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Cómo formar matrimonios pastorales que duren toda una vida

Por Gary J. Oliver

“Hasta que la muerte nos separe.” Es probable que usted hiciera esta promesa cuando se casó. También ha oficiado en bodas en las que la pareja hizo el mismo compromiso. Es una gran idea porque es la idea de Dios. Lamentablemente, la realidad trágica es ésta: muchos matrimonios pastorales no duran toda la vida. Sin embargo, los matrimonios que duran es debido a características tales como soportar y resignarse más que al amor y al cumplimiento de lo que Dios quiere que sus hijos disfruten.

Crecí en una iglesia evangélica fuerte, conservadora, que creía en la Biblia. En quince años, nuestro pastor principal había llevado a la congregación de varios centenares de miembros a más de dos mil. Él amaba al Señor. Él enseñaba la Palabra. Hablaba con toda claridad contra el pecado. Las personas de nuestra comunidad y de la denominación lo elogiaban.

En mi tercer año de secundaria, la iglesia le pidió que se fuera debido a una relación adúltera que había durado varios años. Un año después la iglesia le pidió a mi director de jóvenes que se fuera debido a sus relaciones románticas fuera del matrimonio. En ese tiempo, no entendí eso. Me confundía. ¿Cómo podía alguien que amaba al Señor, enseñaba la Palabra, y pastoreaba una iglesia, tener un matrimonio tan pésimo que necesitaba mentir, engañar, defraudar a su cónyuge, y traicionar los votos sagrados que había hecho ante Dios, la familia, y los amigos?

Mientras asistía al instituto bíblico y al seminario, continué oyendo acerca de matrimonios pastorales fracasados. En mis primeros años de ministerio me enteré de que algunas de las personas que habían ido conmigo al seminario se estaban divorciando. Entonces comencé a oír de líderes cristianos nacionalmente conocidos cuyos matrimonios se habían desmoronado, y se estaban divorciando.

¿Qué pasa? Si Cristo no puede hacer algo distinto en quienes le han entregado su vida y que han proclamado su mensaje, ¿por qué debe alguien creer las otras afirmaciones de Cristo, como la salvación del pecado y la condenación al castigo eterno? El ofrecer la salvación parece mucho más difícil que el ayudar a alguien a tener un excelente matrimonio.

En más de treinta años de ministerio, aun más de quince años de enseñar y adiestrar pastores, muchos de los matrimonios más desdichados que me he encontrado son de líderes cristianos. Estos mismos líderes declararon con gran claridad y convicción que Cristo murió y resucitó para salvar a las personas de las consecuencias del pecado. Invitaban a las personas a recibir las buenas nuevas que podían cambiar su vida para siempre. Enseñaban que Jesucristo quiere influir en nuestra vida. Decían que Cristo vino a darnos vida y dárnosla en abundancia. Enseñaban que Cristo puede hacer “todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).1 Entonces se iban a casa a un matrimonio mediocre, soportado por ambas partes y a veces desdichado. Lo único muy abundante es el temor, el daño, la frustración, la soledad, el aislamiento, el desánimo y la ira que el esposo y la esposa experimentan de vivir como solteros casados y de saber que viven una mentira en sus relaciones.

Durante más de diez años viajé de costa a costa adiestrando a millares de pastores para que usaran la evaluación de orientación el Análisis de Temperamento de Taylor Johnson. Como parte del adiestramiento, los pastores participantes y sus cónyuges tomaban el Taylor Johnson y se evaluaban a sí mismos. En el segundo o en el tercer año de mi enseñanza comencé a notar un patrón alarmante en los centenares de ejemplos de perfiles que había visto. Muchas esposas de pastor tenían patrones de perfiles similares al perfil suicida. Pregunté a mi consejero, H. Norman Wright, si había observado lo mismo. Con una mirada triste me dijo que el problema era mucho mayor de lo que casi todos comprendían. Amar al Señor, enseñar la Palabra, y ser pastor no garantiza que usted tendrá un buen matrimonio. Los matrimonios buenos y piadosos no ocurren simplemente, sobre todo si usted está en el ministerio.

Satanás no quiere que ningún matrimonio entre dos cristianos prospere. Pero el maligno saca sus mayores y mejores armas para sus ataques a los matrimonios de líderes cristianos. El tener un matrimonio pastoral, sin embargo, sí significa que Satanás intentará constantemente de agotarlo, desanimarlo, desinflarlo, deprimirlo, derrotarlo, y destruirlo.

Estoy convencido de que uno de los factores críticos en un ministerio exitoso es un matrimonio saludable, no simplemente un matrimonio que sobreviva (Véase columna, “El aspecto privado de un ministerio exitoso”). El predicar bien, una buena administración, y una mayordomía prudente son importantes, pero la apologética final de las afirmaciones de la verdad de nuestro Señor es cuando hacen algo distinto en la relación humana más importante que hayamos tenido.

Estoy de acuerdo con Joe Aldrich: “Las dos grandes fuerzas en el evangelismo son una iglesia saludable y un matrimonio saludable. Las dos son interdependientes. Usted no puede tener el uno sin el otro. El matrimonio saludable, sin embargo, es el arma de la primera línea. La familia cristiana en una comunidad es la herramienta evangelística final, suponiendo que el círculo del hogar es uno abierto en el cual la belleza del evangelio se obtiene fácilmente. Es la antigua historia. “Cuando se ve el amor, se oye el mensaje”.2

Carrie y yo estuvimos casados veintisiete años. Comenzamos con la parte normal de choques. Dios nos dio tres niños varones. Estábamos ocupados haciendo las cosas que se supone que una joven pareja con hijos haga. Pero nuestro matrimonio fue mediocre. Comenzamos a darnos cuenta de que no estábamos experimentando el tipo de matrimonio que Dios quiere que sus hijos disfruten.

Con el tiempo, Dios nos ayudó a desarrollar un buen matrimonio. Por la gracia de Dios, pasamos nuestros últimos quince años juntos cultivando un matrimonio centrado en Cristo. El 2 de julio de 2007, mi amada esposa fue a estar con el Señor después de una lucha de dos años con un cáncer del páncreas que hizo metástasis. Doy gracias a Dios que pasamos juntos nuestros últimos años viviendo, disfrutando, y dando forma a lo que puede influir Cristo en un matrimonio.

Basado en muchos años de observar matrimonios pastorales — aun el mío — y más de treinta años de enseñanza, adiestramiento, indagación y consejería a matrimonios, he descubierto algunos aspectos clave para cultivar un matrimonio pastoral que no simplemente dure, sino que florezca y crezca para toda la vida. Implica los factores que los libros acerca del matrimonio (aun algunos de los míos) analizan: buena comunicación, capacidad para resolver conflictos, y buena administración económica. Pero en este artículo destacaré algunos factores únicos que caracterizan a un matrimonio saludable, radiante, que honra a Dios.

Alguien dijo una vez que un goteo lento, no un salidero, causa más fracasos matrimoniales. En mi experiencia, esa afirmación es cierta noventa y nueve por ciento de las veces. Matrimonios pastorales estupendos necesitan más aptitudes esenciales para relacionarse, pero también incluyen muchas elecciones esenciales que significan una gran diferencia importante.

Tal vez usted ha adquirido, y aun llegado a dominar, algunas de las esenciales aptitudes para relacionarse que contribuyen a un buen matrimonio. Pero las siguientes elecciones pueden llevar su matrimonio a un nuevo nivel.

Escoja el cultivar una relaciÓn de amor Íntima, apasionada, y creciente con Jesucristo.

Un matrimonio pastoral estupendo no comienza concentrándose en su matrimonio. Comienza en concentrarse en usted mismo, su relación de amor con el Señor, y el punto hasta el cual cada día usted deja que el Espíritu Santo lo ayude a ser hecho “conforme a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).

En Juan 21:15–17, Jesús preguntó a Pedro: “¿Me amas?” Esa sigue siendo la gran pregunta. ¿Hasta qué grado decide usted diariamente el cultivar una relación de amor íntima, apasionada y creciente con su Señor? ¿Hasta qué grado usted va a la Palabra, no sólo para preparar un mensaje, sino también para descubrir el maná que su amoroso Padre tiene para usted?

¿Recuerda el himno Jesus, Lover of My Soul [Cariñoso Salvador]? ¿Es el deseo mayor de su corazón tener a Jesucristo como el amigo de su alma? Ese no fue el caso en buena parte de mi ministerio. Estaba tan ocupado ayudando a otros con su relación en Él, que fallé en cultivar mi propia relación con Él.

En su libro, Marriage Made in Eden [El matrimonio hecho en el Edén], Alice Matthews y Gay Hubbard, dicen: “La razón de Dios respecto al matrimonio no es una receta para las emociones y el sentirse bien. No es un esquema de juego diseñado para producir parejas de almas en el cual el buen éxito es la realización personal y emocional. La razón de Dios en cuanto al matrimonio se basa en su propósito de la transformación de su pueblo en fieles portadores de su imagen. Pero los cristianos descubren (a menudo para su sorpresa) que una vez que participan en el plan de Dios, la realización personal a un nivel nunca soñado viene como efecto imprevisto de la obediencia a la antigua y la disposición a ajustarse al plan final de Dios.”

Opte por aplicar el principio del Salmo 139:23,24

No comience preguntando: ¿cómo puedo tener un mejor matrimonio? La mejor pregunta es: ¿cómo puedo ser un mejor cónyuge?

Después de millares de horas de dar orientación matrimonial, descubrí que cada persona es experta en saber cómo su compañero pudiera ser más amable, atento, y cariñoso. Si sólo fuera más paciente y escuchara mejor, se solucionarían sus problemas conyugales. Parece que nuestra naturaleza humana caída se concentra en cómo nuestro cónyuge pudiera mejorar y ser más positivo.

Observe que este pasaje no dice: “Examina a mi esposa, oh Dios, y conoce su corazón”, ni “examina a mi esposo, oh Dios, y conoce sus pensamientos”. Sino “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (cursivas añadidas). Según el bien conocido espiritual, “no mi madre, ni mi padre, sino yo, Señor, es quien necesita orar” (cursivas añadidas).

Pida cada día a Dios que de una manera más eficiente lo ayude a amar, a dar, a perdonar, a servir, a alentar, a alimentar, y a apreciar a aquellos a quienes ama, comenzando con su cónyuge.

Cuando comencé a orar el Salmo 139:23,24, comprendí que tener un excelente matrimonio comenzaba con reconocer mis propias cosas. El ver mi propio carácter pecaminoso me ayudó a comprender cómo yo era como todos los demás: deshecho, anhelando amor, propenso a culpar, anhelando el ser comprendido, iluso y desesperado por misericordia y gracia mayor que todo mi pecado. Una vez que estuve lo suficientemente seguro para dejar que Dios me ayudara a reconocer que era un pecador, me sentí libre para disfrutar de la gracia de Dios. Y tampoco tenía que fingirlo, o sentirme amenazado porque estuviera equivocado y perdiera la discusión, o preocuparme de que Carrie aprendiera de que yo no era otra cosa que un pecador redimido. En realidad, ya ella lo sabía y aún me amaba.

¿Emplea usted tanto tiempo pensando y orando cómo pudiera amar mejor a su cónyuge, como el que emplea pensando cómo su cónyuge lo pudiera amar mejor a usted? ¿Cuánto tiempo emplea pidiendo a Dios ayuda para amar a su cónyuge “como Cristo amó a la iglesia y se entregó asimismo por ella”? (Efesios 5:25). Después de todo, la principal apologética de las afirmaciones de la verdad de Cristo es el amor (Juan 13:34,35; Juan 17; 1 Corintios 13).

Opte por entender

En los primeros años de mi matrimonio — y con la mayoría de las parejas con las que he trabajado — una de las primeras respuestas a un conflicto es tratar de ayudar a nuestro cónyuge a entender nuestro punto de vista (el cual sabemos que es el punto de vista correcto). Creemos que si entienden las cosas con tanta claridad como las entendemos nosotros, estarán de acuerdo con nosotros. ¿Cuántas veces eso ha dado buen resultado para usted?

Cuando dos personas pasan la mayor parte de su tiempo tratando de hacer que su cónyuge lo entienda mejor, ninguno se va entendiendo mucho de nada. Una dimensión crítica de un matrimonio saludable es para las parejas el emplear más tiempo tratando de entender el corazón de su cónyuge que el que emplean tratando de que su cónyuge entienda el de ellos. La Biblia tiene mucho que decir acerca del poder de buscar inteligencia. Proverbios 4:7 dice: “Sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (cursivas añadidas).

La próxima vez que tenga un desacuerdo con su cónyuge, pida a Dios que le ayude a poner a un lado su deseo de ilustrar a su cónyuge con las razones de la perspectiva de usted. Invierta ese tiempo escuchando, haciendo preguntas, buscando aclaración, y tratando de entender la perspectiva suya de él o de ella. Si hace eso de manera constante durante un mes, se asombrará de los resultados.

Opte por orar

Los pastores están conscientes de cuán importante es la oración, pero la mayoría de las parejas pastorales emplean poco tiempo en la oración juntos.

Es importante la oración. He escrito acerca de la oración. Es probable que en mi biblioteca tenga treinta libros acerca de la oración. Pero Carrie y yo pasamos poco tiempo en oración juntos a menos que alguien estuviera enfermo, hubiera una crisis, o un problema con nuestros hijos. La oración, para mí, era a menudo un preámbulo o una conclusión. Aunque crecí en una iglesia donde teníamos reuniones de oración, casi todos nuestros cultos eran de estudio bíblico con cinco minutos de oración al final. Nadie era susceptible a sus peticiones de oración. Orábamos por nuestros misioneros y por los juanetes de la tía Bertha, todas cosas seguras. Nadie preguntaba: “¿Oraría por nosotros porque estamos luchando en nuestro matrimonio? Esta noche mi esposa me dijo que yo no le gustaba. ¿Y sabe qué? Yo tampoco me gusto a mí mismo.” O: “He estado luchando con la depresión y sintiéndome como un fracasado”. Eso habría sido demasiado poco espiritual y apropiado.

Gracias a una serie de circunstancias, Dios comenzó a culparnos por nuestra falta de oración. Comenzamos a preguntar: “Señor, ¿cómo sería si nos convirtiéramos en un hombre y una mujer de oración? ¿Cómo sería si la oración fuera una característica distintiva de nuestro matrimonio?” Si hay un secreto en un matrimonio estable desde la perspectiva del amor a Dios, el amor a cada uno, y la pasión, es el optar por la oración diaria.

Respecto a la oración, Richard Foster, dice: “La oración nos catapulta a la frontera de la vida espiritual. Es una investigación original en un territorio inexplorado. La meditación nos lleva a la vida interior, el ayuno es un medio acompañante, pero es la disciplina de la oración en sí misma la que nos compromete con el trabajo más profundo y alto del espíritu humano. … Orar es cambiar. La oración es el principal medio que Dios emplea para transformarnos.” Si quiere experimentar la transformación, opte por cultivar el hábito de la oración llena de significado, regular, espontánea, y fiel.

La oración no tiene que ser una gran producción. Es más importante orar muchas veces que orar por horas de una vez. Comenzamos a orar al teléfono, antes de decir hasta luego, o enviábamos una oración por correo electrónico. Comenzamos nuestro día con oración. Dondequiera que tuvimos una crisis, no decíamos simplemente: “Oraré por ti”. Nosotros orábamos. Orábamos en medio de una conversación. Muchas veces cuando aterrizaba en el aeropuerto, Carrie me había dejado un saludo y una oración de treinta segundos. La oración se convirtió una parte de nuestra vida diaria.

En nuestro libro Mad About Us [Loco por nosotros], decimos cómo el hacer de la oración parte normal de nuestra vida tuvo un efecto transformador en nuestra capacidad de entendernos uno al otro. Esto llevó a un creciente sentido de seguridad, confianza e intimidad. Dios usó el orar juntos para transformar nuestro matrimonio y nuestra vida de amor. Descubrimos que la oración da muchos nutrientes en las relaciones que son indispensables para un matrimonio saludable. (Véase columna, “Tres nutrientes para un matrimonio feliz.”)

Opte por un matrimonio que crezca, no simplemente que dure

¿Cuál es la diferencia? Si usted opta por un matrimonio que crece, tendrá un matrimonio saludable que durará. Si usted se esfuerza por un matrimonio duradero, tal vez termine sin ninguno. (Véase columna, “Características de familias pastorales saludables y no saludables.”)

Jamás olvidaré la primera vez que vi a la pareja de ancianos que fue a pedirme orientación. Estaban tratando de evitar el divorcio. Cuando miré su planilla de información, me conmoví al descubrir que habían estado casados más de cincuenta años. Cuando llegué a conocerlos, aprendí que mientras el suyo había sido un matrimonio que había durado, había sido un ejercicio de soportar y de aprender cómo tratar con la negación, la desilusión, el desánimo y el deseo incumplido.

Optar por un matrimonio que crece reconoce que habrá altibajos, primaveras, veranos, otoños e inviernos. Los fuegos de pasión no arderán siempre con la misma intensidad. Pero cualquiera que sea la estación o la situación que Dios esté usando, el hierro de nuestra relación afilará el hierro de nuestra vida. Dios usará a nuestro cónyuge como la herramienta clave para ayudarnos a volvernos conforme a la imagen de su Hijo. Esto es muy importante.

En un matrimonio que crece, comenzamos a experimentar nuevos niveles de intimidad que nunca soñamos posibles. ¿Qué es la intimidad? “La intimidad es el lugar en que experimentamos y disfrutamos de todo lo que Dios creó para que fuéramos y llegáramos a ser. Es el lugar en que nos sentimos seguros para expresar nuestros más profundos anhelos por la importancia y la seguridad. Es el lugar en que podemos gradualmente bajar nuestras barreras y máscaras. Es un lugar en el que podemos celebrar nuestras fortalezas y exponer las vulnerabilidades, los temores, y las dudas que nos acosan. Es un puerto seguro de aliento donde queremos escuchar y podemos disfrutar del afecto de alguien que quiere escucharnos. Es un lugar en el que la presencia de Cristo se nos hace muy real a través de la presencia de otra persona.”3

ConclusiÓn

En este artículo esperamos que una o dos cosas se hayan destacado para usted. Tal vez el Espíritu Santo le induzca a tomar nota de ellas y las grabe fuertemente en su corazón. No puedo contar las veces que he leído un artículo, y he dicho: “Voy a hacer eso”, sólo para terminar no haciendo nada; la tiranía de las buenas intenciones.

Si quiere un mejor, más fuerte, y más saludable matrimonio, déjeme hacerle una sugerencia final. Lea otra vez las cinco opciones que Dios ha usado en mi matrimonio y en los matrimonios de otras muchas parejas para aumentar el entendimiento, la seguridad, la confianza, y la intimidad, y profundizar las relaciones en su amor. ¿Algunas de estas opciones se destaca para usted? ¿Siente que el Espíritu de Dios está llamándolo a considerar una opción? Entonces haga la prueba.

Antes de que siga al siguiente artículo de este número, haga una pausa y pida a Dios que le ayude a tomar esta decisión para los próximos treinta días sin que importe lo que su cónyuge esté haciendo o cómo lo esté tratando a usted. Haga esta inversión en su andar con el Señor y en su matrimonio. Pudiera sorprenderse del cambio.

Gary J. Oliver, Th.M., Ph.D., is executive director of The Center for Relationship Enrichment and professor of Psychology and Practical Theology at John Brown University, Siloam Springs, Arkansas. He is the author of Mad About Us: Moving From Anger to Intimacy With Your Spouse.

Notas

1. Citas bíblicas tomadas de la Santa Biblia Reina-Valera Revisada 1960.

2. Joe Aldrich, Lifestyle Evangelism: Learning To Open Your Life to Those Around You [El evangelismo del estilo de vida: cómo aprender a abrir su vida a aquellos que lo rodean] (Sisters, Ore.: Multnomah Books, 2006), 20,21.

3. Gary J. Oliver y Carrie Oliver, Mad About Us: Moving From Anger to Intimacy With Your Spouse [Loco por nosotros: yendo del enojo a la intimidad con su cónyuge] (Bloomington, Minn.: Betania House, 2007).

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