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Principios y prácticas bíblicos
para el testimonio personal eficaz

Por Randy Hurst

Un estudio reciente afirma que sólo el diez por ciento de los que toman la decisión de seguir a Cristo lo hacen en un culto de la iglesia. Con todo, la máxima prioridad en la actividad evangelística de una iglesia es el testimonio personal de sus miembros durante toda la semana.

Otro estudio revela que menos de diez por ciento de la congregación hace evangelismo personal. ¿Por qué no hay más cristianos que hablen a otros de Cristo? Muchos piensan que la razón más común es la apatía; que a los cristianos no les importa. Pero, para la mayoría de las personas, la razón es su falta de confianza. Creo que los discípulos de Cristo quieren ser testigos eficientes; pero se sienten insuficientes, intimidados o aun temerosos en cuanto a hablar de su fe, sobre todo con alguien que no tiene una formación cristiana.

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). El saber lo que dice la Palabra inspirada de Dios acerca del carácter de la evangelización liberará a los creyentes de su sentido de insuficiencia o aun de su temor respecto al testimonio personal.

En Colosenses, Pablo trata acerca del evangelismo de una manera que ayudará a liberar a los creyentes de las falsas ideas y de las emociones que pudieran impedirles hablar de Cristo. Él presenta un sencillo, bíblico, y práctico modelo para ayudar a los creyentes en el evangelismo de relaciones.
La petición más frecuente que se le hace a la Comisión de Evangelismo es de materiales respecto a la motivación personal y el adiestramiento en el testimonio. Los pastores y otros líderes de la iglesia pueden enseñar los siguientes principios y prácticas defendidos por Pablo de diversos modos dentro de la iglesia. Estos principios proporcionan un sistema bíblico para enseñar el evangelismo personal que puede convertirse en parte integral del estilo de vida de un creyente.

El modelo del apÓstol Pablo

El evangelismo no es una opción; lo es el cómo lo hacemos. La misma Biblia que nos manda que evangelicemos a las personas también nos dice cómo.

Pablo dio a la iglesia de Colosas una profunda pero práctica enseñanza respecto del testimonio cristiano eficaz. Sus últimas instrucciones en la carta es respecto a cómo los cristianos tienen que relacionarse con los inconversos, a quienes él debidamente llama “los de afuera” (4:5). Yo le llamo el modelo de evangelismo de Pablo (véase v. 6). “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:2–6, cursivas añadidas).

En las instrucciones de Pablo encontramos que el testimonio eficaz implica dos principios: dependencia (vv. 2–4) y disciplina (vv. 5,6). Debemos disciplinarnos para hacer nuestra parte en el evangelismo personal mientras que, al mismo tiempo, debemos seguir siendo dependientes de Dios para hacer lo que solo Él puede.

Pablo expresa esa interacción divina/humana en la primera parte de su carta: “Trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:29). Pablo está abogando por el esfuerzo humano (“trabajo, luchando”) que depende de Dios (“según la potencia de él”).
Junto con los principios de dependencia y disciplina, Pablo defiende seis prácticas en la vida cristiana que ayudan a dar un testimonio eficaz a los inconversos. Un pastor puede enseñar de dos formas estos principios a una congregación. En primer lugar, el pastor puede enseñar los principios y las prácticas como un modelo bíblico para el evangelismo personal. En segundo lugar, se le debe dar énfasis a cada principio y práctica cada vez que sea posible en distintos contextos. Sólo una enseñanza o un sermón no ayudará de manera adecuada a los creyentes a hacer de esas prácticas parte de su manera de vivir.

PrÁctica No. 1: Ore por puertas abiertas

“Orando … para que el Señor nos abra puerta para la palabra” (Colosenses 4:3).

Pablo comienza su instrucción a los colosenses exhortándolos a que oren. La oración es esencial en el evangelismo. A menos que Dios obre en el corazón y en la vida de las personas, nuestro trabajo no dará resultados duraderos.
En el libro de los Hechos hallamos un ejemplo revelador de la obra de Dios con uno de sus mensajeros. Cuando Pablo y sus compañeros fueron a orar a la orilla de un río fuera de Filipos en el día de reposo, se sentaron y comenzaron a hablar con un grupo de mujeres. “Una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14). Pablo predicó el mensaje. El Señor abrió el corazón de Lidia.

Tenemos el privilegio y la responsabilidad de predicar el evangelio. Pero solo Dios puede abrir el corazón de una persona. Estamos dependiendo de Dios para dar oportunidades, para llevar comprensión a la mente de los oyentes, y llevar a su corazón a decidirse.

Los creyentes necesitan repetida y regular enseñanza acerca de la oración y estímulo para hacer de ésta una característica de su vida diaria.

PrÁctica No. 2: Haga claro el mensaje

“Para que lo manifieste como debo hablar” (Colosenses 4:4).

El mensaje que Pablo predicaba era el “misterio de Dios” (Colosenses 2:2). El enfoque de nuestro mensaje también debe ser Jesucristo (véase Colosenses 1:13–23,28; 2:9–15).

Después de la ascensión de Jesús, el apóstol Pedro rápidamente se convirtió en una de las voces más destacadas en la iglesia neotestamentaria. En el poder del Espíritu Santo, ese pescador sin educación alguna se convirtió en un elocuente y enérgico predicador del evangelio.

Pedro predicó su sermón más conocido el día de Pentecostés. Pero Lucas registra varias de las proclamaciones de Pedro del evangelio en los Hechos (3:12–26; 4:8–12; 5:29–32; 10:34–43). Cuando analizamos esas presentaciones, hallamos que en cada sermón Pedro presentó dos verdades fundamentales: quién es Jesucristo y por qué dio su vida. Estar preparado para analizar esas dos verdades preparará a cualquier creyente para hablar eficazmente de Cristo a los inconversos.

¿QuiÉn era JesÚs?

Los relatos de la vida de Cristo por los medios de difusión seculares generalmente presentan a Jesús como un personaje ficticio. Aunque los medios informativos muestran a Jesús como un personaje histórico, los medios de difusión lo describen como un gran maestro o acaso como un profeta, pero solamente un hombre.

Los creyentes deben decir que Jesús fue más que un maestro y profeta; Él era Dios en forma humana. Fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de una virgen, vivió sin pecado, murió por nuestros pecados, y venció la muerte al resucitar para darnos el perdón del pecado y el don de la vida eterna.

¿Por quÉ dio su vida?

Juan el Bautista declaró por qué Jesucristo vino a la tierra, cuando dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29, cursiva añadida). Los pecados de toda la humanidad son la razón de la muerte de Jesucristo. La existencia de la Cruz establece dos realidades: todos son pecadores, y no podemos hacer nada en cuanto a eso.

Es significativo que Pablo, como Pedro, transmitió las mismas dos verdades en Tesalónica. Lucas resumió la enseñanza de Pablo en las sinagogas en días de reposo: “Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.” (Hechos 17:2,3).

Una presentación del evangelio tiene que incluir esas dos verdades acerca de Cristo. Ambas son esenciales a la comprensión de la gracia de Dios manifestada mediante la muerte de Jesucristo en la Cruz, su resurrección, y su consiguiente redención de toda la humanidad.

PrÁctica No. 3: Sea sabio con “los de afuera”

“Andad sabiamente para con los de afuera” (Colosenses 4:5).

La frase de Pablo “los de afuera” da una descripción apropiada y práctica de dónde están los inconversos con relación a la iglesia. Por diversas razones, la mayoría de los inconversos hoy están más lejos que nunca del contexto cristiano. No podemos suponer que los inconversos se consagren a los principios cristianos o que ni siquiera los entiendan.

La iglesia actual afronta el reto de transmitir el evangelio en otra cultura, como hacen misioneros en otros países. Si los creyentes han pasado gran parte de su vida en la iglesia, han adquirido las percepciones, los principios y el vocabulario de la iglesia. Los cristianos y los inconversos pudieran hablar el mismo idioma, pero los cristianos a menudo emplean términos religiosos que no se conocen o que significan otra cosa en la cultura secular.

Cuando empleamos la jerga cristiana, levantamos una barrera de comunicación entre nosotros y los inconversos. Los creyentes entienden palabras tales como salvado, evangelio, y ungido; pero éstas están confundiendo a las personas que no las conocen. A los inconversos se les ha de ganar con su vocabulario, no con el nuestro.

Parte de la cultura de una iglesia tiene que ser preparar a los cristianos para transmitir su fe en un lenguaje que los inconversos puedan entender y mediante conceptos con los que puedan relacionarse, como hizo Jesús.

PrÁctica No. 4: Aproveche la oportunidad

“Redimiendo el tiempo” (Colosenses 4:5).

Las oportunidades tienen un determinado tiempo. Es cierto el dicho de que la oportunidad sólo llama una vez a la puerta. Una oportunidad pudiera no llegar una segunda vez. Cada oportunidad es exclusiva porque las personas y las circunstancias son distintas.

El memorizar ciertos pasajes bíblicos o terminar un curso acerca de testimonio no prepara a los cristianos para responder a los demás. Esas cosas pueden ayudar, pero el conocer la verdad que nos capacita para responder a las personas en varias situaciones exige un continuo estilo de vida de aprendizaje. Eso quiere decir que debemos crecer en un conocimiento personal de Jesucristo. Nunca nos graduamos. Todos estamos en un viaje espiritual. Lo que estamos aprendiendo de modo individual podemos compartirlo con una originalidad que está convenciendo a los que no creen.

Muchos se sienten insuficientes para dar testimonio porque no pueden retener la información ni recordar los pasajes bíblicos que consideran que tienen que conocer. Aun cuando pudieran, no tienen confianza en su capacidad para llamarlos cuando sea necesario. Pero todo creyente, aun sin adiestramiento en el evangelismo personal, puede dar su testimonio personal y orar.

Todo el mundo tiene un testimonio personal. Hablar con sinceridad y convicción de nuestra experiencia personal y de nuestra relación con Jesucristo puede ser un argumento convincente con algunas personas.

Una de las formas más oportunas de predicar a los inconversos es la oración. Cuando los inconversos confiesan que tienen problemas, pídales que le permitan orar con ellos. Si creemos que Dios contesta a la oración, debemos practicar nuestra creencia al orar con las personas y por ellas y creer que Dios responderá. El oír a un creyente orar puede tener un efecto significativo en los inconversos. Cuando los creyentes oran por una necesidad, las personas sienten que son sinceros y que tienen una relación personal con Dios. Cuando Dios contesta a la oración, eso abre los corazones al evangelio.

El liderazgo pastoral también puede dar oportunidades para que los miembros de la iglesia se relacionen con los inconversos mediante actividades evangelísticas.

PrÁctica No. 5: Hable con gracia

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” (Colosenses 4:6).

En 1 Pedro 3:15, el Apóstol hace un comentario parecido al de Pablo. Pedro dice a los creyentes que estén siempre preparados para presentar una respuesta de su esperanza, pero con “mansedumbre y reverencia”. No sólo es importante lo que decimos, sino también cómo lo decimos.

Gran parte de nuestra comunicación no es verbal. Si hay una contradicción entre lo que alguien dice y la manera en que lo dice, en cada caso creeremos el mensaje no verbal. Una persona pudiera considerarla una excusa — dada con las mismas palabras pero hablada de otras maneras — sincera o sarcástica. La inflexión de la voz y las expresiones faciales pueden enviar mensajes confusos que contradicen las palabras que decimos.

Muchos de los que estamos tratando de ganar en los Estados Unidos tienen una historia negativa con la iglesia y están a la defensiva o son aun hostiles al testimonio cristiano. Otros con cicatrices emocionales han llegado a ser insensibles a los asuntos espirituales. Un cristiano con gracia y credibilidad puede ayudar a contrarrestar las señales muy diversas que las personas han recibido de aquellos cuya vida no ha sido consecuente con su mensaje.

Como la sal sazona el alimento, un espíritu de gracia, mansedumbre, y reverencia tiene que sazonar nuestra conversación con los inconversos. No debemos comprometer la verdad, pero podemos transmitir la verdad con amabilidad.

Los creyentes necesitan constante discipulado en la formación espiritual de modo que el fruto del Espíritu se haga cada vez más evidente en su vida. Lo más importante en el evangelismo personal hoy es la credibilidad del mensajero.

PrÁctica No. 6: Responda de modo individual

“Para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6).

La significación es un asunto individual. En nuestros esfuerzos por entender y actuar sabiamente para con los de fuera, nunca debemos olvidar que cada uno de los de fuera es excepcional. Es útil aprender la actitud mental, los valores, las preocupaciones, los intereses, y los deseos de las personas en varias culturas. Sin embargo, las generalizaciones pueden ser engañosas porque cada persona es excepcional. Algunos términos como postcristianos o postmodernos son perfiles y estereotipos, no realidades personales.
Las personas no son estadísticas o sólo almas que ganamos para el Reino. Las personas son individuos con personalidades distintas, creaciones exclusivas para quienes Dios tiene un plan y un propósito personal.

Edificaremos el reino de Dios una persona a la vez.

Jesús es el mejor ejemplo en la enseñanza de Pablo respecto a responder a las personas. La enseñanza de Jesús era clara para sus oyentes. Él empleó vocabulario e ilustraciones verbales que venían de la vida diaria de sus oyentes. Él se identificó y se relacionó con sus oyentes, empleó el lenguaje que ellos podían entender y los conceptos con los que podían relacionarse.
Debemos recordar que el más citado versículo de la Biblia, Juan 3:16, no fue parte de uno de los sermones de Jesús. Jesús dijo esas palabras en una conversación por la noche con Nicodemo, cuando Él respondió a las preguntas de este fariseo.

Aunque enseñó a las multitudes, Jesús se concentró en las personas y respondió a ellas. Los perdidos necesitan lo que recibieron quienes entraron en contacto con Jesús, una respuesta personal.

Dios llama a cada creyente a ser testigo, y cada creyente puede serlo con la ayuda de Dios. Los miembros de la iglesia pueden estar confiados en que Dios los usará en el testimonio eficaz cuando ellos colaboran en la obra que el Espíritu está haciendo en la vida de un inconverso. Esos cinco versículos en Colosenses presentan una enseñanza bíblica, práctica, y exhaustiva respecto al evangelismo personal. Los principios de dependencia (vv. 2–4) y de disciplina (vv. 5,6) se relacionan con toda la vida cristiana. Hay que mantener constantemente las prácticas en todos los aspectos de la vida de la iglesia.

La verdad de la Palabra de Dios respecto al carácter del evangelismo puede librar a las personas de cualquier cosa que les impida o que las ayude a encontrar el propósito que Dios quiere cumplir por medio de ellas. Si el liderazgo pastoral ayuda a las personas a entender las convincentes verdades que Pablo enseña, los creyentes pueden cultivar una manera de vivir de eficaz evangelismo personal.

RANDY HURST, director de comunicaciones, Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.


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