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Felizmente casados en el presente

Por H.B. London

Suena el teléfono. Una compasiva recepcionista responde: “Línea de Ayuda Enfoque a la Familia Pastoral. ¿Cómo podemos ayudarle?” Entonces transfiere al que llama a uno de los cinco pastores que atienden las cuatrocientas a seiscientas llamadas y mensajes electrónicos que recibimos cada mes de familiares de pastores alrededor del mundo.

Entre treinta y cinco y cuarenta por ciento de esas llamadas tiene que ver con asuntos relacionados con conflictos conyugales y familiares. Muchas de esas llamadas son tan serias que es difícil imaginarse que un líder cristiano cumpla su tarea mientras soporta tal angustia y pecado. No obstante, sucede día tras día. También los pastores afrontan muchos de los problemas familiares con los que tratan mientras dirigen sus congregaciones.

Hace algún tiempo estaba trabajando para la restauración de un pastor protestante con un papel destacado. Debido a que estaba tomando una gran cantidad de mi tiempo, la junta de Focus on the Family [Enfoque a la Familia] pidió un informe del progreso. Cuando comencé a hablar, repartí una hoja de papel que contenía las circunstancias de otras muchas familias con las que estaba tratando. Todas ellas tenían problemas, pero no con las mismas características. He aquí algunos ejemplos:

La lista continúa, pero usted ya tiene la idea. Los problemas del matrimonio feliz y amoroso y de las relaciones familiares no sólo afectan a las personas en los bancos, sino también a quienes están detrás del púlpito.

En una encuesta reciente hicimos referencia a más de cuatrocientos veinticinco de los contactos más recientes con nuestra Línea de Ayuda Pastoral. Descubrimos que sesenta y cinco por ciento de aquellas llamadas venían del pastor y treinta y cinco por ciento de la esposa del pastor. Cada llamada tenía su propio nivel de urgencia, pero todas reflejaban el método sutil que Satanás emplea para debilitar a aquellos a quienes Dios ha llamado para guiar su iglesia.

En nuestra Línea de Ayuda Pastoral prometemos cuatro cosas: (1) escucharemos; (2) oraremos por usted; (3) intentaremos darle ayuda adicional por medio de alguien de confianza en su zona; y (4) le daremos asesoría, si nos es posible. Hoy, mientras escribo este artículo, el teléfono está sonando por el número gratuito 877-233-4455.

¿Por qué sucede eso a quienes se les llama a sacar a las personas del abismo del fracaso de la familia? Encuentro muchas razones cuando trabajo con las parejas pastorales. Mi lista no es exhaustiva, pero cumple el propósito.

Las presiones del ministerio

La primera razón tiene que ver con la intensa presión que el ministerio puede tener sobre la familia y finalmente sobre el matrimonio del pastor. Cuando un pastor está dedicado al trabajo de la iglesia, puede fácilmente desatender a los miembros más importantes de su congregación: su cónyuge y sus hijos. La exhortación del apóstol Pablo abarca a todos los matrimonios: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. ... El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (Efesios 5:25,28). “Y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33). “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Efesios 6:4). Esos pasajes son para todo el mundo.

Los pastores que se niegan a tomar días de descanso, que posponen las vacaciones con su familia, que no están en casa para las comidas vespertinas, y que trabajan largas horas con poca o ninguna diversión en su vida, son seguros candidatos para el naufragio conyugal y familiar. Mi esposa, Beverley, acostumbraba decirme: “¿A quién crees que impresionas con no tomar un día de vacaciones? ¿No impresionarás a los miembros de tu iglesia?” Ella tenía razón. Ellos me dejarían trabajar ocho días a la semana, si eso fuere posible.

El programa del ministerio

La segunda razón implica la educación de uno. Muchas esposas de pastor — sobre todo las que se criaron en el hogar de un pastor — tienen una mayor tolerancia por los programas y exigencias del ministerio que quienes no se criaron en el hogar de pastores. Esa no es una excusa, sino la verdad. Muchos luchan con las irreales expectativas del ministerio. Sin que importe su educación o su formación, cada familia tiene que aceptar la realidad y establecer su propio curso.

“Cómo decir la verdad con amor” (Efesios 4:15) es un excelente lugar donde comenzar. Cada uno en la familia debe tener libertad para decir lo que tiene que decir: “Me siento sola”. “Estoy preocupada con tu programa”. “Los niños no te ven nunca”. “¿No podemos simplemente ir a dar un paseo?” “¿Por qué estás tan malhumorado?” “¿Te va bien?” “Quiero ayudarte, pero no me dejas”. “Hoy me sentí ufana de ti”. Cualquiera o todas esas frases pudieran aplicarse.

Sin considerar su formación — sea de un hogar que conversaba acerca de todo o de uno que funcionaba como barcos que pasan en la noche —, cada familia pastoral debe determinar cómo se comunicará y tratará con los inevitables obstáculos que afronta. Si las familias pastorales no lo hacen, la iglesia y su liderazgo continuarán amontonando expectativas en ellos.

Tim Clinton, presidente de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, escribe: “Todos los matrimonios pasan por épocas cuando el amor se enfría o le falta la cercanía que deseamos. Cuando nuestro matrimonio tiene problemas, sufrimos. Muchas veces ni siquiera podemos saber con precisión qué salió mal.”1

Él tiene razón, pero las palabras del apóstol Pablo ayudan a mantener las cosas en perspectiva. “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3:18,19).2

Debemos ser sensibles el uno al otro. Simplemente dice mucho el saber que a alguien le importa lo que sentimos y por qué sentimos de esa forma.

El ambiente del ministerio

La tercera razón tiene que ver con el ambiente del ministerio. Más matrimonios de pastores de los que pudiéramos pensar están en peligro debido a la ubicación física de los mismos.

Antes de venir a Focus on the Family [Enfoque a la Familia], Beverley y yo pastoreamos cuatro lugares durante nuestros treinta y un años de ministerio. Los dos primeros fueron difíciles y pusieron a prueba nuestro matrimonio. En primer lugar, éramos jóvenes y nuevos en el ministerio. Yo venía de cuatro generaciones de pastores, y ella era hija de un diácono. Pensaba que Beverly quería convertirse en la superesposa de pastor que había sido mi mamá. Esa no era su idea; quería ser esposa y madre. Sus mayores preocupaciones tenían poco que ver con la atención de la iglesia o la preparación de programas. Yo no podía entender por qué ella sentía de esa manera hasta que me di cuenta de cómo ella podía usar mejor sus dones. De inmediato fue más feliz, y así lo fue nuestra familia.

Un pastor debe dejar que su cónyuge busque su propio lugar. Las esposas encuentran su realización en hacer lo que hacen mejor. Créame que es así.

Nuestra segunda iglesia era mucho más grande, pero carecía de liderazgo. Yo pensaba que tenía que hacerlo todo, y estaba a punto de matarme. Bev era una mamá hogareña para nuestros dos hijos, pero estaba solitaria. Yo estaba tan absorto en hacer lo que sentía que era para lo que había sido llamado que pasé por alto su grito silencioso pidiendo ayuda. En la actualidad, al mirar atrás aquella situación, todavía tengo una sensación de miedo. Ella era joven, yo era ambicioso, y las consecuencias pudieron haber sido fatales a nuestra relación.

Llegó el momento en que decidimos que haríamos de nuestro ambiente un santuario. Nosotros, como familia, no competiríamos con la iglesia. Nuestro hogar, a pesar de ser modesto, era nuestro escape. Bev guardó este santuario y nuestra casa se convirtió realmente en nuestro hogar. Cada familia pastoral necesita un lugar solitario y privacidad, un lugar seguro.

Los funciones del matrimonio en el ministerio: BÚsqueda de su mejor aspecto

En nuestro libro, Pastors at Greater Risk [Los pastores en mayor riesgo], Neil Wiseman y yo citamos a Paul A. Mickey, quien escribe: “En una época anterior de matrimonios de pastores, hallamos funciones inequívocas y estilizadas, y expectativas de conducta. La descripción antigua es la de una familia en la que el ministro es el hombre, la cónyuge una fiel ama de casa cristiana que refleja las virtudes de la Virgen María, trabaja con la diligencia espiritual de los místicos, y está dispuesta a sacrificarse (en lugar de su esposo-pastor y ‘su’ iglesia).”3

Los matrimonios de pastores comienzan a deshacerse — o un tipo de malestar se declara — cuando no estamos dispuestos o no somos capaz de ayudar al otro a encontrar su mejor aspecto.

Hace poco, la esposa de un pastor nos envió un mensaje electrónico. ¿Puede oír su frustración?

“Mi esposo (pastor) pasa un tiempo malísimo balanceando la iglesia y la familia. Siento que todo lo que soy es la esposa de un pastor con una sonrisa pegada y el control constante de qué le dije a quién, o a quien llamé o no llamé, o por qué no conversé de tal o cual cosa el domingo por la mañana. Estoy tan enferma de esto. Simplemente quiero ir al Wal-Mart. Simplemente quiero ser yo.”

En Pastors at Greater Risk [Los pastores en mayor riesgo], Neil y yo preguntamos: “¿Qué distingue los matrimonios de pastores de otros matrimonios? ¿Qué puntos de tensión debemos considerar?” Hemos nombrado varios.

Los votos competitivos

Cuando nos casamos, hacemos votos a Dios y el uno al otro. Cuando nos ordenamos al ministerio, hacemos votos a Dios y a la iglesia, pero tal vez no el uno al otro. En realidad, si no tenemos cuidado, los votos competitivos no dejan mucho espacio para el uno y el otro. Parece casi inevitable que los dos entrarán en conflicto.

La sobrecarga del ministerio

Los pastores salen a salvar al mundo, ayudando a las personas en sus circunstancias difíciles, orando por sanidad y predicando sermones que cambian vidas. Entonces vienen al hogar a la realidad: sus casas son un desorden, sus hijos están necesitados, su cónyuge está agotada, sus cuentas están sin pagar, y sus calentadores de agua gotean. Es mucho para el hombre y la mujer de Dios. Ahora comienza el trabajo real.

La administración, no necesariamente el equilibrio, se convierte en la clave para la sobrecarga. Para ser sincero, no estoy seguro de que el equilibrio sea posible. La administración sí lo es.

Las tentaciones del ministerio

Las tentaciones acompañan a cualquier persona basada en una vocación, sobre todo en el ministerio. ¿Por qué? Porque encontramos personas en tantas situaciones en que pudiéramos comprometer nuestras normas. Aconsejamos y visitamos en casas y hospitales. Vemos personas que están necesitadas y solas, y las consolamos. En ocasiones, somos mejores que la vida para algunos. Cada una de esas es una situación amenazante. En otras ocasiones, nos encontramos creyendo en nuestro propio esfuerzo o usamos un juicio cuestionable que lo compromete todo. No vale la pena. ¡Huya de eso!

Estas tres cosas en sí mismas — junto con un juicio incorrecto — puede ser amenazante para las parejas pastorales: la pérdida de perspectiva, las ideas grandiosas, y la arrogancia. Cualquiera de estas puede significar problemas para cualquier ocupación, pero en especial para quienes están en el ministerio.

CÓmo potenciar al mÁximo el matrimonio en el ministerio

Varias cosas minimizarán los aspectos negativos de su matrimonio y mejorarán su capacidad de servir de un modo más eficiente.

Permita que el matrimonio sea una aventura. Tener un matrimonio satisfactorio tiene que ser la meta de toda pareja pastoral. Llegar a esta meta requiere trabajo, paciencia, y mucho de dar y recibir. No sólo tiene que seguir renovando el compromiso del uno con el otro, sino también que buscar establecer una relación con la comunidad de su iglesia que sea justa y alcanzable.

Mantenga siempre creciendo su matrimonio. Cuando usted emplea tanto tiempo como el que Beverley y yo hemos empleado juntos, comenzarán a pensar del mismo modo, aun completando el uno las frases del otro. No serán capaz de engañarse más el uno al otro.

Pero el matrimonio es mucho más que longevidad. Las parejas tienen que revestir su matrimonio en expresiones de gratitud, y trabajar juntos hacia la reconciliación cuando se rompen promesas y se dicen palabras duras. El matrimonio es una serie de experiencias que lo llevan de un acontecimiento al siguiente, y cada acontecimiento afecta la forma en que arriba al próximo. Usted hace progresos mientras se despoja del equipaje negativo.

Preste atención a las señales de advertencia. Los automóviles tienen una luz de control del motor que se enciende cuando surge un problema o una posible amenaza. Lo mismo sucede con su matrimonio. La luz de control de su matrimonio puede encenderse en cualquier momento en su relación. En ninguna parte de nuestro llamamiento encuentro: “Tenga un ministerio exitoso a toda costa”. No permita que las exigencias del ministerio socaven su relación. Deténgase. Usted tiene que ser protector y preventivo de usted y del uno al otro. Nada merece una relación monótona y frustrada. Recuerde que la luz de control de su matrimonio puede encenderse sin tener en cuenta quién pueda estar al timón.

Practique lo que predica. ¿Cuántas veces ha oído esa frase empleada para caracterizar su ministerio? Añádala a su vida hogareña. Neil Wiseman escribe: “Ponga en práctica la gracia, el perdón, y la misericordia en los detalles de su matrimonio”.

Su relación y la influencia que tiene sobre otros son poderosas cuando pone en práctica los principios bíblicos. En primer lugar, aplique el fruto del Espíritu a cada día que pasan juntos, aunque haya un desacuerdo. Considere lo que las acciones bíblicas siguientes — “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5:22,23) — traerían a su unión si son fielmente aplicadas. Cuando usted vive así, nuestro Señor lo capacitará para establecer un nivel de comunicación alto y transparente. Él lo celebrará “como ejemplo para los creyentes en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

Ponga el matrimonio en su calendario. Muchos de nosotros en el ministerio vivimos según nuestros calendarios. Si somos buenos mayordomos de nuestro tiempo, somos fieles a nuestro calendario. Lo primero de nuestra lista tiene que ser nuestra familia y su programa.

Esto incluye los juegos en los que participan sus hijos, el tomar días de descanso, y una salida nocturna con su cónyuge. Cada pareja pastoral tiene que planear el estar activamente juntos al menos una noche cada semana. Podemos tratar y resolver la mayoría de las luchas familiares si nos podemos sentar y calmadamente pasar a través de los diversos aspectos de nuestra situación.

Cuando usted dice a su cónyuge o a sus hijos: “Estoy alegremente tomando tiempo para estar contigo”, usted les está dando valor. Les está dando un lugar de honor. Se está haciendo querer por ellos, y sentando ejemplo para que ellos sigan en sus propias relaciones.

ConclusiÓn

Estoy convencido de que cada matrimonio puede ser mejor. El mío puede; el suyo puede. También sé que para que eso ocurra las parejas tienen que pagar un precio. Tenemos que poner el ministerio en su debida perspectiva. Oren el uno por el otro. Tenemos que revalorar constantemente nuestras relaciones. El andar de uno con el Dios que nos llamó tiene que ser constante. Una actitud desinteresada tiene que reemplazar a “a mi manera, o ya verás”, y debemos mostrar en nuestros matrimonios que el mensaje que predicamos acerca del compromiso, de la integridad, de la responsabilidad, y de la virtud no son palabras vacías, sino palabras respaldadas con coherencia. Nadie es siempre perfecto, pero siempre podemos tratar de ser sensibles el uno al otro.

Recibí una llamada de un pastor, que dijo: “Inesperadamente esta mañana, mi esposa llamó a mi oficina, y dijo: ‘Gracias por amarme a mí y a nuestra familia’. No estoy seguro de qué la llevó a hacer eso, pero definitivamente hizo que mi semana fuera positiva.”

Puede ser que él no lo sepa, pero yo sí, y me puedo imaginar que usted también.

H.B. London, Jr., vice president, Church and Clergy, Focus on the Family, Colorado Springs, Colorado

Endnotes

1. Tim Clinton, The Soul Care Bible (Nashville, Tenn.: Thomas Nelson, 1982).

2. Pasajes bíblicos tomados de la Santa Biblia Reina-Valera Revisada 1960.

3. H.B. London y Neil B. Wiseman, Pastors at Greater Risk [Los pastores en mayor riesgo] (Ventura, Calif.: Regal Books, 2003), 88.

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