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La iglesia y el desarrollo organizativo

Segunda parte

Por John Michael De Marco

Durante mi trabajo en la iglesia y en la esfera de los negocios, he experimentado y observado el poder de los pequeños grupos de gente ansiosa de aprender cuando dan libre curso al liderazgo.

Jesús mostró que el aislamiento no produce ni mantiene el liderazgo. Una de sus primeras acciones de ministerio consistió en identificar a 12 futuros líderes. Él vertió sus enseñanzas en estos discípulos y mostró su poder entre ellos. Finalmente les dio oportunidades para que practicaran y para que reflexionaran en lo que estaban aprendiendo.

En Hechos 6, estos mismos discípulos, junto con la iglesia de Jerusalén, organizaron eficientemente una incubadora de líderes, conocida como diáconos, para que sirvieran en varias necesidades prácticas de la creciente comunidad de seguidores de Cristo. Esto era una poderosa demostración de la tensión vital entre el aprendizaje y la aplicación, y entre ser y hacer.

“Hemos encontrado que el problema más grande en preparar y enseñar a la gente es hacer que usen lo que han aprendido”, observa Ken Blanchard, autor de The One-Minute Manager (El administrador de un minuto) y fundador de la organización Lead Like Jesus (Dirija como Jesús). “Hemos estado luchando con la manera de cerrar la brecha entre aprender y hacer. Una manera es preparar equipos, antes que un líder vaya a alguna parte. Prepararlos juntos, mientras están trabajando juntos, los ejemplos que ellos pueden usar para aplicar lo que están aprendiendo pueden ser cosas en las que están precisamente trabajando. La aplicación comienza allí mismo”.

Comunidades de prÁctica

La parte 1 de esta serie (vea Enrichment de invierno de 2008, página 136) afirma que los sistemas vivos, conocidos como iglesias o negocios, enfrentan el constante desafío de identificar líderes potenciales en su medio y fijar el blanco en tales personas, sean miembros de personal o voluntarios, y en saber cómo desarrollar los talentos y habilidades de tales personas. Una buena porción de estos candidatos necesitan ser líderes ya fogueados, pues los verdaderos siervos y profesionales nunca dejan de crecer.

Algunas iglesias u organizaciones han avanzado hasta tener una senda formal de desarrollo de liderazgo, en la que la iglesia toma a un grupo identificado de líderes a través de tareas intencionales de aprendizaje y de aplicación durante un período designado. Otros desarrollan líderes en el curso mismo de las actividades diarias de la organización, observando la conducta de ellos en los momentos de problemas y de crisis.

En los años recientes la iglesia ha llegado a designar a esta reunión regular de líderes existentes o emergentes como el pequeño grupo. La estructura de estos pequeños grupos está presente en la Escuela Dominical, en los grupos de estudio bíblico en hogares, y en los diversos comités de la iglesia. Su aplicación ha sido variada, desde grupos de fraternidad hasta los de discusión de temas diversos, de profundo estudio bíblico, evangelismo, obra misionera, o una combinación de éstos.

La filosofía del pequeño grupo abarca desde ser simplemente otro programa de la iglesia, hasta representar el ADN de la congregación. ¿Es la suya una iglesia con pequeños grupos, o una iglesia de pequeños grupos? Las innovaciones de los ministerios de pequeños grupos están en los fundamentos del modelo de Jesús y de otras utilizaciones históricas, como lo fue el uso de Juan Wesley de las sociedades para discipular a los nuevos creyentes y para hacerlos responsables  de crecimiento espiritual.

En la arena de los negocios, he observado el uso de la más reciente expresión comunidad de práctica de liderazgo, para describir a un grupo de líderes jóvenes o de mayor edad dirigidos por un jefe ejecutivo. Por ejemplo, en mi función corriente como practicante de desarrollo de organización de una entidad o agencia de cuidado de la salud, me reúno con grupos de práctica de 10 a 12 directores de corporación para discutir asuntos clave y desafíos que enfrenta la compañía. Con frecuencia usamos ciertos libros o artículos como plataformas de lanzamiento para la discusión. Pedimos a estos directores que colaboren en pasos de acción para dar curso a estas oportunidades. Esperamos que ellos informen en la siguiente sesión cómo han seguido el proceso y aplicado los pasos de acción y aprendido los puntos de la discusión previa.

“Los humanos luchan por aplicar lo que saben que es bueno”, afirma Paul Litten, un graduado de Southeastern University con base en Atlanta, un ex líder de InterVarsity, y ahora un socio fundador de una compañía consultora de liderazgo llamada Healthcare Performance Solutions. “Hay una brecha entre lo que la gente sabe que es conducta óptima de liderazgo, las decisiones que se hacen, el cuidado y apoyo de los empleados y los informes directos, la planeación estratégica, y su práctica diaria. Una de mis citas favoritas que he estado usando en nuestro trabajo es la declaración de C.S. Lewis, que ‘la necesidad de los seres humanos no es tanto que se los instruya, cuanto que se les recuerde’.

“La preparación y el desarrollo del liderazgo”, continúa Litten, “consiste en tratar de ayudar a una persona a entender un concepto nuevo, una práctica, o una perspectiva, y a ponerla en ejecución sobre una base regular.

“Las iglesias pueden gastar recursos, tiempo, y dinero para crear líderes más eficientes, pero no ven mejora en su liderazgo espiritual, en las métricas clave, en la eficiencia del equipo, y en el empeño de los empleados”, declara él. “No comencemos nuestra estrategia de preparación alrededor de la pregunta, ‘¿cómo creamos una gran preparación?’ Debemos comenzar con otra pregunta: ‘¿cómo podemos cambiar fundamentalmente la conducta?’”

Por ejemplo, el grupo de consulta de Litten se reúne con los principales ejecutivos de una organización y les pide que identifiquen las competencias clave de liderazgo necesarias para el buen éxito. Luego él prepara un currículo de capacitación basado en esas necesidades esenciales y reúne equipos heterogéneos de aprendizaje de seis o siete personas.

“El equipo de aprendizaje permanece vigente por todo un año de capacitación, dirigido por un líder mayor que ha tenido algún desarrollo y preparación en el tema”, aclara Litten. “Ellos ayudan a los participantes a explotar el aprendizaje y a aplicarlo. El enfoque es cómo podrían ellos aplicar este aprendizaje tan rápidamente y eficientemente como sea posible hacia buenos resultados en tiempo real. Recuerde, nuestra meta es el desempeño, y nuestra estrategia es el desarrollo de competencias esenciales”.

En el método de Litten, a cada miembro del grupo se le asigna un socio de responsabilidad con el cual se comprometen a conectarse por un mínimo de 20 minutos cada dos semanas.

Hay dos cosas que deben tratar cuando se reúnen. Primero, compartir la manera en que están aplicando lo que han aprendido en situaciones de tiempo real. Dos, mencionar cualquier obstáculo o luchas que estén teniendo para aplicar el aprendizaje, y aconsejarse mutuamente sobre cómo hacer un mejor trabajo con eso”, dice Litten. “Una vez al mes, durante 50 minutos, los equipos de aprendizaje se reúnen y hacen dos cosas: comparten la manera en que están aplicando su aprendizaje, y comparten cualquier obstáculo o desafíos que estén afrontando. La meta es usar una comunidad de práctica para reforzar continuamente la aplicación. Ha tenido enorme impacto en una organización”.

Según Litten, las iglesias no necesitan limitar tales comunidades de práctica al liderazgo de los mayores. Una congregación podría construir un programa de currículo alrededor de los atributos que se necesitan para que la gente sea espiritualmente saludable y haga un impacto eficaz en otros. “Es alrededor de la claridad en la misión de la iglesia y lo que debe ser conducido a su gente para ayudar a cumplir esa misión”, dice Litten.

Ejemplos de las iglesias

Rod Loy es pastor de la iglesia Asamblea de Dios de North Little Rock que ha cumplido 95 años y que tiene una asistencia promedio de 2300 adoradores cada semana y ofrece muy diversos ministerios no convencionales. Durante los últimos 6 años la congregación ha sobrellevado lo que el pastor llama “una metamorfosis única”. Los pequeños grupos son un vehículo clave para el desarrollo del liderazgo y la edificación de equipos dentro de la iglesia.

“En estudios ministeriales tenemos clase de pastores. Comenzando desde cuando los jóvenes entran al sexto grado, dos voluntarios dejan que los jóvenes pastores se muevan con ellos durante todo el trayecto hasta su primer año en el colegio. Esas personas llegan a ser sus pastores”, dice Loy. “El asesoramiento, desarrollo, y capacitación de la clase de pastores se patentiza en el pequeño grupo. Ellos son esencialmente un personal de ministerio juvenil, con todas las responsabilidades de un pastor de juventud enteramente consagrado”.

Loy continúa: “En el otro extremo del espectro tengo el ‘Grupo de almuerzo de Rod’, que está compuesto de seis o siete personas de diversas ocupaciones.  Nos reunimos y nos ocupamos en la solución de problemas de la iglesia. Les envío un correo electrónico, y les digo: ‘Ayúdenme a ver esta situación’.

“Es el grupo más extraño. Tenemos un vicepresidente de una compañía Fortune 500, un administrador general de un parque acuático, un representante de un servicio al cliente, y un administrador regional de una compañía de copias. Nos reunimos para relaciones y camaradería”.

La iglesia de North Little Rock, que difícilmente podría decirse que está dirigida por un comité, reúne equipos para proyectos o actividades des breve duración, y Loy autoriza al líder a que sugiera los componentes de su equipo.

“Formamos y reformamos continuamente los grupos”, dice Loy. “Por ejemplo, Catálisis es un grupo de jóvenes adultos que están creciendo con nuestro pastor de jóvenes adultos mediante un estudio conjunto. Ahora mismo están estudiando cómo aplicar a la iglesia y al ministerio de jóvenes adultos los principios de ‘Starbucks®’, una importante firma nacional”.

John Lindell, pastor principal de la Asamblea de Dios de James River en Ozark, Missouri, ha organizado las seis parejas que comprenden su equipo de liderazgo ejecutivo en un pequeño grupo de enganche. Lindell y su esposa, Debbie, son los anfitriones del grupo cada mes para una cena y un tiempo de planificación y desarrollo.

“Los estimula y los inspira, y les provee un levantamiento”, dice Lindell. “Mi esperanza es que lo que ellos están recibiendo de mí lo estén llevando a la gente que les toca dirigir”.

El método de Lindell de desarrollar a sus líderes por medio de esta comunidad está más de acuerdo con relaciones que con un currículo formal. “Me preocupa menos el estudio de un libro que el compartir mi corazón con ellos, mientras que tenemos especialmente a los cónyuges. Ellos están escuchando de nosotros, nosotros estamos escuchando de ellos; ese intercambio de información y de lo que es nuestro sentir tiene un efecto unificador. El desarrollo espiritual se produce durante el camino, pero mi mayor preocupación es mantener la unidad, de modo que tengamos un corazón, una pasión”.

Durante los 16 años de ministerio de Lindell en la iglesia, James River ha crecido desde unas 90 personas en la adoración semanal, hasta aproximadamente 12000. El personal consiste de100 empleados a tiempo completo, incluidos a 15 pastores. Un personal regular de capilla tiene su enfoque en el desarrollo de actitud y de apariencia, dando énfasis al rumbo que lleva la iglesia y cómo se ha propuesto llegar.

“En medio de nuestro crecimiento hemos llegado a estar algo fragmentados”, admite Lindell. “Los departamentos estaban haciendo cada uno lo suyo; la iglesia había llegado a ser más como un edificio de departamentos que como una casa. Hay verdadera fortaleza y sinergia cuando la gente se reúne”.

Randy Valimont, pastor principal de la Primera Asamblea de Dios de Griffin, en Griffin, Georgia, dedica cada lunes por la mañana a dictar lecciones de liderazgo de 30 a 45 minutos con su personal. También ellos dedican una cantidad de tiempo similar en oración unida, varias otras mañanas durante la semana.

“Cada uno de nuestros pastores recibe una paga sobre la base de dos cosas”, dice Valimont. “La número 1 es su desempeño en el trabajo; pero la número 2 es la prueba de que su ministerio ha traído al menos 10 familias a la iglesia. Luego ellos necesitan afirmarlos y comenzar a desarrollarlos como líderes.

“Dos veces al mes estos pastores de personal invitan a su hogar para cenar a unos pocos de estos buscadores espirituales”, dice Valimont. “Uno de nuestros pastores de personal enseña acerca de recuperación de divorcio. Aun cuando esto está abierto a la comunidad, él desarrolla relaciones, comienza a servir de mentor de la gente, y va con ellos en medio de sus dificultades. Él llega a ser un preparador de vida para ellos. Finalmente, ellos quedan conectados con la iglesia”.

Valimont se reúne con cinco jóvenes líderes en negocios cada jueves por la mañana, sirviéndoles como mentor espiritual, y hablándoles de los principios de liderazgo que ellos pueden poner en práctica en sus correspondientes actividades. “Hablamos de cómo conducirnos de una manera piadosa en un mundo impío”, dice él.

La asistencia promedio semanal en Griffin es de aproximadamente 4000 personas, con alrededor de 1500 participantes en un programa de escuela dominical conducido como pequeños grupos. El programa juvenil, con una clase de alrededor de 100 alumnos dirigidos por 10 adultos, tiene su enfoque en el desarrollo de liderazgo.

“Hemos notado que si una persona puede venir a nuestra iglesia y encontrar dos amigos durante los primeros dos meses, le conservaremos”, observa Valimont. “Hacer que la persona se conecte a un pequeño grupo amplía esa posibilidad. En nuestro caso, tenemos un líder de grupo y un ayudante del líder. El líder eleva a la categoría de ayudante al que ve que comienza a aplicarse.  Cuando el grupo crece hasta 20 ó 25, se dividen en dos. El ayudante toma a alguien con él para que sea su ayudante y comienza a prepararlo”.

Identificando a los lÍderes

Jesús tenía una habilidad única y poderosa para discernir a quién estaba preparando Dios para los papeles clave de liderazgo. ¿Pero cómo puede una iglesia identificar a sus líderes emergentes en medio de tantas distracciones y motivaciones en competencia?

“He hallado que la gente que se ofrece como voluntaria para el liderazgo no siempre es el mejor material para semejante tarea”, observa Litten. “El personal pastoral de iglesia y los miembros de la directiva necesitan claridad respecto de las competencias espirituales del liderazgo que ellos creen que la iglesia necesita. Esta claridad es el primer paso para saber qué mirar para encontrar talento potencial, o líderes emergentes.

“El segundo paso de la iglesia es construir una estrategia para desarrollar las conductas deseadas en tal gente de talento. El tercer paso es extender una invitación a los que tienen competencias y conducta de liderazgo, luego tener una estructura en la  cual sea fácil que la gente se conecte”, aconseja Litten.

“Muchas iglesias carecen de administración espiritual media”, declara él. “Hay un pequeño grupo de líderes principales, luego un grupo de gente que se asoman por la iglesia, que hacen sus propias cosas en su propio mundo. ¿Dónde están las personas que tienen dones sencillos, que pueden dirigir pequeños grupos y participar en otros aspectos del ministerio, y que pueden ayudar a la gente a ir desde bebés hasta adolescentes y hasta alcanzar la condición de adultos en su andar? ¿Cómo los empujamos hacia el laicado tanto como sea posible? En otras palabras, si alguien desea ser un líder, ¿hay en mi iglesia una senda hacia para el liderazgo?”

AsociaciÓn con la tecnologÍa

La nueva tecnología de la Internet provee oportunidad para que estas pequeñas comunidades dentro de la iglesia permanezcan conectadas más allá de sus reuniones regulares, o en conversaciones de uno con uno para seguimiento entre los miembros. Esto mejora la velocidad y la calidad del discipulado. Los blogs o tableros de mensajes diseñados exclusivamente para un grupo permiten el intercambio de ideas y que el aprendizaje continúe sin depender de los horarios de la gente. El correo electrónico es otro vehículo para permanecer en contacto siempre que sea conveniente.

Los mensajes de texto por teléfono celular permiten que el facilitador experimentado provea experiencias de aprendizaje de tiempo real por enviar una simple idea o acción sugerida a un miembro, dondequiera éste se encuentre. Esto puede ser también una herramienta rápida y eficaz para una reunión espontánea del grupo de práctica a fin de atender una necesidad u oportunidad urgente.

“Los blogs son grandiosos para nosotros, especialmente para un grupo, tal como la clase de pastores, que está dispersa en diversos sectores”, dice Loy. “Nosotros formamos blogs privados, protegidos por una contraseña. Alguien pondrá un tema o hará una pregunta, y todos interactúan en esa línea para hallar una solución, sin necesidad de reunirnos o de enviar un mensaje. También usamos bastante los mensajes de texto. Hemos aprendido que dentro de dos o tres grupos de edad correspondiente, el mensaje de texto es nuestro más eficiente medio de diálogo. Tenemos una respuesta instantánea, en comparación con la correspondencia electrónica. Tales modos de conexión y de comunicación son divertidos y tienen grandes ventajas”, añade Loy.

“Ellos obtienen también con mucho mayor facilidad que un grupo se reúna. Alguien podría estar sentado en su escritorio en el trabajo; algún otro podría estar en un hotel en Chicago. Usted obtiene interacción en tiempo real sin que todos necesiten llegar a la iglesia en su vehículo”, observa él. “Sin embargo, no resolvemos los conflictos de esa manera”.

Cualquiera que sea el formato, la metodología, o la tecnología, la cuidadosa reunión de los líderes potenciales o existentes para aprender y practicar requiere valioso tiempo de las iglesias y organizaciones. Al haber comentado la urgencia de reconocer a una iglesia o a un negocio como un sistema, y la constante necesidad de deliberadamente desarrollar líderes que concuerden con ese sistema en el contexto de la comunidad, mi próximo artículo considerará los importantes papeles de desarrollo de los preparadores  y mentores.

John Michael De Marco is an ordained United Methodist pastor, leadership consultant and writer, based in Nashville, Tenn. To learn more, please visit www.johnmdemarco.com.

 

 

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