Auto-liderazgo: dirigiendo desde el interior hacia fuera
Por Eric D. Rust

Pronuncie la palabra liderazgo en una reunión de líderes espiritualmente dotados y lo más probable es que la conversación se vuelva de inmediato a la tarea que tienen los líderes para dirigir a otros. Los líderes de la iglesia pasan la mayor parte de la semana dirigiendo. Sin embargo, en nuestro esfuerzo por llegar a ser mejores líderes, con frecuencia pasamos por alto el mayor desafío de liderazgo que jamás podremos tener – nosotros mismos.1 Tenemos tendencia a descuidar el manejo de nosotros mismos, porque el auto-liderazgo es mucho más difícil que liderar a otros.2
Difícilmente pasa una semana sin que oigamos que otro líder ha sido descalificado del liderazgo. Culpamos de este fracaso al compromiso sexual, a la situación financiera inadecuada, al deseo de poder, o a un pobre liderazgo. Sin embargo, esos fracasos son sólo los síntomas públicos de un fracaso personal más profundo. Si miramos más allá del problema, por lo general descubrimos que el líder descuidó su vida personal.
En su libro Leading From the Inside Out (Dirigiendo desde el interior hacia fuera), Samuel Rima declara: “La manera en que un líder conduce su vida personal, tiene, en efecto, un profundo impacto sobre su habilidad para ejercer un liderazgo público eficiente. Hay una correlación directa entre el auto-liderazgo y el liderazgo público”.3
Pablo, el escritor del Nuevo Testamento, entendía bien este concepto: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).4 Pablo entendía que para ser todo lo que Dios lo había llamado a ser necesitaba mantener su vida consecuentemente en orden.
La importancia del auto-liderazgo
Los líderes deben cuidar de su vida, nutrirla, y manejarla adecuadamente. En los círculos de liderazgo se conoce esto como auto-liderazgo. Los líderes eficientes deben invertir más energía en el desarrollo de sus propias actividades de liderazgo que en el desarrollo de cualquier otra área.
Dee Hock, experto en liderazgo, sugiere que el auto-liderazgo debiera ocupar 50 por ciento del tiempo de un líder.5 ¿Qué sucedería si los líderes de iglesias tomaran en serio la recomendación de Hock e invirtieran la mitad de su semana en auto-liderarse? Para llegar a ser los líderes saludables que Dios quiere que seamos, debemos desarrollar dominio propio de nuestra vida.
FormaciÓn del carÁcter
El entendimiento de la personalidad y de los dones, la clarificación de valores, la localización de fortalezas y vulnerabilidades, la mejora de las habilidades de comunicación y el eficiente manejo del tiempo son todos aspectos importantes en los cuales los líderes deben concentrar su energía. Aun cuando hay docenas de facetas para el auto-liderazgo, ninguna es de tanta importancia como el carácter del líder. Sin carácter, los líderes no tienen nada. Nuestro carácter es lo que nos define. Sólo después que determinamos lo que somos podemos saber cómo crecer. Para el líder cristiano, el carácter es lo fundamental para su desempeño.
La falta de un firme carácter moral llevará al líder al fracaso. Los desatinos financieros pueden repararse. La mala comunicación puede tener arreglo. Las decisiones de liderazgo que no tienen el efecto prometido por el líder pueden rectificarse, pero las fallas de carácter pueden destruir a un líder. Recuperarse de compromisos morales y éticos es casi imposible. Una vez que se ha perdido la confianza en un líder, rara vez puede ser restaurada. La gente seguirá únicamente a líderes que expresen el más alto nivel de integridad.6
Andy Stanley lo expresa claramente: “Estamos tan sólo a la distancia de una decisión, una palabra, una reacción, de dañar lo que ha tomado años desarrollar”.7 Veinte o treinta años de servicio fiel a Dios pueden destruirse con una decisión comprometedora.
Cuando la falla de carácter de un líder es expuesta, el problema por lo general brota de su falta de integridad. La integridad es ser interiormente lo que uno declara exteriormente que es.
Erwin McManus usa una analogía respecto de una sandía para describir la integridad.8 Probablemente usted ha comprado una sandía. Estando allí en el puesto de ventas con su sandía en la mano, lo único que puede ver es su cáscara. Usted golpea la cáscara, y si suena hueco la compra. Cuando hace esta prueba, gasta su dinero ganado con sacrificio en una sandía de la cual sólo puede ver la cáscara. Cuando llega a casa y corta la cáscara, ¿qué espera encontrar en el interior? Sandía. Usted confió que lo que compraba era algo genuino. ¿Qué pasaría si al cortar la cáscara encontrara en el interior una banana? Eso nunca sucedería porque este producto tiene integridad. Una sandía es siempre en el interior lo que dice ser en el exterior.
¿Qué nos puede decir respecto de usted mismo? Si alguien quitara la cubierta exterior que usted tiene, ¿qué se encontraría? ¿Hallaría en el interior lo que usted declara ser en el exterior? Aquí encontramos la ventaja que tiene una sandía sobre la gente – por su naturaleza, una sandía tiene integridad. La integridad no viene en forma natural a las personas, ni siquiera a los líderes. Es algo que debe desarrollarse.
Los líderes que practican el auto-liderazgo están vivamente conscientes de las inconsecuencias de su vida. En vez de desdeñar estas inconsecuencias mientras son todavía pequeñas, ellos deciden poner en línea lo que son con lo que creen. Entienden que la vida no puede ser dividida en pequeños cubículos. Hemos sido creados como seres integrales. Lo que somos en privado no puede aislarse de lo que somos en público.
Como líderes, debemos decidir lo que deseamos ser y en seguida poner en línea nuestra vida para llegar a ser precisamente eso.9 Esto no es fácil, porque la persona que usted no desea ser es la persona que más naturalmente sería si se le deja seguir el rumbo que le resulta más natural. Jesús dijo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Los líderes de sí mismos deben morir a las tendencias naturales que hay dentro de ellos, para llegar a ser lo que Dios los ha llamado a ser.10 Dios está llamándonos para que seamos líderes de dentro hacia fuera, líderes que se definen más por lo que somos en el interior que por lo que parecemos ser exteriormente.
A causa de los títulos y de los elogios que reciben comúnmente los líderes eclesiásticos, puede ser fácil que el orgullo se introduzca en su vida. Cuando los líderes eclesiásticos caen víctimas de pecado sexual o de juegos de poder, por lo general la raíz de todo es el orgullo. Romanos 12:3 nos recuerda: “Cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura”. Primera de Pedro 5:5 nos advierte: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.
Los líderes eclesiásticos permanecen aterrizados y conscientes de lo que son cuando practican la disciplina espiritual de servidumbre. Cuando los líderes están sobre sus rodillas en servicio, o tienen la toalla de servidumbre colgada de su brazo, tienen presente que Jesús halló su grandeza en la servidumbre. Jesús nunca se enorgulleció de su deidad; Él hallo su lugar en la servidumbre. En su pequeñez llegó a ser grande. Pequeñez y servidumbre pueden no ser naturalmente palabras agradables para líderes, pero son palabras que a nuestro Líder le hicieron sentir cómodo.
El reconocimiento de nuestras vulnerabilidades es otra excelente manera de mantener el orgullo refrenado. Muchos líderes no están seguros de sus fortalezas y vulnerabilidades. Reconocer vulnerabilidad requiere seguridad personal y humildad.11 Los líderes que practican el liderazgo de sí mismos fácilmente reconocen sus flaquezas. En vez de enorgullecerse para encubrir sus fragilidades, las reconocen, e invitan a otros que tienen fortalezas complementarias para que los ayuden a manejar sus flaquezas.
La salvaguardia de nuestro carÁcter
Los líderes eclesiásticos deben ser dueños de sí mismos, porque la vara ha sido puesta muy en alto. Para los líderes en negocios, el signo de dólar es el que cuelga en la balanza. Tan triste como es ver a un líder de negocios o de la política caer víctima de su negligencia, el precio es todavía más alto cuando es un líder eclesiástico el que falla.
Pat Williams, seguidor de Cristo y vicepresidente de Orlando Magic, ofrece seis ideas para salvaguardar el carácter.12 Estas seis pautas sirven como una útil red para el líder eclesiástico que desea dirigirse a sí mismo con excelencia.
- Tome tiempo para una consecuente reflexión y restauración del cuerpo y del alma. Muchos líderes eclesiásticos mantienen un ritmo tan rápido en su ministerio que dedican poco tiempo para sí mismos. Jesús estableció un modelo de restauración del alma al abandonar rutinariamente las multitudes para pasar tiempo con el Padre. Los líderes de sí mismos dejan tiempo sobre una base regular para orar, escribir sus memorias, y leer. Un corazón bien ordenado es el mejor regalo que un líder puede dar a sus seguidores.
Además, los líderes necesitan cuidar de su cuerpo. La salud física es un punto ciego para muchos pastores. La Biblia nos desafía a honrar a Dios con nuestro cuerpo (1 Corintios 6:20). La buena salud provee la energía y la fortaleza para proseguir activamente en el llamado de Dios. Comer bien y ejercitarse con regularidad debiera ser una parte del estilo de vida de cada líder. - Cuando se enfrente con una decisión ética o con una tentación, considere el ejemplo que usted establece para otros. Piense en todos aquellos que están observándolo: hijos, amigos, mentores, y miembros de iglesia. ¿Cómo impactará a ellos la decisión que usted tome? Con el liderazgo de la iglesia viene el sagrado don de la autoridad moral.13 Nuestra autoridad moral puede perderse en un instante. Cuando la tentación golpea nuestra puerta, debemos preguntarnos si diciendo sí a la tentación es el precio que debe pagarse por herir a todos aquellos cuya mirada está puesta en nosotros.
- Responsabilícese ante un pequeño grupo de amigos de confianza. Los que corren la carrera solos arriesgan mucho más que los líderes que están en relaciones que proveen la obligación de rendir cuentas. El liderazgo de sí mismo es una tarea demasiado grande para llevarla a cabo solo. Los líderes necesitan invitar a un pequeño grupo de personas conocidas y de confianza para consultar con ellos regularmente y hacer las preguntas más difíciles. Todos nosotros podemos mentirnos a nosotros mismos con tanta frecuencia que finalmente comenzamos a creer nuestras mentiras. A los amigos no se les engaña tan fácilmente.
- Ponga su enfoque en la integridad, no en la imagen. Los líderes que cultivan su vida interior se elevarán consecuentemente por encima de las situaciones en la vida que intentarían derribarlos. El Dr. Robert Ferry, autor de Reflective Leadership (Liderazgo reflexivo), observa que “el profundo desafío en nosotros es la autenticidad, ser genuinos y reales en nosotros, en nuestras relaciones, en el mundo”.14
- Adquiera profundidad en su fe. Como seguidores de Cristo, creemos que el Espíritu de Dios puede producir un cambio en el corazón humano. El desarrollo del carácter es una tarea demasiado difícil para que la cumplamos sin la ayuda del Espíritu de Dios. Nutrir nuestra relación con Cristo y permanecer en sintonía con su Espíritu nos mantiene dependientes de la actividad de Dios en nuestra vida. Cuanto mayor profundidad obtengamos en el amor de Dios, cuanto más profundo llegará a ser nuestro amor por los demás, y mayor será la protección del mal que experimentemos.
- Trate con firmeza y sin consideraciones las fallas de carácter y los pecados ocultos. Todos los líderes tienen un lado oscuro. Algunos son complacientes con la gente. Otros desean hacerse un nombre, tener buena fama. Algunos líderes tienen asuntos de ira o tendencias co-dependientes. Estas situaciones afectarán la habilidad de un líder para dirigir. Bill Hybels pregunta a los líderes: “¿Quién es responsable de resolver tus situaciones interiores, de modo que tu iglesia no sea afectada negativamente por tu basura? Ese eres tú”.15 Los líderes espirituales deben deshacerse de estas cosas. Nuestras iglesias dependen de ello.
ConclusiÓn
En la página final de su libro, The Next Generation Leader (El líder de la próxima generación), Andy Stanley formula una gran pregunta: “¿Qué pequeña cosa en mi vida tiene ahora mismo el potencial de convertirse en algo grande?”16 La pobreza de carácter no aparece de la nada. Comienza como algo pequeño, tan pequeño que con frecuencia casi ni se nota. Finalmente, la cosa pequeña que una vez casi ni se notaba se convierte en algo grande que domina la vida de un líder. Del mismo modo que el cáncer en el cuerpo humano, el mejor tiempo para remover la pobreza de carácter es cuando sólo parece una “pequeña cosa”.
En la sabiduría infinita de Dios, Él ha resuelto poner el futuro de la iglesia en las manos de los líderes. Él lo ha hecho con expectativas claras. Quiere que seamos líderes excepcionales, que afilemos nuestras habilidades de liderazgo; que nos comuniquemos eficientemente, y que manejemos bien nuestros equipos. Pero por sobre todo eso, lo que Dios quiere de sus líderes es que sean maestros en el arte de liderarse a sí mismos.
notAs
1. Bill Hybels, Courageous Leadership (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 182.
2. Dee Hock, “The Art of Chaordic Leadership,” Leader to Leader 15 (Winter 2000): 20–26. Accessed from http://www.pfdf.org/leaderbooks/L2L/winter2000/hock.html on 13 April 2005.
3. Samuel D. Rima, Leading From the Inside Out: The Art of Self-Leadership (Grand Rapids: Baker Books, 2000), 27.
4. El texto bíblico ha sido tomado de la version Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
5. Hock.
6. Hybels, 189.
7. Andy Stanley, The Next Generation Leader: Five Essentials for Those Who Will Shape the Future (Sisters, Ore.: Multnomah Publishers, 2003), 119.
8. Erwin R. McManus, Uprising: A Revolution of the Soul (Nashville, Tenn.: Thomas Nelson Publishers, 2003), 70.
9. Ibid., 81.
10. Pat Williams and Jim Denny, The Paradox of Power: A Transforming View of Leadership (New York: Warner Books, 2002), 98.
11. Stanley, 22.
12. Williams y Denny, 125.
13. Stanley, 117.
14. Williams y Denny, 127.
15. Hybels, 192.
16. Stanley, 132.