca de nuestros proyectos misioneros que nos permiten regalar bicicletas, muñecas, y otros juguetes mientras llevamos el evangelio a miles de niños y jóvenes.

Aunque no estábamos haciendo nada de eso en 1972, ya Dios lo tenía planeado. Dios tiene grandes planes para cada iglesia que está edificando. Un pastor pudiera decir: “No podemos realizar el ministerio A porque no tenemos suficiente dinero”. Muy bien. Busque el ministerio B o el ministerio C. Busque la actividad evangelística que Dios tiene para su comunidad. Siempre hay una manera de ganar a las personas con el amor de Dios, aunque los recursos sean limitados. Toda iglesia grande comenzó como una iglesia pequeña.

Dios está bendiciendo a la Iglesia Calvario, pero su bendición vino cuando encontramos una manera de evangelizar a la ciudad mediante el compromiso personal. Caminamos paso a paso hacia nuestra cosecha. Seguimos caminando con tanta firmeza y tan atentos a la voz del Espíritu. ¿Está preparado para su viaje?

J. Don George, D.D., es el pastor principal de la Iglesia Calvario en Irving, Texas, y un presbítero ejecutivo con el Concilio General de las Asambleas de Dios.

 

 

 

Haga su pedido del CD Paraclete

Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.

Good News Filing System

Ordene Advance CD

Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.

Cada número ofrece más que nuestra edición en la red. Obtenga todo el beneficio, subscríbase por la red. (1 año - $24; 2 años - $42, añada $10 al año fuera de Estados Unidos.)

O llame gratis al:

1-800-641-4310